LA FRASE

"EL GOBIERNO DE LA CIUDAD TIENE QUE ENCONTRAR UNA SOLUCIÓN INTELIGENTE AL PROBLEMA DE LOS CORTES DE CALLE; Y A VECES NO HAY NADA MÁS INTELIGENTE QUE UN BUEN GARROTAZO POLICIAL." (GERMÁN GARAVANO)

miércoles, 31 de agosto de 2016

SOBRE BRASIL, LO DICHO


Dijimos en marzo: "...quedan dramáticamente expuestas las fragilidades de las construcciones políticas de esos mismos movimientos populares, y se refuerza la tenaz ofensiva de las derechas por medios y actores no electorales (a través de los medios, los grandes grupos económicos y el poder judicial, pero también ganando la calle cuando es necesario); para terminar coronándola por medios electorales, como ocurrió en Venezuela y acá.

Es interesante en éste contexto analizar el caso específico de Brasil, y compararlo con la Argentina. Durante mucho tiempo se nos puso por delante el “ejemplo” brasileño, y no solo desde quienes estaban en la vereda de enfrente del kirchnerismo: también “desde adentro" se contraponía al PT con el FPV para achacarle a éste las falencias de su construcción territorial, el modo traumático de resolución de la candidatura presidencial, el armado de las listas electorales o la política de alianzas; con su correlato en las bancas legislativas (tópico éste último de candente actualidad).

Más allá del hecho de que algunas de esas cuestiones (los liderazgos carismáticos, la sucesión) son comunes a los procesos caracterizados como populismos, lo cierto es que haber resuelto la imposibilidad de Lula de optar en su hora por un nuevo mandato (algo que también ocurrió acá por Cristina) casi sin tensiones internas optando por Dilma no se reveló a la larga una solución, sino un problema; y bastante grave.

Y la larga y extendida construcción territorial de base del PT (contrapuesta con el armado político “desde arriba” del kirchnerismo) se revela en éstas horas dramáticas insuficiente para sostener a un gobierno jaqueado en la justicia y el Congreso, y que había perdido la calle, al menos hasta las masivas movilizaciones de apoyo del viernes pasado.

Que decir de las alianzas políticas, electorales y parlamentarias: por grande que sea nuestro desencanto actual con gobernadores, diputados y senadores del FPV que hacen macrismo alternativo, no puede hacernos perder de vista que los quiebres se producen tras una derrota electoral y estando el FPV en la oposición (aunque los hubo estando en el gobierno, como el caso Cobos); mientras que el gobierno de Dilma se asoma al abismo de su final anticipado por el quiebre de una coalición legislativa que fue inestable y escasamente confiable, desde su misma conformación."

Y en mayo: "Es tan cierto que formalmente hablando los cargos del “impeachment” no son por corrupción sino por el maquillaje de las cuentas fiscales del 2014 (el atajo que encontró la derecha para que el proceso quedara en manos del Congreso, conforme a la Constitución brasileña), como que tratándose de un proceso de naturaleza nítidamente política, todo indica que Dilma terminará dejando el gobierno (y el PT el poder, tras 13 años) por razones estrictamente políticas, bien que con la crisis económica de fondo.

En ese sentido no deja incluso de ser una paradoja que la causa concreta que se invoca para impulsar el juicio político de Dilma esté directamente vinculada con su obsesión por las “metas fiscales”, que la llevó a perseverar en una línea de política económica con la que malgastó capital político, ensombreció los importantes logros sociales de los gobiernos del PT y se fue creando a sus pies un abismo político, que hoy está a punto de devorarla a ella y su gobierno.

Parece más claro el futuro (negro) del gobierno de Dilma que el del PT como fuerza política, que deberá cerrar aun más filas en torno al liderazgo indisputado de Lula conciente de sus limitaciones y debilidades políticas que están a la vista, dolorosamente expuestas: la innegable potencialidad electoral del ex presidente de cara al nuevo turno electoral (en 2019) es tan real como la necesidad imperiosa de revisar su política de alianzas y su construcción territorial, para no repetir -incluso ganando en las urnas- la amarga experiencia que hoy transita el gobierno de Dilma.

