LA FRASE
domingo, 26 de julio de 2026
sábado, 26 de julio de 2025
GRACIAS POR TANTO, PERDÓN POR TAN POCO
Que difícil se hace, en estos tiempos amargos, hablar de Evita sin que nos invada la tristeza.
Tristeza por su ausencia física, por su vida tronchada en plena juventud, por una enfermedad cruel, acelerada por su sacrificio por los más humildes, hasta el último instante. Tristeza por la comprobación de que habiéndonos dado tanto, le devolvimos tan poco.
Porque los humildes, los desposeídos (como ella los llamaba con aguda percepción de la raíz de sus males) son cada vez más, y están cada vez más sumergidos. Y parece que como sociedad no nos duele, como le dolió a ella, y lo terminamos naturalizando como parte del paisaje.
Tanto que muchos de ellos mismos terminan eligiendo a sus verdugos, o echándole la culpa de sus problemas a otros que están más sumergidos que ellos, y no a los que los explotan, hambrean y negrean. Y no pocos de ellos lo hacen porque nosotros los decepcionamos, tan lejos estamos del pensamiento y la acción de Eva.
Tristeza porque hemos perdido su fanatismo por las causas justas, su compromiso vital e inquebrantable con la lucha contra todas las injusticias, y hasta su lengua clara y acerada para llamar a las cosas por su nombre: explotadores, oligarquía, antipatria. Si hasta hablamos más tiempo y con más dureza de otros compañeros, que del enemigo que tenemos enfrente.
Del mismo modo que nos acostumbramos al paisaje de la pobreza y que abandonamos el lenguaje de lo claro y explícito -porque los problemas profundos que están en la raíz de todos nuestros males son los mismos que Evita denunció-, perseveramos en la tibieza, en la resignación posibilista que solo puede incubar nuevas y mayores derrotas, en el olvido de nuestra propia razón de existir (la razón de mi vida, diría ella) y sentido histórico.
Toleramos que un paniaguado puesto por el poder real a impartir eso que llaman justicia haya cuestionado la más profundamente revolucionaria de todas las definiciones políticas de Eva, que explicó mejor que nada ni nadie lo que es el peronismo, y para que nació: para que donde haya una necesidad, nazca un derecho.
Como toleramos que un demente trastornado que ensucia la investidura presidencial, nos debería avergonzar como pueblo y degrada al país a una categoría inferior a la de una colonia, diga que la justicia social es un crimen, para defender a la explotación de unos hombres por otros, como la única forma posible de organizar una sociedad.
Y sin embargo la llama inextinguible de Eva sigue encendida, en cada explotado que lucha contra su explotador, en cada argentino o argentina que sienten el dolor ajeno como propio, y se ponen manos a la obra para aliviarlo sin medir las consecuencias, como hizo ella. En todos los que señalan -sin pelos en la lengua ni eufemismos- a la misma raza de víboras que ella combatió toda su vida.
En tiempos de tinieblas, Eva es luz, faro y antorcha, y en lo profundo y vital de su compromiso militante y en el sentido reparador de su cruzada contra la injusticia hay que buscar buena parte de las bases de la reconstrucción del peronismo, del movimiento nacional en su conjunto y del país; hoy como cuando nos dejara físicamente hace 73 años. Esa es la grandeza enorme de su legado.
viernes, 26 de julio de 2024
MÁS NECESARIA QUE NUNCA
Eva Perón trajo a la política argentina cosas que habían estado ausentes de ella hasta entonces: la compasión por el que sufre, la sensibilidad de sentir el dolor ajeno como propio, la rebeldía contra la injusticia.
Y los trajo desde el corazón mismo del poder político del Estado, no desde sus costados o desde la solidaridad individual, o la que despliega la sociedad cuando ese Estado se repliega frente a las carencias, o se desentiende de ellas como si no fuera su obligación resolverlas.
Para Evita y por ella, la compasión y la sensibilidad, más que atributos personales, devinieron definiciones políticas, partes sustanciales de un proyecto, acciones concretas que no buscaban calmar la conciencia, sino establecer pisos mínimos de dignidad humana.
Eva trajo también el fuego inextinguible de la pasión militante, el fanatismo en defensa de una idea con el propio cuerpo y la propia vida, desmintiendo con su muerte prematura a la canalla política de la época, que la pintaba como una falsaria que simplemente representaba el papel estelar que esperó durante años en su carrera de actriz.
Por eso fue lo que fue, y se la recuerda como se la recuerda, desde los dos lados de la grieta: desde los altares improvisados en los humildes hogares populares, hasta el ultraje criminal inferido a su cadáver, persiguiéndola más allá de la muerte física.
En estos tiempos desangelados donde un gobierno resiste en la justicia entregar alimentos a los que tienen hambre aunque se le terminen pudriendo, y acumula frazadas en galpones mientras hay gente en situación de calle muriendo de frío, y donde se nos dice que es imprescindible que muchos -los más, los comunes- sufran para que al país le vaya mejor, Evita está más vigente y es más necesaria que nunca.
Son necesarias su compasión y su sensibilidad, tanto como su pasión militante, su intransigencia revolucionaria, su compromiso vital con las ideas, sin cálculos, sin especulaciones, sin leer encuestas ni medir los tiempos todo el tiempo, para terminar no haciendo nada, nunca, salvo simplemente durar.
Seguramente hoy veremos muchos homenajes a su figura y su legado, y muchos compromisos -de la boca para afuera- de continuarlo, y estar a su altura. Lo que desearíamos ver es más intentos reales de imitarla, para que sacrificio no haya sido en vano.
miércoles, 26 de julio de 2023
SI EVITA VIVIERA
Desde aquella consigna de Montoneros en los 70' hasta los debates en el feminismo con motivo de la discusión por el aborto, han abundado los ejercicios teóricos de historia contrafáctica -con todos los límites que eso conlleva- para intentar determinar que haría Evita hoy, si viviera entre nosotros.
En la mayoría de los casos, el que los hace intenta llevar agua para su molino a menos, claro está, que abomine de ella como lo hacen de Perón, que no falta gente que haga ambas cosas, con la misma intensidad hoy que en vida de Eva.
Lo que sí nos queda y sobre esos tenemos más certezas, es la vida concreta de Evita y sus enseñanzas, que si hubiera que resumirlas, las reduciríamos a una sola, pero esencial: la rebeldía contra la injusticia. Cuando decía que nunca se había dejado arrancar el alma que traía de la calle, estaba diciendo eso: que no la iban a domesticar, ni seducir con los oropeles del poder.
Evita, que luchó por el voto femenino con la misma pasión que puso en todas sus luchas, seguramente hubiera celebrado la ley de cupo pero hubiera seguido peleando hasta obtener la paridad en la representación política.
Pero también -se nos ocurre- lucharía por la igualdad de las mujeres en todos los planos: los trabajos, los salarios, las oportunidades de progreso. Y no es difícil imaginarlo porque lo hizo, en sus tiempos.
Le dolerían seguramente -como le dolieron en vida- la pobreza, la indigencia, el abandono de la niñez y los ancianos, la desigualdad. Ese dolor transformado en rabia y en pasión, fue lo que la hizo Evita, ni más ni menos. Que algunos hayan visto resentimiento donde hubo profundo amor por el pueblo llano y sencillo, habla más de ellos, que de Eva.
Evita no hubiera pensado que los piquetes y cortes de calle son un problema de tránsito sino una expresión de la injusticia social, ni hubiera denunciado a la justicia a las madres que llevan sus hijos las marchas, si no se hubiera preguntado por qué lo hacen, y que se podía hacer para que no tengan motivos para protestar para que se visibilicen sus reclamos.
