LA FRASE

"YO USO LA METÁFORA DEL FLAN PARA EJEMPLIFICAR SOBRE ALGO QUE NO HAY PARA TODOS; Y EL PRESIDENTE SUBE UNA FOTO SUYA COMIENDO FLAN, SIN CONVIDAR, UN POCO PELOTUDO ME SIENTO, PARA QUE VOY A MENTIR." (ALFREDO CASERO)

martes, 10 de julio de 2018

SIN UNA AYUDITA DE LOS AMIGOS


El domingo pasado y desde distintos enfoques, Ernesto Tenembaum en Infobae, Joaquín Morales Solá en La Nación y Horacio Verbitsky en "El cohete a la luna" coincidían en señalar algo que a esta altura es a todas luces obvio: el poder real de la Argentina le soltó la mano a Mauricio Macri, y lo dejó solito para hacer frente a la crisis.

Claro que donde Tenembaum ve un inverosímil cuadro de un presidente agredido por las corporaciones (siendo que viene de ellas) y Morales Solá amplía tanto los límites del "círculo rojo" como para que hasta Julio Bárbaro termine entrando (un modo de diluir a sus verdaderos integrantes de peso), Verbitsky va al hueso y se plantea el interrogante sobre los márgenes que le quedan a un gobierno que ha comenzado a perder los apoyos fundamentales en los que se sustentó para llegar al poder, por fuera del voto ciudadano.

En la semana que pasó, el gobierno fracasó en su gestión de pedirles a las petroleras que aceptaran resignar transitoriamente el esquema de libre fijación de los precios de los combustibles, y "planchar" en el tiempo el cronograma de dolarización de las tarifas a través del precio del gas en boca de pozo, conforme el propio gobierno lo había resuelto antes. El propio Macri salió con las manos vacías de su encuentro con la Mesa de Enlace, en el que esperaba de su parte el "gesto patriótico" de aceptar suspender la rebaja de las retenciones, e incrementar el ritmo de liquidación de divisas para calmar la ansiedad de dólares del mercado.

En medio de eso, la licitación de las LETES pensadas para desarmar la bomba de las LEBAC's fue un rotundo fracaso, porque los bancos y fondos de inversión (hasta acá uno de los apoyos centrales del gobierno de "Cambiemos") prefirieron retener los bonos que generosamente emitió Sturzenegger, cobrar sus más generosos intereses al vencimiento y hacerse luego con dólares ahora, cuando todavía quedan; y no dentro de un año cuando ni siquiera saben si existirá gobierno, o será el mismo de hoy. Y la línea editorial de los medios del Grupo Clarín denota cada día con mayor claridad que lograda la aprobación de la fusión Cablevisión-Telecom, el gobierno de Macri tiene poco o nada que ofrecerles, y como ya no les es de utilidad ha pasado a la categoría de estorbo.

Se ve entonces que como el hechicero de aquella película de Disney, el gobierno liberó fuerzas que no puede controlar, y que los cambios estructurales que impuso para condicionar a futuros gobiernos "populistas" se le vuelven ahora en contra, frente al visible deterioro de un modelo económico que fue insustentable desde el principio. Es precisamente esa característica la que detona la crisis, más que la oposición política, sindical o social, aunque la reacción frente a la reforma previsional en diciembre pasado demostrará que también hay un límite en la sociedad para el ajuste.

Las crónicas periodísticas dan cuenta de la disputa (real o inventada, para el caso es lo mismo) hacia el interior del gobierno por "morir con las botas puestas" yendo a fondo con el ajuste pactado con el FMI en soledad, o intentar comprometer en la empresa a parte de la oposición, en especial el "peronismo racional". El punto de tensión sería la aprobación del presupuesto del año que viene (que contendrá el ajuste comprometido con el FMI), y se dice que Macri preferiría prorrogar por decreto el de éste año, antes que asegurarse su aprobación por el Congreso a través de concesiones a la "oposición dialoguista", que no está en condiciones de hacer o garantizar. Claro que donde algunos ven un signo de fortaleza, lo que hay es uno claro de debilidad: no se puede encarar una negociación sin nada para ofrecer a cambio.

Para colmo, los cambios en el gabinete ayudaron poco para oxigenar al gobierno: la entrega del Ministerio de la Producción a la UIA fue un placebo, porque desde que Dante Sica asumió sus funciones las tasas no han parado de subir, los bancos privados se niegan a aplicar la línea de financiamiento a tasa subsidiada que el nuevo ministro lanzó (¿acaso no hubiera sido mejor dejarla como obligatoria por regulaciones del Banco Central como hizo el kirchnerismo, y no libradas a su voluntad?), y el gobierno despliega una artillería de medidas financieras que agrandan el agujero de ozono del endeudamiento, y logran a cambio hacer retroceder unos centavos al dólar; en un contexto de inflación creciente e imparable, fruto de una dispar puja distributiva.

Lo que estamos viendo en estos momentos en el país es la siempre presente puja entre el capitalismo y la democracia, que no se detendrá (como supusieron muchos) porque gobierne "uno del palo": es la vieja confrontación entre la política y el Estado como intento de articulación y procesamiento de los intereses coincidentes y contradictorios de una sociedad, y las lógicas corporativas, autocentradas en la defensa irrestricta de sus propios intereses; aun al riesgo de generar inestabilidad al conjunto del sistema. 

Si algo hemos aprendido los argentinos en nuestra transición democrática post dictadura es que hay que temer más el efecto desestabilizador de los golpes de mercado, que a los tanques en la calle o los planteos militares. Por cierto: ni siquiera de esto se ha privado Macri, malquistándose por un magro aumento salarial el apoyo de las fuerzas armadas; para las que imaginaba un destino de colaboración en la seguridad interior en un contexto de creciente protesta social; una tarea subalterna a la que los militares se venían resistiendo, tal como se preocuparon de desligarse de toda responsabilidad en la represión en el Congreso durante el tratamiento de la reforma previsional, entre otros signos que el gobierno no quiso ver.

Peor momento no se pudo dar para reeditar la tensión entre el capitalismo y la democracia, y escalarlo: Macri representa al mismo tiempo el peor Estado (endeudado, desfinanciado por concesiones fiscales a los sectores más concentrados, colonizado por funcionarios ávidos de hacer negocios privados y con múltiples conflictos de intereses, con desregulaciones a favor de la lógica salvaje del mercado), la peor democracia (con presos políticos, persecución a periodistas y medios no adictos, control del aparato judicial para ponerlo al servicio de la cacería de opositores, fuerzas de seguridad alentadas al gatillo fácil y servicios de inteligencia sin control) y el peor capitalismo: prebendario, ventajero, poco afecto a la inversión de riesgo y a la innovación, evasor y fugador serial, siempre prendido a la teta de los negocios con el Estado, refractario a crear empleo de calidad, en abundancia y bien remunerado. 

En este contexto, no es descabellado pensar que si la crisis económica se sostiene en el tiempo y se agudiza, devenga en estallido social, con posibles consecuencias de quiebre institucional: ya ha pasado, y puede volver a pasar; máxime cuando estamos ante un gobierno que -si algo es previsible- no retomará los instrumentos necesarios para controlar el proceso a los que sin ir más lejos apeló el kirchnerismo (retenciones, control del comercio exterior, controles de capitales, por cita algunos), y que le permitieron junto con otras políticas conducir un ciclo de 12 años de estabilidad política, en los que no faltaron las zozobras económicas, las tensiones sociales y las disputas con el poder real.

Precisamente el temor de ese poder real es que la gravedad y profundidad de la crisis terminen creando las condiciones para el retorno de alguna forma de "populismo" que vuelva a echar mano de esos instrumentos; de allí que esté hoy por hoy abocado a la tarea de imaginar una salida en la que se cambien los gestores, sin cambiar demasiado las políticas.

Frente al peligro del retorno de Cristina o de la anomalía kirchnerista (relegitimados además en éste contexto, y con ellos, ciertas medidas que podrían lesionar sus intereses) y al agotamiento de la experiencia neoliberal cruda (María Eugenia Vidal está siendo consumida por el desgaste que afecta a Macri), están intentando instalar de nuevo a Massa  con la experticia técnica de Lavagna al lado, como la posible salida, que obture el regreso del "hecho maldito".

Por eso cuando Paolo Rocca celebra la recuperación de la competitividad por la devaluación (es decir, el abaratamiento del costo salarial, medido en dólares)  y acto seguido reclama incrementar la productividad, lo que está haciendo es reclamarle la aprobación de la reforma laboral flexibilizadora no al gobierno, sino a la "oposición racional" de Massa, Bossio, Pichetto y Urtubey; que es la que tiene la llave de los votos para hacerla pasar por el Congreso.

En espejo, cuando Pichetto reclama discutir el presupuesto en el Congreso y no prorrogar el de éste año por decreto "porque sería una mala señal para el FMI", o Urtubey dice que "todo el peronismo quiere colaborar con el gobierno" no le están hablando a Macri, sino a la AEA y a la cúpula del poder económico, diciéndoles que pueden contar con ellos, para una transición ordenada, sin finales imprevisibles e indeseables para sus intereses (aunque también entonces la levantaran con pala) como terminaron siendo los gobiernos de Néstor y Cristina. 

Mientras se disparan los precios de los seguros contra el defáult argentino, el "peronismo racional" se ofrece al establishment como el seguro contra "locuras de la política" que alteren la lógica de gobernabilidad que ha imperado desde 1983 para acá. Está en nosotros tratar de convencer la mayor cantidad de voluntades posibles para evitar que caigamos en la trampa. 

2 comentarios:

Erkekjetter Silenoz dijo...

Haciendo "autocritica" tengo que notar que en nuestro movimiento existe una suerte de fantasía/dogma por el cual recrear las condiciones económicas del 2002 alcanza para el despegue, y los requisitos necesarios y suficientes para su sustentabilidad es la consecución de un "tipo de cambio real competitivo y estable" y "superávits gemelos"

Idea que está tomando vuelo con este "brote verde" de Lavagna et al, una especie de peronismo nestorista anti K. Que en el fondo es un peronismo línea Espert-Broda ligth y, lo que es peor aun, supone que medidas recesivas generan crecimiento (como una devaluación machaza) y con un monetarismo línea Cavallo-ligth (como Feletti en otro día en lo del gato "radicha semi bueno" diciendo que el tipo de cambio surge de dividir las base monetaria contra las reservas......)

Ignorando en su totalidad lo que produjo el crecimiento de la "decada depredada", politicas que, inclusive, el mismo Lavandina NO quería implemantar

Anónimo dijo...

Massa y Lavagna saben perfectamente que no juntan los votos para ganar.
Aún con una campaña a su favor las 24 hs. en todos los medios y el
financiamiento generoso de la embajada y el círculo rojo.
Agonizando el PRO, Massa/Lavagna y algún oportunista que pueda sumarse, son la última esperanza ante una derrota electoral que saben inevitable.
Para que Massa tuviera chance, el partido judicial tendría que decidirse a incinerarse por completo y arriesgarse a encarcelar sin causa a la dueña de los votos.
Eso es lo que le pide la embajada a Lorenzetti,que es un mercenario con delirios presidenciales, pero que hasta ahora demostró que no come vidrio.
El Colo.