LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
Mostrando entradas con la etiqueta Martoccia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martoccia. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de octubre de 2012

RODOLFO Y EL DIÁLOGO IMPOSIBLE


Por Fabio Mudry

“Venía rápido, muy rápido y se le soltó un patína él, que era el rey de esta jungla. Se le soltó un patín...
Su corazón no era un hotel (aunque corría ese rumor)
y hoy tiene una entre otras cruces en este bosque siempre cruel
Dejó un billete que pide a gritos que lo gasten
como una hoja derivó en tu mismo turbio río.
Entre amuletos y talismanes su destino desafió
si su nariz crecía de tamaño, prometía más.
No le robaba nunca a nadie (a nadie en especial)
ganó un orzuelo de tercer ojo y su nariz sangró.
No hubo caricias para su celo moro
y ahora mira crecer las flores desde abajo.
¡Zafó!”
(“Etiqueta Negra”, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota)
Haciendo no se que, un domingo, a la noche, en un centro desolado y frío de julio, tarde, muy tarde, lo veo a él, levemente inclinado, como frente a un micrófono de esos de los años cincuenta, hablando con el parquímetro y gesticulando como poniendo énfasis en lo que le dice, o pretende decirle.
Lleva su campera percudida por los años y por la mugre, tachonada de pins, esos redonditos de chapa o de plástico, de los que en los 80’ donde se quedó, eran el distintivo de militancia o admiración sobre alguien, o por una causa tal vez.
El hecho es que a pesar de la dificultad en la vista que me avanza en los últimos años, lo veo de lejos, y reconozco sus rulos, su cara, su piel blanca muy blanca, y sus expresiones. Como aquellas veces en el patio de los naranjos, y antes de entrar a cursar algo a la tarde en esos horarios en que el hall de la facultad y los pasillos parecían las escalinatas de la piazza di Spagna en Roma.
A la salida del cursado, las asambleas, y otra vez, él, que junto con los principales oradores de las distintas agrupaciones (esos que admirábamos por su dialéctica, hasta por la manera en que caminaban por el medio del aula kilométrica, y que a la vez cuestionábamos por burócratas), pedía la palabra e inevitablemente llevaba las cosas a otro lugar, con maestría y salvaje delirio, como aquella vez que dijo que la asamblea parecía un hotel, porque tenía muchos cuartos .....intermedios. Que hijo de puta ¡ como lo disfrutábamos.
Esa vez estalló el aula aquella grande como iglesia, con las risas, salvo las de ellos que estaban queriendo sacar algo y nos iban a aplastar con las mayoría. Ni hablar de esa otra vez que en la despedida de la mina de otra provincia lejana que se volvía a su pago, recibida, con una buenapropuesta de laburo, y escapando de una historia de amor que no podía seguir.
Digo, esa noche, en la encanutada quinta de los suburbios, otra vez Rodolfo, manejando a todo el grupo, haciendo coros con clásicos del rock nacional dejándonos un rato de esos plenos de felicidad y carcajadas compartidas, de esas que de dejan una sensación como en la nuca. Subo al auto, sin dejar  de mirarlo, como esperando que me vea, o que me llame y me diga como tartamudeando en el arranque: "...estoy por llamar a conferencia de prensa en el patio del bar... esta vez los voto a Uds ¡¡, les doy mi apoyo crítico".
Pero no, el sigue hablando con el parquímetro que no anda. Pongo en marcha el auto y arranco despacio poniéndome el cinturón, pensando que ojalá no me desvele esta noche pensando en los kilombos que tengo mañana lunes.