LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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lunes, 27 de julio de 2026

LECCIONES MUNDIALISTAS

* A partir de las acusaciones contra la selección y la Argentina muchos pudieron percibir por primera vez como funcionan las psyops (operaciones de acción psicológica) y las campañas de manipulación de emociones, opiniones y sentimientos desde las redes y los algortismos, y su capacidad de influir en las audiencias construyendo estereotipos y llevando agua para su molino, el que fuera éste.

Es de esperar que en lo sucesivo conserven la misma capacidad de detectarlas y descartarlas, porque van a seguir existiendo, en especial cuando se avecinen las elecciones. Quizás la diferencia esté en que prejuicios o sesgos cognitivos confirman esas campañas y cuales no, más que en su eficacia intrínseca.

* Se puso en entredicho la proclamada infalibilidad de la derecha y sus aparatos comunicacionales para captar el sentir de las masas, y dirigirlo en su provecho. Milei, su gobierno y su estructura y dispositivos de construcción de sentido estuvieron todo el tiempo bailando la coreografía equivocada, corriendo siempre detrás de los acontecimientos, y enhebrando papelones allí donde esperaban capitalizar a su favor los logros de la selección en el mundial; porque la realidad se les coló por todas partes por los agujeros de la malla de los algoritmos, las encuestas y los focus group. 

Como hemos dicho antes, una oportunidad para la oposición de pensar la política desde otras claves, en lugar de hacer seguidismo acrítico de "lo que pide la gente", o lo que nos dicen que pide.

* Sin embargo, lo sucedido también demuestra que no se debe subestimar -por considerarlo ajeno a los conflictos cotidianos de la existencia- el daño reputacional que causa a la imagen del país y sus habitantes la política exterior de Milei, y su alineamiento incondicional y lacayuno con las directivas de Estados Unidos e Israel; como tampoco el conjunto de barbaridades y sandeces discriminatorias de todo tipo que ha dicho en cuanto foro nacional e internacional ha tenido la oportunidad de hacerlo. Este mismo fin de semana nos estuvo avergonzando en Brasil, viajando hasta allá para insultar a Lula y entrometerse en el proceso electoral de un país soberano.

Dicho de un modo más preciso: algunos argentinos (muchos) tienen que hacerse cargo de lo que votaron, sin lo cual ninguna campaña contra el país tendría algún anclaje real sobre el que proyectarse.

* Está bien que nos parezca injusto que nos acusen de racistas (más proviniendo de países que lo fueron siempre y lo son ahora, con sociedades que lo toleran o promueven), a condición de que el enojo no se quede en que el sambenito venga de afuera. Hay que extenderlo a combatir -con las opciones políticas y con todos los medios a nuestro alcance- las discriminaciones que vemos, padecemos o toleramos (cuando no dispensamos) a diario, y nos parecen aceptables: la aporofobia o la justificación de la supresión del adversario político, como los casos más evidentes, el gorilismo como identidad social (más incluso que política) persistente e intergeneracional, el desprecio militante por las minorías de todo signo.

* Después del triunfo contra Inglaterra, el comunicado de la AFA definía con precisión al fútbol argentino como un activo estratégico del país, que ha construido su imagen en el extranjero; en lo que los yanquis llamarían "soft power", para proyectar la cultura nacional al exterior. Como decía el comunicado, en cualquier rincón del planeta hay un chico con la camiseta de Messi como antes los había con la de Maradona, y eso no es casual: nos los hemos ganado, por un modo de sentir y expresar el fútbol como hecho cultural, que nos define como pueblo.

Valgan la imagen y el concepto para que reaccionemos igual en lo cotidiano, frente a otras manifestaciones de ese "soft power" que nos han distinguido a través del tiempo, y que éste gobierno que padecemos se viene empeñando en destruir: nuestra ciencia, nuestro cine y nuestras industrias culturales, nuestra educación y salud públicas, nuestros estándares de protección social y nuestros niveles de movilidad social ascendente y desarrollo humano que -durante décadas- estuvieron por encima de la media de un país del Tercer Mundo.

* Que el despiste de muchos intelectuales (como Varoufakis) extrapolando consecuencias disparatadas del análisis de lo que el mundial supuso sirva para comprender las causas profundas de la crisis de los progresismos y las autopercibidas izquierdas internacionales, y su incapacidad analítica; que contribuye -y en parte explica- al ascenso sin oposiciones eficaces de las derechas extremas, en tantas partes.

Sirva también para comprender los límites de incorporar las lecturas y conclusiones de los procesos políticos de otras latitudes a nuestras disputas y debates, no por una pretensión de originalidad absoluta, sino por un elemental ejercicio del pensamiento crítico autónomo, sin tutorías intelectuales de un centro que nunca reniega de su condición de tal, y nunca termina de definirnos como algo más que su simple periferia, en todos los sentidos.

La mirada de los otros importa, pero más importa aun como nos vemos a nosotros mismos y que hacemos en consecuencia, sobre todos en tiempos en que padecemos un experimento neocolonial que se empeña a diario en destruir nuestra autoestima nacional, de todos los modos posibles. 

