LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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viernes, 4 de octubre de 2019

Y AL QUE NO LE GUSTA, SE JODE


La decisión unánime del congreso de la CTA que conduce Hugo Yasky en sus deliberaciones de ayer en Lanús, de iniciar el proceso para que la central reingrese al seno de la CGT de la que se fue hace casi 30 años es el hecho más importante del movimiento sindical argentino en mucho tiempo, y uno de los acontecimientos políticos más trascendentes de un año electoral, y por ende rico en acontecimientos importantes.

Se inicia un proceso cuyo final no será inmediato ni exento de rispideces, pero el paso anunciado ayer es gigantesco, y se debe en buena medida a la lucidez de la conducción de la CTA, comenzando por el propio Yasky, de lo mejor del sindicalismo argentino en las últimas décadas, por coherencia y trayectoria personal.

En que condiciones se producirá la reincorporación, y como ha de incidir en la futura elección de las autoridades de la CGT es algo que no podemos saber ahora, y que en definitivas les corresponde definir a los trabajadores, y a las organizaciones que los representan; pero el reingreso de los gremios que conforman la CTA (o una de ellas) al seno de la central histórica es, sin dudas, una muy buena noticia.

Se dice que los "gordos" que condujeron la CGT en estos años de macrismo (una conducción de triste memoria, entre las peores de una larga lista de dirigentes claudicantes) resistirían la incorporación, porque suponen (y suponen bien) que los gremios que hasta hoy revistan en la central conducida por Hugo Yasky sumarán fuerzas con los sectores más dinámicos del sindicalismo tradicional, representados por la Corriente Federal de los Trabajadores que conduce Sergio Palazzo, y del Frente Sindical Para el Modelo Nacional, de Hugo y Pablo Moyano.

De ser así, no sería sino la consecuencia en el plano sindical de los realineamientos que se vinieron dando en la política, en la oposición y en el peronismo, como consecuencia de la experiencia macrista; aunque para ser más precisos en el registro histórico, la decisión anunciada en el Congreso de ayer (que contó con la presencia de Alberto Fernández y Máximo Kirchner) es coherente con un proceso de unidad en la lucha y en la calle que se venía dando entre las fracciones más combativas del sindicalismo, que le dio sustento social y organizativo a la arquitectura electoral formada luego como "Frente de Todos", de la cual la candidatura de los Fernández es la expresión de síntesis.

Hemos dicho otras veces acá y lo reiteramos ahora, que las fracciones del movimiento obrero organizado y las organizaciones sociales opositoras a las políticas del macrismo fueron pioneras en el planteo de la necesidad de gestar una unidad opositora lo más amplia posible con expresión electoral, para ponerle punto final al nuevo experimento neoliberal ensayado en el país, por una intuición muy clara: se trataba de reemplazar un gobierno de los patrones, con un marcado sesgo de clase y contrario a los derechos de los trabajadores, por otro que los exprese y represente cabalmente.

De allí que la decisión del Congreso de la CTA, al par que un espaldarazo importante para el futuro gobierno, es también un mensaje claro: los trabajadores y sus organizaciones (en especial aquellas que confrontaron con el macrismo) van a acompañar, en tanto y en cuanto se honre el mandato popular contenido en las urnas de las PASO, y que seguramente se ratificará con contundencia en las elecciones generales del próximo 27.

Si alguno (en el sindicalismo, en la política y en el mundo empresarial) cree ver en este proceso de unidad sindical el intento de armar un sindicalismo manejado a control remoto por un eventual gobierno de AF, para que acepte ser el colchón que amortigüe los reclamos de los trabajadores en caso que deban resignar derechos sin contraprestación alguna en el marco del llamado al pacto social, está leyendo mal no solo la coyuntura, sino lo que pasó en el país estos últimos cuatro años, y sobre todo lo que viene a partir de diciembre. 

Desde que las PASO operaron como una virtual primera vuelta y colocaron a la fórmula del "Frente de Todos" a un paso de llegar al gobierno, los sectores del poder económico que hasta el día antes apoyaban sin reservas la reelección de Macri comenzaron con lo que Horacio Verbitsky llama "la educación presidencial": ejercer todo tipo de presiones sobre Alberto Fernández para que acepte cogobernar con Macri hasta el final del mandato compartiendo los costos del ajuste que juzgan imprescindible; y que lo continúe cuando esté formalmente en el poder, cambiando su hoja de ruta (que es lo que votó la mayoría del pueblo argentino), para reemplazarla por la de ellos, que consideran la única admisible.

