LA FRASE

"EL FLIPPER DE "LOS LOCOS ADDAMS" ME LO COMPRÉ PARA ENTRENARME PARA LAS REUNIONES DE LA MESA POLÍTICA." (MANUEL ADORNI)
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martes, 9 de marzo de 2021

"EL LAWFARE NO EXISTE"

 


Siempre se supo que Lula era inocente de todos los cargos de que lo acusaban, como siempre se supo que todas las causas en su contra fueron armadas con el propósito político de sacarlo de la cancha para que no compitiera en las elecciones, restándole de ese modo posibilidades al PT, y facilitando un triunfo de la derecha en Brasil.

Lo sabía incluso hasta el propio juez Moro, cuando dijo que no tenía pruebas de su culpabilidad, sino "íntimas convicciones". 

Siempre se supo que el jueza Moro era un simple alfil de fuerzas mucho más poderosas que él, aunque eligieran presentárnoslo como un cruzado contra la corrupción, y algunos -como los medios hegemónicos brasileños y nuestros, y hasta Lorenzetti- compraron el buzón, por conveniencia propia.

Siempre se supo que todo era una payasada insostenible, y sin embargo allí están las opiniones de todos los que mostraban el "Lava Jato" como el ejemplo del modo en el que debía combatirse la corrupción, a punto tal que pedían replicar acá algunas de las barbaridades en que derivó allá, como la "ley de ficha limpia". Todavía están los proyectos en el Congreso propiciando semejante disparate.

Ahora el daño ya está hecho: Lula no fue candidato, del vacío creado luego de su proscripción emergió Bolsonaro, y lo demás es historia conocida: un experimento político fallido, que a Brasil le costó recesión y crisis económica, un manejo espantoso de la pandemia y miles de muertes evitables; si no hubieran puesto a un mandril infradotado a conducir el país más grande de América Latina.

Consecuencias que, por supuesto, nadie cargará en la cuenta del "lawfare" porque, simplemente y contra toda evidencia, siguen negando que exista.

A propósito: no saben lo hermosamente pelotudos que se ven desde acá los que sostenían eso contra viento y marea luego del alegato de Cristina en Casación por la causa del dólar futuro, hasta el instante previo en el que se supo la anulación de las condenas contra Lula.

Tuits relacionados:   

domingo, 10 de noviembre de 2019

GENTE QUE NO APRENDE


Sale Chile, entra Brasil, y listo.

Lo que no cambia son los salames que ponen como ejemplo países que después se van a la mierda, justamente por aplicar las políticas que ellos recomiendan.

Y que tampoco se enteraron que acá Macri acaba de perder las elecciones por intentar aplicar las mismas reformas que Bolsonaro en Brasil 

martes, 22 de octubre de 2019

LAS VENAS ABIERTAS


Cuando todavía no se habían apagado los ecos de la revuelta popular en Ecuador que obligó a Lenin Moreno a retroceder en el “paquetazo” de ajuste comprometido con el FMI, estalló Chile, con el disparador del aumento de las tarifas del metro (subte) de Santiago; y el gobierno de Sebastián Piñera se vio obligado a decretar el estado de excepción constitucional, y poner a las fuerzas armadas a cargo del control operacional de la represión a la protesta social, que amaga extenderse.

Chile era hasta ahora el ejemplo que los fuerzas de derecha de todo el continente ponían como el modelo a seguir: crecimiento sostenido, baja inflación, buena perfomance exportadora. Claro que en realidad lo ponían como ejemplo por la otra cara del modelo implantado por Pinochet y continuado por todos los gobiernos democráticos que lo sucedieron: Chile es el país más desigual de América Latina, y por allí hay que buscar el origen de las protestas, más que en el aumento del boleto de subte.

