LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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jueves, 9 de julio de 2026

PARA PODER SEGUIR HAY QUE EMPEZAR TODO DE NUEVO

 

Poco más de un año después de haber asumido la presidencia en su primer gobierno, Perón se trasladó el 9 de Julio de 1947 a la casa histórica de Tucumán para declarar la independencia económica del país, que ese día conmemoraba -como hoy- el aniversario de su independencia política. 

El acta firmada entonces fue leída en la ceremonia por el ministro del Interior Bolenghi, y señalaba en sus párrafos más salientes: "En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a los nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete, en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la declaración de la independencia política, sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la Nación, en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras, para reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de las que en el país pudieran estar a ellos vinculados.".

"A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías económicas mundiales o de las naciones comprometidas con aquéllas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo -así como decidido- voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente Preámbulo: 

Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando a la Divina Providencia, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos y gobierno propio y las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder de darse las formas que exijan la justicia y la economía universal en defensa de la solidaridad humana.".

Con palabras que duelen leídas desde este presente de ignominia, se expresaban con rotunda claridad los términos del dilema: una nación no puede ser realmente independiente aunwur ostente el status jurídico de tal y los símbolos visibles que así la identifican si no controla por sí y bajo sus propios términos su economía, sus recursos naturales y humanos, su territorio y todos los elementos que pueden contribuir -en los términos que siempre lo planteó el peronismo desde sus orígenes- a la grandeza de la patria y a la felicidad de su pueblo.

Como decíamos hace poco en ésta entrada, "Siempre existió una parte (la mayoría quizás) de nuestras élites dominantes que no concibieron otro destino para el país que la subordinación al extranjero, como condición de posibilidad excluyente de su progreso, entendido como ellos lo entienden: la prosperidad de su clase, y la tutela de sus intereses, aun a costa (o precisamente como consecuencia de ello) del saqueo de la riqueza nacional, y el empobrecimiento de sus habitantes.". En contraste, en la declaración de la independencia económica un día como hoy hace 79 años y en Tucumán, Perón y el peronismo expresaban el rechazo de la mayoría del pueblo argentino al proyecto de esas élites, que había llegado a los extremos de vergüenza que le valieron a la época precedente a su llegada al poder, de "Década Infame".

Un proceso parecido -si no igual- al que nos toca vivir hoy, porque estamos en presencia de los mismos elementos que nos llevaron a él: la avaricia de nuestras élites -tan grande como su falta de visión estratégica para aportar al destino nacional-, la crisis del sistema de representación política y el apetito irrefrenable del imperialismo y los poderes económicos a los que sirve por nuestras riquezas, aprovechando ambas circunstancias.

Sumidos como están la inmensa mayoría de los argentinos en las preocupaciones de la existencia cotidiana, pareciera que no alcanzan a tomar cabal dimensión de la gravedad de la hora, de la profundidad del peligro, de la velocidad del daño que se infringe a diario y como éste condiciona nuestro futuro y el de las futuras generaciones de compatriotas.

Porque no se trata simplemente del pillaje más o menos organizado de los recursos naturales o bienes públicos como las empresas del Estado que son patrimonio público de los argentinos construido por generaciones. Tampoco solamente de amputarle al país sus posibilidades de desarrollo científico, tecnológico, industrial o humano, sino que es algo mucho más profundo. Tanto que va más allá incluso del dilema (y el peligro) que vio Perón: que la falta de independencia económica condicionara la independencia política, o la convirtiera en algo formal y carente de contenido. 