No hay que confundir ciertos gestos de amabilidad de circunstancias (fruto más de la necesidad que del convencimiento, porque la pifiaron mal en sus opciones políticas), con una real predisposición a acordar políticas, cediendo a la lógica de sus puros intereses. Ojalá el tiempo nos desmienta, pero somos escépticos al respecto.

El futuro gobierno afrontará una pesadísima herencia en múltiples aspectos, y un contexto internacional desfavorable, en el que los trabajadores intentarán, con razón y justicia, recuperar el terreno perdido en los años macristas en materia de derechos, empleo y salarios. Pero bien saben ellos y sus organizaciones que no fueron los únicos afectados por la devastación macrista: a la par o peor están los jubilados, los beneficiarios de la AUH, los desocupados o empleados informales; que también esperan y merecen respuestas urgentes.

Pero si la política económica del futuro gobierno es la que debe ser para salir de la crisis, y toma medidas que impliquen descargar sus costos sobre los que más tienen y más se beneficiaron con ella, los cimbronazos y las resistencias serán fuertes; y allí el rol del movimiento obrero organizado será crucial, para darle al gobierno músculo social y organizativo, para sumarle a su legitimidad de origen fundada en los votos, y en la amplitud de los acuerdos que terminaron contorneando el "Frente de Todos".

Y en ese contexto, la decisión de la CTA conducida por Hugo Yasky de retornar al seno de la CGT es una excelente noticia, aunque ponga nerviosos a muchos, dentro y fuera del sindicalismo. En todo caso y como dice el cantito popular, "unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode". Tuits relacionados:

martes, 20 de febrero de 2018

CLARO, POR SUPUESTO



Claro que los que van a marchar mañana quieren que el gobierno fracase, chocolate por la noticia.

Quieren que el gobierno fracase en su propósito de ponerle un cepo a las paritarias, limitando los aumentos salariales a la “meta de inflación recalibrada” del 15 % en la que ya ni los funcionarios del propio gobierno creen, para usar al salario de los trabajadores como el único ancla contra una inflación desbocada, y consolidar la distribución regresiva del ingreso a la que venimos asistiendo desde diciembre del 2015.

Quieren que el gobierno fracase en su idea de imponer la flexibilización laboral recortándoles derechos a los trabajadores, sea reactivando el proyecto de reforma laboral que enviara al Congreso y que fue frizzado -justamente- por las masivas movilizaciones en contra de la reforma previsional, o tratando de imponerla en cada uno de lo convenios colectivos sectoriales, en el marco de las paritarias.

Quieren que el gobierno fracase en su ofensiva para seguir despidiendo a mansalva en el Estado, y haciendo la vista gorda ante los despidos del sector privado que se valen del ejemplo del propio gobierno como empleador; y conseguir así moderar los reclamos salariales de los trabajadores y sus organizaciones, con la amenaza latente del temor a perder sus puestos de trabajo.

Quieren que el gobierno fracase en su cronograma de tarifazos salvajes que saquean los ingresos de las familias, y asfixian a las pequeñas y medianas empresas subiendo sus costo de producción hasta niveles insostenibles.

Quieren que el gobierno fracase en la profundización de la “reforma previsional” que ya estrenó su nueva fórmula de ajuste de los haberes de los jubilados propinándoles una poda comparada con la ley anterior; y que desista de impulsar la vuelta de las AFJP y la jubilación privada con la excusa de la insustentabilidad del sistema previsional que ellos mismos están contribuyendo a vaciar, rebajando y eliminando aportes patronales.

Quieren que el gobierno fracase en su plan de desguazar el fondo de ANSES, vendiendo por monedas las acciones que tiene en empresas privadas, o embarcándolo en la timba de los negocios finacieros para beneficio de unos pocos vivos.

Quieren que el gobierno fracase en su política de endeudamiento desbocado, que condiciona el futuro económico del país por décadas, simplemente para financiar la bicicleta financiera y la fuga de capitales.

Quieren que el gobierno fracase en su obstinado propósito de firmar -a como de lugar- un acuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea, que pondrá en serio riesgo de desaparecer a nuestra industria, con la secuela inevitable de la pérdida de miles de puestos de trabajo.

Quieren que el gobierno fracase en su escalada de autoritarismo político, persecución a políticos y sindicalistas opositores, validación pública de las ejecuciones policiales y criminalización de la protesta social.

