LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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lunes, 21 de noviembre de 2022

UN DÍA COMO AYER

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

OBLIGADO LES DUELE

 


Obligado les duele, y se nota. Porque les duele Rosas, les resulta incómodo: es más sencillo dejarlo en el lugar en el que lo colocó la leyenda negra de Rivera Indarte y las "Tablas de Sangre", el del tirano asesino, frío y despiadado. Pero Obligado les recuerda que fue algo más, mucho más; como lo pudo comprobar Adolfo Saldías -que era liberal, pero honesto intelectualmente- cuando investigaba el pasado en los papeles de la cancillería rosista. 

Obligado les molesta porque pone en acto todos los valores que ellos, en el fondo, detestan: el coraje criollo, la decisión de defender en el campo del honor y con la sangre de los hijos de la patria, la independencia consagrada en el papel. Siendo al mismo tiempo y según consta en las crónicas de la época, un ejemplo a imitar para todos los pueblos jóvenes del mundo: Alberti (que por entonces era enemigo de Rosas) tomaba nota de que la figura del Restaurador era comparada con San Martín, Washington y Bolívar, en los diarios de América y Europa.

San Martín, dijimos: les duele comprobar que el Padre de la Patria, el Libertador de América al que Mitre pretendió "encorsetar" en su historiografía, le legó a Rosas -incluso antes de Obligado- la posesión más preciosa que podía conservar un viejo guerrero: el sable que lo acompañó en toda la guerra de la independencia, por medio continente.

Les duele que San Martín haya entendido que la pelea que Rosas dio en los bloqueos. fuera de una importancia igual -si no superior- a esa guerra, y sin la cual esa guerra (y por ende su lucha y la de sus soldados) carecían de sentido: para que conquistar el derecho a ser libres, solo para mercarlo en la primera oportunidad, sin más contraprestación que la humillación.

Obligado les duele porque les recuerda lo que significa tener una patria, justo a ellos que no aspiran a más que a una colonia próspera, bajo la tibieza del sol imperial: tener una patria significa ser dignos de ella defendiéndola, con las armas en la mano si fuera necesario. Aun en absoluta inferioridad de condiciones, sin medir "correlaciones de fuerzas" y sin más escudo que el propio heroísmo y la decisión de darlo todo por esa patria en la que se ha tenido la dicha (y no la desgracia, como creen y sienten ellos) de nacer.

Obligado les duele porque además fue el peronismo (nada menos) el que rescató del olvido a uno de los episodios más grandiosos de nuestra historia nacional, del cual todos los argentinos deberíamos sentirnos más orgullosos. Primero con Perón, y décadas después, con Cristina. Que además lo rescataron no solo para el calendario de feriados, sino para resignificarlo en tiempos presentes, dándole a la soberanía nacional (atributo esencial de un Estado que se precie de tal) todas las múltiples significaciones que puede tener.

Les duelen esas cadenas atravesando un río nuestro, que ellos liberaron después de derrocar a Rosas en otra alianza con el extranjero, para consagrar la derrota en la Constitución Nacional, bajo el eufemismo de la "libre navegación de los ríos". Como también les dolió que un siglo después Perón (tan obstinado como don Juan Manuel negándose a conceder privilegios a la potencias bajo la boca del cañón) no quisiera uncir a la Argentina a los dictados del FMI.

Por eso cuando lo derrocaron -además de vandalizar los monolitos que su gobierno había hecho colocar en Obligado en conmemoración de la gesta- lo primero que hicieron fue integrarnos a él, para que desde entonces se convirtiera en un actor central y protagónico de nuestro devenir histórico, que terminó muchas veces decidiendo por nosotros, nuestros destinos.

Ellos nunca hubieran puesto cadenas para defender nuestra integridad territorial porque se creen dueños de un país que detestan, así como ellos -en tiempos de Cristina- no hubieran resistido a los fondos buitres (esas modernas escuadras navales de bombardeo de la dignidad nacional), sino que hubieran ido a sentarse con Griesa, "y lo que él diga, eso hay que hacer". Como ahora arreglarían la deuda que ellos mismos contrajeron con el Fondo (y que horada nuestra soberanía) en cinco minutos, lo mismo que se tardaron en pedirla.

No olvidemos hoy, Día de la Soberanía Nacional, que la soberanía nos abraza a todos en tanto habitantes del país que la proclama para sí como atributo de su existencia. Pero que dentro de ese país no todos se sienten comprometidos a defenderla, ni consideran que valga la pena: son los que en Obligado hubieran estado de buen grado en los barcos ingleses o franceses, bombardeando a sus propios compatriotas; como hoy no vacilarían en privarlos de derechos, dignidad o posibilidades de vivir mejor, con tal de ser "bien vistos" en el mundo o por "los mercados", el FMI o cualquiera, menos nosotros mismos. 

lunes, 29 de abril de 2013

LA TRAICIÓN, DEFINIDA POR LOS TRAIDORES


¿Quién no oyó por estos días hablar del artículo 29 de la Constitución Nacional y la traición a la patria, a propósito de la discusión por la reforma de la justicia?

