LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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viernes, 21 de noviembre de 2025

OBLIGADOS

 

A propósito del Día de la Soberanía Nacional que se conmemoró ayer en el 180° aniversario de la Vuelta de Obligado, repasábamos esta muy recomendable nota de Sergio Eissa en El Cohete a la Luna, en la que reseña con implacable precisión los jirones de esa soberanía que los criollos defendieron entonces con su sangre, y que hoy está resignando el gobierno de ocupación colonial que padece el país.

Entre otros aspectos muy valorables que rescata el autor de la nota, trae a colación de la soberanía nacional y su significado, aquella idea de Aldo Ferrer sobre la "densidad nacional", expresión con la que el autor de "La economía argentina" sintetizaba los factores que a su entender eran los que explicaban el derrotero de los países exitosos en términos de desarrollo. Recuerda Eissa que ellos eran : "... a) cohesión y movilidad social; b) élites políticas y empresariales con un proyecto de país; c) estabilidad institucional; d) pensamiento crítico para poder distinguir lo que sirve a nuestro proyecto de país y rechazar el pensamiento hegemónico que responde a los intereses de las potencias."

Apenas se los enumera, la mente nos dice que de todo eso poco nos quedas, y precisamente porque nos falta estamos como estamos: pobres, sometidos, injustos y entregados al capricho y las apetencias de una potencia declinante, sin obtener a cambio nada que beneficie al conjunto de los argentinos. Con versiones renovadas del pacto Roca-Runciman, también firmado en su momento entre un régimen entreguista y una potencia declinante en la hora de su ocaso, como el acuerdo comercial de Milei con el gobierno de Trump.

En las versiones actuales (el RIGI, los acuerdos con el FMI) ni siquiera se tiene el decoro de salvar los intereses de nuestras élites locales, como se hizo en los tiempos de la Década Infame con los de la oligarquía ganadera: el saqueo y el enfeudamiento del país al extranjero tiene como única contraprestación dejar a salvo a unos cuantos vivillos de las finanzas, con más conexiones en el extranjero que con el país donde viven ellos y sus hijos.

Con el enfoque analítico de Ferrer a la vista, podría decirse que ceden su soberanía nacional o reniegan de ella los que no han alcanzado la densidad suficiente como pueblos/Estados/sociedades para defenderla con éxito, y el caso argentino lo comprueba. De hecho asistimos a un experimento con seres vivos cuyo propósito es destruir concienzudamente aquellas cohesión y movilidad sociales que distinguieron a la Argentina del resto de los demás países de América Latina, tanto que se nos propone convertirnos en Perú; o sea un país escindido y fragmentado por la injusticia, en el que muchos de sus habitantes no tienen la más mínima perspectiva de progreso futuro, lo que no genera en ellos la necesidad de sentirlo como algo que los contiene, y debe defenderse en uno de sus atributos esenciales.

El desvarío conceptual de nuestra élite empresarial y económica hace que ya ni siquiera piensen en términos de un proyecto de país, aunque sea uno en el que no quepan todos los argentinos, como fue el de la Generación del 80' y la Argentina del Centenario: nuestras clases dominantes hoy solo miran el corto plazo, y ni siquiera piensan en dejar un legado a las futuras generaciones por el que sean recordados. Solo hay allí idea de ganancias rápidas, valorización financiera y fuga, como horizontes conceptuales, y un ausentismo absoluto de todo compromiso con el país y su destino.

Lejos está aquella Argentina de los tiempos de Obligado donde uno de sus más grandes estancieros y poseedor de una de las mayores fortunas de la época conducía los destinos del país con un sentido del honor nacional, y la vocación de defender la independencia declarada en Tucumán. Como ha pasado tantas veces desde entonces en nuestra historia (pero nunca con el grado de ramplona mediocridad actual), nuestras élites se limitan a secundar como clases auxiliares cipayas el destino que otros decidieron para el país que habitan; y la distorsión de sentido es tan grande que el lema "Hagamos a la Argentina grande nuevamente" se lo copiaron a los yanquis, y el imperativo es que vuelva a ser colonia, hoy de Estados Unidos como ayer lo fue de Inglaterra, o peor, porque a la sumisión en términos económicos se le suma el alineamiento incondicional en lo político, aun en contra de los propios intereses nacionales.

