LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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martes, 27 de enero de 2026

ESTO QUEDA LEJOS...

 


...y tal vez por eso se habla poco, o a muchos les parece ajeno o no le interesa demasiado: el jueves de la semana pasada se oficializó la decisión del gobierno de Milei de disponer la intervención del puerto de Ushuaia, cuya administración se encontraba en manos del gobierno de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida Argentina e Islas del Atlántico Sur. Y para hacerlo ni siquiera se tomó el trabajo de hacer una ley (ya sabemos que el presidente considera al Congreso un molesto nido de ratas), o siquiera un DNU: lo hizo mediante una resolución del Director Ejecutivo de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, que pueden ver completa acá en el Boletín Oficial. 

Apeló para eso a su condición de autoridad de aplicación de la Ley Nacional de Puertos 24093 (1992), porque como la propia resolución lo reconoce, el puerto de Ushuaia era administrado por las autoridades provinciales desde 1992, cuando un par de años después de la provincialización del territorio por la Ley 23775 "...se celebró un convenio cuyo objeto fue la transferencia, a título gratuito, del dominio, administración y explotación del Puerto de Ushuaia a la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.".

La figura de la intervención (es decir, la sustitución del órgano de administración del puerto por funcionarios nacionales) está contemplada no en la ley de puerto, sino en el artículo 23 de su decreto reglamentario (769/93) "...cuando se halle en juego el interés público.", siempre que previamente se halla dispuesto la suspensión o caducidad de la habilitación del puerto para funcionar como tal. 

Pero la Resolución 4/26 que dispuso la intervención en su artículo dispone la suspensión del puerto por 12 meses (prorrogables por otros tantos), para acto seguido en su artículo 3 ordenar lo siguiente: "Suspéndase la ejecución de la sanción dispuesta en el artículo 1° en atención a los fundamentos expuestos en los considerandos de la presente medida, y sin perjuicio de lo que se resuelve en el artículo 8°". En este último artículo faculta "...a la GERENCIA DE COORDINACIÓN TECNICA para que haga efectiva de manera inmediata la suspensión de la habilitación del Puerto de Ushuaia, Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur dispuesta en el artículo 1°, frente a la eventualidad de que la intervención administrativa ordenada por el artículo 2° de la presente medida, no pueda ser ejecutada correctamente.".

Traducimos: un organismo de tercer orden interviene un organismo de jurisdicción provincial invocando disposiciones previstas para otros supuestos y se auto-atribuye la atribución de suspender la habilitación del puerto para funcionar no si no están dadas las condiciones operativas, técnicas o de seguridad, sino si alguien resiste la intervención, o la impide: aun para un gobierno autoritario y poco apegado al respeto de las normas, parece demasiado., porque si el puerto (de dominio y jurisdicción provincial) sigue funcionando como tal, no puede haber intervención nacional. 

Y si el puerto no está en condiciones de operar, no lo está ni bajo la administración de la provincia ni bajo la de la nación (a través de la intervención), hasta tanto no se subsanen las presuntas deficiencias detectadas: no hay otro modo de interpretar -sin mala fe o intenciones ocultas- las disposiciones de la Ley 24093. y tampoco importa si -como lo dice la resolución- está en pleno desarrollo la temporada de cruceros, lo que de por sí demostraría que el puerto está en condiciones de operar. En sus propios términos, "Que no escapa al conocimiento de esta autoridad de aplicación las consecuencias que la ejecución inmediata de la suspensión propiciada podría acarrear para la operatividad del Puerto de Ushuaia, fundamentalmente teniendo en consideración el carácter estratégico nacional que ostenta dicho puerto para el desarrollo antártico, siendo un punto clave para el abastecimiento de la región, como así también que se encuentra en curso la temporada de Cruceros 2025-2026.". 

Claro que el bando del gobierno libertario no cae de la nada, sino en un contexto que alimenta todo tipo de suspicacias, como por ejemplo que la decisión está vinculada al compromiso del gobierno argentino de facilitarle a los Estados Unidos la instalación de una base naval en Ushuaia, para el comando logístico de sus operaciones en la zona y en la Antártida; decisión a la que las autoridades provinciales -y muchos otros- se oponen.

La Resolución 4/26 poco hace por disuadir las sospechas, cuando señala "Que en este punto es importante destacar que el puerto de Ushuaia resulta de suma importancia como puerta de entrada y salida para el turismo de cruceros antárticos, además de ser un nodo logístico clave para la región y un punto estratégico en la soberanía territorial argentina.". Si el problema del puerto -que es comercial- es de presuntas deficiencias operativas que le impiden funcionar ¿a qué viene la referencia a su condición estratégica para la soberanía nacional, cuya valoración compete -en todo caso- al Ministerio de Defensa o el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, y no a un funcionario de tercero o cuarto nivel de importancia y ajeno por completo al tema? 

Pocos días después del úkase aterrizó en el aeropuerto de Ushuaia un avión militar norteamericano (con matrícula del Pentágono) llevando a una delegación de congresistas yanquis cuya misión concreta no se conoce, y que tampoco tuvieron otra actividad en el país: para turistas "extraños" en nuestra Patagonia, ya bastaba con los que aparecieron vinculados a algunos de los focos de incendios que arrasan algunas provincias.

