LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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lunes, 25 de mayo de 2026

TAREA PENDIENTE

 

Hace uno años atrás y a propósito de otro 25 de mayo, decíamos nosotros: "Si algo nos recuerda el aniversario de la instalación de lo que conocimos desde la escuela como "el primer gobierno patrio" es que eso, tener una patria y tener un gobierno propio, es una construcción permanente, nunca terminada. Tanto que aquellos primeros patriotas no tenían siquiera en claro si estaban haciendo o no eso: una patria; o para que querían gobierno propio. Y se tardaron seis largos y tumultuosos años de marchas y contramarchas, para completar aquel primer gesto de libertad, con la declaración de la independencia en Tucumán. En el camino quedaron muchos de aquellos precursores, divididos a su vez entre los que deseaban profundizar el proceso, y los que eran partidarios de ser más prudentes, o lisa y llanamente dar marcha atrás con el camino emprendido.".

"Tanto la patria, la casa común, como el gobierno propio, como expresión política de la independencia, fueron siempre y desde el principio, un territorio de disputa; no solo por definir si los hacíamos o no, sino cuando, como, con quiénes, para qué. Y esa misma disputa llega hasta nosotros, cuando debajo de los discursos de circunstancia por la efemérides de la dirigencia política, empresarial, sindical o social se pueden reconstruir las diferentes visiones sobre lo que significan esa patria y ese gobierno propio, para cada uno. Salvo que uno elija quedarse en el lugar de la evocación, sin intentar darle un significado en clave actual a aquel 25 de mayo de 1810.".

"Hablar del día de la patria, o de tener un gobierno propio, nuestro, es hoy hablar de nuestra sumisión a los dictado del FMI y el mundo de las finanzas porque nos endeudamos con ellos; y si a partir de allí nuestras políticas económicas las decidimos nosotros, o son pensadas en otros lares, para garantizar intereses que no son los nuestros. Es discutir si somos o no capaces de administrar por nosotros mismos nuestros ríos y nuestros recursos naturales, si somos dueños o no de tener una política de desarrollo nuclear, de investigación científica o de despliegue de satélites, sin sujeción a tutelajes extranjeros. Definir incluso si nuestra política exterior la decidimos nosotros, o la deciden otros por nosotros, y lo único que hacemos es seguidismo de sus directivas.".

"Como en 1810, tener patria y gobierno propio supone resolver las condiciones de nuestra integración en América Latina, como parte esencial de nuestro propio destino y partícipes de la construcción del destino común del continente; o simplemente como "patio trasero" de la potencia hegemónica, manejado desde instancias neocoloniales como la OEA. Pero tener patria y tener gobierno -como empezamos a decir un día como hoy, hace tantos años- también tiene una significación hacia adentro, hacia nosotros mismos: si es con todos o solo un privilegio de algunos, si es con los argentinos al timón, decidiendo por ellos mismos su rumbo y su destino; o como simples apéndices de un mercado global que decide hasta lo que comemos, o el precio al que lo pagamos.".

Pocos años después, la lacerante realidad nacional le dio a nuestras reflexiones de entonces, plena vigencia, y hasta es posible que resulten insuficientes para describir el proceso. Podría decirse que, en tanto Milei fue electo por el pueblo y su fuerza política ratificada en las pasadas elecciones legislativas (aun en un contexto de altísimo ausentismo electoral), tenemos "gobierno propio", es decir decidido -para bien o para mal- por los argentinos, o al menos una parte importante de ellos.

Sin embargo, como ha sucedido antes, la formalidad del hecho democrático (cada vez más vaciado de contenido sustancial) no basta para afirmarlo: es preciso que esa legitimidad de origen se trasunte en una de ejercicio, por virtud de la cual el gobierno conduce los destinos del país en un sentido compatible con su status político de nación soberana, que decide por sí misma su propio rumbo.

