LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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lunes, 21 de septiembre de 2015

ACLARANDO LO OBVIO


"Distinta, por el contrario, es la cuestión relativa al efecto que en la sentencia impugnada se le atribuye a todas y cada una de esas irregularidades, desde el punto de vista de la validez de la voluntad popular expresada en los comicios de marras. En este aspecto queda carente de sustento, y por ende es descalificable por dogmática, la aseveración de que la sola existencia de tales anomalías se traduce sin más en la falta de libertad genuina de un sector del electorado provincial, el cual -por cierto- no se identifica con un mínimo de precisión. 

Sin caer en el extremo de negar ni relativizar la gravedad que ese tipo de actos contrarios a la ley, máxime ante la importancia de los valores en juego, no es posible, empero, soslayar, por un lado, la decisión de aquellos votantes que no se prestan ni participan de tal irregularidad ni, por el otro -y lo que es más decisivo todavía- la circunstancia incontrastable de que del clientelismo no se sigue inexorablemente la falta de autonomía de los electores involucrados, quienes al ingresar solos al cuarto oscuro quedan fuera del alcance de toda injerencia extraña. 

De allí, entonces, que además de carecer de la necesaria universalidad que debería presentar un argumento sobre el que se funda una medida, como la de autos, que afecta a todo el electorado, ante la ausencia de elementos demostrativos o -cuanto menos indiciarios de que no se ha garantizado el ejercicio pleno de la libertad de elección dentro de los sendos recintos habilitados a ese efecto (como sería, verbigracia, la prueba del denominado “voto cadena”, de la presencia dentro del cuarto oscuro de terceros o, en fin, de otros artilugios que aseguren una coacción eficaz, compeliendo al elector a terminar votando por una determinada opción partidaria en contra de su voluntad), el razonamiento de la sentencia importa avanzar indebidamente sobre la conciencia misma de las personas que participaron del comicio. 

Los motivos que llevan a un elector a votar en tal o cual sentido son de la más variada índole (política, afectiva, económica, religiosa, etc), y podrá compartírselos o no, pero ello no autoriza a ninguna autoridad estatal a inmiscuirse en el ámbito interno de las personas, juzgando la conciencia de cada ciudadano (cfr. arg. art. 19 de la Constitución Nacional), pues en tal caso se corre el riesgo de que termine sustituyéndose la voluntad de la persona por la del juzgador, lo que aquella realmente quiso por lo que éste considera debería querer.

En cuanto a las prácticas clientelares, no se puede menos que manifestar el absoluto repudio hacia esta tergiversación de la actividad política bien entendida, debe ser perseguida y sus autores mediatos e inmediatos sometidos a proceso penal conforme a las leyes específicas. 

Sin embargo no se la ha cuantificado en términos de incidencia real y concreta sobre el resultado electoral; circunstancia que impide que sea utilizada como argumento para anular la totalidad de las voluntades expresadas por los sufragantes en las elecciones generales realizadas. Desde otra perspectiva para estas situaciones el Código Electoral Nacional contiene previsiones tendientes a preservar la autonomía y libertad del elector y entre ellas se destaca la de emisión del voto en el cuarto oscuro, donde el ciudadano puede emitirlo en la intimidad de su conciencia y mediando las consideraciones ya sean personales, familiares, políticas o de cualquier otra índole que cada persona en su más íntima libertad, considere convenientes para elegir su representación política. 

El elector es soberano en ese acto que es el momento original y fundante de la democracia, sin que ninguna organización, estructura social, política o de gobierno pueda juzgar de forma valiosa o disvaliosa el voto que voluntariamente ha emitido ni las razones que ha tenido para hacerlo en uno u otro sentido. En relación a la enumeración que realiza la sentencia de las mismas, no surge ninguna acreditada de manera fehaciente que permita al Tribunal afirmar que se ha probado la afectación de la conciencia y libertad de los electores como para justificar sin más la ilegitimidad del sufragio, ni tampoco por extensión su anulación total. 

Resulta dirimente el hecho comprobado que la Junta Electoral Provincial ha escrutado de manera definitiva el total de las mesas y la cantidad de mesas anuladas, controvertidas o discutidas, descarta sospechas sobre la ilegitimidad de los comicios, más cuando el frente demandante y los demás partidos políticos adheridos a él han tenido un activa participación en el escrutinio definitivo, lo que implica una permanente tarea de fiscalización del Frente accionante durante el escrutinio referido, que no puede pretender desconocer."

