LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
Mostrando entradas con la etiqueta empleo público. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta empleo público. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de diciembre de 2024

EL VAGO ES EL OTRO

 

La estigmatización de los trabajadores del Estado en todas sus vertientes ha sido una constante del gobierno de Pullaro en éste primer año de su mandato. Podría decirse que la viga maestra del discurso oficial del gobierno de la provincia fue que los empleados públicos son todos unos vagos, que gozan de privilegios inmerecidos e injustificables, y que son parte del problema a solucionar para construir un Estado más eficaz.

Nadie se salvó del sambenito: arrancaron con los empleados de la Administración Central, desconociendo los acuerdos paritarios firmados por los gremios durante el gobierno de Perotti, dejando sin efecto casi un millar de pases a planta de contratados con los más variados pretextos (como que había funcionarios políticos de la gestión anterior que "se colgaban de la liana" para quedar en planta, cosa que no se verificó ni en un solo caso) y retrasando el pago de los aumentos salariales pactados.

Luego les tocó el turno a los docentes, que fueron acusados de faltar demasiado y pedir licencia con cualquier excusa (lo que fue el pretexto para reimplantar el presentismo), de no estudiar y dar mal las clases (por lo que los chicos no aprendían nada, y hubo que reimplantar la repitencia), de hacer paro por cualquier cosa (el gobierno coqueteó con la idea de declarar a la educación servicio esencial, como hizo Milei, para restringir el derecho de huelga) y de cobrar una hora de más (primero sacada y luego repuesta) para no mejorar en nada los aprendizajes de los alumnos.

No les fue mejor a los trabajadores de las empresas estatales de servicios públicos, EPE y ASSA: en ambos casos el gobierno arremetió contra los convenios colectivos de trabajo (al de la EPE lo denunció con fundamento en el DNU 70 de Milei), el sistema de ingresos "hereritarios", las horas extras y determinados suplementos salariales. También se anunció con bombos y platillos que (al igual que con los docentes y los trabajadores de la Administración Central) se había logrado disminuir significativamente los pedidos de licencia médica, que por supuesto se consideraron ficticios en la mayoría de los casos.

A los judiciales (que hicieron un paro por primera vez en 30 años) les cajoneó los nombramientos durante meses y hasta donde pudo y dilató el pago de los aumentos otorgados por la Corte; que dicho sea de paso y luego de decir reiteradas veces que era cara e ineficaz, Pullaro impulsó y logró una ley para ampliar el número de sus integrantes.

Y en los últimos días la emprendió contra los médicos, los mismos que eran aplaudidos por las noches durante la pandemia: primero la ministra de Salud (socialista) dijo que muchos de ellos no iban a trabajar, y luego su colega de Trabajo (del PRO) señaló que se estudiaba pagarle un plus por productividad de acuerdo a la cantidad de pacientes que atendiera cada uno en los hospitales públicos. Como se ve, para verduguear a los agentes estatales no hay fisura entre los socios de "Unidos".

En realidad, no todos los servidores públicos fueron blanco de ataques del gobierno de Pullaro, porque hubo una ostensible excepción: el personal de la Policía y -en menor medida- el del Servicio Penitenciario, al cual le modificaron de entrada la ley que lo rige. Allí hubo elogios públicos del gobernador y su gabinete en cuanta oportunidad pudieron, se premió a Nocelli (el Chocobar santafesino) con un cargo de asesor en el área de Seguridad y el gobernador (luego desmentido por la justicia, pero son detalles) que siendo ministro de Seguridad de Lifschitz había pagado con fondos reservados los abogados de los acusados por la desaparición seguida de muerte de Franco Casco, dijo que les iban a tener que pedir disculpas.

Esta política oficial de estigmatización, persecución y disciplinamiento de los agentes públicos ha sido hasta acá exitosa, al menos si juzgamos por los escasos costos que el gobierno tuvo que pagar, incluyendo la débil protesta de los sindicatos: por una mínima fracción de tamaño despliegue persecutorio cualquier gobierno peronista hubiera visto incendiada la provincia con el conflicto social.

