LA FRASE

"LA DEMORA EN LA APROBACIÓN DEL NUEVO ACUERDO CON EL GOBIERNO ARGENTINO TIENE QUE VER CON LOS PROCEDIMIENTOS INTERNOS DEL FMI; NO ESTÁ RELACIONADA EN MODO ALGUNO A LA CARTA DE ESE TAL MORENO." (CHRISTINE LAGARDE)

jueves, 10 de mayo de 2018

TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE


Si los indicadores del deterioro de la situación económica del país bajo el gobierno de Macri son preocupantes, los del deterioro político del experimento neoliberal instaurado en diciembre del 2015 son aun mayores; comenzando por la ostensible licuación de la imagen y la autoridad presidencial: en medio de la crisis lo único que se supo de Macri fueron menos de tres minutos de un insulso mensaje grabado, en el que repartía culpas, no se hacía cargo de nada y anunciaba la apertura de negociaciones con el FMI para un préstamo de monto, condiciones y plazos aun desconocidos, aunque previsibles.

La brusca aceleración de la ya abundante fuga de capitales y el no menos brusco cierre de la canilla del financiamiento externo se llevaron puestos no solo el precio del dólar o las maltrechas previsiones oficiales de inflación (que en rigor fueron siempre una excusa para embotellar las paritarias), sino el sueño reeleccionista y las predicciones de una prolongada hegemonía macrista en el país; como un castillo de naipes o un jenga que se derrumban, cuando una de las piezas en equilibrio inestable se mueve un milímetro más de lo tolerable.

La velocidad de la crisis dejó expuestas también todas las fragilidades políticas y discursivas de la coalición que des-gobierna la Argentina: mientras Carrió gana en los medios el espacio que le resta a sus apariciones en el Congreso denunciando conspiraciones y golpes económicos cuyos responsables no termina de delinear (acaso porque son aquellos mismos de los que el gobierno sigue dependiendo para sobrevivir), los radicales aceptan gustosos el papel decorativo de muñecos de torta que se enteraron por los diarios de las tratativas con el Fondo, creyendo que se modo exculpan sus responsabilidades por el rumbo del Titanic.

En cualquier caso, las saudades del 2001 y el helicóptero son inevitables, por una creciente sensación de vacío político en la cual además y a diferencia de entonces, no hay ni Alfonsines de un lado, capaces de concitar confianza en la oposición para instalar un diálogo, ni Duhaldes del otro, con predisposición a compartir los costos de la salida del embrollo, y sin futuro político que hipotecar al hacerlo.

Ya ni Pichetto (pronto a jubilarse de los cargos electivos) se ofrece para ese rol, porque la crisis se tragó como alternativa al “peronismo racional” antes de que lo hiciera su propia insignificancia política; y hasta por el lado de la CGT cómplice se observan movimientos tendientes a salvar la ropa, porque el colaboracionismo se hace ya insostenible; aunque insistan en ofrecerse como "dadores voluntarios de gobernabilidad votando la ley de los mercados de capitales (una ventanilla más para la fuga, los negocios de los bancos con los préstamos UVA y el desgusace del fondo de ANSES) a pedido de la cúpula de la AEA, o los cambios a la de defensa de la competencia; que no asustan a ningún monopolio o formador de precios.

Hasta las propias fuerzas de seguridad les están poniendo límites: cuando a su turno el jefe de la bonaerense y el de la Federal le atribuyen al incremento de la pobreza, el de la delincuencia y la inseguridad, le están diciendo implícitamente al gobierno que no cuenten con ellos para ejecutar la represión si se desata una protesta social generalizada. 

Al compás de los movimientos del dólar se reconfigura el mapa político, de un modo más acorde al balotaje del 2015 y sus cifras, que arrojaron un triunfo de Macri por márgenes estrechos, muchos menores a los que auguraban las encuestas previas porque la “campaña del miedo” no fracasó (como se suele decir convencionalmente): de no haberse intentado, las diferencias hubieran sido mayores, y la interpretación del triunfo electoral como un cheque en blanco que ensayó “Cambiemos” desde el primer día de gobierno, hubiera sido mucho peor aun.

En un país donde casi el 49 % votó en contra del actual presidente, y buena parte del restante 51 % lo hizo optando por lo que entendieron como el mal menor ante la posibilidad de la prolongación del ciclo kirchnerista (y en la suposición de no pocos de que se “mantendría lo bueno”), un giro de 180 grados en la política económica (con sus previsibles consecuencias sociales) era inviable bajo cualquier aspecto que se lo mirara: político, social y -sobre todo- económico.

