LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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miércoles, 29 de mayo de 2019

FINAL CANTADO


* Ratificando su pertenencia a "Cambiemos", la UCR hizo lo mismo que viene haciendo no desde la convención de Gualeguaychú de 2015, sino desde 1945: organizar el polo opositor al peronismo, la bestia negra populista, o formar parte de él.

Y lo hizo por las mismas razones por las que entonces formó la Unión Democrática: presentando la defensa de los valores y posiciones de una sociedad conservadora que se resiste a los mínimos cambios que impone la modernidad para hacerla más justa e inclusiva, como la abnegada salvaguarda de las instituciones de la república amenazada por el totalitarismo. El olor a naftalina ideológica que sale de las boinas blancas apesta.

* Confirmando que competirá en la interna presidencial de "Alternativa Federal", Massa ratificó que hará lo mismo que viene haciendo desde que en el 2013 formó el Frente Renovador: generar una vía de fuga de votos del kirchnerismo y sus apoyos en los sectores mayoritarios del peronismo, para impedirle el retorno al poder.

El gran interrogante es cuanto es su peso real en votos, que fue en declive desde el 43 % en PBA en 2013 (en alianza con el PRO, y teniendo a Felipe Solá), al 21 % nacional en 2015 (en alianza con De La Sota), para terminar en el 11 % de la PBA en 2017, más o menos un 4 % nacional. Habrá que ver en que otras provincias puede pescar votos, cuando sus armados fueron tras el peronismo unido tras haber sido ampliamente derrotado cuando fue por afuera (como en Santa Fe o Entre Ríos), en alianza con "Cambiemos" (como en Mendoza o Jujuy), o colgado de los votos de otro (el aporte de De La Sota desde Córdoba).

* La apuesta de Massa y de "Alternativa Federal" es la misma de siempre, la misma de Lavagna y la misma que el propio Lavagna ensayó en 2007, en pleno kirchnerismo; construir una "tercera vía" capaz de captar votos de la "ancha avenida del medio", o de "los dos lados de la grieta". Sostener esa posibilidad a partir de acuerdos con fuerzas provinciales (como el socialismo santafesino, el "cordobesismo" de Schiaretti o el MPN) con presencia en distritos donde Cristina y hasta Macri (como en Córdoba) miden mejor que el propio Massa o cualquier contrincante suyo en "Alternativa Federal", parece bastante voluntarista.

* Macri será (como todo lo hacía indicar) el candidato del oficialismo, en primer lugar porque de bajarse se convertiría al instante siguiente en un "pato rengo" sin capacidad de intervención política, hasta el final de su mandato. La ficción de la reelección lo sostiene, tanto como los dólares del FMI. Por otro lado, "Cambiemos", más que una coalición política, es una sociedad con un accionista mayoritario (el PRO), cuyas acciones están escrituradas a nombre de un solo socio (Macri). 

Concederles a Vidal o Rodríguez Larreta la autonomía política suficiente como para cuestionar ese liderazgo o sustituirlo, es tan ingenuo como suponer que alguno de los dos (en especial la gobernadora) pueden salvarse del incendio electoral que viene abrasando al oficialismo desde que empezó la ronda de elecciones provinciales. Para peor, la asamblea de accionistas minoritarios (léase la convención nacional de la UCR) acaba de ratificarle la confianza al dueño y CEO de la firma, con algunas manifestaciones para que consten en actas.

* Tanto "Cambiemos" como "Alternativa Federal" y por que no Lavagna (¿estará dispuesto a seguir hasta el final  con su aventura?) sueñan con reconstruir el "partido del balotaje" del 2015, y capitalizarlo, para impedir un triunfo del kirchnerismo en primera vuelta, y derrotarlo en la segunda. Además de las dificultades para conseguirlo cuando parten dividiendo en tres espacios lo que hasta acá eran dos (Cambiemos y el massismo), el contexto es muy distinto; justamente porque pasó Macri y el gobierno de "Cambiemos", con los resultados desastrosos admitidos hasta por los radicales que votaron por seguir en la coalición oficialista.

Lo tengan o no en claro, apostar por otro balotaje para ganarle al kirchnerismo como hace cuatro años, no puede tener otro resultado práctico que continuar las mismas políticas del actual gobierno, por otros cuatro años más. Siendo "oposición responsable" (en el caso de Massa y "Alternativa Federal") o proponiendo simplemente "saltar la grieta" (como Lavagna), se han ganado esa percepción social, que se nota en las encuestas.

* Si se prestaba atención a las señales y no tanto a las especulaciones, era posible advertir como acabaría más o menos la cosa: hoy apuestan al balotaje los que coincidieron en aportar sus votos para aprobar la ley que permite los aportes de las empresas a las campañas de los políticos, y los que protegen a la mafia judicial de los Bonadío, Stornelli y D'Alessio, sea explícitamente (como el macrismo), con su silencio (Massa), o aprestándose a juntar fuerzas para hacer avanzar el enjuiciamiento de Ramos Padilla en el Consejo de la Magistratura, como Pichetto y Camaño.  Es decir, la construcción de un dispositivo de poder político que no dependa de los votos, ni la fortaleza electoral.

Y por si hicieran falta más pruebas, el oficialismo ampliado (Cambiemos, más Pichetto y el hermano de Urtubey) trataron de colar una tanda de jueces por la ventana, y volverán a intentarlo apenas puedan. El paso del tiempo pone en su justo lugar la "unidad panperonista" en el Consejo de la Magistratura, muy sobrevalorada por algunos, en nuestra modesta opinión. 

* Siendo el kirchnerismo desde el 2015 la principal oposición (por vocación propia, y por elección del gobierno), es absolutamente coherente con la lógica del proceso que sea en torno suyo y a Cristina que se construyera el polo opositor más amplio para darle una salida política y electoral a la crisis generada por Macri y el gobierno de "Cambiemos". Como dijimos hace tiempo, la dinámica de los hechos fue clara, y determinó que cada uno terminara estando donde quería estar.

El kirchnerismo y en especial Cristina, fueron los primeros en entender (no sin esfuerzo) que no se podía simplemente volver al 2003, porque pasó Macri: hicieron autocrítica en acción, pero de su gobierno y si alguno lo quiere ver así, de la derrota del 2015. No de su rol opositor, eso lo tuvieron que hacer otros, a las apuradas y sin convicción. Por eso terminaron donde terminaron, que es donde habían empezado. 

* El gesto de Cristina corriéndose de la candidatura presidencial aceleró los tiempos, del espacio propio y de todos: en menos de dos semanas desde el anuncio de la fórmula y cuando aun faltan dos semanas para el cierre de las alianzas, las principales incógnitas están despejadas. Lo cual deja claro quien tiene peso en el panorama político nacional, y quienes dependen de los movimientos de otros.

