LA FRASE

"RECIBÍ UNA AMENAZA DE BOMBA EN LA BASE MILITAR DONDE VIVO; AL FINAL ESTOY MÁS SEGURA CUANDO VOY A COMER SOLA AL MC DONALD'S." (MARÍA EUGENIA VIDAL)

lunes, 14 de marzo de 2016

MÁS DEL MANUAL DE ESTILO DEL DIARIO DEL LOCO LINDO: "AL FINAL, EL PROCREAR ES UNA GARCHA, ESTÁ BIEN QUE LO SAQUEN"


"Para los románticos quizás sea una trompada directa al corazón, un balde de agua helada que enfría las últimas brasas de la pasión y parece la venganza perfecta de los cínicos, pero la realidad es que un crédito hipotecario a 20 años —por ejemplo, un plan Procrear—, puede ser un lazo más fuerte y perdurable que el amor, en la era de los vínculos líquidos y en medio de todas las tensiones que amenazan el horizonte de una relación.

Hace tres años y medio, cuando firmaron uno de los primeros Procrear que otorgó el Banco Hipotecario en la ciudad, un matrimonio santafesino decía: “Hasta que el Procrear nos separe”, mitad en serio, mitad en broma, frente al desafío de asumir un compromiso de dos décadas.

Salí sorteada y cuando me di cuenta ya tenía un metro y medio de pared construida en un terreno de Sauce Viejo, cuando todavía me planteaba si me veía con esa persona en una casa, con hijos y con un perro”, cuenta una joven profesional (El Litoral habló con tres parejas que atraviesan esta situación, pero se preservan sus nombres por respeto a su intimidad). 

La verdad es que salir sorteados para concretar el sueño de una vivienda propia —en una generación que viene teniendo muchos problemas para acceder a créditos razonables— en muchos casos “cimienta” la relación y en otros profundiza los conflictos no resueltos y puede erosionar en forma progresiva el vínculo. 

Cada pareja es un mundo, pero todos coinciden en que construir desgasta. Implica llegar a cientos de acuerdos, que van desde elegir la grifería del baño hasta el color de las paredes. También supone resolver un millón de problemas —con los contratistas, los corralones, los albañiles, el zinguero, los plomeros y electricistas— y sobre todo conseguir mucho dinero, porque el Procrear alcanza para financiar una parte de la vivienda. 

Fue recontra desgastante —define esta mujer—. Construir con el otro te enfrenta a la realidad de la pareja y te obliga a resolver juntos, todos los días, situaciones difíciles”. “Yo me volvía loco —recuerda otro joven— porque teníamos la plata justa y pensaba muy bien cómo gastaba cada peso para llegar a las certificaciones y terminar la casa”. 

Hay otro problema. La gestión de la construcción de la casa, por un lado suma a la relación la posibilidad de moldear el lugar donde se quiere vivir —con toda la ilusión de proyectar con el otro—, pero también implica agregar a la rutina laboral de cada día muchísimas obligaciones. “Es como tener un tercer trabajo, que ocupa espacios que antes eran para la pareja”, define un profesional de treinta y largos. 

Está claro que el Procrear —o la construcción de una vivienda— no es causal de divorcio ni puede ser el responsable del resquebrajamiento de un vínculo. Quizás, lo que sucede es que en algunos casos visibiliza y hace emerger los “cortocircuitos” que ya tiene una pareja y cuando se agrandan, al mismo ritmo que se levantan las paredes, hay relaciones que simplemente no los resisten. “Lo que primero me pareció suerte, por esta cuestión de ganar el crédito, después se convirtió en una pesadilla. Empecé a sentir que ese no era mi lugar y nunca llegue a vivir en la casa, ni siquiera puse una flor”, insiste la joven que habló con El Litoral.

También pasa que hay parejas muy jóvenes, de menos de 30 años, que al salir sorteadas —se anotaron por lo conveniente que era el crédito— también se vieron embarcadas en el proyecto de construir una casa en una etapa de la vida en la que todavía no estaban pensando “en serio” en esta posibilidad y una vez “en el baile” la relación crujió."

(Las negritas son nuestras, el original completo acá)

3 comentarios:

Leandro dijo...

La culpa es del procrear. Y por ende de cristina.
Porque si sacaban un credito hipotecario tradicional (si podian, claro), todas estas cosas seguro que no pasaban. Porque cuando construis, solo hay quilombos que ponen a crujir las relaciones, y solo lleva esfuerzo adicional como si fuera un tercer trabajo, si es un credito a tasa subsidiada por el estado en un programa generado por un gobierno populista. Si el credito te lo encajo un banco privado (de nuevo, si podes sacarlo), viene con una clausula de garantia de que todo el proceso constructivo será transparente y vos ni te vas a enterar de nada, recibiendo la llave de tu casa con todo resuelto.
Acaso no estan informados ustedes de la existencia de esa clausula?
Que cosa, estos populistas!

Iris van Kirsten dijo...

Obvio,Leandro. La culpa es del procrear :-p Deje que le explique (imagine la voz de Pino Solanas o la de Binner mientras lo lee) : por culpa de la yegua y el procrear, muchas parejas (algunas incluso no casada con todos los requisitos,Aguer nos ampare :-D) de baja calidad de voto (según estándar ISO pino 9000) obtuvieron la posibilidad de construir su casa. Obviamente por no ser ciudadanos de calidad pipi cucú sino sucios k, eso llevó al quilombo,el acabóse y el fin do mundo.
Obviamente eso jamás hubiese sucedido si los créditos se dieran únicamente a la gente bian y caceroleros varios,que como todo el mundo sabe,jamás tienen conflictos de pareja,ni se divorcian, y veranean siempre en Saturno o_o
PD:no me acuse de tortura por lo de la voz de Binner,y cía. Pude haber puesto algo peor :-D

el hijo de Arrostito dijo...

Jurenmé x fa que esta nota no es verdad...