Y nada más lejos de eso en la Argentina estragada por el experimento libertario, cuyo gobierno afirma explícita y groseramente a diario su vocación colonial, y su subordinación incondicional a los dictados políticos no solo de la potencia hegemónica en la región, sino hasta del Estado de Israel, respondiendo exclusivamente a las volubles y cambiantes convicciones personales del presidente, más que a los intereses nacionales.

Puertas adentro y así como la idea del "gobierno propio" está en crisis, también lo está la noción de patria como proyecto compartido y destino común; no solo porque este gobierno está dejando a futuro un legado de tierra arrasada para las frutas generaciones (entregando las riquezas y los recursos del país, tanto como el futuro y las perspectivas de progreso de la mayoría de sus habitantes), sino también porque ya desde sus orígenes -con la motosierra que presidía la campaña electoral de Milei- ha entronizado la crueldad explícita y justificada sobre los más débiles, como política de Estado.

Pasamos así de aquellos tiempos en los que se decía -desde la máxima representación institucional de este Estado- que la Patria era el otro, a estos en los que el otro es -según le plazca al que gobierna- un elemento descartable indigno de consideración alguna, cuyos derechos pueden ser sacrificados sin remordimientos en el altar del dogma monetarista.

Y esa idea (contraria, reiteramos, a la noción sustancial de patria en su elemento humano y social) goza -lamentablemente- de un consenso social mucho más amplio del que podría esperarse, atento a su naturaleza perversa y cruel. Negar esa realidad evidente que podemos constatar a diario, sería un acto de necedad. 

El vaciamiento de sentido de la democracia y con él, el de la idea de un gobierno propio, nuestro, que conduzca nuestros destinos hacia donde deseemos y no hacia donde nos impongan, no es más que la consecuencia de esa fractura expuesta en el cuerpo social. Y ambos arrastran en su degradación a la afirmación de la independencia nacional, que hoy como lo era en 1810 es la consecuencia necesaria de la decisión de empezar a gobernarnos por nosotros mismos.

De allí que todo ello (el gobierno propio, la independencia nacional, la construcción democrática) sigan siendo una tarea pendiente hoy, como lo eran un día como hoy, hace 216 años. Y como decíamos antes, si existen dudas de que el pueblo -como entonces- siga o no queriendo saber de que se trata, "Y si, sumergido como está en las preocupaciones de la existencia cotidiana, parece que no quiere, hay que hacer que quiera, y que sepa de qué se trata. O quizás y para ser más precisos, hay que agudizar el oído todo lo que haga falta para escucharlo, y obrar en consecuencia.".

miércoles, 25 de mayo de 2022

EL SOL DEL 25

 

Si algo nos recuerda el aniversario de la instalación de lo que conocimos desde la escuela como "el primer gobierno patrio" es que eso, tener una patria y tener un gobierno propio, es una construcción permanente, nunca terminada. Tanto que aquellos primeros patriotas no tenían siquiera en claro si estaban haciendo o no eso: una patria; o para que querían gobierno propio.

Y se tardaron seis largos y tumultuosos años de marchas y contramarchas, para completar aquel primer gesto de libertad, con la declaración de la independencia en Tucumán. En el camino quedaron muchos de aquellos precursores, divididos a su vez entre los que deseaban profundizar el proceso, y los que eran partidarios de ser más prudentes, o lisa y llanamente dar marcha atrás con el camino emprendido.

Tanto la patria, la casa común, como el gobierno propio, como expresión política de la independencia, fueron siempre y desde el principio, un territorio de disputa; no solo por definir si los hacíamos o no, sino cuando, como, con quiénes, para qué.

Y esa misma disputa llega hasta nosotros, cuando debajo de los discursos de circunstancia por la efemérides de la dirigencia política, empresarial, sindical o social se pueden reconstruir las diferentes visiones sobre lo que significan esa patria y ese gobierno propio, para cada uno. Salvo que uno elija quedarse en el lugar de la evocación, sin intentar darle un significado en clave actual a aquel 25 de mayo de 1810.