Es verdad que al emprender ese rumbo, el gobierno va sobre seguro: trabaja sobre los prejuicios de buena parte de la sociedad (y del núcleo duro de sus apoyos electorales) contra los servidores públicos, que como todo prejuicio, siempre tiene algo de base en la realidad: hay, efectivamente, empleados públicos que son vagos, docentes que faltan mucho o médicos que no cumplen su carga horaria en los hospitales, y muchas cosas más.

Pero los verdaderos propósitos de la ofensiva no son -como repite el discurso oficial- mejorar los servicios y las funciones que debe cumplir el Estado, sino otros muchos menos nobles: precarizar cuanto se puede el empleo público, pactar salarios a la baja, recortar derechos, privatizar las empresas del Estado (o sondear el apoyo social para hacerlo) y -por ejemplo- aprobar entre gallos y medianoche una reforma previsional que supone un fenomenal recorte de derechos a los trabajadores y jubilados estatales santafesinos. O dicho de otro modo: todo los que los hoy oficialistas dijeron durante años que haría Perotti si llegara al gobierno, pero no hizo cuando llegó.  

No deja de ser curioso que esta cruzada la emprendan los radicales, que están compuestos -a diferencia del común de los mortales- por un 30 % de agua y el 70 % restante, de empleo público;  ocupando posiciones en el Estado desde siempre y con todos los gobiernos, y no precisamente en lugares destinados al zanjeo: las universidades, los concejos municipales, las Legislaturas provinciales y el Congreso, los juzgados (federales y provinciales) y las fiscalías del MPA, los cargos de asesores (Pullaro casi ha cuadruplicado la planta política que dejó Perotti). 

Ya en los gobiernos del Frente Progresista el socialismo soñó (y en buena medida ejecutó) un by pass para manejar a la administración "desde arriba" con unos pocos (o unos cuantos) elegidos por su supuesta brillantez, pero nunca tuvieron hacia afuera un discurso de estigmatización del empleo público como el que está esgrimiendo el gobierno provincial actual, hegemonizado por la UCR; salvo en el área de Educación donde Rasino y Balagué dedicaron casi toda sus gestiones a hablar de las licencias de los docentes.

Para Pullaro la cruzada contra los empleados públicos supone un asunto político de primer orden para lograr la fidelización del voto propio y sostener su objetivo de ser reelegido; incluyendo en esa fidelización la del aparato represivo del que dispone el Estado provincial, por si en algún momento fuera necesario usarlo para enfrentar la protesta social. Pero la estrategia no está exenta de riesgos, porque los elegidos como blancos de su administración (empleados públicos, docentes, judiciales, médicos, agentes de las empresas estatales) también lo votaron, en forma contundente. 

Claro que para que ese riesgo se materialice en las urnas debería haber alguien que capitalice el descontento de los agredidos. Como por ejemplo un peronismo balcanizado y ausente, perdido en los laberintos de su interna en lugar de puesto a la cabeza de la defensa de los derechos vulnerados por la ofensiva oficial.

lunes, 1 de abril de 2024

SE LA DEJAMOS SERVIDA

 

La Ley 24185 de paritarias en el sector público nacional es de 1992, gobierno de Menem, con Gustavo Béliz como Secretario de la Función Pública. La Ley 25164 (ley marco del empleo público) es de 1999, finales del segundo mandato del riojano. Ninguna de ellas fue modificada desde entonces. Béliz (recordemos) fue funcionario de Néstor Kirchner primero, y andando los años, de Alberto Fernández después.

La reglamentación de la Ley 25164 fue aprobada por el Decreto 1421/02 (gobierno de Duhalde) y recién fue modificada en el 2016 por Macri. El Convenio Colectivo General del sector público fue aprobado durante el gobierno de Kirchner por el Decreto 214/06, y tuvo desde entonces varias modificaciones.

El denominado SINAPA (Sistema Nacional de la Profesión Administrativa) que establece el escalafón de los empleados de la Administración Pública Nacional fue aprobado por el Decreto 993/91 (gestión Menem-Béliz), y recién fue reemplazado pero por un sistema similar por el Decreto 2098/08 durante el primer mandato de Cristina, a partir de un acuerdo en paritaria con los gremios estatales ATE y UPCN.

Cuando le faltaban dos semanas para terminar su gobierno en 2019 y ya sabría que no sería reelecto, Macri dictó el Decreto 788 creando lo que dio en llamar la "Alta Gerencia Pública", un régimen de funcionarios VIP de planta permanente, con sueldos de privilegio y menores exigencias para el ingreso y la promoción que el resto de los empleados. 

Apenas asumido Alberto lo suspendió por el Decreto 36/19, esa suspensión fue prorrogada y después de muchos vericuetos y al igual que pasó con el SINAPA, el Decreto 191/23 lo reemplazó por un sistema similar, que debería empezar a regir en junio de éste año. Todos estos cambio (y el propio decreto de Macri) se sustentaron en acuerdos paritarios logrados entre el gobierno y las entidades gremiales.

Esta larga introducción viene a cuento de contextualizar lo que bien apunta el compañero Sergio Delfino en los tuits de apertura del post: en todo éste proceso y en relación al empleo público nacional hubo más continuidades que rupturas con el pasado, y -esto lo agregamos nosotros- profundizar en cambios en estos asuntos nunca estuvo en el radar de los gobiernos kirchneristas, a menos que esos cambios fueran motorizados por los sindicatos. 

Quizás por temor a incursionar en temas asociados a la agenda de la derecha (como la reforma del Estado, que suena a ajuste, despidos y privatizaciones), o porque había otras urgencias que atender, pero pasó, y hay que hacerse cargo de las consecuencias. Porque de esa política de parches (que hemos apuntado acá varias veces siguió el kirchnerismo en otros rubros, como los servicios públicos) devienen muchos de los problemas actuales, que le permiten a Milei avanzar en su "plan motosierra" sin mayores obstáculos.

Que es lo que está pasando en estos días con la ola de despidos en el Estado nacional, fundamentalmente de personal contratado, sea porque no se les renuevan sus vínculos una vez vencidos, o porque aun estando vigentes se los despide porque carecen de estabilidad.

En efecto, el artículo 9 de la Ley 25164 dice respecto al personal contratado que "El régimen de contrataciones de personal por tiempo determinado comprenderá exclusivamente la prestación de servicios de carácter transitorio o estacionales, no incluidos en las funciones propias del régimen de carrera, y que no puedan ser cubiertos por personal de planta permanente. El personal contratado en esta modalidad no podrá superar en ningún caso el porcentaje que se establezca en el convenio colectivo de trabajo, el que tendrá directa vinculación con el número de trabajadores que integren la planta permanente del organismo.".

Su reglamentación aprobada por el artículo 9 del Decreto 1471/02 indica que "El régimen de contrataciones comprende la contratación por tiempo determinado y la designación en plantas transitorias, y estará sujeto a las siguientes previsiones: a) El personal será afectado exclusivamente a la realización de actividades de carácter transitorio o estacional, que resulten necesarias para complementar el ejercicio de las acciones y competencias asignadas a cada jurisdicción o entidad descentralizada. Las actividades de carácter transitorio estarán referidas a la prestación de servicios, asesoramiento técnico especializado, coordinación y desarrollo integral de programas de trabajo y/o proyectos especiales o para atender incrementos no permanentes de tareas.".

Y además señala que "Las actividades de carácter estacional responden a tareas que se realizan periódicamente y sólo en determinada época del año. En estos casos el personal puede ser incorporado a una planta transitoria con designación a término, cuyas características serán reguladas por la autoridad de aplicación.".

De modo que si había muchos organismos del Estado (en especial aquellos descentralizados territorialmente con agencias locales, como la ANSES) que funcionaban con gran cantidad de personal contratado (en algunos casi exclusivamente) y ese personal venía cumpliendo durante años las funciones propias de personal de planta permanente porque el organismo había ampliado sus funciones y roles (acá otra vez el ejemplo de ANSES viene como anillo al dedo), lo que estaba ocurriendo es que se perpetuaron situaciones de fraude laboral, en perjuicio de miles de trabajadores precarizados que deberían haber sido incorporados a planta permanente, con todos los derechos de tales; y quizás hoy otra sería la historia con el "plan motosierra", al menos para ellos.

Y en perjuicio también de la validación social de esas políticas públicas, que es en realidad lo que les interesa voltear, junto con despedir trabajadores. Pero así las cosas, todo indica que al menos en éste tema, a Milei se la dejamos servida. Las cosas por su nombre. 

domingo, 2 de febrero de 2020

POLÍTICA LABORAL MACRISTA: EL MUNDO DEL REVÉS


El discurso macrista sobre el problema del empleo se basaba siempre en dos o tres ejes centrales, repetidos hasta el cansancio: era necesario crear empleo genuino y de calidad para "reemplazar a los planes sociales", había que migrar empleo público improductivo a empleo privado que mejore la competitividad general de la economía (disminuyendo a su vez el gasto público para alcanzar el equilibrio fiscal, y rebajar impuestos), y para crear ese empleo privado era necesario "eliminar las rígidas regulaciones laborales existentes" (los "70 años de peronismo"), "para que entrar y salir del mercado de trabajo sea tan fácil como comer y descomer", en palabras de un ex ejecutivo de Techint, funcionario del gobierno.

Si a eso le sumamos la orquestación de la rapiña del Estado desde adentro, organizando el esquema de negocios del grupo gobernante y por extensión, de los dueños del país, tenemos bastante bien resumido el credo central de la banda que nos asolara cuatro años.

Pasado ese lapso y con los resultados a la vista, podemos decir que no lograron nada de lo que dijeron que iban a hacer, pero acaso sí buena parte de lo que realmente pensaban hacer: leemos en La Política Online la estadística escalofriante de la destrucción de puestos de trabajo en el sector privado de la economía, en especial en la industria, durante el macriato: 239.700 puestos registrados perdidos, de los cuales 170.200 correspondieron a la industria, y 29.400 a la construcción; pese a la abrumadora propaganda oficial sobre "el boom de la obra pública".

Por el contrario y pese a los anuncios, creció el empleo público en 104.600 puestos de trabajo, de los cuales unos cuantos deben haber sido los ñoquis macristas que ahora resisten en sus cargos, o reclaman indemnizaciones fabulosas en caso de ser despedidos.

Y además -otro sello de la etapa- crecieron en 176.900 los monotributistas, donde hubo una mezcla de reciclado de los que perdían su puesto de trabajo registrado por la recesión, eran alentados por la "cultura del emprendorismo" que los alentaba a ser pilotos de drones o poner una cervecería artesanal, o simplemente se trataba de vivos que buscaban evadir el pago de Ganancias.    

Números que son todo un fresco de época, y que contribuyeron a lograr el otro gran objetivo central de la derecha que sumó, por cuatro años, el poder económico al poder político: crear un ejército de reserva de desocupados, sub ocupados o precarizados que fuercen a la baja los niveles de los salarios reales, introduciendo el miedo a perder el empleo en la discusión de las paritarias, para abaratar el costo de la fuerza de trabajo. Tuit relacionado:

domingo, 15 de diciembre de 2019

AFLOJANDO CON LAS PASTAS


Hace unos días atrás hablábamos en ésta entrada sobre el Decreto 788 dictado por Macri a pocos días de dejar la Casa Rosada, creando un régimen especial de cargos en la Administración Pública nacional con la denominación de "Alta Gerencia Pública"; por el cual pretendía dejarle minado a Alberto Fernández el organigrama estatal con gente suya, con sueldos exhorbitantes y por cinco años, y derecho a percibir jugosas indemnizaciones si eran despedidos, o suprimidos los organismos donde revistan. Invitamos a releer el post para entender en detalle de que se trata.

