LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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lunes, 13 de noviembre de 2023

¿MADURA EL KNOCK OUT?

 

lunes, 9 de octubre de 2023

PENSAR QUE PUEDE HABER OTRO

 

lunes, 2 de octubre de 2023

RESPONDIENDO AL LIBRETO

 


Lo dijimos una vez y lo reiteramos ahora, porque no vemos motivos para cambiar de opinión: los debates televisivos entre candidatos, por las limitaciones propias del formato, no tienen la capacidad de incidir en las opciones electorales de los votantes y si la tuvieran, es mínima. No tenemos pruebas de que así sea, pero tampoco dudas.

Y el debate de anoche en Santiago del Estero discurrió por esos carriles, de resultas de los cuáles cada candidato queda más o menos plantado en la cosecha que tenía, y cada uno de los electores convencido de su propio voto, o sumergido en sus dudas previas. Sin que ninguno de los grandes problemas del país haya sido esclarecido o se avizoren posibles soluciones para ellos, porque eso sería pedirle al instrumento una finalidad para la que no fue concebido.

Hechas estas aclaraciones, cabe un breve repaso por lo hecho por cada candidato en la tenida, que fue más o menos lo que se esperaba, sin grandes sorpresas. Habrá que ver si la segunda entrega cambia ese panorama, de acuerdo a lo que arrojen las encuestas o los focus group.

Sergio Massa pareció empeñado en ponerse por encima de los ataques que previsiblemente recibiría por ser el candidato oficialista para esbozar propuestas o una idea de futuro, pero también limitado por ese rol: le guste o no es parte del gobierno, y una no menor: ministro de Economía, nada menos. Ese "no lugar" (o principal lugar) es el que lo pone a tiro de la crítica "si tenés todas las soluciones, ¿por qué no las empezás a aplicar ahora?", que el principal ancla a sus posibilidades de crecer de cara a las elecciones.

Javier Milei demostró que el loco de la motosierra y el border siempre a punto del exabrupto es un personaje que construyó porque le garpa, pero que puede abandonar sin inconvenientes cuando le conviene mostrarse serio y confiable. Del mismo modo que tampoco tuvo el menor empacho en hablar vaguedades sin ir a fondo en ninguna de sus propuestas más polémicas, como la dolarización: sabe que si explica esas cosas tiene más para perder, que para ganar.

Lo que sí dejó en claro el debate es que su dependencia (y por dependencia entendamos comunión) ideológica y política de Victoria Villarruel y todo lo que representa es mucho mayor de lo que él mismo está dispuesto a admitir: en un mar de vaguedades, no dejó tópico del discurso negacionista y apologético de la dictadura sin transitar, de un modo que ni siquiera Gómez Centurión (por citar otro referente reciente de la ultraderecha) lo hizo en sus tiempos. El alerta democrático que eso supone debió merecer una respuesta más contundente del resto de los candidatos que, salvo el cierre de Myriam Bregman, no se vio.

Patricia Bullrich fue, lejos y en nuestra opinión, la peor de todos y todas: errática, confusa, queriendo cancherear una situación en la que no estaba cómoda y mentalmente anclada en el 2015, apelando al núcleo duro del voto "cocker". No parece que por ese camino pueda remontar el tercer puesto que le asignan las encuestas y meterse en el balotaje; y en todo el caso el debate no hizo más que explicitr visualmente la deriva de su campaña, que es la de "Juntos por el Cambio" como coalición.  

Myriam Bregman alternó buenas y malas, pero la izquierda parece también anclada en un punto intermedio entre 1917 y la crisis del 2001, sin acertar a interpretar el nuevo cuadro de situación, en el que hay descontento social pero ellos no lo capitalizan, sino la ultraderecha más reaccionaria, en su peor variante. También les cuesta resistir la pulsión de hacer anti kirchnerismo, y cierto honestismo bobo que les hace perder densidad en el tenor de sus propuestas. Por eso están donde están, sin crecer desde hace años, cuando tenían condiciones propicias para hacerlo.

Y finalmente Schiaretti, que dejó en claro cual es su rol, que no es el de un peronismo alternativo o post kirchnerista: es simplemente una colectora instalada en la oferta electoral para drenarle votos al peronismo "oficial" (sea el de Scioli, Alberto y Cristina o Massa, según pasen los años y las elecciones), para hacerlo perder a manos del antiperonismo, en el marco de las reglas de juego instauradas por la reforma constitucional de 1994. El discurso, las propuestas, la estética, la propia figura del candidato -rayano en un meme de irrelevancia real- hacen que se le vean los hilos, cada vez con mayor facilidad.