Que decir de las instituciones o el pensamiento estratégico con sentido crítico: que como lo acaba de señalar Cristina a propósito de la presión mediática al Poder Judicial por las condiciones de su detención, aquellas son una simple fachada del aparato represivo y de persecución política diseñado para evitar que exista éste, y germine en opciones políticas y sociales superadores del régimen de postración existente. Desde el ausentismo electoral al lawfare judicial pasando por el filibusterismo legislativo y político en general, las instituciones argentinas son un ritual vacío de contenido, únicamente apto para preservar la exterioridad de un país independiente mientras se consuma nuestro destino colonial.

No hay hoy -no al menos a la vista, y volviendo a Ferrer, con la densidad nacional suficiente- los materiales sociales, culturales e incluso humanos con los que construir los Obligados que la hora reclama; es decir las gestas cotidianas de defensa de nuestro propio existir y devenir como comunidad política independiente, organizada y orgullosa de sí misma, frente a las pretensiones de los intereses foráneos y sus auxiliares locales que quieren tomar cada uno un pedazo de nuestro suelo, sus riquezas y sus posibilidades de desarrollo y progreso.

Parafraseando a San Martín cuando se refería precisamente a aquella proeza de dignidad criolla en los tiempos rosistas, tal parece que hoy los argentinos somos empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. Los que todavía tenemos un sentido de patria (y como tal, de soberanía y dignidad nacional) estamos obligados -si se nos permite el juego de palabras- a hacer lo necesario para revertir ese destino.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

GRINGOS Y CRIOLLOS

 

En la zoncera Nº 8 de su "Manual", Arturo Jauretche analizaba como tal "la libre navegación de los ríos: "Es la primera zoncera que descubrí en las entretelas de mi pensamiento y con ello quiero demostrar una vez más que ‘anoche ío sonno pittore’, es decir zonzo, por lo que me las sigo buscando mientras lo invito a usted a la misma tarea.".

"En la escuela primaria no era de los peores alumnos y contaba con cierta facilidad de palabra, motivos por los que frecuentemente fui orador de los festejos patrios. En uno de esos había bajado ya de la tarima, pero no de la vanidad provocada por los aplausos y felicitaciones, cuando mi satisfacción empezó a ser corroída por un gusanillo.".

"Entre las muchas glorias argentinas que había enumerado estaba esta de la libre navegación de los ríos, y en ella empezó a comer el tal gusanito. El muy canalla –tal lo creí entonces- me planteó su interrogante, tal vez aprovechando lo vermiforme del signo: – ‘¿De quién libertamos los ríos?’. Y en seguida, como yo quedaba perplejo, agregó la respuesta: – ‘De nosotros mismos. ¡Je, je, je’ –agregó burlonamente.".

"¿De manera que los ríos los libertamos de nuestro propio dominio?’ –pensé yo de inmediato, ya puesto en el disparadero por el gusano. Y continué-: ‘Pero entonces, si no eran ajenos sino nuestros, y los libertamos nosotros mismos, ¿se trata sencillamente de que los perdimos?’.".

"Busqué entonces algunos datos y resultó que era así: la libertad de los ríos nos había sido impuesta después de una larga lucha en la que intervinieron Francia, Inglaterra y el Imperio de los Braganzas. Y en lo que no se había podido imponer por las armas en Obligado, en Martín García, en Tonelero, por los imperios más poderosos de la tierra, fue concedido –como parte del precio por la ayuda extranjera- por los libertadores argentinos que aliados con el Brasil vencieron en el campo de Caseros y en los tratados subsiguientes.".

La verdad histórica es estrictamente esa: la soberanía nacional sobre nuestros ríos interiores (en definitivas y por extensión, nuestra soberanía como nación independiente) fue reconocida por tratados por las principales potencias del mundo de su tiempo que quisieron pisotearla cuando hubo un gobierno digno que se los impidió; y fue abandonada en la propia Constitución Nacional y los tratados firmados en su consecuencia pocos años después, por otro gobierno indigno que llegó al poder cometiendo traición a la patria, en los mismos términos que esa propia Constitución la define: tomar la armas contra la Nación, o unirse a sus enemigos prestándoles auxilio y socorro.

Caseros fue así una desgracia nacional preludio de otras que vendrían después, presentada como una victoria, en nombre de la libertad: ¿les suena? Y así como los 40 años anteriores de guerras por la independencia habían sido pródigos en ambas cosas (honores y traiciones, glorias y derrotas), lo serían los tiempos que vendrían después; y la organización nacional nació marcada -y condicionada- por el signo de la traición al ideal de independencia y soberanía.

