LA FRASE

"RECHAZAMOS LAS DEPORTACIONES DEL GOBIERNO ARGENTINO A LOS ACTIVISTAS QUE IBAN A LA CUMBRE DE LA OMC; HAY QUE SER TOLERANTES CON LOS QUE PIENSAN DISTINTO, COMO NOSOTROS QUE RECIBIMOS SIN PROBLEMAS A LA DELEGACIÓN DEL SOCIALISMO SANTAFESINO." (DONALD TRUMP)

viernes, 4 de septiembre de 2015

UN PAÍS SIN INDUSTRIA ES UN PAÍS SIN FUTURO


El discurso de Cristina en Tecnópolis por el Día de la Industria dejó mucha tela para cortar, y sobre todo muchos datos duros para procesar y poner en perspectiva los logros del proyecto político iniciado en el país el 25 de mayo del 2003. 

Un proyecto en el que la recuperación de la industria tuvo una importancia decisiva, a partir de la convicción de que recuperar tejido industrial no sólo es recuperar empleo y salario (cuestiones de por sí trascendentes), sino densidad nacional (por decirlo en términos de Aldo Ferrer), cohesión social, autoestima y confianza en el país, su futuro y sus posibilidades.


El crecimiento de la industria nacional como consecuencia de las políticas adoptadas por los gobierno de Néstor y Cristina se puede medir concretamente en términos del PBI nacional y el empleo, y dentro de estos, el crecimiento de la actividad específicamente industrial, la productividad y el empleo en la industria propiamente dicha; que suele ser por regla general empleo de mejor calidad y con mayores salarios .

Sin desconocer la importancia del sector exportador y siguiendo la tradición del primer peronismo, el acento para el crecimiento de la economía del país en su conjunto y dentro de éste, de la industria, estuvo puesto en el consumo y el mercado interno; mejorando tanto los indicadores macroeconómicos, como las condiciones objetivas de existencia de millones de argentinos, que mejoraron sus ingresos y pudieron diversificar sus consumos; empujando así a través de la demanda efectiva la inversión, el desarrollo y la producción industrial.



En un proceso que también alentó y posibilitó la sustitución de importaciones, en un proceso que obviamente debe continuarse y profundizarse porque hay sectores críticos (como el automotriz o las industrias de Tierra del Fuego) que son altamente demandantes de divisas, y deben avanzar en los niveles de integración de componentes nacionales, para fortalecer el desarrollo de las cadenas de valor.

Aun así, durante todos estos años en forma constante se apostó a consolidar el trabajo argentino y la producción nacional; y a defenderlos con las herramientas a la mano -a veces más sofisticadas, otras más precarias- cuando el despliegue de la crisis internacional los amenazaba, porque los países centrales iban a buscar descargar su peso en los periféricos colocando los excedentes de producción que no podían ser absorbidos por sus mercados internos con demanda en baja. 


Claro que para que la industria crezca y se desarrolle se necesita tanto de la demanda de sus productos (que es la que la genera, y no a la inversa como se suele sostener desde la ortodoxia), como del complemento de la inversión pública; algo que en la Argentina es doblemente necesario, por la histórica propensión de nuestra "burguesía nacional" al comportamiento especulador, rentístico, su ausentismo o deserción del compromiso con el país y su propensión endémica a la fuga de capitales.

Y es inversión pública (muy fuertemente incrementada desde el 2003 para acá) se traduce tanto en el recursos humano nacional, como en las condiciones generales de infraestructura para el desarrollo, y la agregación de conocimiento científico, capacidad de innovación y desarrollo tecnológico.

Campos todos en los que -como lo muestran las placas de abajo- el país tuvo logros espectaculares en estos años, desde el compromiso público de destinar al menos el 6 % del PBI a la educación, la ciencia y la tecnología, hasta la recuperación de la enseñanza técnica, la mejora en la infraestructura vial vial y energética, la conectividad digital y el acceso masivo a las nuevas tecnologías; o el desarrollo satelital.   




El proceso vivido en la Argentina desde el 2003 para acá también desmiente en los hechos y con números concretos, el falso axioma del "derrame" neoliberal, que postula que primero la economía debe crecer, para luego poder empezar a distribuir: se creció distribuyendo, o para ser mas precisos: se creció también porque se distribuyó.

En un país cuya economía (y dentro ella su industria) crecieron en forma importante, disminuyó drásticamente el desempleo, crecieron los salarios (dos cosas que suelen ir de la mano), mejoraron los indicadores de desarrollo humano y se redujo la desigualdad, como lo demuestran los principales indicadores que se glosan acá:



El país protagonizó un proceso de re-industrialización en medio de la crisis internacional más grave desde 1929, con destrucción de empleo y tejido industrial aun en los países del llamado primer mundo; del mismo modo que evitó la reprimarización de sus exportaciones, en un ciclo de alza sostenida del precio de los principales commodities (algo que se esta revirtiendo ahora); lo que demuestra la eficacia de las políticas aplicadas en todo el período; tanto de aquéllas que en sus inicios "acompañando" el ciclo ascendente de la economía, como las que se tuvieron que instrumentar de modo anticíclico al estallar la crisis internacional.

La persistencia del crecimiento dio por tierra con las tesis del "veranito" y el "viento de cola", y aun con tasa menores, se sostiene con un huracán en contra de frente: menor volumen del comercio mundial y por ende menor demanda de nuestros productos, con recesión prolongada en Brasil y con ralentización del crecimiento chino; y sin tener acceso a los mercados de capitales.

Sostenido en el consumo y el mercado interno, el crecimiento del país y el desarrollo de su industria se apalancaron también en un fuerte aumento del financiamiento a las empresas (medido en términos del PBI), a partir de instrumentos públicos o diseñados por el Estado: Fondear, los créditos del Bicentenario, los préstamos del Fondo de Garantía de la ANSES y la línea de financiamiento obligatorio que deben aportar los bancos a partir de la reforma a la carta orgánica del Banco Central.




Dentro de las perspectivas de desarrollo a futuro, se han sentado las bases para el despegue de actividades en las que el país puede contarse entre los de avanzada en el mundo por sus recursos humanos, mano de obra calificada, capacidad de innovación y fuerte apuesta a la investigación científica y el desarrollo tecnológico: así ocurre -entre otros rubros- en el software, la biotecnología y la microelectrónica.

Y como dato final para el análisis, cuando se pretende volver sobre los pasos del rechazo al ALCA, o crecen las presiones para ser parte de los acuerdos TISA (que representan -entre otras cosas- la apertura indiscriminada de la economía, la desregulación de las compras estatales y el desmantelamiento de los regímenes de preferencia o "compre nacional"), es importante destacar lo que significa un Estado presente y activo, volcando su inversión (enfocada por la ortodoxia siempre como "gasto" que debe reducirse o podarse) como demanda hacia la industria; demanda que a su vez crea condiciones de infraestructura para que ésta siga creciendo; o genera horizontes para la inversión y el desarrollo científico y tecnológico: el ejemplo que en tal sentido daba Cristina de la recuperación de YPF, las perspectivas que abre Vaca Muerta y la posibilidad de desarrollar a partir de allí toda una cadena de valor industrial en el país. 


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