En ese marco se instaló en Buenos Aires la candidatura de Kicillof, el candidato militante que se construyó a si mismo, y terminó imponiéndose por su propio peso, más que por el dedo de Cristina. Para los que gustan de los paralelismos, no es Aníbal (que cargaba con la cruz de su demonización mediática) y deberá enfrentar como él a Vidal, pero a la Vidal que gobernó (desastrosamente), y peor aun: a la que le tocó compartir el gobierno con Macri. Su candidatura y la fórmula bonaerense son también una consecuencia política natural de lo que cada uno hizo o no, durante estos cuatro años.

* El kirchnerismo pasó de Scioli, el "candidato que más medía", impuesto por "el peronismo realmente existente" como les gustaba decir por entonces a algunos, a Alberto Fernández, el candidato que no medía nada pero pasó a medir todo, porque lo eligió Cristina, que es realmente "la que más mide"; con la amplia aceptación del "peronismo realmente existente", que advierte con pragmatismo que pueden ganar. Y Cristina no es Zannini, sino ella misma, con su rostro y su nombre en la boleta.

Además y a diferencia del 2015, el kirchnerismo no gobierna, con el desgaste y los errores que inevitablemente se terminan cometiendo cuando se gestiona el gobierno 12 años: más aun, los movimientos de Cristina desde que dejó la Casa Rosada dejan entender a las claras de que tomó debida nota de cuales fueron, y como resolverlos, en lo que de ella dependiera. Pero la gran diferencia es que hoy gobierna Macri, y la brutalidad de sus políticas pone otro lente para mirar la realidad, y las perspectivas electorales: la posibilidad de ganar en primera vuelta, e incluso en un eventual balotaje, está a la vuelta de la esquina; es cuestión de ser inteligentes para poderla aprovechar.

viernes, 24 de mayo de 2019

CADA UNO ESTÁ DONDE QUIERE ESTAR



Por años hubo que soportar que nos dijeran que éramos el reservorio de todo lo que está mal en la construcción política: el sectarismo, la soberbia, la falta de autocrítica, la falta de amplitud. Pero la realidad es que hoy Cristina resigna posiciones personales desde la fortaleza de ir primera en todas las encuestas, mientras ellos siguen con los grotescos pasos de un vodevil que ya cansa, mientras la economía y el país se caen a pedazos.

La enorme responsabilidad persona, política, institucional e histórica de Cristina pensando en el país contrasta dramáticamente con la mediocridad apabullante de una dirigencia de pitos cortos y egos largos, y con la inacción de Macri, el presidente encargado; que en medio de una crisis fenomenal dedica la mayor parte de su tiempo a sostener un grupo virtual de autoayuda para oficialistas en crisis, y a desentrañar las roscas internas de la coalición gobernante, para evitar que lo tiren al tacho de los residuos políticos, pidiéndole que desista de ir por la reelección.

Si transcurridos 43 meses de gobierno de Macri y con todo el desastre que hizo y dejará a quien lo suceda, todavía siguen discutiendo la grieta y al kirchnerismo, no tienen definido aun si quieren ser oficialistas, u opositores, y de quien. Y si no definieron eso, no definieron nada, o sí: son oficialistas prácticos, apuestan a la división del voto peronista para facilitar la continuidad del actual régimen, con las mismas caras o con otras: ahí andan con un ojo puesto en la interna de “Cambiemos” para ver si decanta hacia una candidatura de Vidal, para rosquear su ingreso a la coalición de gobierno.

Están en el mismo punto en el que estaban en diciembre del 2015 cuando Macri asumió, y algunos incluso (Schiaretti) en el que estaban en el balotaje: más preocupados por evitar el regreso del kirchnerismo, que por resolver los problemas del país, lo cual requiere inexorablemente terminar con el nefasto experimento neoliberal. Algunos, como el “progresismo” (el socialismo, Stoilbizer, Ricardito Alfonsín) en menos aun: en el módico negocio de los quioscos legislativos, yendo detrás de la chancletas de Lavagna, el candidato de Techint cuyo sostén político casi exclusivo a estas horas son los matrimonios Duhalde y Barrionuevo. Más patético no se consigue.

Más allá de la fragilidad de las estructuras políticas (los “espacios”) que los obliga a apelar a outsiders como Tinelli, lo que permanecen constante son diferencias de fondo, que nunca se terminan de explicitar pero se explican por sí mismas con las actitudes que toman, y están muy claras; diferencias que son más con lo disruptivo del kirchnerismo entre el 2003-2015, que con lo que expresan y representan Macri, su gobierno y sus políticas.

Y esta etapa “consensuadora, dialoguista y corrida al centro” del kirchnerismo lo demuestra aun más: mientras nos dicen que nosotros nos tragamos sapos, ellos dependen de lo que armen (o desarmen) Barrionuevo y Nosiglia, mientras Clarín (que lo dejó en paz por 11 años) le empieza a pegar a Alberto Fernández, y las minnions de Carrió le inventan causas, por el solo hecho de ser el elegido por Cristina.

Las especulaciones y versiones cruzadas que leemos por estas horas (el “Plan V”, la bajada de Macri, la corrida de Cristina de la fórmula), y las que seguramente sigamos viendo hasta el cierre de listas no cambian ese panorama de fondo: como dijimos hace un tiempo ya, cada uno está donde quiere estar; y no lo decimos solo nosotros: hasta Felipe Solá lo ve. Y el que no define donde está (como Massa) es porque cree que puede especular hasta último momento para subirse el precio, partiendo del supuesto de que así logrará que lo paguen por lo que cree que vale, y por lo que realmente vale.

Como dijo alguna vez uno que de esto junaba, “la única verdad es la realidad”: el kirchnerismo que soñaron implosionado y en desbande en 2015 tras la derrota de Scioli, hoy está ampliado y busca ampliarse aun más, y su fórmula lidera las encuestas, con serias chances de ganar en primera vuelta. “Herbívoro” como dicen y lo que sea, sigue en pie, y es el eje de la única construcción opositora con chances reales de terminar con la runfla neoliberal; con la potencia política de Cristina y la adhesión inconmovible de buena parte del pueblo argentino.

Y si no pregúntenles a la mayoría de los gobernadores del PJ, que acaban de instruir a sus senadores para que no dieran quórum para aprobar un paquetazo de jueces impulsado por Macri en cuerdo con Pichetto (cosas que hasta acá salían como piña), después de que Cristina difundiera aquel video en el que daba cuenta del paulatino y constante copamiento de la justicia por el macrismo.

Lo demás son humo y espejos, tanto que después de una larguísima lista de candidatos a “esperanza blanca” que fueron desfilando sin pena ni gloria ni solución de continuidad (Massa, Urtubey, Pichetto, Lavagna, Uñac, Schiaretti y algún otro que puede quedar en el tintero), tuvieron que pedirles a Tinelli y a Scioli que se sumen, a ver si les aportan votos. Que la cuenten como quieran. Tuits relacionados:

miércoles, 22 de mayo de 2019

LAS PRÓXIMAS JUGADAS


La eficacia real de una movida política en tiempos electorales solo puede medirse con precisión cuando se abren las urnas y se cuentan los votos, y a veces ni aun entonces; desde que solo se puede conjeturar por qué los resultados fueron los que fueron. Sin embargo, una movida política -como la que hizo Cristina al bajarse de la candidatura presidencial- se toma evaluando los factores a favor y en contra que existen en ese momento, y suponiendo como puede modificar el futuro, en el sentido deseado; incluyendo las opciones políticas de los ocasionales adversarios.