Quieren que el gobierno fracase en su política de vaciamiento del país y asalto del Estado para los negocios de los CEO’s del gabinete y de sus aportantes de campaña; y en su intento de hacernos retroceder en todo intento de desarrollo nacional autónomo e integrado, desmantelando YPF, Aerolíneas, ARSAT y el Conicet.

Quieren también que el gobierno fracase en su intento de profundizar la política de relaciones carnales, involucrando crecientemente al país en conflictos ajenos; y planteando la injerencia de las Fuerzas Armadas en la seguridad interior, como en los tiempos de la doctrina de la seguridad nacional.

Objetivos todos que claramente exceden a Moyano, a la CGT y al sindicalismo en su conjunto; aunque sean ellos los que en esta coyuntura obren como catalizadores de la oposición política y social al gobierno de Macri.

Porque si -por el contrario- “al gobierno le va bien”, ni al país ni a la mayoría de sus habitantes les irá bien; como se pudo comprobar sobradamente en estos 26 meses de mandato de Mauricio Macri.

sábado, 30 de abril de 2016

SOBRE LA MARCHA


Como decía ayer la tapa de "Página 12", Macri lo hizo: las políticas de su gobierno lograron que todas las centrales del atomizado espectro sindical confluyeran en un único acto; y que con la excusa del Día del Trabajador protagonizaran el segundo acto público masivo en contra de su gobierno. El primero fue la movilización que acompañó a Cristina a Comodoro Py, un par de semanas antes.

Acto en contra de su gobierno y de sus políticas, que están pegando de lleno en la línea de flotación de los trabajadores y los sectores populares; aunque algunos de los oradores se hayan ocupado en destacar que no era "en contra de" sino a favor de esos sectores, y aunque ese impacto se pueda sentir visiblemente desde el primer día de la gestión de Macri, y muchos de esos mismos dirigentes sindicales hayan elegido mirar para el costado, esperar los famosos "100 días", o minimizar los despidos porque eran en el Estado y de militantes k.

Ese es justamente el dato central de la jornada, que convierte a lo demás en anécdota: que el sindicalismo en su conjunto haya decidido movilizarse es también una muestra del modo en el que el gobierno de "Cambiemos" viene consumiendo capital político y social: muchos de esos mismos dirigentes sindicales esperaban encontrar hasta ayer si no un lugar al calorcito del sol macrista, al menos una "convivencia amable" para mantener privilegios, y asegurarse zonas exentas de la blitkrieg macrista, como las obras sociales.

Macri dio por tierra con todo eso, pese a haber estado con algunos de ellos mano a mano en un par de oportunidades, con promesas luego incumplidas. Algo parecido le ocurrió con los gobernadores del PJ, y de allí los números contundentes del Senado en la votación de la ley antidespidos.

Habrá quien quiera discutir si la movilización empujó la media sanción y el impulso del proyecto, o fue a la inversa. También se evaluará si el retorno de Cristina no reveló a los ojos de la dirigencia sindical que más allá del apoyo de los "propios" y convencidos, existe un estado de horfandad de representación de la opinión contraria al gobierno, que alguien debe apurarse a llenar.

Lo cierto es que el hecho estuvo, y no se puede ignorar ni minimizar. De hecho, los acompañamientos políticos de la marcha de los gremios (muchos de los que se movilizaron a Comodoroc Py lo hicieron ayer) marcan que los acontecimientos del país van marcando necesarias confluencias, incluso antes de que los dirigentes se decidan a exteriorizarlas. 

El acto de ayer es una muestra patente de aquéllo de "con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes": si bien la naturaleza profundamente oligárquica y reaccionaria del gobierno de Macri estuvo a la vista desde el primer minuto y las primeras medidas, es bueno que meses después así se lo perciba desde el conjunto del sindicalismo, y se obre en consecuencia. 

Por supuesto que -en tanto acto público- la movilización de ayer fue tan impactante por su número como porque dejó a la vista las precariedades que envuelven la realidad actual del sindicalismo, sobre todo en lo discursivo: lo de Caló fue especialmente limitado, y Moyano alternó buenas con malas; con un notorio esfuerzo por hacerle una que otra "caricia" al kirchnerismo (acordarse de Santa Cruz y olvidarse de las huelgas de los hospitales bonaerenses o los docentes universitarios de todo el país, por ejemplo); acaso en su línea tradicional desde la ruptura para acá, de exagerar la "independencia política" de la estructura sindical.

Que decir del patetismo del sindicalismo "blue" de Barrionuevo y Benegas: su bajada del acto hizo también más visibles los reales apoyos con los que cuenta Macri en el sindicalismo, tipos que no mueven gente ni para un fútbol cinco, con el reflejo maccartista siempre en la punta de la lengua (el gastronómico estuvo a un pelito de hablar de "infilitrados") y siempre dispuestos a gerenciar gremialmente los intereses patronales, cuando no a ser ellos mismos, los patrones. Otra costilla flaca de "Cambiemos" que ayer se pudo ver.

Y podrían agregarse más críticas, pero eso no ocultaría el dato central: esta es la dirigencia sindical que hay, al menos hasta que los propios trabajadores no decidan por sí mismos reemplazarla por otra, más representativa. Por eso del acto de ayer hay que detenerse en la calle, aunque algunos consideren importante el palco. 

El pliego de reclamos transmitidos ayer al gobierno no plantean novedades respecto a la agenda tradicional del sindicalismo, a salvo la brusca alteración del orden de prioridades: la defensa del empleo aparece ahora en indiscutible primer lugar, por imperio de las circunstancias. Otra vez: Macri lo hizo; y en apenas cuatro meses.

En la discusión que se viene en la Cámara de Diputados por el proyecto ya aprobado por el Senado (si se quiere, una versión más "light" de las que allí se cocinaban, pero más cerca de ser aprobada) se juntarán entonces los dos realineamientos políticos: el de buena parte de la oposición política (el "peronismo disidente" en sus distintas versiones", acaso el massismo aunque nunca hay que descartar piruetas de último momento del Kennedy de Nordelta) y del mundo sindical, de la "amigable expectativa" o la "convivencia civilizada", a una actitud mas abiertamente opositora hacia el gobierno. 

Le quedará al kirchnerismo y a Cristina el derecho a reclamar haber marcado esa actitud desde el comienzo, acorde con su caracterización inicial del gobierno de Macri. Pero no más que eso: haber dicho antes con todas las letras en presencia de que tipo de gobierno estamos no da derecho a eximirse de tender puentes más allá de los convencidos, buscando ampliar el polo opositor a las políticas del gobierno.

La recién estrenada conducción del PJ oficial (a diferencia de lo que ocurrió cuando el retorno de Cristina) sumó su apoyo explícito a la movida de la "columna vertebral", pero las organizaciones kirchneristas (incluyendo a los "movimientos sociales" del palo) le sumaron a esa movida más cuerpo y número, que los aparatos territoriales de ese mismo PJ. Las fronteras que a veces se quieren trazar se vuelven difusas cuando aprieta la necesidad, y es algo para celebrar; y a tener en cuenta para trazar la estrategia a futuro. 

Es difícil saber cuanto influirá la movilización de ayer en que el gobierno introduzca cambios en sus políticas; de hecho es casi seguro que Macri redoble la apuesta, vetando la ley anti-despidos y llevando el conflicto a otro nivel.

Tampoco puede adivinarse que continuidad tendrá en el tiempo la latente "unidad sindical en la acción": la gran mayoría de las paritarias están abiertas, y allí prevalece la lógica de cada organización gremial para pelear por lo suyo, más que las estrategias de conjunto.

Lo importante del acto en todo caso es que lo haya habido, no mucho más. Pero tampoco menos.

lunes, 7 de marzo de 2016

CAMBIO DE PLANES


Hace poco más de un mes atrás decíamos en ésta entrada: "El sindicalismo en todas sus vertientes y sellos organizativos se está enfrentando a otro universo distinto del que conocieron hasta hace poco, y que creyeron olvidado: de paros generales por Ganancias deberán adaptarse a defender con uñas y dientes puestos de trabajo, mientras dan la discusión en las paritarias atenazados por la inflación creciente, las presiones de las bases y las amenazas del gobierno (legitimando a su vez la que seguramente esgrimirán los empresarios) de imponer un "techo" de aumentos con la amenaza de despidos, o introducir criterios ajenos a la dinámica de la negociación colectiva hasta acá (productividad, metas de inflación)."