El disparador de la intervención fue una denuncia del titular del gremio Unión Personal Superior Ferroviario de Tierra del Fuego de un hecho público y notorio: que la Legislatura provincial -por unanimidad- decidiera destinar una parte de los recursos producido por el superávit operativo del puerto de Ushuaia a financiar lo gastos de la Obra Social del Estado Fueguino (OSEF). Un acto propio de la provincia que (cualquiera sea la opinión que cada uno tenga al respecto) no es más que el ejercicio de la autonomía que les confiere a las provincias el artículo 5 de la Constitución Nacional, y que el gobierno federal debe garantir. 

Es como si Milei decidiera intervenir Santa Fe porque la Legislatura provincial dicta una ley disponiendo que parte de las ganancias del puerto de Santa o el de Rosario (transferidos a la provincia en 1993) se destinen al IAPOS, por ejemplo. 

domingo, 4 de enero de 2026

NO BOMBARDEEN VENEZUELA

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

BESSENT O CRISTINA

 

miércoles, 23 de julio de 2025

ESCENAS DE BRADENISMO EXPLÍCITO

 

Lo que se ve en el video que acompaña el tuit de apertura es a Pete Lamelas (ya el nombre nos está diciendo todo) defendiendo su postulación como futuro embajador de Estados Unidos en la Argentina, frente al comité de relaciones exteriores del Senado yanqui en la audiencia de confirmación de su nombramiento.

Con absoluta crudeza, el tipo explica lo que vendrá a hacer al país y cual será su rol: contener por todos los medios la influencia china y la del "eje del mal" (Venezuela, Cuba e Irán) en la Argentina, evitar que los chinos corrompan a los gobernadores de las provincias para que autoricen inversiones de ese origen, apoyar al gobierno de Milei para que gane las elecciones, y que Cristina siga presa. Ese sería el mandato del gobierno de Trump para su nuevo virrey.

En pocos minutos se hizo tiempo para cuestionar nuestro sistema político federal (que es el mismo de ellos básicamente), la posibilidad de que tengamos relaciones con otros países (como cualquier nación independiente), y se entromete abiertamente en nuestras cuestiones políticas tomando partido por el gobierno ante el cual estará acreditado. 

Recordemos que en tiempos de Macri otro embajador había dicho que venía a colaborar en la reforma de la justicia en el país, y que hace poco los funcionarios del FMI (que ahora empiezan a tomar distancia ante la inminencia de la catástrofe del plan que apoyaron y financiaron) también llamaron a votar por LLA en las elecciones.

Y que esta misma semana el gobierno dijo que aceptará el ingreso al país sin visa de los extranjeros (incluso chinos) de los países para los cuales Estados Unidos no exige visa, porque confían ciegamente en sus controles. 

Pensar que algunos se rieron cuando hace unos años Cristina decía "Si me pasa algo, miren al norte", o cuando se habla de un plan Cóndor judicial con el lawfare del que fueron víctimas ella, Lula, Corre y Evo Morales. Recordemos que hace semanas Trump amenazó a Lula con aplicarle aranceles a Brasil si avanzaban las causas judiciales contra Bolsonaro.

Pero como decía Jauretche, si es malo el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende: además de la prepotencia imperial que no toma nota de su rol declinante en el mundo actual, a este tipo de vergüenzas propias de una colonia nos ha sometido Milei con su alineamiento incondicional con las políticas exteriores yanquis; lo que se traduce por ejemplo en votar automáticamente como ellos en todos los organismos internacionales, aunque sea en contra de los intereses del país.

Y ni siquiera con la explicación pragmática que con semejante obsecuencia se garantiza una inserción ventajosa para el país en el contexto mundial, como pudo hacer en su momento la oligarquía tradicional con su alineamiento al imperio británico. Hoy el rol de los Estados Unidos está en franca declinación en todos los frentes, y su presidente y su gobierno hacen papelones en todo el mundo

Es de esperar que estas barbaridades no pasen desapercibidas y provoquen las reacciones consecuentes de todo el arco político democrático, en defensa de un elemental principio de dignidad nacional. Excluidas, claro está, las fuerzas de ocupación cipayas que detentan el gobierno, al que llegaron -lamentablemente- por el voto popular.

Tuit relacionado:

viernes, 8 de noviembre de 2024

GRANDEZAS

 

El nuevo experimento gorila (porque ante todo eso son, aunque se pongan nuevas etiquetas) que desgobierna la Argentina vuelve a incurrir en unos de sus vicios más arraigados, desde Mitre para acá: intentar reescribir la historia para absolverse de sus propios pecados, y echarle la culpa de la decadencia nacional y las crisis recurrentes del país a los intentos por liberarlo de sus ataduras, y pretender para él y la mayoría de sus habitantes, un destino digno.

En ese intento andan por ahí renombrando cosas como el CCK o la costanera Kirchner acá en Santa Fe, como si la historia se pudiera cambiar o corregir por decreto. O como Braun Menéndez, el garca dueño de La Anónima, que dice que los argentinos tienen mala imagen de los empresarios por culpa de las estrofas de la marcha peronista, cuando en realidad el peronismo surgió como respuesta política al hecho incontrastable ya para 1945 de que los empresarios argentinos eran -en su gran mayoría- chupa sangres y explotadores.

Milei y su servilismo obsceno y cipayo con Trump son herederos directos de esa lectura idiota según la cual que el problema argentino se originó en haber mantenido la neutralidad durante casi toda la Segunda Guerra Mundial, o yendo más lejos en el tiempo, en haber corrido a los ingleses con agua y aceite hirviendo. 

Con la rusticidad conceptual que caracteriza a la derecha argentina en sus sucesivas encarnaciones electorales, Milei aplica la teoría del derrame a las relaciones internacionales, y supone que "contribuyendo" por nuestra parte a que los Estados Unidos sean más grandes (cuando su declive es ostensible, y su influencia no alcanza ni para evitar que Israel empuje al Medio Oriente a una confrontación global), estará contribuyendo a la grandeza de la Argentina, cuando es exactamente al revés: históricamente en todas las relaciones conocidas entre imperios y colonias, para que unos fueran más fuertes, era imprescindibles que las otras sean mas débiles, y fáciles de dominar.

El presidente y el timbero que funge de ministro de Economía apuestan a que, chupando las medias y otras partes del presidente electo en Yanquilandia, éste intercederá ante el FMI para que vuelva a abrir la billetera como lo hizo con Macri, para financiar su fallido intento de reelección; olvidando que ellos te prestan guita por sus propios fines, pero más que nada para poder condicionarte políticamente en su beneficio: ¿por qué pagarían entonces por algo que ya están obteniendo gratis, como lo demuestran los gestos ostentosos de servilismo de Milei? 

Las "nuevas" derechas (antes el PRO, ahora LLA) han demostrado hasta el hartazgo que no tienen nada nuevo para ofrecer al país y sus habitantes, que no sea el destino de granja colonial, simple apéndice del despliegue a escala mundial del proyecto político de la potencia dominante, que ni siquiera eso es ya, en un mundo crecientemente pluripolar. Aspiran -como destino de "grandeza"- a convertirnos en Puerto Rico, una colonia de menor nivel, o un "Estado libre asociado", al que no se le permite ni siquiera participar en la elección del gobierno de la metrópoli.

La disyuntiva "Braden o Perón" (hoy dramáticamente revertida por la gestualidad servil de Milei) no fue simplemente la hábil explotación electoral del sentimiento anti-norteamericano arraigado por entonces en el pueblo argentino, sino la expresión conceptual de la condición de posibilidad necesaria para emprender la obra de reparación de la injusticia social que atravesaba el cuerpo de la Argentina colonial del Centenario, que hoy muchos añoran como ejemplo de una presunta grandeza pasada.

Las tres banderas históricas del peronismo nacieron desde su misma formulación íntimamente relacionadas entre sí; porque la afirmación de la soberanía política tanto en el plano interno (que el gobierno fuera resultado de la voluntad popular y no del fraude electoral) como exterior (que afirmara su dignidad e independencia rechazando todo tutelaje exterior) fue la condición necesaria para conseguir la independencia económica, recuperando para los argentinos el control de sus propios recursos; y esto a su vez posibilitó la justicia social, distribuyendo la riqueza que el país era capaz de generar, primero y antes que nada, entre sus propios habitantes.

Ese y no otro es el verdadero "derrame" que hay que provocar, y para ello es más necesario que nunca -en éste presente de sumisión y oprobio- retomar las banderas históricas, porque aunque el contexto sea otro, la lucha mirada en perspectiva histórica es la misma de siempre: liberación o dependencia. Y ya se dijo que la derecha de nuevo solo tiene el circunstancial nombre de fantasía, y solo tiene para ofrecer el mismo proyecto de siempre, en el que no hay lugar para todos, aunque hoy posea astucias para convencer a muchos de que tendrán su bote en el Titanic. 

Y esa percepción clara de como son las cosas impone a su vez toda una hoja de ruta en materia de praxis política, superada la etapa de las riñas de gallinero de la interna del PJ: tomar nota de la polarización real de la sociedad, de la disputa política y de la distribución social de las cargas y beneficios de la crisis, para abandonar centros ilusorios, terceras vías inviables, mensajes dirigidos a una audiencia/electorado que ya no existe, si es que alguna vez estuvo allí. 

Sin que eso suponga plantear que para defender algunos derechos y banderas (como los de los trabajadores) haya que resignar otros (como los de los feminismos o disidencias): si de algo sirven las elecciones en EEUU, ahí está Bernie Sanders diciéndoles a los demócratas que perdieron con Trump por haber abandonado a los trabajadores y a los sindicatos para intentar componerse con las fracciones del capital o garantizar los negocios de Wall Street, no por haber apoyado el aborto o el matrimonio igualitario

La conclusión aplica como anillo al dedo a la Argentina, al peronismo y a las fuerzas nacionales y populares. Tuits relacionados: 

lunes, 8 de abril de 2024

"PATRIA SÍ, COLONIA NO"

 

Hace unos días atrás, analizábamos en ésta entrada las discusiones que entendíamos pendientes y necesarias en el peronismo. Y más cerca en ésta otra entrada, describíamos la sensación de desamparo y orfandad política que sentimos millones de argentinos, ante el avance sin freno de un nuevo experimento de la derecha en el país: como decía Perón, vemos que el frente blando permite avanzar.

Y Milei avanza en todos los frentes, y si hay uno es en el que ese avance es más vertiginoso y ostensible -junto con la depredación de los salarios de los trabajadores- es en el alineamiento incondicional, lacayuno y vergonzoso con los Estados Unidos, que no repara en forma, ni jerarquías ni instituciones. Como pasa con el anuncio de la instalación de una base militar conjunta con los yanquis en Ushuaia la que -para mayor vergüenza histórica- intentó justificar en la defensa de nuestra soberanía en Malvinas.

Frente a esto, la pasividad de la mayor parte de la dirigencia opositora -el PJ nacional se limitó a un comunicado- nos mueve a reflexionar sobre la cuestión, en tiempos en los que se nos invita a abandonar los dogmatismos ideológicos y las consignas para ser pragmáticos: si las cosas hubieran de verse simplemente con ése lente, la decisión de atar la suerte del país a los designios de la política exterior de los EEUU no podría ser más desacertada, ni inoportuna, y no consulta absolutamente ningún interés nacional actual y presente.

En un mundo crecientemente pluripolar en la que otrora indisputada potencia mundial pierde peso e influencia, y su deriva en ese plano lo lleva a incrementar las escaladas belicistas en peligro de la paz y la estabilidad mundiales, Milei y su recua nos embarcan en el portaaviones yanquis al costo de desairar a nuestros aliados regionales, malquistarnos con nuestros mayores socios comerciales o perdernos la oportunidad de integrarnos en esquemas multilaterales que podrían sernos provechosos como el BRICS. Sin embargo ni siquiera desde esa óptica hemos oído quejas de la principal dirigencia opositora al repugnante espectáculo de servilismo colonial protagonizado por el presidente.

Ni hablemos ya de analizar la cuestión desde el ángulo del que la cuestión debe ser analizada, que no es el otro que la histórica -y siempre vigente- dicotomía entre ser una patria, o ser una colonia. Porque así como dicen que la astucia del diablo consiste en hacernos creer que no existe, lo mismo podría decirse del imperialismo y sus planes de dominación: nos han metido en la cabeza por años que tal cosa ya no existe, y que conceptos como patria, colonia o liberación han pasado de moda, o carecen de sentido. Y sin embargo, estamos más colonizados que nunca, y en consecuencia más necesitados que nunca de liberarnos.

Para poder discutir que tipo de país queremos construir, primer tenemos que tener uno, que sea digno de llamarse realmente tal, y no simplemente que detente símbolos patrios distintivos, o un nombre propio, o elija sus gobernantes: ya hemos aprendido con dolor que con eso solo no basta. Y al igual hoy que en 1945, para ser socialmente justos, primero tenemos que económicamente independientes, y antes que eso y para todo, políticamente soberanos.

Para que exista una "Unión por la Patria" y para que "la patria sea el otro", primero tiene que haber una patria: un suelo común en el que nacimos, junto con un destino común del que nos sentimos parte, y decidimos nosotros, no es decidido desde afuera, como en una colonia. 

Y así como -contra nuestra confortable creencia o lugar común- hay muchos argentinos que descreen de la democracia como sistema de convivencia y organización política, hay muchos otros a los que no les repugna la conciencia ser una colonia: se sienten exiliados que han nacido en un país que detestan, del que se irían si pudieran y que preferirían fuera manejado por otros, que son más capaces que nosotros.

Eso también es parte del profundo sentido común social instalado hace décadas, y del cual surgió en buena medida el 56 % que votó a Milei en el balotaje. Y en consecuencia es parte de la pelea que hay que dar, primero al interior del peronismo y el campo nacional y popular, y luego hacia el conjunto de la sociedad.

Porque el peronismo no nació simplemente para sacarse de encima el yugo inglés para cambiarlo por el yanqui, solo porque en ese entonces era lo que las circunstancias aconsejaban, porque alumbraba en el mundo una nueva hegemonía: como decía Jauretche, no se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perros. 

Aclaración que es necesario hacer -aunque parezca obvia- porque al interior del movimiento político que ganó la primera elección de su historia bajo el lema "Braden o Perón", también hay quienes piensan -como se pensaba en los 90' con las "relaciones carnales"- que el mundo ha cambiado, y tenemos que cambiar con él. Cosa que además en éste caso -y según se señaló al principio- no solo es falso, sino una lectura completamente alejada de la realidad.

Tuits relacionados:

lunes, 23 de enero de 2023

"VIENEN POR EL AGUA"

 

Días atrás y a propósito del páramo analítico de las ciencias sociales que nos legaran los 90', decíamos en ésta entrada: "En particular en América Latina y tras décadas de golpes de Estado, retornaron las democracias formales pero fuertemente condicionadas en sus posibilidades de despliegue y profundización, precisamente por la incidencia de los mismos poderes que impusieron el Consenso, y comandaron la globalización. Frente a esto, surgieron regímenes democráticos "líquidos", de baja intensidad reducidos en lo sustancial a la periódica liturgia electoral.".

"Y como complemento de esa realidad, la academia (con honrosas excepciones) comenzó a transitar una época de desvaríos donde manejar categorías como "liberación o dependencia", "pueblo", "revolución", "oligarquía", "imperialismo", "colonialismo", "explotación" o el mismo concepto de "clases sociales" era mal visto, no "daba el tomo de época" o remitía a años tumultuosos y -afortunadamente para algunos- superados.".

"La globalización, lejos de resolver las tensiones entre capitalismo y democracia, las agudizó, y las democracias que tenemos o supimos conseguir -en especial en nuestro continente- están asentadas sobre el frágil piso de las desigualdades sociales cada día más acentuadas (América Latina no es el continente más pobre, pero claramente el más desigual), por la obscena concentración de la riqueza en unos pocos, que se sustenta con la pobreza y exclusión de las mayorías.".

Parte ese "lavado" de las ideas conflictivas o problemáticas de nuestra historia política es hacernos creer que, así como ya no existirían los golpes de Estado ni las oligarquías que eran sus promotoras, tampoco existen los imperialismos, que son sus impulsores reales y beneficiarios finales. Pues bien, para disipar esa vana ilusión ahí están las palabras de la generala jefa del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos en el video de apertura.

Mientras nos tienen entretenidos con novelas de dictadores caribeños violadores de los derechos humanos que no deberían ser admitidos en el país, o aun detenidos si pisaran estas tierras, o con bases chinas o rusas desde la que se lanzarían misiles, las amenazas reales contra nuestra soberanía, democracia o instituciones provienen de otro lado. Y si no veamos como los que censuran a Maduro callan frente a lo que está pasando con los derechos humanos en Perú ahora mismo; un país cuya presidenta acaba de pedirle al Congreso autorización para el ingreso de tropas extranjeras: de EEUU.

Los que nos dicen a nosotros que nos quedamos en el 45' o somos setentistas nostálgicos, están atrapados en una continuidad imaginaria de la Guerra Fría a más de 30 años de la caída del muro, y ven comunismo y comunistas por todos lados, en cualquier mínima tentativa de regulación estatal de la economía, o de tibio reformismo social. Y como entonces, se apresura a buchonear a los "peligrosos". 

Y las escenas de bradenismo explícito son cada vez más ostensibles y escandalosas: a las declaraciones de la generala hay que sumarle las presiones de sectores del poder yanqui y las empresas de EEUU radicadas en el país para que no avance el juicio político contra la Corte Suprema, las muestras de cipayismo terminal de gente como Patricia Bullrich que se ofrece a ser agente de la DEA para "capturarlo a Maduro por narcotráfico", o el propio embajador Stanley yendo a visitar el INVAP y el Instituto Balserio, para monitorear "in situ" el plan nuclear o satelital argentino.

La astucia del imperialismo -al igual que dicen de la del diablo- consiste en hacernos creer que ya no existe y es solo un producto de nuestra imaginación, porque estamos en un mundo globalizado "donde todos se relacionan con todos". Un mundo en el cual no se trata de postular aislacionismos, sino de enfrentarlo plantados sobre nuestros propios pies, afirmándonos en lo nuestro y en el control de nuestros recursos y nuestras decisiones.

Ese mismo páramo analítico de la reflexión politológica al que antes hicimos referencia, hace que muchos se cuiden muy bien de relacionar dos cosas que están íntimamente vinculadas entre sí: el renovado ímpetu de los Estados Unidos por reforzar el control de su patio trasero frente a la presencia creciente en la región de otras potencias como Rusia o China, y la constante inestabilidad política e institucional en el continente, de la que no se han escapado ni siquiera países como Brasil: la coexistencia de ambos fenómenos es todo, menos casual.

Sin embargo, lo que ellos hagan o intenten hacer para conseguir sus objetivos, no por silenciado, es menos conocido o perceptible; pero es tema de ellos. El asunto es lo que hagamos nosotros, con los recursos naturales, el desarrollo científico y tecnológico, el control de los resortes claves de la economía, la deuda o la política exterior; porque como decía Jauretche, si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende.       

Tuits relacionados: 

viernes, 16 de septiembre de 2022

EL AMIGO AMERICANO

 

Un par de días atrás, decíamos en ésta entrada: "Tampoco es materia de debate -no al menos con profundidad, y por parte de actores políticos relevantes- que el modelo productivo de inserción apendicular del país en el mundo como proveedores de alimentos y energía sea el único posible, o el alineamiento internacional con los dictados de la política exterior yanqui: así como Dujovne y Macri nos quisieron convencer que estábamos ante un "nuevo y bueno FMI" (algo en lo que en su momento reincidió Guzmán, con los resultados conocidos), hoy parece que debemos celebrar que estamos ante el Claver Carone bueno, que en 2019 admitió ser parte de la operación ante el FMI para financiar el fallido intento de reelección de Macri que deberemos pagar todos, y hoy aporta financiamiento del BID -después de haberlo negado semanas antes- porque "tenemos una política económica consistente".".

Todos tenemos en claro que ya no estamos en 1945, en los tiempos de "Braden o Perón", más que nada porque no está Perón, y el peronismo se vuelve por momentos irreconocible. Pero Braden (o aspirantes a serlo) sobran, desde Claver Carone hasta el embajador Stanley; que tiene un protagonismo actual en la política interna de la Argentina que ni Terence Todman alcanzó en su momento: en el oficialismo y la oposición todos -quien más, quien menos- tienen su foto con él, Cristina incluida. Claro que en ése eso y por obvias razones de peso político y cargo institucional, el embajador jugó de visitante yendo al Senado.   

Que los dirigentes políticos y funcionarios de un país tengan contactos y reuniones con el embajador de un país con el cual mantienen relaciones diplomáticas es la cosa más normal del mundo es tan cierto, como que, cuando ese embajador es el de los Estados Unidos, esos contactos tiene otra connotación. Ni hablar si ese país es la Argentina, a la vista de los antecedentes históricos citados, y lo que ha sido tradicionalmente la relación entre ambos países.

Lo que en todo caso nos hace poner la lupa en esos contactos y en los que -por ejemplo- sostuvo Sergio Massa en su reciente gira por el país del norte, es el contexto político nacional, regional e internacional, marcado por la pesada herencia que dejó el gobierno de Macri -entre otras cuestiones- por el elevado endeudamiento contraído con el FMI y los mercados de capitales, la tensión internacional creada por el conflicto en Ucrania y sus consecuencias, y los procesos políticos y electorales en curso en la región.

Hablábamos antes de Claver Carone, el ex funcionario de la administración Trump que conduce el BID -primer norteamericano en el cargo, en muchos años- habiéndose impuesto al ex funcionario de Alberto, Gustavo Béliz, en la pelea por el cargo. Como es poco probable suponer que Claver Carone y los Estados Unidos y su gobierno hayan cambiado de opinión, la única conclusión posible es que los que cambiamos fuimos nosotros, y no precisamente para bien.

También anduvo por acá la jefe del Comando Sur del Ejército de los EEUU (que se reunió con Cristina), opinando sobre asuntos de nuestra política interna con la soltura que les da no tanto su fortaleza -que la tienen- como nuestra debilidad. Con la misma soltura con la que el embajador Stanley llamó a nuestra clase política a formar "ya, ahora", sin esperar a las elecciones del año que viene, una coalición. Y no, no le estaba hablando a la oposición, o al menos no solo a ella. Como diría Mirtha: como te ven, te tratan.

Pero ya que estamos citando, recordemos a Jauretche, que decía "Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende". O dicho de otro modo: el problema no es lo que hacen ellos -que al fin y al cabo velan por sus propios intereses-, sino lo que hacemos nosotros, o lo que les dejamos hacer.

Todos estos hechos transcurren -como dijimos- en un contexto internacional en el que suben los precios de la energía y los alimentos, porque la guerra en Ucrania entorpece su abastecimiento, y la Argentina puede proveer ambos. Claro que lo ideal es que lo hiciera bajo sus propias condiciones -y no las impuestas por otros, por razones estratégicas que nos son ajenas-, y para beneficio del conjunto de su sociedad, y no de un pequeño grupo que acumula rentabilidad, mientras nos importa inflación.

Y también en un contexto en el que el país -bajo los auspicios de Rusia y China, potencias en competencia con los Estados Unidos y con creciente peso en la región- peticiona ingresar a los BRIC's; y los propios EEUU le advierten a Bolsonaro que no intente una aventura golpista en caso de perder las elecciones, en un claro gesto dirigido más a Lula -su posible vencedor- que a soltarle la mano al candidato de la derecha brasileña.

Con Boric, con Petro, con el gobierno de Alberto Fernández y con el posible y aun no electo de Lula, la administración Biden pareciera haber dejado de lado por un momento la política del garrote, para ensayar la de la seducción, suponiendo que de ese modo contrarresta la influencia de China y Rusia -en estricto orden de importancia- en la región. Pero otra vez: esa es su estrategia, que puede o no constituir para nosotros una ventana de oportunidad. 

La discusión pendiente es si se la aprovecha, y para qué: no puede ser para terminar el proceso más vulnerables si no menos, con mayores márgenes de autonomía para decidir por nosotros mismos nuestro propio destino, y no para simplemente seguir el que han decidido otros. Ni más ni menos que lo que votamos en 2019, por decir algo. 

sábado, 11 de junio de 2022

ES POR ACÁ

 

Alguna vez hemos dicho acá que, hasta los desbarrancos posteriores a la invasión rusa a Ucrania, la política exterior estaba entre los aspectos menos criticables de la gestión de Alberto Fernández. Con las dificultades propias de un contexto internacional complejo y las tensiones internas en el "Frente de Todos", se supo mantener las líneas tradicionales de política exterior del país, al menos en tiempos democráticos.

Y el discurso del presidente en la cumbre de las América se inscribe en esa línea, recuperando el sendero correcto: condena a la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a las sanciones y bloqueos contra las dos primeras, a la ingerencia política de la OEA en los asuntos internos de países como Bolivia (haciendo mención a la participación de sus autoridades en el golpe contra Evo), al copamiento por Estados Unidos del BID que siempre fue presidido por latinoamericanos y al rediseño del principal organismo multilateral regional en línea con los intereses de la región, abandonando el unilateralismo en pro de las políticas dictadas por la potencia continental hegemónica. Hasta hizo referencia a la intromisión política de la administración Trump para que el FMI otorgara un mega préstamo a Macri, en condiciones irrregulares.

Incluso el intento discursivo de Alberto de separar a Biden y la actual administración yanqui de lo que son designios y objetivos estratégicos permanentes de los Estados Unidos, más que una lectura inocente de la realidad, se puede interpretar como un guiño al actual gobierno del país del norte, para comprometerlo en la dirección de distender tensiones en la región, originadas en sus movimientos y directrices. Hasta allí, nada que criticar, al menos en las líneas generales del discurso.

Un dato no menor es que Alberto dijo lo que dijo donde lo dijo, acompañado en la delegación oficial por Massa, Béliz y Argüello, funcionarios de su gobierno con claras terminalidades en las distintas agencias y enclaves políticos de los Estados Unidos. En éste sentido y aunque la política exterior no puede pensarse basada en los conflictos políticos internos -o al menos no exclusiva o prioritariamente desde allí-, el discurso significó también una señal hacia adentro de la coalición oficialista, en especial a los sectores de ésta más críticos con las decisiones del gobierno.

Dicho todo esto, un discurso es un discurso y no acciones concretas de gobierno, ni siquiera en política exterior (aunque preanuncie un rumbo), ni menos aun en la política interna: en Los Ángeles Alberto usó el micrófono, no la lapicera. Y las decisiones que ésta materializa siguen pendientes como antes de la cumbre.

En todo caso sí cabe señalar que, sin abrigar expectativas desmedidas (más de una vez desmentidas por un presidente titubeante y un gobierno dominado por funcionarios relatores de la realidad que les toca transformar), el discurso del presidente en la cumbre se inscribe en la misma línea que el pedido de renuncia a Kulfas: tal parece que ha advertido que no hay tiempo para seguir dilatando determinadas decisiones, o para ser más precisos, indecisiones.

Y que si la actual coalición de gobierno aspira a mantenerse para las próximas elecciones presidenciales, y afrontarlas con alguna chance competitiva, las políticas de su gobierno deben dar cabida a todas las expresiones internas, en especial a las mayoritarias en términos de volumen electoral; no solo las que corresponden al círculo cercano de confianza del presidente, sus propias convicciones personales o los consejos de lobbistas calificados por sus contactos. 

jueves, 7 de abril de 2022

SIN NINGUNA NECESIDAD

 


El voto a favor de la Argentina en la ONU para la suspensión de Rusia como miembro del Consejo de Derechos Humanos es injustificable, desde todo punto de vista.

Para empezar, desde la propia óptica y reglas de funcionamiento del sistema internacional de protección de los derechos humanos: los hechos en que se basa (crímenes de lesa humanidad presuntamente cometidos en Bucha, Ucrania) ni siquiera fueron investigados por la propia ONU o alguna de sus agencias, ni hay una versión independiente de las partes en conflicto medianamente confiable sobre como sucedieron, y quienes son sus responsables.

Por el contrario, todo indica que cayeron dentro de la bolsa de la guerra de operaciones cruzadas que, como siempre sucede en las guerras, causó como primera víctima a la verdad.

Tampoco puede fundarse en el principio de la reciprocidad: la Argentina apareció votando junto con los Estados Unidos, Israel y el Reino Unido (es decir, el apropiador de las Malvinas y dos que siempre votan en contra de nuestro reclamo de soberanía), para favorecer la posición de Ucrania (que también vota sistemáticamente en contra de nuestro reclamo) y en contra de Rusia, que nos apoya y siempre vota a favor. Estados Unidos e Israel (cuyos votos terminamos secundando) son, además, violadores seriales de los derechos humanos, lo que les resta autoridad moral en la materia. 

Todo eso sin contar la deuda de gratitud que tenemos con Rusia y su gobierno que nos vendieron vacunas cuando nadie lo hacía, y que hace poco el presidente -en otra sobreactuación necesaria que ahora se le vuelve en contra- le ofreció al país de Putin que la Argentina fuera su puerta de entrada a América Latina. O que medida la situación desde la óptica de los intereses nacionales (que es la única desde la que se deben juzgar las decisiones de un gobierno, en especial en política exterior, como  bien recordó hace días Cristina) Rusia nos ofreció financiamiento para proyectos de infraestructura, cuando todo el "mundo libre" nos lo negaba, o lo condicionaba a que arregláramos con el FMI.      

Menos se puede explicar el voto desde una estrategia coordinada con los demás países de la región, porque el México de López Obrador y el Brasil de Bolsonaro (hay que quedar a su derecha, eh) se abstuvieron, y la Bolivia de Evo Morales votó en contra, por solo citar algunos ejemplos; incluidas las decisiones de gobierno que el presidente dice respetar y admirar.

Y que no se diga que el voto (que remeda la peor época de las relaciones carnales del menemismo) es resultado del apoyo de Estados Unidos a la negociación con el FMI, porque se pasaron dos años diciendo que fue durísima, que no cedieron a ninguna pretensión inadmisible y que el acuerdo es novedoso por esas razones: no sea cosa que ahora se den vuelta en el aire y nos expliquen que, además de aceptar el monitoreo constante sobre la política económica, también debamos admitir el manejo desde afuera de nuestra política exterior.

Nadie medianamente informado puede creer que el muñeco de torta que tenemos como canciller tras su recordado paso por la jefatura de gabinete maneja esa política exterior: está muy claro que esa función le corresponde a Gustavo Béliz, y a Jorge Argüello, el Paladino que designamos como embajador en Yanquilandia, para que terminara siendo otro lobbista de ellos, frente a nosotros.

Empeñado en pelearse con su propia base electoral, con este lameculismo de vuelo corto el gobierno de Alberto Fernández ensombrece un aspecto de sugestión que, si no era brillante, estaba entre los más rescatables. Y no se diga que la gente tiene otras preocupaciones más urgentes a las que prestarle atención, porque en esos departamentos el gobierno no se viene destacando por la eficacia, precisamente.

Si hubiera que encontrarle la explicación a un voto inexplicable (o como dijimos, injustificable) tendríamos que pensar que se trata de mojarle la oreja a  Cristina y al kirchnerismo para que reaccione, y rompa definitivamente la coalición oficialista; en la que por momentos parece que molestara. Tuits relacionados:       

viernes, 25 de febrero de 2022

TAN LEJOS Y TAN CERCA


Aun cuando el mundo no estuviese alcanzado por los efectos de la globalización como lo está, un conflicto armado que involucra a Rusia en forma directa, y compromete a Estados Unidos de modo también directo, no puede no terminar impactando, de un modo u otro, en todo el planeta. Claro que de esa constatación no se sigue que países que no están directamente involucrados como la Argentina deban tomar posición por uno u otro de los bandos en disputa, o peor aun, comprometerse en términos militares en el terreno de operaciones.

Vistas las cosas desde éste ángulo elemental, la posición del gobierno argentino expresada en el comunicado que leyó ayer la vocera presidencial, se ajusta no solo a los cánones de la diplomacia internacional, sino de la tradición argentina en materia de política exterior, al menos durante gobiernos democráticos y con la oprobiosa excepción del de Macri: condena del uso de la fuerza, apuesta a la solución pacífica de las controversias, respeto por los principios de la carta de la ONU y los derechos humanos, llamado al diálogo entre las partes. Lo que no supone desconocer las causas profundas del conflicto, que no nació ayer ni de una decisión temperamental de Putin, pero se trata de política exterior del Estado, no de un seminario académico sobre relaciones internacionales. 

Ni siquiera el apoyo financiero comprometido por el gobierno de Moscú para inversiones en el país en la reciente gira de Alberto a Rusia le otorga el derecho a exigir un alineamiento explícito con sus acciones, ni el gobierno ruso lo ha pedido como contraprestación; recaudo que -por decir algo- los Estados Unidos y sus instituciones satélites pocas veces han guardado: una de las exigencias implícitas y no escritas en todo el proceso de renegociación de la deuda con el FMI es un mayor compromiso argentino con las determinaciones de política exterior yanquis, del mismo modo que la concesión del mega-préstamo a Macri en 2018 en violación de las propias reglas de funcionamiento del FMI fue el resultado de la presión política de la administración Trump para favorecer a un aliado confiable, que precisamente hacía seguidismo de la política exterior de EEUU.

De allí que la airada exigencia de la oposición nucleada en "Juntos para el Cambio" para que el gobierno condenase las acciones de Rusia están más vinculadas a su visión ideológica del mundo y el lugar que en él debe ocupar la Argentina -no hay visión política más ideológica que la de la derecha, y no se expresa con más contundencia en ningún otro plano, que en la política exterior-, que a una defensa de los principios del derecho internacional y el multilateralismo.

Sin ir más lejos, recordemos que se investiga en la justicia argentina y la boliviana el apoyo dado por Macri y su gobierno con armas y pertrechos al golpe de Estado que derrocó a Evo Morales, y hace unos días Horacio Verbitsky denunció que la administración de "Cambiemos" había autorizado ejercicios de entrenamiento de las fuerzas armadas argentinas, para participar de una invasión militar a Venezuela, comandada por los Estados Unidos.

Cuando Macri, en su limitada comprensión del mundo reducida a analogías futboleras, dice que la Argentina es Sacachispas en el contexto internacional, omite que esa irrelevancia también juega cuando él decidía hacer seguidismo acrítico nivel "relaciones carnales", de las determinaciones de política exterior de la potencia continental. Y que esa irrelevancia se supera cuando un país alcanza lo que Aldo Ferrer llamaba "densidad nacional", por ejemplo desendeudándose para ganar autonomía; renglón en el que los gobiernos kirchneristas -siempre apelando a las analogías futbolísticas- nos habían clasificado a las copas internacionales, y el suyo nos mandó al descenso. 

En éste marco, el inicio de las operaciones militares de Rusia en Ucrania no legitima las críticas de la oposición a la visita de Alberto al país de Putin, porque éstas no estuvieron vinculadas a la oportunidad -aunque ése fuera el pretexto público-, sino al destino mismo de la gira presidencial (que también incluyó China), y sus propósitos: abrir canales de financiamiento externo para el país, que le permitan disminuir su dependencia en ese plano de los Estados Unidos, y el FMI. Que fue (volviendo sobre lo dicho) precisamente la razón principal por la que a Macri le dieron el préstamo que le dieron, aunque fracasara como fracasó en su aventura reeleccionista: la idea era -y es- que la deuda pese como espada de Damocles sobre el país que la toma para condicionarlo, más allá de cual sea su gobierno.

Los posibles efectos a futuro en el conflicto, en especial en la economía, dependerán en buena medida de su intensidad y duración, pero ya se están haciendo sentir: suben los precios de los commodities, en especial el petróleo, el gas, la soja, el trigo y el maíz; o sea, buena parte de la canasta exportadora argentina, lo cual podría ser una buena noticia para nosotros, si no es que al mismo tiempo aumenta la inestabilidad mundial, en detrimento del comercio internacional.

Por otro lado, esos aumentos de precios internacionales significan, ya, acelerar uno de los motores de la alta inflación que padecemos, y el gobierno debería pensar en contrarrestarlos adoptando medidas que hasta ha venido resistiendo, como aumentar las retenciones, o hacerlas móviles: una prueba más de que creer que resignando posiciones se evitan los conflictos, suele ser en política una vana ilusión. Además el aumento internacional -en particular- de los precios de la energía impacta de lleno en los costos de prestación de los servicios públicos, en momentos en que el gobierno pulsea con el FMI por el nivel de subsidios a las tarifas, que -si atendemos al contexto- deberían ampliarse, y no reducirse.

En éste escenario complejo el país debe seguir las tratativas con el FMI para renegociar la impagable deuda que nos legó Macri, tensionado entre las presiones del controlador o "accionista de oro" del prestamista (Estados Unidos), y una nueva ventana de acceso a la financiación para disminuir la restricción externa (Rusia), al cual Alberto -en otra sobreactuación innecesaria de su parte, y van- le ofreció en su visita el país como "puerta de entrada en América Latina".    

Y finalmente el conflicto en Ucrania tiene consecuencia al interior de la coalición del "Frente de Todos": Sergio Massa prefirió honrar sus vínculos con Washington (que supone serían decisivos en otra aventura presidencial) a la preservación de los consensos en el oficialismo, yendo más allá de la posición del gobierno en la condena a la acción militar rusa, en un gesto de sobreactuación que -nada llamativamente- no suscitó el mismo escándalo que las críticas de Máximo Kirchner a la negociación con el FMI, cuando renunció a la presidencia del bloque de diputados; pese a que este caso trasciende las fronteras, para comprometer la posición del país en sus relaciones internacionales.

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