Hablar del día de la patria, o de tener un gobierno propio, nuestro, es hoy hablar de nuestra sumisión a los dictado del FMI y el mundo de las finanzas porque nos endeudamos con ellos; y si a partir de allí nuestras políticas económicas las decidimos nosotros, o son pensadas en otros lares, para garantizar intereses que no son los nuestros. 

Es discutir si somos o no capaces de administrar por nosotros mismos nuestros ríos y nuestros recursos naturales, si somos dueños o no de tener una política de desarrollo nuclear, de investigación científica o de despliegue de satélites, sin sujeción a tutelajes extranjeros. Definir incluso si nuestra política exterior la decidimos nosotros, o la deciden otros por nosotros, y lo único que hacemos es seguidismo de sus directivas.

Como en 1810, tener patria y gobierno propio supone resolver las condiciones de nuestra integración en América Latina, como parte esencial de nuestro propio destino y partícipes de la construcción del destino común del continente; o simplemente como "patio trasero" de la potencia hegemónica, manejado desde instancias neocoloniales como la OEA.

Pero tener patria y tener gobierno -como empezamos a decir un día como hoy, hace 112 años- también tiene una significación hacia adentro, hacia nosotros mismos: si es con todos o solo un privilegio de algunos, si es con los argentinos al timón, decidiendo por ellos mismos su rumbo y su destino; o como simples apéndices de un mercado global que decide hasta lo que comemos, o el precio al que lo pagamos.

Hoy como aquel 25 de mayo de 1810, el pueblo quiere saber de que se trata. Y si, sumergido como está en las preocupaciones de la existencia cotidiana, parece que no quiere, hay que hacer que quiera, y que sepa de qué se trata. O quizás y para ser más precisos, hay que agudizar el oído todo lo que haga falta para escucharlo, y obrar en consecuencia.

domingo, 26 de mayo de 2019

LA PATRIA Y LOS OTROS


Creemos no equivocarnos si decimos que ayer dio toda la sensación de que el verdadero festejo por el 25 de Mayo estuvo en Merlo, en el acto de lanzamiento de la fórmula que componen Alberto Fernández y Cristina, más que en el desvaído Te Deum de la catedral porteña por la mañana. Y no es simplemente porque en Merlo estuvo el calor popular que brilló por su ausencia en el acto oficial, sino por algo más, que se puede sentir en las tripas más que explicarlo con palabras: ayer recordamos que tuvimos patria, y sentimos que podemos volver a tenerla.

En el aniversario de la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, y a 9 años de aquel Bicentenario inolvidable (que Cristina recordó emocionada como su último momento de profunda felicidad), se generó un arco entre el nacimiento del kirchnerismo, y el futuro inmediato del país; que se dirime este año en elecciones cruciales.

El contexto es difícil, tanto como el de aquel 2003, y acaso más; pero es justamente el recuerdo de lo que empezó entonces -como lo recalcaba Alberto Fernández en su discurso- lo que espolea la esperanza, en este presente amargo. La esperanza en la existencia de una alternativa para salir de la crisis, y volver a festejar el Día de la Patria sintiendo que ella, la Patria, nos incluye, nos cuida, nos cobija y no nos expulsa, ni nos deja librados a nuestra suerte.

Por contraste, la apabullante soledad custodiada de Macri y su gobierno en una Plaza de Mayo vacía por la mañana, nos dejaba a las claras que este gobierno no despierta en realidad adhesiones profundas por lo que hace, y hace rato ya que no genera esperanza por lo que podría hacer.    

Y no se trata de que no exista un "macrismo social" en el que pivotea el experimento neoliberal que depreda al país desde 2015, o que no haya un importante sector de la sociedad que comparta el núcleo duro de los valores y las ideas que son la matriz del actual gobierno, sino de otra cosa. En lo que posiblemente sea (para nosotros, cada vez más convencidos de que es así) su último 25 de Mayo como presidente Macri estuvo solo, sin contacto con el pueblo que gobierna, en una plaza vallada, y ni siquiera rodeado de los que lo apoyan, en la ciudad que gobernó ocho años, y lo proyectó a la presidencia. Pasó a días de haber intentado generar una mística del ajuste, con la plataforma virtual de los "defensores del cambio".

La soledad de Macri y el vacío de la Plaza militarizada son datos potentes, que no se explican simplemente porque la derecha no gana la calle, ni moviliza multitudes ni pone micros para llegar a los actos, o no regala choripanes, según la vulgata gorila instalada: nada impedía que los "ciudadanos de a pie" (como les gusta definirse) se sintieran convocados por sí mismos a tomar una bandera, y acercarse a la Plaza a saludar a su presidente, el del gobierno que ellos eligieron. Pero no pasó. Y eso es, en buena medida, porque más que adherir a éste gobierno, odian al anterior; y del actual solo esperan lo que ya consiguieron: que impidiera la prolongación de la permanencia del "populismo" en el poder. Para peor, ha entrado en crisis el "No vuelven más".

Eso, sin contar con los perdurables efectos de una pedagogía política autodenigratoria, que antecede al actual gobierno, pero de la cual Macri y sus funcionarios son cultores decididos: ese discurso que baja desde el poder diciéndonos todo el tiempo que somos incorregibles, incurables, condenados al fracaso, incapaces de llegar a donde otros han llegado, malacostumbrados a vivir por encima de nuestras posibilidades; sin estar dispuestos a hacer el esfuerzo necesario. Sí, justo ellos dicen eso, así son. Y si uno cree eso, es lógico que no sienta ganas de festejar nada en el Día de la Patria, cuando no se siente parte de ella, como si fuera un exiliado, en su propio país.

En Macri y los de su clase, esa ajenidad es comprensible: no creen en la patria (tanto que no juró por ella al asumir), porque no es algo que se pueda escriturar como una propiedad; y porque es una zona de riesgo en la que no queda más remedio que vivir, poniendo a buen  resguardo en otras patrias (más que nada, paraísos fiscales) sus más preciadas posesiones. Aun cuando se comporten como los dueños del país, carecen de ese vínculo emotivo y movilizador que une a un hombre con la tierra en la que ha nacido, y en la que aspira a vivir hasta el final de sus días; y con la gente que la habita.

Pero la pintura de las imágenes del Día de la Patria no sería completa si no dijéramos que hubo otros, muchos, millones, que no estuvieron ni en la Plaza por la mañana, ni en Merlo por la tarde; y tampoco tuvieron ganas de seguir alguno de los dos actos por la tele o las redes sociales; agobiados como están por el peso de una realidad que lastima y preocupa.

Es seguro que entre esos muchos hay quienes han votado a Macri, y hoy están desencantados, y sienten que la crisis que generó el gobierno en el que creyeron se los lleva puestos, sin distinguir colores políticos. Sobre ellos y todos los compatriotas que la están pasando mal reflexionaba ayer Alberto Fernández a modo de cierre de su discurso, convocando a convencerlos, sobre la base de un idea sencilla pero potente: si pudimos sacar al país adelante una vez, podemos hacerlo de nuevo. 

Sin desconocer las enormes dificultades que se presentan, pero con la confianza de haberlo hecho, y la esperanza que genera Cristina y todo lo que ella representa. Se abre una etapa decisiva que requiere de nuestro compromiso militante`para hacer realidad lo que ella misma decía, justamente en aquellos días felices del Bicentenario: la Patria es el otro. Con la sencillez y la enorme profundidad de esa consigna movilizadora del peronismo, desde siempre: construir la grandeza de la Patria, y la felicidad del pueblo; porque para nosotros una cosa no se concibe sin la otra, y carece de sentido.  

viernes, 25 de mayo de 2018

AL LLAMADO DE LA PATRIA


"Rechazamos los acuerdos de Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional, su modelo de dependencia política y económica con las grandes potencias extranjeras que están reeditando en nuestro continente, un plan sistemático que sólo ofrece a las mayorías populares un destino de miseria planificada. Rechazamos el endeudamiento externo que significa una cadena de dependencia sobre nuestro pueblo.