(Extraído del fallo de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán que dejó sin efecto la anulación de las elecciones, y manda a proclamar a los electos. Las negritas son nuestras)

jueves, 17 de septiembre de 2015

SIGUIENDO A PIE JUNTILLAS EL MANUAL DE LOS GOLPES BLANDOS


Por más que uno haga el esfuerzo para no caer en las teorías conspirativas para explicar la realidad, estos tipos no te dejan, porque se la pasan conspirando; y no descansan. Ya lo decíamos acá hace poco comentando a Morales Solá: no les preocupa el fraude, les preocupa pudrirla, y mal. 

Pasándose a nado la voluntad popular de un millón de tucumanos, unos jueces impresentables -e incompetentes- deciden por sí y ante sí que la elección no vale (porque no les gustó el resultado), y hay que votar de nuevo. Y a ver si aprenden como se hace, negros cabeza manipulados por el populismo.

"Histórico" dice la tapa de Clarín, y en un punto es cierto: salvo que algún memorioso recuerde otro dato más cercano, hay que remontarse al triunfo de Framini en la provincia de Buenos Aires en 1962 para recordar otro caso en que se anulara una elección entera, de la magnitud de una provincia que renovaba todas sus autoridades.

En aquél entonces, porque el peronismo proscripto había burlado el "cepo" político impuesto por estos mismos que ahora se rasgan las vestiduras reclamando por el presunto fraude, y se imponía en la provincia más grande del país.

53 años después, vuelven a anular una elección que también ganó el peronismo, y nada menos que un 16 de septiembre: cuesta  creer que sea casual, y no estén en realidad mandando un mensaje, de cara a lo que viene en el Chaco el domingo, y en todo el país el 25 de octubre: ojo como votan, porque si no nos gusta, les podemos aplicar un "correctivo". 

Tanto como cuesta creer que sea casual la mención de los camaristas tucumanos en su fallo como probanza del fraude, a las denuncias del programa de Lanata: tal como lo señala acá Aldo Jarma en su blog, en el caso tucumano afloró a plena luz del día la alianza de medios, políticos opositores, agrogarcas y jueces conservadores; refractarios a todo lo que huela a peronismo y aledaños.  

Ronda todo esto la meneada cuestión del "clientelismo", que rezuma por donde se lo vea clasismo, estigmatización de los sectores populares, reclamo velado de voto calificado o censitario y padrinazgo ideológico del dilema sarmiento de "civilización y barbarie": del baúl de los argumentos del debate político, sin dudas han echado mano a los peores.

Y una cuestión -la del famoso "clientelismo"- absolutamente incomprobable en términos jurídicos, con el grado de certeza plena que requiere un proceso judicial, nada menos que para fulminar con nulidad una elección, por fraudulenta.

¿O acaso alguien puede explicar como se comprueba que una determinada persona pensaba votar por el candidato "A" pero en realidad" lo hizo por el "B", porque éste último le entregó dinero, un bolsón de comida o lo amenazó con "quitarle un plan social"?

Aunque el sujeto "clientelizado" en cuestión se presentara y declarara ante un juez que eso pasó, ¿como identificar su voto dentro de la urna, no es acaso para eso que el voto es secreto desde 1912?

Ayer festejaron el fallo en la plaza Independencia en Tucumán con un tractorazo de la Sociedad Rural, activa promotora del golpe institucional, acorde a su nefasta trayectoria histórica: ¿por qué tenemos que creer que la gente humilde vota como le indica el puntero, y no como le manda el patrón?

El razonamiento que subyace a todo esto es tan absurdo, que no hay otra conclusión posible: nos quieren tomar por pelotudos.

Hace poco menos de un mes Baleno señalaba en ésta entrada el despliegue de las diferentes etapas de lo que se llaman los "golpes blandos", que se vienen dando de un tiempo a ésta parte en toda la región: causa escalofrío ver como esta entente de medios, jueces y políticos opositores parece dispuesta a seguir a pie juntillas el manual.

Antes del fallo de ayer y a propósito de la absurda cautelar de estos mismos jueces que ahora ordenaron anular la elección y volver a votar, decíamos nosotros que el activismo político del partido judicial había ido escalando: "...desde el cuestionamiento a decisiones puntuales del Poder Ejecutivo o el Congreso (la famosa "justicia cautelar", que ha vuelto a funcionar en el caso tucumano), para ir contra el corazón mismo del sistema democrático: las elecciones y sus resultados.