Por supuesto que el destino nunca está marcadode una vez y para siempre, y es así entonces que el país que eligió a Perón por sobre Braden, y nacionalizó sus recursos naturales estratégicos en la Constitución de 1949, terminaría décadas más tarde votando a alguien que quiere regalar esos recursos (empezando por nuestros ríos interiores) a través del RIGI, y que le ofrece al nuevo presidente electo de la principal potencia mundial su ayuda incondicional para hacer más grandes...a los Estados Unidos.

Ser un país no es solamente (y no tanto) tener bandera, moneda o autoridades propias, sino ser soberanos, decidir nuestros propios destinos, sin injerencias ni imposiciones de nadie. Si no se es eso, es otra cosa, da lo mismo si una colonia, un protectorado o un paraíso fiscal. Pero no un país.

Y en la lucha histórica por afirmar esa idea, el problema puede estar afuera, en los otros, pero por sobre todo está adentro: como también decía Jauretche, "si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende.". Aunque lo rodeen de bellas palabras o apelen a principios abstractos (como la libertad), ellos consultan siempre sus propios intereses nacionales, que son bien concretos. Y por eso llegaron a ser grandes.

La soberanía nacional bien entendida empieza por casa, y antes de defendernos de los agresores o amenazas de afuera -que existen-, hay que ajustar cuentas con los cipayos de adentro. Para no volver a recorrer el camino que llevó de Obligado a Caseros, una y otra vez.

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lunes, 21 de noviembre de 2022

UN DÍA COMO AYER

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

OBLIGADO LES DUELE

 


Obligado les duele, y se nota. Porque les duele Rosas, les resulta incómodo: es más sencillo dejarlo en el lugar en el que lo colocó la leyenda negra de Rivera Indarte y las "Tablas de Sangre", el del tirano asesino, frío y despiadado. Pero Obligado les recuerda que fue algo más, mucho más; como lo pudo comprobar Adolfo Saldías -que era liberal, pero honesto intelectualmente- cuando investigaba el pasado en los papeles de la cancillería rosista. 

Obligado les molesta porque pone en acto todos los valores que ellos, en el fondo, detestan: el coraje criollo, la decisión de defender en el campo del honor y con la sangre de los hijos de la patria, la independencia consagrada en el papel. Siendo al mismo tiempo y según consta en las crónicas de la época, un ejemplo a imitar para todos los pueblos jóvenes del mundo: Alberti (que por entonces era enemigo de Rosas) tomaba nota de que la figura del Restaurador era comparada con San Martín, Washington y Bolívar, en los diarios de América y Europa.

San Martín, dijimos: les duele comprobar que el Padre de la Patria, el Libertador de América al que Mitre pretendió "encorsetar" en su historiografía, le legó a Rosas -incluso antes de Obligado- la posesión más preciosa que podía conservar un viejo guerrero: el sable que lo acompañó en toda la guerra de la independencia, por medio continente.

Les duele que San Martín haya entendido que la pelea que Rosas dio en los bloqueos. fuera de una importancia igual -si no superior- a esa guerra, y sin la cual esa guerra (y por ende su lucha y la de sus soldados) carecían de sentido: para que conquistar el derecho a ser libres, solo para mercarlo en la primera oportunidad, sin más contraprestación que la humillación.

Obligado les duele porque les recuerda lo que significa tener una patria, justo a ellos que no aspiran a más que a una colonia próspera, bajo la tibieza del sol imperial: tener una patria significa ser dignos de ella defendiéndola, con las armas en la mano si fuera necesario. Aun en absoluta inferioridad de condiciones, sin medir "correlaciones de fuerzas" y sin más escudo que el propio heroísmo y la decisión de darlo todo por esa patria en la que se ha tenido la dicha (y no la desgracia, como creen y sienten ellos) de nacer.

Obligado les duele porque además fue el peronismo (nada menos) el que rescató del olvido a uno de los episodios más grandiosos de nuestra historia nacional, del cual todos los argentinos deberíamos sentirnos más orgullosos. Primero con Perón, y décadas después, con Cristina. Que además lo rescataron no solo para el calendario de feriados, sino para resignificarlo en tiempos presentes, dándole a la soberanía nacional (atributo esencial de un Estado que se precie de tal) todas las múltiples significaciones que puede tener.

