LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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domingo, 27 de septiembre de 2020

"ME QUIERO IR DEL PAÍS"

 

Es posible que al momento de publicar este post no haya nadie leyéndolo desde Argentina, porque todos se fueron del país en busca de mejores destinos. Al menos esa es la idea que uno se podría formar si fuera real lo que los medios nos cuentan a diario.

Plantear el absurdo de que, en medio de una pandemia que afecta al mundo entero y de la que ningún país está exento, migrando de un lado a otro se puede mágicamente mejorar la situación, nos da una idea del grado de banalización a que someten una cosa seria como la emigración, que afecta a millones de personas en todo el planeta. Eso, sin hablar de los exilios en un país con la historia del nuestro, de persecuciones por motivos políticos.  

En todo esto está, por supuesto, la idea de la autodenigración nacional, un sello cultural tan argentino que va del "Manual de Zonceras" de Jauretche a Luis Solari, el personaje de Capusotto: vivimos rodeados de tilingos a los que la expresión "este país de mierda" no se les cae de la boca, o siempre creen que el pasto está más verde en otro jardín; lo que en no pocos casos es fruto de la más completa ignorancia de como se vive realmente en otros lugares, aun en los tiempos de la sociedad de la información. 

También está por supuesto el narcisimo de los que se creen mejor de lo que realmente son, mejores que el resto, o que el país no está a su altura, porque son auténticos diamantes en bruto cuyo brillo no es apreciado acá, pero será advertido de inmediato en otros lugares, por aquello de que "nadie es profeta en su tierra".

Pasa también en estos casos -al menos en la inmensa mayoría- que la amenaza de irse nunca se concreta, sea que se trate del que no se va porque no puede, como del que sí podría, pero amenaza y se queda. Es como si estuvieran esperando un operativo clamor, su propio 17 de octubre para que la gente salga en masa a pedirles que se queden, que son imprescindibles, que sin ellos no podemos vivir: nada que no se cure con terapia.  

Es gente que, yéndose o quedándose, al país le resta, y no es que este país haya tratado o trate bien a los que vivimos en él, y nadie se haya tenido que ir nunca, por motivos valederos. Esto es otra cosa, porque por regla general el que anuncia a los cuatro vientos que está pensando en irse pero no se va, es por regla general y aunque diga lo contrario, alguien que aporta poco y nada. 

Y si se quedan, además de no aportar, ocupan: bancos en las escuelas y universidades públicas gratuitas en las que se forman para que los aprovechen otros si concretaran su deseo de irse; así como los anticuarentena ocupan camas en los en los hospitales, si se contagian del coronavirus. 

También están los que se fueron en algún momento y volvieron, pero nadie se entera o nos enteramos tarde, porque parece que el regreso no merece la misma difusión que la partida. Daría la impresión -nos podemos equivocar- que eso obedece a que volvieron porque afuera les fue peor y no quieren admitirlo, o porque acá estamos mejor que cuando se fueron, y no somos un país tan de mierda como decían. Y eso, para algunos, es más difícil aun de admitir.

Pero más allá de estas reflexiones de sociología barata y zapatos de goma, haqy también estrategias de la derecha política, económica, social y cultural del país en esto de las emigraciones y los exilios: cuando gobiernan ellos nos convocan al sacrificio, a aguantar lo que sea y lo que venga, porque hay un futuro mejor en el horizonte, que nunca alcanzamos porque nos lo van corriendo.

Cuando son oposición la cosa cambia y ellos, que apoyaron a todas las dictaduras reales, empiezan a hablar de dictaduras imaginarias y amenazan con irse del país porque no pueden ir a un bar a tomar un café. O los que nos endeudaron con un bono a 100 años dicen que los jóvenes están pensando masivamente en emigrar, porque no ven futuro en éste país.

Hacen una maniobra de pinzas, en los dos extremos por edad de la pirámide social: a los viejos (donde tienen muchos votos) los enloquecen para que salgan a la calle, y a los jóvenes (donde la cosa está más repartida), los desmoralizan con la idea de que este es una país de mierda que no tiene nada para ofrecerles, o peor aun, les llenan la cabeza de idioteces "libertarias". 

En cualquier caso, saben bien que por esas vías es muy posible terminen decantando en el discurso antipolítica, que por definición es de derecha: una posible compensación biológica del electorado a perder, por avance del almanaque, o por imperio de los contagios en las marchas antiperonistas semanales. Tuit relacionado:    

lunes, 23 de enero de 2017

POPULISMO DE DERECHA, O LA MÁQUINA DE HUMO DE DURÁN BARBA


Si efectivamente la economía ya estuviese repuntando como sostienen los funcionarios del gobierno los "informes" que así lo demuestran serían públicos y no "reservados", y si ese repunte se fuera a acelerar en los meses venideros, y ese repunte "derramara" en empleo, salario y consumo no estaríamos llamados a discutir otras cuestiones; como la baja de imputabilidad de los menores, o la expulsión de los extranjeros que delinquen. Pero lo real es que es muy poco probable que repunte, y que si lo hiciera, es seguro que no "derramará".

De allí la necesidad de apelar a estas cortinas de humo hábilmente montadas desde la maquinaria duranbarbista que nos muestra a un presidente capaz de empatizar con el dolor de una familia que perdió a su hijo mientras se desentiende de la suerte de 380 trabajadores despedidos por Clarín y mientras le aclara a esa familia que él quiere avanzar con algunas cuestiones, pero no le cierran los números en el Congreso para conseguirlo; maniobras efectivas en tanto conectan con las pulsiones más bajas de la sociedad, incluidas las clases populares. O sobre todo de las clases populares, no nos engañemos.

Estos arrestos de "populismo de derecha" no son más que otra muestra de la habilidad de los ricos para atizar las peleas entre los pobres, de las cuáles podemos dar testimonios concretos cotidianos: ¿quién no se encontró en el supermercado, la verdulería, el banco o una reunión familiar con alguien muy preocupado por la delincuencia juvenil, o la "terrible mafia" de los manteros, aunque viva en el interior?

Dejado esto en claro, después discutimos si el gobierno es "gradualista" o no, o si ensaya y profundizará un ajuste antes de las elecciones, o preferirá disfrazarse de "populista" para ganarlas, y luego sí descargar con su fuerza el mazazo: hace unos meses decíamos acá que la nueva estafa electoral ya estaba en marcha desde las usinas macristas, de modo más o menos disimulado.

También hay que tener en claro de qué hablamos cuando hablamos de ajuste: si entendemos por tal el recorte drástico de los gastos del Estado, el despido de empleados públicos, la rebaja de sus salarios o de las jubilaciones, la cancelación o recorte de los planes sociales o la privatización de empresas y servicios, es muy probable que de acá a las elecciones ese ajuste así descripto no lo veamos: sería una gran torpeza política del gobierno, encresparía aun más los ánimos en su contra y lo perjudicaría electoralmente. Para evitarlo además (o posponerlo para el día después de las elecciones) es que están contrayendo un brutal endeudamiento externo, que financia la fuga de capitales.

Tampoco hay que confundir la profundidad de los cambios que impulsa Macri con su vocación de permanencia o no: nadie en politica quiere tener destino de helicóptero, en todo caso eso sería una consecuencia indeseada de pifias políticas sucesivas. Lo que tiene sí claro el gobierno (tanto como lo tienen los intereses que representa) es un rumbo y objetivos a los que quiere llegar, pero como dijo alguna vez algún dictador, no tiene plazos para cumplirlos. Por otro lado, hasta acá su táctica permanente ha sido de ensayo, prueba y error: avanzó tan a fondo como pudo, o como se lo permitió la resistencia social.

Y para que la consecución de esos objetivos sea socialmente digerible (o políticamente administrable) necesita ganar las elecciones, y para eso montan estas campañas de humo; lo cual no implica que los temas elegidos a ese fin no sean trascendentes, o que sobre ellos estemos exentos de tomar posición: simplemente se señala su rol distractivo, en éste instancia.
   
Porque mientras nos indignamos con la posibilidad de una ley de residencia aprobada por DNU o la demagogia punitivista de Macri, los tarifazos planteados ya el año pasado en los servicios públicos esenciales siguen en marcha e impactarán en los bolsillos, y todos los precios de la economía regulados directa o indirectamente de un modo u otro por el Estado (como las naftas, las prepagas, el transporte, la harina, el pan o los productos de los olvidados "Precios Cuidados") siguen subiendo; mientras el gobierno busca ponerle "cepo" al salario en las paritarias, y disciplinar los pedidos de aumento vía despidos y suba del desempleo: la respuesta del Ministerio de Trabajo en el caso AGR es en ese sentido bastante aleccionadora.