Cuando estalló la rebelión chilena (protagonizada en sus inicios por los estudiantes, entre los sectores más dinámicos de aquella sociedad), muchos de este lado de la cordillera se entusiasmaron y lanzaron comparaciones apresuradas, en detrimento de la (presunta) escasa combatividad del pueblo argentino y de sus organizaciones políticas y sociales, que toleraron con mansedumbre los cuatro años de depredación macrista. Lo mismo había pasado con las revueltas en Ecuador, el país que no pudo sacarse nunca de encima el corset de hierro de la dolarización, ni siquiera en el gobierno de Rafael Correa.

Sin embargo, como todo cuando se analizan procesos políticos y sociales, el entusiasmo debe matizarse: baste decir que los chilenos están hoy bajo el control operacional de las fuerzas armadas en una democracia tutelada, porque así lo establece en casos de emergencia la Constitución sancionada por Pinochet en 1980, en un apartado que las fuerzas democráticas que se alternaron en el poder desde el final del régimen dictatorial no se atrevieron a modificar; así como tampoco se atrevieron a avanzar en el juzgamiento de las gravísimas violaciones a los derecvhos humanos perpetradas por la dictadura.

O que los chilenos ponen entre los primeros lugares en su lista de quejas el régimen de las AFJP, que nosotros copiamos de ellos durante el menemismo, y que allá sobrevive aun pese al tardío, tibio y fracasado intento de reforma promovido por Michel Bachelet durante su segundo mandato; mientras acá dejó de existir por una ley sancionada en el 2008 durante el primer mandato de Cristina, conjugada con una ampliación de la cobertura previsional bajo un sistema público de reparto por las políticas inclusivas, que hoy llega al 97 % y es la más alta de América Latina.

Si bien no puede sostenerse una “comunicabilidad” de las experiencias políticas entre los distintos países del subcontinente (cada uno con sus particularidades políticas, sociales, culturales e históricas), lo cierto es que en la sociedad de masas y de la comunicación global, los procesos se retroalimentan entre sí: mientras acá algunos ponían por ejemplo la resistencia de los chilenos al modelo neoliberal que encarna Piñera (así Chile pasó de ser el ejemplo de la derecha, al sueño de la izquierda argentina), allí los que protestan les señalan a los dirigentes opositores que en Argentina votamos para que vuelva Cristina; subrayando así el vacío de representación, que está en la base de las protestas tanto como el rechazo al modelo neoliberal y sus “reformas estructurales”.

No somos ni mejores ni peores, sino simplemente distintos; y como tales, fuimos capaces de construir una alternativa política para derrotar al neoliberalismo, pero en política nada es definitivo: veamos si no lo que pasa en Bolivia, donde el modelo a nuestro juicio más serio y avanzado (respecto a la situación preexistente) de los “populismos” latinoamericanos, el del MAS de Evo Morales y Alvaro García Linera, enfrenta la perspectiva de un triunfo discutido en primera vuelta (con una oposición decidida a deslegitimarlo, a la venezolana), o un balotaje de resultado incierto, que podría desalojarlo del poder tras 14 años de permanencia. Es decir, exactamente lo que sucedió en la Argentina en el 2015, y que el domingo que viene vamos a revertir.   

A este contexto hay que sumarle la crisis institucional en Perú, donde el consenso político en sostener el neoliberalismo se conjuga con ensayos de implantar instituciones parlamentarias en un régimen presidencialista, y el debate político ha quedado reducido a la discusión sobre la corrupción; o lo que está sucediendo en Brasil, donde el impulso inicial del fascista Bolsonaro llegó hasta la imposición de la reforma laboral, pero la recesión económica ha derrumbado su popularidad, y puesto en entredicho su programa de privatizaciones y la reforma previsional “a la chilena”; generando un “empate catastrófico” porque la oposición encarnada en el PT no puede capitalizar plenamente la crisis por la prisión de Lula, pero a su vez está entrando en crisis el “Lavajato”, conforme las políticas neoliberales horadan el consenso social que se había construido en torno a la “lucha contra la corrupción”.