Asistimos a un experimento en el que se trata incluso de poner en entredicho los atributos elementales de la independencia y la soberanía de un país (como su territorio, sus fuerzas armadas o su política exterior), poniéndolos bajo el control y las directivas del extranjero; asumiendo en los hechos el rol de una colonia o un protectorado. Lo que nos coloca en la situación de que para poder seguir siendo una nación independiente (y que se reivindique como tal) hay que empezarlo todo de nuevo.

jueves, 9 de julio de 2020

MÁS NECESARIA QUE NUNCA



"RESEÑA 

Estas páginas contienen la esencia misma de la nacionalidad. Son impulsos de un renacimiento surgido de la propia grandeza de la patria libre proyectada hacia un porvenir digno de su magnitud. Son credo de Independencia; tienen pureza de cuna ideal y dicen con la misma fe los principios que la mostraron a la faz de la tierra como una fuerte y poderosa Nación. En las actas de 1816 cimentóse nuestra historia que luego fue escrita con la diafanidad de un pueblo soberano y heroico; en la Declaración de ahora se firma el futuro de su gloria, de su destino y que tienen en sus propias fuentes la realidad de su visión de ayer, de hoy y de siempre. 

Juan Domingo Perón Presidente de la Nación 

ACTA DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA 

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete; en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la Declaración de la Independencia política, sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas, reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la Nación en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras pare refirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados. 

A tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la Nación, comprometen las energías de su patriotismo, y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política económica, para que en el campo del comercio internacional, tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos del trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y porvenir. Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen, puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar mas altos que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que pueden anotarse en el presente. 

Por ello, refirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes. Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcances no conocidos y pueden ser superadas por la acción y trabajo del pueblo de la república. El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden conjuntamente con aquellos. La cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleo mundiales de las energías. 

A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías económicas mundiales, o de las nacionales comprometidas con aquellas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo, así como decidido voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente: 

PREÁMBULO 

Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando la Divina Providencia, en el nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión, los pueblos y los gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. 

La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana. Así lo declaran y ratifican ante el pueblo y gobierno de la nación, el gobierno y pueblo aquí representados, comprometiéndose, uno y otro, al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas y honor. 

Comuníquese a la Nación y en obsequio del respeto que se debe a los demás Estados, detállense en un manifiesto y acta las fuentes determinantes de esta solemne declaración, dada en la Sala de Sesiones del Congreso de las Provincias Unidas, donde en mil ochocientos dieciséis se proclamara la independencia de la República y refrendada por los representantes del pueblo y gobierno argentinos aquí reunidos."

(Tuit relacionado): 

martes, 9 de julio de 2019

TUIT RELACIONADO


(Relacionado con este post)

POR OTRA INDEPENDENCIA


Hace exactamente tres años atrás, cuando celebrábamos el bicentenario de la declaración de la independencia y Macri nos prodigaba aquel histórico papelón del "querido rey", decíamos en esta entrada: "Hoy hay quiénes insisten en reducir la cuestión de la independencia a una formalidad jurídica, cada vez más vaciada de contenido y reducida a las exterioridades (el himno, la bandera); o una idea anticuada por la que no tiene sentido pelear, en un mundo "globalizado". 

Otros -en cambio- suponemos que es un punto de partida y no de llegada, por el cual a esa declaración formal hay que llenarla de contenidos concretos en lo político, económico y social, todos los días; para afuera (en la relación del país con el mundo) y para adentro, en la capacidad de ese mismo país de incluir a la mayor parte de sus habitantes. "

Tres años después, impresiona ver como el gobierno de Macri vino socavando en los hechos el contenido y los alcances concretos de nuestra independencia política, desde el acuerdo Duncan-Foradori por el que resigna el reclamo soberano por Malvinas a cambio de la presunta "lluvia de inversiones", hasta el acuerdo con el FMI por el cual el país ha visto intervenida su política económica, y no puede decidir por sí mismo; aun cuando el manual de recetas del Fondo coincida en un todo con el credo de la banda gobernante. 

Que decir del modo en que sus políticas han desintegrado la cohesión social, profundizando la verdadera grieta, la de la injusticia social y la distribución equitativa del ingreso.

Que decir, también, del alineamiento incondicional con las directivas de la política exterior de los Estados Unidos y su Departamento de Estado, de lo que se siguió que cumpliéramos el lamentable papel de fuerzas cipayas coloniales en la ofensiva contra el gobierno de Venezuela; pero que al mismo tiempo le sirvió al gobierno para legitimar el retorno velado de la doctrina de la seguridad nacional, alentando institucionalmente la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad interior, bajo la doctrina de las "amenazas múltiples" del Comando Sur del ejército norteamericano.

Por estos días la entrega de otro jirón de nuestra independencia real toma la forma de acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, en el cual el país entrega su industria y su mercado interno en el altar de los negocios (magros en el intercambio, pero negocios al fin) de nuestra oligarquía agropecuaria diversificada; como en la Década Infame y los tiempos del pacto Roca-Runciman.

Antes, y respondiendo siempre a la presión de los intereses extranjeros y de los negocios de sus aliados internos, el macrismo resignó el plan satelital y el plan nuclear, capituló ante la usura internacional arreglando con los fondos buitres, resignó soberanía jurídica en la emisión de nueva deuda y en la sanción del oprobioso régimen de los "contratos de participación pública privada"; y el Estado argentino ya casi no defiende en los tribunales decisiones de política soberana que tomaron algunos de sus gobiernos, como las expropiaciones de YPF o Aerolíneas Argentinas, por no decir que sus políticas van en desmedro de los intereses de esas empresas, y del país en definitiva.

"Política de cielos abiertos" en materia aeronáutica, promesas de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, destrucción concienzuda y deliberada del proceso de integración regional, abdicación de toda potestad regulatoria del mercado financiero para poder ser admitido como "mercado emergente" o ingresar a la OCDE, en fin; en su afán de "reintegrarnos al mundo" el macrismo no se ha ahorrado ningún sacrificio de la independencia declarada en Tucumán hace 203 años, que le resulta en definitivas un escollo molesto para concretar sus planes.

El gobierno de los CEO's se siente como suponía Macri que estaban los congresales de 1816: angustiado por tener que conducir un país formalmente independiente, y no integrado definitivamente, con armas y bagajes, al dominio pleno de los poderosos de la tierra. Lo peor es que muchos argentinos se sienten así, y aun sostienen que no debimos haber rechazado a los ingleses cuando vinieron a invadirnos, porque nos hubiera ido mucho mejor.

Después de haber nacionalizado el Banco Central y los depósitos bancarios, el comercio exterior y haber creado el IAPI, repatriado la deuda externa y nacionalizado los servicios públicos, crear la flota mercante y tomar el control de los seguros y reaseguros, Perón declaraba en Tucumán el 9 de Julio de 1947 la independencia económica. Y con la clarividencia política de siempre, había señalado antes que si de un país le daban a controlar el Banco Central, él les regalaba el ejército y la escuadra de guerra. porque a ese país lo manejaba él: que lejos estamos de eso, hoy.

Pero precisamente por eso, en otro contexto, con otras dificultades y con una relación de fuerzas descomunalmente adversa, el desafío electoral que está a las puertas es una apelación a generar en los argentinos la conciencia de la necesidad de un profundo cambio de rumbo, una empresa no solo de reparación social de los estragos del macrismo, sino de recuperación nacional de nuestra independencia real, objetiva y concreta; más allá de los símbolos patrios o las exterioridades de un Estado formalmente soberano. En agosto y en octubre tenemos que ir, también, por una segunda y definitiva independencia.

sábado, 9 de julio de 2016

SEMEJANZAS Y CONTRASTES


En 1816 se le daba forma jurídica explícita a algo (la independencia política) que estaba en la dinámica de los hechos desde mayo de 1810, aunque no todos estuvieran convencidos de dar el paso que se demoraba ya seis largos años. Algunos (como San Martín) forzaban la decisión, creyendo que no se podía dilatar más, y que era un sin sentido pelear con las armas contra el rey y sus ejércitos, sin dejar de formar parte de sus dominios.

Hoy hay quiénes insisten en reducir la cuestión de la independencia a una formalidad jurídica, cada vez más vaciada de contenido y reducida a las exterioridades (el himno, la bandera); o una idea anticuada por la que no tiene sentido pelear, en un mundo "globalizado".

