LA FRASE

"NO TENGO NADA QUE VER CON LA IMPORTACIÓN DE LOS PELUCHES DE LA MASCOTA DE LAS OLIMPÍADAS JUVENILES, CUALQUIERA QUE ME CONNOZCA SABE QUE NO LE PONDRÍA DE NOMBRE "QUIERO VERGUITA" A UNA EMPRESA." (FEDERICO ANDAHAZI)

viernes, 10 de agosto de 2018

PAÑUELOS MORADOS


Una de las cosas más llamativas que dejó el debate por el aborto fueron las apelaciones a los senadores de la UCR, para que "respondan a la tradición del partido" y votaran a favor de la IVE; desde periodistas como Zlotogwiazda o Sietecase, hasta sectores internos del partido como la Franja Morada o la Juventud Radical.

En todos los casos se apelaba a una presunta tradición progresista del radicalismo, sosteniendo las libertades públicas y los procesos de ampliación de derechos, que se vería interrumpida con el voto negativo al proyecto de legalización del aborto. 

Por supuesto que aun tomando la parte de la primavera alfonsinista por el todo de la larga historia radical, esa versión edulcorada de los hechos no se corresponde para nada, ni con la realidad histórica, ni con el presente de la UCR, aliada con el PRO y la Coalición Cívica en "Cambiemos", en condiciones de absoluta subordinación política.

Tampoco se corresponde con una mirada de largo alcance sobre el rol del radicalismo en la política nacional, por lo menos desde el advenimiento del peronismo en 1945 para acá. Desde entonces, la UCR es el partido del orden conservador en el país, la principal fuerza vertebrada por el status quo argentino para vehiculizar electoralmente la oposición a la bestia negra populista, el "hecho maldito" del que hablaba Cooke.

Consecuente con eso, la Unión Cívica Radical avaló golpes de Estado, aportó hombres a sus gobiernos, convalidó la proscripción electoral del peronismo y fue su beneficiaria directa cuando se instrumentaban salidas condicionadas a la misma, sin la presencia de la fuerza mayoritaria; pecado capital de una fuerza que se dice democrática que alcanzó incluso a una de sus figuras más emblemáticas, como Arturo Illia.

No es necesario recordar las contramarchas y retrocesos que el propio Alfonsín (marcado como el punto más alto del progresismo radical en el gobierno) protagonizó por ejemplo en materia de derechos humanos, desde el juicio a las juntas militares (y a las cúpulas de las organizaciones armadas, hay que decirlo) hasta la obediencia debida y el punto final; para terminar años después, en el gobierno de De La Rúa, con estado de sitio, muertos por la represión estatal y negativa a la extradición de los criminales de lesa humanidad para que fueran juzgados en el exterior; cuando el país estaban clausurados los juicios por las leyes de la impunidad.

Más cerca en el tiempo y en el ciclo kirchnerista, la UCR se opuso de plano a todas las medidas progresivas impulsadas por los gobiernos de Néstor y Cristina, incluso aquellas que ellos mismos habían reclamado durante el menemismo; como la recuperación de Aerolíneas Argentinas, la ley de medios o la estatización de los fondos de las AFJP.

Y aun si reduciéramos el "progresismo" (esa esencia vaporosa) a ciertos derechos y libertades civiles vinculados a la vida individual o las relaciones de familia o sociales de las personas, habrá que recordar que al discutirse en el país el matrimonio igualitario, la mayoría de los legisladores radicales votaron en contra.

Que decir de lo sucedido desde la decisión de integrar "Cambiemos" para acá: los hombres de la UCR no se han caracterizado precisamente por sostener posiciones críticas respecto al gobierno de Macri, ni tampoco el partido estuvo siquiera cerca de ser aquel "contrapeso progresista para que la coalición y el gobierno no se vuelquen demasiado a la derecha" que imaginó gente candorosa (por ser buenos) como Ricardito Alfonsín.

Peor aun: las graves vulneraciones al estado de derecho en el país durante el periódo macrista en curso fueron inauguradas (a manera de laboratorio de ensayo local que luego sería replicado en todo el país) en la Jujuy gobernaba por el radical Gerardo Morales, comenzando por la vergonzosa prisión política de Milagro Sala y los dirigentes de la Tupac, que aun persiste, desoyendo las resoluciones de los organismos internacionales.

Un hecho (la prisión política de Milagro Sala y la persercución a su organización) que, dicho sea de paso, fue explícitamente avalado por la Franja Morada, que hasta el miércoles les reclamaba a sus senadores que votaran a favor del aborto; respondiendo a la tradición partidaria de ampliación y defensa de las libertades públicas.

La misma Franja Morada que rechazó la gratuidad de los estudios unversitarios de post grado, o el derecho de los docentes universitarios a tener convenciones colectivas de trabajo y paritarias, con el argumento de la autonomía; y la misma organización estudiantil que nada ha dicho (como no lo dijo la propia conducción partidaria) de la decisión de Macri de volver a introducir a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior, o llegar a un acuerdo con el FMI para implementar un programa de ajuste; cosa en la no hizo más que reincidir en la senda ya trazada por De La Rúa.

Que decir del estruendoso silencio radical antes las groseras violaciones de las garantías constitucionales que cometen a diario jueces y fiscales manejados por el gobierno, para perseguir, encarcelar y sacar del juego electoral a dirigentes opositores. Sí: decir que no solo no hubo silencio de la UCR al respecto, sino sonoros aplausos, incentivando a la maquinaria de perseguir para ir por más.

¿Dónde está, en este contexto, la presunta tradición radical de defensa de las instituciones de la república, las libertades públicas, los derechos civiles, a la que apelaban los que llamaban a los senadores de la UCR a votar a favor de la interrupción voluntaria del embarazo?

¿O acaso se trataba simplemente de una catarsis "progre" en un tema en que tienen "permitido" hacerla, para seguir captando incautos electorales que crean que la UCR es algo más que un partido conservador?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo que se olvidan de otra perlita de los demócratas: desaparecidos y torturados en La Tablada. Ver el informe de la CIDH (Informe Nro.55/97, Caso 11.137). Los correligionarios nunca hablan de esto.