Brasil es un espejo de gigantescas dimensiones en el que pueden verse reflejados los procesos políticos populares latinoamericanos; espejo que devuelve interrogantes que deben ser despejados a futuro: como articular la construcción política con las representaciones institucionales (incluso allí donde hubo reformas constitucionales como en Venezuela y Bolivia los procesos no estuvieron exentos de tensiones, sino más bien lo contrario) y -sobre todo- la necesidad de profundizar los rumbos transformadores, como condición necesaria de subsistencia política: el caso brasileño demuestra como se aplica el principio del que anda en bicicleta, que si pierde impulso se termina cayendo.

La derecha se encamina en Brasil a tomar el poder directamente para profundizar el mismo programa que aplicaba Dilma (alza de las tasas de interés, metas de inflación, austeridad fiscal, apertura al ingreso de capitales), pero profundizándolo; lo que no hará sino profundizar la recesión, la caída de la actividad y la suba del desempleo.

Precisamente por eso y más allá de los sueños húmedos de nuestra propia derecha gobernante (que ve muy cercana la posibilidad de contar con un gobierno “del palo” en nuestro vecino), la previsible resolución de la crisis brasileña es para la Argentina una muy mala noticia: una recesión brasileña más aguda cerrará aun más su mercado para nuestras exportaciones, mientras que generará allá excedentes de producción industrial que no pueden colocarse en el mercado interno, y que presionarán sobre nuestras importaciones; en un momento en el que el gobierno de Macri está desmantelando el esquema de administración de nuestro comercio exterior, montado por el gobierno anterior para proteger la producción y el trabajo argentinos.

Es previsible también que un gobierno de derecha en Brasil tome medidas que conviertan al país en otro paraíso para la radicación de capitales, justo cuando Argentina sale a colocar grandes cantidades de deuda y desea convertirse en destino preferente de las inversiones; a lo que hay que sumar las implicancias estrictamente políticas del caso brasileño, en el plano regional.

El proceso de integración (más política que económica) que se venía dando en la región desde el nuevo siglo sufrirá seguramente un golpe decisivo con la caída del gobierno del PT, que más con Lula que con Dilma era una viga maestra de la estrategia regional; y ese golpe se da justo (y para nada casualmente) cuando la estrategia de EEUU tras el fracaso del ALCA vira hacia los TTP. Tratándose además nada menos que de Brasil, el tamaño en este caso importa."

Desde entonces lo único nuevo que hubo fueron los descomunales niveles de cinismo y brutalidad de la derecha brasileña, en el espectáculo decadente y farsesco de un golpe de Estado disfrazado de procedimiento constitucional; por el cual resolvió tomar el poder que le negaron las urnas. 

Con la complicidad de los gobiernos del palo como el nuestro, al que seguramente en éste caso ni siquiera se le ocurrirá pedir (como hizo para Venezuela) la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur; o replicar el gesto de los gobiernos "populistas" de Ecuador, Bolivia y Venezuela de retirar sus embajadores de Brasilia.

3 comentarios:

Neomontonero dijo...

¡clap, clap, clap, clap!

Los mejores análisis, ¡POR LEJOS!

claudia dijo...

Coincido, certeros y oportunos análisis. Qué tristeza que se confirmen esos anticipos, si me permiten una pequeña rebeldía. La tendencia regional avanza sin pausa y los pueblos - cuyos imaginarios están más conectado entre sí de lo que presuponemos - padecen smilares deconstrucciones subjetivas, ya de orden mundial. Ni hablar de las variaciones regionales ya prototípicas (mis contactos en Brasil ratifican la misma furibundia ciega que por aquí padecemos, su misma vocación tanática y ciega). Pero existe el futuro y la Historia ha de pronunciarse a sus propios ritmos y formas siempre sorprendentes. Porque todo proceso regresivo, tiene su contra-proceso. Saludos.

Diego dijo...

Coincido con el comentario anterior.

Además quisiera plantear la duda sobre si la tan cacareada "caja de resonancia de la democracia" que dice ser el Congreso, en realidad no es más que una aristocracia electiva.