Desde esa óptica y si nos atenemos a lo que vino pasando desde el sábado, la movida no pudo ser más exitosa: sumió al gobierno en una confusión mayor a la que evidenciaba (a punto tal que el tema dominante en la coalición oficialista eran los pedidos a Macri para que se baje de la reelección), como se puede comprobar con solo leer las descompuestas declaraciones de Durán Barba, o el insólito “interrogatorio” de seis puntos de funcionarios del gobierno a un candidato opositor, que debe pasar el filtro de las PASO.

Contra la opinión mayoritaria (en la que nos incluimos) que daba por descontado que Cristina dilataría su decisión hasta el cierre del plazo para oficializar candidaturas, la anticipó, y les corrió a todos la “dead line” mucho más cerca: la fecha clave es ahora el 12 de junio y no el 22, porque ese día es cuando hay que oficializar las alianzas, es decir los sellos y armados al amparo de los cuales se cobijarán las distintas candidaturas.

El lunes que viene está convocada la demorada convención radical para definir la permanencia o no del partido en “Cambiemos”, cosa que todo indica se ratificará: con el paso de los días pierden fuerza al interior de la UCR las presiones para alinear al partido con Lavagna; y los que barajan esa opción parecen carecer de fuerza para imponerla al conjunto. Cuestión distinta son las condiciones que pongan los radicales para seguir siendo socios del PRO, en especial en lo que tiene que ver con la candidatura de Macri, o la integración de la fórmula presidencial. Pero eso es harina de otro costal, y problemas de l gobierno, no de la oposición.

Pero donde la movida de Cristina hizo más ruido fue, sin dudas, en el espacio del peronismo no kirchnerista, entendiendo por tal a Sergio Massa, Alternativa Federal y Roberto Lavagna: el lanzamiento de la fórmula “FF” agudizó sus contradicciones internas, le vació el espacio de gobernadores del PJ y los forzó a acelerar las definiciones, tanto que Lavagna ya se apuró a ratificar que es candidato, pero que no aceptará ir a una PASO, lo que lo deja con dos y solo dos opciones: o es el candidato único de AF (algo que hoy por hoy parece lejano e inviable), o se aleja de allí en busca de su propio camino, junto a los “quioscos” progresistas que poco suman; como Stolbizer o el socialismo santafesino. Ya se dijo que todo indica que podrá morder poco voto radical, si el partido ratifica la pertenencia a “Cambiemos”.

Como consecuencia directa de la movida de Cristina, Schiaretti debió apurarse a dar pasos que esperaba posponer para más adelante (recordemos que el día antes del anuncio de la fórmula se despegaba de responsabilidades mayores diciendo que no era “el macho alfa de Alternativa Federal”); y tuvo que decir que irán con fórmula propia, sin acuerdos ni con el kirchnerismo, ni con el gobierno. 

Pero acto seguido se reunió con Macri en respuesta a la "carta de los 10 puntos", lo que autoriza a suponer que sus movimientos estarán si no coordinados formalmente con los del oficialismo, son puestos sobre aviso a éste: llegado a jugar en las ligas mayores tras su contundente triunfo en Córdoba, e invitado a sumarse a una unidad opositora amplia (Gioja, la dirigencia del PJ y el propio Alberto Fernández fueron muy enfáticos al respecto), una vez más el ex empleado de SOCMA muestra los estrechos límites del “cordobesismo”. Hay rumores que van más lejos, y hablan incluso de un ofrecimiento del gobierno al sector para poner el vicepresidente en la fórmula de Macri: algunos fondos inversores están haciendo circular la versión, para pescar en río revuelto con el valor de los bonos de deuda que viene comprando.

Por una extraña deformación del ego, Sergio Massa parece disfrutar que todos los reflectores se posen en él, y sigue haciendo equilibrio entre AF y los contactos con el kirchnerismo, dilatando hasta el final su definición ya no sobre sus aspiraciones personales (ha ratificado que quiere ser candidato a presidente), sino sobre la canasta en la que terminará poniendo los huevos: no son pocos los que dicen que esperará hasta último momento para definir eso, porque así como apostaba a que Cristina no iría por la presidencia, intuye que también podría bajarse a último momento de la fórmula.

Esto último es una operación en desarrollo, que ya están instalando los medios oficialistas, y a la que podrían prenderse algunos dirigentes del PJ que no quieren resignar espacios, y siguen adscribiendo a la peregrina idea (que vienen ensayando desde hace tres años) de que la unidad sea como la famosa anécdota de Perón del negocio de los sándwiches de vaca y pollo: Cristina pone los votos, y ellos los candidatos.

El antecedente de las elecciones provinciales donde Cristina mandó a bajar los candidatos propios no sirve a esos fines, pues allí donde eran competitivos y podían ganar (como en Chubut o la intendencia de Santa Rosa) los sostuvo; y no hace falta aclarar quien es la candidata verdaderamente competitiva, en el orden nacional. En palabras de Alberto Fernández cuando ni siquiera soñaba con el ser el candidato presidencial del kirchnerismo, “Con Cristina sola no alcanza, pero sin Cristina no se puede”.

Su ausencia en la fórmula presidencial sería, lisa y llanamente, un suicidio político del peronismo, que le enajenaría sus chances de ganar en primera vuelta, y pondría en zona de riesgo un eventual balotaje. Si en “Alternativa Federal” o lo que queda de ella no han terminado de entender (o de aceptar) que el camino para ganarle a Macri y a Cambiemos es competir en la PASO del PJ (si no es que lo entendieron, y están apostando a otra cosa), en el grueso del peronismo han demostrado hasta acá ser más razonables, en especial la mayoría de los gobernadores: quieren ganar.

Y por último, un tema no menor, en especial hacia la interna de “los peronismos”: el 12 de junio como dijimos vence el plazo para presentar las alianzas electorales, las que de acuerdo con el artículo 10 de la Ley 23.298 (modificado en el 2009, con la reforma que creó las PASO), los partidos políticos nacionales (como el PJ) y de distrito pueden constituir alianzas para elecciones nacionales, pero en el segundo caso (partidos de distrito) deben hacerlo necesariamente con un partido de personería nacional.

Hoy el “sello” del PJ lo detenta el Consejo Nacional que preside José Luis Gioja, que definió hace un tiempo en el congreso de Ferro (validad por los veedores de la justicia electoral) su política de alianzas en lo que dio en denominar “Frente Patriótico”, y los que quieran ir a las urnas con la boleta oficial del peronismo deberán competir en las PASO de ese frente. Por esa razón el año pasado Barrionuevo (con el indisimulado apoyo del gobierno y de otros sectores como Duhalde) tomaron por asalto el partido, con una intervención digitada con la complicidad de Servini de Cubría.

