LA FRASE

"EL DOMINGO QUE VIENE ME VOY MÁS AFILADO, EN CUANTO ME QUIERAN CORTAR PORQUE ME PASÉ DEL TIEMPO LO CAGO DE UN BALAZO AL MODERADOR, Y LISTO." (JUAN JOSÉ GÓMEZ CENTURIÓN)

miércoles, 7 de agosto de 2019

DURO, MAURICIO



Pongámosle que el "eufórico" cierre de campaña porteño de Macri fue guionado por Durán Barba, como aquellos gritos que pegó en el Congreso al inaugurar el período ordinario (¿se acuerdan? fue hace una eternidad_ cinco meses). Que al tipo el dijeron "mostrá fortaleza, convicción, nada de imagen de duda, o temor por la derrota"; como el famoso puñetazo de De La Rúa en la mesa de Grondona.

Aun así, lo están cuidando poco: fuera del círculo del voto convencido, no parece la imagen que un presidente quiera dar en campaña, cuando busca su reelección y el país tiene un montón de problemas, algunos preexistentes a su gobierno, otros creados y agravados por él. Tampoco parece que de ese modo pueda seducir "votos sueltos", o indecisos.

De hecho, el acto pareció una celebración de la identidad macrista, una apelación emocional más (y van) a un núcleo duro al que apenas horas antes, les pidió que convenzan a gente de votarlo, pero sin dar argumentos ni explicaciones. Lo cierto es que no se lo ve bien a Macri, como no se la ve bien a Vidal, ni a ninguno de los dirigentes o comunicadores oficialistas: transmiten miedo, inseguridad, temor por la derrota, y si hubiera que adivinar, trasuntan que quemaron todos los cartuchos para revertirla, sin resultado: deben manejar encuestas con números más horribles aun que los que se conocieron públicamente.

Pero alguien podría decir que estas son puras especulaciones nuestras, y el debate solo quedará saldado el domingo, cuando se abran las urnas y se cuenten los votos. Por lo pronto la campaña del oficialismo no parece propia del que navega aguas tranquilas, y sabe adonde va, y como llegar; sino más bien todo lo contrario: parecen saber lo que quieren evitar, pero no tener como.

Sin embargo, el problema con Macri o con Vidal no es como conducen su campaña, sino las responsabilidades institucionales que ostentan, y que seguirán ostentando hasta diciembre, aun perdiendo las elecciones. Sobre todo en ese caso: si al desgobierno actual que presenta el país (con un gobierno que es poco más que una cueva financiera) se le suma que las dos personas con responsabilidades más importantes se comportan y lucen como desquiciadas, el panorama no es nada halagueño.

Mientras los propios indicadores económicos oficiales y la percepción que cada uno puede tener en su existencia cotidiana coinciden en marcar que el país vive una crisis profunda sin solución a la vista, todo indica que está a las puertas de un colapso financiero y cambiario que el gobierno venía conteniendo a costa de altísimas tasas de interés, y rifar las reservas en la fuga de capitales. 

Si los acontecimientos externos se siguen complicando, y las urnas le son esquivas al oficialismo y eso acelera la crisis por la dinámica propia del modelo económico en curso, se necesitará algo más que los gritos desencajados del presidente a sus seguidores, para afrontar las consecuencias; que no serán gratis para la inmensa mayoría de los argentinos.

Fue el propio Macri el que dijo hace un tiempo que debía evitar "ponerse loco", porque si lo hacía nos podía hacer mucho daño, y debemos decir que una cosa la consiguió (hacernos daño, y mucho), sin necesidad de "ponerse loco", como parece estar o actuar ahora. Y esto preocupa además si uno repara en que estamos ante un gobierno pre-democrático, que tergiversa los términos del debate al punto de plantear la elección del domingo en términos de supervivencia de la democracia en el país, o su colapso si ellos pierden.

Pero hete aquí que los hechos (esa materia árida para el macrismo en estos tiempos) nos muestran a un gobierno jugando con las instituciones al filo del fraude electoral, y poco dispuesto a aceptar una derrota, como democrática y republicanamente hicimos nosotros en el 2015. En medio del escándalo del escrutinio provisorio, Smartmatic, las presentaciones judiciales de la oposición, lo único claro es que en todo lo vinculado al acto eleccionario el gobierno quiere hacer las cosas de un modo turbio, sin dar mayores argumentos ni explicaciones, como pidió Macri que lo voten: ¿alguien se los imagina en ese estado aceptando que perdieron, con más razón si la derrota en las PASO es contundente y prefigura el final?

Razón de más para que seamos nosotros los que conservemos la calma que ellos han perdido, en beneficio propio y del sistema democrático: nadie más interesado que nosotros en que el proceso electoral sea irreprochable, y el gobierno que surja de las urnas tenga una incontrastable legitimidad de origen: En ese terreno tenemos todas las de ganar.

De modo que de aquí al domingo y sobre todo después que se cierren los comicios, las respnsabilidades son (en ese orden) reventar de gente Rosario hoy, militar por nuestros candidatos, fiscalizar para custodiar sus votos y estar atentos y dispuesto a movilizarnos ante cualquier intento de fraude que orquesten, sea escamoteando los resultados, demorando su difusión o lisa y llanamente, intentando alterarlos.

Con la serenidad, la convicción y la alegría con la que hemos hecho esta campaña, aun en medio de las dificultades y las penurias que están pasando millones de argentinos: vamos a la elección con entusiasmo, porque representamos su esperanza de un futuro mejor, no olvidemos eso.

Dejémosle a ellos los gritos, los golpes en el pecho con que se dan ánimo como los grupos de gorilas (la metáfora caía por su propio peso), el intento de convencerse a sí mismo de que van por buen rumbo, contra toda evidencia concreta de la realidad. En otros tiempos, cuando nosotros caímos quizás en el error de hablar solo entre nosotros, nos dijeron (con un dejo despectivo que el tiempo uso en otro contexto) "minoría intensa".

A juzgar por el comportamiento de Macri, los principales dirigentes del oficialismo, los comunicadores del régimen y no pocos de sus votantes, ellos van por el camino de transformarse justamente en eso; y con eso no alcanza para ganar una elección; por mucho que se enojen. O quizás por eso están tan enojados.

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