LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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sábado, 26 de julio de 2025

GRACIAS POR TANTO, PERDÓN POR TAN POCO

 

Que difícil se hace, en estos tiempos amargos, hablar de Evita sin que nos invada la tristeza.

Tristeza por su ausencia física, por su vida tronchada en plena juventud, por una enfermedad cruel, acelerada por su sacrificio por los más humildes, hasta el último instante. Tristeza por la comprobación de que habiéndonos dado tanto, le devolvimos tan poco.

Porque los humildes, los desposeídos (como ella los llamaba con aguda percepción de la raíz de sus males) son cada vez más, y están cada vez más sumergidos. Y parece que como sociedad no nos duele, como le dolió a ella, y lo terminamos naturalizando como parte del paisaje.

Tanto que muchos de ellos mismos terminan eligiendo a sus verdugos, o echándole la culpa de sus problemas a otros que están más sumergidos que ellos, y no a los que los explotan, hambrean y negrean. Y no pocos de ellos lo hacen porque nosotros los decepcionamos, tan lejos estamos del pensamiento y la acción de Eva.

Tristeza porque hemos perdido su fanatismo por las causas justas, su compromiso vital e inquebrantable con la lucha contra todas las injusticias, y hasta su lengua clara y acerada para llamar a las cosas por su nombre: explotadores, oligarquía, antipatria. Si hasta hablamos más tiempo y con más dureza de otros compañeros, que del enemigo que tenemos enfrente.

Del mismo modo que nos acostumbramos al paisaje de la pobreza y que abandonamos el lenguaje de lo claro y explícito -porque los problemas profundos que están en la raíz de todos nuestros males son los mismos que Evita denunció-, perseveramos en la tibieza, en la resignación posibilista que solo puede incubar nuevas y mayores derrotas, en el olvido de nuestra propia razón de existir (la razón de mi vida, diría ella) y sentido histórico. 

Toleramos que un paniaguado puesto por el poder real a impartir eso que llaman justicia haya cuestionado la más profundamente revolucionaria de todas las definiciones políticas de Eva, que explicó mejor que nada ni nadie lo que es el peronismo, y para que nació: para que donde haya una necesidad, nazca un derecho.

Como toleramos que un demente trastornado que ensucia la investidura presidencial, nos debería avergonzar como pueblo y degrada al país a una categoría inferior a la de una colonia, diga que la justicia social es un crimen, para defender a la explotación de unos hombres por otros, como la única forma posible de organizar una sociedad.

Y sin embargo la llama inextinguible de Eva sigue encendida, en cada explotado que lucha contra su explotador, en cada argentino o argentina que sienten el dolor ajeno como propio, y se ponen manos a la obra para aliviarlo sin medir las consecuencias, como hizo ella. En todos los que señalan -sin pelos en la lengua ni eufemismos- a la misma raza de víboras que ella combatió toda su vida.

En tiempos de tinieblas, Eva es luz, faro y antorcha, y en lo profundo y vital de su compromiso militante y en el sentido reparador de su cruzada contra la injusticia hay que buscar buena parte de las bases de la reconstrucción del peronismo, del movimiento nacional en su conjunto y del país; hoy como cuando nos dejara físicamente hace 73 años. Esa es la grandeza enorme de su legado. 

viernes, 26 de julio de 2024

MÁS NECESARIA QUE NUNCA

 

Eva Perón trajo a la política argentina cosas que habían estado ausentes de ella hasta entonces: la compasión por el que sufre, la sensibilidad de sentir el dolor ajeno como propio, la rebeldía contra la injusticia. 

Y los trajo desde el corazón mismo del poder político del Estado, no desde sus costados o desde la solidaridad individual, o la que despliega la sociedad cuando ese Estado se repliega frente a las carencias, o se desentiende de ellas como si no fuera su obligación resolverlas.

Para Evita y por ella, la compasión y la sensibilidad, más que atributos personales, devinieron definiciones políticas, partes sustanciales de un proyecto, acciones concretas que no buscaban calmar la conciencia, sino establecer pisos mínimos de dignidad humana.

Eva trajo también el fuego inextinguible de la pasión militante, el fanatismo en defensa de una idea con el propio cuerpo y la propia vida, desmintiendo con su muerte prematura a la canalla política de la época, que la pintaba como una falsaria que simplemente representaba el papel estelar que esperó durante años en su carrera de actriz.

Por eso fue lo que fue, y se la recuerda como se la recuerda, desde los dos lados de la grieta: desde los altares improvisados en los humildes hogares populares, hasta el ultraje criminal inferido a su cadáver, persiguiéndola más allá de la muerte física.

En estos tiempos desangelados donde un gobierno resiste en la justicia entregar alimentos a los que tienen hambre aunque se le terminen pudriendo, y acumula frazadas en galpones mientras hay gente en situación de calle muriendo de frío, y donde se nos dice que es imprescindible que muchos -los más, los comunes- sufran para que al país le vaya mejor, Evita está más vigente y es más necesaria que nunca.

Son necesarias su compasión y su sensibilidad, tanto como su pasión militante, su intransigencia revolucionaria, su compromiso vital con las ideas, sin cálculos, sin especulaciones, sin leer encuestas ni medir los tiempos todo el tiempo, para terminar no haciendo nada, nunca, salvo simplemente durar.