Rechazamos los acuerdos de libre mercado que Mauricio Macri y los gerentes corporativos que gobiernan la Argentina andan mendigando por Estados Unidos y Europa. Rechazamos la apertura irrestricta de las importaciones, el fomento de la concentración económica en un puñado de multinacionales y la matriz especulativa con la que intentan destrozar el aparato productivo e industrial para direccionar los beneficios económicos a los que especulan en la city porteña.

Rechazamos el salvaje tarifazo impuesto sobre los servicios públicos esenciales, que condena la producción nacional y obliga a nuestro pueblo a decidir entre pagar una factura o poner un plato de comida sobre la mesa.

Rechazamos la reforma laboral con la que sigue amenazando el gobierno en el Congreso.

Rechazamos el ajuste sobre el salario real por el camino de una devaluación especulativa y los topes paritarios. Rechazamos el proceso de flexibilización laboral iniciado al hacer crecer los niveles de desocupación, por mentirosos que sean los índices que nos ofrecen. La desocupación es un crimen.

Rechazamos la reforma previsional que ha licuado los ingresos de jubilados y pensionados, que inicia una privatización encubierta del sistema previsional argentino. Rechazamos las medidas tomadas por este gobierno para meter mano en el Fondo de Garantías del Anses y especular con la plata de las trabajadoras y trabajadores.

Rechazamos el ajuste brutal sobre los programas de empleo, la eliminación de los programas de vivienda, la destrucción del modelo cooperativo como herramienta de organización económica del trabajo, el recorte de los ingresos populares garantizados por el derecho conferido en la Asignación Universal por Hijo.

Rechazamos el desfinanciamiento educativo, el disciplinamiento del salario docente, el ataque a sus organizaciones gremiales y la persecución a la organización estudiantil.

Rechazamos el discurso negacionista del gobierno y su intento de imponer nuevamente la teoría de los dos demonios.

Rechazamos la radicalización de la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad y la aplicación de la "doctrina Chocobar" ".

El documento completo, acá.

miércoles, 25 de mayo de 2016

BICENTENARIOS



El video de apertura corresponde a la síntesis que hizo en su momento la TV pública sobre los festejos del bicentenario, en mayo del 2010. Pasaron 6 años y parece tan lejano como aquél 25 de mayo de 1810.

Por entonces el pueblo ganó las calles para festejar y festejarse, y no es porque estuviéramos en un lecho de rosas: era plena "época de la crispación", en la que "se agigantaba la grieta"; y antes de los festejos populares habían pasado el conflicto del campo, la disputa por la ley de medios, el culebrón de Redrado y las reservas y por entonces el "grupo A" controlaba el Congreso; y desde allí intentaba torpedear la gestión de Cristina.

Y sin embargo se festejó, con alegría y con sentido de pertenencia, con alegría por el presente que se vivía, y con esperanza en el futuro; que se avizoraba promisorio. Era el festejo de los incluidos, que sentían suyo a un país que los dignificaba, y les reconocía derechos, y -sobre todo- un lugar en su construcción.

Por supuesto que también entonces estuvieron las caras de culo de siempre, de los que se enojan cuando el pueblo gana las calles; como se enojaron en el 45' y como se enojaron antes, en 1810; cuando quiso "saber de que se trataba". Los que en medio de la inmensa algarabía popular solo veían un "caos en el tránsito".

El contraste con éste 25 de mayo -incluso con el del año pasado, sin ir más lejos- en plena "revolución de la alegría" no puede ser más grande, y nada indica que se modifique de acá al 9 de julio cuando se conmemore el bicentenario de la independencia: si hasta el propio Macri pateó la promesa de la luz al final del túnel del ajuste, desde el segundo semestre para dentro de un año.