Al mismo tiempo Macri ya firmó el el DNU 54 que introduce los cambios al régimen de ART (que ya tenían media sanción del Senado) según vemos acá en el Bolertín Oficial de hoy, con la complicidad (por acción u omisión) de la CGT, y para sortear un debate incómodo en Diputados; mientras sus funcionarios pasaron por Davos prometiendo replicar el acuerdo flexibilizador de Vaca Muerta en otros sectores de la economía, como la construcción o la industria automotriz y metalmecánica. Si todo eso no es un ajuste hecho y derecho, se le parece bastante.

Cambios profundos, que expresan -sí, en un año electoral- ajustes estructurales, transferencias de ingresos, cercenamiento de derechos y reconfiguración de las relaciones entre el capital y el trabajo; pero cuyos efectos no sean quizás perceptibles en lo inmediato.

La respuesta institucional a cualquier disparate en estas cuestiones (como el DNU que modifique la ley de migraciones, o el que haga lo propio con las ART) es sencilla: cuando lo manden a revisión al Congreso se lo rechaza, y listo.

La respuesta política (de la cual la más contundente es derrotar en las elecciones a este proyecto) es más compleja, porque requiere por principio tener la claridad necesaria para explicar estas cuestiones; y separar la paja del trigo. 

Porque de lo contrario es muy posible que alguien que tuvo que cerrar su negocio, perdió su empleo o vea reducido su salario en términos reales se sienta tentado de votar al gobierno porque meterá presos a los menores delincuentes, o expulsará a los extranjeros "indeseables".

martes, 24 de septiembre de 2013

HERMES VAINILLA


Leemos en Ambito Financiero: "En diálogo con FM Delta 90.3, el candidato a diputado nacional del Frente Progresista Cívico y Social se quejó de la migración a la ciudad santafesina de familias de bolivianos, paraguayos, chaqueños y tobas. 

Binner respondió de esa manera ante una consulta periodística por la existencia de altos índices de pobreza en algunos rincones de la Provincia. "Fíjese que todos los barrios que se han armado en Rosario es gente que ha migrado, y son argentinos que vienen corridos por la necesidad de comer todos los días, no es poco", explicó y elevó la queja a la Nación. 

El líder socialista consideró que los movimientos poblaciones entre las provincias los debe resolver el Gobierno nacional porque es quien dirige la política económica del país.

"Vienen de otras provincias, vienen aquí permanentemente, bueno, vienen paraguayos y bolivianos ¿no? pero básicamente son de las provincias argentinas. Acá tenemos barrios enteros de chaqueños. Tenemos cuatro barrios extraordinariamente grandes de tobas, que vienen corridos porque la soja los desplazó de su terreno y eso no es una política que se pueda solucionar desde Rosario, hay que solucionarla desde Buenos Aires", señaló el exgobernador santafesino.

"Eso hay que enmarcarlo dentro de un país, no de una ciudad. Todos los barrios que se han armado es gente que ha migrado. Son argentinos que vienen corridos por la necesidad de comer todos los días, que no es poco", reiteró y aseguró que "estamos ante una situación que hay que abordarla desde el sector Nación, que es el que maneja la política económica de un país".".

Aparentemente en una provincia normal no habría que permitir que la gente de otras provincias o países migre buscando mejores horizontes; o quizás Hermes suponga que la gente sólo debe viajar por placer, haciendo turismo. Y que le permitan comprar dólares para eso, claro.

Lo cual es raro porque dice todo el tiempo que un país normal es aquél en el que se cumple con lo que dice la Constitución, y la nuestra -ya desde el preámbulo- dice que estamos abiertos para todos los hombres del mundo de buena voluntad, que quieran habitar en nuestro suelo.

Quizás al descendiente de suizos le guste más esa otra parte (nunca modificada, por cierto) que dice que el gobierno federal debe promover y fomentar la inmigración europea; y de allí viene su pedido subliminal al gobierno nacional: ¿qué reclama, que se solucione la pobreza deportando a los inmigrantes de Bolivia o Paraguay que -según él- afean el paisaje de la Barcelona argentina?

Suponemos que desconoce que la Ley 25.871 del 2004 (que aprueba la política migratoria nacional, ver texto acá) en consonancia con el espíritu del texto constitucional, tuvo su origen en un proyecto de Rubén Giustiniani, que es un hombre de su partido.

Raro que no haya dicho que los hospitales municipales de Rosario están desbordados, porque se llenan de chaqueños, bolivianos y paraguayos que van a hacerse atender gratis, y son mantenidos con los impuestos que pagan los santafesinos.

Sorprende además la referencia a los chaqueños, justo cuando hoy nos cuenta Sebastián Demarco en Redacción Santa Fe que hay localidades del norte santafesino que -ante la desidia y el olvido del gobierno provincial- han tenido que recurrir al Chaco para contar con agua potable:


Más preocupante todavía sería que Hermes haya adoptado este giro (aunque si se lo mira bien, coherente con haber dicho que hubiera votado a Capriles) porque tiene datos de que Del Sel viene creciendo en la encuestas, y entonces le sale a disputar electorado.

Ya van a venir seguramente las explicaciones de Ciciliani, Vicky Donda y toda la progresía (local y nacional), diciendo que es una operación política y lo sacaron de contexto (ah, no, pará: ya salieron), que no es tan así, que en realidad lo importante es que denuncia la expansión de la frontera agropecuaria por el boom sojero; y cosas por el estilo. Aunque pensándolo bien, lo último mejor no, a ver si se enojan Buzzi y los de la Mesa de Enlace.

Lástima que -según algunos- nosotros nos venimos corriendo a la derecha en los últimos tiempos (tanto que en cualquier momento nos chocamos con Binner), sino podríamos sacar provecho de este nuevo desbarranco.

lunes, 2 de julio de 2012

A TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO DE BUENA VOLUNTAD QUE QUIERAN PISAR EL SUELO ARGENTINO


Los resultados del Censo Nacional 2010 no mienten: estamos cada vez más llenos de inmigrantes extranjeros de países pobres, que vienen a jodernos la vida.

Clarín por supuesto trata de minimizar el hecho (que aumente la población extranjera en el país, algo que no se verificaba desde el censo de 1914), desvinculándolo por completo (con el imprescindible recurso de "la opinión de los expertos") del prolongado ciclo de crecimiento económico y mejora de los indicadores sociales que transita la Argentina desde el 2003: los extranjeros vendrían algo así como a hacer turismo, y renuevan el hotel por años, digamos.

Sin embargo la propia opinión de los interesados relevada para la nota, marca claramente como son las cosas: aunque parezca obvio decirlo, se emigra buscando mejores posibilidades de vida, y se rumbea para donde esas mejores condiciones están garantizadas, o son más accesibles.

Y en ese sentido la Argentina ("una mina de oro para el migrante", como la caracteriza uno de los entrevistados) puede exhibir una larga tradición de hospitalidad para los extranjeros, que convive también con extendidos bolsones de xenofobia y racismo, bien que dirigidos a ciertos colectivos provenientes de otros países.

Racismo que es alimentado desde la propia Constitución nacional, generosa en su preámbulo y restrictiva en su tristemente célebre artículo 25 (inexplicablemente intocado en la reforma del 94'), que impone al gobierno fomentar exclusivamente la inmigración europea: se juntan en su texto las "Bases" de Alberdi con "Conflicto y armonía de las razas en América" de Sarmiento, dejando de lado la polémica de las "Cartas quillotanas" para ponerles juntos el hombro al intento de inculturación humana de la Argentina.

Y que ha formateado durante más de 150 años a generaciones de argentinos desde la educación y la prensa, y si no vean los comentarios de los lectores de Clarín al artículo:      


Ignorancia, prejuicios, lugares comunes, repetidos por gente que con toda seguridad (basta repasar la nómina de los "comentaristas destacados") participa activamente de los cacerolazos o acompaña las protestas, reclamándole al gobierno diálogo y consenso. o bajar los niveles de crispación.

Aunque a lo mejor ahora queda claro que querían decir los carteles aquéllos de "Cristina, devuélvannos el país": no se lo regalen a los paraguayos, peruanos y bolivianos.