LA FRASE

"EN UNA REUNIÓN CELEBRADA EN EL ASCENSOR DE MI EDIFICIO, HEMOS RESUELTO DEJAR EN LIBERTAD DE ACCIÓN A MIS VOTANTES, PARA QUE CADA UNO VOTE COMO LE PAREZCA EN LAS ELECCIONES DEL DOMINGO." (PINO SOLANAS)

martes, 14 de junio de 2016

SOMOS TODO OÍDOS


A falta de luz al final del túnel y reactivación económica, parece que el segundo semestre se viene con una discusión intensa sobre el rol de la oposición, en especial el “ancho mundo peronista”, y dentro de él, el kirchnerismo: a éste posteo de Gerardo se sumó Abel Fernández en su blog, y hasta Mempo Giardinelli en su columna de ayer en Página 12

Transcurridos seis meses del gobierno de Macri (es decir con exceso los famosos “100 días” de Perotti) nadie puede llamarse a engaño a esta altura sobre la verdadera naturaleza del proyecto político de “Cambiemos”, y la dirección en la que apunta. Sin embargo, de esa constatación no debería derivarse necesariamente que haya pasado el tiempo de describir más o menos concienzudamente la perversidad y los efectos de la políticas que despliega, para pasar a preguntarnos que tenemos nosotros para ofrecer en contrapartida.

Así planteada la cuestión (como una disyuntiva) sería falsa, porque como consecuencia de la derrota electoral no somos gobierno, y en consecuencia no estamos en condiciones -al menos por ahora- de marcar la agenda; y el mismo voto que puso a Macri en la Rosada nos depositó a nosotros en el rol de oposición, con la obligación de hacerle frente y tratar de expresar políticamente el descontento social –ya palpable en algunos sectores- contra su gobierno, y sus medidas.

Y en éste lugar en el que estamos colocados, el primer punto posible de acumulación política a futuro (quizás el único disponible a la mano, acá y ahora) es ejercer ese rol -el de opositores- con inteligencia y eficacia, pero sin concesiones: es el propio gobierno el que avanza achicando el espacio para que las hagamos, todos los días.

A siete meses de la derrota en el balotaje, sigue sobrevolando en los análisis hacia el interior del kirchnerismo la cuestión de la autocrítica, siempre necesaria y bienvenida pero en la medida que sirva para adelante, para no volver a repetir los mismos errores. No como una excusa para “dedicarnos a otro tema” y cambiar de pantalla mirándonos el ombligo, mientras Macri se lleva puesto a diario lo que hicimos bien, sin mejorar nada de lo que hicimos mal, o dejamos de hacer cuando nos tocó gobernar.

Con esa salvedad, acordamos en que evaluemos y nos auto-critiquemos todo: los errores de construcción política y de  conducción (ahora que todas las precariedades que arrastrábamos en ese plano asoman con toda crudeza, y queda claro que no estábamos ni unidos, ni organizados), de gestión de gobierno, de comunicación, de prácticas militantes; porque los hubo de todo y de todos. Con diferentes niveles y responsabilidades, y en consecuencia con diferente incidencia en los resultados.

Esquivando los debates falsos, no porque no sean válidos en el plano teórico, sino porque son inconducentes en la tarea política que se viene por delante de inmediato, hoy mismo: carece de sentido determinar si el kirchnerismo fue y ya es parte del pasado, o si se reconfigura como una línea interna del peronismo, o como parte de un dispositivo mayor; y en tal caso en que rol.

Y lo mismo vale para el rol de Cristina, y todas las disputas sobre el liderazgo y la conducción: que si el “frente ciudadano” o la participación activa en la interna del PJ, o si ambas cosas son o no compatibles. Cualquiera sea el resultado de esas discusiones la tarea política pendiente es la misma, si se acuerda en el punto central: debemos encarnar la principal oposición (por volumen político y peso electoral, porque así lo decidieron los argentinos el 22 de noviembre pasado) al proyecto político de Macri, y ser capaces de despertar interés incluso en los que no nos votaron (empezando por los "arrepentidos"), para constituirnos en alternativa.

Alternativa dijimos, no una versión “mejorada” de “Cambiemos”, con menos tecnocracia gerencial de CEO’S y más sensibilidad social. Si acordamos eso (que es en nuestra opinión lo principal), lo demás viene por añadidura, y con el paso del tiempo y como diría Perón, andando el carro se acomodarán los melones: los límites de la construcción política, los modos de organización, los liderazgos y representatividades electorales. Lo contrario es colocar el carro delante de los caballos.

De lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en un amontonamiento similar al de la conducción nacional del PJ, en la que -parafraseando a Duhalde- conviven los que lo quieren a Macri como Urtubey (que dijo que si fuera presidente él también hubiera vetado la ley anti-despidos), y los que no lo quieren o lo quieren menos; e impulsaron esa misma ley.

Se lee en muchos lados que a los que tienen que cumplir roles institucionales (gobernadores, intendentes) se les complica ejercer una oposición frontal al gobierno, porque tienen cuestiones diarias acuciantes que atender, como pagar sueldos y hacer obras. Por otro lado sindicalistas y movimientos sociales esgrimen argumentos parecidos para “desensillar hasta que aclare”, o sin decirlo, obrar en consecuencia: unos porque tienen que defender la plata de las obras sociales, los otros por la continuidad de los planes, las cooperativas de trabajo o los comedores comunitarios.

Todas razones atendibles -con diferente peso, por supuesto-, pero estructurales: nada hace suponer que esas cosas vayan a cambiar en lo inmediato, por lo cual la estrategia política a futuro (si es que los contiene, y ciertamente debería hacerlo para tener volumen) debe incluir el debate interior sobre como resolver esas situaciones, sin desdibujar el rol de opositores.

Veamos si no lo que ocurre en el Congreso: es muy posible que el blanqueo y el proyecto de pago a los jubilados repitan el mismo escenario que se vio cuando la discusión del acuerdo con los fondos buitres; lo que ya marcaría una clara tendencia: el núcleo duro de las políticas de Macri o sus iniciativas mas emblemáticas tienen respaldo del grueso de la dirigencia política, a un lado y otro de la grieta.

Con lo que algunos (que por momentos parecen más oficialistas que los legisladores y funcionarios de “Cambiemos”) terminan dándoles la razón a los que dicen que, si ganaba Scioli, hubiera hecho lo mismo; validando así “la inevitabilidad del ajuste”. Pensemos si no en el lamentable rol de la mayoría de los gobernadores del PJ con los tarifazos, que terminaron bancando (explícita o implícitamente) la idea de que un 2000 % de aumento está mal, pero un 500 % es tolerable.

Y de ese modo se cagaron en la gente que se puso al hombro el tramo final de la campaña para intentar evitar una derrota que parecía inevitable (derrota que traería aparejada lo que trajo: el ajuste feroz, y de allí la movilización espontánea), así como antes se habían cagado en ella promoviendo una campaña de afiliación masiva al PJ, para terminar cerrando una rosca con todos adentros, para evitar la interna.

Lo real y lo concreto es que aunque se tomaran por válidas todas las críticas que “desde adentro” se le han hecho al kirchnerismo y a Cristina (de hecho, muchas lo son), hasta acá tampoco abundan del otro lado las autocríticas; y el “peronismo competitivo y funcional” parece más ocupado en sepultar al kirchnerismo y jubilar políticamente a Cristina, que en pensar como convertirse en una oposición eficaz para Macri.

Todo eso a un año o poco más de las próximas PASO, y con un desbarajuste post derrota electoral donde se generan reacomodamientos a partir de la supuesta “electorabilidad” de algunos (otros ni esa carta pueden jugar, como Pichetto), que está por verse: no sea cosa que cuando el calendario electoral apremie la salgan a buscar a Cristina con encuestas en la mano, porque sigue siendo la que tiene los votos.

Como estará de difícil la cosa, que Francisco como Papa y con Macri, viene cumpliendo el sueño de Bergoglio como cardenal, con Kirchner: ser el líder de la oposición al gobierno.

Los dato duros marcan a diario que lo que se quiso descalificar como “campaña del miedo” se quedó corto porque la realidad es aun peor, y nada indica que vaya a mejorar en los meses venideros; cosa que ya hasta desde el propio gobierno están admitiendo. La pregunta entonces es que pensamos hacer al respecto, porque en esto no existen los automatismos: el que suponga que cruzados de brazos y sentados a esperar capitalizaremos como maná llovido del cielo el descontento ciudadano contra Macri, está cometiendo un grosero error.

Por lo menos nosotros desde acá lejos estamos de presumir de tener todas las respuestas. Por el contrario, somos todo oídos y escuchamos sugerencias. 

2 comentarios:

Daniel dijo...

Gran post!

CARLOS SORAIRE dijo...

SIMPLIFICANDO SI LO DE LLAMOSAS DA RESULTADO APLIQUEMOS LLAMOSISMO Y LISTO!!!!