Si “Alternativa Federal” y Sergio Massa por su lado (juntos o separados) van en fórmulas aparte, no podrán hacerlo bajo el nombre, el escudo, los símbolos y los colores del PJ, y necesitarán basarse en otro partido, con personería nacional. Sellos de goma sobran, pero eso no quita que la cuestión debe estar dilucidada sí o sí para el 12 de junio. Tuits relacionados: 

viernes, 17 de mayo de 2019

EL CARRO Y LOS MELONES


Es notable constatar la sorpresa de las principales plumas del periodismo hegemónico cuando Cristina no hace lo que ellos dicen y suponen que hará, porque crearon una Cristina propia, que nada tiene que ver con la real. Como es notable que haya gente importante y con poder de decisión en la Argentina que consuma esos análisis; y después quede pagando cuando.

Se pasaron todo el macrismo imaginándola armando un “Frepasito tardío”, una fuerza pequeña y testimonial, que mantuviera un núcleo duro de fieles incondicionales y sin tender puentes ni hacia el peronismo ni hacia nadie; y entonces se sorprenden porque recompone relaciones con antiguos aliados y hasta opositores (como Pino Solanas o Alberto Rodríguez Saá), y se aparece en una reunión del PJ para ponerse a disposición “en el lugar que sea”.

Ojo: no estuvieron solos en la pifiada: muchos sesudos “analistas” de la “renovación autocrítica” incurrieron en las mismas fallas conceptuales, y están hoy igual de perplejos con sus movimientos; mientras se entusiasmaron con una “esperanza blanca” distinta, cada semana o mes de los últimos cuatro años.

No faltó quien señalara que con la mitad o más de los y las que estaban en la foto, Cristina estaba distanciada o, para ser más precisos, ellos/as estaban distanciadas de ella, y es cierto. A su alrededor había quienes confrontaron duramente con su gobierno (como Moyano), quienes le endilgaron responsabilidad por la derrota de Scioli, quienes le reclamaron que hiciera públicamente autocrítica, y quienes se apuraron a darla por jubilada, o pedirle que diera un paso al costado. No es necesario hacer nombres, todos pueden recordar que hizo y dijo cada uno de los que allí estaban.

Cristina es la primera que sabe eso, y lo acaba de contar en “Sinceramente”, por si quedaran dudas, pero lo importante es que no se quedó allí, y se sepa o no, vino hablando con todos, y con cada uno. En estos años no le puso bolilla negra a nadie, habló con todos los que se lo pidieron, y nunca se escuchó en público una expresión suya tendiente a descalificar a nadie: no hay un solo hecho que le puedan atribuir para confirmar su idea de que es sectaria, vengativa o rencorosa.

Cuando dice en la reunión del PJ que está dispuesta a sumarse a la construcción electoral para ganarle al gobierno “en el lugar que sea” está dejando claro que eso involucra incluso competir en una PASO con otros que aspiren a la candidatura presidencial, pero sobre todo que en su caso, esa candidatura no es la expresión de una ambición o vanidad personal, menos en quien ya fue dos veces presidenta: Cristina nunca buscó un “operativo clamor” para hacer necesaria su candidatura, del mismo modo que no fue candidata a nada en el 2015, y que aceptó la candidatura en el 2017 a pedido de los intendentes del conurbano y de la mayoría del peronismo bonaerense.

Por el contrario, es la realidad del país la que hace su candidatura inevitable, y ella lo asume con el mismo sentido claro de la responsabilidad histórica que siempre tuvo; porque sabe además -aunque no lo diga- que encarna un vínculo especial con sus votantes, del que resulta que sus votos son intransferibles, y que hoy por hoy y aunque otros se peinen para la foto ante el deterioro acelerado de Macri, es la única que garantiza la posibilidad cierta de un triunfo en primera vuelta.

De allí que, si la novedad de la semana fue Cristina yendo al PJ que no pisaba desde el 2004, la novedad de los últimos meses es que los dirigentes políticos y sindicales del peronismo que estaban distanciados de ella y la cuestionaban fueron yendo paulatinamente hacia donde estaban los votos: con ella. Y antes de criticar oportunismos (que los hay, sin dudas), hay que pensar que todos (Cristina y ellos) hicieron un elemental y bienvenido ejercicio de realismo político, para poner lo que fuera necesario para no terminar siendo funcionales a otros triunfo electoral de la derecha en el país.

Los medios nos pintan un panorama político dividido en tercios, pero sin decirnos como evoluciona cada uno: mientras el que orbita en torno a Cristina y su candidatura no para de crecer y acumular masa crítica dentro y fuera del peronismo, el del gobierno no para de achicarse en votos, en expectativas y en solidez de la construcción política: cuando Cristina aterrizaba en la reunión del PJ, Carrió y Marcos Peña discutían por las redes sociales sus responsabilidades en el desastre electoral de Córdoba, y los radicales ya se resignaron a que en su convención de la semana que viene deberán reafirmar su pertenencia a “Cambiemos”; básicamente porque quemaron las naves, y no tienen otro lugar a donde ir.

Y la “tercera vía”, es decir Lavagna y “Alternativa Federal” sigue sin crecer, porque afrontan los mismos dilemas que cuando se largaron a la cancha: uno (Lavagna) quiere que lo unjan presidente sin pasar por elecciones, como si estuviéramos en el 2002; otro (Massa) no tiene claro en que canasta poner los huevos, porque por un lado lo invitan a disputar una PASO con Cristina, que ya le ganó 3 a 1 en el 2017 (hoy la goleada sería peor), y por otro lado le proponen lo mismo, pero con alguien (Lavagna) que no acepta el convite.

Después están los que no quieren arriesgar capital político propio en una aventura de final incierto (como Schiaretti, que hasta acá viene con el mismo “cordobesismo” de los últimos 20 años), y los que, como Pichetto, Stolbizer, Ricardito Alfonsín o el socialismo santafesino, no tienen ningún capital político propio que arriesgar, y empujan a otros a la pelea, a ver si pescan algo por enganche.

Eso, sin contar que en el caso del “peronismo alternativo”, lo que nació como un intento de drenarle votos a Cristina para facilitarle las cosas a Macri, marcha rumbo a ser exactamente lo contrario: una vía de drenaje de votos macristas, que podría facilitar un triunfo de CFK en primera vuelta. Lo mismo vale para Lavagna.

miércoles, 2 de enero de 2019

CURSO ACELERADO DE OPOSITOR


Resulta conmovedor el esfuerzo que hace Sergio Massa para desandar tres años de colaboracionismo con el régimen macrista, y mostrarse como una alternativa opositora, ahora que el deterioro del proyecto al cual le aportó "gobernabilidad" ya es indisimulable.

El esfuerzo suyo y el de los restos del "Frente Renovador"; que ahora se traduce en un supuesto seguimiento puntilloso de las "promesas incumplidas" del macrismo, en especial en materia de obras de infraestructura en todo el país. Al informe del cual habla el tuit de apertura pueden acceder siguiendo este enlace; y menciona las obras de infraestructura que Macri prometió y su gobierno ni siquiera empezó, o tienen un porcentaje muy bajo de ejecución. 

