LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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miércoles, 9 de noviembre de 2016

QUE SIGAN LOS ÉXITOS


Los motivos que puedan haber tenido millones de yanquis para votar a Donald Trump se pueden intuir y en todo caso son cosa de ellos; lo que nosotros podemos hacer es analizar como su triunfo puede impactar en la Argentina, y especialmente la actitud de Macri y su gobierno en todo el desarrollo de la campaña electoral en los Estados Unidos.

Dando una y otra vez muestras de un impresionante amateurismo en el manejo de la política exterior (todo un contrasentido en una gestión que planteaba "volver a insertarnos en el mundo"), que se suman al que ya exhibieron en la relación con China a partir de la polémica por las represas de Santa Cruz, y con Rusia donde fue la torpeza del propio Macri en su "regateo" de tasas con Putin el que terminó haciendo caer líneas de financiamiento conseguidas en la gestion anterior.

Mientras en la economía cuesta cada día más encontrar los famosos "brotes verdes", en la política exterior se puede afirmar concluyentemente que no existen: a los patinazos en los tema Malvinas (amplificado con papelón presidencial en la ONU incluido), la aplicación de la claúsula democrática del Mercosur para Venezuela y el apoyo explícito al golpe parlamentario en Brasil, hay que sumarles el bochorno internacional por el caso Milagro Sala; y la absoluta falta de profesionalidad de Malcorra haciendo bradenismo al revés aun en medio de la votación en EEUU, y después de terminada ésta y conocidos los resultados.

Que decir de la bizarra idea de pretender que creamos que el Macri que inspiró a Micky Vainilla por su preocupación por las fronteras colador y los hospitales porteños abarrotados de pacientes del conurbano bonaerense, apoyaba a Hillary Clinton en rechazo a la homofobia, el racismo, la misoginia y la xenofobia de Donald Trump.

Menos cuando la versión La Salada de Trump (es decir el senador oficialista Pichetto) recibió por estos días el apoyo explícito del secretario de Derechos Humanos Avruj por  sus brutales expresiones contra peruanos y bolivianos.

Y hasta allí lo más o menos anecdótico, lo verdaderamente preocupante es lo que expresa la fallida apuesta de Macri por la candidatura de Hillary Clinton: la búsqueda de apoyo exterior para darle sustento y viabilidad a un modelo de endeudamiento para financiar la fuga de capitales, que apuesta a la bala de plata de la inversión extranjera y las exportaciones para hacer crecer la economía, luego de haber rifado el mercado interno.

Para lo cual nos reingresó brutalmente en un ciclo de endeudamiento mientras desmanteló concienzudamente todo control al flujo de capitales, y a través de la "participación pública privada" y el DNU que la anticipó en la licitación de las energías no renovables (para favorecer inversiones yanquis) fue anticipando en cuotas la firma de un TPP (Trans Pacific Partners) o un tratado de libre comercio con EEUU; sin reciprocidad efectiva de nada a cambio.

Por el contrario, la posibilidad de apertura del mercado yanqui a los limones, la carne o los tubos de acero sin costura de Techint o el acceso del país al sistema general de preferencias aduaneras sigue siendo una promesa tan concreta (o sea, abstracta) como lo era durante el gobierno de Cristina.

Ignorando el porqué los norteamericanos fueron los que acuñaron la expresión "pato rengo", el gobierno de Macri se asió con desesperación y sobreactuada obsecuencia a la mano muerta de Obama, un presidente cuyas principales iniciativas eran sistemáticamente saboteadas por el Congreso dominado por los republicanos; entre ellas los TLC, TTP y TPP.

Con una ignorancia supina de como funciona realmente ese mundo al que dicen que nos hicieron volver (algo implícitamente admitido hasta por el propio Pagni ayer en su columna de La Nación), ni siquiera repararon en que la política de los tratados de libre comercio de la administración Obama fue tema principal de discusión en la campaña electoral, y que Trump obligó a Hillary (principalísima promotora de los tratados, como candidata del establishment financiero y corporativo que era) a correrse de su discurso al respecto, haciéndolos ingresar en una vía muerta en los propios EEUU, en defensa de la producción y el empleo fronteras adentro del propio país.

Ni hablar de los cimbronazos financieros que puede provocar el triunfo de Trump en un esquema como el montado por el gobierno de Macri, sea por la volatilidad financiera internacional,o por una eventual suba de tasas de la Reserva Federal que encarezca o dificulte el endeudamiento.

