LA FRASE

"QUIERO AGRADECER AL PUEBLO VENEZOLANO POR ESTE RESPALDO, QUE EVITÓ QUE NOS CONVIRTIÉRAMOS EN JUJUY." (NICOLÁS MADURO)

viernes, 2 de junio de 2017

DESFILE DE RESERVISTAS



Debe haber pocas mentiras más grandes de éste gobierno (acaso al nivel de la promesa de la pobreza cero, o que les preocupan la corrupción y la calidad institucional) que su presunta preocupación por generar empleos, y mejor aun, que sean “de calidad”.

Un gobierno para el cual -claramente- los trabajadores son parte fundamental de los problemas del país, y jamás de la solución: no hay discurso presidencial o análisis oficial en el que no deslicen que tienen la culpa de lo que nos pasa, por tener o reclamar derechos (paritarias, licencias, sueldos), o no se haga una apelación a incrementar la “productividad” (es decir, aceptar el sostenimiento de la tasa de ganancia empresarial, que supuestamente derramaría bienestar al conjunto de la sociedad); tergiversando a Perón.

Desde Prat Gay con su metáfora de los zapatos apretados entre el empleo y el salario hasta el acuerdo flexibilizador de Vaca Muerta como modelo a replicar, pasando por los intentos de imponer paritarias por “productividad” o “metas de inflación”, pasando por el “plan de reconversión industrial”, el ataque al empleo y al salario es el eje central del discurso y del modelo político y económico del gobierno de los CEO’s.

En cada conflicto sectorial o particular de una empresa (sea Sancor, Bahco, Cresta Roja, petroleras, automotrices o metalúrgicas) la respuesta del gobierno es siempre la misma: hay que “achicar costos” para “hacerlas viables”, y las “reestructuraciones” deben incluir -invariablemente- despidos y reducción de salarios y beneficios al personal, y los trabajadores deben aceptar resignar salarios y derechos, porque si las empresas llegaron a estar en crisis, ellos son los culpables; tanto como lo eran de consumir, comprar electrodomésticos o autos, o gastar luz y gas en exceso.

Y si nada de eso ocurre, porque los trabajadores y los sindicatos resisten, la ayuda oficial tarda en llegar todo el tiempo que sea necesario (como en Sancor) para que las condiciones extremas propuestas para sostener los empleos sean casi las únicas disponibles; o simplemente nunca llega: se les suelta la mano a las empresas y se las deja caer, sin la más mínima preocupación por los puestos de trabajo que se pierden en el camino.

Es allí cuando se muestran como lo que verdaderamente son, empresarios preocupados por sostener sus ganancias y las de su compañeros de clase (y no nos referimos precisamente al Cardenal Newman), y acrecentar su poder hacia el interior de la empresa, a expensas del “enemigo: el mundo del trabajo, con sus derechos, sus sindicatos, sus convenios colectivos y sus paritarias.

A fuerza de recesión autoinflingida, suspensiones y despidos, más el canje de algunos favores crematísticos como las obras sociales, consiguieron hasta acá la blandura de los “duros” del sindicalismo, y la colaboración amplia de los “blandos” de siempre; pero el acto de la CGT previo al paro general dejó en claro que ese mecanismo es sindicalmente insostenible a mediano plazo.

Mal que le pese a las alucinaciones de los funcionarios, la economía no crece ni genera empleos, y las mentiras de Macri y sus funcionarios son desmentidas por las propias estadísticas oficiales, que dan cuenta de cómo se disfrazan como nuevos empleos el blanqueo de los monotributistas, para poder cobrar la AUH; mientras que los sectores elegidos por el plan económico como punta y pívot del crecimiento (energía, minería, agro, bancos) no solo no son capaces de crear masivamente empleo, sino que cuando pueden, lo destruyen y lo expulsan: ahí anda Martino del HSBC (el banquero favorito de Macri) cerrando sucursales y poniendo en riesgo puestos de trabajo.

Los empleos que se destruyen no se recuperan, y nada indica que en el futuro vayan a recuperarse en la proporción que se perdieron, o que se genere un crecimiento de l economía que permita absorber el crecimiento vegetativo de la población, y la cantidad de jóvenes que se suman a la población económicamente activa y al mercado de demandantes de empleo.

La pérdida de poder adquisitivo del salario y el retroceso de la participación del trabajo en el PBI (como le dijo Kicillof a Peñá en el Congreso) no fueron errores no forzados o daños colaterales, sino consecuencias directas y deseadas del modelo, al igual que la suba del desempleo, que las retroalimenta: con mayores niveles de desempleo es más posible y sencillo que trabajadores y sindicatos acepten recibir salarios más bajos, y toleren reformas flexibilizadoras que les recorten derechos. Basta leer los lineamientos del “Plan de Reconversión Industrial” para advertir que esa es la apuesta del oficialismo.

En ese contexto, el espectáculo de miles de jóvenes (uno de los sectores donde el desempleo golpea más fuerte) esperando horas en La Rural por la presunta promesa de empleos para irse decepcionados porque les dieron folletos y les pidieron que manden el currículum por Internet (algo que habitualmente hacen, sin largas horas de cola y desde sus casas): no se puede pedir una metáfora mejor de las políticas del macrismo para el mundo del trabajo, y los trabajadores.

Acaso superada por el inverosímil discurso de Macri en la “Expo-desempleo”, hablando antes jóvenes que buscan su primer trabajo de la velocidad con la que se destruyen los empleos “tradicionales” (es decir, industriales, en blanco y bien pagos), como si eso fuera consecuencia del cambio climático o de una catástrofe natural, y no un propósito deliberado de las políticas de su gobierno; para acto seguido llamarlos a la resignación y la esperanza de poder conseguir un empleo, basándose puramente en sus virtudes personales.

Es decir, como si no existiera un contexto económico que es el que determina las oportunidades reales de obtenerlo; o como si se tratara de un curso de autoayuda, o una invitación a sumarse a la cultura del “emprendedorismo”; en la que por cierto no hay sindicatos, ni delegados, ni comisiones internas, ni convenios colectivos.

Humillación, planteo de una competencia individual descarnada de unos contra otros donde pierden todos, aceptación resignada de empleos escasos, mal pagos y precarizados, con restricción de derechos: todo eso se mistifica bajo el eufemismo de “empleos de calidad”.

Por esa razón, hay que tener en claro que esos miles de jóvenes que desfilaron por la Rural no fueron convocados para obtener un empleo, sino para brindarles un poderoso mensaje a los que ya lo tienen, y a las organizaciones sindicales que los representan: deben resignar salarios y derechos, aceptar ser flexibilizados, agarrar lo que venga (sean “retiros voluntarios” o suspensiones) sin luchar o resistirse; porque hay un inmenso ejército de reservistas dispuestos a reemplazarlos de inmediato, aceptando trabajar bajo cualquier condición, por mas explotadora o abusiva que sea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El gobierno de cambiemos es impresentable, innombrable, irrepetible y tremendamente cínico. No se entiende cómo todavía parte de la clase media a la que le quitó tantos beneficios, sigue tratando de justificarlo e incluso defenderlo. Sindrome de Estocolmo le dicen...