* Se nos lanzó el brulote de racistas a partir de un acontecimiento deportivo en el que el mayor hecho simbólico de significancia política (sugestivamente omitido en muchos análisis, incluso de la intelectualidad "progre") fue una bandera que le recordaba al mundo una situación explícitamente colonial que aun persiste; y si hay cosas que históricamente fueron unidas de modo inescindible son los racismos y supremacismos biologicistas de todo tipo, y la expoliación colonial de la periferia.

Los que nos acusan a nosotros de racistas no solo lo han sido en el pasado (y desde allí construyeron sus sociedades satisfechas que juzgan con aires de superioridad moral a las insatisfechas), sino que lo siguen siendo hoy, persiguiendo migrantes y deportándolos, o recluyéndolos a campos de concentración modernos. No les concedamos la autoridad moral para enjuiciar a nadie, al menos en ese plano.

lunes, 20 de julio de 2026

"ES SOLO UN PARTIDO DE FÚTBOL"


Después del partido contra Inglaterra y en la previa de la final, la AFA salió al cruce de las críticas (frontales primero, veladas después y finalmente reculadas) del gobierno por la actitud de los jugadores de mostrar la bandera con el reclamo por Malvinas con un comunicado, del que nos interesa extraer estos dos párrafos: "Cada vez que la Selección Argentina sale a una cancha, no solo representa a una asociación deportiva. Representa a la Argentina. Lleva consigo una identidad, una historia y una forma de entender el juego que el mundo reconoce, respeta y admira.". 

"En un mundo donde la reputación también se construye desde la cultura y el deporte, el fútbol argentino dejó de ser únicamente una pasión popular. Se convirtió en un activo estratégico de la Nación. En una herramienta de integración. En una carta de presentación. En un puente que conecta a la Argentina con millones de personas alrededor del planeta. Y cada vez que la celeste y blanca vuelve a salir a la cancha, ese patrimonio colectivo vuelve a crecer",...".

El comunicado habla de la proyección internacional de la imagen argentina que genera el fútbol, pero valga para las implicancias que tiene para adentro -como uno de nuestros hechos culturales más relevantes- en la definición de nuestra identidad nacional, como se ve sobre todo en los munidales, y éste no fue la excepción. Nunca entre nosotros -menos en un mundial, menos cuando están nuestros colores en la disputa- un partido de fútbol es solamente eso: un partido de fútbol.

Por el fútbol y desde él y lo que genera pudimos ver la fuerza poderosa que genera la aifrmación de la autoestima nacional en tiempos de pensamiento colonial y -como dría Jauretche- zonceras autodenigratorias. El fútbol y esta selección nos mostraron también (en un espejo de dimensiones planetarias) de lo que somos capaces los argentinos, nuestra capacidad para superar adversidades y no rendirnos frente a ellas, el valor de lo colectivo y lo solidario frente a un tiempo cultural de exaltación de lo individual, dentro y fuera de la cancha.

Tambien nos mostró el profundo despiste del gobierno frente a todo lo popular, aquello surgido espontáneamente de la sociedad sin intervención de los algoritmos ni los dispositivos de construcción de sentido social prefabricado. Como había pasado hace poco -en otro contexto y con otro sentido- con la despedida del "Indio" Solari.

Ni que decir de la politización explícita del planeta selección con su afirmación de la causa Malvinas, frente al incomprensible y absurdo intento del gobierno de tapar el cielo con las manos, para no arruinarle a Milei su foto con Mick Jagger.

Claro que es difícil -como ha pasado antes en circunstancias similares- precisar los límites y los alcances posibles de las implicancias posibles a futuro del fenómeno que despierta el fútbol en nuestro país, en especial con la selección y en los mundiales. Y no hablamos exclusivamente de quien ha de capitalizarlo en términos políticos -algo que nuestra historia nos ha demostrado que nunca sucede, no al menos en forma lineal. Tan absurdo que hasta el gobierno de Trump les soltó la mano en la estacada.

Las proyecciones políticas y sociales a futuro del espíritu mundialista todavía están por escribirse: si la circunstancia deportiva de enfrentarnos a los ingleses en la semifinal trazó por sí misma la línea que llevaba a relacionar la disputa futbolística con Malvinas, y eso incidió -sin dudas- en el contexto social bajo el cual el Congreso se disponía a discutir la ley de extranjerización de las tierras rurales, todas las implicancias posibles derivadas de los elementos de sentido que estaban latentes y el mundial no hizo sino despertar son materia necesaria (indispensable) de la praxis política: allí todo está por escribirse, y debe hacerse si se quiere construir una propuesta superadora (no solo en términos electorales) de la vergüenza que padecemos. 

Así como los valores que puso en juego y a flor de piel el derrotero de la selección en el Mundial proyectaron mundialmente la  causa Malvinas y lograron postergar -al menos por unas semanas- la ley de tierras, hay que encontrar el modo de conectarlos con la defensa de la industria nacional, el programa nuclear, el desarrollo científico y tecnológico, los recursos naturales estratégicos, los salarios y derechos laborales y el derecho de las mayorías populares a una vida digna. 

La construcción y la afirmación de la identidad (y vaya si el fútbol tiene cosas para enseñarnos en ese aspecto) es también la construcción de la soberanía y nuestra capacidad de autodeterminación, en todos los planos; y una gran oportunidad para una praxis política que no quede anclada en la queja y la denuncia. Imaginemos por un momento cual sería  la reacción si -con base en que perdimos la final con España- alguien propusiera reemplazar a Scaloni en su cargo por un DT extranjero; y pensemos como han reaccionado frente a eso los uruguayos, los brasileños e incluso los mismos ingleses a los que nosotros dejamos afuera del partido decisivo.

