LA FRASE
viernes, 21 de noviembre de 2025
OBLIGADOS
miércoles, 20 de noviembre de 2024
GRINGOS Y CRIOLLOS
En la zoncera Nº 8 de su "Manual", Arturo Jauretche analizaba como tal "la libre navegación de los ríos: "Es la primera zoncera que descubrí en las entretelas de mi pensamiento y con ello quiero demostrar una vez más que ‘anoche ío sonno pittore’, es decir zonzo, por lo que me las sigo buscando mientras lo invito a usted a la misma tarea.".
"En la escuela primaria no era de los peores alumnos y contaba con cierta facilidad de palabra, motivos por los que frecuentemente fui orador de los festejos patrios. En uno de esos había bajado ya de la tarima, pero no de la vanidad provocada por los aplausos y felicitaciones, cuando mi satisfacción empezó a ser corroída por un gusanillo.".
"Entre las muchas glorias argentinas que había enumerado estaba esta de la libre navegación de los ríos, y en ella empezó a comer el tal gusanito. El muy canalla –tal lo creí entonces- me planteó su interrogante, tal vez aprovechando lo vermiforme del signo: – ‘¿De quién libertamos los ríos?’. Y en seguida, como yo quedaba perplejo, agregó la respuesta: – ‘De nosotros mismos. ¡Je, je, je’ –agregó burlonamente.".
"¿De manera que los ríos los libertamos de nuestro propio dominio?’ –pensé yo de inmediato, ya puesto en el disparadero por el gusano. Y continué-: ‘Pero entonces, si no eran ajenos sino nuestros, y los libertamos nosotros mismos, ¿se trata sencillamente de que los perdimos?’.".
"Busqué entonces algunos datos y resultó que era así: la libertad de los ríos nos había sido impuesta después de una larga lucha en la que intervinieron Francia, Inglaterra y el Imperio de los Braganzas. Y en lo que no se había podido imponer por las armas en Obligado, en Martín García, en Tonelero, por los imperios más poderosos de la tierra, fue concedido –como parte del precio por la ayuda extranjera- por los libertadores argentinos que aliados con el Brasil vencieron en el campo de Caseros y en los tratados subsiguientes.".
La verdad histórica es estrictamente esa: la soberanía nacional sobre nuestros ríos interiores (en definitivas y por extensión, nuestra soberanía como nación independiente) fue reconocida por tratados por las principales potencias del mundo de su tiempo que quisieron pisotearla cuando hubo un gobierno digno que se los impidió; y fue abandonada en la propia Constitución Nacional y los tratados firmados en su consecuencia pocos años después, por otro gobierno indigno que llegó al poder cometiendo traición a la patria, en los mismos términos que esa propia Constitución la define: tomar la armas contra la Nación, o unirse a sus enemigos prestándoles auxilio y socorro.
Caseros fue así una desgracia nacional preludio de otras que vendrían después, presentada como una victoria, en nombre de la libertad: ¿les suena? Y así como los 40 años anteriores de guerras por la independencia habían sido pródigos en ambas cosas (honores y traiciones, glorias y derrotas), lo serían los tiempos que vendrían después; y la organización nacional nació marcada -y condicionada- por el signo de la traición al ideal de independencia y soberanía.
Por supuesto que el destino nunca está marcadode una vez y para siempre, y es así entonces que el país que eligió a Perón por sobre Braden, y nacionalizó sus recursos naturales estratégicos en la Constitución de 1949, terminaría décadas más tarde votando a alguien que quiere regalar esos recursos (empezando por nuestros ríos interiores) a través del RIGI, y que le ofrece al nuevo presidente electo de la principal potencia mundial su ayuda incondicional para hacer más grandes...a los Estados Unidos.
Ser un país no es solamente (y no tanto) tener bandera, moneda o autoridades propias, sino ser soberanos, decidir nuestros propios destinos, sin injerencias ni imposiciones de nadie. Si no se es eso, es otra cosa, da lo mismo si una colonia, un protectorado o un paraíso fiscal. Pero no un país.
Y en la lucha histórica por afirmar esa idea, el problema puede estar afuera, en los otros, pero por sobre todo está adentro: como también decía Jauretche, "si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende.". Aunque lo rodeen de bellas palabras o apelen a principios abstractos (como la libertad), ellos consultan siempre sus propios intereses nacionales, que son bien concretos. Y por eso llegaron a ser grandes.
La soberanía nacional bien entendida empieza por casa, y antes de defendernos de los agresores o amenazas de afuera -que existen-, hay que ajustar cuentas con los cipayos de adentro. Para no volver a recorrer el camino que llevó de Obligado a Caseros, una y otra vez.
Tuit relacionado:
En la previa del Día de la Soberanía Nacional y la Vuelta de Obligado. Son perversos. https://t.co/SPdxcO5Wfn
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lunes, 21 de noviembre de 2022
UN DÍA COMO AYER
De las cadenas en Obligado a la hidrovía en manos extranjeras. Como decía Jauretche, liberamos nuestros ríos de nosotros mismos.
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2022
Cuántos argentinos han leído alguna vez la proclama de Mansilla a las tropas antes de empezara el combate en Obligado? Deberían hacerlo todos los que se la pasan diciendo que somos un país de mierda.
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2022
En 1953 Perón erigió en Obligado placas conmemorativas de los caídos, que luego del 55' fueron arrancadas por la canalla antipatria que, como a Rosas, lo derrocó en alianza con el extranjero. Las placas les recordaban su ignominia.
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Al que lea la epopeya de Obligado contada por Pepe Rosa y no sienta orgullo de ser argentino no le corre sangre por las venas.
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2022
Un error generalizado es creer que San Martín le legó su sable a Rosas por la acción de Obligado. El testamento del Libertador es de enero de 1844 (o sea antes del combate), u fue por la defensa de la soberanía nacional que hizo el Restaurador frente al bloqueo francés de 1838-40
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2022
Cuántos argentinos saben que el Regimiento de Patricios, el mismo de las invasiones inglesas, combatió en Obligado, o que hubo un segundo combate de Obligado, cuando la escuadra invasora regresaba de su fallida expedición comercial por el Paraná?
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2022
Cuántos argentinos saben que Rosas improvisó artillería volante, con cañones desmontados y llevados a lomo de caballo para volver a montar baterías en distintos puntos del Paraná para repeler a los invasores? Una de ellas en San Lorenzo, frente al campo donde peleó San Martín.
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..Le Predour en 1850) la soberanía argentina sobre el Paraná y sus demás ríos interiores, que es lo que se discutía. Y desagraviaron con los cañones de sus escuadras el pabellón nacional, exigencia impuesta por Rosas en los tratados, que ambas potencias debieron aceptar.
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Thorne luego combatiría en Caseros del lado de la Confederación (Rosas) y cayó prisionero tras la batalla
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2022
Urquiza -que había firmado tratados de libre navegación de los ríos con sus aliados extranjeros- lo fusiló por la espalda, porque Thorne le reprochó su traición.
Los diarios del mundo en tiempos de Obligado (en Europa y Estados Unidos) parangonaban a Rosas con Washington y Bolívar, por su férrea resistencia a las pretensiones coloniales de las dos principales potencias mundiales de ese tiempo.
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sábado, 20 de noviembre de 2021
OBLIGADO LES DUELE
Esta boludez atómica, que la repiten todos los años para esta fecha, no solo ignora que el país ganó el conflicto porque Inglaterra y Francia reconocieron su soberanía sobre los ríos interiores. Además genera idioteces como "que festejan si perdieron": https://t.co/vwnXW4Nzt2
— La Corriente K (@lacorrientek) November 19, 2021
En lugar de "La diplomacia argentina" iban a poner "Don Juan Manuel de Rosas", pero les avisaron a tiempo: https://t.co/aZyY84nmcI
— La Corriente K (@lacorrientek) November 20, 2021
Obligado les duele, y se nota. Porque les duele Rosas, les resulta incómodo: es más sencillo dejarlo en el lugar en el que lo colocó la leyenda negra de Rivera Indarte y las "Tablas de Sangre", el del tirano asesino, frío y despiadado. Pero Obligado les recuerda que fue algo más, mucho más; como lo pudo comprobar Adolfo Saldías -que era liberal, pero honesto intelectualmente- cuando investigaba el pasado en los papeles de la cancillería rosista.
Obligado les molesta porque pone en acto todos los valores que ellos, en el fondo, detestan: el coraje criollo, la decisión de defender en el campo del honor y con la sangre de los hijos de la patria, la independencia consagrada en el papel. Siendo al mismo tiempo y según consta en las crónicas de la época, un ejemplo a imitar para todos los pueblos jóvenes del mundo: Alberti (que por entonces era enemigo de Rosas) tomaba nota de que la figura del Restaurador era comparada con San Martín, Washington y Bolívar, en los diarios de América y Europa.
San Martín, dijimos: les duele comprobar que el Padre de la Patria, el Libertador de América al que Mitre pretendió "encorsetar" en su historiografía, le legó a Rosas -incluso antes de Obligado- la posesión más preciosa que podía conservar un viejo guerrero: el sable que lo acompañó en toda la guerra de la independencia, por medio continente.
Les duele que San Martín haya entendido que la pelea que Rosas dio en los bloqueos. fuera de una importancia igual -si no superior- a esa guerra, y sin la cual esa guerra (y por ende su lucha y la de sus soldados) carecían de sentido: para que conquistar el derecho a ser libres, solo para mercarlo en la primera oportunidad, sin más contraprestación que la humillación.
Obligado les duele porque les recuerda lo que significa tener una patria, justo a ellos que no aspiran a más que a una colonia próspera, bajo la tibieza del sol imperial: tener una patria significa ser dignos de ella defendiéndola, con las armas en la mano si fuera necesario. Aun en absoluta inferioridad de condiciones, sin medir "correlaciones de fuerzas" y sin más escudo que el propio heroísmo y la decisión de darlo todo por esa patria en la que se ha tenido la dicha (y no la desgracia, como creen y sienten ellos) de nacer.
Obligado les duele porque además fue el peronismo (nada menos) el que rescató del olvido a uno de los episodios más grandiosos de nuestra historia nacional, del cual todos los argentinos deberíamos sentirnos más orgullosos. Primero con Perón, y décadas después, con Cristina. Que además lo rescataron no solo para el calendario de feriados, sino para resignificarlo en tiempos presentes, dándole a la soberanía nacional (atributo esencial de un Estado que se precie de tal) todas las múltiples significaciones que puede tener.
Les duelen esas cadenas atravesando un río nuestro, que ellos liberaron después de derrocar a Rosas en otra alianza con el extranjero, para consagrar la derrota en la Constitución Nacional, bajo el eufemismo de la "libre navegación de los ríos". Como también les dolió que un siglo después Perón (tan obstinado como don Juan Manuel negándose a conceder privilegios a la potencias bajo la boca del cañón) no quisiera uncir a la Argentina a los dictados del FMI.
Por eso cuando lo derrocaron -además de vandalizar los monolitos que su gobierno había hecho colocar en Obligado en conmemoración de la gesta- lo primero que hicieron fue integrarnos a él, para que desde entonces se convirtiera en un actor central y protagónico de nuestro devenir histórico, que terminó muchas veces decidiendo por nosotros, nuestros destinos.
Ellos nunca hubieran puesto cadenas para defender nuestra integridad territorial porque se creen dueños de un país que detestan, así como ellos -en tiempos de Cristina- no hubieran resistido a los fondos buitres (esas modernas escuadras navales de bombardeo de la dignidad nacional), sino que hubieran ido a sentarse con Griesa, "y lo que él diga, eso hay que hacer". Como ahora arreglarían la deuda que ellos mismos contrajeron con el Fondo (y que horada nuestra soberanía) en cinco minutos, lo mismo que se tardaron en pedirla.
No olvidemos hoy, Día de la Soberanía Nacional, que la soberanía nos abraza a todos en tanto habitantes del país que la proclama para sí como atributo de su existencia. Pero que dentro de ese país no todos se sienten comprometidos a defenderla, ni consideran que valga la pena: son los que en Obligado hubieran estado de buen grado en los barcos ingleses o franceses, bombardeando a sus propios compatriotas; como hoy no vacilarían en privarlos de derechos, dignidad o posibilidades de vivir mejor, con tal de ser "bien vistos" en el mundo o por "los mercados", el FMI o cualquiera, menos nosotros mismos.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
EN OBLIGADO, EL PROFESOR ROMERO HUBIERA ESTADO EN LOS BARCOS INGLESES
Tampoco le cae bien a Romero que, en referencia a la batalla de Obligado y el conflicto con los ingleses, se use la palabra "nacional", "porque en esa época la Nación todavía no estaba constituida, había provincias, y particularmente en este caso lo que estaba defendiendo el gobierno de Rosas era algo que tenía que ver exclusivamente con los intereses de la ciudad de Buenos Aires y su puerto, es decir, mantener el monopolio del comercio con el resto de las provincias. Lo que querían hacer los barcos ingleses era aplicar la doctrina que en aquellos momentos estaba desarrollándose en el mundo de la libre navegación de los ríos para vincularse directamente con Corrientes donde fueron muy bien recibidos".
Es decir entonces que la nación solo empezó a existir cuando se dictó la Constitución de 1853 (habérselo dicho a Belgrano y San Martín), que empezó declarando la libre navegación de los ríos; o sea concediendo en su letra lo que los gauchos de Obligado negaron con su sangre, pero eso sí: en el marco de una apertura a la civilización europea; la versión de entonces de la globalización.
Que zonzos Rosas, Mansilla y aquéllos gauchos (entre ellos los santafesinos, que pelearon en Tonelero, Quebracho y otras acciones a lo largo del Paraná contra los invasores), que no comprendieron que lo único que querían los ingleses y franceses, era hacernos llegar los beneficios de una civilización más avanzada. Que hayan empezado por los obuses de los cañones Peysar lanzados sobre las barrancas de Obligado, al profesor le parece apenas una anécdota.
También cuestiona Romero la elección del feriado del 20 de noviembre (lo que se hizo por el Decreto 1584/10 de Cristina, porque el Día de la Soberanía Nacional está establecido por la Ley 20.770 de 1974), como una instrumentación política del gobierno: "Más que una cuestión nacional fue una cuestión de la provincia de Buenos Aires. Transformar una derrota en victoria y una cuestión ceñida al interés de Buenos Aires en una causa nacional forma parte de este gran mito de la historiografía revisionista".
Ya se sabe que el monopolio de las decisiones en esa materia las tienen los historiadores, sobre todo si corresponden a la escuela de Mitre y (ya en tiempos modernos) del "maestro" Halperín Donghi. ¿Qué es eso de que se anden metiendo el Congreso y la presidenta con el calendario conmemorativo de los feriados y fechas patrias?
A esta altura ya uno se pierde en las cavilaciones del profesor, y no sabe si está mal festejar el Día de la Soberanía Nacional el 20 de noviembre en conmemoración de Obligado, o lo que está mal es dedicar un día al año, para conmemorar la soberanía nacional y reflexionar sobre ella. O si está mal pretender ser soberanos, vaya uno a saber.
Lo de "pinchar globos" es curioso porque parece que no se aplica a todos los casos, por ejemplo a derribar los mitos construidos (con claros y definidos propósitos políticos) por la historiografía liberal, en la formación de la nación que el profesor Romero añora y venera.
Sarmiento decía -con su brutal sinceridad- que en historia y si conviene a los propósitos políticos, "si hay que mentir se miente", y que la versión que los vencedores de Caseros construyeron de nuestra guerras civiles estaba "llena de inexactitudes y mentiras a designio".
Mitre le devolvió a Adolfo Saldías (que lo admiraba, y tenía por referencia insoslayable en temas históricos, como todos en su tiempo) su obra sobre Rosas y la Confederación Argentina (en la que por ejemplo analizaba la acción de Obligado, y los conflictos del Restaurador con las potencias europeas), con una carta en la que decía "Si por tradiciones partidistas entiende usted mi fidelidad a los nobles principios por que he combatido toda mi vida, y que creo haber contribuido a hacer triunfar en la medida de mis facultades, debo declararle que conscientemente las guardo, como guardo los nobles odios contra el crimen que me animaron en la lucha. Admito, como Lamartine, que las víctimas se den el abrazo de fraternidad sobre las tumbas de sus verdugos, pero pienso que el odio contra los tiranos es una fuerza moral, y pretender extinguirlo en las almas es desarmar a los pueblos y entregarlos como carneros sin ira en brazos de una cobarde mansedumbre".
De hecho, la disputa que hoy plantea Romero por la importancia de Obligado y porque se celebre un Día de la Soberanía Nacional conmemorando aquel hecho no tiene tanto que ver con una disputa académica o de escuelas historiográficas, como defender una idea de país; que tiene que ver más con ciertas formas jurídicas institucionales, que con los atributos profundos que definen a una nación: pueblo, territorio, soberanía, proyecto colectivo y compartido, afirmación de identidad ante el mundo; aun desde la pluralidad interior.
Y sobre la importancia histórica del combate de Obligado (que Romero minimiza, o por lo menos pone en duda), fue el propio San Martín (que algo sabía de soberanía, independencia y lucha por la construcción de la nación) el que dijo: "Los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca: a un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor, si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria, si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España."

