LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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domingo, 4 de enero de 2026

NO BOMBARDEEN VENEZUELA

 

lunes, 8 de abril de 2024

"PATRIA SÍ, COLONIA NO"

 

Hace unos días atrás, analizábamos en ésta entrada las discusiones que entendíamos pendientes y necesarias en el peronismo. Y más cerca en ésta otra entrada, describíamos la sensación de desamparo y orfandad política que sentimos millones de argentinos, ante el avance sin freno de un nuevo experimento de la derecha en el país: como decía Perón, vemos que el frente blando permite avanzar.

Y Milei avanza en todos los frentes, y si hay uno es en el que ese avance es más vertiginoso y ostensible -junto con la depredación de los salarios de los trabajadores- es en el alineamiento incondicional, lacayuno y vergonzoso con los Estados Unidos, que no repara en forma, ni jerarquías ni instituciones. Como pasa con el anuncio de la instalación de una base militar conjunta con los yanquis en Ushuaia la que -para mayor vergüenza histórica- intentó justificar en la defensa de nuestra soberanía en Malvinas.

Frente a esto, la pasividad de la mayor parte de la dirigencia opositora -el PJ nacional se limitó a un comunicado- nos mueve a reflexionar sobre la cuestión, en tiempos en los que se nos invita a abandonar los dogmatismos ideológicos y las consignas para ser pragmáticos: si las cosas hubieran de verse simplemente con ése lente, la decisión de atar la suerte del país a los designios de la política exterior de los EEUU no podría ser más desacertada, ni inoportuna, y no consulta absolutamente ningún interés nacional actual y presente.

En un mundo crecientemente pluripolar en la que otrora indisputada potencia mundial pierde peso e influencia, y su deriva en ese plano lo lleva a incrementar las escaladas belicistas en peligro de la paz y la estabilidad mundiales, Milei y su recua nos embarcan en el portaaviones yanquis al costo de desairar a nuestros aliados regionales, malquistarnos con nuestros mayores socios comerciales o perdernos la oportunidad de integrarnos en esquemas multilaterales que podrían sernos provechosos como el BRICS. Sin embargo ni siquiera desde esa óptica hemos oído quejas de la principal dirigencia opositora al repugnante espectáculo de servilismo colonial protagonizado por el presidente.

Ni hablemos ya de analizar la cuestión desde el ángulo del que la cuestión debe ser analizada, que no es el otro que la histórica -y siempre vigente- dicotomía entre ser una patria, o ser una colonia. Porque así como dicen que la astucia del diablo consiste en hacernos creer que no existe, lo mismo podría decirse del imperialismo y sus planes de dominación: nos han metido en la cabeza por años que tal cosa ya no existe, y que conceptos como patria, colonia o liberación han pasado de moda, o carecen de sentido. Y sin embargo, estamos más colonizados que nunca, y en consecuencia más necesitados que nunca de liberarnos.

Para poder discutir que tipo de país queremos construir, primer tenemos que tener uno, que sea digno de llamarse realmente tal, y no simplemente que detente símbolos patrios distintivos, o un nombre propio, o elija sus gobernantes: ya hemos aprendido con dolor que con eso solo no basta. Y al igual hoy que en 1945, para ser socialmente justos, primero tenemos que económicamente independientes, y antes que eso y para todo, políticamente soberanos.

Para que exista una "Unión por la Patria" y para que "la patria sea el otro", primero tiene que haber una patria: un suelo común en el que nacimos, junto con un destino común del que nos sentimos parte, y decidimos nosotros, no es decidido desde afuera, como en una colonia. 

Y así como -contra nuestra confortable creencia o lugar común- hay muchos argentinos que descreen de la democracia como sistema de convivencia y organización política, hay muchos otros a los que no les repugna la conciencia ser una colonia: se sienten exiliados que han nacido en un país que detestan, del que se irían si pudieran y que preferirían fuera manejado por otros, que son más capaces que nosotros.

Eso también es parte del profundo sentido común social instalado hace décadas, y del cual surgió en buena medida el 56 % que votó a Milei en el balotaje. Y en consecuencia es parte de la pelea que hay que dar, primero al interior del peronismo y el campo nacional y popular, y luego hacia el conjunto de la sociedad.

Porque el peronismo no nació simplemente para sacarse de encima el yugo inglés para cambiarlo por el yanqui, solo porque en ese entonces era lo que las circunstancias aconsejaban, porque alumbraba en el mundo una nueva hegemonía: como decía Jauretche, no se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perros. 

Aclaración que es necesario hacer -aunque parezca obvia- porque al interior del movimiento político que ganó la primera elección de su historia bajo el lema "Braden o Perón", también hay quienes piensan -como se pensaba en los 90' con las "relaciones carnales"- que el mundo ha cambiado, y tenemos que cambiar con él. Cosa que además en éste caso -y según se señaló al principio- no solo es falso, sino una lectura completamente alejada de la realidad.