¿No veríamos acaso en eso una ofensa inadmisible a nuestra identidad futbolística, nuestro modo de entender el juego y hasta la trasncendencia social y cultural que tiene el fútbol para los argentinos? Y si eso es así, ¿Por qué seguiríamos tolerando para el país lo que no admitiríamos para la selección de fútbol? 

martes, 20 de diciembre de 2022

LA DINÁMICA DE LO IMPENSADO

 

Quien hubiera pensado que el pasado martes 13, cuando Argentina despachó a Croacia 3 a 0 en la semifinal, había un 50 % de posibilidades de salir campeones del mundo.

Era inimaginable que, a lo mejor, a más tardar a eso de las tres de la tarde del domingo 18 lo éramos, y la gente iba a tener ganas de salir a la calle a festejar después de 36 años sin salir campeones, y como desahogo de tantos problemas y preocupaciones, además cerca de las fiestas de fin de año y casi en verano.    

Tampoco se podía prever que, de decretarse un feriado nacional por ese motivo, los patrones les iban a tener que pagar doble el día a sus empleados que fueran a trabajar. Si apenas está dicho en el artículo 166 de la Ley 20744 de Contrato de Trabajo, desde 1974.

No se podía prever cuando iban a llegar los jugadores y el cuerpo técnico desde Catar al país, porque es re complicado mandarle un mensaje por Whatsapp a Chiqui Tapia para averiguarlo e ir organizando todo, ponéle. 

Obviamente quien iba a suponer que para decretar un feriado había que sacar un DNU (que lleva la firma de todos los ministros) y publicarlo en el Boletín Oficial, porque no había tiempo de mandar un proyecto de ley al Congreso.

Menos se podía imaginar que, en un país federal donde cada provincia dispone sobre sus propias instituciones y la actividad administrativa y estatal está entre las facultades no delegadas al gobierno nacional, algunas no estuvieran de acuerdo con paralizar las actividades ese día. Si apenas lo dice la Constitución Nacional, desde 1853, en sus artículos 5, 120 y 121.

O no se podía avizorar que a alguien que vive en Ushuaia o La Quiaca se le complicaba dejar todo y salir de raje para Ezeiza, para ir a recibir al plantel y después festejar en el obelisco o la Casa Rosada, y luego volverse a su casa para ir a trabajar al día siguiente.

Dicho todo esto para comprender por qué nos enteramos recién ayer a eso de las siete de la tarde que hoy era feriado, y el DNU no estuvo publicado en el Boletín Oficial hasta la madrugada de hoy.

Es que como decía Dante Panzeri, el fútbol es la dinámica de lo impensado.

domingo, 18 de diciembre de 2022

BELLOS MILAGROS

 

EL PAÍS DE LOS BILARDO

 

Vaya uno a saber como terminará la cosa en un rato, cuando Argentina y Francia salten a la cancha para definir la final del mundial, pero que no se diga que los argentinos no hemos puesto todo de nuestra parte para ganar. Salvo, claro, los piedras que no aceptan que lo son y que no deben ser nombrados, precisamente porque son mufas.

Macumbas, trabajos, amarres, destrabes, el congelador o el frezzer llenos de cosas que no son comida, elaboradas estrategias de vestuario, lugares y alineaciones familiares o sociales para ver los partidos donde cada uno respeta escrupulosamente el lugar que le toca y así podríamos seguir hasta el infinito. 

Con un tribunal examinador más férreo que la Inquisición que nos va controlando paso a paso para saber si respetamos la liturgia prevista o nos apartamos de ella, poniendo en riesgo la empresa.

Porque la organización vence al tiempo, y los hombres son buenos, pero si se los vigila son mejores.

Como si todos estuviéramos poseídos por el espíritu de Bilardo y nos tocara llevarle el bidón a Branco, cumplimos escrupulosamente con la parte que nos toca, para contribuir a garantizar el éxito colectivo. Aunque eso incluya mirar el partido solos, porque sabemos que no nos aguantamos ni aguantamos a nadie durante esos 90 (o 120 y penales, Dios no permita) minutos, pero esperando ansiosos a que termine para salir a festejar con todo el mundo y abrazados con cualquiera, sin importar si es un desconocido. 

Porque como dijo Leonardo Favio, no se puede ser feliz en soledad.

Y no se trata de que desconfiemos de los jugadores de la selección o el cuerpo técnico -como nos reprochan algunos que no entienden demasiado lo que está pasando-, sino de sentir que ellos cuentan con nosotros, y no les podemos fallar. Que cada uno tiene su parte y la tiene que cumplir, porque el todo es más importante, y nos necesita a todos, cada uno haciendo lo suyo sin vedettismo, aceptando el rol que le tocó jugar con alegría. 

Porque como bien sabemos, primero está la patria, después el movimiento y por último los hombres.

Hay allí un profundo sentimiento de lo colectivo que marca que estamos tan necesitados de ser felices, como de estar incluidos, siendo parte de algo que es mucho más grande que nosotros, que viene desde antes y que nos excede.

Sentimos que todos unidos triunfaremos, y actuamos en consecuencia.

Por supuesto que tiene mucho que ver con todo esto la inmensa necesidad que tenemos de ser felices, y lo mucho que necesitamos alegrías, y si son colectivas, masivas, espontáneas y movilizadas, mejor. Además en algo como el fútbol, que tiene escala planetaria, que se mira, apasiona y disfruta en todo el mundo y en lo que los argentinos, la patria de Diego y Lionel, podemos decir con orgullo que somos grandes, que estamos -y siempre estuvimos- entre los mejores. 

Lo que demuestra que nunca pueden ir disociadas la grandeza de la patria, de la felicidad del pueblo. Y que estamos necesitando más peronismo, tanto como ganar el mundial.

domingo, 11 de diciembre de 2022

VAYAN PAYÁ, BOBOS

 

Hace 8 años atrás, cuando el mundial de fútbol se jugó en Brasil, decíamos acá: "Resulta entonces que los crispados somos nosotros, los que politizamos todo y dividimos a los argentinos; que -hasta que aparecimos- eran todos miel de diálogo, sobre hojuelas de consenso: debe haber sido entonces en otro país que un día como hoy, pero hace 59 años, bombardeaban una ciudad a cielo abierto para matar a un presidente y derrocar a un gobierno elegido por el pueblo.".

"Pero hete aquí que ahora -en el medio de la euforia colectiva del mundial- son ellos los que atizan las brasas de las conflictos para que no se apaguen, en medio de la pax social  que generan 90 minutos de fútbol, con un país entero (o casi entero) coincidiendo en un mismo deseo: ¿Cuántas cosas son capaces de lograr la casi unanimidad que despierta entre nosotros el aliento a la selección en un mundial de fútbol?".

"Y sin embargo en el medio del despliegue de gorros, banderas y vinchas están ellos, con sus interminables caras de bragueta, dispuestos a decirnos que no sólo todo está como el culo, sino que irá peor; y que no debemos dejarnos alienar por la pelota, porque sería una inmoralidad faltar a nuestro deber ciudadano de estar las 24 horas del día pendientes del Boudougate; o la enésima denuncia de corrupción.".

"En el fondo nos toman por estúpidos, como si no los conociéramos o no tuviéramos memoria sobre quienes son y lo que han hecho; o no tuviéramos en claro que un mundial de fútbol no transforma la realidad: el mundo y la vida (incluyendo a la política, al gobierno, la oposición, el país y su historia) siguen su curso; salgamos campeones, o nos volvamos en la primera vuelta.".

Como ven, nada ha cambiado desde entonces, y ellos están habiendo lo que mejor saben hacer, con el fútbol como con la política: lo que no pueden controlar y poner a su servicio (como a la selección y su cuerpo técnico), lo quieren desprestigiar y destruir. Si tienen hechos a la mano los usan, y si no los inventan, y listo.

Messi era para ellos el ídolo perfecto hasta que asumió esta versión maradoniana en la que putea rivales, encara árbitros y  hasta le reclama a la FIFA y dejó de ser -en palabras de Cristina- una mascota del poder, y ya les parece censurable, o empiezan -como hicieron con Diego- a "separar a la persona del jugador de fútbol". Y como pasó con Maradona, cuando ven que el amor del pueblo por alguien se hace grande, ellos lo tienen que pasar a odiar y combatir.

Son expertos en manipular indignaciones, broncas, resentimientos y tristezas, y cuando no los hay -en éste caso en el mundial, en un país en el que sobran por todos lados- las inventan. Aunque en la noche más oscura de nuestra historia cuando todo era tristeza, nos vendieron "la fiesta de todos". Eso son, eso fueron siempre: predicando moral con la bragueta abierta, desde los diarios que se adueñaron de la principal empresa proveedora de papel en una mesa de tortura, favor que retribuyeron con blindaje mediático a los crímenes de la dictadura.  

Claro que en el fondo el problema no son ellos -o al menos no solo ellos- sino los argentinos que los leen, escuchan y miran, y que aceptan ser formateados a diario por sus canalladas sin tamizarlas, solo porque confirman sus prejuicios previos contra la popular, en todas sus formas. Esa gente que seguramente ahora se entusiasme con el mundial, pero cuando termine los vuelvan a indultar, y se dejen convencer por ellos de lo que ya están convencidos: que éste país es una mierda, en todos los sentidos, y que no tiene remedio. 

Porque además nos quieren tristes, porque como decía Jauretche y recordó hace poco un comentarista del blog, "Nada grande se puede hacer sin alegría, nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos. Los pueblos deprimidos no vencen ni en el laboratorio ni en las disputas económicas. Por eso venimos a combatir alegremente, seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores a corto o largo plazo.".

Por eso, por más grandes que sean las dificultades y mayores las incertidumbres, no hay que darles el gusto. Y no estamos hablando de fútbol. O no al menos solamente de eso. 

viernes, 3 de marzo de 2017

SI NOS QUEDAMOS SIN IR AL MUNDIAL DE RUSIA, LA CULPA ES DE MACRI


Sobre el quilombo de la AFA, leemos en la página de TyC Sports: " La última asamblea extraordinaria de la Asociación del Fútbol Argentino tuvo como máximo punto de conflicto el artículo 87 del nuevo estatuto. Tras una moción colectiva, se había pedido a la FIFA que se modifique el organismo que determina la idoneidad para los candidatos en las elecciones, aunque esta tarde llegó un rechazo a esa iniciativa y el panorama se complica.

Mediante un comunicado oficial que llegó desde Zurich, el organismo que rige al fútbol mundial se manifestó en contra y obligó a los dirigentes de AFA a realizar una modificación en el plazo de los próximos diez días. 

En caso de que no se convoque a una Asamblea Extraordinaria para tratar los cambios en el artículo, FIFA y Conmebol tendrán la potestad de imponer una sanción, que podrá ser por el término de un mes y afectar directamente a los compromisos por Eliminatorias Sudamericanas que la Selección deberá afrontar ante Chile y Bolivia, el 23 y 28 de marzo, respectivamente. " (las negritas son nuestras)

Para que se entienda: los cambios al estatuto de la AFA deben ser aprobados por la FIFA, y entre los cambios votados en la última Asamblea de la AFA se dispuso en el artículo 87 que la "idoneidad" de los candidatos propuestos para ser presidentes del órgano rector del fútbol local debe ser evaluado por el Colegio Público de Abogados de la ciudad de Buenos Aires.

La propuesta surgió de Angelicci, el presidente de Boca y principal operador de Macri en la AFA, por una razón muy sencilla: es uno de los vicepresidentes del Colegio, y por esa razón se reservaría el derecho de decidir si los candidatos propuestos a la Asamblea son "idóneos" o no. Es decir, si le gustan a Macri, o no.

La propuesta -además de una turrada más del "Tano", a pedido de Macri- es una burrada porque -para empezar- viola la Ley 23.187 que regula las finalidades del Colegio (el de la calle Montevideo, el que apoyó todos los golpes de Estado) que están taxativamente determinadas en su artículo 20. Y entre ellas -por supuesto- no está auditar las elecciones en la AFA.

Pero además viola los estatutos de la FIFA, que por supuesto quiere reservar el derecho a decidir quienes forman parte de su exclusivo club. Y por eso la amenaza concreta de suspender a la AFA si no cumplen, convocando a una nueva Asamblea de clubes para corregir ese artículo.

Una suspensión implica que las selecciones nacionales del país suspendido no pueden jugar partidos oficiales organizados por la FIFA mientras dure, por ejemplo los de las eliminatorias al Mundial de Rusia 2018, que se deberían jugar este mismo mes.

Claro que los partidos no se suspenden: la selección argentinas perdería los puntos, que encima al equipo de Bauza no le sobran hasta acá como para clasificarse.

Es decir que si por esta cuestión nos quedamos afuera del próximo mundial, ya sabemos a quien echarle la culpa: a Mauricio Macri.

sábado, 12 de julio de 2014

AL FINAL LANATA TENÍA RAZÓN: SOMOS BANGLADESH

¿VOS DECÍS ENTONCES QUE LA FOTO NO EXISTE?


Leemos la habitual columna de Lanata en Clarín de los sábados, intentando aproximarse al fenómeno Mascherano, en el contexto de este tro fenómeno que es el fútbol.

Y más allá del brutal fallido que destaca el título del post (al fin y al cabo, la imaginación popular pone en el cinco de la selección el logro de los imposibles), es interesante como el hoy devenido sociólogo de ocasión sigue sin entender un pomo; o sin poder desviarse de su idea matriz de que éste es un país de mierda, con todos nosotros adentro incluido en la calificación.

Salvo el mismo claro, que dicho sea de paso, tiene menos fútbol que la revista Para Tí.

Dice Lanata:"El jugador de la Selección Javier Mascherano se convirtió en una especie de héroe nacional instantáneo. El vértigo con el que creció la figura del deportista hablaba con absoluta claridad de las necesidades que su figura evocaba. Ahí estaba un jugador de bajo perfil, que siempre utiliza el plural al hablar y que se mantuvo como líder natural de su grupo aunque formalmente hace meses que dejó de ser el capitán del equipo.

Es exactamente lo contrario a lo que somos, me decía Marcelo Longobardi en la radio, ayer a la mañana. ¿Es Mascherano lo que somos o lo que queremos ser? ¿El reguero de pólvora de chistes, el centimil, las miles de menciones a Mascherano en las redes sociales evocan una necesidad, o la melancólica ausencia de lo que no seremos jamás?
De pronto los argentinos, inventores de la cultura de “salvarse” con un batacazo individual, sentimos la necesidad de un equipo, del trabajo y del tiempo que se tarda en realizarlo.
Es probable que ni Mascherano sepa lo que despertó. Nos mostró lo que queremos ser. Nos enseñó que la humildad, el trabajo y el sacrificio pueden ser “negocio”. Hay demasiadas uñas mordidas como para intentar algún equilibrio: esta semana la Argentina se reconoció en un héroe poco convencional si analizamos nuestra historia.
Todos los chistes –que siguen y siguen apareciendo– nos muestran, como incorregibles que somos, pidiéndole imposibles. Pero también sintiéndolo cerca nuestro. ¿Estaremos, colectivamente, intuyendo el futuro? ¿Podremos pensar alguna vez en una Argentina de bajo perfil, con trabajo y compromiso, sin grietas y tan normal como Mascherano?".

Hace poco decía Gerardo en éste post: "Está bueno que los sueños argentos se hayan depositado en Mascherano, porque Masche no es el habilidoso que resuelve a puro ingenio una jugada; Mascherano no podría jamás realizar el gol con la mano con la artística del Diego. Pero Mascherano logra objetivos en base a una muy fina lectura estratégica del juego y una utilización exquisita de recursos físicos para llegar a tapar en todos lados. El mismo esfuerzo del docente que sale del turno mañana y en el bondi se toma un yogurt mientras viaja a la otra escuela; el mismo laburo de la flaca que llega 5 minutos tarde a retirar a los pibes de la escuela, pasa por el chino a comprar lo justo y necesario para la cena y se pone a hacer las camas antes de ponerse a descansar un rato viendo Bendita...

No es casual que los argentinos hayamos puesto en Mascherano todo lo que queremos que nos pase. En una de esas estamos aprendiendo que los objetivos no se logran sólo con genialidades y destrezas individuales sino con mucho esfuerzo personal y laburo colectivo.".

A simple vista, los dos estarían diciendo lo mismo, y sin embargo si se profundiza en la lectura no.

Porque así como Gerardo detecta en el devenir diario los miles de Mascheranos que nos rodean, Lanata plantea lo que expresa el jugador de la selección como algo tan extraño a nuestra propia forma de ser, a nuestra idiosincracia como pueblo, que casi ni parece que Masche fuera argentino.

O que es prácticamente imposible que nosotros -como pueblo, como país- logremos alguna vez ser como Mascherano. Es la pedagogía de la derrota, de la que hablábamos el otro día acá con la cita de Jauretche, del que tomamos el concepto.

Es la misma idea con la que nos enseñaron nuestra historia, con héroes inalcanzables y descarnados, que nunca podríamos imitar porque no se parecen en nada a nosotros.

La diferencia entre ambas -al menos en nuestra opinión- no es menor, porque en el otro caso la idolatría parte de la identificación de la gente común, con el personaje notorio; que demuestra en lo suyo (expuesto y replicado en todo el mundo, por lo que significa el fútbol) de lo que podemos ser capaces los argentinos.

Y la conclusión en términos de esperanza a futuro de realizaciones colectivas es diametralmente opuesta.

jueves, 10 de julio de 2014

LOS PANQUEQUES EMPIEZAN A ABRIR EL PARAGUAS


Parece que al final el fútbol sí podría "tapar la corrupción" (recordar lo dicho al respecto acá), o por lo menos sacarla de la tapa.

Vas al quiosco y te encontrás con que -al menos a juzgar por la tapa del diario- no hay más Boudou ni está más complicado, no hay recesión, ni inflación, ni despidos; ni nuevas denuncias contra funcionarios del gobierno. 

¿Cómo era aquéllo de "la realidad se puede tapar o se puede hacer tapa"?

¿Los problemas del país desaparecieron o se solucionaron? no, siguen estando ahí (los reales y concretos, y los que ellos mismos inventan y magnifican todos los días); lo que pasó es otra cosa.

Pasó que el dispositivo mediático está recalibrando la mira porque se pasaron de rosca vinculando la marcha de la selección en el mundial con la guerra santa que libran contra el gobierno, como decíamos en el post linkeado: "...se les nota el deseo de que a la selección le vaya mal en Brasil, para poder cargarle al gobierno el fracaso; como si a Sabella lo hubiera elegido Cristina, la lista de los convocados la hubiese armado Capitanich, y el esquema táctico del equipo se lo soplaran al oído al técnico los de la Cámpora.

Lo que no les impedirá subirse al carro de los festejos si la selección se trae la copa; silbando bajito para pasar desapercibidos...".

Y la selección ayer quedó a un partido de cumplir el sueño, y se prenden las alertas rojas en las redacciones y las gerencias de noticias: atrás quedó ya (muy atrás, afortunadamente) el sueño de que Argentina se volviera en primera vuelta como en el 2002, para poder cargarle la romana a Cristina y al gobierno del fracaso; vinculándolo (como que no) con el Fútbol Para Todos.

Como si cuando lo manejaban ellos, hubiéramos llenado las vitrinas de la AFA de copas del mundo. 

Se bandearon mal para el lado del caradeortismo, criticando en forma despiadada a Sabella y al equipo, o virando después (como decíamos acá) hacia el ensalzamiento exagerado de cuanto rival se les pusiera enfrente; para acto seguido bajarles el precio cuando la selección lo dejaba en el camino.

Como para ésta no les servía Lanata (que de fútbol entiende menos que Bruno Gelber) apelaron a los Bonadeo, los Souto, los Ariel Rodríguez y todos esos que podrían perfectamente jugar de nueve en la selección (a juzgar por sus comentarios sobre lo que harían ellos dentro de una cancha); pero por algún raro azar del destino eligieron trabajar en los medios y no deslumbrarnos con su magia. 

En el estado de desequilibrio emocional en el que los ha colocado el kirchnerismo, hace rato que dejaron de ser "el sentido común de los argentinos", o el "peronismo de las clases medias", como alguna vez los bautizaron; y van quedando cada vez más reducidos a la usina de formateo mental de los convencidos, ese núcleo duro (pero no minoritario, por cierto) de gente que detesta al proceso político abierto en el 2003 no tanto por sí mismo, sino en tanto ha retomado las líneas matrices de los que podríamos denominar el campo nacional y popular. 

Y a partir de los negocios que perdieron quedaron corridos del eje, y embarcados en una guerra sin tregua ni cuartel, en la que no están dispuestos a resignar ni un tranco de pollo; aun cuando deban cumplir la ley de medios y desguazarse. O precisamente a causa de eso.

Estaban en eso cuando se les cruzó el mundial, y no dudaron: se pusieron en la vereda de enfrente de la ilusión colectiva (aun de quienes no son ni por asomo oficialistas), por decisión propia; y el rodar de la pelota los dejó en ridículo.

Por eso están abriendo bruscamente el paraguas para protegerse del aguacero que les puede venir si Argentina sale campeón del mundo; que imaginan tan duro como el que ellos soñaban para el gobierno si nos volvíamos en primera vuelta.

Y están ensayando una descomunal panquequeada que, si no los pone en el medio de la eventual fiesta, al menos no los deje afuera.

Pero ya es tarde, se pasaron tanto de rosca que se les nota. Y mucho.

miércoles, 9 de julio de 2014

ESPECIAL PARA FUTBOLEROS: EL MUNDIAL VISTO POR HERMES


(*)

Este mundial de fútbol viene realmente lleno de sorpresas.

La primera de todas -por lo menos para mí- es que se haga en Brasil; o al menos eso me dijeron cuando aterricé en Suecia, ansioso por disfrutar de los partidos con las entradas que le compré al hijo de Grondona. 

"Acá se jugó el mundial, pero en 1958" me dijo muy amablemente un empleado del aeropuerto de Estocolmo; y ahí comprendí por qué -cuando estuve con él- Tabaré Vázquez me decía que estaban ilusionados con lograr otro "Maracanazo", y no un "Estocolmazo" como pensaba yo que era lo lógico.

Cuando llegué a Brasil, todo eran críticas, tanto a la organización como a los arbitrajes: la gente se quejaba de que las obras en los estadios iban lentas, y algunos se terminaron inaugurando casi al filo del comienzo del campeonato.

Me parecieron injustas, sobre todo porque no es sencillo alcanzar el nivel de rapidez que por ejemplo tuve yo en mi gestión, para construir el CEMAFE, los hospitales y la Ruta 1. Lo que no entiendo es porque siendo que el mundial es en Brasil, no contrataron a don Oscar Niemeyer para hacer los estadios, como hice yo con el Puerto de la Música. 

Otros criticaban al japonés que dirigió el primer partido de Brasil por un penal supuestamente mal cobrado; pero hay que comprenderlo al pobre hombre: con los ojos rasgados a veces es más difícil ver los detalles de cada jugada.

Otra sorpresa para mí fue la eliminación de España en primera ronda, mas cuando me dijeron que fue por culpa del arquero: me sorprende que un crack como Zubizarreta haya tenido un mal torneo, tanto como que el entrenador no haya incluido al "Divino" Zamora para reemplazarlo.

Italia también fue eliminada en la primera fase, y si bien no tengo claros los motivos, supongo que será por mala inclusión de jugadores: pude ver a un negro entre los once titulares, que claramente nada tenía que hacer allí.

En los mundiales no existen los rivales fáciles, como lo comprueba la resistencia que le hizo Irán a la Argentina: sus jugadores se negaban a entregarse, algo que parece ser una tradición en ese país; y marca a las claras otros fracaso diplomático del gobierno nacional.

Tras un flojo comienzo, el equipo argentino muestra una mejoría, como consecuencia de la maestría con que el "Polaco" Cap ha ido ensamblando las piezas, y la mejora en el rendimiento de algunos jugadores, como Brindisi, Kempes y Housemann.

También mejoramos en el comportamiento: Rattín no fue expulsado, ni se sentó en la alfombra destinada al presidente Sarney; y Maradona no volvió a meter otro gol con la mano.

A propósito de Maradona supe que la FIFA le ha prohibido ingresar a los estadios: dado que el mundial es en Brasil, es notorio el favoritismo de Havelange para facilitarle el camino a la selección de su país; y la desventaja deportiva de la Argentina, que no podrá contar con su mejor jugador.

Las tácticas de juego siguen siendo más o menos las mismas de siempre: casi todos juegan con 2 defensores y 5 delanteros. Lo que no entiendo es por qué razón los 2 defensores están más cerca del arco rival, y los 5 delanteros, del propio: debe ser para desorientar a los adversarios.

Lo otro que no comprendo es por qué razón los arqueros no agarran la pelota con las manos cuando reciben un pase atrás de un compañero, pese a estar dentro del área. Extrañamente prefieren pegarle con el pie, a riesgo de tirarla afuera o dársela a un rival. 

Ya en segunda fase Colombia fue eliminada por Brasil, a mi criterio por errores del entrenador: cuando perdían el partido 2 a 0, Maturana debió hacer ingresar al "Pibe" Valderrama; un proyecto de jugador más que interesante, según me apuntó en su momento el comisario Tognoli: "Le corresponde el ascenso al pibe ése", me decía.

Hablando de entrenadores, el holandés Rinus Michels sorprendió haciendo ingresar al arquero suplente un minuto antes de la definición por penales: hasta aquí nadie sabía que Jongbloed era un especialista en el rubro, tanto como para desplazar de su puesto a Van Der Saar.

llegaron las semifinales, y siguieron las sorpresas: en Brasil el "Lobo" Zagalo no encontró la forma de reemplazar al lesionado Tostao, y como evitar los desbordes de Beckenbauer tirando centros a la cabeza de Gerd Müller, el famoso "bombardero de la nación"; que se anotó un par de veces en la goleada.

Hoy juega Argentina, y esperemos que el mellizo Van Der Kerkoff no insista en jugar con un yeso en la mano, o en todo caso que nuestro capitán Passarella esté atento para impedírselo.

(*) Especial para Nestornautas

lunes, 7 de julio de 2014

SOBRE FÚTBOL Y ZONCERAS DE AUTODENIGRACIÓN


Los que han leído a Jauretche (en especial el "Manual de Zonceras Argentinas") probablemente estén familiarizados con lo que él llamaba "zonceras de autodenigración": sofismas construidos desde la cipayería y el colonialismo mental, que tienen por propósito bajar la autoestima nacional, proponiendo invariablemente términos de comparación de la Argentina y los argentinos con otros países, que siempre nos son desfavorables.

Hace poco Capusotto actualizó la idea en clave humorística con su personaje de Luis Solari, "el hombre que no viajó pero le contaron"; ése tipo que siempre te enrostra que en otros lados hacen las cosas mejor que acá, porque "éste es un país de mierda", precisamente la expresión que Jauretche citaba como arquetípica de ese modo de pensar.

Por estos días mundialistas estamos viendo bastante de eso en las críticas a la selección de Sabella, y en los elogios desmedidos a sus ocasionales o probables rivales, que en algunos casos rozan el ridículo: desde el sábado -por ejemplo- asistimos a la instalación del técnico de Holanda como una especie de mago o genio de la estrategia por haber hecho entrar al arquero suplente al sólo efecto de atajar en la definición por penales; algo que si lo hubiera hecho Caruso Lombardi en un partido clave por la lucha por el descenso, los mismos periodistas que endiosan al holandés lo hubieran despellejado. 

Pero claro, uno es holandés y hace "fútbol científico" (como decía Juan B. Justo de la política europea), y el otro del conurbano bonaerense; porque hay en todo esto mucho de deslumbramiento pajuerano por las luces de la "cuna de la civilización"; que viene en nuestra historia cultural de allá lejos y hace tiempo, desde nuestra propia conformación como país.

Y otro poco (bastante) de línea editorial marcada por los grupos mediáticos que perdieron la vaca atada del fútbol codificado, y rezuman bronca porque se quedaron afuera de un negocio con enorme repercusión popular como el fútbol,  nada menos que en un mundial.

Porque críticas críticas a la selección, a los jugadores al técnico y a los planteos tácticos y estratégicos hubo siempre, pero en éste caso es muy claro el contexto político en el que se dan algunas; con una indisimulada bronca porque el equipo de Sabella llegó más lejos de lo previsto (al menos por buena parte de la "cátedra"), y hasta es posible que se termine alzando con el premio mayor. 

Una actitud de caraculismo que contrasta con la euforia colectiva que despiertan los triunfos de la selección, sin distinción de clases sociales ni preferencias políticas; y una actitud ciertamente torpe en términos comunicacionales, porque es como si (en la eventualidad de que la selección ganara el mundial) le "regalaran" el triunfo al kirchnerismo; o se vieran forzados a panquequearla groseramente, volviéndose sabellistas de la primera hora.

Incluso cuando intentan recalibrar el discurso (mutando de la crítica descarnada a la selección, al elogio desmesurado de susadversarios) se exhiben demasiado, porque los argentinos de fútbol saben, y no es tan sencillo bajarles la autoestima (a veces exageradamente subida, es cierto) en una actividad (el fútbol) en la que hace más de un siglo la Argentina está en el primer mundo; incluso antes de que sus jugadores llenaran las canchas europeas.

De allí que los intentos de mostrarte al suizo Shaqiri como poco menos que la reencarnación de Cruyff, o al porrudo Fellaini como una especie de Van Basten reencarnado (muy notorios en los periodistas del multimedios, encandilados con las ligas europeas) terminan cayendo en el ridículo; por la propia evidencia que arroja el fútbol (visto por todos, gratis, en cualquier lugar del país) apenas empieza a rodar la pelota.

Y también por el respeto que los propios suizos y belgas y cualquiera que enfrente a la Argentina, sienten por la camiseta que alguna vez vistieron Di Stéfano, Kempes, Maradona o Messi; en especial cuando pisan un campo de juego y la tienen enfrente.

Valga entonces la metáfora del fútbol en estos tiempos de buitres, en los que desde algunos sectores de nuestro propio país se cuestiona una idea tan sencilla (y a la vez tan profunda) como la defensa de lo nacional, de lo nuestro, para estar atentos y que no nos quieran ver tristes; porque -como decía Jauretche- los pueblos tristes no vencen ni convencen, ni en los campos de batalla, ni en los laboratorios, ni en las disputas económicas.