LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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martes, 15 de noviembre de 2016

MENTIRA LA VERDAD



¿Mintió Mauricio Macri en el debate televisivo con Scioli sobre lo que iba a hacer de llegar al gobierno?

Obvio que sí, escandalosa e impunemente, y con tanta tranquilidad que perfectamente podría haber pasado la prueba del detector de mentiras.

¿Debemos deducir entonces de eso que buena parte del pueblo argentino fue estafado electoralmente, y en consecuencia es digno de nuestra "misericordia" porque lo engañaron en su buena fe?

Depende de cuantos pensemos que fueron las víctimas del engaño de esos 13 millones que pusieron la boleta de "Cambiemos" dentro del sobre, y también depende del concepto que manejemos de "pedagogía política" para captar voluntades.

Porque tampoco es cuestión de vivir indultando deslices electorales que después se negarán como Pedro a Cristo (¿o acaso alguien conoce a alguien que admita haber votado a Menem o a De La Rúa?), y porque además del "te engañaron" al "sos un boludo que compra cualquier buzón" hay una delgada línea, que se suele atravesar en pocos pasos.

Mauricio Macri llegó al debate habiendo sorteado con éxito las PASO (donde obtuvo en cifras redondas el 24 % de los votos), y tras haber cosechado el 34 % en la primera vuelta.

Pero también después de 8 años de gestión en la CABA en la que ejecutó desde el gobierno lo que negaba indignado ante los planteos de Scioli: ajustó en salud, vivienda y educación, se endeudó, subió las tarifas de los servicios públicos y los impuestos y reprimió la protesta social.

Y nos atrevemos a decir que precisamente por eso mucha gente lo votó. De modo que "engaño" hubo hasta por ahí nomás.

Habrá que aceptar que en todo caso Macri expresa un modo de entender la sociedad, la política y el Estado con el cual muchos argentinos comulgan, y con el que se sienten cómodos y representados. Una visión que antes expresaron Alsogaray, Cavallo o López Murphy, por mencionar aquéllos que se animaron a la aventura electoral, y tuvieron su propia cosecha de votos.

Se nos dirá que ninguno de ellos llegó al 51 % ni a ser presidente, y es verdad; porque en buena medida Macri terminó siendo el catalizador del anti kirchnerismo bajo la difusa idea del "cambio", y porque es posible que haya muchos votantes que pensaran que lo bueno que tenían del período iniciado el 25 de mayo del 2003 era fruto de sus méritos individuales, y lo malo consecuencia de las políticas de los gobiernos de Néstor y Cristina.

En todo caso, eso no haría más que reforzar la hipótesis central de éstas líneas: para muchos argentinos una sociedad no debe estar regida por la solidaridad, la inclusión, la compensación de las desigualdades con políticas públicas de un Estado activo y presente, sino por la "igualdad de oportunidades", la "meritocracia" y el esfuerzo individual que obra milagros; siendo el Estado un mal necesario, reducido a la mínima expresión imprescindible para proveer seguridad, y poco más. 

Y si hay ajustes suponen que ellos quedarán exentos o no se verán afectados, porque "son de la mitad del país que trabaja para mantener a la otra mitad"; o aun estando afectados lo justifican "porque a las cosas hay que pagarlas por lo que valen". Creer que a esa gente le importa realmente la pobreza al punto de votar a alguien que promete llevarla a cero, eso sí que es un engaño, o un autoengaño en todo caso.

Si el grueso del voto de Macri en el balotaje proviniera de una colosal estafa electoral, hoy habría multitudes de indignados por las calles protestando por los resultados concretos y visibles de la estafa, y no los hay: no nos engañemos nosotros, tratando de exponer las mentiras ajenas.

Gerardo Morales no se vuelve impopular por haber metido presa a Milagro Sala, sino todo lo contrario: de no contar con un importante respaldo popular la líder de la Tupac hoy estaría libre, desde hace bastante y sin necesidad de reclamos de la ONU.

¿Significa esto una condena moral a los votantes de Macri, o a buena parte de ellos?

No, porque no se puede hacer política desde las condenas morales (al menos no exclusivamente desde allí), eso dejémoselo a los predicadores desde el púlpito, acá la cuestión es otra.

Significa que tendremos que asumir que hay una porción no desdeñable de los argentinos que votan con los que nos separa una distancia -¿la famosa "grieta" de la que tanto se habla?- de visiones sobre la sociedad, como se organiza y como distribuye las cargas entre sus integrantes.

Una distancia que no se puede salvar simplificando las cosas al extremo de suponerlos tontos engañados por una eficaz maquinaria de márketing político, aunque ciertamente puede que también los haya.

Reconocer las complejidades del terreno que se pisa nos hará más fácil recorrer el dificultoso camino para volver a convertirnos en una alternativa de poder en la Argentina. De lo contrario sería muy sencillo todo: bastaría con mostrarles a muchos que conocemos que votaron a Macri el video del debate previo al balotaje, y listo.

Por no mencionar que si partimos de la base que el debate fue una fantochada (desde las mentiras de Macri, hasta la "independencia" de los organizadores y moderadores, muchos de ellos hoy funcionarios de "Cambiemos") no se entienden las razones por las cuáles los senadores del FPV acaban de aprobar en el Senado una ley para hacerlo obligatorio.

lunes, 16 de noviembre de 2015

DE ESTE LADO NO SE RINDE NADIE


Pasó el debate y es difícil medir que impacto tendrá sobre la estructura de preferencias de los electores de cara al próximo domingo: al respecto nunca está de más reiterar todo lo que se dicho y escrito sobre este tipo de eventos, por ejemplo lo que acá puntualizaba Natanson en Página 12 de ayer.

Dentro de la audiencia son amplia mayoría los convencidos de uno y otro lado, y los indecisos que pueden orientar su voto deben tamizarse por las posibilidades que ofrece el formato del debate en general; y el que escogieron los organizadores en particular.

Bastante pobre por cierto en cuanto a los temas a abarcar, y su división o encuadramiento. No nos engañemos; fue un implícito salvavidas de las ONG convocantes (para nada neutrales) para la indefinición hecha estrategia de campaña por "Cambiemos" y su candidato. Pero esas eran las reglas de juego, y se trataba de sacarles el mejor provecho posible.

Y hay que reconocer que Scioli (que arrancó nervioso y se fue soltando, mientras Macri recorría el trayecto inverso) no lo hizo mal: si nos ponemos a repasar mentalmente un debate en el que los dos hablaban en paralelo (más a la audiencia que al interlocutor/contrincante), salta a la vista la diferencia de peso específico de las preguntas que uno lanzaba y el otro no contestaba; en cada caso.