Haber ignorado esa verdad elemental llevó al gobierno a chocar la calesita, y a buena parte de la oposición (en especial el massismo y el peronismo de los gobernadores y la CGT) a hipotecar su futuro político; porque es muy posible que sea tarde ya para despegarse de un fracaso del que son en buena medida corresponsables: al haber apoyado el acuerdo con los fondos buitres, abrieron la caja de Pandora del endeudamiento y la desregulación de los flujos de capitales, cuyas calamidades llegan al presente en forma de crisis.

En paralelo, es un espectáculo poco edificante de ver la acelerada descomposición del sistema de poder que sustenta al gobierno, comenzando por el periodismo mainstream que les suelta la mano; mientras Magneto empieza a pensar que el gobierno llegó a la etapa de estorbo, y que en un clima de inestabilidad institucional Clarín podría verse favorecido, logrando por ejemplo que quede frizzaado el proyecto de ley que los obligaría a competir con las telcos. Por lo pronto al igual que Techint, con la reforma a los mercados de capitales ya logró sacarse de encima controles molestos de la CNV que estaban en la Ley 26.831 sancionada por el kirchnerismo. 

El pedido de guita al FMI ni siquiera es por una crisis de deuda (que inevitablemente sobrevendrá, de seguirse por este rumbo), sino para arrojar dólares a la hoguera de los fugadores y calmarlos por un tiempo para durar lo más que puedan, siempre y cuando esos dólares terminen llegando; mientras nos quieren hacer tragar el absurdo de contraponer las supuestas ventajas de endeudarnos con el Fondo y no con los mercados de deuda (que están cerrados, y por eso llegamos a este punto), como si el rol que en última instancia cumplen la señora Lagarde y su caterva no fuera asegurarse de garantizar los intereses de estos, y el pago puntual de las deudas.

En este contexto, discutir el tipo de préstamo al que el país puede o no acceder y las condicionalidades anexas es una pérdida de tiempo, no tanto porque son conocidas, como porque son inviables financieramente (los tiempos de la burocracia del FMI no son los de los tenedores de LEBAC,s demandantes de verdes), y mucho más en términos sociales y políticos: los planes tradicionales del Fondo no tienen consenso ni siquiera entre los propios votantes de Cambiemos, como tampoco lo tuvo el pedido de consejo a Cavallo, y por las mismas razones. Para peor, de todo el menú de préstamos disponibles, eligieron el stand by, es decir el peor de los posibles; o para ser más exactos: el único para el que calificaban. 

De hecho, haber profundizado en la hoja de ruta tradicional del FMI con la reforma previsional lograda y la laboral fallida, es lo que colocó al gobierno en un tobogán cuyo declive final es imposible determinar hoy, pero algo es seguro: Macri está atrapado entre las medidas que vino tomando y las que le impondrán tomar, pero no puede, por un lado; y las que debería tomar para salir del atolladero en el que se metió solo, pero no quiere, por el otro; como restablecer los controles al flujo de capitales y al libre acceso a las divisas, y recomponer los ingresos del fisco afectando las rentas extraordinarias de los sectores que ganan con la devaluación, los tarifazos y la formación de precios en un contexto de retiro del Estado de su rol arbitral y regulador.

El gobierno se queda sin el apoyo de los mercados de deuda, que eran hasta acá su respirador artificial, con el círculo rojo tomando disimuladamente distancia (aunque bancara el tarifazo hace días) y sin puentes con la oposición; por los que no tendió ni quiso tender nunca con una parte de ella para la cual el plan fue desde el principio la persecución y la cárcel (y sigue siendo el mismo, como se infiere de los dichos de Peña ayer), y porque se le dinamitaron los que había tendido con el resto, que como manda la tradición, acompaña hasta la puerta del cementerio, y nada más.

Si Macri finalmente cae y más allá del relato épico habitual en los gobiernos radicales (que ponen el foco en las culpas ajenas más que en las ostensibles incapacidades propias) no lo tumbarán ni los saqueos en el conurbano que no se produjeron, ni el PJ desde el Congreso que lo empachó de leyes aprobadas a su gusto, ni los paros de la CGT que no hubo.

La caída provendrá del fuego amigo, desde los gauchos del campo que retienen la cosecha y no liquidan las divisas, hasta los bancos, grandes grupos económicos y fondos de inversión que compran para fugarlos los dólares a los que les permitió acceder a costa de endeudarnos por varias generaciones; mientras le siguen corriendo el arco con exigencias para concretar la esperada lluvia de inversiones, que nunca llega.

Pero la aceleración de la descomposición final del experimento amarillo es una alerta roja para la oposición, porque le pone los mismos plazos a su obligación de ofrecerle al país una salida política viable, por otro rumbo distinto que el que ha seguido hasta acá éste gobierno nefasto.

2 comentarios:

Neomontonero dijo...

Neomontonero dijo...

Yo dije: APLAUSOS.

(Los códigos HTML me juegan una mala pasada, de tanto en tanto)