En cadenas de mails, en las redes sociales, en las sesiones del Congreso ("traidores, traidores" gritaba desencajada Laura Alonso del PRO en Diputados), todo el mundo lo cita para impugnar los proyectos impulsados por Cristina; aunque es poco seguro que muchos sepan que dice, o cual fue el origen del famoso (hoy) artículo 29 de la CN, que reza: "El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria". 

El texto del artículo ( que no estaba en el proyecto original de Alberdi y fue incorporado por las convencionales de Santa Fe) tiene que ver con las leyes de la Legislatura bonaerense que le otorgaron a Rosas las llamadas facultades extraordinarias (en su primer gobierno) y la suma del poder público de la provincia, al asumir el segundo; en 1835.

Y (aunque esto probablemente no sea tan conocido) la referencia a "otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna" tiene que ver con otra ley de la legislatura de la provincia de Buenos Aires, en éste caso del 20 de septiembre de 1851; que -ante la inminencia de la guerra con el Brasil- decía en su artículo 2 lo siguiente: "Todos los fondos de la provincia, la fortuna, vidas y porvenir de los representantes de ella y sus comitentes, quedan sin limitación ni reserva alguna a disposición de S.E. (Rosas), hasta dos años después de terminada oficialmente la guerra contra el traidor salvaje unitario Urquiza y la que S.E. sabia y enérgicamente ha declarado contra el Brasil...".

Con anterioridad, en noviembre de 1850, la provincia de Mendoza votó en un plesbiscito otorgar a Rosas (gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación, por decisión de las provincias) "la suma del poder público nacional", y lo mismo hizo poco más tarde la provincia de La Rioja. Entre 1850 y 1851 repitieron el voto todas las demás provincias, excepto Entre Ríos y Corrientes, levantadas con Urquiza en el "Pronunciamiento".

Porque ese fue el contexto en el que los legisladores pusieron a disposición del Restaurador sus vidas, fortunas y porvenir: el país estaba embarcado en un nuevo conflicto internacional (la guerra contra el imperio del Brasil), poco después de haber vencido en la lucha contra Inglaterra y Francia en defensa de la soberanía nacional sobre los ríos interiores de la Confederación. 

Y en esa lucha el comandante en jefe del Ejército de Operaciones de la Confederación (Urquiza) había traicionado a su país pasándose al bando enemigo; firmando el 29 de mayo de 1851 un tratado secreto (la primera y nefasta "Triple Alianza") con Brasil y Uruguay, comprometiéndose a derrocar a Rosas, a cambio de apoyo económico, y con el pretexto (dicho en el "Pronunciamiento") de darle al país una Constitución.

La alianza de los opositores políticos con el extranjero estaba lejos de ser una novedad en tiempos rosistas: los unitarios apoyaron el bloqueo francés de 1838 (el propio Lavalle utilizó las naves de la escuadra francesa para movilizar sus tropas contra Rosas), y enviaron misiones (las de Alberdi primero, Varela después) a Europa para reclamar de las cortes europeas una nueva intervención contra la Confederación, que se concretaría en 1845 y daría lugar a la gesta de Obligado.

Al mismo tiempo conspiraban abiertamente contra el gobierno desde las "Comisiones Argentinas", que nucleaban a los exiliados en Chile y Uruguay, cohonestando la traición con el pretexto (editorializado por Sarmiento en el "Facundo") de luchar por la civilización contra la barbarie. 

Al respecto bien decía Arturo Jauretche en su "Manual de Zonceras Argentinas", analizando en particular aquéllo de que "La Patria no es la tierra donde se ha nacido": "Lo dijo Echeverría. Y porque lo dijo le dieron un premio a su estatua: la trajeron al centro. Esta zoncera está en concordancia con la zoncera el mal que aqueja a la Argentina es la extensión, pero va aquí por su índole: refleja el pensamiento de la "línea Mayo-Caseros" en la que la idea de Nación no se identifica con la Patria como expresión de un territorio y un pueblo en su devenir histórico, integrando pasado, presente y futuro. La Patria es un sistema institucional, una forma política, una idea abstracta, que unas veces toma el nombre de civilización, otras el de libertad, otras el de democracia. 