Incluye hasta los famosos "3000 jardines de infantes" sin hacer mención -por supuesto, no sea cosa que lo tilden de kirchnerista- al hecho de que se iban a construir con la plata que el Estado se ahorraba al dejar de financiar el "Fútbol Para Todos".

El problema es que cuesta creerle semejante voltereta opositora, no solo porque hasta ayer le votaban todo al gobierno en el Congreso, sino porque los incumplimientos de Macri y su gobierno hablan tanto de su desastrosa gestión, como de los nabos (por ser buenos) que fueron Massa, el massismo y los gobernadores peronistas "dadores voluntarios de gobernabilidad", en confiar en las promesas del oficialismo, sin obtener nada a cambio de tanta benevolencia.

En efecto, casi todas las obras no concretadas que se mencionan en el informe estaban previstas primero con endeudamiento externo (para lo cual massistas y "peronistas alternativos" votaron el acuerdo con los fondos buitres, y "se sacaron el sombrero" -Sanguchito Bossio dixit- por el modo en el que el macrismo levantó el "cepo" cambiario), y luego con el sistema PPP (Participación Pública Privada).

Sistema aprobado en 2016 mediante la Ley 27.328 que adivinen con que votos positivos contó, además de los del oficialismo: sí, acertaron, con los de la "oposición responsable" que hoy forma el "peronismo alternativo". Pese a que se advirtieron los riesgos y trampas del sistema (ver al respecto acá), y a que al igual que con el blanqueo de capitales, Macri modificó la ley votada por el Congreso al reglamentarla, a su gusto y paladar, o mejor dicho, a favor siempre de las exigencias de las empresas: ver al respecto acá y acá.

Y al igual que lo que ocurrió con el acuerdo con los fondos buitres y el brutal proceso de endeudamiento que sobrevino después, todas las "mejoras" propuestas por el massismo a los proyectos del gobierno que acompañaba con su voto, fueron inútiles, o dejadas de lado por el gobierno: ni se garantizó (en los corredores viales licitados bajo el sistema PPP, por ejemplo, o en las energías renovables) la participación de las Pymes, ni funcionó la comisión bicameral de seguimiento, ni se evitó que se prorrogara la jurisdicción en tribunales extranjeros para resolver eventuales pleitos derivados de los contratos.

Pese a eso (porque el incumplimiento de las promesas no se hizo en un día) el massismo siguió acompañando con su voto la sanción de los presupuestos del año pasado y de éste (donde seguían figurando como promesas las obras que no se hicieron), y si bien la mayoría del bloque votó en contra el Presupuesto 2019, los legisladores que responden a los gobernadores del "peronismo alternativo" (la estructura sobre la cual pretende recostar hoy Massa su candidatura presidencial) lo votaron a favor, y en un puñado de casos, se abstuvieron.

Y la cuestión no es menor, porque en esa misma ley de presupuesto se volvieron a retocar las normas de la ley PPP para favorecer a las empresas, poniendo además en riesgo la solvencia financiera y patrimonial del Banco Nación; y a los gobernadores del PJ que protestaron por las obras que se podaban del presupuesto arreglado con el FMI para conseguir el déficit cero, los conformaron con el caramelo de vidrio de que todas esas obras (que ahora Massa nos cuenta que no se hicieron) serían derivadas al sistema de participación pública privada, que el gobierno acaba de cancelar por la suba del riesgo país; a la que se llega por los temores de un posible default, consecuencia del híper endeudamiento en estos tres años, que massistas y "alternativos" acompañaron con su voto.

De modo que el problema no es -como dice Massa- que hay que desconfiar de la palabra del gobierno cuando dice que el actual rumbo del país es el único (algo que desde el kirchnerismo venimos sosteniendo desde diciembre del 2015, contra la opinión de los hoy devenidos "feroces opositores"), sino cuando él dice que constituye una alternativa a ese rumbo. Tuit relacionado: 

viernes, 12 de octubre de 2018

EXTREMISMO POLÍTICO


¿Sorprende un poco ver a un caballero flemático como Federico Pinedo hablando de “extremismo político”, término tristemente célebre allá por los años 70’, y no precisamente bajo gobiernos democráticos? La verdad, no, porque muestra cabalmente cual es la idea real que tiene esta gente de como funciona el sistema político, y cuan cierto es que creen en valores como el pluralismo o la alternancia; con los que le pican el seso a la gente, cuando no gobiernan ellos.

Porque cuando gobiernan tienen pretensiones hegemónicas como cualquiera, y más también, e intentan sostenerlas incluso aunque gobiernen como el culo, y lo único que hagan bien son sus negocios. Y en primer lugar entre esas pretensiones hegemónicas, está la de crearse una oposición a su medida, o como diría Cristina, una “oposición de diseño”.

Que arranca por adentro de los bordes del propio oficialismo, donde Carrió cubre con sus quejas ampulosas el costado de la “crítica moral”, funcional al propósito de demostrar que “Cambiemos” es una coalición en serio, donde los socios están en un pie de igualdad y pueden tener diferentes puntos de vistas, que no alteran la estabilidad del conjunto. "Nuestra riqueza es la diversidad" es el latiguillo al que apelan para explicar que no son un cottolengo.

Así contienen al voto de la indignación moral selectiva, que barniza de ese modo su conservadurismo social y político, que quizás ahora y Bolsonaro mediante, se atrevan a ir blanqueando paulatinamente. Que en el fondo todo es una payasada lo sabe cualquiera que no sea un paparulo como el Gato Sylvestre, como quedó comprobado con el pedido de juicio político a Garavano. 

Después están los radicales, que tienen el papel de “estar afuera” del gobierno porque no participan de la toma de las decisiones más importantes (sobre todo en materia económica) para intentar esquivar pagar los costos por las decisiones más impopulares (o sea, casi todas), pero “estar adentro” para “arrimar ideas” para resolver los entuertos en los que se mete el propio gobierno; como pasó con la compensación a las distribuidoras de gas.

Claro que por lo general esas soluciones solo empeoran el problema (¿a quién le ocurre pensar que los radicales pueden aportar soluciones en materia ecobnómica?), pero esa es otra cuestión: los roles están bien definidos, y los que los juegan suponen que les reportan mutuos beneficios.

Luego viene la “oposición responsable” como Massa, Urtubey o Pichetto, que concuerda con el rumbo general del gobierno (e incluso a veces no tiene empacho en decirlo), pero tiene “matices”, y por eso “propone mejoras” para lo que es imposible de mejorar, como el presupuesto, el acuerdo con el FMI o los tarifazos, por poner algunos ejemplos. La misma que "celebra" las "marchas atrás" del gobierno, como Pichetto con la compensación a las distribuidoras de gas.