Y no precisamente en éste caso para aventar el fraude, sino tomando partido abiertamente en la disputa política; poniendo -como se dijo- en riesgo a las instituciones. Pareciera que los jueces tucumanos quisieran seguir agregando nafta a un fuego que empezaba a menguar, para generar una situación de conflicto institucional, político y social de imprevisibles derivaciones."

Hoy con el fallo a la vista y la perentoriedad de los plazos procesales -debería resolverse el entuerto antes del 29 de octubre, fecha de asunción de las nuevas autoridades electas- el riesgo es cierto, concreto y grave: quieren forzar una situación de caos intitucional que obligue al gobierno nacional a intervenir la provincia y pagar el costo político por hacerlo; o que ponga en las manos de Lorenzetti y los cortesanos nacionales la llave para resolver la cuestión.

Y hablando de ellos, tal como lo señala el mismo Jarma y amplía acá Oscar Cuervo en su blog, cuesta creer que los insólitos jueces tucumanos no hayan tenido al menos un guiño desde lo más alto del partido judicial para fallar como fallaron, sabiendo las consecuencias que su fallo provocaba.

Entre ellas, la intervención -más tarde o más temprano- de una Corte reducida a su mínima expresión de funcionamiento, con un juez senil renunciado justo ahora, cuando nadie lo esperaba y él mismo se había resistido públicamente a hacerlo hasta hace pocos días. Otro hecho que -en éste contexto- cuesta creer que sea casual.

¿Será la firma con "la mano muerta" en un fallo sobre la elección tucumana el postrer servicio del doctor Fayt a la causa de la república y las instituciones, sabedor además que su desvinculación del cargo por habérsele aceptado la renuncia lo pone a salvo de cualquier responsabilidad ulterior?

La gravedad del caso tucumano viene dada porque además de las consecuencias institucionales ya preocupantes que tiene en la provincia, se trata de un gigantesco globo de ensayo para las elecciones nacionales de octubre; y ha quedado revelado que el mecanismo está bien aceitado: medios que ponen todos sus fierros a disposición, jueces inescrupulosos prestos a meter cuchara en la disputa política y -acaso esto sea lo peor- una oposición impresentable que sacó definitivamente los pies del plato democrático; y que por eso no merece el más mínimo respeto.

La política y las elecciones, y -yendo más allá- todas las cuestiones pendientes en el país son algo demasiado serio como para discutirlo con gente que ha demostrado que no es capaz de respetar el principio elemental de la democracia, que es el respeto de la voluntad popular.

jueves, 10 de septiembre de 2015

FIDELIDAD A LA TRADICIÓN PARTIDARIA


Se van del gobierno antes de finalizar los mandatos, como les pasó en 1989 y 2001.

Se van del Congreso antes de que se discutan las leyes, como pasó con la ley de medios, el voto joven o el nuevo Código Civil y Comercial.

Mirá si no se van a retirar antes de un escrutinio definitivo.

Simplemente se trata de ser fieles a una línea de conducta.

Que justo sea cuando Manzur pasó al frente en el cómputo definitivo, sería pura casualidad.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

TUCUMÁN, O EL GOBIERNO DE LOS JUECES


Probablemente como el tema iba perdiendo actualidad en los medios, no se dimensione debidamente la gravedad del bochornoso fallo de ayer de un tribunal tucumano, ordenando a la justicia electoral no proclamar los resultados y ganadores de las elecciones provinciales del pasado 23 de agosto.

Un fallo absolutamente impresentable desde el punto de vista jurídico, y peligrosísimo desde el punto de vista político, e institucional: baste señalar que el próximo 29 de octubre deberían asumir las autoridades electas, y como vemos en la nota correspondiente de Clarín, desde la oposición tucumana se habla con desaprensiva ligereza golpista (no se nos ocurre otro calificativo más apropiado) de aplicar la ley de sucesión.

El fallo es un completo mamarracho, comenzando por la competencia del tribunal que lo dicta: si hay un fuero que tiene exclusividad por su especialidad en cuestiones de derecho público, es el electoral; y es precisamente la justicia electoral tucumana la que está llevando adelante el escrutinio definitivo de la elección, en forma pública y con la participación de todas las fuerzas políticas que participaron del comicio.

Ese mismo tribunal electoral integrado a pedido de la oposición (que solicitó antes de las elecciones reemplazar miembros, y así se hizo), que antes lo consideraba independiente y -a la vista de los resultados- pasó a considerarlo cómplice del fraude.