Un contexto en el que los instrumentos de coordinación política construidos durante la dećada de gobiernos afines de sesgo “populista” como la UNASUR o la CELAC fueron prolijamente desmantelados, para dar paso a foros que replican las directivas de política exterior de los Estados Unidos para su patio trasero, al cual han vuelto a prestar (para desgracia nuestra) preferente atención a raíz de la crisis en Venezuela. Así surgieron el Grupo de Lima y la reactivación del TIAR, llegándose incluso a considerar la opción de la intervención militar que hoy pierde terreno, al mismo tiempo que se derrite el fantasmal gobierno títere de Guaidó.  

Todo lo descripto denota una característica común: los obcecados intentos de Estados Unidos, el FMI y las élites locales de imponer el catecismo neoliberal terminan, invariablemente, en crisis económicas e inestabilidad política, y en un grave retroceso institucional y de las libertades democráticas, a menos que el propio sistema político genere sus anticuerpos en forma de alternativas electoralmente competitivas. Los efectos devastasdores del neoliberalismo (que por el contexto económico mundial tienden a profundizarse cada vez más, en menos tiempo) explican mejor que nada por que razón lo que algunos soñaron como una nueva hegemonía de derecha perdurable hoy está en crisis, aun allí donde parecía inconmovible.

Pero esas alternativas políticas a las derechas continentales tampoco están exentas del riesgo del travestismo (como pasó en Ecuador como Lenin Moreno), del intento de “entrismo” de los poderes dominantes, como va a suceder en la Argentina con el casi seguro gobierno del “Frente de Todos”, o de la tibieza paralizante a la hora de avanzar en los procesos de reforma, que puede derivar en que se ponga en riesgo su propia subsistencia en el poder frente al avance de las derechas; como podría ser el caso (ojalá que no) del Frente Amplio en el Uruguay. Lecciones todas a tener en cuenta. Tuits relacionados: 

viernes, 13 de septiembre de 2019

LA VUELTA AL MUNDO


Una de las banderas fundamentales de la campaña de "Cambiemos" en 2015 fue la necesidad de que la Argentina "volviera al mundo", y rompiera el aislamiento al que supuestamente la había condenado el kirchnerismo, "que solo mantiene relaciones fluidas con Irán y Venezuela".

"Volver al mundo" (sospechábamos por entonces, y pudimos confirmar en el gobierno de Macri) era reconectar al país con los mercados financieros internacionales por el canal de la deuda, para financiar un modelo de valorización financiera y fuga de capitales. "Mundo" eran "los mercados", y "los mercados" son Europa, Estados Unidos, Japón, y no mucho más.

La gestión de la política exterior estaría guiada -nos prometieron- por el más estricto profesionalismo, despojado de cualquier anteojera ideológica, poniendo como meta convertir al país "en el supermercado del mundo", y logrando que llegara al país "la lluvia de inversiones" atraída por la confianza que generaba el nuevo gobierno, por su sola asunción.

El fracaso en este renglón fue estrepitoso como, en general, en todos los rubros de la administración Macri que no estén directamente vinculados a la valorización financiera para la fuga, la destrucción del salario real y la precarización de la fuerza de trabajo, o la rapiña de los negocios de la runfla gobernante.

De modo que, como en todos los demás aspectos de su gobierno, en materia de política exterior y relaciones del país con el resto del mundo, Macri le dejará a su sucesor una pesada herencia, compleja para revertir. Y ahora que ya está de salida, es bueno puntualizar algunas de las aristas más controversiales de esa herencia, porque -entendemos- se proyectan con fuerza gravitante sobre el rumbo de la futura administración del país.

Para comenzar y al principio mismo de su gobierno, Macri rifó el amplísimo apoyo internacional cosechado por Cristina y Héctor Timmerman en la ONU en la pelea contra los fondos buitres, defendiendo el derecho de los Estados soberanos de reestructurar su deuda pública en condiciones compatibles con el crecimiento y la inclusión social.