Les duelen esas cadenas atravesando un río nuestro, que ellos liberaron después de derrocar a Rosas en otra alianza con el extranjero, para consagrar la derrota en la Constitución Nacional, bajo el eufemismo de la "libre navegación de los ríos". Como también les dolió que un siglo después Perón (tan obstinado como don Juan Manuel negándose a conceder privilegios a la potencias bajo la boca del cañón) no quisiera uncir a la Argentina a los dictados del FMI.

Por eso cuando lo derrocaron -además de vandalizar los monolitos que su gobierno había hecho colocar en Obligado en conmemoración de la gesta- lo primero que hicieron fue integrarnos a él, para que desde entonces se convirtiera en un actor central y protagónico de nuestro devenir histórico, que terminó muchas veces decidiendo por nosotros, nuestros destinos.

Ellos nunca hubieran puesto cadenas para defender nuestra integridad territorial porque se creen dueños de un país que detestan, así como ellos -en tiempos de Cristina- no hubieran resistido a los fondos buitres (esas modernas escuadras navales de bombardeo de la dignidad nacional), sino que hubieran ido a sentarse con Griesa, "y lo que él diga, eso hay que hacer". Como ahora arreglarían la deuda que ellos mismos contrajeron con el Fondo (y que horada nuestra soberanía) en cinco minutos, lo mismo que se tardaron en pedirla.

No olvidemos hoy, Día de la Soberanía Nacional, que la soberanía nos abraza a todos en tanto habitantes del país que la proclama para sí como atributo de su existencia. Pero que dentro de ese país no todos se sienten comprometidos a defenderla, ni consideran que valga la pena: son los que en Obligado hubieran estado de buen grado en los barcos ingleses o franceses, bombardeando a sus propios compatriotas; como hoy no vacilarían en privarlos de derechos, dignidad o posibilidades de vivir mejor, con tal de ser "bien vistos" en el mundo o por "los mercados", el FMI o cualquiera, menos nosotros mismos. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EN OBLIGADO, EL PROFESOR ROMERO HUBIERA ESTADO EN LOS BARCOS INGLESES


Sobre el significado del Día de la Soberanía Nacional que se celebra hoy en conmemoración de la Vuelta de Obligado, leemos en Infobae el contrapunto entre Luis Alberto Romero y "Pacho" O'Donnell.

Según nos cuenta el inefable profesor, no se entiende porqué conmemoramos hoy el día de la soberanía nacional, celebrando "como si fuese una victoria algo que objetivamente fue una derrota militar". "Podemos decir que fue una derrota honrosa –matiza-, que somos ganadores morales y todo eso, pero de hecho es que se intentó impedir el paso de las naves inglesas por ese sitio del río Paraná, pero las naves cortaron las cadenas y pasaron igual. Y vino esta cosa loca de transformar una derrota en victoria". 

Tampoco le cae bien a Romero que, en referencia a la batalla de Obligado y el conflicto con los ingleses, se use la palabra "nacional", "porque en esa época la Nación todavía no estaba constituida, había provincias, y particularmente en este caso lo que estaba defendiendo el gobierno de Rosas era algo que tenía que ver exclusivamente con los intereses de la ciudad de Buenos Aires y su puerto, es decir, mantener el monopolio del comercio con el resto de las provincias. Lo que querían hacer los barcos ingleses era aplicar la doctrina que en aquellos momentos estaba desarrollándose en el mundo de la libre navegación de los ríos para vincularse directamente con Corrientes donde fueron muy bien recibidos".

Es decir entonces que la nación solo empezó a existir cuando se dictó la Constitución de 1853 (habérselo dicho a Belgrano y San Martín), que empezó declarando la libre navegación de los ríos; o sea concediendo en su letra lo que los gauchos de Obligado negaron con su sangre, pero eso sí: en el marco de una apertura a la civilización europea; la versión de entonces de la globalización.

Que zonzos Rosas, Mansilla y aquéllos gauchos (entre ellos los santafesinos, que pelearon en Tonelero, Quebracho y otras acciones a lo largo del Paraná contra los invasores), que no comprendieron que lo único que querían los ingleses y franceses, era hacernos llegar los beneficios de una civilización más avanzada. Que hayan empezado por los obuses de los cañones Peysar lanzados sobre las barrancas de Obligado, al profesor le parece apenas una anécdota. 