Y en ese marco la oposición pudo (y podrá seguir hasta el final del escrutinio) plantear todas y cada uno de sus cuestionamientos contra la regularidad de la elección; por lo que resulta absurdo suponer que puede haber un "fondo de la cuestión" (la validez o no de la elección) que deba ventilarse en otro ámbito que no sea la propia justicia electoral.

Cano sabe que perdió, y lo sabe desde el mismo día de la elección; y no está buscando -aunque así lo diga- ni la anulación de los comicios, ni que se vuelva a votar: a estas alturas es un títere de fuerzas que lo controlan, y que están muy por encima del resultado tucumano; que por lo demás va rumbo inexorablemente a que el escrutinio definitivo confirme el triunfo del FPV, incluso eventualmente por cifras aun mayores que las que arrojaba el provisorio.

La propia nota de Clarín (que sugestivamente tuvo la "primicia" del fallo) nos da la clave de todo el asunto: "Esta situación es beneficiosa para la oposición, que puede seguir esgrimiendo el tema del fraude en Tucumán como tema de campaña. Mientras que afecta directamente en el corazón del Frente para la Victoria y su candidato a presidente Daniel Scioli, que esperaba que el tema desapareciera de las noticias.".

Lo que importa es sostener la sospecha/certeza de que hubo fraude en Tucumán, como parte de una operación política más amplia, que tiende a deslegitimar de antemano un probable triunfo electoral del FPV en las elecciones nacionales de octubre. 

Ya bastante grave en sí es el comportamiento de una oposición flojita de papeles democráticos (incluyendo a la eternamente despistada izquierda argentina) que cuando no le gusta el resultado del partido se lleva la pelota y listo, no se juega más; como para que también se sumen a la movida jueces desaprensivos que ponen en riesgo con sus fallos la esencia misma de la democracia, y la estabilidad institucional.

No es la primera vez: acá podemos ver el fallo que en su momento dictara la mismísima Corte suprema de Justicia de la nación ordenando suspender las elecciones en Santiago del Estero, pasándose a nado su propia jurisprudencia sobre la resolución de los conflictos de poderes provinciales en el marco de la autonomía propia del régimen federal.

Ni tampoco la única: hace poco señalábamos acá la desembozada incursión en política de los miembros de la Cámara Nacional Electoral, con olvido de su rol específico que es controlar la regularidad de los comicios.

Es evidente que en el Poder Judicial (poder corporativo y no democrático, si los hay en la democracia) se ha hecho carne la doctrina explicitada por Lorenzetti (que por supuesto no la inventó); que le asigna a los jueces el rol de "contra-poder mayoritario" para ponerle freno a los "excesos" de los poderes políticos electivos.

Un rol que no surge ni de la letra ni del espíritu de nuestra Constitución, pero que los jueces se han otorgado a sí mismos; sin que mucho se pueda hacer al respecto (o sí: por lo menos no validarlo desde la política judicializando todo); y en el marco del cual han ido escalando, desde el cuestionamiento a decisiones puntuales del Poder Ejecutivo o el Congreso (la famosa "justicia cautelar", que ha vuelto a funcionar en el caso tucumano), para ir contra el corazón mismo del sistema democrático: las elecciones y sus resultados.

Y no precisamente en éste caso para aventar el fraude, sino tomando partido abiertamente en la disputa política; poniendo -como se dijo- en riesgo a las instituciones. Pareciera que los jueces tucumanos quisieran seguir agregando nafta a un fuego que empezaba a menguar, para generar una situación de conflicto institucional, político y social de imprevisibles derivaciones.

El caso tucumano debería servir para que el conjunto de las fuerzas políticas reflexionen a futuro -no ahora, no en medio de un proceso electoral ni de un debate absolutamente emporcado por operaciones de todo tipo- sobre el rol de la justicia en nuestro Estado democrático; y las reformas que allí hacen falta de modo urgente.

Si se quiere evitar repetir rótulos, no hablemos de como "democratizar la justicia" aunque ese sea en definitivas el sentido último de la discusión: en todo caso pensemos como hacer para que los jueces no se terminen llevando puesta a la democracia.

martes, 8 de septiembre de 2015

PERDIDO COMO CACEROLO EN DEMOCRACIA


Alguien le tendría que explicar a éste gente que en democracia, la voluntad popular es justamente lo que determina el resultado de las elecciones; y por ende quien gobierna.

O que precisamente el fraude consiste en manosear la voluntad popular, alterando el resultado.

Poner en un cartel "No es por el resultado" es como decir "Sabemos que perdimos, pero igual tenemos ganas de hacer quilombo".

