LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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viernes, 14 de junio de 2019

PUCHERITOS PROGRESISTAS


Una de las principales líneas de campaña del socialismo de cara a las elecciones santafesinas del domingo fue tratar de seducir al voto kirchnerista, sobre la base de pegarle a Omar Perotti identificándolo con los 90’, el menemismo y las privatizaciones; y sus posicionamientos en el Senado a partir de diciembre del 2015.

En esa inteligencia, el candidato que verdaderamente expresaría los valores e ideas del kirchnerismo no sería el del PJ, que el kirchnerismo y la propia Cristina apoyan en el marco de un amplio acuerdo de unidad del peronismo provincial (que no excluyó la competencia en PASO por la candidatura a gobernador), sino Bonfatti: un cazabobos mentiroso, que omite por ejemplo que el socialismo en el Congreso nacional fue siempre opositor durante los gobiernos kirchneristas, votando en contra de sus principales iniciativas, en compañía con los que formaron “Cambiemos” (PRO, UCR, Coalición Cívica): ver al respecto más información acá.

Pero además este tema de “correr por izquierda” al kirchnerismo para llevar agua para su molino, también esconde por ejemplo que el mismo socialismo tiene (y los ha ratificado) acuerdos con Gerardo Morales en Jujuy, Schiaretti en Córdoba, y acaba de cerrarlo nada menos que con el PRO en la mismísima CABA, la cuna del experimento amarillo. Eso sin contar que el propio Lifschitz venía negociando en público el armadeo de la “tercera vía” con Lavagna con el mismísimo Pichetto, Massa, Urtubey y Barrionuevo; al que ahora se ha sumado Graciela Camaño: con ese historial a cuestas, no podés correr por izquierda ni a Espert.

Y conste que nos remitimos estrictamente a los antecedentes históricos de los últimos años, porque podríamos remontarnos a la Unión Democrática del 45’, a su integración en la Junta Consultiva de la Fusiladora (con embajada incluida para Alfredo Palacios), o más acá en el tiempo, a su participación en el gobierno de la Alianza presidido por Fernando De La Rúa.

Ahora, con el cierre de las alianzas para las elecciones de éste año superpuesto con los anuncios de candidaturas, nos enteramos que hay molestia en el socialismo santafesino por la elección de Urtubey como compañero de fórmula de Lavagna, un lugar que aspiraba a ocupar el mismo Lifschitz, al mismo tiempo que compite como candidato a diputado en las elecciones provinciales del domingo. Aunque ahora diga que en realidad le gustaría ser Jefe de Gabinete, sin que ningún periodista le pregunte entonces si su candidatura a diputado es testimonial, y no piensa asumir. Pensándolo bien, la pregunta sería abstracta, considerando las posibilidades reales del señor de las chancletas con medias. 

Las redes sociales dan cuenta del quiebre emocional de los comunicadores oficiales y para-oficiales del FPCyS, porque la “tercera vía” no sería esa alternativa revolucionaria que ellos pensaron: se entiende, tras toda una campaña militando en contra de Perotti por su postura en el debate por la despenalización del aborto, y haber agredido por eso a las militantes feministas del PJ en la última marcha “Ni Una Menos” en Santa Fe, deberían hacer campaña por una fórmula cuyos dos integrantes han manifestado estar en contra de la despenalización, y uno de ellos proviene de una provincia que sostiene la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Lo tendrán que superar, como hicieron con el hecho de que el único diputado que le quedó al socialismo en el Congreso nacional votó en contra.

Allá ellos y sus dilemas, y los que los quieran tomar en serio cuando se presentan como una alternativa de “centroizquierda”, los hechos están ahí, para el que los quiera ver. En nuestra modesta opinión, estos “desgarramientos progresistas” tienen que ver con fenómenos que vienen de más lejos, empezando por esa vaporosa categoría del “progresismo”; una especie de significante vacío que otorga la plasticidad necesaria como para zafarla de definirse en las conyunturas críticas, o definirse siempre del lado del poder, sin correr riesgos: recordemos a Binner cediéndole el balcón de la Casa de Gobierno a la Mesa de Enalce, para lanzar desde allí el lock out patronal por tiempo indeterminado.

La mayoría de los “progres” (es injusto generalizar) no son más que gorilas sensibles, preocupados por ciertas cuestiones secundarias a la contradicción principal, como el medio ambiente, la despenalización del consumo de drogas o el aborto; gente que en el fondo y al igual que el gorila puro y duro, no se banca al peronismo, y todo lo que significa, o trae aparejado: la negrada, el bombo, la marcha, el choripán, el sindicato, la posibilidad de quilombo.

Gente que va por la vida lamentándose que el voto femenino lo haya conseguido Evita y no Alicia Moreau de Justo, o que las leyes sociales de Palacios las haya ampliado, perfeccionado y hecho cumplir Perón, que encima era milico. Claro que con otros milicos nunca tuvieron problemas, porque no eran peronistas.

Nunca se les ocurre preguntarse por qué teniendo algunas buenas ideas, siempre carecieron de la capacidad política para construir mayorías políticas amplias, capaces de llevarlas a cabo; y terminan siendo siempre el furgón de cola o el relleno de experimentos electorales de última hora, a los que se terminan subiendo con el solo y módico objeto de mantener quioscos y bancas legislativas, sin pelear jamás por el poder “real”. Nada que no se arregle consultando a un buen psicólogo. Hilo de tuits relacionados: 

viernes, 24 de mayo de 2019

CADA UNO ESTÁ DONDE QUIERE ESTAR



Por años hubo que soportar que nos dijeran que éramos el reservorio de todo lo que está mal en la construcción política: el sectarismo, la soberbia, la falta de autocrítica, la falta de amplitud. Pero la realidad es que hoy Cristina resigna posiciones personales desde la fortaleza de ir primera en todas las encuestas, mientras ellos siguen con los grotescos pasos de un vodevil que ya cansa, mientras la economía y el país se caen a pedazos.

La enorme responsabilidad persona, política, institucional e histórica de Cristina pensando en el país contrasta dramáticamente con la mediocridad apabullante de una dirigencia de pitos cortos y egos largos, y con la inacción de Macri, el presidente encargado; que en medio de una crisis fenomenal dedica la mayor parte de su tiempo a sostener un grupo virtual de autoayuda para oficialistas en crisis, y a desentrañar las roscas internas de la coalición gobernante, para evitar que lo tiren al tacho de los residuos políticos, pidiéndole que desista de ir por la reelección.

Si transcurridos 43 meses de gobierno de Macri y con todo el desastre que hizo y dejará a quien lo suceda, todavía siguen discutiendo la grieta y al kirchnerismo, no tienen definido aun si quieren ser oficialistas, u opositores, y de quien. Y si no definieron eso, no definieron nada, o sí: son oficialistas prácticos, apuestan a la división del voto peronista para facilitar la continuidad del actual régimen, con las mismas caras o con otras: ahí andan con un ojo puesto en la interna de “Cambiemos” para ver si decanta hacia una candidatura de Vidal, para rosquear su ingreso a la coalición de gobierno.

Están en el mismo punto en el que estaban en diciembre del 2015 cuando Macri asumió, y algunos incluso (Schiaretti) en el que estaban en el balotaje: más preocupados por evitar el regreso del kirchnerismo, que por resolver los problemas del país, lo cual requiere inexorablemente terminar con el nefasto experimento neoliberal. Algunos, como el “progresismo” (el socialismo, Stoilbizer, Ricardito Alfonsín) en menos aun: en el módico negocio de los quioscos legislativos, yendo detrás de la chancletas de Lavagna, el candidato de Techint cuyo sostén político casi exclusivo a estas horas son los matrimonios Duhalde y Barrionuevo. Más patético no se consigue.

Más allá de la fragilidad de las estructuras políticas (los “espacios”) que los obliga a apelar a outsiders como Tinelli, lo que permanecen constante son diferencias de fondo, que nunca se terminan de explicitar pero se explican por sí mismas con las actitudes que toman, y están muy claras; diferencias que son más con lo disruptivo del kirchnerismo entre el 2003-2015, que con lo que expresan y representan Macri, su gobierno y sus políticas.

Y esta etapa “consensuadora, dialoguista y corrida al centro” del kirchnerismo lo demuestra aun más: mientras nos dicen que nosotros nos tragamos sapos, ellos dependen de lo que armen (o desarmen) Barrionuevo y Nosiglia, mientras Clarín (que lo dejó en paz por 11 años) le empieza a pegar a Alberto Fernández, y las minnions de Carrió le inventan causas, por el solo hecho de ser el elegido por Cristina.

Las especulaciones y versiones cruzadas que leemos por estas horas (el “Plan V”, la bajada de Macri, la corrida de Cristina de la fórmula), y las que seguramente sigamos viendo hasta el cierre de listas no cambian ese panorama de fondo: como dijimos hace un tiempo ya, cada uno está donde quiere estar; y no lo decimos solo nosotros: hasta Felipe Solá lo ve. Y el que no define donde está (como Massa) es porque cree que puede especular hasta último momento para subirse el precio, partiendo del supuesto de que así logrará que lo paguen por lo que cree que vale, y por lo que realmente vale.

Como dijo alguna vez uno que de esto junaba, “la única verdad es la realidad”: el kirchnerismo que soñaron implosionado y en desbande en 2015 tras la derrota de Scioli, hoy está ampliado y busca ampliarse aun más, y su fórmula lidera las encuestas, con serias chances de ganar en primera vuelta. “Herbívoro” como dicen y lo que sea, sigue en pie, y es el eje de la única construcción opositora con chances reales de terminar con la runfla neoliberal; con la potencia política de Cristina y la adhesión inconmovible de buena parte del pueblo argentino.

Y si no pregúntenles a la mayoría de los gobernadores del PJ, que acaban de instruir a sus senadores para que no dieran quórum para aprobar un paquetazo de jueces impulsado por Macri en cuerdo con Pichetto (cosas que hasta acá salían como piña), después de que Cristina difundiera aquel video en el que daba cuenta del paulatino y constante copamiento de la justicia por el macrismo.

Lo demás son humo y espejos, tanto que después de una larguísima lista de candidatos a “esperanza blanca” que fueron desfilando sin pena ni gloria ni solución de continuidad (Massa, Urtubey, Pichetto, Lavagna, Uñac, Schiaretti y algún otro que puede quedar en el tintero), tuvieron que pedirles a Tinelli y a Scioli que se sumen, a ver si les aportan votos. Que la cuenten como quieran. Tuits relacionados:

viernes, 3 de mayo de 2019

DE ESTO HABLAMOS


Ayer nomás, y a propósito del pedido de Massa de que Macri convocara a Cristina para pactar una transición ordenada hasta el final de su mandato (en rigor, habló de seis meses, hasta las  elecciones), decíamos en esta entrada que "Todo indica que estamos en presencia de una pura maniobra de especulación política para comprometer públicamente a la candidata con mayor intención de voto en las encuestas, en la distribución de los costos que genera el desastre de las políticas que Massa posibilitó con sus apoyos en el Congreso, y otras instancias, como el foro de Davos. Algo así como cuando en las vísperas de la interna peronista de 1988, Menem capitalizó el desgaste que le ocasionó a la imagen de Antonio Cafiero haber pactado con Alfonsín un paquetazo impositivo para intentar mejorar la situación de las cuentas públicas, y evitar la crisis que finalmente estallaría igual, llevándose puesto al gobierno.

Lo de Massa -para nosotros- está emparentado con las declaraciones de Lavagna propiciando una reforma constitucional para impedir la reelección presidencial, generándole así un condicionante adicional desde el vamos al futuro presidente (que nacería “pato rengo” desde el vamos), y con los disparates de Moreno pidiendo que Cristina se corra de la competencia electoral, Macri renuncie a su cargo y lo reemplace Lavagna, elegido por la Asamblea legislativa, aun sin ser miembro del Congreso; para dar paso a un “gobierno de unidad nacional”. Soluciones absurdas que no harían sino agravar la crisis, justamente cuando la magnitud de ésta exige un poder institucional más fortalecido, frente a poderes no institucionales desmadrados por la relajación de la autoridad presidencial al límite de su virtual disolución en el ejercicio por Macri; y con un choque de trenes en marcha entre las distintas fracciones del capital, para incidir en el rumbo económico del futuro gobierno. Los argentinos sabemos por experiencia (1989, 2001) que es justamente en situaciones de excepcionalidad institucional cuando esos poderes fácticos obtienen beneficios más gigantescos, a costa de nuestros derechos y nuestro nivel de vida."