Seguramente hoy veremos muchos homenajes a su figura y su legado, y muchos compromisos -de la boca para afuera- de continuarlo, y estar a su altura. Lo que desearíamos ver es más intentos reales de imitarla, para que sacrificio no haya sido en vano.

miércoles, 26 de julio de 2023

SI EVITA VIVIERA

 

Desde aquella consigna de Montoneros en los 70' hasta los debates en el feminismo con motivo de la discusión por el aborto, han abundado los ejercicios teóricos de historia contrafáctica -con todos los límites que eso conlleva- para intentar determinar que haría Evita hoy, si viviera entre nosotros. 

En la mayoría de los casos, el que los hace intenta llevar agua para su molino a menos, claro está, que abomine de ella como lo hacen de Perón, que no falta gente que haga ambas cosas, con la misma intensidad hoy que en vida de Eva.  

Lo que sí nos queda y sobre esos tenemos más certezas, es la vida concreta de Evita y sus enseñanzas, que si hubiera que resumirlas, las reduciríamos a una sola, pero esencial: la rebeldía contra la injusticia. Cuando decía que nunca se había dejado arrancar el alma que traía de la calle, estaba diciendo eso: que no la iban a domesticar, ni seducir con los oropeles del poder.

Evita, que luchó por el voto femenino con la misma pasión que puso en todas sus luchas, seguramente hubiera celebrado la ley de cupo pero hubiera seguido peleando hasta obtener la paridad en la representación política. 

Pero también -se nos ocurre- lucharía por la igualdad de las mujeres en todos los planos: los trabajos, los salarios, las oportunidades de progreso. Y no es difícil imaginarlo porque lo hizo, en sus tiempos. 

Le dolerían seguramente -como le dolieron en vida- la pobreza, la indigencia, el abandono de la niñez y los ancianos, la desigualdad. Ese dolor transformado en rabia y en pasión, fue lo que la hizo Evita, ni más ni menos. Que algunos hayan visto resentimiento donde hubo profundo amor por el pueblo llano y sencillo, habla más de ellos, que de Eva.

Evita no hubiera pensado que los piquetes y cortes de calle son un problema de tránsito sino una expresión de la injusticia social, ni hubiera denunciado a la justicia a las madres que llevan sus hijos  las marchas, si no se hubiera preguntado por qué lo hacen, y que se podía hacer para que no tengan motivos para protestar para que se visibilicen sus reclamos.

Tenía bien en claro que hay gente con la que no se puede dialogar ni consensuar nada, nunca. Y vio mucho antes que sucedieran, la traición en el peronismo y al peronismo, la desnaturalización del legado y el proyecto de Perón, las deserciones de la burocracia sindical. 

Evita fue "Mi mensaje" y "La razón de mi vida", las dos cosas: un lúcido cuadro político, y el fuego inextinguible de la pasión por la justicia. Por eso la frase que titula el post quizás no sea del todo correcta: Evita vive y es eterna por lo que fue, y lo que invita a ser: hay que animarse a reemplazar el ejercicio teórico de la especulación contrafáctica, por el ejercicio práctico y militante de la emulación.

Como ella misma decía "Si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho. En nuestros días, ser peronista es un deber...". Y si lo decía entonces, imaginemos la vigencia de la sentencia ahora, en nuestro tiempo. Serlo, no decirlo, ni proclamarlo, ni parecerlo. Como hizo ella.

martes, 26 de julio de 2022

RETRATO DE UNA INSOLENCIA

 

Por Belén Degrossi

Si Evita hubo, hay y habrá una sola, entonces... ¿Por qué la vemos en todos lados?

Es muy difícil escribir sobre Evita sin caer en el inevitable relato lacrimógeno que nos ha perseguido durante las últimas siete décadas. Sobre Eva, sobre su cuerpo, su figura, su voz, sus palabras, se cierne siempre el manto de la entrega y el sacrificio, de su prematura muerte, de las vejaciones, del “Viva el cáncer”. No sorprende que en un país que elige recordar a sus próceres en el día de sus fallecimientos y no en las fechas relativas a sus más grandes victorias, a Eva Perón la recuperemos siempre en los aniversarios de su muerte. Pienso en la mediocridad mental, en la nula capacidad de análisis de los miles de insulsos que celebraron la muerte de Eva como si acaso su partida física hubiera sido suficiente para enterrarla, también, políticamente. Pienso en Eva, muriendo a los 33 años. Pienso en que tengo 31. Entonces elijo no pensar más.

De Evita podría decir muchas cosas y todas estarán teñidas por el relato dulce intergeneracional, por esos cuentos de abuelas a nietas, por las fotos devenidas en estampitas a las que se les prenden velas y se les reza. Evita reposa, en las casas peronistas, en heladeras y termos, en remeras y tatuajes, en un portarretratos que la ubica entre Jesús, María y algún santo pagano. Eva es, a fin de cuentas, la abanderada de los humildes. Si a San Cayetano se le pide laburo, así en abstracto y sin muchos detalles, a Evita se le piden aquellas cosas mundanas pero necesarias a las que aspira todo el pueblo descamisado. Zapatillas para los pibes, el pase a planta de alguna nieta, el resultado favorable en alguna elección, que desaparezca la mancha de humedad de la pared, que a un hermano le salga el PROCREAR, que no se termine nunca la fiesta de la Democracia. A Eva, terrenal y santa, pulcra y entre la gente, le pedimos lo que no nos atrevemos a pedirle al resto. Ni siquiera, a veces, a nuestros propios dirigentes, a quienes tememos incomodar con nuestros reclamos. Se le susurra el rezo, a Eva, como si acaso la proscripción no se hubiera terminado nunca. Se le susurra y se traza así un diálogo inédito, cercano a la amistad. El grito, el aplauso, el estruendo viene después, en alguna plaza repleta, cuando la marea compañera la nombra. Pero en la intimidad, a Eva se la trata con dulzura y con respeto. Como nunca la tratarán los que la odian.

Me costó mucho encontrarme con mi propia Eva. Creo que a todas nos pasa. Y uso el femenino genérico porque es innegable que a las muchachas peronistas la figura de Evita nos interpela distinto. Creo que no entendí a Eva hasta que no vi a Cristina. Hasta entonces, la primera se me representaba como un cúmulo de historias de Ciudades de los Niños y trenes que repartían juguetes, más parecida a Grecia Colmenares protagonizando Chiquititas que a una mujer trabajadora que llegó a protagonizar el momento fundacional de la historia argentina del siglo XX. Eva llegó y abrió la puerta para todas. Militó el derecho al voto, a la participación política, a la organización de las mujeres trabajadoras domésticas, a la valorización de esas tareas. Fue mucho más que la mujer que renunció a una candidatura. Mucho más que la señorita que se peleaba con las feministas de la época y las damas de beneficencia. Mucho más, sobre todo, que la figura santa y descarnada en la que la convirtieron después de su muerte.

Entendí a Eva cuando Cristina llegó porque en ese diálogo entre ellas existe otro horizonte posible: el nuestro. La historia que coloca a Eva en un pedestal, que la santifica y la considera única e irrepetible, que la aleja de las cabecitas negras y las muchachas de su Patria no es otra cosa más que una forma disimulada de disciplinarnos. A Eva se le reza con amor y devoción y se le devuelve con trabajo y militancia. Si Eva es santa, si es Santa Evita, es irrepetible. Se torna inadmisible para el resto, para las nuevas muchachas peronistas, aspirar a convertirse en ella. Si Eva, si Santa Evita, hubo una sola… nos condena a mirarla desde lejos.

El problema no es que Eva haya muerto: para propios y ajenos, el problema es que Evita todavía vive. No hace falta siquiera trazar conjeturas o escenarios contrafácticos. No hablo del eterno intento de quienes dicen amarla, de pensarla y proyectarla en nuestro presente, su futuro. ¿Por qué preguntarnos “qué haría Eva si viviera”? Rompería las pelotas. Eso haría Eva. Su lugar no se ha movido ni un ápice. Reposa y sobrevuela en todas las discusiones, se mantiene vigente, respira y se anida en la cabecita de cada piba que de pronto un día, en silencio y en secreto, siente el fueguito de la militancia calentándole el pecho. Jugamos a ser Evita cuando se nos da un poco de poder. Jugamos también a ser Cristina. Impostamos la voz, movemos las manos, nos inflamos el pecho como se lo inflaron antes esas mujeres que quisieron imponerse por sobre los modos, los prejuicios, lo establecido.

Encontrarse con la Eva propia es un camino de ida. Camino que en lo personal me llevó a encontrarme en ella, a verme en esa foto en blanco y negro que a veces nos resulta esquiva para usarla de espejo. La Eva doliente del final, la Eva enojada con todos los medios, esconden a la Eva con la que más podemos empatizar: la que disfrutaba de la política, del rosqueo, del trabajo militante. Si Favio nos hizo entender que no se puede ser feliz en soledad, Evita nos mostró que se puede ser feliz en ese barro confuso y trabajoso de la militancia. Que nos podemos apropiar de ese terreno. Que en la organización reside la magia de todo proyecto: la de encontrarnos dentro de un espacio colectivo sin perdernos a nosotros mismos. Eva hizo todo lo que hizo en poco tiempo, sin experiencia, a fuerza de convicciones y voluntad y con una sonrisa en el rostro. No hay foto que así no lo demuestre. Eva con unos mineros, Eva entregando autitos, Eva en una reunión de la CGT, Eva entre las enfermeras, Eva frente a un micrófono, Eva bajando de un avión, Eva junto a Perón. Vestida de Dior o en pantalones de entrecasa, en misión diplomática o de paseo, siempre se la ve disfrutando. Es la cara de alguien que encontró en la marea su lugar en el mundo. Es el rostro del placer. Contagia, convoca, propaga. Te dan ganas de ir a cualquier lugar al que Eva va. Te da ganas de correr a la par de su tren. Te da ganas de hacer de tu voz una propaladora, de tu cocina una unidad básica.

Eva es más fácil de leer que los pensadores académicos y los filósofos contemporáneos a su tiempo. Más fácil de escuchar, de entender, que el mismísimo General. Más fácil de interpretar que un TikTok de un minuto que quiere explicarte la próxima gran verdad del universo. Evita comparte sus grandes verdades con el lenguaje amable del pueblo trabajador y la severidad de esa maestra de la escuela a la que siempre recordás con cariño. Y Evita jamás, nunca, trató a sus cabecitas negras de idiotas. Nunca les bajó el mensaje. Jamás les acomodó el tono.

Todo eso pasó años antes de que nacieran los gurús y vendehumos, nutridos a focus groups, que le enseñan ahora a la clase política de turno algo que ellos creen que inventaron.

Siete décadas después Evita lastima porque no se muere más. No la matan ni los ríos de tinta gorilas ni una película de Madonna. No la matan ni los que se robaron su cadáver ni los que agitaron las teorías conspirativas más irrisorias. No la matan los que se dicen, se dijeron y se dirán peronistas e intentarán igual minimizarla, transformarla en el perro faldero de Perón, quitarle peso a su nombre. No la matan los que la llevan en una bandera, en un bombo o en una canción para dejarla ahí, inerte, sin hacer de ella otra cosa que no sea una figurita para coleccionar.

No la matan porque cada vez que una piba se acomoda en la silla en una escuela y levanta una mano para preguntar algo, para ser irreverente, para plantarse frente lo que cree injusto, la revive. Y no se puede matar algo que nunca ha de morir.

(El original acá, en la revista Pausa) 

70 AÑOS DE INMORTALIDAD

Se cumplen hoy 70 años de que Eva cumpliera su promesa: dejó su vida, más que jirones de ella, por nosotros.

Los que estamos en deuda somos nosotros, que seguimos sin tomar su nombre y llevarlo como bandera a la victoria.

viernes, 8 de octubre de 2021

LA EVITISTA MENOS PENSADA

 

Como buena gorila que es, Elisa Carrió no puede evitar caer en un vicio típico de su especie: ser sommeliers de peronismo, y peronistas. Desde Aramburu y Rojas para acá, no hubo un o una gorila que se privara de calificar cual es el peronismo tolerable y cual no, con una regla infalible: cuanto más peronista sea esa peronismo o peronista, más intolerables les resultarán.

Con ese metro patrón, Evita es, por antonomasia y a casi 70 años de su muerte, la figura emblemática en la que se concentran todos los odios gorilas al peronismo; precisamente porque representa lo que más temen y lo que más odian del movimiento fundado por Perón: el plebeyismo, la rebeldía, la reivindicación de los sumergidos, la denuncia de la explotación y los explotadores, la intransigencia revolucionaria, el fervor militante y si se quiere -como ella misma lo reivindicaba- el fanatismo por la causa del pueblo.

Como mitómana consuetidinaria que es, Carrió tiene por costumbre pretender que creamos que ella, que odia visceralmente al peronismo, excluye de su odio a Evita: "Evita era una reina", suele decir, guardándose para su fuero íntimo que cuando dice eso, está pensando en realidad en María Antonieta. Y su odio a Cristina (que no es mayor que su envidia) tiene su origen en lo que CFK se parece a Evita, no en lo que se diferencia.

Y si no veamos que, en el mismo reportaje en el que dijo lo que dice el tuit de apertura, reclamó la eliminación de las indemnizaciones por despido porque "asfixian a las Pymes", y se pone como ejemplo a sí misma, por lo que tuvo que pagar en un juicio que le hizo una señora que trabajaba en su casa. Más expresión de antiperonismo condensado, difícil de conseguir, y no hace falta ser augur para adivinar lo que hubiera pensado Evita, de alguien que se expresa de esa manera.

Carrió, un producto de la clase media más o menos acomodada de las provincias que en cuanto pudo se naturalizó porteña, bien podría haber sido una de aquellas damas de la Sociedad de Beneficencia a las que apostrofó Eva, cuando pretendían seguir privatizando la asistencia social en sus manos, sin que el Estado se metiera a terminar con las miserias con las que ellas medraban para ganarse el cielo a plazos, generando derechos.

Si los hijos de Evita -como dice Carrió- llegaron a la Universidad fue porque el peronismo (y no la UCR, el partido del cual viene Carrió y expresa a buena parte de las clases medias) estableció la gratuidad de los estudios superiores, y creó la Universidad Obrera. Hasta entonces, la "democratización" de la Universidad que prometió la Reforma del 18' no alcanzaba ni a los trabajadores, ni a sus hijos.

Y si alguien retomó después esa tradición democratizadora e inclusiva del primer peronismo fue el kirchnerismo, con Néstor y Cristina, creando universidades cuyos estudiantes son, en muchos casos, los primeros de sus familias en acceder a ese nivel de estudios.

Fingiendo que rescata la figura de Evita (porque ya no es de buen tono seguir hinchando por el cáncer, y la vigencia de la abanderada de los humildes ha trascendido nuestras fronteras), Carrió en realidad está reivindicando a María Eugenia Vidal y a Macri, que decían que hay demasiadas universidades y son al pedo, porque ningún pobre o hijo de pobres accede a ellas.

Y a su vez, se exculpan a sí mismos de que eso sea así, porque si hay alguien interesado en que haya pobres y sean cada vez más son ellos (aunque de la boca para afuera digan lo contrario), no solo para explotarlos, sino porque es la condición de posibilidad para que haya ricos (cada vez menos, y más ricos); dato que deliberadamente omiten cuando hablan de pobreza, o de gente que vive en villas miseria.

lunes, 26 de julio de 2021

SI EVITA VIVIERA...

 

...herviría de rabia viendo que tenemos más de un 50 % de argentinos que son pobres, y no estamos haciendo mucho que digamos para remediarlo.

...vería que esos números son peores entre los niños, los únicos privilegiados del país que construyeron con Perón, y a los que les destinó tantos desvelos.

...descubriría que en nombre del peronismo se puede hacer y decir cualquier cosa, y cualquiera puede decir que es peronista, sin que lo desmientan.

...oiría que se justifican las tibiezas y las claudicaciones en que "no dan las correlaciones de fuerza", o "la pesada herencia recibida", y que gastamos más tiempo preguntándonos y tratando de entender lo que no hacemos, que mostrando orgullosos lo que hicimos.

...le tendrían que explicar como es que tenemos que buscar el diálogo y el consenso con los que nos bombarderaron, fusilaron, persiguieron, encarcelaron, desaparecieron, asesinaron, y vejaron su cadáver.

...preguntaría quien fue el tarado que decidió que tenemos que seguir subsidiando con pauta publicitaria oficial a los medios que nos destrozan a diario con mentiras, operaciones y canalladas, para que no digan que atentamos contra la libertad de expresión. 

...sabría que Carrió dice impunemente que es su ídola y la admira, sin que nadie la diga que se calle la boca, que ella dio su vida peleando contra gente como ella, y lo que representan.

...se enteraría que subimos a las redes sus discursos, pero hay palabras que nosotros ya no decimos, que han quedado olvidadas de tanto evitar pronunciarlas: oligarquía, imperialismo, revolución, liberación nacional, pueblo y antipueblo.

...contemplaría estupefacta que hemos escondido la negritud, y tenemos un peronismo vergonzante que en sus listas (y si nos apuran, también en sus políticas) no tiene lugar para los grasitas, los descamisados o los "cabecitas negras".

...bramaría contra los sindicalistas genuflexos del poder de turno que entregan a los trabajadores, y se comportan como empresarios, que manejan las obras sociales como una prepaga y están más preocupados por el dinero que destinan a ellas, que por los salarios y los derechos de sus representados.

...advertiría que muchas mujeres (no todas, gracias a Dios) ocupan cargos políticos o tienen lugares en las listas porque son las esposas, novias, amantes, hijas o hermanas de alguien; y no por méritos propios.

...le daría mucho asco ver que esos políticos, esos sindicalistas, esas mujeres, no se privan de homenajearla en cada aniversario de su muerte, y decir que ella es el ejemplo que los guía y los ilumina 

Si Evita viviera, en fin, nos cagaría a patadas en el culo a todos.

domingo, 26 de julio de 2020

LA RAZÓN DE SUS VIDAS


Cuando Evita vivía y protagonizaba la política argentina -y vaya si la protagonizó- no se hablaba de "grieta", pero existía más que nunca: la acusación cualunque de "la contra" (como le gustaba decir a ella) al peronismo era que había introducido la política en las casas, dividiendo a las familias.

Y Eva era "la grieta", o frente a ella se abrió un abismo: la amaron y la odiaron con igual intensidad, exactamente por las mismas razones: lo que para algunos fue bálsamo, alivio, redención y esperanza, para otros fue insolencia intolerable, digna del insulto, el agravio y la vejación: se metió con cosas con las que no había que meterse, porque siempre habían sido así, y así debían ser. 

El odio a Eva de algunos fue tan grande que no se detuvo ante su enfermedad -allí quedó como registro de la infamia aquella pared que vivaba al cáncer-, ni ante su muerte: la odiaron más allá de ella como la odian aun hoy, porque en realidad odian lo que representa. 

Y por eso ocultaron su cadáver y lo vejaron, por odio y también por miedo al amor de su pueblo, sin entender que Evita ya no estaba en una tumba o un mausoleo, sino en cada corazón humilde, y de allí jamás podrían robarla para ocultarla o desaparecerla.

Porque Evita fue, más de veinte años de la última dictadura, la primera desaparecida; con esa obsesión enfermiza de los gorilas con la muerte y los cuerpos, con ese odio enfermizo que los consume cada vez que comprueban que el peronismo, ese objeto de sus desvelos, sigue allí cuando se despiertan, pese a sus innumerables intentos por -otra vez- desaparecerlo. 

Eva escribió -o escribieron para ella- un libro: "La razón de mi vida", que fue texto escolar y que evoca a la abanderada de los humildes de las estampas. También, claro, escribió "Mi mensaje", ese otro texto silenciado porque mostraba a la Evita del rodete enérgica y apasionada, que azotaba a latigazos verbales a la olgarquía infame y explotadora, tanto como los que ella llamaba sin tapujos, los traidores de adentro.

Los que la odiaron y odian, no distinguieron entre su ternura y su pasión militante -porque Eva era eso: la primera militante, fanática e incondicional, de Perón y el peronismo-. Y el título del libro era lo mejor, porque era lo más exacto: Evita encontró en la causa de los humildes, la razón de su vida, y dio testimonio de ello hasta el fin, dando eso, su vida. Y por eso la amaron, y la lloraron como la lloraron cuando "transitó hacia la inmortalidad" (esa frase ideada por un burócrata de la comunicación oficial, que por una vez fue precisa), como dan cuenta los videos que se suelen reproducir para esta fecha.

Muchos años después Cristina -que nació después de que Eva muriera, un día como hoy, hace 68 años- llegó al mismo lugar que ella, no a la misma altura, claro: la propia CFK fue siempre la primera en descartar la comparación, señalando que Evita era -como fue- única e irrepetible. 

Y ese mismo lugar no fue tanto el del protagonismo político que sin dudas tiene: es la figura política más importante del país, esté donde esté, hace más de una década, aunque la dieron por muerta innumerable cantidad de veces. Pero vuelve otras tantas, porque al igual que Eva, hay un lugar del que nunca se fue: el corazón de muchos argentinos y argentinas, en especial los más humildes.

Sin embargo, el "otro" mismo lugar de Eva al que llegó Cristina es el odio, persistente enfermizo, obsesivo e irracional de los mismos que odiaron a Evita, porque odian lo que las dos representan: la dignidad y los derechos para las clases populares, la "subversión" de un orden social que entienden inmutable, propio del orden natural, y que es sacrílego intentar siquiera alterar. Y también la convicción enorme de sostenerse frente a viento y marea, y sin aflojar en defensa de lo que creen justo, aunquee vinieran degollando.

Claro que los que las odian no dirán que es por nada de eso, y en consecuencia preferirán hablar de cadenas nacionales o carteras caras, como antes hablaban de las joyas, o los juguetes de la Fundación. El odio siempre encuentra atajos para esconder sus verdaderas razones; lo que le cuesta más, en cambio, es esconder su objeto, el destinatario de ese odio visceral: hasta se diría que no se proponen ocultarlo, se enorguellecen de odiar y se definen a partir de lo odiado.  

Es un odio tan intenso que no puede existir sin el odiado, sin mencionarlo, sin tenerlo en la boca todo el tiempo. Pasó antes con Evita, pasa hoy con la misma furia e intensidad, con Cristina: que si habla porque habla, que si se calla porque se calla, que si -como acaba de decir Beatriz Sarlo- sus palabras son inquietantes, más perturbadores son sus silencios. 

Frente a cada avance del odio (y vaya si el odio avanzó en éste país) muchas veces nos cuestionamos si -como dice siempre Cristina- el amor es una fuerza superior, capaz de vencerlo. Sea cual fuere la respuesta, el cierto que el odio es una fuerza motivadora poderosa que no puede menospreciarse, pero que no puede construir nada perdurable sino el mismo odio. Más allá de sí, se deshace en impotencia, y acaso la comprobación de ese hecho, sea lo que realimente el odio.

De los que odiaron y odian a Evita se podría decir lo mismo que de los que odian a Cristina: que al tiempo que las odian, las necesitan, más incluso que los que las aman. Es como si Eva antes o Cristina ahora fueran -en un sentido trágico.  y parafraseando a la propia Evita- la única razón de sus vidas.

martes, 7 de mayo de 2019

¡UY, LA CONCHA DE LA LORA, HAY SHOW!

100 AÑOS EVITA



100 años cumple hoy (así, en presente) Evita, que en breve cumplirá 67 de su “tránsito a la inmortalidad", y que con unos pocos años de protagonismo político, se convirtió en la mujer más importante de la historia argentina, sin discusiones: esos solos datos deberían bastar para entender que se está en presencia de un personaje excepcional, de esos que aparecen muy de vez en cuando.

Evita es de los personajes argentinos más conocidos en el mundo entero, si no el más, más que el propio Perón, y tanto o más que el Che; porque con ella se da la particularidad de que los que la odiaron y trataron de denigrarla convirtiéndola en un cliché, la hicieron más famosa aun. Pero si los que la odiaron la hicieron famosa, los que la amaron y la aman le levantaron altares y la hicieron leyenda, viva y palpitante en la memoria de su pueblo.

No tiene mucho sentido conjeturar hoy sobre lo que le hubiera pasado al peronismo si Eva vivía más tiempo, o sobre lo que ella hubiera hecho en cada circunstancia histórica de la Argentina (“Si Evita viviera”): bastante riqueza hay en lo que ella fue e hizo, para aprovecharla hoy como enseñanza actual, como para perder tiempo en especulaciones.

Evita fue un ángel, pero de fuego: amó a los que la amaron, y odió a los que la odiaron, con la misma pasión e intensidad; sin medias tintas, ni atajos, ni dobleces. Porque como ella misma decía, nunca se dejó arrancar el alma que traía de la calle, nunca renegó de sus orígenes, para tratar de parecer lo que no era.

Y eso que era actriz, y no faltan los gorilas (asumidos o no) que digan que siendo Evita representó su papel supremo, y póstumo; porque de ella también, como de Perón, se dijo que era una impostora, que es lo que dicen siempre los que creen que el pueblo es bobo, y lo engaña cualquiera. Los mismos que miran los fastos de su funeral, pasando por alto el impactante, auténtico y genuino dolor del pueblo llano, que la lloró por días, semanas, meses.

Se la acusó de resentida social, y ciertamente le sobraban razones para serlo, pero al mismo tiempo, y viniendo de donde venía (o precisamente por eso), fue capaz de amar y dar consuelo, y consumirse en ese amor, disolviéndose en los amados: sus cabecitas, sus descamisados, sus “grasitas” como le gustaba decir; a los que les dedicó pocos pero intensos años de su vida, que serían los finales; abrasada por el fuego de una pasión inextinguible, consumiéndose en interminables y agotadoras jornadas de trabajo, que le restaban a su cuerpo enfermo el descanso que reclamaba.

Por eso, si para alcanzar el ideal del amor evangélico le faltó (tan humana como era) amar a los que la odiaban, lo suplió con creces alcanzando la forma mayor del amor cristiano, dando la vida por sus amigos. Y ese sacrificio creó entre ella y el pueblo que la amaba un lazo indestructible, que resistió el paso del tiempo y se transmitió de generación en generación, cuando la Fundación ya era un recuerdo, y los años felices quedaron atrás. 

Pero Eva, como Cristo, fue capaz de la ternura, la misericordia y el consuelo, tanto como del latigazo para echar a los mercaderes del templo. Su lengua filosa como un látigo castigó a las oligarquías explotadoras y antipatrias de su tiempo y de todas las épocas, como casi nadie las volvería a castigar después; marcándolas con un trazo indeleble: “raza de víboras y explotadores”, los llamó; con la misma furia y fervor con que castigaba a los alcahuetes, adulones y traidores de adentro, en los que veía un peligro mayor para la causa peronista. Algún habrá que rendirle también el merecido homenaje a su clarividencia política.

Insultada en vida (aquella pared infame que vivaba al cáncer quedará en los anales del odio), fue vejada, torturada, y desaparecida después de muerta: una cruel metáfora del destino que muchos sufrirían después, y por las mismas razones: comprometerse a fondo por los que menos tienen.

Signos de que los odios de la oligarquía son perdurables, tanto que no se detienen ni ante la enfermedad, ni ante la muerte. El amor del pueblo tampoco: por el contrario, encontró en ellas más motivos para amarla, incondicionalmente. Por eso cuando alguien les hable de la grieta como algo nuevo, o inventado entre nosotros en el 2003, cuéntenle de Eva, de sus odios y de sus amores.

Hablando de Evita, decía Perón que entre otras cosas, ella le aportó al peronismo el fanatismo que es imprescindible para que triunfen las grandes causas: una lección de los dos para los portadores del “peronómetro” que abjuran de las “minorías intensas”, y que suelen disfrazar de pragmatismo o “realpolitik” las deserciones, las traiciones y el arriado de las banderas.

Desde la obsesión enfermiza del gorilismo se preguntaba Sebrelli si Eva había sido una simple aventura, o una militante, y para nosotros la respuesta no es dudosa: Eva fue no solo una militante, sino la regla (alta, muy alta) con la que nos debemos medir todos los que nos llamamos militantes: para serlo realmente, te tiene que doler en el cuerpo la pobreza, el dolor, el sufrimiento y la injusticia; y estar dispuesto a hacer todo lo que esté a tu alcance para remediarlos. Es el único modo de ser dignos de su sacrificio, y de su recuerdo.

lunes, 11 de febrero de 2019

FIJÁTE QUE SÍ, JUANJO


“La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;... en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos.” (Constitución Nacional, artículo 75 inciso 22).

“Derecho a la preservación de la salud y al bienestar. Toda persona tiene derecho a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a la alimentación, el vestido, la vivienda y la asistencia médica, correspondientes al nivel que permitan los recursos públicos y los de la comunidad.” (Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, artículo XI)

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios;...” (Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 25 punto 1.)

“Los Estados Partes se comprometen a adoptar providencias, tanto a nivel interno como mediante la cooperación internacional, especialmente económica y técnica, para lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos que se derivan de las normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Americanos...” (Convención Americana sobre Derechos Humanos, artículo 26)

“Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos,...” (Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Preámbulo)

“Los Estados Parte en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados, y a una mejora continua de las condiciones de existencia. Los Estados Parte tomarán medidas apropiadas para asegurar la efectividad de este derecho,...” (Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, artículo 11 punto 1.)

A los efectos de la presente ley, denomínase servicio público de electricidad la distribución regular y continua de energía eléctrica para atender las necesidades indispensables y generales de electricidad de los usuarios de una colectividad o grupo social determinado de acuerdo con las regulaciones pertinentes.” (Ley 15.336, artículo 3) 

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jueves, 26 de julio de 2018

¿QUIÉN DIJO QUE SE FUE?



"Estamos en una obra que nada ni nadie podrá detener. Ya he tenido oportunidad de decir, ¡dentificada con el líder, que el peronismo no se aprende ni se proclama. se comprende y se siente. Por eso es convicción y es fe. Por eso, también, no importan los rezagados del despertar nacional. yo no deseo, no quiero para el peronismo, a los ciudadanos sin mística revolucionaria. Que no se incorporen, que queden rezagados, si no están convencidos. El que ingrese, que vuelque su cabeza y su corazón sin retaceos, para afrontar nuestras luchas, que siempre habrán de terminar en un glorioso 17 de Octubre. 

Pero en nuestro movimiento no tiene cabida el interés y el cálculo. Marchamos con la conciencia hecha justicia que reclama la humanidad de nuestros días. Peronismo es la fe popular hecha partido en torno a una causa de esperanza que faltaba en la Patria. Hace poco tiempo, para definir mi condición de peronista, expresé: "Luchamos por la Independencia y la soberanía de la Patria, por la dignidad de nuestros hijos y de nuestros padres, por el honor de una bandera, por la felicidad de un pueblo escamecido y sacrificado en aras de una avaricia y un egoísmo que no nos han traído sino dolores y luchas estériles y destructivas". 

Si el pueblo fuera feliz y la Patria grande, ser peronista sería un derecho. En nuestros días, ser peronista es un deber. Por eso soy peronista. Soy peronista por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo, vivificado y actuante otra vez por el renacimiento de sus valores espirituales y la capacidad realizadora de su Jefe, el General Perón. Esta es la definición de un peronismo auténtico, que tiene su raíz en la mística revolucionaria. Esta es la definición del peronismo del 17 de Octubre de 1945, sin otro interés, sin otro cálculo, sin otra proyección que el bienestar de la Patria, traducido en el bienestar de los trabajadores en sus múltiples actividades. 

Yo invito al pueblo a meditar sobre el significado, sobre la honda proyección del 17 de Octubre. Es la única, la auténtica, la definitiva revolución popular que se opera en nuestro pueblo. Una revolución histórica se justifica cuando sus causas sociales, políticas y económicas las determinan. Y ahí está la justificación de la revolución histórica del 17 de Octubre. Fue determinada por causas sociales, Políticas y económicas. 

En lo social, el abandono total de la justicia, con el enquistamiento de los privilegios y la explotación del trabajador. En lo político, con la sistematización del fraude en favor de los partidos que se turnaban en el Gobierno o se lo quitaban mutuamente según el menor o mayor apoyo de los intereses en juego y en lo económico, el entreguismo y la venta del país, surgidos de sus reyertas. contra ello, y para destruir ese estado de cosas, el pueblo rescató a su Líder y lo ubicó . en este balcón el 17 de octubre de 1945."

(Eva Perón, discurso en Plaza de Mayo en el Día de la Lealtad, 1949. El video de apertura corresponde a su último discurso en público, el 1 º de Mayo de 1952, en el acto del Día del Trabajador) 

sábado, 11 de noviembre de 2017

66 AÑOS DEL PRIMER VOTO FEMENINO

miércoles, 26 de julio de 2017

ETERNA EN EL AMOR DE SU PUEBLO


¡Los imperialismos! A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Yo lo he visto de cerca en sus miserias y en sus crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. Se proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias. Pero más abominable aún que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos. Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi desprecio. Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...! Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano. "No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas. No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias."

"Nosotros somos un pequeño pueblo de la tierra, y sin embargo con nosotros Perón decidió ganar, frente al imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y nuestra propia libertad. Y somos justos y libres. Podrá costar más o menos sacrificio ¡pero siempre se puede! No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano."

"También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades. Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron."

"Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también por lo tanto cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma. Si Dios llevase del mundo a Perón antes que a mí, yo me iría con él porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor; para ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo y para ayudarlos a sufrir con un poco de mis propios dolores. He sufrido mucho, pero mi dolor valía la felicidad de mi pueblo y yo no quise negarme -no quiero negarme-, acepto sufrir hasta el último día de mi vida si eso sirve para restañar alguna herida o enjugar alguna lágrima."

"No puede haber, como dice la doctrina de Perón, más que una sola clase: los que trabajan. Es necesario que los pueblos impongan en el mundo entero esta verdad peronista. Los dirigentes sindicales y las mujeres que son pueblo puro no pueden, no deben entregarse jamás a la oligarquía. Yo no hago cuestión de clases. Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencemos. Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darle jamás: nuestra libertad. El trabajo es la gran tarea de los hombres, pero es la gran virtud. Cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos, y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la humanidad. Pero, mientras tanto, lo fundamental es que los hombres del pueblo, los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza oligarca de los explotadores. Todo explotador es enemigo del pueblo. ¡La justicia exige que sea derrotado!"

(Eva Perón, "Mi mensaje")

sábado, 10 de septiembre de 2016

domingo, 26 de julio de 2015

63 AÑOS VOLVIENDO, PARA QUEDARSE PARA SIEMPRE



"La garantía de la voluntad soberana del pueblo debe estar en el propio pueblo. Sacarla de sus manos es reconocer una debilidad que no existe, porque los pueblos constituimos por nosotros mismos,. la fuerza más poderosa que poseen las naciones.

Lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que poseernos y no olvidarnos que nadie puede hacer nada sin el pueblo, que nadie puede hacer tampoco nada que no quiera el pueblo.

¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos!

Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino...

¡Basta eso para vencer!"

"Es lindo vivir con el pueblo...sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple alegría de su corazón.

Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido definitivamente encarnarse en el pueblo...hacerse una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría sería lo mismo que si fuese nuestra.

Es lo que yo hice, poco a poco, en mi vida...

Por eso el pueblo me alegra y me duele.

Me alegra cuando lo veo feliz...y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad.

Me duele cuando sufre...Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan."

"Donde esté Perón y donde estén los descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma...

Si Dios llevase del mundo a Perón antes que a mí, yo me iría con él porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor; para ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo y para ayudarlos a sufrir con un poco de mis propios dolores...

Yo estaré con ellos para que sigan adelante por el camino abierto de la justicia y de la libertad hasta que llegue el día maravilloso de los pueblos.

Yo estaré con ellos peleando en contra de lo que no sea pueblo puro, en contra de lo que no sea la "ignominiosa" raza de los pueblos.

Yo estaré con ellos, con Perón y con mi pueblo, para pelear contra la oligarquía vendepatria y farsante, contra la raza maldita de los explotadores y de los mercaderes de los pueblos."

(Eva Perón, "Mi Mensaje")