Otros -en cambio- suponemos que es un punto de partida y no de llegada, por el cual a esa declaración formal hay que llenarla de contenidos concretos en lo político, económico y social, todos los días; para afuera (en la relación del país con el mundo) y para adentro, en la capacidad de ese mismo país de incluir a la mayor parte de sus habitantes.

Apenas declarada la independencia aquél 9 de julio, hubo quienes en el seno mismo del Congreso planteaban reducirla a una mera declaración, buscando el protectorado de algún Estado extranjero contra las previsibles represalias de España, de allí que apenas 10 días después -para despejar las suspicacias- se agregara al acta de la declaración el famoso "y de toda otra dominación extranjera"; para sortear aquéllo de Moreno de "mudar de tiranos, sin destruir la tiranía". 

200 años después, hay quienes siguen pensando que el mejor modo de ejercer nuestra independencia es "integrarnos al mundo", poniéndonos a la sombra de los "países serios" y sus alianza e iniciativas estratégicas como los TTP o la Alianza del Pacífico, o los acuerdos de libre comercio; aunque para eso haya que ir dejando jirones de esa misma independencia en el camino. 

Por suerte, también siguen existiendo los que piensan -como pensaba San Martín- que la independencia es una cosa demasiado seria como para confiarla a otros que no seamos nosotros mismos, peleando por ella si es necesario

El acta de aquél 9 de julio nos declaraba "libres e independientes del rey de España, los Borbones, sus sucesores y metrópoli". Hoy para celebrar el bicentenario de aquél hecho Macri invita al rey Borbón ñoqui de la metrópoli, y su ministro Prat Gay viaja a España para pedirle disculpas en nombre de los argentinos a las empresas metropolitanas; por haberles sacado lo que era nuestro. 

No deja de ser una suerte que no hayan llegado antes al gobierno, o seguiríamos siendo colonia de España con todas de la ley; porque habrían dado marcha atrás con la independencia, atribuyéndola a "la pesada herencia recibida del Congreso de Tucumán".

El Congreso de 1816 sesionó bajo el temor de una invasión armada de España que entrara por la quebrada de Humahuaca, y para ganarse el apoyo de las provincias del Alto Perú, Belgrano propuso una monarquía coronando a un rey inca; porque ellos eran los legítimos dueños de estas tierras, que les fueron usurpadas por los españoles. 

A los congresales y a nuestro territorio los defendían con sus propia sangre Güemes y otros patriotas como Juana Azurduy, mujer y medio chola. 

En la víspera del bicentenario Macri vuelve de su gira por "el mundo" mendigando inversiones (la moderna forma del protectorado de 1816) tras haber calificado de "usurpadores" a trabajadores que defienden su fuente de trabajo. Entra por la quebrada de Humahuaca, y se reúne con Gerardo Morales, que gobierna Jujuy como un virrey o encomendero español; y tiene presa a Milagro Sala por mujer, negra e india. 

Antes de irse de gira en busca de inversiones extranjeras (es decir extranjeros que pongan algo, para llevarse mucho), Macri modificó por decreto la ley de tierras, para que a los extranjeros les resulte más fácil quedarse con buena parte de nuestro territorio, sin necesidad de pelear.

La Santa Sede no reconoció nuestra independencia en 1816, porque la consideraba una violación de los derechos del rey, puesto en su trono por Dios mismo. Hoy el Papa es argentino, y les manda una carta a los obispos diciendo "la patria no se vende", cuando el presidente por decreto y hace pocos días dijo que -al menos una parte de ella- sí se puede vender a los extranjeros.  

Unos años antes de la revolución y la declaración de la independencia los Borbones españoles mandaron a talar y sacar los olivares y viñas del virreinato, porque competían con los aceites y vinos de España.

Ahora días antes de los festejos del bicentenario, Macri mandó a vaciar de naranjas los árboles de San Miguel de Tucumán, por temor a que las usaran como proyectiles en su contra, y del Borbón emérito.