Tenía bien en claro que hay gente con la que no se puede dialogar ni consensuar nada, nunca. Y vio mucho antes que sucedieran, la traición en el peronismo y al peronismo, la desnaturalización del legado y el proyecto de Perón, las deserciones de la burocracia sindical.
Evita fue "Mi mensaje" y "La razón de mi vida", las dos cosas: un lúcido cuadro político, y el fuego inextinguible de la pasión por la justicia. Por eso la frase que titula el post quizás no sea del todo correcta: Evita vive y es eterna por lo que fue, y lo que invita a ser: hay que animarse a reemplazar el ejercicio teórico de la especulación contrafáctica, por el ejercicio práctico y militante de la emulación.
Como ella misma decía "Si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho. En nuestros días, ser peronista es un deber...". Y si lo decía entonces, imaginemos la vigencia de la sentencia ahora, en nuestro tiempo. Serlo, no decirlo, ni proclamarlo, ni parecerlo. Como hizo ella.
martes, 26 de julio de 2022
RETRATO DE UNA INSOLENCIA
Si Evita hubo, hay y habrá una sola, entonces... ¿Por qué la vemos en todos lados?
Es muy difícil escribir sobre Evita sin caer en el inevitable relato lacrimógeno que nos ha perseguido durante las últimas siete décadas. Sobre Eva, sobre su cuerpo, su figura, su voz, sus palabras, se cierne siempre el manto de la entrega y el sacrificio, de su prematura muerte, de las vejaciones, del “Viva el cáncer”. No sorprende que en un país que elige recordar a sus próceres en el día de sus fallecimientos y no en las fechas relativas a sus más grandes victorias, a Eva Perón la recuperemos siempre en los aniversarios de su muerte. Pienso en la mediocridad mental, en la nula capacidad de análisis de los miles de insulsos que celebraron la muerte de Eva como si acaso su partida física hubiera sido suficiente para enterrarla, también, políticamente. Pienso en Eva, muriendo a los 33 años. Pienso en que tengo 31. Entonces elijo no pensar más.
De Evita podría decir muchas cosas y todas estarán teñidas por el relato dulce intergeneracional, por esos cuentos de abuelas a nietas, por las fotos devenidas en estampitas a las que se les prenden velas y se les reza. Evita reposa, en las casas peronistas, en heladeras y termos, en remeras y tatuajes, en un portarretratos que la ubica entre Jesús, María y algún santo pagano. Eva es, a fin de cuentas, la abanderada de los humildes. Si a San Cayetano se le pide laburo, así en abstracto y sin muchos detalles, a Evita se le piden aquellas cosas mundanas pero necesarias a las que aspira todo el pueblo descamisado. Zapatillas para los pibes, el pase a planta de alguna nieta, el resultado favorable en alguna elección, que desaparezca la mancha de humedad de la pared, que a un hermano le salga el PROCREAR, que no se termine nunca la fiesta de la Democracia. A Eva, terrenal y santa, pulcra y entre la gente, le pedimos lo que no nos atrevemos a pedirle al resto. Ni siquiera, a veces, a nuestros propios dirigentes, a quienes tememos incomodar con nuestros reclamos. Se le susurra el rezo, a Eva, como si acaso la proscripción no se hubiera terminado nunca. Se le susurra y se traza así un diálogo inédito, cercano a la amistad. El grito, el aplauso, el estruendo viene después, en alguna plaza repleta, cuando la marea compañera la nombra. Pero en la intimidad, a Eva se la trata con dulzura y con respeto. Como nunca la tratarán los que la odian.
Me costó mucho encontrarme con mi propia Eva. Creo que a todas nos pasa. Y uso el femenino genérico porque es innegable que a las muchachas peronistas la figura de Evita nos interpela distinto. Creo que no entendí a Eva hasta que no vi a Cristina. Hasta entonces, la primera se me representaba como un cúmulo de historias de Ciudades de los Niños y trenes que repartían juguetes, más parecida a Grecia Colmenares protagonizando Chiquititas que a una mujer trabajadora que llegó a protagonizar el momento fundacional de la historia argentina del siglo XX. Eva llegó y abrió la puerta para todas. Militó el derecho al voto, a la participación política, a la organización de las mujeres trabajadoras domésticas, a la valorización de esas tareas. Fue mucho más que la mujer que renunció a una candidatura. Mucho más que la señorita que se peleaba con las feministas de la época y las damas de beneficencia. Mucho más, sobre todo, que la figura santa y descarnada en la que la convirtieron después de su muerte.
Entendí a Eva cuando Cristina llegó porque en ese diálogo entre ellas existe otro horizonte posible: el nuestro. La historia que coloca a Eva en un pedestal, que la santifica y la considera única e irrepetible, que la aleja de las cabecitas negras y las muchachas de su Patria no es otra cosa más que una forma disimulada de disciplinarnos. A Eva se le reza con amor y devoción y se le devuelve con trabajo y militancia. Si Eva es santa, si es Santa Evita, es irrepetible. Se torna inadmisible para el resto, para las nuevas muchachas peronistas, aspirar a convertirse en ella. Si Eva, si Santa Evita, hubo una sola… nos condena a mirarla desde lejos.
El problema no es que Eva haya muerto: para propios y ajenos, el problema es que Evita todavía vive. No hace falta siquiera trazar conjeturas o escenarios contrafácticos. No hablo del eterno intento de quienes dicen amarla, de pensarla y proyectarla en nuestro presente, su futuro. ¿Por qué preguntarnos “qué haría Eva si viviera”? Rompería las pelotas. Eso haría Eva. Su lugar no se ha movido ni un ápice. Reposa y sobrevuela en todas las discusiones, se mantiene vigente, respira y se anida en la cabecita de cada piba que de pronto un día, en silencio y en secreto, siente el fueguito de la militancia calentándole el pecho. Jugamos a ser Evita cuando se nos da un poco de poder. Jugamos también a ser Cristina. Impostamos la voz, movemos las manos, nos inflamos el pecho como se lo inflaron antes esas mujeres que quisieron imponerse por sobre los modos, los prejuicios, lo establecido.
Encontrarse con la Eva propia es un camino de ida. Camino que en lo personal me llevó a encontrarme en ella, a verme en esa foto en blanco y negro que a veces nos resulta esquiva para usarla de espejo. La Eva doliente del final, la Eva enojada con todos los medios, esconden a la Eva con la que más podemos empatizar: la que disfrutaba de la política, del rosqueo, del trabajo militante. Si Favio nos hizo entender que no se puede ser feliz en soledad, Evita nos mostró que se puede ser feliz en ese barro confuso y trabajoso de la militancia. Que nos podemos apropiar de ese terreno. Que en la organización reside la magia de todo proyecto: la de encontrarnos dentro de un espacio colectivo sin perdernos a nosotros mismos. Eva hizo todo lo que hizo en poco tiempo, sin experiencia, a fuerza de convicciones y voluntad y con una sonrisa en el rostro. No hay foto que así no lo demuestre. Eva con unos mineros, Eva entregando autitos, Eva en una reunión de la CGT, Eva entre las enfermeras, Eva frente a un micrófono, Eva bajando de un avión, Eva junto a Perón. Vestida de Dior o en pantalones de entrecasa, en misión diplomática o de paseo, siempre se la ve disfrutando. Es la cara de alguien que encontró en la marea su lugar en el mundo. Es el rostro del placer. Contagia, convoca, propaga. Te dan ganas de ir a cualquier lugar al que Eva va. Te da ganas de correr a la par de su tren. Te da ganas de hacer de tu voz una propaladora, de tu cocina una unidad básica.