Por muchas veces dicho no es menos cierto: en el primer centenario de mayo la oligarquía se celebraba a sí misma y la consagración de la factoría colonial próspera y feliz, que era la negación misma del sueño libertario de mayo.

Claro que no todos estaban invitados al festejo: también se ha dicho hasta el cansancio que las celebraciones transcurrieron con ley de residencia, estado de sitio, represión de las nacientes protestas sindicales y presos políticos.

Hoy no se percibe en el semblante social la llegada de la prometida "revolución de la alegría"; y no se trata ya de que no estemos contentos nosotros, que perdimos las elecciones: es difícil encontrar rostros felices entre los que votaron al que ganó.

Se los ve sin muchas ganas de festejos patrios, con gesto ceñudo, enojados con la realidad y con la protesta, acaso decepcionados de "su" gobierno, o quejosos por "la pesada herencia recibida". O todo eso junto.

Y este 25 de mayo transcurre con protocolo de la protesta social (aplicado ayer nomás a los estatales mendocinos), veto a la ley anti-despidos en medio de una ola de despidos y suspensiones,  Milagro Sala presa política y el presidente "encapsulado" en auditorios seleccionados por temor a que lo puteen: las semejanzas con los fastos de la oligarquía no son sino la consecuencia natural de proyectos políticos que excluyen a las grandes mayorías, que son las que siempre protagonizan la alegría expansiva en el espacio público.

De hecho, para encontrar una expresión multitudinaria de júbilo popular (mezclado con un dejo de nostalgia) hay que remontarse a la despedida del pueblo en la plaza a Cristina, el 9 de diciembre del año pasado. De allí para acá cada vez que multitudes de argentinos ganaron las calles fue para protestar contra el gobierno de Macri: en la conmemoración de los 40 años del golpe, en las marchas por los despidos en el Estado o a favor de la ley de medios, en las protestas por los recortes al presupuesto universitario y educativo o en la convocatoria de las centrales sindicales para impulsar la ley que Macri terminó vetando. 

Tal como se dijo hace poco acá, no hubo "plazas macristas", ni las habrá hoy, para rodear al presidente CEO (al fin y al cabo puesto allí por los votos) de algo de calor popular. Es posible que -como decíamos en la otra entrada- se trate de una nueva sensibilidad política, a la que no le interesa expresarse en el espacio público.

Sin negarlo, creemos que la razón es más profunda: no hay festejos masivos, porque dejando de lado (para algunos) el final del kirchnerismo (el hecho maldito de la transición democrática), no hay nada más que festejar. A diferencia de hace seis años y -nos animamos a decir- hasta de hace 6 meses, muchos argentinos -entre ellos, muchos votantes del propio Macri- sienten que éste país ("su" país) no los incluye, ni les da motivo para el optimismo o la esperanza.

El contexto de éste 25 nos recuerda que -tal como lo era en 1810, cuando se daba el primer paso hacia su construcción- un país es un lienzo en blanco, un boceto que siempre se comienza una y otra vez, un proyecto de construcción colectiva donde nada está garantizado desde el principio, y todos los finales son posibles. Y vaya si los argentinos hemos aprendido eso, desde 1810 para acá.

Pero para festejar y festejarnos tenemos que tener voluntad de ser, por nosotros mismos y parados sobre nuestros propios pies, eso que había hace 6 años y hace 6 meses, y que hoy claramente está faltando, como faltaba en el primer centenario; de allí los parecidos.

Mientras muchos seguimos queriendo "saber de que se trata", lo que intuimos no nos gusta, porque no nos incluye y -sobre todo- porque no estamos invitados a participar de la gestación de ese "que", que deciden otros, por nosotros, en otros lugares.

Pero por difíciles que parezcan los tiempos -como lo eran en 1810- todo está por delante, y todo puede pasar. De nosotros depende, también.