Capitulando en toda la línea con Paul Singer y otros buitres similares (cuyo nómina total aun desconocemos) Macri no solo reintrodujo al país en un ciclo pernicioso de endeudamiento que condiciona seriamente su futuro, sino que sentó un pésimo precedente que dificultará gravemente en el futuro todo nuevo intento de reestructurar la gravosa deuda que deja como legado.

También nos introdujo de lleno en la lógica de las "relaciones carnales" con Estados Unidos (dando una vuelta de campana sobre su apoyo explícito a Hillary Clinton en la elección que ganó Trump), sin obtener a cambio siquiera contraprestaciones comerciales significativas: ahí están todavía el biodiésel, las exportaciones de carne, los famosos limones o los tubos de acero sin costura como los ejemplos más conocidos, pero no los únicos.

Y el alineamiento incondicional con los EEUU y sus objetivos de política exterior tuvo otras consecuencias: la lamentable posición asumida por el gobierno argentino en relación a Venezuela (convertida burdamente en tópico obsesivo de la discusión política interna) y el gobierno títere de Guaidó, y la reformulación de la doctrina de defensa nacional y el rol de las Fuerzas Armadas, para adaptarlas a la doctrina de las "nuevas amenazas" diseñada por el Comando Sur del ejército norteamericano.

A lo expuesto podríamos agregar el involucramiento en el conflicto del Oriente Medio secundando las posturas de Estados Unidos a Israel, con la absurda decisión de incluir como organización terrorista a Hezbollah, a la que ni siquiera la ONU considera así; y es una fracción política que integra el gobierno del Líbano, país con el que mantenemos relaciones diplomáticas y comerciales.

El caso Venezuela fue, a su vez, una etapa más de un proceso sostenido de destrucción de las instituciones de la integración regional como el Mercosur o la Unasur; que culminó con la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en condiciones gravosas para el país y la región, y con la descarada intromisión abierta del fascista Bolsonaro en la política interna de la Argentina, a favor de la reelección de Macri: una devolución de favores por el rápido reconocimiento del gobierno argentino al golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, y su silencio estruendoso ante la prisión de Lula, silencio que se reitera ahora, en la agresión contra Bachelet reivindicando a la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Macri también cargará con el dudoso honor de ser el que (contrariando el mandato constitucional) abandonó la causa Malvinas y el reclamo de soberanía, para entablar también "relaciones carnales" a cambio de nada con el Reino Unido, al que incluso llegó a darle injerencia en los procesos de reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, en otra bochornosa claudicación de soberanía; completada más tarde con adjudicaciones de áreas petroleras a compañías británicas, en el Mar Argentino.

Lejos de la sobriedad y el profesionalismo prometidos en campaña, y por el contrario, alineados bajo los más estrictos parámetros ideológicos de alineamiento con las directrices de política exterior de los Estados Unidos, el gobierno de Macri no dejó chapucería internacional por hacer, incluyendo roces con China y Rusia, cuyas inversiones e intereses en el país cuestionó por el solo hecho de haberse gestado durante el kirchnerismo; para acto seguido salir a mendigarles apoyo financiero, cuando fracasaron todas su otras alternativas.

Y para concluir, pero no menos importante: Macri también será recordado como el presidente que trajo de nuevo al FMI al país, embarcándonos en el préstamo más grande de nuestra historia y de la de ellos, estructurado como un gigantesco y desembozado aporte de campaña a su reelección, objetivo en el que también ha fracasado; legando para el futuro no solo la deuda de 57.000 millones de dólares que deberá afrontar el próximo gobierno, sino su reinstalada capacidad de injerencia en el diseño de nuestra política económica, con todo lo que eso significa.

Encima coronó el fracaso con un default en ciernes que convierte a su gobierno (y al país con él) en un paria a los ojos de aquellos a los que dirigió todos sus esfuerzos de seducción: en meses después de que las calificadores de riesgo le dieran la distinción de considerar a la Argentina como "mercado emergente", el mismo sistema de "validación de calidad" calificó a la deuda argentina en "default selectivo" primero, para quitarle la condición de "emergente" después. Mejor imagen gráfica de su rotundo fracaso, medido en sus propios términos de éxito, imposible de conseguir.

sábado, 3 de noviembre de 2018

EFECTO BOLSONARO


El triunfo de Bolsonaro en Brasil supuso una interpelación a las fuerzas políticas populares para interpretar las razones por las cuales millones de personas se inclinan por una propuesta política de esa naturaleza; incluidos entre ellos los sectores socialmente más desprotegidos.

