LA FRASE

"EL QUE NO QUIERA QUE LO DEPORTEN, QUE SE VAYA A VIVIR A NORUEGA." (FERNANDO NIEMBRO)

lunes, 30 de enero de 2017

NI ERRORES NI EXCESOS: SON LA CRÍA DEL "PROCESO"


Si algo faltaba para terminar de tener en claro que lo de Macri con el feriado del 24 de marzo no fue un “error”, sino una decisión deliberada de la que luego debió dar marcha atrás por la resistencia generada, fueron los exabruptos del ex carapintada Gómez Centurión anoche en el programa de Novaresio.

Para los que no lo vieron o no hayan leído al respecto, no solo incursionó en el negacionismo sobre el número de desaparecidos durante la dictadura al mejor estilo Lopérfido; sino que negó además que el terrorismo de Estado desplegado en el período 76-83 haya obedecido a un plan sistemático.

No tiene siquiera sentido discutir tal burrada, desde que no solo hay profusa documentación e investigaciones históricas al respecto, sino que así lo ha determinado la justicia argentina en sentencias firmes, empezando desde ya por el juicio a los comandantes impulsado por Alfonsín. 

De lo contrario -es decir, de no haber existido un plan sistemático de represión y violación de los derechos humanos ejecutado por las fuerzas estatales- cabe preguntarse que sentido tendría la eximente de “obediencia debida” por el cual el propio Gómez Centurión y los “carapintadas” se levantaron contra el gobierno radical, para obtener su impunidad.

A propósito: ¿reaccionarán airadas las autoridades de la UCR pidiendo la renuncia de Gómez Centurión como lo hicieron con el feriado del día de la memoria, en razón de haber sido –como lo destacó Corral, por ejemplo- los impulsores del juicio a las juntas, o en mérito a su integración en “Cambiemos” volverán a hacer un “punto final” al respecto?

La reiteración de éste tipo de “exabruptos” por parte de funcionarios del gobierno y figuras de “Cambiemos” (Gómez Centurión es hoy el “niño mimado de Carrió, la misma que pide “el cese de la persecución política” para los genocidas) se suma a otras acciones concretas como el desistimiento de las querellas en las causas de lesa humanidad que involucran a cómplices civiles, o los encuentros con Cecilia Pando para recibir su preocupación por las condiciones de detención de los represores condenados.

Un panorama de “casualidades permanentes” como dijo alguna vez alguien, que va saldando la discusión respecto de la naturaleza íntima del macrismo: no es ni de cerca una “nueva derecha”, sino la forma que ha encontrado la vieja de reciclarse para optar por la vía democrática, cerrada la alternativa de recurrir al partido militar; y señalarlo no implica desconocer la legitimidad democrática de origen del gobierno de Macri .

Pero sí puntualizar como ellos mismos van degradando día a día su legitimidad democrática de ejercicio, serruchando el piso común de nuestra construcción democrática, sobre el que todos estamos parados.

Hechos como los de Gómez Centurión también abren una discusión hacia el interior de las fuerzas opositoras, y en especial el kirchnerismo, sobre la política de las provocaciones y el rol distractivo que juegan para llegar el debate político hacia vías muertas. El planteo suele ser hijo de la idea de que este conglomerado de impresentables que nos gobierna es brillante, y hasta los exabruptos que cometen, responden a una rigurosa planificación previa; una idea que merece como mínimo ser discutida.

Hay también allí un peligro de pasarse de rosca con el pragmatismo, planteando que hay que dar los debates y las peleas por aquéllas cuestiones que sumen votos, y evitar pisar el palito con otras que no los arriman. Pues bien, en ésta cuestión de las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura ese razonamiento es -por decir algo- mezquino, además de errado.

Cuando Néstor Kirchner planteó poner el respaldo del peso institucional del Estado a las políticas reparatorias de verdad memoria y justicia que venían cargando sobre sus hombros los organismos de derechos humanos, no hizo ningún cálculo electoral; porque ciertamente nadie puede afirmar que el reclamo estuviera “planteado en la calle” como algo prioritario a atender tras la crisis del gobierno de la Alianza.

Lo hizo porque entendió que dar esa pelea era fundacional para nuestra democracia, y condición insoslayable de posibilidad para su despliegue y desarrollo futuro; que era impensable sin saldar las cuentas con el pasado. Y haciéndolo reconcilió al peronismo con la causa de los derechos humanos, y contribuyó a coagular con un elemento decisivo la identidad política del kirchnerismo.