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lunes, 23 de enero de 2023

"VIENEN POR EL AGUA"

 

Días atrás y a propósito del páramo analítico de las ciencias sociales que nos legaran los 90', decíamos en ésta entrada: "En particular en América Latina y tras décadas de golpes de Estado, retornaron las democracias formales pero fuertemente condicionadas en sus posibilidades de despliegue y profundización, precisamente por la incidencia de los mismos poderes que impusieron el Consenso, y comandaron la globalización. Frente a esto, surgieron regímenes democráticos "líquidos", de baja intensidad reducidos en lo sustancial a la periódica liturgia electoral.".

"Y como complemento de esa realidad, la academia (con honrosas excepciones) comenzó a transitar una época de desvaríos donde manejar categorías como "liberación o dependencia", "pueblo", "revolución", "oligarquía", "imperialismo", "colonialismo", "explotación" o el mismo concepto de "clases sociales" era mal visto, no "daba el tomo de época" o remitía a años tumultuosos y -afortunadamente para algunos- superados.".

"La globalización, lejos de resolver las tensiones entre capitalismo y democracia, las agudizó, y las democracias que tenemos o supimos conseguir -en especial en nuestro continente- están asentadas sobre el frágil piso de las desigualdades sociales cada día más acentuadas (América Latina no es el continente más pobre, pero claramente el más desigual), por la obscena concentración de la riqueza en unos pocos, que se sustenta con la pobreza y exclusión de las mayorías.".

Parte ese "lavado" de las ideas conflictivas o problemáticas de nuestra historia política es hacernos creer que, así como ya no existirían los golpes de Estado ni las oligarquías que eran sus promotoras, tampoco existen los imperialismos, que son sus impulsores reales y beneficiarios finales. Pues bien, para disipar esa vana ilusión ahí están las palabras de la generala jefa del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos en el video de apertura.

Mientras nos tienen entretenidos con novelas de dictadores caribeños violadores de los derechos humanos que no deberían ser admitidos en el país, o aun detenidos si pisaran estas tierras, o con bases chinas o rusas desde la que se lanzarían misiles, las amenazas reales contra nuestra soberanía, democracia o instituciones provienen de otro lado. Y si no veamos como los que censuran a Maduro callan frente a lo que está pasando con los derechos humanos en Perú ahora mismo; un país cuya presidenta acaba de pedirle al Congreso autorización para el ingreso de tropas extranjeras: de EEUU.

Los que nos dicen a nosotros que nos quedamos en el 45' o somos setentistas nostálgicos, están atrapados en una continuidad imaginaria de la Guerra Fría a más de 30 años de la caída del muro, y ven comunismo y comunistas por todos lados, en cualquier mínima tentativa de regulación estatal de la economía, o de tibio reformismo social. Y como entonces, se apresura a buchonear a los "peligrosos". 

Y las escenas de bradenismo explícito son cada vez más ostensibles y escandalosas: a las declaraciones de la generala hay que sumarle las presiones de sectores del poder yanqui y las empresas de EEUU radicadas en el país para que no avance el juicio político contra la Corte Suprema, las muestras de cipayismo terminal de gente como Patricia Bullrich que se ofrece a ser agente de la DEA para "capturarlo a Maduro por narcotráfico", o el propio embajador Stanley yendo a visitar el INVAP y el Instituto Balserio, para monitorear "in situ" el plan nuclear o satelital argentino.

La astucia del imperialismo -al igual que dicen de la del diablo- consiste en hacernos creer que ya no existe y es solo un producto de nuestra imaginación, porque estamos en un mundo globalizado "donde todos se relacionan con todos". Un mundo en el cual no se trata de postular aislacionismos, sino de enfrentarlo plantados sobre nuestros propios pies, afirmándonos en lo nuestro y en el control de nuestros recursos y nuestras decisiones.

Ese mismo páramo analítico de la reflexión politológica al que antes hicimos referencia, hace que muchos se cuiden muy bien de relacionar dos cosas que están íntimamente vinculadas entre sí: el renovado ímpetu de los Estados Unidos por reforzar el control de su patio trasero frente a la presencia creciente en la región de otras potencias como Rusia o China, y la constante inestabilidad política e institucional en el continente, de la que no se han escapado ni siquiera países como Brasil: la coexistencia de ambos fenómenos es todo, menos casual.

Sin embargo, lo que ellos hagan o intenten hacer para conseguir sus objetivos, no por silenciado, es menos conocido o perceptible; pero es tema de ellos. El asunto es lo que hagamos nosotros, con los recursos naturales, el desarrollo científico y tecnológico, el control de los resortes claves de la economía, la deuda o la política exterior; porque como decía Jauretche, si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende.       

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