Más en una elección como la de gobernador que -al menos en Tucumán, y en la mayoría de las provincias argentinas- se resuelve por simple pluralidad de sufragios: el que saca más votos, gana; sin importar cuanta distancia haya con el segundo.

Supongamos que el escrutinio definitivo da que Manzu no ganó por 14 puntos sino por 8, o por 4, ni hablemos si termina siendo por más: ¿se puede seguir hablando de fraude sin quedar como un pelotudo?  

jueves, 27 de agosto de 2015

LA CADA VEZ MENOS SUTIL DIFERENCIA ENTRE UNA ESTRATEGIA ELECTORAL Y PUDRIR TODO


Con la excusa de denunciar el fraude en Tucumán, el círculo rojo tuvo finalmente ayer la foto que tanto deseaba: la de todos los candidatos de la opo (excepto Del Caño y Rodríguez Saá) rodeando a Cano.

O Cano rodeando (junto con los demás) a Macri en otro acto de su campaña presidencial, para ser más precisos; porque al tucumano le importa poco su destino personal, ya que prefirió irse a Buenos Aires y plantarse ante los medios porteños para el show; en lugar de estar en su provincia, peleando voto a coto en el escrutinio definitivo. Mas claro aun: si está pidiendo que se vote de nuevo (un absurdo) es porque sabe que perdió.

De la puesta en escena de ayer se pueden hacer muchas lecturas, tratando de desentrañar que espera obtener cada uno de haberse sentado a la mesa; pero queda claro que lo que termine pasando en Tucumán importa poco, porque el objetivo es instalar la sospecha/certeza de fraude para octubre; para deslegitimar de antemano un probable triunfo de la fórmula del FPV. 

También coincidimos con lo que señala acá Oscar Cuervo, en cuanto a que la puesta en escena de ayer no es sino la confesión de la absoluta impotencia electoral de la derecha; que ante las derrotas ya sufridas y las que avizora, opta por deslegitimar los resultados y el mismo sistema con el que supo obtener victorias. 

Pero volviendo a la foto, tanto lo deseaban, que se les escapó en el título de la noticia:


En una mirada más cercana, podría decirse que el más beneficiado hacia el interior de la oposición es Macri, y que no se entiende que estaba haciendo ahí Massa, legitimando una estrategia que lo diluye aun más: si la lógica del tramo final de campaña se desarrolla (como viene siendo cada vez más claro) por la vieja antinomia peronismo-antiperonismo, no tiene nada para ganar y sí mucho para perder; porque los peronistas que no votaron al FPV terminarán por decidirse a hacerlo, contribuyendo a acrecentar sus chances de triunfar en primera vuelta.

Para Stolbizer el escándalo tucumano proveyó una oportunidad de oro para encontrar la excusa perfecta de dejar de jugar al progresismo (sea lo que sea que signifique tal cosa), y justificar lo que será un previsible apoyo a Macri (siguiendo lo que harán buena parte de sus votantes, hay que decirlo), con la excusa de que la disputa no es ideológica, "sino por salvaguardar la república y las instituciones". Una decisión más acorde con que ella misma es, y buena parte de sus votantes: clase media filo-radical, gorila y antiperonista. 

Claro que todos estos posicionamientos se superponen con una elección que -con los números de las PASO- se decidiría en segunda vuelta, en la que los opos suponen (como pensaba Lanusse en el 72' y Alfonsín en el Pacto de Olivos) que todo el antiperonismo nucleado detrás de un único candidato le cerrará el paso al peronismo, encarnado en la fórmula del FPV.

El tema es que para consolidar ese escenario (que supone que la fórmula Scioli-Zanini no crezca, o si lo hace Macri suba más) están jugando con fuego (y no solo quemando urnas); y tirando de la soga con riesgo cierto de pudrir todo.

Si verdaderamente fueran "republicanos" y apostaran en serio "al diálogo y el consenso" y la pacificación, bajarían un par de cambios en gestos y discursos, y dejarían de sobreactuar para el cacerolo promedio: por momentos pareciera que desde Macri para abajo, los principales dirigentes de la oposición se alimentaran del odio que destilan muchos por los medios y las redes sociales; y que no puedan darse el lujo de aparecer como tibios ante esos mismos sectores, porque perderán votos.

La línea que separa una estrategia política legítima (aunque uno no la comparta) y la irresponsabilidad absoluta de decir y hacer cualquier cosa sin medir las consecuencias, o apostar a que se pudra todo si las cosas no salen como uno espera parece por momentos demasiado delgada.