Esa “oposición” no solo es bienvenida y puesta como el ejemplo a seguir, sino reconocida como la única a la que el gobierno le reconoce entidad institucional, y legitimidad democrática: son los convocados a reunirse para dar -una vez más- la necesaria muestra de pluralismo, apertura y capacidad de diálogo, que disuada la idea de que el gobierno es una dictocracia, o una democradura.

El resto del arco político (en especial y sobre todo, el kirchnerismo) queda por fuera, y es el “extremismo”, porque comete el pecado imperdonable de cuestionar el programa del gobierno, y proponer otro rumbo diametralmente opuesto: anatemizar de ese modo lo que debiera ser normal en cualquier proceso democrático da una idea clara de los estrechos límites de las convicciones democráticas de nuestros repúblicos.

¿Y que se hace con el extremismo político? Se lo aísla como un “veneno social” propio de “personas envilecidas”, como propuso el presidente, con inspiración hitleriana. Pero como en democracia no se lo puede, lisa y llanamente, chupar para hacerlo desaparecer, se lo reduce a la categoría de delincuentes a ser perseguidos judicialmente, en una cacería en la que si hace falta dejar de lado toda forma de debido proceso, o respeto por las leyes y garantías constitucionales, se los deja, y listo.

Si se sabe separar la paja del trigo, y se presta atención a lo esencial más allá de las formas más o menos cuidadas del lenguaje, no es muy distinto de lo que hizo Bolsonaro en Brasil, aunque acá muchos se hagan los horrorizados con el tipo, desde el lugar hipócrita de la corrección política. Tuit relacionado:

viernes, 28 de septiembre de 2018

EL PERONISMO QUE ENTRA AL CEMENTERIO


Del peronismo se ha dicho hasta el cansancio que antes que un partido político o un movimiento, es un formidable aparato de poder, desprovisto de ideología, y de exacerbado pragmatismo; dispuesto a hacer cualquier giro o contorsión con tal de acceder al poder si no lo tiene, o conservarlo si lo posee. Un socio o aliado circunstancial, que te acompaña hasta la puerta del cementerio, pero nunca entra.

La caracterización por supuesto, por supuesto, la han hecho los gorilas y la oligarquía, que como decía Cooke, en un país colonial son las dueñas de todo, hasta de los diccionarios. Pero eso no significa que en algunos casos no sea en parte cierta, o que algunos que se dicen peronistas no la compren, y crean que el peronismo se reduce a eso.

De hecho, desde que asumió Macri para acá, muchos peronistas (gobernadores, senadores, diputados, dirigentes sindicales e incluso analistas políticos) han explicado desde allí la “colaboración” de un sector de la oposición al gobierno con los planes de éste, desde aquella “manito” inicial de validar el acuerdo con los fondos buitres, a la aprobación del presupuesto del año que viene, que algunos se aprestarían a perpetrar ahora.

En éste último caso nos queremos detener: hemos hablando mucho acá del tema, y nos hemos cuidado bien de juzgar a los “pragmáticos realpolítikers” en sus propios y estrictos términos, es decir, según los resultados que obtuvieron de su aporte de “gobernabilidad” al nuevo experimento oligárquico que gobierna la Argentina desde diciembre del 2015.

Lo concreto es que no pueden exhibir muchos resultados que justifiquen el pragmatismo, porque el gobierno no sólo no ha cumplido la palabra empeñada en cuanto pacto, acuerdo o rosca accedieron a cerrar con él, sino que acto seguido  busca la forma de sorprenderlos desprevenidos para pasarlos a degüello, como las tropas mitristas en sus expediciones de policía al interior del país, en el siglo XIX.

Basta recordar lo que pasó con el presupuesto del año pasado (tirado al canasto por el propio gobierno a las 12 horas de haber sido sancionado), el financiamiento de los déficits de las cajas jubilatorias, o las contraprestaciones pactadas por haber bancado la ruinosa (para los jubilados) reforma previsional. El presupuesto del 2019 está lejos de ser la excepción a la regla, sino más bien es su plena confirmación.

El libelo remitido por Macri al Congreso luego del ajuste pactado con el FMI (el primero) ya ha sido analizado acá en varias oportunidades, y a ellas nos remitimos; pero nos permitimos recordar algunos aspectos significativos que los pragmáticos dispuesto a votarlo parecen haber deglutido: la eliminación del fondo sojero y su reemplazo por una contribución excepcional, menor y discrecional, por única vez; la insistencia en rebajar jubilaciones y asignaciones familiares a las provincias de la Patagonia, la eliminación de los subsidios al transporte, la paralización de la obra pública nacional en las provincias, el intento (aun no concluido) por eliminar la tarifa social de la electricidad transfiriéndoles a los gobiernos locales su financiación y más recientemente (en el Boletín Oficial de ayer, ver acá), la eliminación de la bonificación por menor consumo en las tarifas del gas, y la rebaja de los descuentos en sus tarifas para las provincias de la Patagonia.

Eso, ateniéndonos estrictamente a las disposiciones del presupuesto que tienen que ver con la relación entre la nación y las provincias, y sin considerar las otras cláusulas del mismo que lo hacen invotable: los cambios en Ganancias de resultas de los cuáles más jubilados y trabajadores pagarán más del impuesto, el intento de dejarle las manos libres al gobierno para reincidir en un mega canje de deuda, otro manotazo a las utilidades del Banco Nación, solo por citar algunos.

Sin embargo y como da cuenta la imagen de apertura, el “peronismo racional”·representado en el Senado por el bloque de Pichetto, y en Diputados por el interbloque “Argentina Federal” que reporta a algunos de los gobernadores, acompañaría con sus votos el presupuesto, a cambio de algunos retoques menores. Lo mismo harían los diputados del Frente Renovador con algunas excepciones a confirmarse (Felipe Solá, Daniel Arroyo, Facundo Moyano), pese a las ambiguas promesas promesas de Sergio Massa a los sectores más combativos del sindicalismo; y en ambos casos habrá que estar atentos a oportunas ausencias o abstenciones.

Todo eso pese, también, a que el nuevo acuerdo que el gobierno acaba de concluir con el FMI (que al igual que el primero tampoco pasará por el Congreso) impacta sobre el presupuesto, al punto de convertir sus proyecciones en papel higiénico: contempla un dólar en promedio a $ 40,10 para el año que viene, cuando la propia “tablita” que comenzará a aplicar el Banco Central lo sitúa pasando los 48 $ para diciembre de este año, y los 57 $, para el año que viene. Eso, sin considerar el doble destrato institucional de sombrerera al Congreso en una discusión que constitucionalmente le corresponde, y las consecuencias sociales del mega ajuste con las que deberán lidiar si ese presupuesto se aprueba tal cual fue enviado.

Así las cosas y a esta altura del partido, corresponde que uno se pregunte cuan pragmática es una oposición (peronista) que acompaña a un gobierno que marcha al cementerio, y decide entrar con él, compartiendo su suerte hasta el final; y si fuera cierto que creen ser la alternativa para sucederlo, condicionando la suya propia con compromisos política y socialmente incumplibles y económicamente lesivos, y una bomba de endeudamiento que surgen de los pactos con el FMI.

Acaso los “realpolítikers” estén en realidad y en definitiva, respondiendo a convicciones ideológicas profundas, desde las que eligen no cuestionar el rumbo que lleva al país a la quiebra, porque en su fuero íntimo piensan que es el correcto. Algunos incluso lo han blanqueado, como Schiaretti o Urtubey; quizás porque lo ven parecido a otro peronismo con el que se sintieron más a gusto, que es el que le gustaba a la gente que no es peronista: el peronismo de Menem en los 90’, con Cavallo, María Julia y don Alvaro subidos al bote, para colaborar en la concienzuda destrucción de la Argentina peronista; ese peronismo que se reconciliaba con Isaac Rojas. O el de Ricardo Zinn funcionario del gobierno de Isabel, ya muerto Perón, en los 70’.

Si hubiera que apostar, diríamos que muchos de ellos sufrieron el kirchnerismo, como una especie de infiltración izquierdista en el movimiento (muchos parecen conservar “los viejos odios” como decía Borges, pero en este caso de las peleas internas de los 70’), que toleraron mientras hacerlo les reportaba caja, obras y votos para ganar elecciones, y de la cual el triunfo de Macri vino a liberarlos; y por eso le quieren retribuir apoyándolo. Tuit y video relacionados:

miércoles, 11 de julio de 2018

EL MEJOR PERONISMO...


...al parecer es el que ayuda a los antiperonistas a cagar a la gente, sacándole los derechos que les dio el peronismo para joderles la vida.

viernes, 6 de julio de 2018

¿UNIDAD O FUSIÓN?


Pasada la “transversalidad” que impuso la discusión del aborto, la Cámara de Diputados volvió a funcionar por los carriles normales, y en la sesión del miércoles se dieron dos cosas: por un lado fueron aprobados por unanimidad o amplísimas mayorías que los proyectos que no tenían disidencias; y por el otro el oficialismo “cajoneó” los que no le interesaban.

Dentro del primer grupo y como es sabido, salieron las modificaciones a la ley de transplante de órganos y material genético, la de otorgamiento de una indemnización económica a las víctimas de la violencia de género y la que establece un plan para urbanizar las villas en todo el país. 

En el segundo figuraron distintas iniciativas que impulsaban los diferentes bloques opositores que lograron aprobarlas por mayoría simple, pero como no contaron con los dos tercios de los votos para ser tratadas sin despacho de comisión por el bloqueo del oficialismo; que al mismo tiempo vacía las comisiones en las que deben producirse los despachos, cuando tiene mayoría en ellas.

En esa condición cayeron por ejemplo el proyecto de Vanesa Siley (FPV/PJ) para declarar la emergencia ocupacional en la Agencia Télam y suspender los despidos masivos que ejecutó Hernán Lombardi, el de Roberto Salvarezza (FPV/PJ) para hacer lo propio en el INTI y por las mismas razones, el de Guillermo Carmona (FPV/PJ) para que el gobierno no suspendiera las tareas de búsqueda del ARA San Juan y contratara una empresa a esos fines, y el de Luana Volvonich (FPV/PJ) para que no se liquiden los activos del Fondo de ANSES y sus participaciones accionarias en empresas privadas.

Intervalo acá: les “sorores” Karina Banfi (UCR), Silvia Lospennato (PRO) y Daniel Lipovetzky (PRO) que ha tanto sensibilizaron en la discusión por la interrupción voluntaria del embarazo volvieron a lo de siempre, y votaron en contra en todos esos casos; lo que supone que no tuvieron la misma “sororidad” con los despedidos de Télam y el INTI, ni con las víctimas del ARA San Juan y sus familiares; como tampoco antes la habían tenido con los jubilados o beneficiarios de la AUH al levantar la mano para aprobar la reforma previsional que les manoteó parte del sueldo o la asignación. 

A la inversa, en esos proyectos opositores que alcanzaron mayoría simple pero no los dos tercios para ser tratados sobre tablas, los diputados del massismo y del “peronismo racional” que responde a los gobernadores cerraron filas con los del kirchnerismo, y votaron a favor, con una excepción: el proyecto presentado por la diputada del FIT Romina Del Plá para que se suspendiera la fusión entre Cablevisión y Telecom., y la toma de control de la telefónica por el holding de Magneto, que el gobierno aprobara el viernes pasado a través de Defensa de la Competencia.

En ese caso en particular y como muestran las imágenes que ilustran el post, los “peronistas racionales” votaron en contra junto con el bloque oficialista, y los massistas se abstuvieron: donde se come no se manicurea, decía hace unos años el personaje de un skecht cómico. Traducido: donde se necesita apoyo mediático, no se jode con los negocios.

O cuando se aspira a ser el candidato muletto de la AEA para frenar la dolarización imponiendo la devaluación, y una vez aprobada la fusión que favorece a uno de sus principales socios (Clarín), Macri ya deja de ser útil. Eso sí: después hay que escucharlo hablar a Massa del problema de la concentración económica, y a todos hacer apelaciones a la unidad. ¿O serán a la fusión?


Tuits relacionados:

martes, 19 de junio de 2018

OTRA VEZ SOPA

jueves, 10 de mayo de 2018

TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE


Si los indicadores del deterioro de la situación económica del país bajo el gobierno de Macri son preocupantes, los del deterioro político del experimento neoliberal instaurado en diciembre del 2015 son aun mayores; comenzando por la ostensible licuación de la imagen y la autoridad presidencial: en medio de la crisis lo único que se supo de Macri fueron menos de tres minutos de un insulso mensaje grabado, en el que repartía culpas, no se hacía cargo de nada y anunciaba la apertura de negociaciones con el FMI para un préstamo de monto, condiciones y plazos aun desconocidos, aunque previsibles.

La brusca aceleración de la ya abundante fuga de capitales y el no menos brusco cierre de la canilla del financiamiento externo se llevaron puestos no solo el precio del dólar o las maltrechas previsiones oficiales de inflación (que en rigor fueron siempre una excusa para embotellar las paritarias), sino el sueño reeleccionista y las predicciones de una prolongada hegemonía macrista en el país; como un castillo de naipes o un jenga que se derrumban, cuando una de las piezas en equilibrio inestable se mueve un milímetro más de lo tolerable.

La velocidad de la crisis dejó expuestas también todas las fragilidades políticas y discursivas de la coalición que des-gobierna la Argentina: mientras Carrió gana en los medios el espacio que le resta a sus apariciones en el Congreso denunciando conspiraciones y golpes económicos cuyos responsables no termina de delinear (acaso porque son aquellos mismos de los que el gobierno sigue dependiendo para sobrevivir), los radicales aceptan gustosos el papel decorativo de muñecos de torta que se enteraron por los diarios de las tratativas con el Fondo, creyendo que se modo exculpan sus responsabilidades por el rumbo del Titanic.