Eva es más fácil de leer que los pensadores académicos y los filósofos contemporáneos a su tiempo. Más fácil de escuchar, de entender, que el mismísimo General. Más fácil de interpretar que un TikTok de un minuto que quiere explicarte la próxima gran verdad del universo. Evita comparte sus grandes verdades con el lenguaje amable del pueblo trabajador y la severidad de esa maestra de la escuela a la que siempre recordás con cariño. Y Evita jamás, nunca, trató a sus cabecitas negras de idiotas. Nunca les bajó el mensaje. Jamás les acomodó el tono.
Todo eso pasó años antes de que nacieran los gurús y vendehumos, nutridos a focus groups, que le enseñan ahora a la clase política de turno algo que ellos creen que inventaron.
Siete décadas después Evita lastima porque no se muere más. No la matan ni los ríos de tinta gorilas ni una película de Madonna. No la matan ni los que se robaron su cadáver ni los que agitaron las teorías conspirativas más irrisorias. No la matan los que se dicen, se dijeron y se dirán peronistas e intentarán igual minimizarla, transformarla en el perro faldero de Perón, quitarle peso a su nombre. No la matan los que la llevan en una bandera, en un bombo o en una canción para dejarla ahí, inerte, sin hacer de ella otra cosa que no sea una figurita para coleccionar.
No la matan porque cada vez que una piba se acomoda en la silla en una escuela y levanta una mano para preguntar algo, para ser irreverente, para plantarse frente lo que cree injusto, la revive. Y no se puede matar algo que nunca ha de morir.
(El original acá, en la revista Pausa)
70 AÑOS DE INMORTALIDAD
Se cumplen hoy 70 años de que Eva cumpliera su promesa: dejó su vida, más que jirones de ella, por nosotros.
Los que estamos en deuda somos nosotros, que seguimos sin tomar su nombre y llevarlo como bandera a la victoria.
viernes, 8 de octubre de 2021
LA EVITISTA MENOS PENSADA
Con Evita no, fuentón de achuras y de indignidad. No te atrevas a mencionarla siquiera, porque dio su vida para que al país no lo manejaran soretes como vos. Y con Cristina tampoco, porque no le llegás ni a la suela de los zapatos. https://t.co/1ai1sBldX7
— La Corriente K (@lacorrientek) October 7, 2021
Como buena gorila que es, Elisa Carrió no puede evitar caer en un vicio típico de su especie: ser sommeliers de peronismo, y peronistas. Desde Aramburu y Rojas para acá, no hubo un o una gorila que se privara de calificar cual es el peronismo tolerable y cual no, con una regla infalible: cuanto más peronista sea esa peronismo o peronista, más intolerables les resultarán.
Con ese metro patrón, Evita es, por antonomasia y a casi 70 años de su muerte, la figura emblemática en la que se concentran todos los odios gorilas al peronismo; precisamente porque representa lo que más temen y lo que más odian del movimiento fundado por Perón: el plebeyismo, la rebeldía, la reivindicación de los sumergidos, la denuncia de la explotación y los explotadores, la intransigencia revolucionaria, el fervor militante y si se quiere -como ella misma lo reivindicaba- el fanatismo por la causa del pueblo.
Como mitómana consuetidinaria que es, Carrió tiene por costumbre pretender que creamos que ella, que odia visceralmente al peronismo, excluye de su odio a Evita: "Evita era una reina", suele decir, guardándose para su fuero íntimo que cuando dice eso, está pensando en realidad en María Antonieta. Y su odio a Cristina (que no es mayor que su envidia) tiene su origen en lo que CFK se parece a Evita, no en lo que se diferencia.
Y si no veamos que, en el mismo reportaje en el que dijo lo que dice el tuit de apertura, reclamó la eliminación de las indemnizaciones por despido porque "asfixian a las Pymes", y se pone como ejemplo a sí misma, por lo que tuvo que pagar en un juicio que le hizo una señora que trabajaba en su casa. Más expresión de antiperonismo condensado, difícil de conseguir, y no hace falta ser augur para adivinar lo que hubiera pensado Evita, de alguien que se expresa de esa manera.
Carrió, un producto de la clase media más o menos acomodada de las provincias que en cuanto pudo se naturalizó porteña, bien podría haber sido una de aquellas damas de la Sociedad de Beneficencia a las que apostrofó Eva, cuando pretendían seguir privatizando la asistencia social en sus manos, sin que el Estado se metiera a terminar con las miserias con las que ellas medraban para ganarse el cielo a plazos, generando derechos.
Si los hijos de Evita -como dice Carrió- llegaron a la Universidad fue porque el peronismo (y no la UCR, el partido del cual viene Carrió y expresa a buena parte de las clases medias) estableció la gratuidad de los estudios superiores, y creó la Universidad Obrera. Hasta entonces, la "democratización" de la Universidad que prometió la Reforma del 18' no alcanzaba ni a los trabajadores, ni a sus hijos.
Y si alguien retomó después esa tradición democratizadora e inclusiva del primer peronismo fue el kirchnerismo, con Néstor y Cristina, creando universidades cuyos estudiantes son, en muchos casos, los primeros de sus familias en acceder a ese nivel de estudios.
Fingiendo que rescata la figura de Evita (porque ya no es de buen tono seguir hinchando por el cáncer, y la vigencia de la abanderada de los humildes ha trascendido nuestras fronteras), Carrió en realidad está reivindicando a María Eugenia Vidal y a Macri, que decían que hay demasiadas universidades y son al pedo, porque ningún pobre o hijo de pobres accede a ellas.
Y a su vez, se exculpan a sí mismos de que eso sea así, porque si hay alguien interesado en que haya pobres y sean cada vez más son ellos (aunque de la boca para afuera digan lo contrario), no solo para explotarlos, sino porque es la condición de posibilidad para que haya ricos (cada vez menos, y más ricos); dato que deliberadamente omiten cuando hablan de pobreza, o de gente que vive en villas miseria.
lunes, 26 de julio de 2021
SI EVITA VIVIERA...
...herviría de rabia viendo que tenemos más de un 50 % de argentinos que son pobres, y no estamos haciendo mucho que digamos para remediarlo.
...vería que esos números son peores entre los niños, los únicos privilegiados del país que construyeron con Perón, y a los que les destinó tantos desvelos.
...descubriría que en nombre del peronismo se puede hacer y decir cualquier cosa, y cualquiera puede decir que es peronista, sin que lo desmientan.
...oiría que se justifican las tibiezas y las claudicaciones en que "no dan las correlaciones de fuerza", o "la pesada herencia recibida", y que gastamos más tiempo preguntándonos y tratando de entender lo que no hacemos, que mostrando orgullosos lo que hicimos.
...le tendrían que explicar como es que tenemos que buscar el diálogo y el consenso con los que nos bombarderaron, fusilaron, persiguieron, encarcelaron, desaparecieron, asesinaron, y vejaron su cadáver.
...preguntaría quien fue el tarado que decidió que tenemos que seguir subsidiando con pauta publicitaria oficial a los medios que nos destrozan a diario con mentiras, operaciones y canalladas, para que no digan que atentamos contra la libertad de expresión.
...sabría que Carrió dice impunemente que es su ídola y la admira, sin que nadie la diga que se calle la boca, que ella dio su vida peleando contra gente como ella, y lo que representan.
...se enteraría que subimos a las redes sus discursos, pero hay palabras que nosotros ya no decimos, que han quedado olvidadas de tanto evitar pronunciarlas: oligarquía, imperialismo, revolución, liberación nacional, pueblo y antipueblo.
...contemplaría estupefacta que hemos escondido la negritud, y tenemos un peronismo vergonzante que en sus listas (y si nos apuran, también en sus políticas) no tiene lugar para los grasitas, los descamisados o los "cabecitas negras".
...bramaría contra los sindicalistas genuflexos del poder de turno que entregan a los trabajadores, y se comportan como empresarios, que manejan las obras sociales como una prepaga y están más preocupados por el dinero que destinan a ellas, que por los salarios y los derechos de sus representados.
...advertiría que muchas mujeres (no todas, gracias a Dios) ocupan cargos políticos o tienen lugares en las listas porque son las esposas, novias, amantes, hijas o hermanas de alguien; y no por méritos propios.
...le daría mucho asco ver que esos políticos, esos sindicalistas, esas mujeres, no se privan de homenajearla en cada aniversario de su muerte, y decir que ella es el ejemplo que los guía y los ilumina
Si Evita viviera, en fin, nos cagaría a patadas en el culo a todos.
domingo, 26 de julio de 2020
LA RAZÓN DE SUS VIDAS
sábado, 22 de junio de 2019
martes, 7 de mayo de 2019
¡UY, LA CONCHA DE LA LORA, HAY SHOW!
"Uy, la concha de la lora, hay show"— La Corriente K (@lacorrientek) 7 de mayo de 2019
100 AÑOS EVITA
Pero Eva, como Cristo, fue capaz de la ternura, la misericordia y el consuelo, tanto como del latigazo para echar a los mercaderes del templo. Su lengua filosa como un látigo castigó a las oligarquías explotadoras y antipatrias de su tiempo y de todas las épocas, como casi nadie las volvería a castigar después; marcándolas con un trazo indeleble: “raza de víboras y explotadores”, los llamó; con la misma furia y fervor con que castigaba a los alcahuetes, adulones y traidores de adentro, en los que veía un peligro mayor para la causa peronista. Algún habrá que rendirle también el merecido homenaje a su clarividencia política.
lunes, 11 de febrero de 2019
FIJÁTE QUE SÍ, JUANJO
Aranguren: "No estoy de acuerdo con que la energía sea un derecho humano " https://t.co/POxNyinVZg pic.twitter.com/uAQ5YaWxHZ— LA NACION (@LANACION) 6 de febrero de 2019
“A los efectos de la presente ley, denomínase servicio público de electricidad la distribución regular y continua de energía eléctrica para atender las necesidades indispensables y generales de electricidad de los usuarios de una colectividad o grupo social determinado de acuerdo con las regulaciones pertinentes.” (Ley 15.336, artículo 3)
Tuits relacionados:
Para Aranguren está mal que tu sueldo le haya ganado a las #Tarifas durante 12 años. No debe haber mejor definición de #Cambiemos. pic.twitter.com/05nviRJoi7— Leandro Busatto (@leandrobusatto) 6 de febrero de 2019
Claro, Juan José, nuestras prioridades son los trabajadores, no los grandes empresarios. pic.twitter.com/mUYIihOL5c— Agustín Rossi (@RossiAgustinOk) 6 de febrero de 2019
Pero el acceso dólar debe ser garantizado como un derecho básico y universal. https://t.co/OB9NJ6UAPV— Julia Strada (@Juli_Strada) 6 de febrero de 2019
jueves, 26 de julio de 2018
¿QUIÉN DIJO QUE SE FUE?
sábado, 11 de noviembre de 2017
66 AÑOS DEL PRIMER VOTO FEMENINO
Como hoy, 1951, en Argentina, las mujeres votan por primera vez. Evita Perón fue la principal impulsora, aun desde su lecho de muerte fue ejemplo de convicción y valor. pic.twitter.com/Cy9NPK1geR— Evo Morales Ayma (@evoespueblo) 11 de noviembre de 2017
domingo, 20 de agosto de 2017
miércoles, 26 de julio de 2017
ETERNA EN EL AMOR DE SU PUEBLO
sábado, 10 de septiembre de 2016
LA PROFANACIÓN POR OTROS MEDIOS
A las 15 los espero en el @MuseoEvita para hablar de mi libro "El Relato Peronista". Me acompañara @emilioperina . pic.twitter.com/5FOC0sRVwF— Silvia Mercado (@SilMercado) 10 de septiembre de 2016