Pues, ese "universo paralelo" ya está entre nosotros. Ayer leíamos en Infobae: "La conflictividad laboral experimentó un pronunciado aumento en febrero, debido al incremento generalizado registrado en los paros, los despidos y las suspensiones" de personal indica un nuevo relevamiento de la consultora Tendencias Económicas. El informe mensual dio cuenta de que en el segundo mes de 2016 "los despidos sumaron 65.799 personas y superaron a los de un año atrás en 72 veces". En menor medida se multiplicaron en febrero las suspensiones de personal: sumaron 14.340 y superaron en 12,5 veces a las registradas en febrero de 2015. "Abarcaron a diversas actividades, como las terminales de automotores, siderúrgicas, textiles, petroleras y la construcción". Según el sondeo de la consultora de marras, el primer bimestre cerró con 107.719 cesantías, en contraste con apenas 1.432 de igual período del año anterior." (las negritas son nuestras)

Si bien el foco de atención mediático estuvo puesto en los despidos en el Estado, el mismo informe denota que por cada uno de ellos que se produjo, se verificaron seis en el sector privado; acotación necesaria pues hasta que se produjo el paro de 24 horas organizado a nivel nacional por ATE, las reacciones del sindicalismo "tradicional" ante el problema fueron tibias. 

Como si a ellos mismos no les tocara, y validando -en algunos casos de un modo brutalmente explícito, como Barrionuevo- que no cabían ni la solidaridad ni la acción gremial concreta, porque se trataba de "ñoquis" o "grasa militante" sobrante del kirchnerismo.

Con el mismo argumento se desacreditaron las movilizaciones populares (con fuerte predominio de las clases medias urbanas y menor presencia de trabajadores, es cierto) que se verificaron en distintos puntos del país reclamando por la derogación de la ley de medios o los despidos en el Estado nacional; en el marco de un claro operativo de depuración ideológica. 

La mayoría de los sindicalistas puso más energía (como en los últimos años) en la pelea por los fondos de las obras sociales y Ganancias, tema éste en el que buena parte de la dirigencia de las distintas CGT protagonizó un sonoro papelón yendo a hacer de claque de Macri a la Rosada a ciegas (convocadas porque se iban a hacer anuncios sobre el tema); para encontrarse cuando vieron la "letra chica" de las medidas con que los anuncios metían en los márgenes del impuesto, a más trabajadores de los que salían de él.

Para colmo, Macri en su discurso pareció alentar la discusión en el Congreso de la reforma integral de Ganancias, para ser desmentido al día siguiente por su propio Jefe de Gabinete, que ratificó que el gobierno no piensa plantear la discusión del tema hasta el año que viene. 

Y mientras el oficialismo y la oposición "porotean" legisladores de cara a la discusión legislativa del acuerdo con los fondos buitres, Moyano y los sindicatos hacen lo propio con el disminuido bloque sindical en el Congreso, para discutir Ganancias; como si nada pasara. Por el contrario, el SMATA de Pignanelli (parte del dispositivo oficialista hasta el 10 de diciembre) fue decisivo en la ruptura del bloque de diputados del FPV y la conformación de la escisión que comanda Diego Bossio, que será crucial para la suerte del proyecto buitre. Es como si también en ese caso -al igual que en el de la ley de medios o los despidos en el Estado- buena parte del sindicalismo supusiera que no se trata de "su" pelea. 

Así estaban las cosas al menos hasta la semana que pasó, en la que el propio Moyano tuvo que cambiar bruscamente de prioridad en su agenda, y comenzar a reclamar por la vuelta de la doble indemnización, o medidas legales efectivas para contener los despidos. No fuimos nosotros los únicos que advertimos que se vería forzado a hacerlo: de hecho, la primera que lo advirtió fue Cristina en su discurso de despedida, y en sus apariciones en las redes sociales desde que dejó el gobierno.

Pese a que durante los gobiernos kirchneristas crecieron los salarios, el empleo y la tasa de sindicalización (lo cual supone elementos objetivos de fortalecimiento de las organizaciones sindicales), la relación del kirchnerismo con el mundo sindical siempre fue compleja; a punto tal que nunca logró estabilizar una "pata sindical" firme de apoyo, más allá del acompañamiento táctico de Moyano hasta la segunda elección de Cristina.

Lo más parecido a eso que hubo estuvo representado por sectores gremiales más escindidos de la tradición sindical peronista y cercanos al progresismo y los movimientos sociales; como la CTA de Yasky.