Tuits relacionados:

com/lacorrientek/status/1708640138572480808?ref_src=twsrc%5Etfw">October 2, 2023

viernes, 27 de agosto de 2021

DEBATES

 

¿Dónde y cuando y como se debe debatir de política en la Argentina, y lo que es más importante, de qué se puede y no debatir? Porque tal parece que en la escuela no, porque será considerado "adoctrinamiento", como si la educación no fuera en esencia un acto político, y no tuviera por fines -entre otros- formar ciudadanos democráticos informados, concientes de sus derechos y dispuestos a la participación política. O como si la escuela fuera un lugar aséptico en el que no entra la realidad social, y no el tremendo aparato ideológico del Estado que es, desde siempre. 

Cabe suponer que lo mismo que se dice para las escuelas vale para las universidades, ¿o ahí sí se puede, porque como en muchos casos no las maneja el peronismo, no hay allí riesgo de "adoctrinamiento"? Es una mirada posible que de hecho se instaló por años en el país, cuando el movimiento mayoritario estaba proscripto, y las universidades vivía la ficción de la "isla democrática" en un país en el que no había democracia.

¿Deben quedar reducidos la discusión y el debate políticos a los medios audiovisuales o las redes sociales, donde por regla general no hay lugar para la reflexión aguda, la docencia cívica o el intercambio de argumentos porque se privilegian las respuestas efectistas, el retruque hábil o el formato de panelismo, con voces estentóreas y superpuestas? ¿O acaso a los coloquios de IDEA u otros eventos empresariales similares, en los que lo que llaman debate es en realidad el desfile de la política para recitar el catecismo que espera el poder económico?'

Lógicas que se han terminado traspasando a uno de los ámbitos naturales de la discusión política como es el Congreso, por lo demás, oscurecido en ese aspecto en tiempos de pandemia y de campaña, y muy empobrecido en términos de resonancia social, si se lo compara con aquellos debates de los años del kirchnerismo por las retenciones, la ley de medios o el pago a los fondos buitres, por citar algunos casos. Y los debates obligatorios por ley entre candidatos, lejos de fortalecer la discusión democrática de ideas, son fruto también de la lógica mediática.

Ni hablemos de los partidos: ¿se discute política en los comités o las unidades básicas, se debate, se forma políticamente a la militancia más allá del "meloneo" de las consignas de campaña para poder convertirse a su vez en agentes promotores del debate político en la sociedad?

Pero además de éste repaso de los lugares donde se debería debatir y no se debate, hay cosas de las que no se habla, porque parece que no se pudiera hablar: Cristina planteó un par de veces discutir el modelo de salud y le saltaron a la yugular, los propios y los extraños, y la CGT reaccionó como hubiera reaccionado Belocoppit, incluso antes que él o cualquier de los CEO's de las prepagas.

Ahora nos quieren meter en un debate por la deuda que es tan absurdo -por quienes lo promueven y su historial en la materia- como el debate en el que, recurrentemente, nos meten los negacionistas (que deberían ser penados por ello) sobre la dictadura, la represión, las violaciones a los derechos humanos o el número de desaparecidos. 

Ayer Guzmán explicaba en el Congreso (ante la ausencia de la oposición de sus bancas) el proceso de endeudamiento, mientras el ministro de Educación de la nación (abonando a la lógica perversa de entregar rápidamente la cabeza de los propios en bandeja, ante la menor queja de los ajenos) pedía sancionar a la docente que les explicaba eso mismo a sus alumnos, en el aula de una escuela.

A la inversa, pareciera que no puede haber debate respecto al sistema impositivo, sino que simplemente podemos discutir que impuestos bajamos, y no quiénes deben pagar más impuestos, acorde a su capacidad contributiva. O que estamos condenados al falso eje de discusión de que para crear empleos, es necesario flexibilizar la legislación laboral, y recortarles derechos a los trabajadores.

