LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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viernes, 16 de marzo de 2018

EL LIBRO DE LAS REVELACIONES


Como se estaban disipando las bombas de humo de "la luz verde para debatir la despenalización del aborto" y "Macri, el feminista menos pensado que propone la equidad de género en las relaciones laborales", Lousteau (la Manaos de "Cambiemos") acudió en auxilio propio y del gobierno; y para fortalecer su imagen de "progre" le preguntó al Jefe de Gabinete durante su paso por el Congreso cuanto gastaba el Estado en sostener el culto católico, y cuanto cobraban los obispos.

El resultado fue previsible: de todos los temas que se dipararon con el informe del Jefe de Gabinete, todos los medios hegemónicos salieron en cadena a celebrar la "revelación" aportada por Peña, a partir de la pregunta de Lousteau; y la izquierda se engancha y se desayuna con que hay leyes que derogar, porque financian a la iglesia. 

Mientras tanto, por supuesto, toda la discusión sobre la economía, la vuelta del FMI, el posible préstamo de 10.000 millones de dólares, el cepo a las paritarias, la inflación de febrero que no subió como dijo Peña a menos que 2,4 % sea menos que el 1,8 % que había dado en enero, pasaron a un completo segundo plano: Durán Barba, agradecido.

Lo curioso es que un diputado pregunte y el Jefe de Gabinete responda como si se tratara de secretos de Estado, sobre datos que figuran en el presupuesto de todos los años; y el de éste (aprobado a fines del año pasado) no es la excepción, como pueden ver en ésta captura de pantalla, sacada de la parte correspondiente a la Secretaría de Cultos del Ministerio de Relaciones Exteriores:


Donde como pueden ver, figura no solo cuanta plata gasta el Estado en el sostenimiento del culto católico, sino cuantos son los obispos, arzobispos, curas y seminaristas que cobran una asignación mensual pagada con dineros públicos; en base a un conjunto de normas sancionadas en la última dictadura. Con lo que "El Libro de las Revelaciones" no sería el Apocalipsis como hasta ahora se pensaba, sino el Presupuesto nacional.

Antes de que alguno se apresure a conjeturar que acá estamos a favor del "beneficio", leer ésta entrada escrita apenas 3 días después de la elección de Bergoglio como Papa, hace exactamente cinco años atrás. Lo cierto es que más allá del pago de una "asignación" (jubilación de privilegio, en realidad) a los obispos y arzobipos creada por Videal, la obligación del gobierno federal de proveer al sostenimiento del culto católico surge del artículo 2 de la Constitución Nacional.

De allí que nosotros decíamos hace cinco años atrás y en medio de la euforia de la elección de un Papa argentino que la asignación a los obispos (exenta además de pagar Ganancias) era "Un privilegio que es consecuencia de la interpretación que se hace del artículo 2 de la Constitución Nacional, que establece la obligación del gobierno federal de proveer al sostenimiento del culto católico, apostólico romano; una rémora de 1853 que ni siquiera la reforma del 94' (que por ejemplo eliminó el requisito de ser católico para poder ser presidente) eliminó.". 

Y de allí que más allá de derogar la Ley 21.950 de 1979 (que es la que establece la "asignación" para obispos y arzobispos), la discusión sobre el sostenimiento del culto católico o la separación de la iglesia y el Estado requiere de una reforma constitucional; como sin ir más lejos sancionó el Congreso en mayo de 1955, en pleno conflicto del gobierno de Perón con la jerarquía ecleciástica. O sea, un debate tan posible hoy como el de la pena de muerte, digamos.

Pero "revelación", lo que se dice "revelación", las pelotas. A menos que cierta gente -como Lousteau- voten a favor de algo (como el Presupuesto, ponéle), sin haberlo leído antes en detalle:  


domingo, 4 de octubre de 2015

EL CUARTO VOTO: OBEDIENCIA, POBREZA, CASTIDAD Y TRANSPARENCIA


A través de un documento de la Conferencia Episcopal Argentina que preside Monseñor Arancedo (que los santafesinos conocemos muy bien), la Iglesia Católica reclamó, ex cathedra, se cumplan los deberes electorales por parte del estado, los partidos políticos y los ciudadanos, de modo tal que exista transparencia y respeto a la voluntad popular. 

¿Alguien puede estar en desacuerdo? 

Pero a poco que se analiza el documento, el mismo deja entrever varias cosas:

1) El voto debe ser racional, luego de un proceso psicológico y cognitivo que el elector debe realizar para decidir la mejor opción. O seaaa parece que no todos lo hacen.

2) Los procedimientos deben mejorarse, deben ser insospechados. O seaaa el método utilizado desde principios del siglo pasado a la fecha está cuestionado.

3) No debe haber signos de violencia, de intolerancia. Se debe evitar se acentúen las divisiones. O seaaa: teléfono peronismo.

Cualquier similitud con el discurso del PRO, no es pura coincidencia.

Recordemos que, de un tiempo a esta parte, la derecha (que hoy encabeza electoralmente Mauricio Macri), ya viene hablando del "voto pensante" (en palabras de Reutemann), o sea del voto calificado, de la falta de transparencia (el PRO donde pierde denuncia fraude), de la existencia de "la grieta" (Lanata). ¿No son los términos que usan Arancedo y sus adláteres?

Ya integrantes de la Cámara Nacional Electoral desde Buenos Aires, han menospreciado electoralmente a las provincias. Y sabemos que eso forma parte de un patrón, de un continente discursivo según el cual la cultura, la educación, la economía, la política, en fin, la civilidad sarmientina o como se le quiera nominar, reside en el ombligo del país, o sea en ella.

Y volviendo a los autores del documento: ¿justamente la Iglesia es quien quiere hacer un aporte a la transparencia? Pará, porque nos perdimos algo: ¿La Iglesia también está hablando de democracia, de voluntad popular? ¿Leímos bien o tendremos que perfeccionar nuestro latín?

En fin, sólo nos queda decir que la introspección es nuestra recomendación a los recomendadores. Cuidá el rebaño. Va con onda, Pancho.

lunes, 1 de julio de 2013

EXPERTOS EN LA MATERIA


Leemos en la corneta: "Estamos convencidos de que debemos seguir trabajando con gran empeño para asegurar la plena vigencia de la división de poderes republicanos en el seno de la democracia”, se señala en el mensaje final de la Semana Social, el tradicional encuentro que organiza anualmente la comisión de Pastoral Social del Episcopado, que se realizó este fin de semana en Mar del Plata.

En el mensaje se enfatiza la importancia de la calidad institucional, en general, no sólo referida al Poder Judicial. E incluso se la menciona como remedio para los problemas sociales. “Creemos también que la calidad institucional es el camino seguro para lograr la inclusión social”, se subraya. Y se advierte que “(…) esta democracia que tanto nos ha conseguido conquistar y que hemos de cuidar día a día aún necesita seguir madurando y fortaleciéndose”. Y en un claro mensaje a toda la dirigencia, se destaca que a lo largo de los tres días del encuentro “se privilegió el diálogo en pos de la construcción del bien común”. Por si queda alguna duda, se afirma que “la promoción de las políticas públicas es una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos”. Y que “ello nos insta a ser parte, a comprometernos cada vez más en la consolidación de la democracia, promoviendo nuevos estilos de liderazgo”.". (las negritas son nuestras)

Si bien la jerarquía católica nunca renunció explícitamente a su voluntad de tener ingerencia en la política nacional (ni es racional esperar que lo haga), era previsible que la elección de un Papa argentino les diera una nueva plataforma desde la que sentirse relegitimados para hacerlo.

Relegitimación que es una consecuencia -también previsible- del hecho de que todo el espectro político nacional (oficialismo y oposición) decidiera "apropiarse" políticamente de la elección de Bergoglio; una consecuencia de la cual fue la concurrencia al seminario de Mar del Plata, de figuras de todo el arco político.

Sin embargo, un recorrido por las ediciones digitales de los principales diarios que reflejan la noticia de la reunión de la Pastoral Social en Mar del Plata, permite constatar una clara tendencia: ni aun con las simpatías que despierta el nuevo Papa, la iglesia argentina ha logrado levantar su consideración social; y una gran mayoría entiende que la jerarquía católica no debe inmiscuirse en las cuestiones políticas, porque antes tiene que lidiar con sus propios problemas.

Lo que no deja de ser sorprendente, porque cuando se conoció quien era el nuevo Papa, no fueron pocos los que le auguraban (y pedían que asumiera) un rol protagónico en la escena política nacional; y no han dejado de magnificar desde entonces hasta el más mínimo de sus gestos, como si estuviera produciendo una transformación estructural profunda en la propia iglesia católica.   

En todo caso, sugiere que muchos suponen que la impronta que supuestamente Bergoglio le quiere dar a su papado, debe comenzar por poner el orden en la propia casa; y mientras eso no ocurra, la jerarquía católica local debería bajar el perfil de sus intervenciones públicas.  

Pero con todo, es una buena noticia: justamente hablando de cuidar y consolidar la democracia, es signo de vitalidad democrática de una sociedad que piense que debe resolver por sí sus propios problemas; sin aceptar patronazgos de instituciones que -como la iglesia católica-  no pueden exhibir justamente blasones en materia de cultura y organización democráticas.

Yendo más allá de la tradicional crítica al rol de esa misma iglesia durante la última dictadura, no se puede leer sin sonreír, que la jerarquía ecleciástica considere que tuvo un rol protagónico en la recuperación de la democracia; cuando es un hecho histórico que sostuvo al régimen de facto hasta que su descomposición era ya irreversible, con las notorias salvedades personales del caso; como sucedió en otras instituciones, en el sindicalismo y en los propios partidos políticos.

Es curioso que la iglesia abogue por la calidad institucional y el respeto por la independencia de los poderes del Estado, cuando su influencia en la política argentina (afortunadamente disminuida en los últimos años) se ejerció siempre por vías extrainstitucionales, en especial en todo lo relacionado con la justicia, desde las maniobras para designar jueces afines, hasta la presión sobre las causas más sensibles a sus intereses.

No hablemos ya sobre el propio Poder Legislativo, cada vez que se discutía algún proyecto que tocaba nervios sensibles del ideario católico: recordemos la postura del propio Bergoglio (entonces arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado argentino) cuando se trató el matrimonio igualitario; aunque ahora nos dicen que en rigor asumió entonces la estrategia aprobada por el conjunto de los obispos, y sugerida por el arzobispo de La Plata, el dinosaurio Aguer.

Sorprende también la apelación de la curia local a la institucionalidad, cuando hace poco rodeó de una inusual pompa a la colecta anual de Cáritas, convirtiéndola en una convocatoria a la eliminación total de la pobreza, en franca competencia con las políticas públicas que el Estado despliega a esos fines y que han logrado disminuirla sensiblemente en los últimos años; como la AUH, o la creación de empleo.  

Objetivo explícito (el de llegar a la pobreza cero) que nadie en su sano juicio puede cuestionar, como tampoco nadie podría (sin deshonestidad intelectual, al menos) considerar que se puede lograr con la colecta anual de Cáritas: acá Horacio Verbitsky -con su habitual rigurosidad- ponía hace poco en cifras muy clara la desmesura del planteo.

Y si bien en el lenguaje tradicional de los obispos hay una estudiada ambigüedad (de modo que cada quien pueda sentirse representado en la opinión de la iglesia, y esta a su vez legitimada en su influencia) la mención en el documento a la promoción de "nuevos estilos de liderazgo" no parece inocente; en el medio de una campaña electoral que la oposición plantea como objetivo impedir la reforma constitucional que habilite otro mandato de Cristina, y el tema es recogido también por quienes pretenden encarnar el post kirchnerismo, como Massa.

domingo, 7 de abril de 2013

APLICACIÓN PRÁCTICA DE LA DOCTRINA GELBLUNG


¿Era Chiche Gelblung el que decía algo así como "No permitas que algo tan poco importante como la verdad se interponga entre vos y una primicia", o algo por el estilo?

Acá paso algo vinculado a esto con el asunto éste de los supuestos pedidos de audiencia de Bergoglio a Cristina cuando era obispo de Buenos Aires (catorce, según nos informaban con precisión y exactitud, aunque otros hablaban de diez), y (supuestamente también) sistemáticamente denegados.

Que la relación del kirchnerismo con la iglesia fue y es tirante no es ninguna novedad, y para afirmar eso, era innecesario llevar una seudo contabilidad de pedidos de audiencia supuestamente denegados en forma sistemática, de lo que por otra parte el propio Episcopado nunca se quejaba, por lo menos en público.

Sin embargo la ¿noticia? (¿vále llamarla así cuando se habla de algo que no pasó, sin fuentes corroborables?) apuntaba a una idea: la falsedad intrínseca de Cristina al apresurarse a saludar a Bergoglio por su designación como Papa, cuando antes lo había desairado, "y catorce veces": el número refuerza el argumento, para darle consistencia.

Pero resulta que tanto se batió el parche con los pedidos de audiencia denegados (obviando el dato antes apuntado: desde el Episcopado no hubo quejas al respecto), que forzaron a la propia iglesia católica argentina, a desmentir públicamente que hubiera existido tal cosa.

Incluso aunque la desmentida fuera parte del operativo de replanteo de las relaciones entre la curia local y romana, y el Estado argentino (en el cual los purpurados están tan embarcados como el gobierno, otro dato que soslayan ex profeso las plumas de los medios hegemónicos), lo cierto es que, producido el comunicado de la Conferencia Episcopal con la desmentida, los que propalaron mediáticamente la ¿noticia? de las catorce audiencias denegadas, quedaron pedaleando en el aire.

Y como no son de recular fácilmente, ahora acuden al recurso más a mano del que siempre disponen: echarle la culpa a una supuesta apretada del gobierno a la iglesia (como si los curas fueran fáciles de apretar para decir lo que no quieren decir, y si no pregúntenle a Bergoglio cuando declaró por lo de los dos jesuitas), para que saliera a publicar la desmentida.

Que es más o menos lo mismo (en términos periodísticos) que recursos como "un empresario que no quiso dar su nombre por temor a represalias oficiales" o "altas fuentes del gobierno que pidieron anonimato".

Truchadas, berretadas propias del peor periodismo amarillo de chimentos; pero en éste caso usadas por los supuestos "cronistas serios".   

martes, 1 de enero de 2013

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR


Lo primero que se podría decir de éstas declaraciones del dinosaurio arzobispo de La Plata es que, si fue parte de la comitiva del Episcopado que se entrevistó hace poco con Cristina, es flor de hipócrita porque en la reunión (al menos de lo que trascendió en su momento) no dijo nada de todo esto.

Y si no fue, los está dejando bastante mal parados a sus compañeritos de sotana, que se fueron conformes de la entrevista.

Este tenebroso personaje (anclado mentalmente en el medioevo) nos tiene acostumbrados a este tipo de declaraciones, que caen desde un invisible púlpito celestial, inaccesible a los mortales comunes; como si fuera un puro espíritu sin contacto con el barro de la realidad cotidiana, al que no le alcanzan las miserias de los hombres comunes.

Con la ambigüedad habitual en la Iglesia de no mencionar nombres y apellidos para que cada uno escoja el que le parezca (aunque las inferencias que hace Clarón a Laclau no sean del todo desatinadas), tributa al lugar común del discurso opositor (maximizado en los cacerolazos), según el cual la crispación que se vive en el país, es exclusivamente atribuible al gobierno; que atiza los conflictos sociales de puro malvado nomás, por un apetito insaciable de poder y hegemonía.

Una lectura curiosa, a poco de finalizar un año que incluyó cacerolazos con incitaciones al magnicidio o la ruptura del orden constitucional, mezclados con el insulto y la denigración a la presidenta, a sus votantes y a todos los que piensan distinto de los bienpensantes. 

Sin ir más lejos (como lo apunta acá Barricada) hace poco Buzzi tildó a los que adhieren al kirchnerismo como una secta de fanáticos, sin que a monseñor Aguer le preocupara.

Un año que terminó con saqueos claramente organizados (que se cobraron cuatro vidas), provocados para generar un clima de inestabilidad institucional: esas son situaciones con las que convivimos desde hace mucho, al decir del obispo de La Plata; no hay allí siembra deliberada de vientos para que traigan tempestades.

Sería interesante conocer algún sermón de Aguer amonestando a sus propios feligreses, cuando una parte de ellos desea la muerte del prójimo (como lo hicieron con Cristina, o lo están haciendo ahora mismo con Hugo Chávez), o descalifican a otros por su color de piel, grado de instrucción, oficios o cantidad de hijos.

Al parecer, esas actitudes tampoco serían siembra de vientos prometedores de futuras tempestades, como la injusticia, la explotación, el empleo en negro o la trata de personas; perpetrada en muchos casos por católicos de misa y comunión frecuente (aunque no sean los únicos, claro): se lo ve poco a Aguer mirar hacia adentro, antes de levantar el dedo acusador.

Hablando de parábolas bíblicas, viene bi9en a cuento aquí la de la paja en el ojo ajeno, y la viga en el propio.

Sería interesante analizar además cuanto de componedora y dialoguista es la Iglesia (y el propio Aguer) hacia adentro, con los que en su seno discrepan con las opiniones o las acciones de la jerarquía.

Pero lo más preocupante del mensaje del arzobispo platense es lo de las tempestades que serían fruto de la discordia que siembra el gobierno.

¿Se trata de una implícita (o no tanto) justificación de todos los ataques que viene recibiendo desde todos lados, o monseñor Aguer conoce algo del futuro político del país que nosotros no?    

martes, 4 de diciembre de 2012

OBVIA ACLARACIÓN


Cucháme, ¿a quién se le pudo haber pasado por la cabeza que el documento de los obispos era para pegarle al gobierno, la semana previa al 7D?

Por favor viejo, tenemos que dejarnos de ser suspicaces por lo menos por dos años, si queremos salir adelante.

Lo que sí le erramos en lo que dijimos acá: "aunque con la ambigüedad que habitualmente los caracteriza seguramente hoy saldrán a decir que señalan conceptos generales, y no referidos a ningún sector en particular."

No salieron en el mismo día como pensábamos, se tomaron tres. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

HACÉLES UN LUGARCITO, CRISTINA


Ponéle para el 10 de diciembre del 2019, cuando estés terminando el tercer mandato, pero a la tarde.

Y fijáte que no caiga domingo, que tienen misa.

Aunque leyendo la letra chica (como diría Pino) del documento que sacaron, a lo mejor están ensayando una autocrítica:


Porque en la parte ésa que advierten sobre el caudillismo, lo deben estar cuestionando a Razinger, que elige a dedo obispos y cardenales, y de ése modo va preparando su propia sucesión para asegurarse que no haya sorpresas.

O en lo de los jóvenes que no estudian ni trabajan, se están refirienddo a los seminaristas, a menos que uno considere que estudiar para cura sea estudiar.

Y finalmente, la parte más importante, ésa en la que hablan de la necesidad de que el trabajo reemplace a la dádiva.

Ese si que es un cambio radical (aunque los radicales nunca cambien, pero es un convencionalismo del lenguaje), más profundo incluso que los del Concilio Vaticano II.

Porque los tipos están diciendo (a su modo, claro) que van a dejar de hacer la colecta "Más por menos", y de pedir limosna en las iglesias y (sobre todo) que van a renunciar a la plata que reciben del Estado para el sostenimiento del culto; sobre todo las jubilaciones y sueldos de los obispos.

Por no mencionar lo que pagamos por los curas y los seminaristas, que son NI NI como dicen ahora: ni estudian, ni trabajan.  

131 arzobispos y obispos, 640 curas y 1600 seminaristas, que nos cuestan $ 48.764.820 por año, que no es poco en estos tiempos difíciles.

Así que hay que valorar que estén renunciando a cobrarlos, a menos que los hayamos malinterpretado; y estén hablando de otras cosa. 

Actualización: al parecer, Cristina pensó igual que nosotros, o es otro caso de desmentida veloz:


¿Y quién fue el que dijo antes que iba a demorar la reunión?

Ah, sí: Clarín, hoy a la mañana.

viernes, 30 de noviembre de 2012

CAMPANAS DE PALO


Tal como lo había anticipado ayer Horacio Verbitsky en Página 12, los obispos argentinos emitieron un comunicado sobre la actualidad nacional, de durísimo tono opositor al gobierno nacional; aunque con la ambigüedad que habitualmente los caracteriza seguramente hoy saldrán a decir que señalan conceptos generales, y no referidos a ningún sector en particular.