En cualquier caso, las saudades del 2001 y el helicóptero son inevitables, por una creciente sensación de vacío político en la cual además y a diferencia de entonces, no hay ni Alfonsines de un lado, capaces de concitar confianza en la oposición para instalar un diálogo, ni Duhaldes del otro, con predisposición a compartir los costos de la salida del embrollo, y sin futuro político que hipotecar al hacerlo.

Ya ni Pichetto (pronto a jubilarse de los cargos electivos) se ofrece para ese rol, porque la crisis se tragó como alternativa al “peronismo racional” antes de que lo hiciera su propia insignificancia política; y hasta por el lado de la CGT cómplice se observan movimientos tendientes a salvar la ropa, porque el colaboracionismo se hace ya insostenible; aunque insistan en ofrecerse como "dadores voluntarios de gobernabilidad votando la ley de los mercados de capitales (una ventanilla más para la fuga, los negocios de los bancos con los préstamos UVA y el desgusace del fondo de ANSES) a pedido de la cúpula de la AEA, o los cambios a la de defensa de la competencia; que no asustan a ningún monopolio o formador de precios.

Hasta las propias fuerzas de seguridad les están poniendo límites: cuando a su turno el jefe de la bonaerense y el de la Federal le atribuyen al incremento de la pobreza, el de la delincuencia y la inseguridad, le están diciendo implícitamente al gobierno que no cuenten con ellos para ejecutar la represión si se desata una protesta social generalizada. 

Al compás de los movimientos del dólar se reconfigura el mapa político, de un modo más acorde al balotaje del 2015 y sus cifras, que arrojaron un triunfo de Macri por márgenes estrechos, muchos menores a los que auguraban las encuestas previas porque la “campaña del miedo” no fracasó (como se suele decir convencionalmente): de no haberse intentado, las diferencias hubieran sido mayores, y la interpretación del triunfo electoral como un cheque en blanco que ensayó “Cambiemos” desde el primer día de gobierno, hubiera sido mucho peor aun.

En un país donde casi el 49 % votó en contra del actual presidente, y buena parte del restante 51 % lo hizo optando por lo que entendieron como el mal menor ante la posibilidad de la prolongación del ciclo kirchnerista (y en la suposición de no pocos de que se “mantendría lo bueno”), un giro de 180 grados en la política económica (con sus previsibles consecuencias sociales) era inviable bajo cualquier aspecto que se lo mirara: político, social y -sobre todo- económico.

Haber ignorado esa verdad elemental llevó al gobierno a chocar la calesita, y a buena parte de la oposición (en especial el massismo y el peronismo de los gobernadores y la CGT) a hipotecar su futuro político; porque es muy posible que sea tarde ya para despegarse de un fracaso del que son en buena medida corresponsables: al haber apoyado el acuerdo con los fondos buitres, abrieron la caja de Pandora del endeudamiento y la desregulación de los flujos de capitales, cuyas calamidades llegan al presente en forma de crisis.

En paralelo, es un espectáculo poco edificante de ver la acelerada descomposición del sistema de poder que sustenta al gobierno, comenzando por el periodismo mainstream que les suelta la mano; mientras Magneto empieza a pensar que el gobierno llegó a la etapa de estorbo, y que en un clima de inestabilidad institucional Clarín podría verse favorecido, logrando por ejemplo que quede frizzaado el proyecto de ley que los obligaría a competir con las telcos. Por lo pronto al igual que Techint, con la reforma a los mercados de capitales ya logró sacarse de encima controles molestos de la CNV que estaban en la Ley 26.831 sancionada por el kirchnerismo. 

El pedido de guita al FMI ni siquiera es por una crisis de deuda (que inevitablemente sobrevendrá, de seguirse por este rumbo), sino para arrojar dólares a la hoguera de los fugadores y calmarlos por un tiempo para durar lo más que puedan, siempre y cuando esos dólares terminen llegando; mientras nos quieren hacer tragar el absurdo de contraponer las supuestas ventajas de endeudarnos con el Fondo y no con los mercados de deuda (que están cerrados, y por eso llegamos a este punto), como si el rol que en última instancia cumplen la señora Lagarde y su caterva no fuera asegurarse de garantizar los intereses de estos, y el pago puntual de las deudas.

En este contexto, discutir el tipo de préstamo al que el país puede o no acceder y las condicionalidades anexas es una pérdida de tiempo, no tanto porque son conocidas, como porque son inviables financieramente (los tiempos de la burocracia del FMI no son los de los tenedores de LEBAC,s demandantes de verdes), y mucho más en términos sociales y políticos: los planes tradicionales del Fondo no tienen consenso ni siquiera entre los propios votantes de Cambiemos, como tampoco lo tuvo el pedido de consejo a Cavallo, y por las mismas razones. Para peor, de todo el menú de préstamos disponibles, eligieron el stand by, es decir el peor de los posibles; o para ser más exactos: el único para el que calificaban. 

De hecho, haber profundizado en la hoja de ruta tradicional del FMI con la reforma previsional lograda y la laboral fallida, es lo que colocó al gobierno en un tobogán cuyo declive final es imposible determinar hoy, pero algo es seguro: Macri está atrapado entre las medidas que vino tomando y las que le impondrán tomar, pero no puede, por un lado; y las que debería tomar para salir del atolladero en el que se metió solo, pero no quiere, por el otro; como restablecer los controles al flujo de capitales y al libre acceso a las divisas, y recomponer los ingresos del fisco afectando las rentas extraordinarias de los sectores que ganan con la devaluación, los tarifazos y la formación de precios en un contexto de retiro del Estado de su rol arbitral y regulador.

El gobierno se queda sin el apoyo de los mercados de deuda, que eran hasta acá su respirador artificial, con el círculo rojo tomando disimuladamente distancia (aunque bancara el tarifazo hace días) y sin puentes con la oposición; por los que no tendió ni quiso tender nunca con una parte de ella para la cual el plan fue desde el principio la persecución y la cárcel (y sigue siendo el mismo, como se infiere de los dichos de Peña ayer), y porque se le dinamitaron los que había tendido con el resto, que como manda la tradición, acompaña hasta la puerta del cementerio, y nada más.

Si Macri finalmente cae y más allá del relato épico habitual en los gobiernos radicales (que ponen el foco en las culpas ajenas más que en las ostensibles incapacidades propias) no lo tumbarán ni los saqueos en el conurbano que no se produjeron, ni el PJ desde el Congreso que lo empachó de leyes aprobadas a su gusto, ni los paros de la CGT que no hubo.

La caída provendrá del fuego amigo, desde los gauchos del campo que retienen la cosecha y no liquidan las divisas, hasta los bancos, grandes grupos económicos y fondos de inversión que compran para fugarlos los dólares a los que les permitió acceder a costa de endeudarnos por varias generaciones; mientras le siguen corriendo el arco con exigencias para concretar la esperada lluvia de inversiones, que nunca llega.

Pero la aceleración de la descomposición final del experimento amarillo es una alerta roja para la oposición, porque le pone los mismos plazos a su obligación de ofrecerle al país una salida política viable, por otro rumbo distinto que el que ha seguido hasta acá éste gobierno nefasto.