Tanto que es legítimo dudar respecto a si la oposición no la ha cruzado ya, y en tal caso si puede y quiere volver sobre sus pasos.

lunes, 24 de agosto de 2015

TUCUMÁN: LENTO PROCESAMIENTO DEL ESCRUTINIO


Para el momento de subir este post se lleva escrutado más del 80 % de la elección tucumana, y parece claro que el triunfo del FPV es irreversible, tal como lo marcaban las encuestas previas; y como también lo indicaban ayer desde temprano (mientras aun se estaba votando) las quejas opositoras por el presunto fraude, instalando el tema en las redes sociales.

Como primer dato políticamente relevante, la elección tucumana confirma -una vez más, para variar- el error de fondo de la “tesis Sarlo”: en política no siempre el todo es la resultante exacta de la suma de las partes, en términos electorales; y por el contrario la mayoría de las veces sucede exactamente lo contrario.

Eso desde lo puramente cuantitativo, pero claro está que cualitativamente es impracticable “sumar todo” lo que adversa al oficialismo, y si la alquimia lograra llevarse a cabo (como en Tucumán) no tiene el éxito garantizado, ni mucho menos.

Pero así como se llevó puesta a la “doctrina Sarlo”, el resultado tucumano es también otro fracaso de la “estrategia Sanz” habilitada por la convención radical en Gualeguaychú, en su versión Gerardo Morales: sumar todo lo posible en un clásico frente anti-peronista alla Unión Democrática, para intentar recuperar el gobierno de alguna provincia; a cambio de que la UCR colocara un candidato para hacer de spárring de Macri en la interna nacional de Cambiemos.

Si a la vista de los resultados concretos (Tucumán era la mayor esperanza del experimento, al que sólo queda por delante Jujuy) queda claro la estrategia radical fue un fracaso, lo que esperaba conseguir Sergio Massa como consecuencia de adherir al mismo combo resulta a esta altura francamente ininteligible.

Mal que les pese a los medios opositores y a los antikirchneristas emocionales, la mayoría de las elecciones provinciales en las que esperaban un cambio (es decir en las provincias donde gobierna el FPV) vienen ratificando la opción mayoritaria por la continuidad; no porque los ciudadanos de esas provincias consideren que todo está perfecto y no tienen problemas, ni mucho menos: ese es un razonamiento bastante bobo, fruto del enojo porque la realidad se emperra en no coincidir con sus deseos, transformados en análisis y pronósticos que una y otra vez fallan.

Si la gente decide no cambiar, es sencillamente porque los que pretenden encarnar políticamente ese cambio no la logran convencer de que lo pueden llevar a cabo, o de que ese cambio -en lugar de ser para mejor- no significará un retroceso.

Cuando algunos se preguntan -en tono de perplejidad- por la persistencia de muchos sectores de la sociedad en votar al peronismo, una respuesta que se puede dar -la más sencilla a la mano, por lo menos- es por la paralela persistencia de los antiperonistas en los mismos discursos, las mismas prácticas y los mismos métodos de acumulación política; que vienen fracasando desde hace 70 años, tantos como tiene en la política argentina la fuerza creada por Juan Perón. 

En ese sentido, parece cosa juzgada de acá a octubre que la principal estrategia opositora es deslegitimar a priori los resultados, sembrando todo tipo de sospechas sobre la transparencia de los procesos electorales; eligiendo para esa pelea los ámbitos extrainstitucionales (los medios, las redes sociales) en lugar de la justicia: curioso tratándose de gente autoproclamada republicana, y guardiana de las instituciones.

Curiosa y poco astuta estrategia agregaremos, desde que no parece que vaya a permitirles ampliar su base electoral; y por el contrario, puede terminar contribuyendo a instalar la idea de la inevitabilidad del triunfo del kirchnerismo en la elección presidencial.

Pero así como en la previa de cada elección (en éste caso la tucumana) se intenta instalar la sospecha de fraude, cuando las urnas se pronuncian, la editorialización de la realidad que hacen los principales medios opositores (de la que dan cuenta las tapas que están en la imagen de apertura del post) es un torpe intento por ocultar el dato político decisivo, que es lo que la gente terminó votando; cuando ese hecho de la realidad -una vez más- no se aviene a sus deseos.

Es como si la referencia al lento procesamiento de los datos tucumanos no tuviera tanto que ver con el escrutinio en sí, sino con la metabolización de sus resultados por el dispositivo mediático opositor.