En ese escenario, no parece que el gobierno tenga un "Plan B" a la vista, y el "Plan A" no cierra sin deuda en términos económicos (de hecho, ya podría estar encontrando su techo la capacidad de re-endeudarnos), como tampoco cierra con mayor ajuste en términos sociales, políticos y electorales.

Como muestra de la alienación y el extravío del gobierno, ayer mismo el presidente del Banco Central Sturzenegger hablaba de como a su entender la crisis internacional de las sub prime había originado desde el 2008 para acá un "exceso de regulaciones financieras" perjudicial para el sistema: exactamente el tipo de razonamiento implícitamente rechazado ayer por los estadounidenses que votaron por Donald Trump.

jueves, 6 de octubre de 2016

MACRI,CORRÉ A MALCORRA


No podía ser y no fue: la aventura de Malcorra en busca de la Secretaría General de la ONU terminó como tenía que terminar, con escaso apoyo y naufragando ante el previsible veto del Reino Unido; que jamás podría aceptar convalidar que se entronice en ese cargo a alguien cuyo país de origen (porque nuestra canciller tiene ciudadanía española) sostiene con ellos una disputa irresuelta por la soberanía de Malvinas.

Algo que por supuesto nuestra semianalfabeto funcional presidente pareció no comprender, como lo comprueba su papelonazo en la propia Asamblea General de la ONU al tergiversar las declaraciones de la premier británica Theresa May.

El veto inglés a Malcorra terminó siendo el único en su contra de los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad por razones prácticas: Rusia y China tenían motivos tanto o más valederos para objetarla, pero prefirieron que otros cargaron con el costo político de tomar la antipática decisión de ponerle “bolilla negra”.

Rusos y chinos tenían motivos para objetar a Malcorra, y son obvios: ambos países fueron zambullidos de pleno en las disputas domésticas de la Argentina y en ese marco, las vinculaciones del país con ellos fueron puestas bajo la lupa de la “revisión de la pesada herencia recibida” por “Cambiemos” del kirchnerismo; para luego (sequía de dólares mediante) recular en chancletas y pedir la escupidera de divisas e inversiones, no sin antes sumar un papelonazo personal -mano a mano- de Macri con Putin.

Si la candidatura de Malcorra hubiese sido una aventura personal de la canciller, vaya y pase, pero fue más que eso: tuvo el apoyo indisimulado del Departamento de Estado, y a partir de eso el gobierno argentino (interesado en reflotar las “relaciones carnales”) la hizo propia, bajo la pavota consigna de “volver a insertarnos en el mundo”. De allí que sea correcto considerar al traspié como una derrota de la administración Macri, que no dejó torpeza diplomática y política por cometer en el empeño.

Pero hubo más: siendo que la nominación del Secretario General de la ONU implica un proceso que involucra a los miembros del Consejo de Seguridad, el gobierno argentino actuó con total desconocimiento del hecho de que sus miembros no permanentes están puestos en sus bancas en representación de bloques regionales; y en esa condición lo integran actualmente Uruguay y Venezuela, en representación de América Latina.

¿Hace falta decir que el gobierno bolivariano ha sido objetivo privilegiado de los ataques de la administración de Macri, desde aquél insólito pedido de aplicación de la cláusula democrática del MERCOSUR hasta el actual intento de acorralar al gobierno de Maduro en tándem con el gobierno golpista de Brasil, amenazando a los venezolanos con excluirlos del bloque regional?

Tampoco es menester recordar que esa embestida no ha contado hasta acá ni siquiera con el apoyo del moderado gobierno uruguayo de Tabaré Vázquez; país que también integra el Consejo de Seguridad.

Para peor, en medio de la definición del proceso de nominación del Secretario General de la ONU, Malcorra volvió a meter la pata y mal, cuestionando la decisión del gobierno de Colombia de someter a plebiscito los acuerdos de paz con las FARC, una cuestión que -es obvio señalarlo- es resorte exclusivo y privativo de los colombianos, donde los demás países no tienen por que meterse. Un pésimo antecedente para alguien que aspire a conducir el organismo multilateral: desconocer uno de sus principios fundamentales, como es el de la no ingerencia en los asuntos internos de otros Estados.

Malcorra fue el globo (sea entendida la expresión sin connotaciones políticas locales) de ensayo de una administración de los EEUU que concluye su mandato con todos los síntomas del “pato rengo”, a cuyo destino ha atado Macri buena parte de su intento de “volver al mundo”; a punto tal que en otro papelón internacional viene metiéndose de lleno en la campaña electoral yanqui, sin ningún interés nacional que lo justifique, ni siquiera desde la óptica de las “relaciones carnales”.

Otra muestra más de la absoluta falta de profesionalismo de una diplomacia que ha reclutado embajadores de la calaña de Ramón Puerta, Miguel Del Sel o Luis Juez; que viene de protagonizar otro papelón con el gobierno de Ecuador por sus declaraciones sobre la visita de Cristina y su condecoración por la Asamblea Nacional.

Malcorra fue la candidata de EEUU a la ONU a la cual Macri aceptó prestarle la cancillería por unos meses, para proveerle de la logística necesaria para dar varias vueltas por el mundo promoviendo su candidatura; auspiciada y promovida por el país de mayor desprestigio internacional, visto desde la óptica del multilateralismo que representa la ONU, como que es su principal saboteador con sus aventuras imperiales.

Y hablando de sabotear el multilateralismo (mientras se auspicia una candidatura para la ONU), no hay que subestimar los papelones que en ese plano hizo el gobierno de Macri en los meses que lleva de gestión: en un plano general y a poco de asumir tiró por la borda con su leonino acuerdo con los fondos buitres los principios para la reestructuración de deudas soberanas que el organismo aprobó por amplísimo margen, a partir de un proyecto elaborado por la Argentina bajo el gobierno de Cristina.

De ese modo sentó un nefasto precedente para futuras reestructuraciones de deuda, que va más allá del caso argentino; y así ha sido leído en medios internacionales. Claro que la rusticidad de la óptica con la que el macrismo mira ese “mundo” al que volvió le impide percibir estas cuestiones.

Pero aun vista la cuestión desde la óptica de nuestro diferendo por Malvinas, con sus concesiones a los ingleses en materia de pesca y petróleo Malcorra y Macri (que se revelaron inútiles para sortear el previsible veto) tiraron también por la borda el éxito diplomático conseguido por el trabajo constante de sucesivos gobiernos y coronado por el de Cristina al validar la ONU a principios de año nuestra presentación sobre los límites de la plataforma continental.

Aunque se hubiera tomado como válido el objetivo buscado por Macri al promover la candidatura de Malcorra, el plan seguido para conseguirlo fue espantoso, y el retroceso para los intereses del país (nunca consultados en el transcurso del ensayo), descomunal: hoy estamos más lejos de discutir sobre la soberanía de Malvinas que nunca después de la guerra del 82’, y nuestra posición para negociar es más débil que antes.

Sólo por eso y sin considerar que es dudoso que alguna vez haya tenido otro interés que el personal de ser Secretaria General de la ONU, Susana Malcorra debería renunciar a su cargo.

jueves, 22 de septiembre de 2016

REMANDO EN DULCE DE LECHE


El papelón protagonizado por Macri y su gobierno en torno a la cuestión Malvinas puede ser analizado desde varios puntos de vista, el primero y el más obvio es el tratado acá, a partir del comunicado conjunto de ambos gobiernos luego de la reunión entre Malcorra y el número dos del Foreign Office.

Como se dijo entonces, la “hoja de ruta” trazada por las partes en los temas que hacen a las relaciones bilaterales es preocupante, porque consulta prioritariamente los intereses de los ingleses y casi ninguno nuestro, en especial en lo referente a Malvinas: resucitando la fórmula del “paraguas” del menemismo para poner a un costado el reclamo por la soberanía de las islas, Malcorra comprometió de un modo más o menos explícito concesiones al Reino Unido, sin obtener nada a cambio; ni en el avance del proceso de negociación al que viene convocando la ONU desde 1965, ni en la desmilitarización de las islas. Por el contrario, el acuerdo también involucra “la cooperación entre ambas Fuerzas Armadas”, y en la Antártida.

Concesiones indudablemente pensadas para sortear el veto británico en el Consejo de Seguridad de la ONU a la candidatura de Malcorra a la Secretaría General del organismo, porque no hay ningún interés nacional (ni siquiera la soberanía de las islas, que los ingleses siguen negándose a discutir) que las justifique. Pensar que esta gente suele anatemizar como “clientelismo” la entrega de colchones o bolsones de comida en las elecciones, a cambio de un voto.

Como decíamos también antes, de ese modo y por esas razones, Malcorra (con la venia de Macri, obviamente) se pasó a nado la cláusula transitoria primera de nuestra Constitución Nacional incorporada en la reforma del 94’, y asumió un semi-compromiso por escrito de propiciar la derogación de la Ley 26.659 (2011) que penaliza todas las actividades de explotación de la plataforma continental marítima en torno a las islas, y disponer el levantamiento de las sanciones dictadas en su consecuencia a las empresas que operan concesiones o ejecutan contratos otorgados por los kélpers.

Cuando en plena euforia del “Mini Davos” comenzaron a filtrarse los detalles del acuerdo firmado por Malcorra y generaron reacciones incluso hacia el interior de “Cambiemos”, el gobierno decidió huir hacia delante: el presidente fue a la ONU y tras un anodino discurso en la Asamblea General, anunció que los ingleses aceptaban por primera vez en más de 50 años sentarse a discutir sobre la soberanía, nada menos; porque así se lo había dicho la primer ministra británica.

Solo suponer que malinterpretó su charla de café con la premier May porque fue en inglés no justifica el papelón, sino que lo agiganta: demostraría que estamos en presencia de alguien cuya superficialidad innata le impide penetrar en lo profundo de las cosas, y comprender realmente lo que está en juego en determinadas circunstancias, o con quien está tratando en cada caso.

Desde allí asistimos al récord mundial de un presidente desmentido por su propio canciller primero, y por el Foreign Office después; y que no obstante eso seguía insistiendo en su versión de los hechos; cuando lo aconsejable por la magnitud del patinazo era callarse la boca, y pasar a otro tema. Malcorra (ausente en la reunión “informal” de Macri con May, seguro que por andar rosqueando de cara a la elección en la ONU) lo volvió a desmentir.

¿Tendrá claro ésta gente lo que supone la investidura presidencial, o en las empresas de las que vienen estarán habituados a enmendarles la plana a los CEOS, o si lo son a que sus empleados los contradigan?

El presidente seguro que no, porque se comporta en las reuniones internacionales como si fuera un encuentro entre amigos en el country; y aun pasando por alto si Putin tiene o no tiene sentido del humor, en los países que ellos no dudarían en llamar “serios” sí toman en serio estas cuestiones, y en el fondo al que no lo toman en serio es  a Macri; pero no  por eso dejarán pasar la oportunidad de aprovechar sus papelones, y utilizarlos en su beneficio.

Desde la estricta óptica de los intereses nacionales, es muy posible que la bochornosa actuación de Macri tanto como el ñoquismo de Malcorra (concentrada más en sus aspiraciones personales que en su función como parte del gobierno) les den a los ingleses la excusa perfecta para seguir dilatando sine die la discusión por la soberanía de Malvinas, cuando la posición del país era mejor para comenzar a presionar en ese sentido: habiendo sacado del medio la excusa de los hold outs por el arreglo leonino firmado por el gobierno (contradiciendo por cierto los principios aprobados por la ONU a pedido nuestro), en pleno  “regreso al mundo” y salida al mercado de capitales y apertura a la inversión extranjera sin restricciones ni condicionamientos.

Y con Londres en pleno proceso del Brexit, con la posibilidad concreta de que las islas fueran excluidas de la cartografía de la Unión Europea, y los ingleses perdieran aliados continentales por esa razón. Ni hablar del hecho de que éste mismo año la ONU validó nuestras pretensiones sobre la plataforma continental, logro opacado ahora en sus proyecciones por las concesiones de Malcorra.

Desesperados por tirarle una soga desde acá al imitador de Freddie Mércury, los medios nacionales (con la visible incomodidad de La Nación, dividida entre dos amores por estar la rubia Albión en el medio) activaron el blindaje mediático que si bien es eficaz en el país, se revela insuficiente a escala internacional; y cuando al personaje se le suelta la mano afuera y no hay titular sobre “la ruta del dinero K” que lo salve, su pequeñez es indisimulable: pasó con el MERCOSUR y el pedido de aplicar la cláusula democrática a Venezuela, volvió a ocurrir con el cuestionamiento a las inversiones chinas en el país para luego terminarpidiendo la escupidera en el G20, vuelve a suceder ahora con Malvinas, la ONU y el Reino Unido. Intentar disimularlo es como remar en dulce de leche: algo muy trabajoso.

La oligarquía argentina y su difuso sentido de lo nacional, borroneado por años de colonialismo y entrega cipaya, vuelve hoy reciclada en éste presidente banana que cree que toda salida al exterior es un foro de inversores, y que siempre está hablando entre empresarios. Como claro representante de esa clase que es, desdeña los conceptos de soberanía y patriotismo por arcaicos, y opuestos al espíritu globalizador de la época; aunque en su caso es probable que lo haga porque simplemente tienen una densidad inaccesible para mentes como la suya, acostumbradas a la simpleza de balances y análisis de costo-oportunidad-beneficio.

Y sin embargo esas nociones están muy presentes en los países “serios” del llamado “Primer mundo”, aunque disimuladas bajo la espesa costra de subordinación de los gobiernos a las lógicas de los mercados: la primacía mundial del capitalismo globalizado se sustenta no solo en sus virtudes económicas, sino en el poder de disuasión que supone la fuerza militar pura y dura, monopolizada por los Estados.

Si uno fuera macrista, diría que la torpeza presidencial malogra hasta sus propios “logros”, pero la cosa es peor aun: es como si al salir a la escena mundial Macri quedase bajo la mirada de una lupa aun más grande que la del país, y se notara más claramente aun que no da la talla; y que los azares electorales (mezcla de virtudes propias y defectos ajenos) lo colocaron en un lugar que le  queda muy pero muy grande, y no lo puede disimular.

jueves, 15 de septiembre de 2016

TRABAJO CONJUNTO


En medio del “mini Davos” convocado por el gobierno de Macri para tentar a inversores extranjeros, pasó casi desapercibida la visita del vice canciller inglés, y su reunión con Malcorra; de la que da cuenta ésta nota de La Nación, en la que además está el comunicado conjunto que detalla los temas tratados, de los que la tribuna de doctrina -con las bragas humedecidas- destaca la promesa de “trabajo conjunto” de las fuerzas armadas de ambos países.

Hace un tiempo decíamos acá que prácticamente desde su asunció Malcorra viene dedicando más tiempo a su candidatura a la secretaría general de la ONU (que viene en franco declive) que a su rol específico de canciller; pero que en su tren de campaña electoral anduvo varias veces por las islas británicas, prometiendo cosas que luego se cargarán en nuestra cuenta como país.

Según surge del comunicado conjunto se sigue apelando a la fórmula del “paraguas” para poner a un costado de las conversaciones la discusión sobre la soberanía de las Malvinas, que se gestara en los acuerdos de Madrid de 1989 durante el gobierno de Menem.

Una fórmula que -a esta altura de los acontecimientos- no se mostró muy eficaz que digamos para avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos soberanos sobre las islas; y que habría que ver hasta que punto es compatible con la cláusula transitoria primera incorporada a la Constitución Nacional en 1994 (tras los acuerdos), por la cual la recuperación de los territorios irredentos y el ejercicio pleno de nustra soberanía sobre ellos es “un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.

Leemos en el comunicado: “Se reafirmó el compromiso de la República Argentina y el Reino Unido con la agenda global anticorrupción. El Reino Unido agradeció a la Argentina por su permanente apoyo contra el crimen organizado especialmente en el área del narcotráfico, trata de personas y lavado de dinero. El Reino Unido elogió los esfuerzos de la Argentina para enfrentar la corrupción y construir la confianza en el sistema regulatorio apuntalando el programa de reforma económica. El Reino Unido ofreció asistencia para enfrentar la corrupción, promover la transparencia y apoyar las prácticas abiertas de gobierno.” (la negritas son nuestras)

La aclaración parece un chiste, con el ex ministro inglés Cameron y Macri involucrados en los Panamá paper´s, el G20 resistiendo (con el decisivo peso de la opinión inglesa) toda regulación de los paraísos fiscales, y la city de Londres y las islas inglesas del Canal de la Mancha convertidas en las principales guaridas mundiales para fugar capitales, armar sociedades off shore y lavar dinero de origen ilegal

Pero sigamos leyendo: “Se destacó que la Argentina y el Reino Unido han acordado trabajar para incrementar significativamente el comercio bilateral entre ambos países como lo demuestran las recientes visitas enfocadas en el comercio y el apoyo a las empresas e inversiones para capitalizar oportunidades comerciales e inversiones, lo cual incluye compartir asesoramiento y experiencia en Asociaciones Público- Privadas.”: ya sabemos entonces de donde vino la letra para el proyecto que discute el Congreso, y ya cuenta con dictamen del Senado.

Según se señala, el Reino Unido apoya a la Argentina en su deseo de ingresar a la OCDE, y ofrece “...su asesoramiento y experiencia para asistir en la implementación de las reformas requeridas parar obtener la membresía.” Con tutores e institutrices entonces, Macri tratará de que ingresemos a uno de los clubes VIP de las relaciones internacionales, aunque en el medio tengamos que ir dejando de lado alguna que otra mala costumbre, como las leyes laborales o ciertas premisas de orgaización del sistema educativo.

Para que no se diga que las cuestiones del Atlántico Sur estuvieron al margen de las conversaciones, leemos lo que se dijo sobre el punto: “En un espíritu positivo, ambas Partes acordaron establecer un diálogo para mejorar la cooperación en todos los asuntos del Atlántico Sur de interés recíproco. Ambos Gobiernos acordaron que la fórmula de soberanía del párrafo 2 de la Declaración Conjunta del 19 de octubre de 1989, se aplica a este Comunicado Conjunto y a todas sus consecuencias. En este contexto se acordó adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos. Ambas Partes enfatizaron los beneficios de la cooperación y de un compromiso positivo de todos los involucrados.” (las negritas son siempre nuestras)

Para que entendamos: sin que el Reino Unido acepte siquiera sentarse a discutir la cuestión de la soberanía de las islas como lo mandan las resoluciones de la ONU (pese a que más arriba ambas partes celebran la cooperación de sus fuerzas armadas en las misiones de paz del organismo), la Argentina le está ofreciendo una explotación conjunta de los recursos naturales (pesca y petróleo, básicamente), junto con un reconocimiento implícito de los kélpers como “parte interesada” en esos asuntos, y de la validez de los actos que en tal carácter vienen ejecutando contra nuestros derechos soberanos, como otorgar licencias de pesca o concesiones de exploración y explotación petrolera.

Del mismo modo que decíamos que la fórmula del “paraguas de soberanía” que ahora reflota el macrismo es potencialmente contradictoria con nuestras cláusulas constitucionales, esta formulación tampoco parece respetar demasiado las leyes argentinas que -por ejemplo- desconocen esos actos, y sancionan a las empresas que acceden a esas licencias y concesiones; tales como la Ley 26.659 (2011) y su modificatoria 26.915 de 2013.

Ni que hablar que este tipo de concesiones y retrocesos son absolutamente contradictorios con el hecho que éste mismo año el propio gobierno de Macri haya celebrado la resolución de laONU que reconoció la presentación argentina sobre los límites de nuestra plataforma continental, parte de la “pesada herencia” recibida.

jueves, 19 de mayo de 2016

CAMBIAMOS: ¿ISLAS POR PUESTO EN LA ONU?


El hecho pasó casi desapercibido o fue tapado por otras cuestiones más acuciantes, pero la canciller Susana Malcorra hace casi un mes que no está en el país, viajando por múltiples países a costilla nuestra; y no precisamente por razones vinculadas a sus funciones.

Aunque trató de disimularlo yendo por ejemplo a visitar la misión de “cascos blancos” argentinos destacados en el Líbano, la señora anda de campaña electoral, para su postulación a la Secretaría General de la ONU; algo que -dicen- el gobierno de Macri oficializaría éste mismo viernes.

De acuerdo con el artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas, el Secretario General de la organización es designado por la Asamblea General, a propuesta del Consejo de Seguridad; y como toda decisión de éste órgano, debe contar con el voto de los 5 miembros permanente con derecho a veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Basta la oposición de uno solo de ellos para que cualquier candidatura naufrague.

Tal vez por eso Malcorra pasó casi la mitad del tiempo de su ya largo periplo mundial en Londres, donde tuvo varias reuniones con los funcionarios del Foreign Office, es decir el ministerio de relaciones exteriores británico; y donde además se hizo tiempo para hacer declaraciones a los medios locales, como por ejemplo ésta nota publicada en el Financial Times que leíamos en la edición de ayer de ElCronista

En la que dice cosas como éstas: “Las Islas Malvinas ya no son el tema dominante en la relación entre Argentina y el Reino Unido y no debería desviar la atención de las prioridades bilaterales más importantes como el comercio y la inversión, afirmó la nueva ministra de Relaciones Exteriores a Financial Times. En una entrevista en Londres, Susana Malcorra, aseguró que la anterior administración se había "centrado demasiado" en las islas.; aunque luego aclara: “Las islas todavía son máxima prioridad porque están incluidas en la Constitución y si descartara el asunto estaría yendo en contra de la Constitución.” (las negritas son nuestras)

Se refiere por supuesto a la cláusula transitoria primera de la Constitución, introducida en la reforma de 1994: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”.

Claro que para el gobierno de Macri -que estuvo dos veces mano a mano con Cameron desde que es presidente, y ni siquiera mencionó el tema Malvinas- “permanente e irrenunciable” no equivalen necesariamente a “prioritario”, o “primordial”.

Tan es así que en La Nación deayer Martín Di Natale explicaba algunos detalles del “plan de acercamiento” de Macri a los kélpers: “La posibilidad de compartir negocios petroleros o marítimos con los isleños no es remota para el Gobierno. Dos temas concretos podrían ampliar esta estrategia de acercamiento a los kelpers en esos temas sensibles: el reciente fallo de la ONU que habilitó la ampliación de la plataforma continental marítima de la Argentina y que se extiende más allá de Malvinas y el inminente referéndum de Gran Bretaña que podría alejar a Londres definitivamente de la Unión Europea (UE).”.

La referencia a la posible separación del Reino Unido de la Unión Europea carece de sentido, referida a la cuestión Malvinas: aun de producirse, no cambiaría el “status” jurídico de los kélpers (que seguirían siendo parte del mismo Estado que hoy: el Reino Unido), ni debería cambiar la tradicional tesis argentina de desconocer su derecho a la “autodeterminación” (por ejemplo para disponer sobre los recursos naturales de las islas), por tratarse de una violación de la integridad territorial de un Estado -el nuestro- afectada por una situación de ocupación colonial, originada en un acto de fuerza.

Por el contrario, si el Reino Unido abandonara la UE, nuestra posición para negociar por Malvinas se vería fortalecida, porque los demás países del bloque ya no se verían forzados a apoyar la postura inglesa; o mantenerse al margen de la disputa.

La pregunta que cabe hacerse entonces en relación a la política sobre Malvinas es ¿estamos acaso cambiando el reclamo por las islas por un cargo en la ONU para una funcionaria del gobierno, “logro” que de producirse se mostraría como una muestra esplendente de nuestro “retorno al mundo”, contraponiéndolo a su vez con la designación del Papa argentino que “se volvió kirchnerista”? 

De ser así ¿no venían acaso con “Cambiemos” los tiempos de la “profesionalización” de la política exterior?

Más allá de los apoyos que Malcorra tiene en la propia burocracia de la ONU (fue jefe de gabinete de Ban Ki Moon, y encubridora de acusaciones de abusos sexuales cometidos por los“cascos azules” en perjuicio de refugiados en la República Centroafricana), no es descabellado pensar que el apoyo de Macri a su postulación viene por ese lado; porque a su gobierno poco le han importado hasta acá las Naciones Unidas.

Para muestra de eso, basten dos botones: el primero es que, cerrando la negociación con los fondos buitres del modo en que la cerró, se pasó a nado los principios de reestructuración de las deudas soberanas de los Estados que patrocinó la Argentina durante el gobierno de Cristina; y obtuvieron el apoyo de 136 países en la Asamblea General.

Y el segundo está justamente vinculado a la explotación de los recursos naturales de nuestra plataforma continental: si es cierto lo que cuenta Di Natale, aceptando entrar en negociaciones con los kélpers por esos recursos el gobierno de Macri estaría dejando de lado el reconocimiento que hizo la propia ONU este mismo año de los límites exteriores de la plataforma propuestos por la Argentina, al tiempo que tomaba nota de la disputa de soberanía entre nuestro país y el Reino Unido, no una discusión “mano a mano” entre el gobierno argentino, y los habitantes de las islas.