Sirva el repaso para abonar la conclusión: viendo que se discute y que no, donde se debe (en teoría) debatir y donde no, de qué cosas se puede discutir y cuales no admiten debate, vemos quien se favorece de un debate político planteado en esos términos, con esos encuadres y recortes. Es la cada vez más indisimulada vuelta del "pensamiento único" por otra vía, después del estrepitoso fracaso de la última puesta en acto de su núcleo central de ideas, durante el macrismo.

domingo, 20 de octubre de 2019

POR SUERTE TERMINÓ EL EMBOLE

lunes, 14 de octubre de 2019

LO QUE DEJÓ EL DEBATE

jueves, 10 de octubre de 2019

jueves, 3 de octubre de 2019

LA LISTA DE MACRI



La Cámara Nacional Electoral, de quien nada se esperaba en materia de ecuanimidad en la organización del debate presidencial, nada está dando: acaba de designar como “moderadores” a los periodistas oficialistas que figuran en el listado que abre el post.

Inútil es buscar en la lista alguno que en alguna oportunidad haya expresado una mirada crítica del gobierno de Macri y su gestión, o que por el contrario no haya tenido durísimas críticas para el gobierno anterior, el kirchnerismo o Cristina: fueron cuidadosamente elegidos precisamente por eso.

Tan inútil como el debate en sí mismo, un show televisivo que -lo podemos decir ahora, con escaso riesgo de equivocarnos- nada aportará a la calidad del proceso democrático, el intercambio de ideas y el esclarecimiento al ciudadano; aunque la idea instalada desde los medios y que el Congreso nacional compró llave en mano en el 2016, es que hacer un debate televisado entre los candidatos otorga un sello de calidad institucional, que nos convierte en una democracia madura.

La Cámara Nacional Electoral comenzó “privatizando” la organización del debate en “Argentina Debate”, la ONG que organizó el del 2015 previo al balotaje, varios de cuyos miembros saltaron sin escalas desde esa plataforma, a cargos políticos en las administraciones de Macri, Vidal y Rodríguez Larreta; de modo que no debe extrañar el criterio de selección, como tampoco extrañan distintas resoluciones que vino adoptando en el curso del proceso electoral frente a cada cambio amañado de las reglas de juego que, con éste en marcha, instrumentó Macri por decreto.

Lo que no deja de sorprender es que, más allá de que ahora exista una ley que establece la obligatoriedad de esta payasada (sancionada justamente luego del festival de mentiras seriales de Macri en el debate del 2015), las fuerzas políticas opositoras se presten mansamente a la misma, y acepten estas reglas de juego: trascendió que precisamente el punto de mayor discusión en la organización fue la selección de los periodistas moderadores; sin que sepamos que nadie haya cuestionado -ponéle- que los moderadores deban ser necesariamente periodistas, y no académicos, politólogos o algo por el estilo.

Que esos periodistas sean a su vez de los medios hegemónicos, y como tales reflejen invariablemente la línea editorial de esos mismos medios (que en estos cuatro años fue de hostigamiento y persecución al gobierno anterior, y blindaje mediático al actual) no es sino consecuencia del mapa de medios que hay en el país; que este gobierno consolidó derogando de un plumazo por DNU las disposiciones democratizadoras de la ley de medios, y mandando al archivo los planes de desinversión de los multimedios para adecuarse a la misma.

Y es allí donde la decisión de las fuerzas opositoras (en especial del “Frente de Todos”) hace ruido: aceptar un debate con estas reglas de juego, lejos de ser un avance democrático, es un serio retroceso; porque implica admitir que la democracia no es es algo que gestionan los ciudadanos y los partidos políticos, sino los jueces electorales (unos pavos reales que no cumplen el rol para el que fueron designados, y se atribuyen con frecuencia otros que no les corresponden), las ONG de clase media con tiempo libre y necesidades básicas satisfechas, y los medios hegemónicos a los que los único que les interesa es generar ráting en horario prime time, sin costos de producción del material.

Aun cuando el desempeño de Alberto Fernández en los debates sea brillante y logre ridiculizar a Macri (no ponemos en duda eso, ni creemos que sea el punto central de la discusión), y dando por sentado que su influencia en las elecciones será nula, aceptando estas condiciones, pensando en el día después del debate, en términos ahora sí de consolidación democrática, tiene más para perder que para ganar. Él y todos nosotros.

martes, 15 de noviembre de 2016

MENTIRA LA VERDAD



¿Mintió Mauricio Macri en el debate televisivo con Scioli sobre lo que iba a hacer de llegar al gobierno?

Obvio que sí, escandalosa e impunemente, y con tanta tranquilidad que perfectamente podría haber pasado la prueba del detector de mentiras.

¿Debemos deducir entonces de eso que buena parte del pueblo argentino fue estafado electoralmente, y en consecuencia es digno de nuestra "misericordia" porque lo engañaron en su buena fe?

Depende de cuantos pensemos que fueron las víctimas del engaño de esos 13 millones que pusieron la boleta de "Cambiemos" dentro del sobre, y también depende del concepto que manejemos de "pedagogía política" para captar voluntades.

Porque tampoco es cuestión de vivir indultando deslices electorales que después se negarán como Pedro a Cristo (¿o acaso alguien conoce a alguien que admita haber votado a Menem o a De La Rúa?), y porque además del "te engañaron" al "sos un boludo que compra cualquier buzón" hay una delgada línea, que se suele atravesar en pocos pasos.

Mauricio Macri llegó al debate habiendo sorteado con éxito las PASO (donde obtuvo en cifras redondas el 24 % de los votos), y tras haber cosechado el 34 % en la primera vuelta.

Pero también después de 8 años de gestión en la CABA en la que ejecutó desde el gobierno lo que negaba indignado ante los planteos de Scioli: ajustó en salud, vivienda y educación, se endeudó, subió las tarifas de los servicios públicos y los impuestos y reprimió la protesta social.

Y nos atrevemos a decir que precisamente por eso mucha gente lo votó. De modo que "engaño" hubo hasta por ahí nomás.

Habrá que aceptar que en todo caso Macri expresa un modo de entender la sociedad, la política y el Estado con el cual muchos argentinos comulgan, y con el que se sienten cómodos y representados. Una visión que antes expresaron Alsogaray, Cavallo o López Murphy, por mencionar aquéllos que se animaron a la aventura electoral, y tuvieron su propia cosecha de votos.

Se nos dirá que ninguno de ellos llegó al 51 % ni a ser presidente, y es verdad; porque en buena medida Macri terminó siendo el catalizador del anti kirchnerismo bajo la difusa idea del "cambio", y porque es posible que haya muchos votantes que pensaran que lo bueno que tenían del período iniciado el 25 de mayo del 2003 era fruto de sus méritos individuales, y lo malo consecuencia de las políticas de los gobiernos de Néstor y Cristina.

En todo caso, eso no haría más que reforzar la hipótesis central de éstas líneas: para muchos argentinos una sociedad no debe estar regida por la solidaridad, la inclusión, la compensación de las desigualdades con políticas públicas de un Estado activo y presente, sino por la "igualdad de oportunidades", la "meritocracia" y el esfuerzo individual que obra milagros; siendo el Estado un mal necesario, reducido a la mínima expresión imprescindible para proveer seguridad, y poco más. 

Y si hay ajustes suponen que ellos quedarán exentos o no se verán afectados, porque "son de la mitad del país que trabaja para mantener a la otra mitad"; o aun estando afectados lo justifican "porque a las cosas hay que pagarlas por lo que valen". Creer que a esa gente le importa realmente la pobreza al punto de votar a alguien que promete llevarla a cero, eso sí que es un engaño, o un autoengaño en todo caso.

Si el grueso del voto de Macri en el balotaje proviniera de una colosal estafa electoral, hoy habría multitudes de indignados por las calles protestando por los resultados concretos y visibles de la estafa, y no los hay: no nos engañemos nosotros, tratando de exponer las mentiras ajenas.

Gerardo Morales no se vuelve impopular por haber metido presa a Milagro Sala, sino todo lo contrario: de no contar con un importante respaldo popular la líder de la Tupac hoy estaría libre, desde hace bastante y sin necesidad de reclamos de la ONU.

¿Significa esto una condena moral a los votantes de Macri, o a buena parte de ellos?

No, porque no se puede hacer política desde las condenas morales (al menos no exclusivamente desde allí), eso dejémoselo a los predicadores desde el púlpito, acá la cuestión es otra.

Significa que tendremos que asumir que hay una porción no desdeñable de los argentinos que votan con los que nos separa una distancia -¿la famosa "grieta" de la que tanto se habla?- de visiones sobre la sociedad, como se organiza y como distribuye las cargas entre sus integrantes.

Una distancia que no se puede salvar simplificando las cosas al extremo de suponerlos tontos engañados por una eficaz maquinaria de márketing político, aunque ciertamente puede que también los haya.