La Patria de los argentinos no se vincula con la tierra de los argentinos, ni tampoco con los hombres que la habitaron, la habitan y la habitarán, en la simbiosis del hombre y la tierra con el ayer y el mañana. La Patria de los argentinos no nació para ser eso: Patria. La Patria es un simple medio porque lo importante es lo que una generación o un grupo de hombres entendió por libertad, por democracia, por instituciones. Estas no son formas transitorias que la Patria adopta en el devenir histórico cambiándolas según las exigencias de cada momento para adecuarlas al cumplimiento de ese destino. Por el contrario son la Patria misma, o más que la Patria el objetivo que éste debe realizar según el ideólogo de turno. Cuando según este ideólogo no cumple esos objetivos deja de ser Patria. 

En el fondo ese modo de pensar fue bastante consecuente en los vencedores de Caseros. Ellos no podían justificar su alianza con el extranjero en las guerras internacionales que la Patria tuvo, sino sosteniendo que la Patria no era la Patria; ésta era la "civilización", con las instituciones que ésta aportaba y ellos establecieron. Fueron así lógicos en la redacción del texto constitucional; en él calificaron enfáticamente de traición a la Patria el acuerdo de facultades extraordinarias, reservando para el Código Penal la calificación de traición a la Patria tal como se entiende en el resto del mundo y lo dicta el buen sentido: la connivencia con el extranjero. 

Es así como hemos visto procesar por traición a la Patria a los que sancionaron leyes para impedir las entregas que eran traiciones; y a los agentes y gestores de esas entregas, y que habían pedido la intervención armada extranjera después de respaldarse políticamente en un embajador imperial, asumiendo actitudes de patriotas frente a los que produjeron hechos patrióticos...".

Sin embargo como muchos de los convencionales constituyentes del 53' (despectivamente tildados por los porteños de "alquilones de Urquiza") habían sido parte de las Legislaturas que votaron las leyes de sumisión a Rosas, se cuidaron de agregar otro artículo (el 101 en el texto original de la Constitución, hoy 119), donde se define a la traición por su nombre propio: "La traición contra la Nación consistirá únicamente en tomar las armas contra ella, o en unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro. El Congreso fijará por una ley especial la pena de este delito; pero ella no pasará de la persona del delincuente, ni la infamia del reo se transmitirá a sus parientes de cualquier grado.".

El artículo 119 (el que define a la traición tal cual se la conoce en cualquier lado, como apuntaba Jauretche) fue puesto casi al final del texto constitucional; como para que no se notara, porque con Urquiza en el poder gracias a su alianza con los extranjeros contra su propio país, no era cuestión de mentar la soga en casa del ahorcado; y que a los constituyentes les cortaran los viáticos.

Y lo paradójico del caso (visto en perspectiva de hoy) es la parte de la Constitución que eligieron para ponerlo: el capítulo que habla de las atribuciones del Poder Judicial.

Tan paradójico como que muchos de los que blanden el artículo 29 para hablar de traición a la patria (siendo que esa norma equipara la concesión de poderes tiránicos a la pena de la traición, pero no la califica como tal), hasta hace poco se alegraban cuando los fondos buitres embargaban la fragata Libertad u obtenían un fallo en contra de los intereses del país, el FMI nos sancionaba por las estadísticas del INDEC, o los EEUU presentan quejas contra la Argentina en la OMC por las medidas proteccionistas de la industria nacional, o por no acatar los fallos del CIADI.

O en todo caso más que paradójico, la muestra de la supervivencia de una zoncera, que ha deformado el sentido de lo que es la patria; y en consecuencia, de cuando se la traiciona.

domingo, 3 de febrero de 2013

ROSAS, O "ESO QUIERE DECIR QUE HAY OTRA HISTORIA, LA VERDADERA HISTORIA..."


Por Elabas Ave

La línea Mayo-Caseros fue perfectamente elaborada historiográficamente por Mitre, Sarmiento & cía, mediante una alquimia de falsificaciones que conformaron la “historia oficial”, inculcada por más de un centenar de años en las escuelas argentinas. Y no se trata de ser iconoclasta, derribando estatuas u ofendiendo sentimientos, ni tampoco de cambiar los hechos, sino verlos tal cual fueron. Pero si los ídolos tienen pies de barro no hay que buscar en otros las culpas.
Hablar de Caseros como el triunfo de la libertad forma parte de ello, cuando ya se sabe que fue una clara derrota argentina, a manos de las fuerzas aliadas de Brasil y Urquiza, quien defeccionó ante el Imperio. Eso tiene un nombre feo: se llama traición. Las negociaciones llevadas adelante con Paulino Soares de Souza (a través de Antonio Cuyás y Sampere), quien pretendía voltear a Rosas y Oribe para la expansión, ya han sido publicadas pero se sigue intentando tapar las mismas, que son la prueba elocuente de lo dicho.
Y hechos como Caseros que fueron tergiversados por el liberalismo, son antecedentes ciertos de lo que pasa hoy ante nuestros ojos, en que se nos intenta disfrazar la realidad a través de los medios de comunicación dominados por los falseadores de siempre y tratando como réprobo a quien se atreva a tener una mirada seissieteochesca.
Disculpe el lector si lo dicho le molesta. No es mi intención zaherir a nadie, pero el repasar de vez en cuando la historia, permite comprender aún más este presente.