Además está allí siempre a la mano el ejemplo moral de las Abuelas y las Madres, que si se quiere fueron siempre “minorías intensas” en su lucha; y solo desde el 2003 se sintieron acompañadas por el Estado, y como consecuencia de eso, por sectores cada vez más amplios de la sociedad.

De lo contrario si la idea es ser pragmáticos y plantear como ejes de discusión solo lo que suma votos, apoyemos el DNU que reforma la ley de migraciones o la baja de imputabilidad de los menores; o mejor aun: vayámonos con Massa, que es el rey del oportunismo de corto vuelo, y listo.

Por otro lado no hay contradicción alguna entre señalar estas cuestiones reivindicando las políticas de memoria, verdad y justicia; y al mismo tiempo señalar y combatir los estropicios sociales, productivos y económicos que causan la políticas de Macri, sino todo lo contrario: hay un hilo conductor directo entre ambas cosas, como que esas políticas son la continuidad y la réplica de las que se impusieron en la dictadura, y para las cuáles se desplegó el plan sistemático de terrorismo de Estado que Gómez Centurión niega.

Macri fue a buscar a Gómez Centurión sabiendo quien era y como pensaba, y tras haberlo tenido como funcionario en el gobierno de la ciudad lo ratificó para la Aduana, aunque cargara sobre sus espaldas con la tragedia de Iron Mountain, un “mini Cromagnon” que se llevó la vida de diez bomberos. ¿Es posible disociar el hecho de lo que piensa Gómez Centurión sobre las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, y creer que sólo buscó un funcionario “eficiente en la gestión”?

Porque no olvidemos que hablamos del mismo Macri que prometía en campaña “terminar con el curro de los derechos humanos”, y al que el tema claramente lo incomoda; como se pudo ver cuando en la visita de Obama al país fue al memorial de las víctimas del terrorismo de Estado, que no conocía personalmente porque no le interesó visitarlo en sus dos mandatos como jefe de gobierno.

Pero por sobre todas las cosas no olvidemos lo que Macri y su familia representan: a los gestores y beneficiarios civiles del golpe del 76’, y del plan sistemático -mal que le pese a Gómez Centurión- de violaciones a los derechos humanos, ejecutado al servicio de sus intereses. Que Gómez Centurión no nos haga olvidar -eso sí- de Blaquier, Massot, Magneto, Mitre, Ernestina y otros tantos; que aun hoy -como en la dictadura- siguen representando al verdadero poder, y obran en consecuencia.

Entonces se apropiaban de Papel Prensa en una mesa de tortura, y entregaban a los trabajadores del ingenio Ledesma en la “noche del apagón”, hoy despiden a los trabajadores de AGR como globo de ensayo de la flexibilización laboral, y encarcelan a Milagro Sala por las mismas razones que se secuestraba y torturaba en la dictadura:  que no se organizaran los explotados, para que dejen de serlo.

Y el gobierno de Macri -el que reclutó a Gómez Centurión como funcionario- justifica la prisión política de los opositores en un caso, y desiste de la querella del Estado en el otro. A ver si somos tan ingenuos de creer que es pura casualidad.

3 comentarios:

Diego dijo...

Brishante, compañeros!

Anónimo dijo...

MACRI DIJO

"YA NO TENEMOS QUE ESCONDERNOS"

GLOBITO VOTASTE A LA DI TADURA.

Roberto Valle (Roval) dijo...

Gracias por aportar, como siempre, luz y claridad entre tanto "ruido mediático" (a veces, incluso, en el campo "amigo"). Es valiosísimo, sobre todo en estos tiempos que corren donde el pragmatismo político vuelve a ganar terreno, señalar la importancia que tiene para un proyecto político popular ajustar sus postulados a una serie de principios éticos que estén más allá -y por encima de- las "conveniencias" electorales que, por cierto, siempre son cambiantes y pasajeras. ¡Claro que hay que ganar elecciones! y que es fundamental hacerlo con el máximo respaldo posible, pero si es a costa de acomodar los principios a las "demandas" de ciertos sectores de la sociedad entonces no tiene sentido porque -y esto hay que recordarlo todo el tiempo- la derecha NUNCA abandona sus "principios" ni renuncia a sus aspiraciones, se disfrace de lo que se disfrace.