Tal como lo había anunciado públicamente al conocerse la noticia en su momento, Alberto decidió tumbar el decreto, mediante el Decreto 36 publicado éste sábado en el Boletín Oficial (completo acá).

Lo primero que el nuevo decreto dispone es suspender por ciento ochenta (180) días la vigencia del decreto de Macri, y convocar a su rediscusión en la paritaria nacional de empleados públicos, dentro de los primeros noventa (90) días; recordando por nuestra parte que cuando se sancionó el nuevo régimen de "ñoquis VIP" la medida contó con el apoyo de UPCN, y el rechazo de ATE. 

El decreto de AF instruye a los Ministros y Ministras, Secretarios y Secretarias de la Presidencia de la Nación, Autoridades Superiores de organismos descentralizados, Empresas y Sociedades del Estado de la Administración Pública Nacional, para revisar en un plazo no mayor a seis (6) meses los concursos de personal que se estén realizando en su área, y en el plazo de tres (3) meses computados a partir de su dictado, las designaciones efectuadas por concurso durante los dos (2) años anteriores, es decir la segunda mitad del mandato de Macri, para verificar en ambos casos si se hicieron legalmente. 

Siempre según el decreto, esa revisión puede conducir a detectar irregularidades, omisiones o vicios que impliquen la nulidad de los procesos de selección /o de las designaciones efectuadas, en cuyo caso manda a anularlos conforme el régimen que establecen los artículos 17 y 18 de la Ley N° 19.549 de Procedimientos Administrativos o el artículo 6° del Anexo de la Ley N° 25.164 (ley marco del empleo público nacional).

Según esas normas, si un acto administrativo (por ejemplo una designación) está afectado de nulidad absoluta, puede ser revocado o sustituido, aun en sede administrativa (o sea, por el propio gobierno); pero si estuviera firme y consentido (o sea, no recurrido por nadie) y generó derechos subjetivos (al cargo) y prestaciones pendientes de cumplimiento (los sueldos derivados del mismo), la anulación debe ser pedida judicialmente. Claro que esto último no alcanza a los cargos del régimen de la "Alta Gerencia Pública" del Decreto 788 de Macri ahora suspendido, que no hubieran llegado a consolidarse mediante un concurso.

Finalmente el decreto dictado por Alberto instruye a los Ministros y Ministras, Secretarios y Secretarias de la Presidencia de la Nación, Autoridades Superiores de organismos descentralizados, Empresas y Sociedades del Estado de la Administración Pública Nacional, para revisar las contrataciones de personal efectuadas en esos ámbitos durante los últimos tres (3) años computados desde su vigencia (o sea, las tres cuartas partes del mandato de Macri), sea para revisar si fueron hechos conforme a  las leyes y normas aplicables, o si aun así, se justifica su continuidad.

Aun con el riesgo de que puedan pagar justos por pecadores, el Decreto 36 es una contundente muestra de autoridad del nuevo presidente y su gobierno, para demostrar que no piensa dejar que le colonicen la Administración Pública y el Estado en general apenas principia su mandato, con el propósito de sabotear "desde adentro" las políticas públicas que define.

Y el cepillado fino de las situaciones que puedan existir nos permitirá saber cuanto hay de cierto en la "meritocracia" de la que tanto hablaba el macrismo en su discurso. Porque lo del "mejor equipo de los últimos 50 años" ya lo tenemos bastante claro como funcionó en realidad.