domingo, 20 de noviembre de 2011

DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL


"A las 8 y media los extranjeros empezaron el avance. Mansilla proclamó a la tropa: ¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!". La banda de Patricios empezó los compases del Himno coreado por todos: "¡O juremos con gloria morir!. Cuando la San Martín, "apenaba verla con bandera francesa", se puso a tiro de las baterías, Mansilla dio la señal de fuego con el tradicional "¡Viva la patria!". Respondieron Trehouart y Sullivan con sus noventa y seis bocas de fuego de mayor alcance y potencia que los cañoncitos argentinos. No importa: no se estaba allí para ganar, sino para que los gringos no se la llevasen de arriba...". (José María Rosa, Historia Argentina).

"Ya sabía de la acción de Obligado; ¡que iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca." (José de San Martín, en carta a Tomás Guido). 

Se conmemora hoy el Día de la Soberanía Nacional, en recordación de la heroica resistencia de la Confederación Argentina contra las pretensiones imperialistas de Inglaterra y Francia (las principales potencias mundiales de la época, coaligadas en su contra), y del combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845.

Acción heroica en la que el coraje argentino rindió su tributo de sangre, y defendió con su vida la independencia proclamada aquel 9 de Julio de 1816, demostrando que no era sólo una bella declaración, destinada a no trascender el papel en que estaba escrita.

Como vemos, el mismísmo San Martín -el máximo héroe de nuestra historia- supo reconocer a don Juan Manuel de Rosas el mérito histórico que los falsificadores de nuestro pasado (empezando por los vencedores de Caseros, Mitre el más notorio entre ellos) le negaron durante décadas; pretendiendo suprimir su recuerdo de la memoria de los argentinos.  

Vano y penoso esfuerzo, porque la memoria histórica se abre paso -más tarde o más temprano- por entre las telarañas de mentiras y falsificaciones; que en el caso de Rosas y su heroica defensa de la soberanía nacional, tuvieron por exclusivo propósito la autoexculpación de sus vencedores en Caseros, unidos en la traición al extranjero para sojuzgar a su patria.

Vencedores que, caído Rosas, concedieron por debilidad y falsas convicciones ideológicas -que disfrazaron miserables intereses comerciales- lo que los gauchos de San Pedro, Baradero, San Nicolás y San Antonio de Areco le negaron con su sangre al invasor extranjero.  

Después vendría la reivindicación de Rosas y de la histórica gesta de Obligado, y el intento de apropiárselos para sí de un nacionalismo sin pueblo, y como tal sin norte: fácil instrumento de la anti nación para sus propósitos coloniales. Si hasta Menem en su hora repatrió los restos del Restaurador, mientras sepultaba con sus políticas las ideas por las que él luchó; y en nombres de las cuáles se peleó en las barancas del Paraná, desde Obligado hasta Tonelero y el Quebracho. 

La soberanía nacional no es la simple defensa de la integridad territorial, ni una entelequia abstracta: es la lucha por nuestra autoafirmación como pueblo, por nuestro derecho a construir nuestro propio destino, sin imposiciones externas ni claudicaciones internas.

Todo lo grande y próspero que seamos capaces de construir por nosotros mismos, sin tutelajes materiales ni espirituales de ninguna especie, como bien lo señaló Cristina el viernes, en el acto en el lugar histórico.

No en vano la Vuelta de Obligado fue reivindicada por gobiernos -como el de Perón, el primero en instaurar su aniversario como el Día de la Soberanía Nacional- que comprendieron claramente que una nación soberana sólo es posible con un pueblo feliz, porque es para él para quien se construye y defiende la soberanía.

Tampoco es casual que el recuerdo de Obligado haya querido ser borrado de nuesta historia por los que imaginaron para la Argentina un inevitable destino de feliz granja colonial: el estampido de las baterías de Mansilla retumbaba en sus conciencias de traidores a la herencia común de los argentinos.

Entonces fueron barcos de guerra, cañones e infantes de marina; luego vendrían empresas, capitales, préstamos ruinosos y consejos errados, como los del FMI o las calificadoras de riesgo: la defensa de la soberanía nacional es una tarea constante, que nos convoca a todos los argentinos, en todo tiempo histórico, a hacer nuestro aporte; para hacernos dignos de la memoria de los que a la vera del Paraná y en tantas otras gestas, nos legaron el suelo en el que vivimos.

Para reflexionar sobre este día tan trascendente, los dejamos con el conocido triunfo de Alberto Merlo y Miguel Brascó, en la inolvidable voz de don Alfredo Zitarrosa: