LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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miércoles, 8 de abril de 2020

Y NO HAY NINGÚN POLÍTICO


Bueno, ponéle uno, en el puesto 40: Pierri, el ex presidente de la Cámara de Diputados durante el menemismo. El resto son todos empresarios, que integran la lista de los 50 argentinos más ricos según la revista Forbes, que midió sus patrimonios en dólares.

Y como pueden ver, no figuran ni Lázaro Báez, ni Cristóbal López, ni Cristina ni ningún miembro de la familia Kirchner: por el contrario, está casi toda la comisión directiva de la AEA, o buena parte de la cúpula de la UIA.

Claro, como no son políticos nadie (o casi nadie) les echó la culpa de nada, ni salió a cacerolear en medio de la pandemia para pedir que les rebajen los sueldos. Por el contrario, se diría que los cacerolazos fueron, de un modo directo o indirecto, a favor de ellos: para que sigan pasando desapercibidos, y levantándola con pala.

Si buscás la lista de los que se vieron beneficiadas al final de la dictadura con los seguros de cambio y la estatización de las deudas privadas hecha por Cavallo y Melconián, seguro que están ellos.

Lo mismo si mirás la lista de los que fugaron dólares del país antes del corralito, y los que se beneficiaron después con la pesificación asimétrica. Y los que el año pasado armaron el grupo de Whatsapp para pedir la reelección de Macri.

Si los cruzás con las listas de los Panamá Paper's o con las 4040 cuentas no declaradas del HSBC, te da Alcoyana Alcoyana: deben coincidir como dos gotas de agua.

Estos mismos nombres, con sus más y sus menos, deben figurar en las privatizaciones del menemismo, quedándose con el patrimonio público por monedas; o en todos los blanqueos de capitales que hubo en el país. Ni hablar en el último, en el que les permitieron -por primera y única vez- dejar la guita blanqueada afuera, y no traerla al país.

Buena parte (si no toda) de la guita que falta en los hospitales o las escuelas, en las rutas, está en esos patrimonios, construidos a través de años de evadir impuestos, hacer lobby para pagar menos, fugar capitales, triangular operaciones a paraísos fiscales, armar sociedades pantalla, sobre facturar importaciones para poder comprar dólares, o subfacturar exportaciones para encanutarlos.

No hay prácticamente un delito económico o maniobra que roce con lo ilegal en la que alguno de ellos no esté prendido. Eso sí: nunca se privan de despotricar contra la corrupción, pedir "reglas de juego claras y estables", y "respeto por las instituciones". Y por supuesto, rebaja de impuestos y flexibilización de las leyes laborales.

Cosa de generar más excedentes de los que apropiarse para incrementar su fortuna, fugarla y ponerla a buen resguardo, de preferencia fuera del país. Cuando te preguntes quienes y como tienen que pagar la crisis, en esa lista tenés buena parte de la respuesta: ellos, con la suya, pagando impuestos, como debe ser.

No hay muchos misterios, aunque se esfuercen por lograr que hablemos de cualquier cosa menos de ellos, de la que hicieron, como la hicieron o donde la tienen. Se sabe, tarde o temprano. La cuestión es que se hace al respecto.

Es cuestión de animarse e ir por ellos, nomás. Si no es ahora, si no es en medio de todo este quilombo, si no es justo cuando hasta en los países que ellos llamarían "serios" lo están haciendo o pensando, ¿cuándo va a ser, cuando pase el miedo al abandono del mercado, cuando la clase media vuelva a quejarse del Estado y en lugar de aplaudir a los trabajadores públicos quiera atropellarlos con el auto porque cortan una calle?  

Defensores no les van a faltar, es cierto; ni en los balcones porteños, ni en los medios, ni en el Congreso: por sobres, por negocios o simplemente por boludos, les sobran.

Pero tampoco van a faltar los que acompañen si nos decidimos, de una buena vez, a hacer un acto de mínima justicia. Nada de "solidaridad", ni pedir "comprensión" de la situación: justicia. Que el que más tiene, más pague. ¿O eso va a ser simplemente una frase hecha de campaña, que hasta los del PRO dicen, llegado el caso?   

domingo, 9 de diciembre de 2018

CÍRCULOS


Desde que comenzó la causa de la fotocopia de los cuadernos flota en el ambiente la duda respecto a quiénes fueron sus reales impulsores, y cual es el rol que juegan Macri y el gobierno en torno a ella. Como los objetivos iniciales fueron Cristina, el kirchnerismo y los ex funcionarios de sus gobiernos, parecían no existir mayores problemas para concluir que se trataba de una operación motorizada por el aparato mediático-judicial-de inteligencia del gobierno; para sacar de la cancha a la principal oposición política, o embarrarla de un modo tal que no pueda recuperarse electoralmente del daño inflingido.

Sin embargo, los arietes empleados (ex agentes de inteligencia, Bonadío, Stornelli, el diario La Nación y sus periodistas con vínculos con la embajada) sembraban el interrogante: se trataba de elementos que, si bien están vinculados al macrismo  o son funcionales a sus planes, reportan  a otros poderes y líneas de mando, incluso antes de que el experimento amarillo hiciera sus primeros pasos en política.

Cuando el dúo de juez y fiscal comenzaron a cerrar "acuerdos de colaboración" con los empresarios "arrepentidos" luego de que estos desfilaran por tribunales, y comenzaron a sonar nombres pesados con la perspectiva de terminar procesados o presos (Betnaza, Roggio, Paolo Rocca), la cosa pasó de castaño a oscuro; y empezó a parecer más claro -en nuestra opinión- que la mano venía por otro lado, y que en todo caso Macri y el gobierno trataron de capitalizar políticamente una cirscunstancia que no generaron; y que está por verse si pueden controlar.

Con el procesamiento y pedido de detención de Paolo Rocca (cuya estatura y peso como empresario es varias veces superior a la del propio Macri), parece quedar claro que operan en el caso fuerzas muy por fuera del control del presidente, en un proceso parecido al del "Lavajato" brasileño que sirvió para destruir la reputación (y el valor en bolsa) de grandes empresas como Odebrecht, JBS o Petrobras; y ponerlas a tiro de ganga de compradores extranjeros, básicamente, norteamericanos: no debe sorprender que los instrumentos judiciales utilizados en cada caso para la operación (el juez Moro allá, el impresentable Bonadío acá) sean personajes con fuertes vínculos con las embajadas yanquis en sus respectivos países, y con el sistema político, judicial y de inteligencia de los Estados Unidos. 

Por supuesto que la ofensiva tendiente a favorecer la "barata" de empresas que les pueden interesar a los capitales estadounidenses coincide con los objetivos geopolíticos y estratégicos de su gobierno  para debilitar (prácticas de "lawfare" mediante) a fuerzas denominadas "populistas"; que suponen que, llegadas al gobierno, gobernarían en sentido contrario a sus intereses, o díscolas a sus mandatos: la coincidencia no es casual, sino que por el contrario, es una constante de la política exterior de los EUU, durante décadas.

Pero hay otro costado del asunto, reforzado ahora por ejemplo por el procesamiento del banquero Jorge Brito en la causa Ciccone, y son las reacciones en el "círculo rojo" local ante la implicación de algunos de sus miembros conspicuos en el "Mani puliti" criollo: esta nota de La Política Online da cuenta de eso; y de los rezongos de la cúpula del empresariado local contra Macri y el gobierno, porque suponen que están detrás de las últimas decisiones judiciales que involucran a algunos popes del sector, como Rocca o Brito: le achacan a Macri que por lograr el rédito electoral de aparecer como combatiendo la corrupción "sin miramientos", está generando un clima de incertidumbre que agrava las dificultades para captar inversiones, y contribuye a destruir el valor de las empresas.

Como siempre, su cortedad de miras es proverbial: sin cuestionar que efectivamente al gobierno le convenga mostrarse como el abanderado de la lucha contra la corrupción (que le crean y le sirva electoralmente, es otra cosa), y sin negar tampoco que en los mercados el ruido judicial en torno a ciertos empresarios incide en la pérdida de valor de sus empresas (al fin y al cabo esa es la finalidad que se persigue con todo esto), eso puede ser cierto en el exterior, donde existen otro tipo de regulaciones; que al menos en los papeles formales deben cumplirse.

En el país, la explicación que ensaya el "círculo rojo" es sencilla y como tal, insuficiente, pero tranquilizadora: les evita tener que admitir que apoyaron un modelo económico que cada vez que se ha ensayado en el país (y ésta no es la excepción) termina yendo en contra de sus propios intereses de mediano y largo plazo, aunque en la coyuntura los favorezca, o genere la expectativa de que lo hará. Luis Pagani, de Arcor, por solo citar un ejemplo, no está siquiera mencionado en la causa de la fotocopia de los cuadernos; pero su empresa presenta por primer vez en su historia números en rojo, como resultado del combo de malas decisiones propias (alentadas por el gobierno, como endeudarse en dólares), y una política económica que deprime el consumo de sus productos (por el hachazo al salario), mientras le aumenta los costos de producción (por los tarifazos y el costo del financiamiento).

Para ponerlo sencillo: explicar un proceso que ha pasado de la fase de la guerra al salario y el empleo, a la de destrucción del capital y el valor de las empresas no es posible simplemente apelando a la idea de que Macri (habilitando la "cruzada contra la corrupción") ha traicionado a su clase; cuando es notorio que ha tratado de favorecerla desde el primer día de su gobierno, en todas y cada una de las medidas que ha tomado, o propuesto.

Más complejo (pero más real en cambio) es hacerse cargo de otra deserción histórica de nuestra élite a lo que se supone debió ser alguna forma de compromiso con el país y su desarrollo, con una mirada que -yendo más allá del propio ombligo- comprendiera que la vieja receta de maximizar ganancias extraordinarias a través de brutales cambios en los precios relativos (entre ellos y en primer lugar, el salario) para valorizarlas financieramente y fugarlas, no es sustentable ni en el mediano ni en el largo plazo.

Ahora, cuando la propia dinámica de funcionamiento de ese modelo se está llevando puestas a muchas de sus empresas, podría ser demasiado tarde para lágrimas; y lo mismo cabe para la ofensiva promovida desde el exterior para comprarlas por monedas: al fin y al cabo, ellos mismos aplaudieron fervorosamente que con la llegada de uno de los suyos al poder, "volviéramos al mundo". 

Bueno, así funciona ese mundo al que volvimos. Y en todo caso, no pocos de ellos cuestionan el precio (vil) al que podrían verse forzados a vender; porque abundan los ejemplos en nuestra fallida burguesía nacional de los que vendieron, fugaron y listo, si te he visto no me acuerdo, como cuenta acá Artemio.

lunes, 19 de noviembre de 2018

NI ACERO NI CARAMELOS



Es difícil de creer que Arcor, una de las más grandes empresas argentinas y con presencia en otros países, termine defaulteando su deuda corporativa, o no consiga reestructurarla. Tiene suficientes espaldas financieras como para sortear vencimientos, aunque sea en dólares.

Tampoco un balance en rojo-como el que acaba de presentar- los va a tumbar, aunque sea algo novedoso para ellos: sería la primera vez, en 70 años de trayectoria.

Pero endeudamiento en dólares aparte, lo que está estrechando sus habitualmente abultados números es -aun en un contexto de elevada inflación, en especial en materia de alimentos- un descomunal derrumbe del consumo, como consecuencia de las políticas económicas del gobierno de Macri: un 71 % de sus ingresos por facturación por ventas provienen del consumo de sus productos (en especial la línea de golosinas y galletitas) en el mercado interno.

Y cuando la gente hace malabares para llegar a fin de mes, o para pagar las boletas del gas o la luz, no hace falta ser un premio Nobel en Economía para darse cuenta que empieza a restringir otros gastos, por ejemplo los de las cosas que suele vender la empresa de Pagani. También, por supuesto, los tarifazos de luz y gas y la suba de las tasas de interés (que complica la cadena de pagos aun de las empresas de su tamaño) hicieron lo suyo para que el balance terminara en rojo. 

Todos elementos subyacentes a un modelo económico que apoyaron fervientemente, aunque ahora se quieran despegar; tal como les pasó antes con Cavallo, al que financiaron desde la Fundación Mediterránea.

Acaso al señor Pagani le harían falta menos documentos de la AEA y del Foro de Convergencia Empresarial reclamando por una economía de mercado con menos presencia del Estado, o menos Coloquios de IDEA en los que reclamar reformas laborales flexibilizadoras, y más charlas con el contador de la empresa, o con los quiosqueros y almaceneros que venden lo que fabrica, para averiguar quienes son sus principales clientes, y de qué depende que puedan mejorar las ventas.

El empresario cordobés y su emporio traen una vez más al tapete la discusión sobre la deserción histórica de nuestra famosa "burguesía nacional" (ese unicornio azul del peronismo, desde los tiempos de Miranda y Gelbard) a su compromiso con el país, y a largo plazo, incluso con sus propios intereses de clase. Aun cuando a estos los proteja mejor, diversificando sus inversiones, o simplemente extrayendo excedentes para fugarlos, tal la costumbre habitual del sector.

Que alguien que vende productos alimenticios, que en muchos casos son de primera necesidad pero en otros dependen de que la gente tenga "resto" para darse un gustito, no comprenda que no puede irle bien en sus negocios con políticas económicas que asfixian el mercado interno y destruyen la capacidad de consumo de los sectores populares degradando salarios y jubilaciones, y siga creyendo contra toda evidencia en la necesidad de reducir el gasto público o flexibilizar el mercado del trabajo como únicas soluciones para todo, es ciertamente algo merecedor del diván de un psicoanalista; mínimo.

Una autotitulada "élite" (que lo es por su poderío económico y capacidad de presión e influencia) que no es capaz de mirar más allá de su propio ombligo (aunque en el caso de Pagani la distancia sea un poco mayor hasta allí) para comprender el panorama general, es también un fracaso como país; patentizado hoy con niveles récord de caída de la producción industrial y capacidad instalada ociosa que afecta a todas las ramas de la producción fabril.

Porque el macrismo ha logrado (entre otros grandes éxitos) superar aquella célebre dicotomía que planteara uno de los "Chicago Boy's" del equipo de Martínez de Hoz: hoy en la Argentina es tan dificultoso fabricar caramelos, como acero. Tuit relacionado:

martes, 10 de junio de 2014

LA NUEVA ARGENTINA





Leemos en la corneta: "Scioli saludó  a Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, y le dijo “¡qué convocatoria!”, frente a un ramillete de periodistas y fotógrafos que registraban el encuentro en el hall central del Museo MALBA. “Es la nueva Argentina”, le respondió Magnetto. Y ambos se colocaron para las fotos, junto a José Scioli y los accionistas del Grupo Clarín, José Antonio Aranda y Lucio Pagliaro.". (*)

Todas las fotos, acá.

(*) Aranda y Pagliaro (juntos en la segunda foto de arriba) son los que en el plan de adecuación del Grupo a la ley de medios se quedarían con Canal 13, TN y Radio Mitre (ver acá). 

Hermes en éste audio de acá se hace bien el boludo cuando le preguntan por Magnetto; o debe creer que la invitación se la mandó Roberto Noble.

domingo, 9 de febrero de 2014

SEGUIMOS COMPLETANDO LA COLECCIÓN "SÚPER GARCAS 2014"


Este vendría a ser algo así como el quiosquero del barrio, pero un poco más grande.

Su superpoder es hacerte comer la galletita, sin que te des cuenta que te está cagando.

Un dulce.