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No fue casual que los
recientes cacerolazos contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en
la noche del jueves pasado, surgieran en los mismos barrios porteños donde
empezaron a sonar las cacerolas contra el corralito allá por 2001. (raro, porque en el 2001 estaban enojados porque votaron a De La Rúa y los cagó, y ahora porque no la votaron a Cristina, y ganó)
Tampoco fue casual que las protestas a
cacerola limpia (y, sucia o llena con polenta no suena bien, te digo) arrancaran tras una jornada cargada de rumores, (propagados por los medios, como éste diario) más tarde
desmentidos desde el Gobierno, de que podrían pesificarse los depósitos
bancarios en dólares. (una lástima, los pelotudos que volvieron a depositar en dólares después del corralito se merecen ampliamente que los empomen de nuevo)
Podría decirse que al sentimiento
opositor de vastos sectores porteños hacia el kirchnerismo se sumó la memoria
colectiva de quienes temen volver a vivir los tensos tiempos que signaron la
caída del gobierno delarruista y el duro tránsito hacia el fin de la
convertibilidad uno a uno. (pero no sumaron muchos entonces, porque los que "temen volver a vivir los tensos tiempos" donde se cagaban de hambre no son justamente los que votaron a De La Rúa, a Cavallo y a Macri, que son los que caceroleaban los otros días)
Distintos analistas de opinión pública
consultados coinciden en que la raíz de las demandas que invocan los portadores
de las cacerolas es económica. (no, jodéme, ¿no fue por la patria, la república, las instituciones y la libertad de los argentinos?) Sin embargo, el hecho que determina el paso de
la simple bronca contenida a la acción callejera es la combinación entre el
malestar socioeconómico y la percepción de corrupción en lo más alto del poder
político. (ah, entonces Cecilia Pando con el megáfono y las cadenas de mails y las convocatorias de los fachos por las redes sociales no tendrían nada que ver, fue una especie de 17 de octubre, pero garca digamos, tremendo lo de la "percepción de corrupción", es como la "sensación de inseguridad")
"Aun cuando el gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner es visualizado por la mayor parte de la sociedad como
menos corrupto que otros gobiernos, como el de Carlos Menem, (comparado con el de Menem, cualquier gobierno es menos corrupto) la asociación de
casos como el Boudougate (¡uhhh, sí, eso pega tremendo eh!) con problemas como la inflación, el aumento de
precios de la canasta familiar, (¿las dos cosas no serían más o menos lo mismo?) la ineficiencia del Estado para impedir
tragedias como la de Once y, finalmente, las restricciones para comprar
dólares, termina siendo determinante", (sobre todo las restricciones para comprar dólares, porque los que cacerolearon las otras noches piensan que Once es un país extranjero) opinó la analista de opinión
pública Graciela Römer.
En otras palabras, el cóctel dado por
percepción de corrupción y ataque al bolsillo propio puede ser mortal para
cualquier gobierno. (por eso, para que no les caiga mortal el cóctel, no pagan ningún imuesto así no sufren un ataque al bolsillo, y entonces les chupa un huevo la percepción de corrupción)
"El supuesto cínico de parte de la
clase media argentina es que, como todos roban, mientras nos vaya bien
económicamente, podemos mirar para otro lado. Pero cuando, además de robar,
toman medidas que afectan nuestro bolsillo, nos rebelamos", sintetizó
Römer. (lo que se dice un movimiento inspirado en las más nobles causas, y fundado sobre estrictos principios éticos)
Para el sociólogo Eduardo Fidanza, de
Poliarquía Consultores, el cacerolazo es por el momento "una expresión de
protesta relativamente aislada y protagonizada fundamentalmente por población
de clase media alta de barrios de la ciudad de Buenos Aires". (tremendo lo tuyo Fidanza, eso sí que es hace un profundo trabajo de campo, te rompiste el marote, eh) Sostiene
que, sin embargo, "puede ser el germen de una protesta más generalizada de
las clases medias de los grandes centros urbanos del país", (ahí falta la palabra "ojalá") tal como la
ocurrida en 2008, (y en el 2007, votando a Carrió, no te olvidés de la "legitimidad segmentada" del primer triunfo de Cristina) en medio del conflicto con el campo, que anticipó el rechazo
de votantes independientes a Néstor Kirchner en las elecciones legislativas
realizadas un año después. (ah, los que votan en contra del gobierno son independientes, aunque tengan "sentimientos opositores", pero no dejan que los manejen los sentimientos; se vio clarísimo el otro día en los cacerolazos)
Detrás de las cacerolas, "más que la
inseguridad, están la inflación, el descenso de los ingresos familiares, (sobre todo de los que cacerolearon las otras noches, deben estar todos bajo la línea de pobreza) el
temor a la desocupación (curioso, viniendo de gente que por lo general, se rasca el higo todo el tiempo, y hace años) y una ansiedad anticipatoria de la crisis", según
Fidanza. (ah, o sea que estarían ansiosos porque todo está demasiado tranquilo y no se termina de pudrir)
Distintos sectores sin distinción
partidaria (es verdad: son todos garcas y fachos, los partidos que van fundando o votando son aleatorios y circunstanciales) están convocando en estas horas a un nuevo cacerolazo para este
jueves. El movimiento, por ahora incipiente, refleja cierto hartazgo hacia un
estilo de gestión (la democracia, piden que vuelva Videla) y un intento de advertencia al Gobierno frente a la
incertidumbre económica, los fantasmas del pasado (o sea, que paren los juicios por violaciones a los derechos humanos) y los temores de una
profundización de las medidas intervencionistas. (siempre y cuando les toquen el bolsillo, o les quieran cobrar impuestos, si intervienen para dejarlos fugar guita del país y evadir, no tendrían problemas)