Sin embargo, no es necesario hace un esfuerzo muy grande para detectar en el documento todos los tópicos transitados por el discurso de los medios hegemónicos, que replican los cacerolos en sus protestas, y la oposición en el Congreso: clima de crispación, preocupación por las divisiones y enfrentamientos, avasallamiento de las instituciones de la república, peligros para la división de los poderes y el federalismo, excesivos personalismo o caudillismo, temor a la pérdida de la libertad de expresión: nada nuevo, dicho en el mismo tono admonitorio y de reproche moral de siempre de estos personajes.

Sin embargo el pronunciamiento de la jerarquía de la iglesia argentina constituye un hecho político (de hecho, los obispos asumen ese rol, aunque no lo digan explícitamente), y como tal debe ser analizado; comenzando por señalar que la oportunidad de su difusión es, justamente, una estudiada maniobra política de la cúpula eclesial para anotarse en el desfile de los que pretenden que el kirchnerismo como proyecto político pase a la historia.

Ese desfile en el que ya pasaron los caceroleros y el sindicalismo opositor, y en el que vuelven a pasar una y otra vez los medios hegemónicos, en especial el Grupo Clarín que ve amenazados sus negocios por la inminencia de la plena aplicación de la ley de medios.

El documento de los obispos puede ser analizado desde los antecedentes de los firmantes en tanto personas o como parte de una corporación, que son sobradamente conocidos, y que invalidan cualquier crítica que puedan hacer, sobre todo cuando la formulan desde una supuesta tutoría moral sobre el conjunto de la sociedad argentina; que no tienen y que nadie les ha concedido.

Como también el texto puede ser descalificado simplemente porque los obispos hablan de temas que no conocen ni practican o -lisa y llanamente- deploran; como la libertad de expresión, la democracia o el respeto por el pluralismo y la tolerancia con los que piensan distinto: una larga tradición de oscurantismo y persecuciones (renovada a diario en su práctica eclesial, y de la que pueden dar cuenta antes que nadie muchos católicos), de una institución rígida y estructurada en torno a la única monarquía absoluta de derecho divino que queda en el mundo, contextualiza sus afirmaciones al respecto; hasta hacerlas sonar como si no hubieran sido escritas.

Pero el hecho político relevante del documento del episcopado argentino es que ya nadie (o casi nadie) toma seriamente en cuenta su opinión en los grandes temas nacionales; o en todo caso, el auditorio dispuesto a escuchar lo que dicen, y a anteponer su autoridad para plantear cualquier debate, es cada vez menor; incluso dentro de la propia feligresía católica.

Y eso es una buena señal sobre la madurez política de un país que está próximo a cumplir los 30 años de su restauración democrática, con la plena vigencia de un régimen que involucra el derecho a equivocarse por libre decisión, sin iluminados que pretendan imponer una visión uniforme de sociedad, cuando la realidad de esta es compleja y plural, en el sentido cultural, social y político.

Muchas de las transformaciones que se han producido en estos años de democracia, y en especial en la última década, hubieran sido impensables hace años, o permanecieron soterradas por décadas; justamente por la autoimpuesta tutoría moral que la iglesia argentina ejercía sobre nuestras costumbres, nuestra legislación, nuestro modelo educativo y tantas otras cuestiones.

Y eso ya no existe, o está en trance de desaparición; no tanto como consecuencia de la decisión política de un gobierno (que la tuvo en su momento para confrontar con el poder eclesial, e impulsar determinados temas), sino como resultado de una maduración de la sociedad argentina; resultado justamente de la experiencia democrática que hoy los obispos dicen reivindicar. 

De modo que el hecho político relevante aquí es que, justamente, la opinión de la iglesia católica ya no es relevante para la inmensa mayoría de los argentinos, que ha comprendido que, aunque estos sacristanes salgan a repicar con la melodía de siempre, sus campanas son  -como decía Martín Fierro- de palo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA NEGACIÓN DE LO EVIDENTE



Pasaron 36 años del golpe y 29 de la vuelta a la democracia, y la jerarquía de la Iglesia argentina sigue negando lo evidente: la complicidad de su cúpula con la dictaduras genocida, y su plan sistemático de exterminio.

Y lo hicieron en respuesta al pedido de un grupo de laicos católicos, que les exigieron pronunciarse sobre las palabras de Videla hace unos meses, desnudando la trama de complicidades episcopales en la instrumentación del exterminio, no en respuesta al reclamo de muchos sectores de la sociedad (empezando por los familiares de las víctimas de la represión), que desde hace décadas vienen exigiendo verdad y justicia, y que aporten toda la información que seguramente tienen (ellos mismos, los archivos vaticanos) sobre la tragedia argentina.

Es difícil encontrar un ejemplo más contundente de ombliguismo autocentrado, de negación de la realidad,

Que no se disculpa porque muchas de las víctimas del horror dictatorial hayan sido católicos e incluso militantes, o que la propia Iglesia cuente con mártires entre sus filas, como los obispos Angelelli o de De León, los curas palotinos o las monjas francesas: por el contrario, esos ejemplos realzan aun más sus omisiones culpables, cuando no connivencias manifiestas y explícitas, incluso desde antes de que el golpe se produjera.

Como tampoco sirve de disculpa que muchos de los actuales integrantes del Episcopado no estaban entonces en funciones relevantes en la estructura jerárquica de la Iglesia, cuando hay testimonios contundentes e incontrastables de la complicidad de vastos sectores de la corporación ecleciástica (incluso de algunos que todavía hoy tienen posiciones relevantes, como el propio Bergolgio) con las violaciones a los derechos humanos producidos en el país.

Y sobre todo cuando es ésta cúpula actual de los obispos la que cierra filas en la defensa corporativa de los suyos todavía hoy, como lo comprueba el hecho de que no hayan condenado en su momento las macabras expresiones de Baseotto elogiando veladamente los vuelos de la muerte, una metodología sugerida por las propias cúpulas de la Iglesia a la dictadura para que los detenidos tuvieran "una muerte digna".

O el hecho de que Von Wernich no haya sido aun condenado canónicamente ni privado de su ministerio sacerdotal; lo que demuestra que la propia Iglesia (contra todas las evidencias acumuladas en su contra en la justicia, que lo condenó) lo sigue considerando digno de contarlo en sus filas, celebrar la misa o administrar los sacramentos, algo que ofende al conjunto de los argentinos, y dentro de éstos a los propios católicos.

Como tampoco se puede pasar por alto que en todos estos años de democracia y bajo el planteo de la "reconciliación", la Iglesia vino tratando por todos los medios de consagrar la impunidad para ese pasado oscuro (acaso tratando de evitar expiar sus propias culpas), y celebrando cuanto intento hubo de clausurarlo, como la obediencia debida, el punto final o los indultos.

Claro que no todos los católicos (y ni siquiera todos los que han abrazado el sacerdocio) piensan como piensa la cúpula de la Iglesia, ni se sienten representados por sus palabras; y si no ver lo que dicen acá con meridiana claridad los sacerdotes de Opción por los Pobres que integra Eduardo De La Serna, entre otros.

El problema es que los obispos se ocupan de asumirse en público como la representación del conjunto de la Iglesia (de hecho, en una estructura tan verticalizada es difícil que les cuestionen eso)  y ése es el rol político con el cual se sienten más cómodos.

Lejos entonces de todo acto de contricción o reexamen de sus propias culpas (para decirlo en términos que les pueden resultar doctrinariamente conocidos), la cúpula del Episcopado sigue negando lo evidente, sigue sin decir lo que vio, lo que supo, lo que hizo la Iglesia argentina en los años del horror más grande de nuestra historia.

Negación que ya no tendrá la posibilidad de contribuir a clausurar ese pasado ocultando la verdad, cegando la memoria e impidiendo la justicia; porque la decisión mayoritaria del conjunto del pueblo argentino y de su gobierno elegido en las urna es muy otra; pero que habrá que tener en cuenta todos los días cuando esa misma cúpula eclesial (negada incluso al testimonio de vida de muchos de sus fieles, en la dictadura y ahora) pretenda erguir su presunta autoridad moral para hacer que su voz sea preponderante en la discusión de los grandes temas nacionales.