Reconocer las complejidades del terreno que se pisa nos hará más fácil recorrer el dificultoso camino para volver a convertirnos en una alternativa de poder en la Argentina. De lo contrario sería muy sencillo todo: bastaría con mostrarles a muchos que conocemos que votaron a Macri el video del debate previo al balotaje, y listo.

Por no mencionar que si partimos de la base que el debate fue una fantochada (desde las mentiras de Macri, hasta la "independencia" de los organizadores y moderadores, muchos de ellos hoy funcionarios de "Cambiemos") no se entienden las razones por las cuáles los senadores del FPV acaban de aprobar en el Senado una ley para hacerlo obligatorio.

miércoles, 20 de julio de 2011

EL DEBATE: PRODUCCIÓN, EMPLEO Y TRABAJO

Este es el video del debate del sábado, cuando los candidatos se ocuparon de las políticas de producción, empleo y trabajo:


Más allá de la impresentable nada de Del Sel (ni una idea Miguelito, ni una, eh) y del balbuceo de Bonfatti, acá explicamos en su momento lo del Fondo de Reparación Histórica del Norte del que habla Agustín.

La Corporación Financiera de la que habla Bonfatti es un dibujo en un papel: el proyecto enviado por Binner a la Legislatura no contempla ninguna fuente de financiamiento concreta para sus actividades, y crea una comisión para que estudie el tema y proponga en dos años que forma jurídica tiene que tener, y con que recursos se debe financiar.

O sea, nada.

Pero el video arroja una perla: presten atención cuando el Chivo dice que Santa fe creció menos que el país, y Bonfatti no dice ni pío.

¿Qué tanto se queja entonces ahora Binner de lo que dijo ayer Cristina? 

EL DEBATE: EDUCACIÓN

Seguimos con la serie de videos sobre el debate del sábado entre los candidatos a gobernador, en este caso la parte en que hablaron de educación:


Vemos en el video como -con gran cinismo- Bonfatti trata de desmentir lo que él mismo dijo (en el debate y a lo largo de toda la campaña) sobre la presunta creación de 236 escuelas para cumplir con la obligatoriedad del secundario que establece la Ley de Educación Nacional.

Respecto al presunto aporte del gobierno de Binner al desarrollo de la educación rural, recomendamos leer este excelente post de Barricada; donde hay cifras y datos muy claros que señalan que en estos años del Frente Progresista la provincia retrocedió muchísimo en esa materia.

Nosotros por nuestra parte en su momento demostramos acá como en materia de inversión pública en Educación, Santa Fe retrocedió a partir de la llegada de Binner al gobierno, tanto en la magnitud como en la calidad del gasto. Invitamos a releer el post, y su enlace a otro anterior.

Queda por hacer una aclaración respecto a la escolaridad extendida o de jornada completa en barrios periféricos o zonas marginales y la inclusión en el nivel inicial de los chicos de cuatro años, donde Rossi le señaló a Bonfatti el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Educativo, y éste le respondió que la provincia la había sobre cumplido.

Bonfatti confunde las cosas o miente a sabiendas: una cosa son las metas cualitativas y cuantitativas de la Ley de Financiamiento en su artículo 2 que pueden leer acá y que Santa Fe claramente no ha cumplido; y otra bien distinta es el compromiso de inversión global del Estado (la nación y las provincias) en Educación comparada con el PBI, el famoso 6 % del que hablaba la ley en sus artículos 4 y 5, hacia 2010.

Esa meta está sobre cumplida, pero no sólo en Santa Fe sino en todo el país, y llegó al 6,47 % del PBI; y llegó como consecuencia de que la misma ley en su artículo 7 estableció una afectación específica de parte de la coparticipación federal con destino exclusivo a Educación, Ciencia y Técnica.

Es decir que lo que hizo el gobierno de Binner al respecto no fue nada, simplemente cumplir con la ley (incluso porque esa parte de la coparticipación se envía con ese destino), y acá explicamos como funcionó el mecanismo.

La respuesta del candidato oficialista en este sentido hace recordar cuando dice que en la provincia ellos bajaron la mortalidad infantil; algo que viene sucediendo en todo el país (y en otras provincias de un modo mucho más marcado que en Santa Fe) desde el 2003, y como consecuencia de la mejora de la situación económica, que se traduce a su vez en mejora de los indicadores de desarrollo humano; también como consecuencia de políticas públicas nacionales como el Plan Nacer o la Asignación Universal por Hijo.