Del mismo modo que con Moyano y el sindicalismo peronista los conflictos fueron de naturaleza política (básicamente una disputa por poder y liderazgos hacia el interior de la coalición oficialista) sin descartar cuestiones "de negocios", con el sindicalismo "afín" de raíz no peronista (o menos peronista) el kirchnerismo tendió puentes desde la política, más que desde lo estrictamente gremial: de hecho, la propia CTA de Yasky no obtuvo ni con Néstor ni con Cristina su reclamada personería gremial, por ejemplo.

Hoy la realidad es diferente no sólo porque el kirchnerismo no está en el poder (y en consecuencia no puede utilizar los medios que éste proporcionar para trazar acuerdos), sino porque el período está atravesado por las discusiones hacia el interior del peronismo sobre el rol que tiene que cumplir frente al gobierno de Macri; con una disputa interna por la conducción de lo que Moyano llamó en su momento "una cáscara vacía" (el PJ nacional), y con sectores del sindicalismo jugando fuerte en la interna; como el apuntado caso de Romero y el SMATA.

Al mismo tiempo y como lo dice el informe que da lugar a estas reflexiones, los despidos se multiplican tanto como para dejar en claro que no se trata de "daños colaterales" no deseados del programa económico en marcha, sino consecuencias previstas y necesarias de él, para lograr sus objetivos: sabido es que una tasa de desempleo en alza ayuda a forzar negociaciones salariales a la baja, y contribuye de ese modo a una estabilización a futuro con una fenomenal redistribución regresiva del ingreso, y mejora de la "productividad" entendida estrictamente como recomposición de la tasa de ganancias del capital. 

Una realidad lacerante en términos económicos y sociales, y al mismo tiempo un problema político de magnitud; el mayor -por lejos- que se le pueda presentar al sistema institucional, tanto visto desde la óptica del oficialismo, como la de la oposición.

Cuando todavía está por verificarse aquello de que en períodos de conflictividad social en alza el sindicalismo tiende a la unidad (por el contrario en condiciones de bonanza tendería a la atomización, como lo corroboran en parte los años kirchneristas), el panorama que se abre parece imponer un cambio de planes; tanto para el sindicalismo como para la oposición política, en especial la encarnada en el FPV/PJ.

Así como unos deberán dejar de lado sus demandas de "segunda generación" (como Ganancias) o por lo menos ponerlas en una perspectiva de conjunto ante cuestiones más acuciantes (como la defensa del empleo), los otros deberán demostrar capacidad de articular la oposición estrictamente política por los carriles institucionales, con la representación política del conflicto social que -todo indica- irá en ascenso.

Lo que supone necesariamente tener una política de construcción en común con el sindicalismo, o una estrategia que le permita tender puentes allí, más allá de las agachadas o claudicaciones de muchos dirigentes gremiales; porque en definitivas lo que está buscando (y necesitando) representación (política, sindical, ambas) en defensa de sus intereses objetivamente dañados en forma sistemática por las políticas del gobierno de Macri, son los trabajadores.

martes, 3 de mayo de 2011

LO MEJOR DEL 1º DE MAYO: HUGO + HUGO


La imponencia del acto de la CGT en la 9 de Julio el viernes 29, opacó la celebración del Día del Tabajador que organizara en el Luna Park el domingo 1º el sector de la CTA que encabeza Hugo Yasky.

Pero si esta otra celebración no alcanzó el tamaño de la demostración de fuerza de Moyano, tuvo en cambio aspectos sumamente destacables desde el costado político, como podemos leer acá.

Saludo de Cristina -al igual que el viernes-, presencia de funcionarios del gobierno nacional, concurrencia de Facundo Moyano y los muchachos de la Juventud Sindical, clarísimo discurso de Hugo Yasky; con plena conciencia de lo que en otros tiempos se solía llamar "las contradicciones secundarias y la contradicción principal".

Y no se trata de que nadie abdique de nada de lo que piensa, ni ceje en los reclamos de lo que cree legítimo; como es el caso de la personería gremial que pretende la CTA, o las divergencias que tienen frente a la CGT respecto al modelo de organización sindical.

Se trata -ni más ni menos- que de tener plena conciencia de la hora, de lo que se juega en la Argentina por estos días, de donde está el verdadero enemigo (como bien lo señaló Yasky en su dicurso) y del rol que los trabajadores tienen que jugar en el proceso. 

Mientras tanto, otros van al programa de Grondona, y están en otra cosa, como bien señala Baleno acá. (ojo, el afichecito lo retocó él, pero la idea original es de Michelli-De Genaro).