Si bien un análisis más fino de los resultados de la elección brasileña arroja que el voto tuvo un marcado corte de clase, no se puede desconocer que parte de los sectores populares acompañaron la propuesta del candidato de la ultra derecha, como ha sucedido en otras ocasiones.

Negarlo sería de necios, e impone tener respuesta en términos de discurso y propuesta política para cuestiones que desde las fuerzas progresistas se suelen esquivar, como la inseguridad; un drama real para muchos de los sectores más desfavorecidos de la sociedad y que reclama respuestas concretas ahora, sin apelar al remanido discurso de que la solución de fondo pasa por la educación y las políticas de inclusión social, aunque sea cierto.

Por supuesto que una propuesta de raigambre popular sobre la problemática de la inseguridad requiere también una definición sobre el rol de las fuerzas de seguridad, que son el brazo ejecutor del Estado para llevarlas a cabo; y que en un gobierno democrático deben cumplir su rol sin avasallar los derechos y garantías constitucionales. Pero es legítimo que los ciudadanos le exijan al Estado que les garantice su seguridad.

El “bolsonarazo” supone también un llamado de atención para las fuerzas populares respecto de cómo se articulan ciertas demandas “de tercera generación” (los derechos de las minorías sexuales, la legalización del aborto o la separación de la iglesia del Estado) con el contexto político en el que deben plantearse, en especial cuando hay demandas más elementales que no están plenamente satisfechas (en algunos casos por fallas propias, cuando les tocó gobernar), o derechos básicos que están amenazados por las políticas neoliberales de ajuste.

Pero también el triunfo de Bolsonaro llevaba implícito el riesgo de que lo intentara capitalizar el berretismo político local de la manera más ramplona, y no falló: desde Massa a Olmedo pasando por Pichetto, todos quieren ser el Bolsonaro criollo, o capitalizar ese voto “facho” (por ponerle una etiqueta que facilite la comprensión); agitando por ejemplo el fantasma de la xenofobia para focalizar en los extranjeros la responsabilidad de todas las desgracias nacionales.

Pero por malo que parezca eso, no es lo peor que puede pasar al respecto: mucho más grave es que ese mismo discurso sobre los inmigrantes (sustentado además en datos falsos) sea usado por Macri, o que Patricia Bullrich diga las barbaridades que dice sobre la portación de armas por los ciudadanos que se pueden ver en el video de apertura; porque los dos gobiernan y en consecuencia tienen responsabilidades institucionales que honrar.

No se nos escapa que pedirles que las cumplan y se adapten a los cánones mínimos de un Estado democrático es pedirle peras al olmo, cuando los dos vienen -por ejemplo- de encomiar públicamente a un policía que ejecutó a alguien por la espalda y en el piso, cuyo procesamiento acaba de ser confirmado por la Corte Suprema de Justicia.

Justamente por eso la responsabilidad política de las fuerzas populares es mayor, y la necesidad de comprender fenómenos como el de Bolsonaro y articular propuestas políticas frente a ellos, no las puede llevar al extremo de “comerse al caníbal”, y parecerse a los monstruos para ganarles captando el voto dispuesto a refrendar propuestas extremas y antidemocráticas.

El desafío es mayúsculo, porque al mismo tiempo se requiere mucha inteligencia para, sin dejar de atender a estas cuestiones, no pisar el palito y prenderse en discusiones inconducentes, permitiendo así que se corra el eje de la discusión de las otras cuestiones más acuciantes que preocupan cotidianamente a los argentinos. Video relacionado para distender un poco: