LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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miércoles, 17 de diciembre de 2025

LEVEN ANCLAS

 

En el posteo al que corresponde la imagen de apertura, Cristina señala las diferentes fases que atravesó en estos dos años el experimento libertario en manos del experto en hacer crecer la economía con y sin dinero, y del Messi de las finanzas, con los resultados conocidos: la inflación hace seis meses que baja subiendo cada vez más que el índice del mes anterior (y ni los dibujos de Lavagna junior lo pueden disimular), mientras se siguen perdiendo empleos y cerrando empresas (a razón de 394 por hora y 28 por día, respectivamente).

Ahora las bandas cambiarias que "estaban bien calibradas" (Toto Caputo dixit, hace apenas días) se ajustarán por la inflación a pedido del FMI, para poder adquirir reservas que permitan hacer frente a los pagos de la deuda, pese a que Milei dijo (también hace días) que no lo hacían porque era inflacionario.

Lo cual supone que el gobierno abandona el ancla cambiaria con la cual apostaba a contener la inflación, mientras sostenía el discurso de que ésta es un fenómeno exclusivamente monetario producto de la monetización del déficit fiscal vía emisión, y se viene una nueva devaluación, como pedía el mercado. Con los efectos que ya conocemos sobre el menguado poder adquisitivo de los salarios.

Al ancla de la motosierra tampoco le quedaba mucha nafta, y aun así en el presupuesto que a la hora de subir estas líneas se aprestaba a aprobar la Cámara de Diputados (con la inestimable colaboración de la UCR y los gobernadores de "Provincias Unidas") incluye en su artículo 75 la derogación de las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario, y de la Ley 27160 aprobada en 2015 durante el segundo gobierno de Cristina, que dispone que se actualicen por el mismo índice que se usa para las jubilaciones, las asignaciones familiares en generales, y la AUH en particular.

Así las cosas solo seguirá funcionando como ancla anti-inflacionaria -como ha sido hasta ahora, pero con más importancia- el salario, que es el otro fin para el que el gobierno impulsa la reforma laboral: debilitar a las organizaciones sindicales y destruir la negociación colectiva centralizada, forzando negociaciones de salarios a la baja en un contexto de desempleo creciente, que no hará más que subir por la baja de las indemnizaciones.

Y en esto último -habrá que decirlo- después de varios ensayos y fracasos como lo señala Cristina, todo marcha de acuerdo al plan. O dicho de otro modo: es exactamente lo que muchos votaron, lo sepan o no. 

martes, 23 de septiembre de 2025

LO VOLVIERON A HACER

 

El experimento anarcocapitalista encarnado en la grotesca figura de Javier Milei está oficialmente terminado, y solo resta oficializar su fecha de defunción, en lo que las próximas elecciones de octubre tienen un papel crucial. El tiempo formal que le quede de sobrevida no cambiará la conclusión: se trata de un modelo que nada tiene ya para ofrecerle a los argentinos, excepto mayor deuda a futuro y mayores niveles de pobreza y exclusión, ya en el presente.

Y no se trata de que lo digamos nosotros, que deseamos que efectivamente suceda que el neoliberalismo deje ya de joderle la vida a la inmensa mayoría de los argentinos: lo están diciendo los propios factores que lo entronizaron en el gobierno (que no en el poder), con el inestimable concurso de una buena parte del electorado.

A punto tal que las únicas noticias que nos proporciona el gobierno por estos días son alquimias financieras inverosímiles para tratar de sostener el dólar en un nivel que es dos veces y media la que en su momento estimó el propio Milei que tendría, pero que ahora nos quieren vender como su cotización razonable, para que nos explote en otra aun mayor antes de las elecciones, dando por descontado a su vez que después de las elecciones la devaluación será inevitable.

Desde el anuncio de un posible préstamo del tesoro yanqui hasta la suspensión transitoria por un mes de todas las retenciones a los agroexportadores para que liquiden los dólares embolsados (anuncios a su vez contradictorios entre sí) todo apunta a ese único y excluyente objetivo. Y a ese objetivo se orientan todas las acciones de un gobierno inescrupuloso, dispuesto a cualquier concesión, y cualquiera es literalmente eso: cualquiera; incluyendo nuestro recursos naturales o nuestra autonomía como país en la toma de decisiones de política exterior.

La moneda (y nuestros salarios y jubilaciones) se devalúan al mismo ritmo de la palabra presidencial y la confianza en el gobierno, incluso entre quienes lo votaron; pero lo trágico es que el ciclo de endeudamiento, valorización financiera y fuga se repite -con escalofriante similitud- por tercera vez en un cuarto de siglo, y por segunda vez en menos de una década. Y en éste caso, con los mismos ejecutantes al comando de la estafa.

Lo cual debería llamarnos a la reflexión como sociedad, y en especial para aquellos que -movidos por el sustancial y a veces excluyente propósito de impedir que gobierne el peronismo- vuelven a votar una y otra vez gobiernos que hunden al país en el abismo, y condicionan el futuro del país y de la mayoría de sus habitantes; para luego -lejos de hacer algo parecido a una autocrítica- echarle la culpa al peronismo que (supuestamente) impidió que esos gobiernos terminaran su mandato, o completaran más rápidamente su obra de destrucción.

Que decir del "círculo rojo" (es decir, nuestra presunta élite económica), que como ha pasado antes y todas las veces, insiste en promover (y hasta organizar o inventar) alianzas y estructuras políticas y candidaturas que lleven adelante el mismo plan, para después cuando ese plan (previsiblemente) fracasa -y cada vez más rápido, y cada vez con peores consecuencias- intentar despegarse diciendo que le problema no es el plan (tanto que tratan de que lo ejecute cualquiera que tome el relevo del gobierno, sin importar lo que haya votado la gente), sino sus circunstanciales ejecutantes.

Sobre éste tema de la responsabilidad de los detentadores del poder económico en el país posiblemente ampliemos en otra entrada, pero la repetición -sin solución de continuidad- de los comportamientos de los otros, nos lleva a interrogarnos por nuestros propios comportamientos: si nos toca volver al gobierno (y todo indica que la posibilidad es concreta), no podemos volver a reincidir en perdonarles la vida en lugar de hacerles pagar las consecuencias de su accionar; porque de lo contrario lo único que conseguiremos -como ha sucedido y está sucediendo otra vez- es que lo vuelvan a hacer, apenas tengan una nueva oportunidad. 

Para empezar ya, desde ahora, habría que decir fuerte y para que se escuche que se desconocerá todo endeudamiento contraído por este gobierno (y todo es todo, incluyendo el del FMI y un eventual préstamo del Tesoro de EEUU) que no sea discutido en el Congreso nacional, y que no se destine concreta e inexorablemente a financiar obras de infraestructura necesarias para el desarrollo del país.

Tampoco podemos insistir en tratar de complacer, tranquilizar o seducir a este "círculo rojo", como lo hemos hecho en vano muchas veces. Con los que se empeñan en votar, una y otra vez, en contra de sus propios intereses poco podemos hacer, pero contra los que mueven las palancas, es bastante.

Y habrá que hacerlo alguna vez, porque sin caer en exageraciones ni dramatismos innecesarios, la experiencia histórica demuestra que en romper ese círculo vicioso en eso se va el futuro de la democracia argentina y la subsistencia misma de la Argentina misma como país, al menos de uno de ser digno de llamarse tal. Tuits relacionados:

jueves, 24 de abril de 2025

¿EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR?

 

Cuando se acercaban las elecciones legislativas de 2017 en las que pretendía revalidar su triunfo en el balotaje presidencial de 2015 y mejorar su representación en el Congreso, Macri implementó su propio "Plan Platita", administrando dosis homeopáticas del tan denostado populismo para llegar bien parado a las urnas: difirió los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, avaló aumentos en las paritarias por encima de la inflación y rehabilitó programas del kirchnerismo para reactivar el consumo que antes había hibernado, como "Ahora 12".

Después, con los resultados puestos (que en buena medida obedecieron a que abandonó por un rato las políticas de ajuste con las que había llevado adelante la primera parte de su gobierno), reunió al establishment económico del país en el CCK para anunciar que había llegado el tiempo de profundizar las reformas: laboral, previsional y tributaria. 

El resto de la historia es conocido: el intento de imponer la reforma previsional (que finalmente se aprobó) para modificar a la baja la fórmula para aumentar las jubilaciones generó una protesta masiva en el Congreso salvajemente reprimida, y el gobierno vio horadada su legitimidad al mismo tiempo que se caía su programa económico por su propia insustentabilidad, y la ida al FMI aceleró el declive, hasta el fracaso del intento de reelección del presidente.

Si nos vamos un poco más atrás, aun está en discusión para algunos si Macri engañó o no al electorado en el 2015 cuando prometió "conservar lo bueno y cambiar lo malo del kirchnerismo", pero en nuestra modesta opinión, la polémica la zanjó Milei cuando ganó las elecciones prometiendo aplicar la motosierra y cumplió. Podrá decirse que parte de sus votantes no comprendieron que la casta en realidad eran ellos, pero lo cierto es que el experimento libertario en curso es -ni más ni menos- que poner en acto aquello de Macri cuando decía que si volvía al gobierno haría lo mismo, pero más rápido.

Y lo mismo es, literalmente, eso: lo mismo, desde 1956 por lo menos. Pruebas al canto: nos dicen ahora que lo que el gobierno acordó con el FMI a cambio del salvataje financiero de su plan económico es una reforma laboral flexibilizadora (como si nunca hubiera habido una), otra previsional (y van) y profundizar el ajuste del gasto público (cuando no), especialmente eliminando toda forma de subsidio o segmentación de las tarifas de los servicios públicos.

O sea lo mismo de siempre, que es lo mismo que quiso hacer Macri, que es lo mismo que antes hizo Cavallo y lo mismo que considera Milei que hay que hacer. Pero eso sí: están diciendo que lo van a hacer después de las elecciones (como lo intentó Macri en el 2017) y si las ganan, admitiendo así implícitamente que si lo hicieran antes, podrían perderla. O como dijo Menem en 1989, "si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie".

Lo cual nos lleva al punto de la prostitución del sentido del voto, y en última instancia de la democracia misma, que subyace en la idea de que la gente vote lo que quiera, total después los gobiernos hacen lo que se les antoja...al FMI y los grupos de poder económicos internos y externos. O dicho de otro modo: si esas reformas son tan buenas que insisten en proponerlas como las únicas soluciones posibles, una y otra vez ¿por qué no se le plantean claramente al electorado antes de las elecciones, con todas las letras y mejor aun, por qué no se aplican ya, sin esperar a las elecciones? 

Y si alguien (con razón) se apurara a decir que no lo hacen porque perderían porque esas políticas son impopulares (una afirmación que por lo menos habría que discutir, atento a los resultados de las últimas elecciones), volvemos al punto anterior: ¿Cuándo el voto cumplirá con la promesa implícita en él de expresar el sentir de la sociedad, para que la política tome nota y obre en consecuencia?

De lo contrario luego no nos sorprendamos después de la famosa "insatisfacción democrática" y sus consecuencias, que con los resultados del experimento libertario a la vista vienen siendo...profundizar el ajuste, le guste a quien le guste, "porque es el único camino posible" y listo. O dejemos de explicar las consecuencias, y ataquemos las causas, que hay que buscarlas por el lado de los que se benefician -siempre y en toda circunstancia- con esa insatisfacción y con el fracaso de la democracia en las expectativas que despertó.

En caso de duda, ver lo que está pasando ahora mismo, con el veranito financiero para otra temporada de bicicleta que se acaba de inaugurar con los fondos del FMI: se están prendiendo los que ya venían prendidos desde que comenzó el gobierno de Milei, que a su vez son lo mismos que se prendieron en el anterior paso de Caputo por el comando de la economía, en el gobierno de Macri. Los mismos a los que el gobierno del FDT les perdonó la vida en su momento, en plena pandemia y teniendo a la vista todas las pruebas del saqueo.

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sábado, 12 de abril de 2025

ESTA PELÍCULA YA LA VIMOS

 

Hace poco y a propósito de la aprobación en Diputados del DNU que habilitaba al gobierno a cerrar otro acuerdo con el FMI, decíamos en ésta entrada: "Y esta vez -mal que le pese a Caputo, que es el mismo de entonces- no es distinto: un gobierno que se ufana de tener superávit en pesos (al precio de un ajuste descomunal con efectos devastadores en la economía y la sociedad) y que concedió a través del RIGI beneficios exhorbitantes al capital internacional, le pide dólares con la excusa de fortalecer las reservas (que está rifando a diario para sostener el ancla cambiaria del plan antiinflacionario) y mejorar el balance del Banco Central (un argumento tan absurdo que ni ellos creen), para que -otra vez más, y van- se vuelvan a ir por la canaleta de la fuga de capitales, dejándole al país la mochila de la deuda, aun más pesada de lo que ya está.".

"Reclamando a cambio una profundización de la motosierra que nos trajo a éste punto en la enésima versión del ajuste permanente, una opción que donde no hay crisis la provoca, y donde ya existe la profundiza y agrava, sin resolverla nunca; porque sencillamente no está diseñada para eso, sino para extraer sufrimiento de la sociedad, que se asienta en los balances como ganancias del capital financiero internacional.".

"Insistiendo en "condicionalidades" y "reformas estructurales" que jamás garantizan el crecimiento y mucho menos la redistribución del ingreso, como todas las políticas "ofertistas" ensayadas desde siempre: en plena vigencia del RIGI las petroleras se están yendo de Vaca Muerta, en lugar de llegar. Y llegado el caso que esas reformas se impongan -generalmente a palos- lo único que consiguen es que la insustentabilidad económica se profundice hasta devenir política, e incluso institucional: ahí están los ejemplos de 1989 y 2001 y el fracaso de Macri desde 2018 en adelante, para recordárnoslo.".

Apenas dos semanas después de lo escrito, estamos ahí, y no es por clarividencia nuestra: todos los gobiernos que acudieron (en palabras de Adorni) al FMI como rueda de auxilio fracasaron, y no pocos de ellos no pudieron siquiera concluir su mandato. De hecho, el mismo anuncio del acuerdo coincidió con los datos oficiales de la inflación de marzo, que -aun dibujados- dan cuenta del rotundo fracaso del plan anti-inflacionario basado en los delirios teóricos de la escuela austríaca.  

Con 16 meses de un ajuste fenomenal del gasto público (con las consecuencias económicas y sociales que todos, menos Milei, podemos percibir) y deteniendo (en teoría) la emisión monetaria, estamos en el mismo punto de partida, tanto que el gobierno cederá a la presión del FMI y devaluará la moneda otra vez, como cuando arrancó. Imponiendo en el camino un ajuste inútil (otro más y van) al pueblo argentino, que fue solo el preludio de otro mayor, que seguramente exigirá el Fondo a cambio de su ayuda.  

El fracaso conceptual del marco teórico (si es que se puede llamar así) desde el que Milei perpetra su política económica es tan grande como la desconexión absoluta que existe entre el palacio y la calle, o entre el descontento social, su expresión en forma de protesta en las calles y la generación de respuestas desde la política y las instituciones para zanjar la crisis: del mismo modo que la CGT permaneció hibernando mientras crecía el daño causado por las políticas del gobierno y ajena a los vaivenes institucionales del Congreso como caja de resonancia (las hinchadas de fútbol acompañaron antes que su dirigencia el reclamo de los jubilados), cuando finalmente rompe su inercia declarando un paro general y acompañando a los jubilados, la política (en especial el peronismo) está envuelta en una absurda pelea interna, como si no hubiera cosas más urgentes e importantes que atender. 

Cierto es que el estado anímico (por decirlo de algún modo) de las mayorías populares argentinas es más de desesperanza y abatimiento, que de enojo traducido en voluntad de luchar y resistir; pero habrá que ver que pasa en los días por venir, en los que todo indica que la respuesta del gobierno a los reclamos será una mayor licuación de los ingresos vía una fuerte devaluación que no hará sino acelerar un proceso inflacionario que ya se venía recalentando, y no precisamente porque lo empujen los salarios o el consumo. 

Y eso sin considerar un marco internacional complejo y francamente adverso paras el país, del cual ni siquiera se está tomando debida nota, no hablemos ya de articular medidas en respuesta, algo en lo que éste gobierno no cree y aunque creyera, decidió no hacer para no contrariar las determinaciones del gobierno de Trump, al que le está mendigando apoyo ante el FMI y el Tesoro. O dicho de otro modo, canjear su salvavidas para llegar a las elecciones y la ventana de oportunidad para que los amigos de Caputo dolaricen sus ganancias del carry trade y se rajen, por puestos de trabajo, salarios y tejido productivo argentinos destruidos primero por sus políticas, y después por las de la nueva administración yanqui.

Mientras tanto, mientras todo esto sucede, la herramienta de la política -la única que nos puede sacar de éste lío- sigue oxidad y mellada, perdida en los meandros de discusiones secundarias y estériles: así como su deterioro trajo a Milei, solo su recomposición se lo llevará. De lo contrario el 2001 (en términos políticos e institucionales) estará siempre a la vuelta de la esquina. 

Tuits relacionados:

martes, 1 de abril de 2025

EN LA VIDA HAY QUE ELEGIR

 

miércoles, 15 de enero de 2025

¿CUÁL ES EL PLAN?

 

Después de marchas y contramarchas, Milei terminó convocando a sesiones extraordinarias del Congreso, con un temario que no incluye el presupuesto, pero si toda la agenda de temas con los que la derecha piensa entretener a su electorado, criminalizar la protesta social y perseguir opositores (en especial a Cristina), y de paso limar diferencias entre sus distintos sellos electorales, de cara a una posible alianza para las legislativas de éste año.

Juicio en ausencia, ficha limpia, los pliegos de la Corte, reiterancia e incluso una posible derogación o suspensión de las PASO que sería el telón para encubrir el verdadero propósito, que es eliminar el financiamiento público a los partidos políticos, y reemplazarlo por aportes privados: la agenda de lo peor de la "casta" -en todos los sentidos-, que en no pocos casos se lleva puestos los derechos y garantías consagrados en la Constitución Nacional, y en ninguno atiende los problemas más urgentes del país, que este gobierno vino sino a agravar.

Asumiendo que estamos en un año electoral y mientras ellos discuten si nos matan juntos o haciendo un movimiento de pinzas, muchos de los nuestros se zambullen de lleno en el minué de posibles candidaturas y alianzas como si viviéramos en un país normal, en el que todo funciona más o menos bien. Y juegan a que hacen algo, indignándose en las redes sociales y los medios por los atropellos del gobierno. 

Un gobierno que confiesa en público y sin pudores que fuerza paritarias a la baja y espera que este año tampoco los salarios le ganen a la inflación (ni hablemos ya de recuperar lo que perdieron estos últimos años), y hasta acá parece conseguirlo: gremios en teoría combativos del sector privado como camioneros o la UOM firman acuerdos dentro de los límites consentidos por el ancla salarial oficial, que junto a la apreciación del tipo de cambio se convierten en las principales herramientas -no reconocidas explícitamente como tales- en la lucha contra la inflación.  

