LA FRASE

"DIGAN LO QUE QUIERAN SOBRE LAS PROTESTAS EN ESTADOS UNIDOS, PERO ALLÁ NADIE PINTÓ EL CABILDO." (MIGUEL BOGGIANO)

sábado, 13 de abril de 2019

ERA LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO


Acuerdos de precios con los empresarios y supermercadistas, ampliación del programa “Precios Cuidados” y controles para verificar que los productos estén en las góndolas a los precios pactados, créditos de la ANSES y descuentos con la tarjeta de débito para los jubilados, relanzamiento de los préstamos PROCREAR, diferimiento de los aumentos en las tarifas de los servicios públicos, cuotas fijas en pesos para la compra de electrodomésticos con el “Ahora 12”.

Preocupación por la inflación, medidas para intentar contenerla, aliento al consumo para dinamizar la economía, salir de la recesión y contrarrestar el malestar social: no, no volvió el kirchnerismo y no nos avisaron. Son las medidas que -dicen- tiene en carpeta el gobierno para intentar detener la caída vertical de Macri en las encuestas, y la sucesión de desastres electorales que disimulan festejando las derrotas del kirchnerismo en algunas provincias.

No es cuestión de entrar a discutir acá si el combo (de confirmarse) puede funcionar, o terminará en otro fiasco de los que nos tienen habitualmente acostumbrados con sus anuncios. Tampoco de dilucidar si les alcanza, o el daño a la economía, al bolsillo de los argentinos y a las chances electorales del gobierno ya es irreversible; o sentarnos a reírnos del fracaso absoluto de los supuestos teóricos del plan económico, porque de sus resultados concretos hay poco que mueva a risa.

Menos se trata de saber como se conjugan esos presuntos anuncios en carpeta con los draconianos compromisos de ajuste asumidos por el gobierno con el FMI, que está pidiendo más sangre: generalización del IVA al 21 % para todos los productos y servicios, más tarifazos y recortes del gasto públicos, aumentos en Ganancias y recortes en el monotributo. Y ojo: más allá de sus urgencias electorales, el gobierno tiene que prestarle atención a su único salvavidas, sin el cual se hubiera hundido hace rato.

No vamos a entrar a analizar ahora las señales que dan los “mercados”, nerviosos ante la debacle electoral del oficialismo, y la perspectiva cada vez más cierta de un default: suba del riesgo país, disparada de los seguros de default, caída en picada de los bonos de la deuda, aceleración de la fuga de capitales.

Todo eso es relevante y cuenta, pero ya es sabido, y forma parte del paisaje. Acá el dato relevante es que parece que a partir de ahora, la economía cuenta, sus indicadores pesan electoralmente, y la gente “volvió” a votar con el bolsillo; y el gobierno no puede desatender esas, cuestiones, bajo el riesgo si lo hace, de sufrir una paliza electoral.

Hasta acá, el mago ecuatoriano venía sacando un conejo tras otro de la galera, y convenció a muchos (incluso a unos cuantos de este lado de la grieta) de que la gente vota por otras cuestiones, más importantes que “la víscera más sensible”: las emociones, los miedos, los gustos, las fobias, la expectativa, la idea del cambio.

Eso le permitía al gobierno echarle la culpa de todo al pasado y apelar al esfuerzo y el sacrificio con la promesa de que de ese modo se construye un futuro venturoso, salteándose así un presente de oprobio, en el que no tiene nada para mostrar.

Al parecer, esos tiempos ya pasaron, y es el propio mago de los Andes el que está advirtiendo que si la agenda del gobierno no desciende a preocupaciones más mundanas y hace algo (o intenta hacerlo) para resolverlas, tienen el boleto picado en octubre. Como diría Cristina “no fue magia”, y agregamos nosotros, fue Macri, fue su gobierno, lo que los llevó a este punto.

Veremos ahora como se las apañan para administrar la escasez: de recursos ,de resultados de gestión, de expectativas; porque hasta acá todo fueron rosas. Ahora vamos a ver si el mago es realmente un mago, o simplemente otro chanta más, que se tendrá que tragar sus libros: después de tantas “encuestas cualitativas”, “focus group” y “coaching electoral”, es increíble lo que puede lograr una recorrida del tipo por un supermercado de Recoleta, para asombrarse porque el kilo de duraznos estaba a 95 pesos. Poca calle, che.

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