Cuando se diga que Scioli no dijo que piensa respecto a Aníbal Fernández, el INDEC o 678, podrá contestarse -sin faltar a la verdad- que Macri no desmintió de plano (ni  siquiera preguntado tres o más veces) que vaya a devaluar, ajustar las tarifas, eliminar los subsidios, o arreglar con los buitres y el FMI.

Un Macri que -sorprendentemente- apareció "coacheado" para hablarle a la tribuna propia y al voto convencido, repitiendo como un mantra los hit del discurso cacerolo: las cadenas nacionales, la falta de conferencias de prensa, la impunidad de los funcionarios corruptos, los derechos humanos en Venezuela.

No habló de salarios, ni de empleo, ni de paritarias, ni jubilaciones, ni de la industria nacional o las importaciones; y ni siquiera escapó (como en los spots de campaña) a la pregunta sobre por qué se opuso a políticas troncales del kirchnerismo (AUH, fin de las AFJP, Aerolíneas, AYSSA, YPF, fondos buitres), con el argumento de que ahora lo pensó mejor, y cambió de opinión.

La idea que quedó flotando en el ambiente es que sigue pensando igual y llegado el caso "lo volvería a hacer" (oponerse), y que el ajuste se viene si él gana, porque ya es una decisión tomada; y no querrían quedar prendidos de una promesa de no hacerlo: a buen entendedor (sobre todo si es votante indeciso), pocas palabras; pero claras, para nuestro gusto. 

Scioli -que debía interpelar al voto de los indecisos- fue por él con un combo de preguntas (las que Macri no quiso contestar) y de propuestas, recogiendo el guante de algunas que había lanzado Massa (Ganancias, jubilados, extinción de dominio de los bienes del narcotráfico). Sorprendió que Macri no siguiera el mismo camino, como si diera por hecho que el voto a Massa es furiosamente anti k, y lo capta con el anatema a las cadenas nacionales, 678 o Aníbal.

Un Macri que además tiene un punto ciego en prometer que mantendrá políticas de un gobierno al que él mismo califica como "el peor de nuestra historia" (¿qué podría rescatarse de tamaño desastre?), mientras encarna la garantía de "cambio". 

O que promete -en una de sus escasas concreciones de la noche- eximir de aportes a la seguridad social por cinco años al empleo joven, sin explicar como evitará de tal modo la precarización, el desfinanciamiento genuino de la seguridad social; y sin decir que así tira a la baja los futuros aumentos de los jubilados, porque esos recursos inciden en la "formulita" que determina los ajustes semestrales de jubilaciones y pensiones.  

Pasando en limpio todo, quedó una pregunta de Scioli flotando en el aire sin respuesta: ¿quiénes van a pagar el ajuste que Macri planea hacer, y que no negó de plano anoche? Todo indica que serán fundamentalmente los trabajadores, esos mismos a los que Scioli les prometió al final defender sus trabajos y sus salarios; y de los que Macri no habló en toda la noche: trabajadores, empleos y salarios.

El ejemplo de los "trapitos" que puso Scioli y el "Me rindo" de Macri viralizado en otro contexto, dijeron bastante más de lo que literalmente expresan: es sembrar dudas sobre si un intendente (porque eso es Macri al fin y al cabo, y él mismo se reivindica como tal) está a la altura del desafío para gobernar el país (cuyos problemas son de una escala bastante mayor); y si el propio Macri es capaz de soportar las presiones que conlleva ser presidente, de un país como la Argentina. 

Lo cierto es que tomando el fallido de Macri como bandera, podemos decir que pasó el debate y la campaña sigue; y -al menos de éste lado- acá no se rinde nadie.

domingo, 15 de noviembre de 2015

domingo, 8 de noviembre de 2015

GENTE QUE ENTIENDE LO QUE ESTÁ EN JUEGO, Y SE SUMA



"... entendemos que no es todo lo mismo y el 22 hay mucho en juego. Llamamos a votar a Scioli …. No está en juego kirchnerismo vs antikirchnerismo. Es mucho más decisivo, así que aquellos que iban a votar en blanco voten a Scioli y aquellos que jamás en la vida van a votar a un candidato del FpV, e iban a votar a Macri, que por lo menos voten en blanco, porque acá todo suma para evitar este retroceso …. Macri, aunque pretenda ocultarlo, es la economía de un país para pocos, un fuerte retroceso cultural y político en Argentina, y la punta de lanza para un proceso regresivo en toda Latinoamérica. Si algo se construyó en estos años es la autonomía de la política respecto de las corporaciones económicas ...”. 


"No nos da lo mismo la llegada al gobierno de un partido de laboratorio nutrido con lo más conservador de la política nacional, de clara orientación neoliberal. No nos da lo mismo un gobierno que pretende pagarle a los fondos buitres en sus propios términos, que anuncia explícitamente que pretende devaluar, reducir los impuestos a las grandes riquezas, sacar las retenciones y reducir el gasto público. No nos da lo mismo un gobierno que, diga lo que diga en medio de la campaña electoral, durante años votó en el Congreso de la Nación contra los principales avances de los últimos años … Hay que salir a visibilizar lo que sería un gobierno de Macri, llamar a los votantes de la izquierda a que entiendan que es erróneo votar en blanco, la situación no es así de lineal, ni tampoco es cómodo". 


“Desde la izquierda no podemos decir que nos da lo mismo un gobierno del FpV que uno del PRO. De llegar al gobierno Mauricio Macri, como candidato de una derecha reciclada que es parte de un fenómeno continental, en la Argentina tendríamos un retroceso cualitativamente distinto. No se trata de una lógica del mal menor”. “...no es lo mismo el PRO que el Frente para la Victoria. No es lo mismo que nos gobierne una derecha alineada con el golpismo latinoamericano, que estuvo en contra de toda conquista popular en nuestro país en todos estos años, que se opone a la lucha por Memoria Verdad y Justicia y se codea con los defensores de la última dictadura militar 


"O elegimos la economía de Espert, Melconian, Cavallo y compañía y volvemos al peor de los pasados de este país u optamos ante la ausencia de nuestro candidato a presidente por un candidato que exprese a los sectores populares y desde ese punto de vista nosotros vamos a acompañar la candidatura presidencial de Daniel Scioli sin condiciones y con toda nuestra fuerza como un militante más".


"...llamó “a enfrentar en las urnas el avance de la derecha”, equiparó al macrismo con “ajuste, precarización, persecución, desalojos, privatizaciones, deuda externa” y advirtió sobre las “consecuencias desastrosas que tendría para el pueblo argentino” un gobierno del PRO. 


“En mi caso particular lo voy a votar a Scioli porque desde siempre soy un convencido que todo aquello que venga de sectores populares y que vaya con estas medidas forma parte de una sociedad nueva y que necesita profundizarse, estoy en esa idea desde hace muchos años"


(impulsó en un plenario general de la central obrera un pronunciamiento que apoya la candidatura presidencial del kirchnerista Daniel Scioli, que fue aprobado por el grueso de los gremios peronistas)

"los representantes de las patronales y los grandes grupos concentrados han festejado en forma estridente esta posibilidad que las urnas le han dado a uno de los suyos … esos festejos son malas noticias para los trabajadores ya que sin dudas auguran para el caso de un triunfo de su candidato en la segunda vuelta, una fuerte ofensiva para imponer las políticas de ajuste que ya hemos padecido y que ahora vienen disfrazadas de acuerdo social"

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz:

"Mi postura es la de siempre, tenemos que analizar las cosas beneficiosas para el pueblo y apoyarlas. este caso es una encrucijada para el país, no hay que hacerse el oso y ponerse a invernar. Saben que soy crítico de cosas del Gobierno actual, pero uno tiene que ver la perspectivas de las políticas a nivel nacional. Es bueno que uno se pronuncie y clarifique las cosas. Creo que el voto en blanco no contribuye a las soluciones del país y es una satisfacción de carácter personal pero no tienen incidencia para el país". Y resaltó: "Voy a votar por Scioli.."

miércoles, 4 de noviembre de 2015

LA NUEVA ÉPICA, LA NUEVA MILITANCIA


Aclaración preliminar: el disparador de éste post son estas líneas de Oscar Cuervo en su blog sobre las movilizaciones ciudadanas que se vienen dando en diferentes puntos del país a partir de los resultado de la primera vuelta, y ante la perspectiva cierta de que Macri pueda imponerse en el balotaje.

Lo cual no implica coincidir absolutamente en todo lo que Oscar plantea, pero sí en lo central: son expresiones de una nueva etapa política que se abre en el país más allá del resultado del balotaje; y -esto lo agregamos nosotros- vinieron a aportarle el tono épico a una campaña del Frente Para la Victoria que hasta acá no lo tenía; fuere porque el candidato no entusiasma a muchos, o porque se descontaba la victoria en primera vuelta.

Pero lo cierto es que eso no pasó, y los resultados fueron un revulsivo social y no sólo para lo convencidos: todos nos cruzamos a diario con algún votante de los candidatos que se quedaron afuera del balotaje, que plantea por lo menos su preocupación por la posibilidad de que gane Macri. 

En paralelo, crece un fenómeno de "militancia desde abajo" y cuerpo a cuerpo, tanto de los propios, como de los ajenos que advierten lo que está en juego; y cuáles son los riesgos. Y en el caso de los propios, como si de golpe algunos hubieran hecho el tránsito a la madurez política aceptando que Cristina no es candidata, ni puede absorber ella todo el peso de la iniciativa política, en el discurso y en la organización de la acción.

Es cuestión asumida que la construcción de la identidad kirchnerista en todos estos años reconoce hitos claves, como el conflicto con las patronales del campo por las retenciones móviles, la disputa con Clarín por la ley de medios, la recuperación de YPF o la pelea con los fondos buitres.

La mística -traducida en energía militante y entusiasmo por participar- que generaban cada una de esas cuestiones venía dada por lo que estaba en juego, y porque nos sentimos en cada caso parte de un colectivo político que apuntaba en la dirección correcta: las movilizaciones eran para respaldar al gobierno y sus medidas, y no para oponerse a una decisión impopular: fenómeno inédito en muchos años en nuestro país.

Incluso con el paso del tiempo se fue ampliando el consenso en torno a esas y otras medidas que "movilizaban", como se puede constatar comparando los alineamientos sociales en el conflicto del campo o la ley de medios, con los que se produjeron cuando se expropió la mayoría accionaria de YPF o el gobierno enfrentó la ofensiva de los fondos buitres. 

Hoy la coyuntura es distinta, en los resultados electorales y en la percepción social del ciclo kirchnerista, de lo que aquéllos no son sino el reflejo. Sin embargo, lejos de disminuir la dimensión épica de la cuestión (esa que convoca a expresarse, militar y poner el cuerpo en defensa de una idea), no hace sino acrecentarla.

No hay a la mano una "bandera" rutilante como YPF o algo similar, pero está en juego nada menos que todo lo conseguido en estos años: así las cosas no se puede pedir un "épica" mejor; aunque el final sea incierto, en términos electorales. O precisamente por eso: tenemos que sentir que si la cosa viene difícil, está en nuestras manos revertirla, o por lo menos dejar todo en el intento.

Sobre todo si tenemos en cuenta contra quien hay que dirimir la elección, y en consecuencia, el futuro del país, y lo que representa lo que tenemos enfrente: ésa es precisamente la percepción compartida cotidianamente en estos días con los que se suman desde otro lugar; aun teniendo muchas críticas que hacerle al proceso político abierto en el país en mayo del 2003.

Pero además de una "épica de la resistencia" o del "aguante" ante el avance del pasado, hay que comprometerse a pelear por lo que falta, porque las cosas cambian y como dijo el propio Scioli: los derechos otorgados generan nuevas demandas; y hay que tomarlo como un signo positivo de la etapa, no como un lastre que incomode, o una ingratitud de los electores.

Disminuir el empleo en negro, consolidar un sistema de salud accesible para todos y una educación de calidad, continuar transformando el transporte público, modificar el modelo productivo para superar sus restricciones y desequilibrios estructurales, profundizar la redistribución del ingreso, resolver el problema de la vivienda: hay allí un amplio campo de "épicas" pendientes para la acción militante y el compromiso político; y un desafío a futuro para cualquier proyecto político que gobierne la Argentina, para poner todas esas cosa entre sus principales prioridades.

En realidad, para cualquiera no: hay muchos argentinos (sean o no kirchneristas, hayan acompañado o no hasta acá al gobierno) que están advirtiendo que si hay alguien que puede poner en serio riesgo los avances logrados, y no puede garantizar afrontar los desafíos pendientes, es Mauricio Macri.

martes, 3 de noviembre de 2015

TOMÁTE TU TIEMPO: CRÉDITO HIPOTECARIO PARA VIVIENDA


El drama de no contar con vivienda propia y tener que pagar un alquiler o irse a vivir con los padres es -sin dudas- una de las principales preocupaciones para muchos argentinos; y de las principales asignaturas pendientes de cualquier gobierno.

Al mismo tiempo acceder a la vivienda propia no es sencillo por el proceso de especulación inmobiliaria que incrementa el precio de las propiedades, y por la dificultad en acceder al crédito hipotecario para poder comprar, construir, refaccionar o ampliar la casa propia; incluso pagando altas tasas de interés.

A los bancos no les interesa otorgar préstamos hipotecarios para vivienda porque son a largo plazo, y prefieren concentrarse en el crédito a corto plazo para el consumo (básicamente a través de las tarjetas de crédito y los préstamos personales), que son para ellos muchos más redituables.

Por esas razones en el año 2012 el gobierno nacional lanzó el programa PROCREAR, que el año pasado otorgó más del 87 % de los créditos hipotecarios para vivienda otorgados en todo el país.

El lanzamiento del PROCREAR fue posible porque en el año 2008 fueron recuperados para la ANSES los fondos de las AFJP, medida a la que Macri se opuso y que sus legisladores votaron en contra en el Congreso.

Más aun: después de lanzado el PROCREAR Federico Pinedo (presidente del bloque de diputados del RO) criticó la tasa baja de los préstamos (muy inferior a la que en promedio cobran los bancos privados, porque supuestamente a largo plazo decapitalizaría al Fondo de Garantía de la ANSES. Y cuando el Congreso votó la aprobación del decreto de creación del PROCREAR dictado por Cristina, se fueron de la sesión.

En campaña tanto Scioli como Macri prometen otorgar un millón de créditos hipotecarios para vivienda, con la diferencia que Macri no dice como, y Scioli sí; y el agregado de que Macri prometió en la ciudad de Buenos Aires facilitar las garantías para el que alquila, y al cabo de un año de lanzado el programa, el Banco Ciudad sólo otorgó 7 garantías.

Scioli ha dicho que para conseguir llegar al millón de créditos hipotecarios para vivienda es necesario complementar el esfuerzo que hace el PROCREAR, con el aporte de la banca estatal y la privada: en éste último caso plantea obligar a los bancos privados a otorgar créditos hipotecarios para vivienda a menor tasa por lo menos por un monto igual al 5 % de sus depósitos. Tal como se hizo con los créditos para financiar a las empresas que desean invertir para aumentar la producción.

Esa medida sólo es posible gracias a la reforma de la carta orgánica del Banco Central que impulsó el gobierno, que le permite también al BCRA fijar límites a las tasas de interés que cobran los bancos; reforma a la que Macri se opuso y sus legisladores también votaron en contra, y promete anular en caso de llegar al gobierno, para "volver al Banco Central Autónomo".

Si se vuelve a la "autonomía" del Banco Central como propone Macri, los bancos prestarán plata para lo que ellos quieran y les convenga, y a las tasas a las que se les antoje; de modo que conseguir un préstamo  hipotecario para vivienda será casi imposible; igual que antes del PROCREAR.

Calculá cuanto tiempo te llevó leer esto, y entenderlo.

Después tomáte el mismo tiempo para explicárselo a algún amigo, pariente, conocido, vecino o compañero de trabajo que obtuvo un préstamo del PROCREAR o lo está esperando, o necesitaría un préstamo hipotecario para poder construir, comprarse o refaccionar su casa; y está dudando a quien votar, o pensando su voto.

viernes, 30 de octubre de 2015

LA POLÍTICA DE LAS PARALELAS


Volvió Cristina y habló por primera vez tras las elecciones, pero sin cadena nacional. O en todo caso, con la cadena nacional de los mismos medios privados que se quejan de la oficial, pero ayer (con TN a la cabeza) siguieron todos los discursos -hasta los de los patios para los militantes-, acaso tributando a la doctrina Samid; según la cual cada vez que habla, el FPV pierde votos.

Un rato antes Scioli se mostraba en Tucumán con los gobernadores del FPV, pero sin Urtubey (el más cuestionado hacia adentro en la campaña por sus declaraciones sobre el arreglo con los fondos buitres) y con Aníbal, Wado De Pedro y Zannini.

Puestas en escena que indican que la campaña seguirá como nació la candidatura de Scioli: como el reconocimiento de que se necesitaban mutuamente. Cristina a Scioli para darle encarnadura electoral a la continuidad del proyecto (por su imposibilidad de presentarse, y por la falta de competitividad de otros candidatos en danza); y Scioli a Cristina como quien gestiona el gobierno durante todo el trayecto de la campaña electoral (incidiendo por ende en sus posibilidades concretas), y lidera el espacio político del oficialismo.

También la sobreimpresión de los dos actos de ayer deja claro -por si hiciera falta- que no son lo mismo ni son iguales, pero eso no obsta para que cada uno puede aportar lo suyo al objetivo político de ganar la elección: un reflejo actual y de cara al balotaje de lo que ha sido la diversidad del dispositivo político y la coalición social que sustenta al oficialismo desde el 25 de mayo del 2003.

Cristina le habló ayer a la militancia y al núcleo duro, pero no sólo  a ellos: de hecho, hizo reiteradas apelaciones al conjunto de los votantes para sopesar las razones que definan su opción en la futura elección.

Cuando Fantino le decía anoche a Scioli que no lo había nombrado en su discurso (el aspecto que se ocupa de puntualizar Clarín desde su tapa de hoy), la respuesta del candidato no pudo ser más precisa, cuando dijo textualmente: "Hizo algo mucho más importante, que es convocar a la militancia a trabajar casa por casa para convencer a la gente de que me vote".

Con lo que queda claro que los roles están perfectamente repartidos entre ambos, y el de Cristina es el mismo que jugó Lula en Brasil en la campaña de Dilma: se terminó el momento de las discusiones internas y los pases de facturas; con palazo incluido a "los mediocres que hacen críticas pero no aportan votos". Al que le quepa el sayo que se lo ponga.

El caso del 82 % móvil para los jubilados (lo que planteó realmente Scioli fue ese porcentaje del salario mínimo vital y móvil para los jubilados que cobran la mínima) que algunos ponen como ejemplo de enfrentamiento o incoherencia, demuestra los diferentes roles que cada uno juega, y los distintos momentos en los que los tienen o tuvieron que jugar.

Cuando Cristina vetó la medida en el 2010 gobernaba con un Congreso controlado por la oposición; que tras las elecciones legislativas del 2009 trataba desde allí de condicionar al gobierno e imponerle su agenda; que incluía no tanto mejorar la situación de los jubilados, como torpedear la gestión. 

Reafirmar ayer ese veto tiene que ver no con un capricho ni con el anuncio de Scioli, sino con reafirmar la coherencia entre lo que se dijo y lo que se hizo, sin negar el propio pasado ("somos lo que somos", decía ayer Cristina); y apunta a desenmascarar -por contraste- la "política sin pasado" de Macri; que puede decir hoy que apoya todo lo que hasta ayer combatió, sin que se le mueva un pelo.

Scioli tiene otro rol, en otro momento y con otras exigencias: es el candidato que va a disputar un balotaje y tiene que convencer a los indecisos, a los que votaron en blanco y a los que optaron por otros candidatos.

Y para eso tiene que demostrar que si la gente demanda cambios, él está dispuesto a hacerlos; del mismo modo que -por ejemplo- Diego Bossio estaba en el 2010 -como ahora- al frente de la ANSES y tuvo que aportar los elementos técnicos para demostrar que el 82 % móvil para todos los jubilados era inviable porque quebraba al sistema previsional; y hoy forma parte de los equipos de Scioli, y debe buscarle sustento técnico y conceptual a los anuncios que vaya haciendo el candidato. 

La credibilidad de las propuestas debe ser valorada -como no puede ser de otro modo- por los votantes; y está por discutirse entonces su eficacia en términos electorales, algo que no se puede vislumbrar hoy. 

Lo que está claro es para ganar las elecciones ni todas las cosas pueden seguir igual a como están hoy sin que los electores vislumbren cambios a futuro, ni -como dijo Cristina- puede tirarse por la borda todo lo conseguido en estos años: la gente no está pidiendo tanto, ni tan poco; y hay que tener mucha sintonía fina para saberlo interpretar correctamente.

Pero lo más importante de todo es aquéllo en lo que los dos (Cristina y Scioli) estuvieron absolutamente de acuerdo: la estrategia correcta para encarar el balotaje es la de polarizar la campaña haciendo foco en la confrontación de modelos; sea que se la exprese en retrospectiva (como hizo ayer Cristina) o en términos de opción a futuro, como lo viene haciendo Scioli. 

Y no podemos terminar la reflexión sin destacar el palazo de Cristina a una oposición que sigue flojita de papeles democráticos, y pasó de la denuncia de fraude en la previa, al festejo por los resultados después; sin ningún atisbo de autocrítica en el medio.

Por el contrario, mientras Cristina felicitaba a María Eugenia Vidal por el triunfo en Buenos Aires, De Angelis había reconocido apenas unas pocas horas antes su derrota en Entre Ríos tras denunciar fraude (pese a que Macri ganó en la provincia); y Costa en Santa Cruz no ha admitido aun la victoria de Alicia Kirchner en la pelea por la gobernación.

lunes, 26 de octubre de 2015

FINAL ABIERTO


La principal incógnita política de los últimos años (si la elección presidencial se resolvía en primera vuelta o no) quedó despejada ayer, y del peor modo: con un triunfo ajustado de la fórmula del FPV, por apenas el 2,51 % de los votos; con el 96,93 % de las mesas escrutadas. 

Un resultado que no estaba en los cálculos de nadie (ni siquiera en el de las propias consultoras contratadas por la oposición, y aun de sus propios dirigentes) y que pone en entredicho -por lo exiguo- la certeza de un triunfo que hasta ayer se suponía seguro; del mismo modo que obliga a la reflexión y la autocrítica tan profundas y necesarias como rápidas: hay apenas cuatro semanas por delante para una elección crucial para el destino del país, a la que llegamos con la necesidad apremiante de redoblar el esfuerzo para ganarla.

Conforme avanzaba ayer el día y la euforia de "Cambiemos" demostraba que habían logrado el objetivo de forzar la segunda vuelta, crecía la incertidumbre de éste lado, que se terminó de despejar cuando habló Scioli, con el discurso propio de un candidato que lanzaba su campaña para el balotaje; y al parecer -al menos por lo que dijo- dispuesto a ganar o perder con el kirchnerismo; después de haber alternado en la campaña gestos de alineamiento y de "independencia".

Se pueden hacer en caliente muchos análisis sobre lo ocurrido ayer, y seguramente en cada distrito los compañeros harán el propio, o intentarán intuir lo que pasó en otros, como la provincia de Buenos Aires; el distrito clave por su peso específico, y por la enorme carga simbólica de haber perdido la gobernación.

Que el modo en que se saldaron las internas (presidencial y de la PBA), que la actitud de Randazzo, que como jugaron los "barones" del conurbano, que si había que haber ido al debate o no, que los carpetazos contra Anibel, pero lo real y lo concreto es que desde las PASO del 9 de agosto una diferencia que había sido con el conjunto de las fórmulas de "Cambiemos" de 1.930.000 votos se redujo a apenas 612.000, con casi el 97 % de las mesas escrutadas; y por cada voto adicional que logró captar Scioli, Macri sumó casi 7. 

Y su ascenso parece -al menos a priori- no haberse construido sobre el declive de Massa, porque el tigrense logró superar en 558.000 votos su marca (sumado a De La Sota) de la elección anterior. Un análisis más fino y con el paso de los días irá arrojando más luz sobre el asunto, pero lo que está claro es que son cifras que marcan a las claras que lo que hay que analizar es lo que se hizo mal -por lo menos- desde el 9 de agosto para acá; porque no se lo puede volver a repetir de cara al 22 de noviembre: se ha dicho muchas veces que es de necios esperar mejores resultados, obstinándose en utilizar los mismos métodos.

En tal sentido hay que reconocer que el adversario logró darle mística a su campaña, convertida en una especie de cruzada de los purísimamente buenos contra los químicamente malos; un eje de discusión muy conveniente para eludir el debate político real, que no es otro que la confrontación de modelos de país.

Por contraste, de nuestro lado muchos votaron al candidato "con cara larga y desgarrados" (por utilizar la expresión de Horacio González que tanto dio que hablar no por él, sino por ser representativo de muchos), algo que es legítimo desde el punto de vista personal, pero que visto de la óptica del conjunto dista de lo que se requiere: quien no está plenamente convencido, mal podrá convencer a otros. 

Y por "convencido" entendemos no renegar de la propia opinión sobre el candidato, sino que se tiene la plena conciencia de lo que estaba y está en juego (llamésmole si quieren la contradicción principal), ante cuya trascendencia se debieran subordinar los gustos personales; aun los fundados en respetabilísimas convicciones ideológicas. 

En ese contexto y con un adversario que llegaba "motivado" (y lo estará más aun para el tramo final, con los resultados de ayer) poco ayuda el estilo "amigable" del candidato y los gestos simbólicos que desde allí despliega y claramente no sumaron en campo ajeno (no por lo menos de un modo ostensible), y es posible que terminen restando en el propio. No hay que menospreciar la influencia de esas cuestiones porque se las suponga acotadas a una minoría altamente politizada, porque a la larga terminan trascendiendo ese marco; mas en una elección en la que los márgenes de definición son tan acotados.

Por lo que se pudo ver (al menos acá en Santa Fe) hubo poco contacto de la fórmula con la "gente de a pie" mientras el adversario planteaba -aun como estrategia publicitaria- la idea de la "timbreada" como un contacto cercano, íntimo y personal: la imagen se multiplica por los medios para que los que no recibieron la visita de Macri crean que es un tipo accesible, común y como ellos; y no quien y lo que realmente es.

En contraste hubo mucho roce "institucional" de Scioli en lugares donde no se suman votos sino se trata de "buscar apoyos" cuando uno ya está instalado en el gobierno: acá en Santa Fe los últimos dos actos importantes de campaña fueron la presencia de los candidatos locales y Urtubey en ADE (cuyo último visitante "ilustre" había sido nada menos que Cavallo), y de la fórmula presidencial en la Bolsa de Comercio ante lo más granado del garcaje local; que los "examinó", los destrozó por los medios locales y seguramente votó en masa a Macri como tenía pensado desde mucho antes

Los anuncios del futuro gabinete tuvieron el deseo de mostrar que la elección ya estaba ganada y se pensaba en el gobierno, pero también -no sería honesto de nuestra parte desconocerlo- el de sobreactuar "independencia" del kirchnerismo duro; y por ende la caben la mismas consideraciones del párrafo anterior: hay que ver si sumaron afuera, o si por contraste- no terminaron restando adentro.

Claro está que no se le puede desconocer a quien aspira a gobernar el derecho de elegir sus colaboradores (aunque para eso debe ganar primero las elecciones), ni se le puede pedir a Scioli que ahora de marcha atrás y empiece a cambiar nombres que puedan haber sido "pianta votos". En todo caso lo que hay que hacer de acá en más, con las cartas ya echadas, es obligar a Macri a blanquear su propio gabinete, porque eso lo obligaría a abandonar el cómodo terreno de las generalidades, para entrar en el terreno -que para él puede ser fangoso- de las concreciones de su programa de gobierno.

También se pueden apuntar como errores -desde nuestra modesta opinión- que se desviaron lo que debían ser los ejes de la campaña embarcándose en discusiones anticipadas (y claramente extemporáneas) sobre la reconfiguración a futuro del dispositivo político del oficialismo; o sobre los cambios que se sobrevendrían en un futuro gobierno del FPV: el caso de Urtubey y sus declaraciones sobre el arreglo con los buitres son el mejor ejemplo al respecto.

Se podrían seguir sumando más elementos para el análisis -como si los anuncios sobre Ganancias debieron haberse hecho antes y no como un manotazo de ahogado, como parece hoy, resultados a la vista-  pero lo real y lo concreto es que las cosas son como son, y no siempre como a uno le gustaría que fueran; y como suele repetir siempre Cristina, el pasado está a la vuelta de la esquina; y ayer pudimos comprobar que es dolorosamente cierto.

Claro que nada está dicho, y de nosotros -en parte- depende que no vuelva.

viernes, 23 de octubre de 2015

LLEGA EL DÍA


Llegó el final de una larga campaña, y se asoma ya el domingo en el que los argentinos decidiremos nuestro futuro por los próximos cuatro años; y como lo señalaba anoche Zannini en el acto de cierre en el Luna, lo vamos a hacer en paz.

Atrás quedaron todos los anuncios apocalíticos, y las piedras que hubo que sortear en el camino: devaluaciones (la que se produjo y las que tratan de forzar), autoacuartelamientos de gendarmes y policías, saqueos, corridas cambiarias, la presión de Griesa y los buitres, Nisman, su denuncia y su muerte; y los mil y uno anuncios de patos rengos, y fines de ciclo; junto a las inverosímiles denuncias del aparato mediático-judicial y su correlato en la oposición.

Como también recordó Zannini y viene siendo la constante desde el 2007, el país va a votar con sus instituciones funcionando, y sin una crisis económica de fondo que ponga en conmoción a esas mismas instituciones; y con la fortaleza de un gobierno y una presidenta que -tal como lo anunció Néstor en su primer discurso- se mantuvieron fieles a sus convicciones: ayer mismo recordaba -en la cara de Urtubey, que lo observaba a pocos metros- como hasta los jueces europeos le dan la razón al planteo del gobierno argentino frente a las pretensiones de los fondos buitres. 

Atrás quedaron también las especulaciones sobre la sucesión de Cristina, la re-reelección (que ella misma nunca impulsó: recordemos el llamado a "no hacerse los rulos"), la resolución de la interna del FPV y la integración de la fórmula, y las especulaciones sobre si "Cristina jugaba a ganar o prefería perder para ser jefa de la oposición"; y atrás también queda el modo en el que se desarrolló la campaña: con los resultados del domingo en la mano, será la hora de hacer balances y poner en claro lo que se hizo bien y lo que faltó.

Por delante quedan la esperanza y los interrogantes: el gabinete de Scioli, el rumbo futuro del proceso, la convivencia con el liderazgo indiscutido de Cristina si las urnas lo consagran presidente, los reacomodamientos en el peronismo.

Lo concreto es que hoy, a dos días de la elección, la prioridad está dada en hacer el esfuerzo final para conseguir la victoria en primera vuelta, del modo más contundente posible; para despejar toda duda sobre la legitimidad del triunfo en el ciudadano común (no esperemos hidalguía democrática de una oposición que ha demostrado que no es ni hidalga ni democrática), y para fortalecer al futuro gobierno ante un panorama complejo; y de previsibles presiones que ya se están haciendo sentir. 

Las dudas que -para que negarlo- existen para adentro y son en muchos casos legítimas y valederas, deben contrastarse con una certeza indubitable: nunca quedó tan claro como ahora lo que hay enfrente, y lo que representa.

Como encarnación mayoritaria del peronismo de esta etapa histórica del país y parte a su vez de una identidad más amplia del campo nacional y popular, el kirchnerismo sólo podrá ser superado por algo mejor; en un sentido de progresividad histórica.

Y no lo hay hoy disponible en la oferta política nacional, ni por solidez de la construcción política (el PJ es el único partido nacional vertebrado y organizado digno de ese nombre, tras la crisis terminal de la UCR), ni por programa de gobierno y modelo de país (enfrente nos proponen volver al pasado), ni por referencias personales: si medido con la vara alta de Néstor y Cristina, Scioli deja dudas para muchos respecto a si estará a la altura de las circunstancias ¿qué decir de la constelación de candidatos y liderazgos opositores?

Resulta casi obvio a esta altura del partido el repaso de todo lo logrado y transcurrido desde el 2003 para acá, tan obvio que hasta los propios opositores -que hasta ayer nomás proponían como programa hacer tabla rasa con todas las políticas del kirchnerismo- se han vuelto kirchneristas de la última hora; y prometen "dejar todo lo que se hizo bien", omitiendo por supuesto decir de que hablan concretamente.

Se percibe en el ambiente, en la calle, en la gente, que se gana el domingo y se resuelve la elección en primera vuelta, se lo percibe también en las actitudes de la propia oposición y de los medios que le marcan la agenda; y ese resultado (un nuevo triunfo del FPV, y su derecho a gobernar la Argentina por otros cuatro años) está en la lógica de los hechos, al menos desde nuestra mirada.  

Falta hacer el esfuerzo final para refrendarlo en las urnas.

martes, 13 de octubre de 2015

SEGUNDOS AFUERA. Y TERCEROS TAMBIÉN


A 12 días de las elecciones y cuando quedan 10 días reales de campaña, el oficialismo no podría pedir que las cosas vayan mejor; a punto tal que no sería extraño suponer que en breve se plantee desde los medios opositores que la  campaña de la oposición fue intervenida por topos kirchneristas. 

A medida que se acerca el 25 crece el revoleo de concheros entre Macri y Massa tirándose con encuestas, desafíos de debate, denuncias de pactos espurios con el oficialismo y reclamos de paternidad del "voto útil", en una virtual confirmación de la verosimilitud (más allá de la credibilidad que se les asigne a las encuestas) de la hipótesis de un triunfo de la fórmula del FPV en primera vuelta.

Este tramo final de la campaña de los dos principales aspirantes opositores enfocados de pleno en el otro en lugar de disparar su munición sobre Scioli, es el casi inevitable colofón de una campaña que transcurrió entre barandazos conceptuales y de planteos de campaña; verificables tanto en el evangelismo vacuo del mensaje de Macri (que en los spots de campaña parece más un tele-pastor brasileño que un candidato presidencial), como en el lanzamiento serial de "propuestas concretas" inverosímiles desde la inviabilidad (y en no pocos casos, incompatibles entre sí), en el de Massa.

Ninguno de los dos ha logrado hacer pie en el núcleo duro de los votos del FPV, y está por verse hasta que punto pudieron captar otros apoyos disponibles entre los indecisos, votantes en blanco y ausentes del comicio en las PASO: dejando de lado la discusión sobre la prevalencia en la sociedad de la idea de la "continuidad" o la del "cambio", lo cierto es que todo indica que aun de darse el segundo caso, ni Macri ni Massa logran convencer a segmentos importantes del electorado que están en condiciones de encarnarlo.

Macri arrancó la campaña proponiendo (y logrando) la alianza con la UCR para absorber todo el voto anti-peronista y ensanchar la escasa base territorial del PRO en una campaña explícitamente "desperonizada", para terminar inaugurando el monumento a Perón en una apelación al voto peronista que fue no solo la admisión implícita de que con el "anti" no alcanza, sino de que de ese modo se transmite sensación de gobernabilidad: mejor confirmación de uno de los argumentos fuertes del peronismo (proviniendo nada menos que del candidato opositor mejor posicionado en las PASO), imposible de pedirse.

Para peor (para los opositores) se percibe cierta fatiga conceptual en el sistema de medios hegemónicos que los editorializa, les marca la cancha y les baja línea, insistiendo en forma forzada y machacona con ciertas cuestiones que no mueven el amperímetro (en términos de incidencia electoral) fuera del núcleo de los convencidos; lo que se denominan las "audiencias redundantes". 

Lejos de eso, esa insistencia pone en riesgo las de por sí escasas chances de los candidatos opositores de sumar apoyos, fuera del núcleo duro del anti-kirchnerismo.

La agenda "institucional" o "republicana" tuvo siempre escasísimo peso electoral porque el grueso de los votantes se definen por otros parámetros más concretos y tangibles (básicamente, situación y perspectivas a futuro en orden al empleo, salario y consumo); y su peso específico disminuye aun más cuando en esa agenda se van sobreimprimiendo los temas unos tras otros, en una especie de ensayo permanente para ver cual es la "bala de plata" que logra el efecto deseado.

Mas aun si a un tema "pesado" le sucede de inmediato otro más "light" que lo desplaza, como si el anterior no hubiera sido suficiente (o acaso a causa de eso), y así pasamos del caso Nisman a la corrupción, y de las denuncias de fraude al cuestionamiento de la cadena nacional.

Claro está que todo lo precedentemente dicho no implica que la elección esté ganada, o que la campaña hasta el domingo de la elección vaya a ser un lecho de rosas.

Por el contrario, los márgenes de error que marcan las encuestas que circulan y las reglas constitucionales para definir si habrá o no balotaje imponen extremar los recaudos para no cometer errores no forzados; y evitar en lo posible pegarse tiros en los dedos del pie.

Si es cierto que en el peronismo "el que gana conduce" (y más allá del debate que se abre sobre el rol de Cristina hacia el futuro)  habrá que recordar que Scioli aun no ha ganado, pero en el camino hacia el triunfo deberá ir demostrando dotes de conductor: los derrapes de Urtubey primero y Closs después en el caso de los fondos buitres claramente restan, sobre todo en el voto propio; y el horno no está para bollos, o la campaña para "apresurados" por marcar "diferencias".

La reflexión debe completarse con otra: las PASO derrumbaron la idea -instalada en muchos sectores- sobre que Scioli era el mejor candidato porque captaba voto "propio" suyo por fuera de la base electoral del kirchnerismo: las cifras indican que incluso no logró captar la totalidad del voto FPV, sobre todo si se analizan en detalle no sólo las cifras, sino su despliegue territorial, comenzando por la propia provincia de Buenos Aires y algunos distritos clave del conurbano.

De allí que para dar el salto de calidad que se necesita para ganar en primera vuelta el 25 hay que ir por esos votos, sin desesperarse tanto por hacer promesas de esponsales a futuro a otros hasta ahora refractarios, porque además de ser menos -lo que pone en duda la eficacia de la estrategia- obligan a piruetas discursivas que no hacen sino alimentar las prevenciones de ciertos sectores propios con el candidato: no sea cosa que los votos que presuntamente entren por un lado, seguramente se vayan por el otro.

Máxime cuando por las restricciones legales Cristina no podrá participar de ahora en más tan activamente en la campaña, y -hasta que las evidencias no demuestren lo contrario- su imagen y la percepción de su gobierno siguen siendo el principal activo electoral con que cuenta la fórmula oficialista; y hay que asumirlo sin complejos.

Scioli hizo hincapié en toda su campaña en la previsibilidad como fortaleza, lo que se asocia no sólo a la "gobernabilidad" como atributo que se le reconoce al peronismo, sino a la promesa de continuidad de las líneas maestras del proyecto iniciado el 25 de mayo del 2003.

Podemos aventurarnos a decir que en los votos que obtuvo en agosto hay más que son consecuencia de lo segundo, que de lo primero; y la orientación de la campaña en su tramo final debería ser claramente consecuente con esa conclusión: para "profundizar lo que se hizo bien" y "cambiar lo que haya que cambiar" -así, en general y sin demasiadas precisiones- ya hay oferta electoral ampliamente disponible en los candidatos opositores. 

lunes, 10 de agosto de 2015

PRIMER P.A.S.O. PARA LA VICTORIA


Al momento de subir éste post y como muestra la imagen de apertura, los números del escrutinio subieron hasta el 88,81 % de las mesas de todo el país, de modo que la tendencia ya resulta definitiva.

Tal como es habitual en estos casos, con sólo echar un vistazo a los diarios se puede comprobar como se multiplican las interpretaciones de los resultados; porque en la etapa que se abre la lucha es en esencia por eso: por imponer la lectura que mejor se acomode a las intenciones, los deseos y los intereses de cada quien.

Sin embargo, no se pueden obviar los datos duros: tras 12 años en el gobierno -con el desgaste que eso implica, y recibiendo a diario misiles de todo calibre- el FPV ratificó una vez más su indiscutida condición de primera fuerza política del país; ganando en toda la geografía nacional para presidente con excepción de la Capital, Córdoba, San Luis y Mendoza; y logrando sumar distritos que le eran hostiles, como Santa Fe y Corrientes. 

Si antes de abrir las urnas se pensaba que Scioli no era (electoralmente hablando, y en muchos sentidos) Cristina y las cifras del 2011 eran irrepetibles (así lo marcaban las encuestas, y sobre todo el contexto político y económico), los números lo terminaron comprobando: casi rozando el 38 %, la fórmula presidencial capitalizó en esta etapa los votos del núcleo duro kirchnerista, con escasa penetración en el electorado "independiente".

Lo que comprueba algo que muchos sosteníamos antes: los votos del FPV son del espacio político, y hubieran sido capitalizados por cualquier candidato; comprobación que no debe entenderse como una crítica a Scioli, que supo trabajar para instalarse como "el candidato natural" elegido por el dispositivo institucional peronista que es la columna vertebral del oficialismo, y forzar la definición de Cristina en su favor.

Una definición -la de sortear la interna para seleccionar el binomio presidencial- que se reveló acertada si se considera lo que pasó en el crucial distrito bonaerense; y el  modo en el que allí se realizó la disputa interna, poniendo en riesgo el resultado final. 

Pero si de contextos hablamos, no podemos omitir señalar que la victoria de ayer se logró en condiciones adversas, con el dispositivo mediático opositor y buena parte del "poder real" poniendo -como decíamos acá- toda la carne en el asador en nuestra contra en un conjunto de operaciones cruzadas que no bastaron para cambiar las cosas, pero marcarán el tono general de la campaña, de acá hasta octubre.

Claro que las cosas pueden mejorar, y el triunfo en primera vuelta está al alcance de la mano, considerando una serie de factores tales como el incremento de la participación, el "efecto ganador" que tiende a sumarle votos al más votos obtuvo en las PASO (ya lo experimentó Cristina en el 2011), el porcentaje de votos en blanco que tiende a disminuir, y la muy probable migración de votos, en especial de otros candidatos peronistas: con sólo sumar algo menos de uno de cada tres votos de los que obtuvo ayer De La Sota, Scioli podría ser elegido presidente en primera vuelta.

Porque si nos atenemos además a las reglas constitucionales que rigen la elección, Macri debería estar bastante preocupado: con los votos de "Cambiemos" en el filo del umbral del 30 %, no tiene margen de error en el objetivo de retener los votos de Sanz y de Carrió. Con una porción mínima que se le escape, se le irá el sueño de llegar al balotaje por la canaleta de las urnas.

Uno podría preguntarse -más allá del fuerte componente anti-peronista que hay allí- que pasará en octubre con el voto radical, ante la decepción que los números arrojan para la estrategia elegida por la dirigencia del partido: el espectáculo de anoche de Sanz fungiendo de actor de reparto de un módico festejo del PRO hirió la sensibilidad de muchos boinas blancas. 

Aunque pueda haber mejorado sus números en el tramo final de la campaña respecto a lo que venían marcando las encuestas, no se entiende el triunfalismo que trasuntaba el discurso de Massa: si se miran los datos fríos y duros, él personalmente retuvo el porcentaje que alcanzó en las legislativas del 2013 (cuando amenazaba con comerse la cancha en las presidenciales), compensando su notoria merma en la provincia de Buenos Aires, con algunos votos carancheados en otras provincias.

En rigor, el crecimiento de UNA debe atribuirse casi en exclusividad al aporte de De la Sota, cuyo 6,78 % no deja de ser meritorio, a menos que uno lo analice desde las expectativas personales del propio gobernador cordobés; a quien sin embargo le fue bastante mejor que otros candidatos "instalados" mediáticamente hace mucho tiempo como Carrió, Sanz, Stolbizer o Rodríguez Saá.

Haber atraído al "gallego" a disputar una interna de la que todos huían (como huían del espacio, en un "garrochazo" masivo) se reveló entonces el único acierto estratégico de Massa, en una campaña plagada de desaciertos; acierto que -sin embargo- no lo habilita para pretender erigirse -como hizo anoche- en el convocante a la unidad opositora de cara a octubre.

El llamado de Massa (tercero cómodo, a 11 puntos de Macri y más de 24 de Scioli, a título individual) a unir fuerzas ante un eventual balotaje que no está asegurado ni mucho menos, y del que es dudosísimo que pudiera participar, lució poco menos que ridículo.

Por no mencionar que el tiempo para construir esa unidad con efecto concreto en la elección, ya pasó, aunque él se sienta con derecho a pasarle facturas a Macri, por haber seguido a pie juntillas la estrategia de "descontaminación" sugerida por Durán Barba. 

Dicho lo grueso respecto de lo más relevante de las elecciones de ayer, quedan por analizar las cuestiones menores; como el estruendoso fracaso del "progresismo" representado por Stolbizer en todo el país, y en especial en Santa Fe; que por tazones obvias será objeto de otro post.

Sólo diremos por ahora que el dilema "progresismo versus derecha neoliberal" con el que el oficialismo provincial encaró las elecciones santafesinas a gobernador se rebeló -una vez más- falso: tienen electores conservadores, que votan candidatos conservadores, y cuando gobiernan, generan  gobiernos conservadores

La izquierda demostró una vez más su infalible capacidad de pegarse un tiro en el dedo gordo del pie: el "espectacular crecimiento" del que hablaban (a caballo de "protagonizar las luchas sociales y asumir la representación de los trabajadores") se redujo a un módico 0,85 % más que las cifras de Altamira cuando logró su "milagro en el 2011; y las candidaturas de Bodart y Castañeira aportaron un módico 0,91 % en conjunto, dejando al conjunto del espacio de izquierda bastante por debajo del 5 % en todo el país.

Hablando de Altamira: el triunfo de Del Caño (que desde acá módicamente celebramos) demostró que su "candidatura natural" invariablemente repetida cada cuatro años no resistía el más mínimo ejercicio democrático, como una interna por ejemplo. 

Y no queremos terminar éstas líneas sin mencionar el previsible -pero no menos digno de destacarse- papelonazo de De Genaro, el "Lula" argentino; que finalmente concretó su tantas veces pospuesta candidatura, para orillar el 0,50 %, y superar por el canto de una uña a Yattah, el candidato que cerró su campaña en soledad.

Al parecer, ayer le llegó a más de uno el turno de darse su baño de humildad.