También cuestiona Romero la elección del feriado del 20 de noviembre (lo que se hizo por el Decreto 1584/10 de Cristina, porque el Día de la Soberanía Nacional está establecido por la Ley 20.770 de 1974), como una instrumentación política del gobierno: "Más que una cuestión nacional fue una cuestión de la provincia de Buenos Aires. Transformar una derrota en victoria y una cuestión ceñida al interés de Buenos Aires en una causa nacional forma parte de este gran mito de la historiografía revisionista".

Ya se sabe que el monopolio de las decisiones en esa materia las tienen los historiadores, sobre todo si corresponden a la escuela de Mitre y (ya en tiempos modernos) del "maestro" Halperín Donghi. ¿Qué es eso de que se anden metiendo el Congreso y la presidenta con el calendario conmemorativo de los feriados y fechas patrias?

Cuestiona también el profesor la importancia que se le da a la fecha, que no tiene la misma envergadura de las que conmemoran las batallas claves por la independencia, o el 25 de mayo. Lo atribuye a "un caso muy típico del revisionismo que el oficialismo adoptó como política propia. Forma parte de esa línea discursiva del gobierno de hacerse cargo de la versión revisionista de la historia y convertirla en versión oficial; forma parte de un estilo muy característico de la política discursiva del gobierno esta especie de grandes falsedades convertidas en actos heroicos. Son las visiones míticas de la historia que tienen una función política, y el trabajo de los historiadores es pinchar los globos"."

A esta altura ya uno se pierde en las cavilaciones del profesor, y no sabe si está mal festejar el Día de la Soberanía Nacional el 20 de noviembre en conmemoración de Obligado, o lo que está mal es dedicar un día al año, para conmemorar la soberanía nacional y reflexionar sobre ella. O si está mal pretender ser soberanos, vaya uno a saber.

Lo de "pinchar globos" es curioso porque parece que no se aplica a todos los casos, por ejemplo a derribar los mitos construidos (con claros y definidos propósitos políticos) por la historiografía liberal, en la formación de la nación que el profesor Romero añora y venera.

Sarmiento decía -con su brutal sinceridad- que en historia y si conviene a los propósitos políticos, "si hay que mentir se miente", y que la versión que los vencedores de Caseros construyeron de nuestra guerras civiles estaba "llena de inexactitudes y mentiras a designio". 

Mitre le devolvió a Adolfo Saldías (que lo admiraba, y tenía por referencia insoslayable en temas históricos, como todos en su tiempo) su obra sobre Rosas y la Confederación Argentina (en la que por ejemplo analizaba la acción de Obligado, y los conflictos del Restaurador con las potencias europeas), con una carta en la que decía "Si por tradiciones partidistas entiende usted mi fidelidad a los nobles principios por que he combatido toda mi vida, y que creo haber contribuido a hacer triunfar en la medida de mis facultades, debo declararle que conscientemente las guardo, como guardo los nobles odios contra el crimen que me animaron en la lucha. Admito, como Lamartine, que las víctimas se den el abrazo de fraternidad sobre las tumbas de sus verdugos, pero pienso que el odio contra los tiranos es una fuerza moral, y pretender extinguirlo en las almas es desarmar a los pueblos y entregarlos como carneros sin ira en brazos de una cobarde mansedumbre". 

De hecho, la disputa que hoy plantea Romero por la importancia de Obligado y porque se celebre un Día de la Soberanía Nacional conmemorando aquel hecho no tiene tanto que ver con una disputa académica o de escuelas historiográficas, como defender una idea de país; que tiene que ver más con ciertas formas jurídicas institucionales, que con los atributos profundos que definen a una nación: pueblo, territorio, soberanía, proyecto colectivo y compartido, afirmación de identidad ante el mundo; aun desde la pluralidad interior.

