Está pasando de nuevo. Como con Martínez de Hoz, Menem y Macri. Y ni así aprenden algunos cuando votan. https://t.co/hd66eKyp1k
— La Corriente K (@lacorrientek) February 18, 2026
Lo dicen como si los tipos se hubieran ganado la lotería. https://t.co/OetRaydLcj
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Imagináte si los despidos son así ahora lo que van a ser si se aprueba la reforma laboral que abarata las indemnizaciones. https://t.co/2viqq1a2jw
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Pero la macro está ordenada, digamos todo. https://t.co/7jbGbOttY1
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El cierre definitivo de la empresa FATE con su secuela de 920 trabajadores despedidos impacta por su tamaño, pero no sorprende en el contexto: desde que Milei es presidente, cierran 30 empresas por días, y se pierden en el mismo lapso 450 puestos de trabajo en el sector privado, sin contar los despidos en el Estado.
Las razones son muy sencillas de establecer: apertura indiscriminada de las importaciones, altísimas tasas de interés que hacen más rentable dedicarse a la bicicleta financiera que a producir, tarifas dolarizadas que incrementan los costos de producción, depresión del nivel de los salarios (principal ancla inflacionaria del plan económico) que impacta en la caída del consumo interno, apreciación cambiaria (el otro ancla contra la inflación) que abarata las importaciones y encarece los bienes transables producidos en el país, en dólares.
Exactamente el mismo set de decisiones de política económica (porque no se trata de fenómenos de la naturaleza) que se aplicaron en la dictadura de Videla y Martínez de Hoz con la "tablita", en el menemato con Cavallo y la convertibilidad, y luego con Macri. Siempre las mismas políticas de darwinismo económico y social que establecen reglas de juego para que sobrevivan pocos (los que hacen las reglas), y los demás se las arreglen como puedan.
Durante la dictadura y como parte del plan diseñado desde antes del golpe por el grupo Azcuénaga, la idea era desmontar lo que se denominaba "industrias artificiales" construidas con apoyo estatal y protección durante el primer peronismo; como parte de un plan político más amplio para retrotraer a la Argentina a 1943, sin sindicatos poderosos ni trabajadores organizados, con derechos y salarios altos. Suena actual, ¿no?
En tiempos de Menem la novedad estuvo dada por el desguace y remate del patrimonio público con las privatizaciones, que antes se había ensayado pero nunca llegó a alcanzar esa escala. Y con Macri hasta se lo intentó teorizar como una "reconversión productiva", a la que se denominó "Plan Australia": las industrias catalogadas como ineficientes debían desaparecer y solo subsistir aquellas en las que el país era competitivo, en términos internacionales. La competitividad, por supuesto, siempre pasaba por deprimir los salarios y flexibilizar las condiciones de trabajo. Suena muy actual otra vez, ¿no?
En los tres procesos mencionados la "reconversión productiva" trajo aparejados enormes costos sociales: destrucción de empleo y tejido industrial, aumento de la desocupación (buscado para deprimir los salarios y disminuir la conflictividad sindical), auge del cuentapropismo en variadas formas: remiserías, parripollos, canchas de paddle, clubes de video, o la sofisticación de la hijoputez con el macrismo, que nos mandaba a todos a convertirnos en cerveceros artesanales o pilotos de drones. Hoy día serían los empleos precarizados en plataformas como Uber, Rapi, Didi o Pedidos Ya.
El experimento libertario que encarna Milei no tiene -en ese sentido- nada de novedoso, y se inscribe en la misma tradición teórica, políticas y -sobre todo- resultados desastrosos. Y el grupo Azcuénaga fue reemplazado por las ensoñaciones delirantes de Sturzenegger, que nos dice que destruir empresas y perder empleos es el precio a pagar para que los argentinos podamos disfrutar de productos de mejor calidad y baratos. Cualquier parecido con el corto publicitario de la silla pergeñado por el aparato comunicacional de la dictadura (no en vano rescatado en estos tiempos por los trolls libertarios), es pura casualidad.
Para peor, el industricidio en curso en el país sucede en un contexto mundial marcado por la guerra de aranceles y las políticas proteccionistas de su propia producción que despliegan las principales potencias mientras le venden al resto los abalorios del libre comercio, y nosotros compramos: pensemos que casos como el de FATE y otros tantos se producen sin que aun hayan entrado en vigencia los leoninos y perjudiciales acuerdos de libre comercio que el gobierno de Milei y el Mercosur firmaron con Estados Unidos y la Unión Europea; que potenciarán al máximo las amenazas a nuestra industria y sus puestos de trabajo.
En ese mismo contexto la reforma laboral que impulsa el gobierno a pedido de casi todas las fracciones del capital busca abaratar aun más los costos salariales y los despidos, para que la sociedad financie con su sufrimiento la "reconversión" de las industrias en importadoras, como seguramente hará Madanes Quintanilla (que también es dueño de ALUAR) después de cerrar FATE. Una reconversión que para los trabajadores nunca es tan sencilla, y esta vez no será la excepción: en un país con 47 millones de habitantes, no hay lugar para tantos repartidores de envíos a domicilios, o choferes de aplicaciones.
Lo complejo del asunto es que la primera vez este plan (porque en esencia sigue siendo el mismo) se aplicó en dictadura y a punta de las bayonetas, como describiera magistralmente Rodolfo Wlash en su carta abierta a la junta militar; y la segunda vez, durante el menemato, en democracia pero con una sociedad estragada por la hiperinflación y dispuesta en consecuencia a soportar cualquier cosa, incluso una "cirugía mayor, sin anestesia", como se definió al sufrimiento social entonces.
Ya en la tercera -durante el macrismo- ni siquiera el ciclo más prolongado de crecimiento y redistribución de la riqueza desde el primer peronismo (que eso fueron los gobiernos de Néstor y Cristina) pudo evitar que muchos argentinos volvieran a tropezar con la misma piedra, y que decir de la cuarta (el experimento anarcocapitalista en curso), cuando la promesa de darwinismo económico y social fue explícita con la figura de la motosierra, y logró un amplio consenso social primero, y electoral después, revalidado en parte en las últimas elecciones.
¿Aprenderán algunos de la experiencia esta vez, o estaremos condenados a repetirla sin poder salir de la trampa rompiendo el círculo vicioso? Tuit relacionado:
Sabés quién hablaba también de "industrias artificiales"? Martínez de Hoz. https://t.co/qCs6Omx9fj
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