Los despidos en el sector privado -siguiendo la pauta marcada por el público, y acicateados por la recesión que el gobierno dio por terminada- actúan también como disciplinadores de los reclamos salariales, y como preludio de la reforma laboral esclavista que el gobierno ya discute -sin tanta repercusión pública- con los empresarios y la conducción de la CGT. Una reforma esclavista que incluye la eliminación de las indemnizaciones por despido, el aumento de la jornada de trabajo, el fraccionamiento de las vacaciones y la vuelta de los tickets canasta.

En línea con los sectores exportadores, el FMI advierte por el retraso del tipo de cambio alentando una devaluación y nuevos tarifazos (el gobierno ya convocó a la audiencia pública para fijar "un sendero de precios" dolarizado para el gas hasta el 2030), y urge al gobierno a levantar el cepo, todo un combo explosivo que no haría sino reavivar la inflación, y pulverizar aun más los salarios. Que es lo que se busca, obviamente.

El gobierno -otra vez con Caputo en los comandos de la economía como con Macri- volvió a endeudarnos con bancos privados con la posible garantía de la privatización del Banco Nación, al solo efecto de poder garantizar la fuga de los capitales para los que ya no es tan rentable el carry trade; maniobras que son posibles gracias a la subsistencia del DNU que le permite al gobierno tomar deuda y canjearlas aun en condiciones más leoninas, sin la intervención del Congreso.

Al que por cierto no es el gobierno el que necesita funcionando, teniendo como tiene la ley bases y el DNU 70 (y de allí el ridículo temario de extraordinarias), sino a la oposición (política y social), que parece estar en las nubes de Úbeda: no hay convocatorias -al menos públicas- de nadie a nadie para organizar nada, ni siquiera un mínimo ensayo de resistencia, y la única reacción social digna de ese nombre de los últimos tiempos fue la de los militantes y organismos de derechos humanos por el cierre del centro cultural Conti en la ex ESMA y el vaciamiento de los sitios de la memoria.

No se están reuniendo los gobernadores (ni nadie los está convocando) para exigir que se trate el presupuesto aunque las transferencias a las provincias hayan caído casi un 85 % en 2024 y la obra pública financiada por la nación esté paralizada o directamente no exista. No hay nada siquiera parecido a un plan de lucha contra la pérdida de salarios y puestos de trabajo y contra la avanzada flexibilizadora organizado por la CGT o las CTA, cada una por su lado o todas en conjunto. 

La interna en la PBA entre Kicillof y la Cámpora para haberse acallado -al menos público- pero al solo efecto de que cada uno atienda su juego, y no porque se esté desplegando una estrategia unitaria para enfrentar la blitzkrieg derechista. Mientras tanto, el neo vandorismo (como en todo año electoral) ya arma sus colectoras con el fin de drenar votos peronistas en Buenos Aires y Scioli le ofrece a Milei armar la pata peronista de LLA, y en otros distritos -como acá- el PJ está estallado o en hibernación, y bien lejos de ordenamientos o enderezamientos de lo torcido.

El plan del gobierno está más que claro: abaratamiento del costo laboral medido en dólares, desguace del Estado para los negocios de los amigos (el caso IMPSA está ahí para comprobarlo), eliminación de toda regulación pública molesta para el capital y tratar de organizar lo más ordenamente posible el proceso de fuga de capitales sin que se les desmadre todo; y lograr revalidar electoralmente el saqueo. De ahí a que puedan conseguirlo (por las inconsistencias propias del plan), es harina de otro costal.

Faltaría conocer cual es el plan de la oposición, a no ser que sea simplemente el que estamos viendo: esperar que todo explote, y nos vengan a buscar.

lunes, 24 de julio de 2023

LA BALA DE PLATA

 

La restricción externa es un rasgo estructural de la economía argentina, que condiciona el crecimiento del país y la viabilidad de cualquier plan de desarrollo, uno de cuyos objetivos debería ser precisamente disminuirla, o eliminarla. Para eso es necesario sustituir importaciones, y diversificar exportaciones, y recalcamos el "y": no es una cosa o la otra, sino las dos juntas, para que el conjunto sea sustentable.

El complejo agroexportador es el principal proveedor de divisas genuinas para el país, y mientras eso no cambie, conserva un poder de presión sobre cualquier gobierno, y de veto sobre cualquier política económica que perjudique -aunque sea levemente- sus intereses. Y atender sus demandas de "un tipo de cambio competitivo" es inconciliable con la defensa del poder adquisitivo de los salarios, porque los argentinos tenemos "la desgracia" de exportar lo que consumimos, especialmente los bienes más esenciales de la canasta familiar.  

Endeudarse con el FMI es una pésima decisión para el país y la mayoría de sus habitantes, porque agrava todos los males existentes, no resuelve ningún problema y genera otros: financia la fuga de capitales, introduce un acto ajeno en las determinaciones de la política nacional, que se coliga con actores de poder interno (como los bancos o el complejo agroexportador), en perjuicio de la mayoría.

Sus planes de estabilización invariablemente fracasan y se llevan consigo actividad económica, empleo y salarios, y son -además y pese a toda su retórica en contrario- inflacionario, porque arbitran la puja distributiva en favor de los sectores más poderosos.

Todo lo precedentemente dicho podría haber sido escrito en cualquier momento entre 1955 y la actualidad, con casi ninguna variante, pero describe la coyuntura política y económica actual, en la que el gobierno debe encarar el tramo final de la campaña electoral con su ministro de Economía como candidato a presidente negociando -en condiciones adversas- un desembolso del Fondo...para poder pagarle al Fondo, sin que se terminen de vaciar las reservas.  

Al mismo tiempo el FMI -como siempre- pide acelerar el ritmo de devaluación del dólar oficial y ajustar el gasto público, o por lo menos tender a reducir drásticamente el déficit fiscal. Por lo que se conoce hasta acá (ver acá en el Boletín Oficial el Decreto 377 con algunas de las medidas), se trata de ir haciendo converger los valores de algunos dólares con el "blue" (el pedido del FMI sería unificar el tipo de cambio, obviamente con los valores más altos del mercado), y al mismo tiempo allegarle recursos al Estado para mejorar sus cuentas.

En éste caso el aumento de las percepciones de Ganancias y del "impuesto país" (por incremento de alícuotas o incorporación de operaciones hasta hoy no gravadas) estarían destinados como los impuestos originales en un 70 % a financiar a la ANSES y el PAMI, y el 30 % restante a financiar el cumplimiento del programa de integración de barrios populares, entre otros fines. Una compensación por otros aspectos del acuerdo que seguramente generarán tensiones.

Lo que hasta acá se conoce del acuerdo refleja las tensiones entre las demandas del Fondo y las respuestas del gobierno, entendiendo por "gobierno", esencialmente, a Massa; quien además se juega en el éxito relativo de la negociación, el de su propia candidatura presidencial.

El pronóstico es reservado porque siempre que esté metido el FMI en el medio las chances de que todo salga mal y vuele por los aires -conociendo nuestros antecedentes históricos y los del Fondo- son altísimas; y ya se puede ver que ciertos "dólares especiales" para las mal llamadas economías regionales pueden derivar en mayores incrementos de precios de bienes esenciales de la canasta familiar, en un momento en el que el gobierno festejaba que los indicadores de la inflación comenzaban a descender.

Sin embargo, y como comprobación de cuanta razón tenían Cristina y Máximo cuando decían que el acuerdo con el Fondo era inflacionario, aun en un sendero descendente de los aumentos de precios, sobresalen los incrementos de algunos precios regulados (tarifas, combustibles), es decir que es el Estado el que alimenta la inflación, y no precisamente por la emisión monetaria.

Como sea, fuere porque los tiempos de las PASO se acercan inexorablemente (estamos hoy a 20 días) y funcionarán -como ha sido hasta acá- como una virtual primera vuelta electoral, o porque para intentar otro camino se requeriría de una fortaleza política de la que éste gobierno carece, y de una íntima convicción que muy posiblemente no esté en su ADN, todo indica que éste acuerdo es la bala de plata que le queda a "Unión por la Patria" para pelear con algo de chances la elección. Y por supuesto, puede fallar. 

lunes, 28 de noviembre de 2022

LA SARTÉN POR EL MANGO, Y EL MANGO TAMBIÉN

 

Tal como señala la imagen de apertura, hoy empieza a regir la segunda edición del "dólar soja", materializado en el DNU 787 publicado este mismo lunes en el Boletín Oficial (completo acá). La medida era más cantada que la marcha peronista desde que se la impuso por primera vez en septiembre, y significa una segunda capitulación del gobierno -frente a la escasez de reservas del Banco Central- frente a los sectores agroexportadores que retenían las divisas a la espera de lo que finalmente terminó pasando: otra devaluación a medida del sector que tiene la sartén del dólar por el mango, y el mango también.

Según se calcula, el beneficio que se les concede supone una emisión adicional de 210.000 millones de pesos que irán directamente a los bolsillos de los sojeros, sin que ningún monetarista proteste por ello: al parecer, hay emisiones buenas y malas. Con la primera versión del "dólar soja" (instrumentada por el DNU 576), sumarán 460.000 millones de pesos transferidos desde el Banco Central al complejo agroexportador, en menos de tres meses: al parecer, en algunos casos el presidente sí parece dispuesto a usar la lapicera.

Entre los considerandos del decreto se señala que "...la REPÚBLICA ARGENTINA es un relevante exportador mundial de las manufacturas de la soja, productos con baja incidencia directa en la cadena de abastecimiento nacional; de allí que esos alimentos y materias primas no generen impacto directo en la canasta familiar ni en las mediciones del índice mensual de inflación.", lo cual además de discutible (por aquello de las rentabilidades comparadas que bien se demostró en 2008 con el conflicto por las retenciones móviles), se contradice con otro punto del mismo decreto, que señala que "...todo estímulo exportador a los sectores mencionados redunda en ingresos fiscales incrementales a través del cobro de derechos de exportación como tributos nacionales y provinciales."; pues bien se sabe que uno de los sentidos de las retenciones es desacoplar los precios internos, de los internacionales, para no importar inflación.

Aunque pensándolo bien, no hay tal contradicción: el mismo gobierno que le genera al sector una devaluación a medida y una colosal transferencia de ingresos a su favor, ha jurado en todos los tonos e idiomas posibles que no le aumentará las retenciones, con lo cual la esperada mejora de los ingresos fiscales vendría por el incremento de las exportaciones, no de la presión impositiva sobre el complejo agroexportador. Por otro lado, esos sectores (los exportadores) no pagan ningún impuesto en las provincias, porque en todas ellas -por ejemplo- están exentos de Ingresos Brutos, por los pactos fiscales concluidos en los 90'.     

El análisis estrictamente económico de la cuestión podría concluirse señalando -como lo hicimos acá- que "...este gobierno se autolimitó desde el comienzo de su mandato (cuando logró que el Congreso sancionó la ley de emergencia) en su capacidad de poner altos derechos de exportación (retenciones), e incluso ha persistido (con Guzmán y ahora con Massa al frente de la gestión económica) en las políticas "ofertistas" para con los sectores exportadores, como si ganar mercados internacionales dependiera del nivel de los derechos de exportación que el país aplica a sus ventas externas, y no de la demanda de los productos que el país exporta."

"O como si dependiera del nivel del tipo de cambio -que en todo caso incide en la rentabilidad de los que exportan-, como pareciera sostenerlo el gobierno al administrar devaluaciones sectoriales (el "dólar soja", ahora el que beneficiaría a las "economías regionales"), que obviamente en una economía bimonetaria como la nuestra y sin desacople vía retenciones, solo alimentan la inflación. Los resultados de esa política están a la vista: en un contexto de alta inflación persistente, los precios de los alimentos y bebidas (bienes de consumo esenciales de la canasta básica, inelásticos a las variaciones de la demanda por esa razón) rankean alto, por encima incluso del promedio general inflacionario.". 

Si se repiten las medidas, es necio esperar que no se repliquen los resultados, como pasa con otras concesiones "ofertistas" al capital, como los recientes aumentos autorizados en el bioetanol, que impactarán en los precios de los combustibles, retroalimentando una inflación que se dice querer bajar; y profundizando el deterioro del poder de compra de los salarios y jubilaciones. 

Por otro lado, las medidas compensatorias brillan por su ausencia: del famoso "bono" o suma fija que -por ejemplo- reclamó Cristina no hay noticias, o sigue "en estudio": para esos casos la lapicera presidencial parece quedarse súbitamente sin tinta; y el anunciado congelamiento de precios está en veremos por la presión de las alimenticias, amén de que, sin lo primero (el bono o alguna forma de recomposición de los ingresos populares) lo segundo (el congelamiento), aun de concretarse y cumplirse, solo sacaría una foto transitoria de un patrón regresivo de distribución del ingreso, que no se modificaría.

Decíamos más arriba que hasta acá llegábamos con el análisis estrictamente económico de la medida, que seguramente podría ampliarse. El análisis político -de algún modo sugerido al principio cuando señalamos que se trata de otra capitulación más del gobierno frente a las fracciones más concentradas del capital- se limita a una simple y sencilla pregunta: ¿alguien supone que por éste camino se puede ganar una elección, revirtiendo la derrota del año pasado?     

miércoles, 9 de noviembre de 2022

LA CARIDAD EMPIEZA POR CASA

 

Hay tantos diagnósticos sobre las causas de la inflación, como inflación. Hay inflación de diagnósticos, digamos: según sea la escuela económica que se adopte, la inflación es consecuencia del gasto público, el déficit fiscal y la emisión monetaria, las expectativas, la concentración de la economía, los mercados imperfectos, la puja distributiva o -como diría el amigo Rinconet- un mix de todo: "un fenómeno complejo y multicausal", en términos más académicos.

Claro que según sea el diagnóstico que se adopte, serán las medidas que se propongan para atacarla: para la ortodoxia todo pasa por reducir el gasto público para disminuir la necesidad de financiarlo vía emisión, rebajar impuestos y -aunque esto se diga menos- abrir la economía para fomentar la competencia. En ésto último coinciden (¿curiosamente?) algunos heterodoxos cuando analizan los efectos de la inflación en algunos rubros, como los textiles.

Sea cual sea en definitivas la postura teórica que se adopte respecto a la inflación, lo cierto es que el Estado "controla" o "regula" de modo directo o indirecto (por acción u omisión) ciertos precios básicos de la economía, que terminan incidiendo en la formación de los otros precios, y por ende en la inflación.

Algunos de esos precios son directamente fijados por el propio Estado, como las tarifas de los servicios públicos tradicionales (luz, gas, agua, transporte), o en otros el Estado tiene la pretensión de regularlos como fue el caso de los servicios de internet, telefonía móvil y televisión por cable o vínculo satelital; que no pueden ser prestados sin una licencia, permiso o autorización estatal. 

Lo raro del caso -en la Argentina y con éste gobierno- es que mientras litiga en la justicia para conseguir afirmar su autoridad para regular los precios y mitigar los aumentos en el segundo caso, los aumenta en el primero, cuando depende de él mismo y no necesita venia judicial. Lo mismo hace con otros servicios regulados como la medicina prepaga, que fue objeto de una polémica al interior de la coalición oficialista en la que se dio algo curioso: Cristina los criticó, Massa (el ministro de Economía) le dio la razón, pero los aumentos siguen en pie.

El Estado también controla -o debería hacerlo- otras áreas de la economía, como el sector externo y las exportaciones. Lo que en un país con el perfil productivo de la Argentina, es decir, en esencia, materias primas agropecuarias y eventualmente energía (gas y petróleo). En contextos de alta inflación en términos internacionales (como el actual), el Estado debería adoptar medidas para desacoplar los precios internos de los internacionales, evitando así importar inflación, que se sume a los ya altos niveles de la que existe en el país. 

Sin embargo, este gobierno se autolimitó desde el comienzo de su mandato (cuando logró que el Congreso sancione la ley de emergencia) en su capacidad de poner altos derechos de exportación (retenciones), e incluso ha persistido (con Guzmán y ahora con Massa al frente de la gestión económica) en las políticas "ofertistas" para con los sectores exportadores, como si ganar mercados internacionales dependiera del nivel de los derechos de exportación que el país aplica a sus ventas externas, y no de la demanda de los productos que el país exporta. 

O como si dependiera del nivel del tipo de cambio -que en todo caso incide en la rentabilidad de los que exportan-, como pareciera sostenerlo el gobierno al administrar devaluaciones sectoriales (el "dólar soja", ahora el que beneficiaría a las "economías regionales"), que obviamente en una economía bimonetaria como la nuestra y sin desacople vía retenciones, solo alimentan la inflación. Los resultados de esa política están a la vista: en un contexto de alta inflación persistente, los precios de los alimentos y bebidas (bienes de consumo esenciales de la canasta básica, inelásticos a las variaciones de la demanda por esa razón) rankean alto, por encima incluso del promedio general inflacionario.

Por otro lado, sin que los precios de los combustibles (costo difundido si los hay) estén estrictamente regulados por el Estado, éste puede incidir en sus niveles porque controla el 51 % del paquete accionario de YPF, la petrolera que controla más de la mitad del mercado de comercialización de los mismos en el país, y única de tales empresas que tiene integrado en el país todo el ciclo de extracción, producción, distribución y comercialización. Y lejos de usar esa "posición dominante" para contener los aumentos, la petrolera controlada por el Estado nacional suele liderarlos.   

Tampoco el Estado controla o fija de modo directo los salarios, pero por un lado es empleador (con lo cual fijando los salarios de sus trabajadores marca una pauta), y por el otro homologa los acuerdos salariales pactados en paritarias entre los sindicatos y las cámaras empresarias; con lo que se reserva una "llave" para determinar -de un modo indirecto- los niveles de variación de la masa salarial.

En el contexto precedentemente reseñado, si el gobierno (como pasa) se sigue oponiendo al pago de una suma fija independiente de los aumentos pactados en paritarias para que los trabajadores vean compensada en parte la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios frente a la inflación, o fija cortapisas y restricciones inadmisibles para el "refuerzo alimentario" destinado a los sectores más vulnerables (y más afectados, justamente, por la alta inflación en alimentos) no se trata simplemente -en nuestra opinión- de que esté adhiriendo a una visión ortodoxa de las causas de la inflación, que las haría centrar en el gasto público y los salarios.

Se trata de que, además de no tomar ninguna medida concreta de las que están a su alcance para frenar la inflación, está convalidando un patrón distributivo regresivo, en el que los salarios son el ancla de la inflación, que el propio gobierno alimenta desde otros lugares -según lo expuesto- por acción u omisión. Así las cosas, nadie debería sorprenderse de que, por un lado, subsista la alta inflación, y por el otro, se pierdan elecciones. Tuits relacionados:

domingo, 11 de septiembre de 2022

PIDEN REFORZAR EL CEPO, Y HAY POLÉMICA.

 

La historia es más o menos conocida, pero siempre conviene refrescarla: tras triunfar en las elecciones del 2011 con el 54,11 % de los votos y más de 37 puntos de diferencia respecto al segundo, Cristina comenzó su segundo mandato y, así como al principio del primero tuvo que afrontar la revuelta agrogarca contra las retenciones móviles, debió lidiar con los cacerolazos generados por las restricciones a la venta de dólares para ahorro y viajes, que los medios dieron en denominar "cepo". 

Podría decirse que allí comenzó el clima de época que caracterizaría todo ese mandato, pero el telón de fondo de la anécdota era un problema estructural de la economía argentina: la restricción externa, o carencia de divisas suficientes para atender las diferentes demandas de ellas, entre las que por supuesto atender las importaciones necesarias para la actividad productiva (en un país con altísimo grado de extranjerización como el nuestro) o los pagos de la deuda pública y privada deberían figurar en un orden prioritario.

Vanos fueron los esfuerzos de Cristina y mucha otra gente para explicar el problema, que consiste en que en país con una estructura productiva dual y desequilibrada como el nuestro, no producimos divisas en la cantidad suficiente, no al menos en forma genuina (fruto del comercio exterior); y no lo haremos hasta tanto no se produzcan cambios en la matriz productiva, sustituyendo importaciones y diversificando la canasta de bienes exportables para agregarle valor, y también para hacer disminuir el peso específico (que es económico pero también político) del complejo agroexportador, que le permite imponer condiciones; como estamos comprobando dolorosamente por éstos días cuando el gobierno cedió a la extorsión de los silo-bolseros para terminar concediendo una devaluación en forma de "dólar soja".

Al respecto, leemos en La Política Online sobre la preocupación de las cámaras empresarias que nuclean a las Pymes por el hecho de que se drenen divisas necesarias para la producción -sobre todo para la compra de bienes de capital o insumos intermedios-, por la demanda de dólares de los argentinos que viajen a Qatar a ver el mundial. Pocos días antes había expresado la misma preocupación la mismísima cúpula de la UIA, tan defensora ella siempre de las desregulaciones y aperturas.

Pues bien, la preocupación empresaria es valedera, pero remite a una discusión que michos pretenden dar por saldada, apelando al pensamiento único del neoliberalismo económico. Y esa discusión es sobre los grados y alcances de la intervención del Estado en la regulación de la vida de la sociedad en general, lo que incluye por supuesto su economía y dentro de ésta las estrategias para administrar un bien escaso y crítico, como las divisas. 

¿Qué hacer entonces frente al dilema que plantean los que producen, que nos impone elegir entre ellos y sus puestos de trabajo anexos. y los que quieren ir a alentar a la scaloneta en vivo y en directo, o verlos levantar la copa si la pelota nos fuera favorable?

Desde una mirada estratégica, propia de un proyecto nacional de desarrollo y crecimiento, la respuesta no es dudosa, y supone no solo mantener el "cepo" (es decir, cierto grado de restricciones a la compra de divisas, o fijar prioridades al respecto), sino reforzarlo. Como otros problemas, se resuelve con más y mejor intervención estatal, no con menos.

¿Cuál sería si no el sentido de conceder a los sojeros una devaluación que pulverizará aun más los salarios pero recompondrá un poco las alicaídas reservas del Banco Central, si los dólares así captados se van por la canaleta -entre otra- de los viajes al Mundial?

Y la cuestión pone también a prueba el "consensualismo" del gobierno: admitiendo por supuesto que no es ése el único canal (ni el más importante) de drenaje de divisas, demuestra que no se puede "gobernar para todos", ni tratando de eludir los conflictos, para no malquistarse con nadie. En la vida (también de los gobernantes) hay que elegir.

miércoles, 27 de julio de 2022

LIQUIDACIÓN POR CIERRE

 

Hemos dicho antes acá que carece de sentido actual reeditar la disputa teórica en torno al comportamiento del "campo", sus dirigentes sus entidades, su incidencia en el precio internos de los alimentos, su poder de fuego en la generación de divisas -y por ende en la pulseada por el tipo de cambio- y las características del modelo de desarrollo.

Ese debate se dio con creces en aquellos días del 2008, y entonces -y hoy- ellos ganaron: sería un caso de "tiene razón, pero marche preso". Está claro que la levantan con pala (aunque vivan llorando miseria), tanto como que el país y su gente les importan un choto (aunque digan que su lema es "cultivar el suelo es servir a la patria, y marchen en los tractorazos con la bandera argentina; como está claro que sus dólares son cruciales, y no están dispuestos a entregarlos.

La disputa entonces no es teórica, sino de poder, crudo y duro; y el poder se ejerce, o se pierde. Ellos tienen el poder: el de los dólares, el de los medios que juegan a su favor, el de los jueces y el de buena parte de la dirigencia política -de la oposición, pero también del oficialismo (hasta tienen su propio ministro en el gabinete nacional, en la persona de Julián Domínguez)- que los apoya explícitamente, o no se les anima; por miedo a perder votos o vaya uno a saber por qué. 

Incluidos dentro de éstos últimos el propio presidente, al que le acaban de torcer el brazo con esto del bono linkeado al dólar (por lo cual algunos hablan de un "dólar soja"), apenas cinco minutos después de que, en otro encendido discurso de barricada, dijera que no se lo iban a torcer. Es imposible pensar en una forma más brutal de descomponer su propia autoridad. 

Las consecuencias de esa disputa de poder -que venimos perdiendo por goleada- no son imprevisibles: si no se retoman el ejercicio del poder y la autoridad, su licuación será irreversible, y quizás definitiva. En términos electorales para el FDT el año que viene, e incluso en términos institucionales, antes. El que avisa no es traidor.

Ahora bien, nadie acá está pidiendo reponer la vigencia de la Constitución del 49' que nacionalizaba el comercio exterior, ni volver a crear el IAPI, ni impulsar la reforma agraria o desalambrar los campos y salir a quemar silos bolsas. Casi que ya ni se nos ocurre plantear que se suban las retenciones -porque desde el gobierno se la pasan diciendo que no lo harán-, o que se impulse en el Congreso el gravamen a las rentas inesperadas, del que ya nadie habla aunque fue anunciado en público por Alberto y Guzmán, pero nunca llegó a tener estado parlamentario.

Bastaría -en la actual coyuntura, y siempre- con dejar sin efecto el Decreto 893/17 de Macri que desreguló el mercado cambiario en lo que hace a la liquidación de divisas provenientes de las exportaciones, poniéndoles un plazo  los exportadores para hacerlo, bajo el apercibimiento de excluirlos de los registros para seguir exportando, si no lo hicieran.

Bastaría incluso una comunicación a esos fines del Banco Central, en uso de las facultades que le confiere el artículo 29 inciso d) de su Carta Orgánica para "Dictar las normas reglamentarias del régimen de cambios y ejercer la fiscalización que su cumplimiento exija", y un decreto del PE fundado en el Código Aduanero. Simple y corta la bocha, sin "dólares soja", ni bonos dolarizados, ni devaluaciones encubiertas.

De hecho, a los pocos días de haber asumido Alberto su cargo (el 29 de diciembre de 2019), dictó el DNU 91, por el cual estableció que "...el contravalor de la exportación de bienes y servicios deberá ingresarse al país en divisas y/o negociarse en el mercado de cambios en las condiciones y plazos que establezca el Banco Central de la República Argentina.". Transcurridas ya las dos terceras partes del gobierno, ése plazo nunca fue fijado, ni por el Cetral, ni por nadie. 

Y si alguno interpretase que es necesaria una ley a esos fines, en éstas circunstancias están más que acreditados los supuestos para que el presidente dicte un DNU, que conforme al procedimiento establecido por la Ley 26122 entraría en vigencia con su solo dictado, y podría ser ratificado por el Congreso con el voto favorable de una sola de las Cámaras, por ejemplo el Senado. Pero como dijimos más arriba: se trata de una disputa de poder, y el poder requiere la voluntad de ejercerlo.

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lunes, 18 de julio de 2022

LEY PENAL CAMBIARIA Y GOLPE DE MERCADO

 

Por A. C. 

El mercado negro del dólar en Argentina, llamado simpáticamente “dólar blue” por los medios, implica operaciones que oscilan entre 3 y 4 millones de dólares por día.  Es un “mercado” muy pequeño, marginal, si se lo compara con el volumen del dólar financiero (contado con liquidación y dólar bolsa o MEP), que mueve diariamente entre 50 y 60 millones de dólares.  Y también muy pequeño comparado con las operaciones de importación y exportación, las que se realizan unicamente a través del dólar oficial, y que de acuerdo a las liquidaciones de cada jornada, varian entre los 500 a 1.000 millones de dólares diarios. 

Sin embargo, el pequeño mercado del blue resuena diariamente y ocupa títulos y títulos en los medios de comunicación, y es el instrumento predilecto del “mercado” para generar intranquilidad y encabezar la pantalla de las corridas cambiarias.  

Pero la cotización del blue en estos días de incesante incremento, es la consecuencia también de haber desatendido el dólar financiero, el instrumento a través del cual las grandes empresas dolarizan sus ganancias en pesos y fugan del país esa rentabilidad generada aquí, con medios y recursos argentinos. El contado con liquidación y el dólar bolsa, a través de los cuales compran títulos pagando con pesos y los venden en dólares en el exterior, se implementa a través del sector financiero no bancario.  

Este sector financiero no bancario, y como sucede en otras áreas de una economía monopolizada por pocos jugadores, es manejado por cuatro grandes empresas que combinan agencias de cambio y sociedades de bolsa, asociadas en su operación con algunos Bancos.  A través de ellas, los tenedores de grandes montos en pesos dolarizan ese excedente, y como están posicionados en dólares, presionan para elevar el precio del dólar, y devaluación mediante, disminuir sus costos en pesos e incrementar su margen de ganancias, mayores ganancias que vuelven a dolarizar.  

Son los eternos fundamentalistas de la devaluación permanente, que tienen como conducta reincidente encabezar golpes de mercado para forzar una devaluación que incremente las ganancias de los sectores exportadores y financieros, en perjuicio de la enorme mayoría de la población que tiene sus ingresos en pesos.  

Y este sector financiero no bancario golpista, es –o debe ser- controlado por la Comisión Nacional de Valores (CNV), que es el organismo que tiene a su cargo –entre otras atribuciones- la supervisión y control de los mercados de valores, incluído por lo tanto, los bonos que se utilizan (y quienes son los que los compran) para acceder a dólares financieros-

Nada se hizo durante casi tres años de gestión de quien fuera titular de la CNV, el reciente renunciante Adrián Cosentino, hombre tan identificado con el “mercado” que se confundía con éste. En la cotización actual del dólar financiero y del blue, y en sus consecuencias nefastas sobre la economía, está el reflejo de la gestión de Cosentino, deliberada conducta que fuera siempre respaldada por un ex ministro twittero. 

Para el dólar financiero y el control que debe efectuarse sobre el mismo (control que se realiza estrictamente en cualquier país del primer mundo), la nueva gestión a cargo de la CNV, cuenta con la normativa vigente que otorga las herramientas necesarias, tanto de índole legal como operativas. 

Y para el mercado negro, el Gobierno debería recordar la vigencia de la Ley 19.359 (Ley Penal Cambiaria), y las facultades que la misma otorga al Banco Central de la República Argentina. 

A modo de ejemplo, el artículo 5 de dicha ley otorga al BCRA la atribución de fiscalizar a las personas físicas y jurídicas que operen en cambios y a investigar las infracciones previstas en la ley penal cambiaria. Para ello, el BCRA cuenta con  numerosas facultades, entre ellas requerir informaciones a cualquier persona física o ideal; exigir libros y registros especiales vinculados con operaciones de cambio; citar y hacer comparecer, si fuere necesario con el auxilio de la fuerza pública, a las personas a quienes considere pertinente recibirles declaración, como infractores o testigos; realizar pericias técnicas en toda clase de libros, papeles, correspondencia o documentos de las personas físicas o entidades que intervengan directa o inmediatamente en operaciones de cambio o de terceros que interesen a los fines de la investigación; requerir de los tribunales competentes las órdenes de allanamiento necesarias, las cuales deberán ser expedidas sin demora; requerir el auxilio de la fuerza pública frente a inconvenientes o resistencia para practicar allanamientos, secuestros, registros o inspecciones de oficinas, libros papeles, correspondencia o documentos de las personas investigadas; el BCRA podrá requerir en cualquier momento, de las entidades financieras autorizadas, casas, agencias y corredores de cambios, exportadores, importadores y cualquiera otra persona física o de existencia ideal que intervenga directa o indirectamente en operaciones de cambio, la exhibición de sus libros o documentos y el suministro de todas las informaciones relacionadas con las operaciones que hubiesen realizado o en las que hubiesen intervenido. 

Y además establece la Ley 19.359 que más allá de las atribuciones del BCRA, otros organismos (como AFIP) que intervengan en el trámite o fiscalización de operaciones de cambio, si comprueban o presumen la comisión de infracciones, deben remitir los antecedentes al BCRA para si corresponde iniciar sumario o proseguir la investigación. 

En éste panorama cambiario, es necesario un cambio de dirección del Gobierno Nacional, comprender que el golpe de mercado también es político.  Las actitudes y funcionarios “market friendly” llevaron al país al borde del abismo. No se puede continuar esperando la “normalización” del mercado”, que se estabilice en tal o cual número, porque el cañón devaluatorio ya fue disparado.  Hay que actuar de forma inmediata y con la ley en la mano.