Y sobre la importancia histórica del combate de Obligado (que Romero minimiza, o por lo menos pone en duda), fue el propio San Martín (que algo sabía de soberanía, independencia y lucha por la construcción de la nación) el que dijo: "Los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca: a un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor,  si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria, si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España."

domingo, 20 de noviembre de 2011

DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL


"A las 8 y media los extranjeros empezaron el avance. Mansilla proclamó a la tropa: ¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!". La banda de Patricios empezó los compases del Himno coreado por todos: "¡O juremos con gloria morir!. Cuando la San Martín, "apenaba verla con bandera francesa", se puso a tiro de las baterías, Mansilla dio la señal de fuego con el tradicional "¡Viva la patria!". Respondieron Trehouart y Sullivan con sus noventa y seis bocas de fuego de mayor alcance y potencia que los cañoncitos argentinos. No importa: no se estaba allí para ganar, sino para que los gringos no se la llevasen de arriba...". (José María Rosa, Historia Argentina).

"Ya sabía de la acción de Obligado; ¡que iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca." (José de San Martín, en carta a Tomás Guido). 

Se conmemora hoy el Día de la Soberanía Nacional, en recordación de la heroica resistencia de la Confederación Argentina contra las pretensiones imperialistas de Inglaterra y Francia (las principales potencias mundiales de la época, coaligadas en su contra), y del combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845.

Acción heroica en la que el coraje argentino rindió su tributo de sangre, y defendió con su vida la independencia proclamada aquel 9 de Julio de 1816, demostrando que no era sólo una bella declaración, destinada a no trascender el papel en que estaba escrita.

Como vemos, el mismísmo San Martín -el máximo héroe de nuestra historia- supo reconocer a don Juan Manuel de Rosas el mérito histórico que los falsificadores de nuestro pasado (empezando por los vencedores de Caseros, Mitre el más notorio entre ellos) le negaron durante décadas; pretendiendo suprimir su recuerdo de la memoria de los argentinos.  

Vano y penoso esfuerzo, porque la memoria histórica se abre paso -más tarde o más temprano- por entre las telarañas de mentiras y falsificaciones; que en el caso de Rosas y su heroica defensa de la soberanía nacional, tuvieron por exclusivo propósito la autoexculpación de sus vencedores en Caseros, unidos en la traición al extranjero para sojuzgar a su patria.

Vencedores que, caído Rosas, concedieron por debilidad y falsas convicciones ideológicas -que disfrazaron miserables intereses comerciales- lo que los gauchos de San Pedro, Baradero, San Nicolás y San Antonio de Areco le negaron con su sangre al invasor extranjero.  

Después vendría la reivindicación de Rosas y de la histórica gesta de Obligado, y el intento de apropiárselos para sí de un nacionalismo sin pueblo, y como tal sin norte: fácil instrumento de la anti nación para sus propósitos coloniales. Si hasta Menem en su hora repatrió los restos del Restaurador, mientras sepultaba con sus políticas las ideas por las que él luchó; y en nombres de las cuáles se peleó en las barancas del Paraná, desde Obligado hasta Tonelero y el Quebracho. 

La soberanía nacional no es la simple defensa de la integridad territorial, ni una entelequia abstracta: es la lucha por nuestra autoafirmación como pueblo, por nuestro derecho a construir nuestro propio destino, sin imposiciones externas ni claudicaciones internas.

Todo lo grande y próspero que seamos capaces de construir por nosotros mismos, sin tutelajes materiales ni espirituales de ninguna especie, como bien lo señaló Cristina el viernes, en el acto en el lugar histórico.

No en vano la Vuelta de Obligado fue reivindicada por gobiernos -como el de Perón, el primero en instaurar su aniversario como el Día de la Soberanía Nacional- que comprendieron claramente que una nación soberana sólo es posible con un pueblo feliz, porque es para él para quien se construye y defiende la soberanía.

Tampoco es casual que el recuerdo de Obligado haya querido ser borrado de nuesta historia por los que imaginaron para la Argentina un inevitable destino de feliz granja colonial: el estampido de las baterías de Mansilla retumbaba en sus conciencias de traidores a la herencia común de los argentinos.

Entonces fueron barcos de guerra, cañones e infantes de marina; luego vendrían empresas, capitales, préstamos ruinosos y consejos errados, como los del FMI o las calificadoras de riesgo: la defensa de la soberanía nacional es una tarea constante, que nos convoca a todos los argentinos, en todo tiempo histórico, a hacer nuestro aporte; para hacernos dignos de la memoria de los que a la vera del Paraná y en tantas otras gestas, nos legaron el suelo en el que vivimos.

Para reflexionar sobre este día tan trascendente, los dejamos con el conocido triunfo de Alberto Merlo y Miguel Brascó, en la inolvidable voz de don Alfredo Zitarrosa: