LA FRASE

"A MACRI YO NO LO CONOCÍA, ME LO PRESENTÓ DANIEL SANTORO." (DANIEL VILA)

miércoles, 22 de mayo de 2019

LAS PRÓXIMAS JUGADAS


La eficacia real de una movida política en tiempos electorales solo puede medirse con precisión cuando se abren las urnas y se cuentan los votos, y a veces ni aun entonces; desde que solo se puede conjeturar por qué los resultados fueron los que fueron. Sin embargo, una movida política -como la que hizo Cristina al bajarse de la candidatura presidencial- se toma evaluando los factores a favor y en contra que existen en ese momento, y suponiendo como puede modificar el futuro, en el sentido deseado; incluyendo las opciones políticas de los ocasionales adversarios.

Desde esa óptica y si nos atenemos a lo que vino pasando desde el sábado, la movida no pudo ser más exitosa: sumió al gobierno en una confusión mayor a la que evidenciaba (a punto tal que el tema dominante en la coalición oficialista eran los pedidos a Macri para que se baje de la reelección), como se puede comprobar con solo leer las descompuestas declaraciones de Durán Barba, o el insólito “interrogatorio” de seis puntos de funcionarios del gobierno a un candidato opositor, que debe pasar el filtro de las PASO.

Contra la opinión mayoritaria (en la que nos incluimos) que daba por descontado que Cristina dilataría su decisión hasta el cierre del plazo para oficializar candidaturas, la anticipó, y les corrió a todos la “dead line” mucho más cerca: la fecha clave es ahora el 12 de junio y no el 22, porque ese día es cuando hay que oficializar las alianzas, es decir los sellos y armados al amparo de los cuales se cobijarán las distintas candidaturas.

El lunes que viene está convocada la demorada convención radical para definir la permanencia o no del partido en “Cambiemos”, cosa que todo indica se ratificará: con el paso de los días pierden fuerza al interior de la UCR las presiones para alinear al partido con Lavagna; y los que barajan esa opción parecen carecer de fuerza para imponerla al conjunto. Cuestión distinta son las condiciones que pongan los radicales para seguir siendo socios del PRO, en especial en lo que tiene que ver con la candidatura de Macri, o la integración de la fórmula presidencial. Pero eso es harina de otro costal, y problemas de l gobierno, no de la oposición.

Pero donde la movida de Cristina hizo más ruido fue, sin dudas, en el espacio del peronismo no kirchnerista, entendiendo por tal a Sergio Massa, Alternativa Federal y Roberto Lavagna: el lanzamiento de la fórmula “FF” agudizó sus contradicciones internas, le vació el espacio de gobernadores del PJ y los forzó a acelerar las definiciones, tanto que Lavagna ya se apuró a ratificar que es candidato, pero que no aceptará ir a una PASO, lo que lo deja con dos y solo dos opciones: o es el candidato único de AF (algo que hoy por hoy parece lejano e inviable), o se aleja de allí en busca de su propio camino, junto a los “quioscos” progresistas que poco suman; como Stolbizer o el socialismo santafesino. Ya se dijo que todo indica que podrá morder poco voto radical, si el partido ratifica la pertenencia a “Cambiemos”.

Como consecuencia directa de la movida de Cristina, Schiaretti debió apurarse a dar pasos que esperaba posponer para más adelante (recordemos que el día antes del anuncio de la fórmula se despegaba de responsabilidades mayores diciendo que no era “el macho alfa de Alternativa Federal”); y tuvo que decir que irán con fórmula propia, sin acuerdos ni con el kirchnerismo, ni con el gobierno. 

Pero acto seguido se reunió con Macri en respuesta a la "carta de los 10 puntos", lo que autoriza a suponer que sus movimientos estarán si no coordinados formalmente con los del oficialismo, son puestos sobre aviso a éste: llegado a jugar en las ligas mayores tras su contundente triunfo en Córdoba, e invitado a sumarse a una unidad opositora amplia (Gioja, la dirigencia del PJ y el propio Alberto Fernández fueron muy enfáticos al respecto), una vez más el ex empleado de SOCMA muestra los estrechos límites del “cordobesismo”. Hay rumores que van más lejos, y hablan incluso de un ofrecimiento del gobierno al sector para poner el vicepresidente en la fórmula de Macri: algunos fondos inversores están haciendo circular la versión, para pescar en río revuelto con el valor de los bonos de deuda que viene comprando.

Por una extraña deformación del ego, Sergio Massa parece disfrutar que todos los reflectores se posen en él, y sigue haciendo equilibrio entre AF y los contactos con el kirchnerismo, dilatando hasta el final su definición ya no sobre sus aspiraciones personales (ha ratificado que quiere ser candidato a presidente), sino sobre la canasta en la que terminará poniendo los huevos: no son pocos los que dicen que esperará hasta último momento para definir eso, porque así como apostaba a que Cristina no iría por la presidencia, intuye que también podría bajarse a último momento de la fórmula.

Esto último es una operación en desarrollo, que ya están instalando los medios oficialistas, y a la que podrían prenderse algunos dirigentes del PJ que no quieren resignar espacios, y siguen adscribiendo a la peregrina idea (que vienen ensayando desde hace tres años) de que la unidad sea como la famosa anécdota de Perón del negocio de los sándwiches de vaca y pollo: Cristina pone los votos, y ellos los candidatos.

El antecedente de las elecciones provinciales donde Cristina mandó a bajar los candidatos propios no sirve a esos fines, pues allí donde eran competitivos y podían ganar (como en Chubut o la intendencia de Santa Rosa) los sostuvo; y no hace falta aclarar quien es la candidata verdaderamente competitiva, en el orden nacional. En palabras de Alberto Fernández cuando ni siquiera soñaba con el ser el candidato presidencial del kirchnerismo, “Con Cristina sola no alcanza, pero sin Cristina no se puede”.

Su ausencia en la fórmula presidencial sería, lisa y llanamente, un suicidio político del peronismo, que le enajenaría sus chances de ganar en primera vuelta, y pondría en zona de riesgo un eventual balotaje. Si en “Alternativa Federal” o lo que queda de ella no han terminado de entender (o de aceptar) que el camino para ganarle a Macri y a Cambiemos es competir en la PASO del PJ (si no es que lo entendieron, y están apostando a otra cosa), en el grueso del peronismo han demostrado hasta acá ser más razonables, en especial la mayoría de los gobernadores: quieren ganar.

Y por último, un tema no menor, en especial hacia la interna de “los peronismos”: el 12 de junio como dijimos vence el plazo para presentar las alianzas electorales, las que de acuerdo con el artículo 10 de la Ley 23.298 (modificado en el 2009, con la reforma que creó las PASO), los partidos políticos nacionales (como el PJ) y de distrito pueden constituir alianzas para elecciones nacionales, pero en el segundo caso (partidos de distrito) deben hacerlo necesariamente con un partido de personería nacional.

Hoy el “sello” del PJ lo detenta el Consejo Nacional que preside José Luis Gioja, que definió hace un tiempo en el congreso de Ferro (validad por los veedores de la justicia electoral) su política de alianzas en lo que dio en denominar “Frente Patriótico”, y los que quieran ir a las urnas con la boleta oficial del peronismo deberán competir en las PASO de ese frente. Por esa razón el año pasado Barrionuevo (con el indisimulado apoyo del gobierno y de otros sectores como Duhalde) tomaron por asalto el partido, con una intervención digitada con la complicidad de Servini de Cubría.

Si “Alternativa Federal” y Sergio Massa por su lado (juntos o separados) van en fórmulas aparte, no podrán hacerlo bajo el nombre, el escudo, los símbolos y los colores del PJ, y necesitarán basarse en otro partido, con personería nacional. Sellos de goma sobran, pero eso no quita que la cuestión debe estar dilucidada sí o sí para el 12 de junio. Tuits relacionados: 

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