Y muy errados no estábamos: como muestra el tuit de apertura, leemos en Clarín (la noticia también está en La Nación, con menos detalles) que  el gobierno negocia con Pichetto, Urtubey y Massa un documento público con 10 puntos que oficialistas y oficialistas (o sea, los opositores que de hecho integraron estos años el dispositivo político de soporte de Macri) se comprometen a respetar, gane quien gane las elecciones, para "llevar tranquilidad a los mercados". Algo así como una "mini Moncloa", o la versión política del "pacto de caballeros" firmado por los empresarios para los "Precios Esenciales". Veamos cuales son los puntos (las negritas son nuestras):  

"1- Lograr y mantener el equilibrio fiscal." (Para garantizar el pago de los servicios de la deuda)

"2- Sostener un Banco Central independiente, que combata la inflación hasta llevarla a valores similares al de países vecinos." (El cuento de la "independencia del BCRA", cosa que no fue nunca y menos es ahora, más el abandono del mandato múltiple por las "metas de inflación", la eventual aprobación de la reforma a la carta orgánica pedida por el FMI para dar marcha atrás con la aprobada por el kirchnerismo en 2012, es síntesis: crearle un paraíso financiero al próximo gobierno en el corazón del Estado, en el cual no podrá tener injerencia)

"3- Mayor integración al mundo, promoviendo el crecimiento sostenido de nuestras exportaciones." (Sin decir como, porque el "shock exportador" prometido al devaluar la moneda y bajar o eliminar retenciones, nunca se produjo) 

"4- Respeto a la ley, los contratos y los derechos adquiridos con el fin de consolidar la seguridad jurídica, elemento clave para promover la inversión." (O sea, mantener los privilegios y garantías otorgadas al capital durante este gobierno, como los avales a los contratos PPP, la dolarización de las tarifas, los subsidios y la flexibilización laboral a las petroleras en Vaca Muerta, o los privilegios otorgados a las concesionarias del peaje. Nada de "emergencias económicas", "pesificación de tarifas", ni cosas por el estilo)

"5- Creación de empleo a través de una legislación laboral moderna." (Reforma laboral flexibilizadora, con indemnizaciones por despido a cargo del trabajador con una parte del salario, y facilidades para despedir, mayor precarización de las condiciones de trabajo)

"6- Reducción de la carga impositiva, a nivel nacional, provincial y municipal y enfocado en los impuestos más distorsivos." (Más concesiones al capital, con la idea "ofertista" que de ese modo vendrán las inversiones aunque no haya consumo y mercado interno. Y para cumplir al mismo tiempo con esta premisa -ya prevista en el pacto fiscal firmado con los gobernadores- y la señalada en el punto 1., habrá que profundizar aun más el ajuste, y los recortes del gasto público)

"7- Consolidación un sistema previsional sostenible y equitativo." (Punto directamente relacionado al anterior: si se bajan las cargas patronales, vendrán nuevos recortes a los jubilados en sus beneficios, como ya sufrieron con el cambio de la fórmula, la no prórroga de las moratorias, y la instauración de la PUAM, menor a la jubilación mínima. Corren peligro las jubilaciones de la moratoria, y se abre la puerta para el retorno del régimen de capitalización, puro o mixto)

"8- Consolidación de un sistema federal, basado en reglas claras, que permitan el desarrollo de las provincias y que impidan que el gobierno nacional ejerza una discrecionalidad destinada al disciplinamiento político." (Está previsto como mandato constitucional de imposible cumplimiento -por las condiciones políticas exigibles- desde 1994. Mientras tanto, este gobierno le triplicó la coparticipación a la CABA por decreto, y le "descongeló" el Fondo del Conurbano a la provincia de Buenos Aires) 

"9- Asegurar un sistema de estadísticas transparente, confiable y elaborado en forma profesional e independiente." (¿No estaba conseguido eso ya, o van a coincidir con nosotros en que Todesca la viene dibujando lindo?) 

"10- Cumplimiento de las obligaciones con nuestros acreedores." (El punto más importante de todos, y el único que realmente importa; para tratar de evitar la suba del riesgo país, el desplome de los bonos de la deuda y la escalada de los CDS, créditos de seguro de default. El tema es que para dar seguridades en ésta materia no bastan las buenas intenciones: son necesarios dólares, y de eso no hay para todos, menos si el gobierno los rifa alegremente para financiar la fuga de capitales)

Como se puede ver, no hay un solo punto que atienda a las necesidad más urgentes y apremiantes de la inmensa mayoría de los argentinos, y aparece volcada, punto por punto, la hoja de ruta pactada por el gobierno con el FMI, y las "condicionalidades" ¿impuestas? por éste a cambio de su salvataje financiero. Y una par de cazabobos para la gilada, como el federalismo y la credibilidad de las estadísticas públicas, no se puede culparlos: funcionaron antes.

Una trampa por donde se lo mire, que al único que puede favorecer es al gobierno, sustrayendo la economía de la competencia electoral, y de la confrontación de propuestas de cara a las urnas: exactamente lo que necesita Durán Barba para que la campaña transcurra sobre otros ejes. A esta trampa la quiso atraer Massa a Cristina, aunque ante la evidencia de los hechos trate de despegarse como una mancha venenosa, o negar los contactos con el gobierno.

Poco importa si esos contactos efectivamente existieron (todo indica que sí), o se trata de una maniobra instalada desde el dispositivo mediático oficialista, para "acorrarlar" a Cristina y al kirchnerismo, y hacerlos ver como los "irracionales" que se niegan a concertar políticas en beneficio del país. En este último caso, sería otra cara de la misma moneda: el "círculo rojo" tratando de liberarse de la carga de tener que construir un candidato que la enfrente, haciendo que gane quien gane las elecciones, deba aplicar un mismo y único programa. 

Y tratando de que las distintas fracciones del capital (que están empezando a explorar alternativas electorales que convengan a sus intereses, incluyendo al kirchnerismo y a Cristina) cierren filas en torno a las banderas comunes, con las que "Cambiemos" sedujo a todas en 2015: la baja de impuestos, la eliminación de regulaciones estatales y la flexibilización de la fuerza de trabajo, para abaratar aun más los salarios y el costo laboral.  Es decir, el mismo núcleo de ideas que nos condujo al desastre actual: nada más alejado no solo de las necesidades actuales de los argentinos, sino de una propuesta que pueda seducirlos para que depositen en las urnas un voto contundente por un cambio de rumbo.

viernes, 23 de noviembre de 2018

A SPOILEAR EL FINAL


Primero que nada, el contexto de la foto (una más, y van) de ayer: después de que los reunidos aportaran votos decisivos para que se aprobara el presupuesto del ajuste pactado por el gobierno con el FMI, en respuesta reactiva al discurso de Cristina en Ferro, y después de la movida opositora para hacerle perder terreno al gobierno en el Consejo de la Magistratura; movida a la que -siempre hablando de contexto- habrá que poner en su justa dimensión cuando el rengo empiece a andar, o sea cuando haya que decidir algo concreto ahí.

Mientras tanto, sirvió para que oficialismo tuviera una crisis interna por el desplazamiento de la UCR, para que Massa metiera un pie donde no lo tenía vía Camaño, y para que Pichetto asuma personalmente un rol para el que ya no tiene nadie en quien confiar para que lo cumpla por él, síntoma de la crisis de su bloque. Y no mucho más, por ahora.

Mientras el cuarteto imperial y buena parte de los gobernadores formalmente opositores se sacaban la foto de rigor, la conducción de la CGT -llevada por Barrionuevo, el ex interventor duhaldista en el PJ nacional- se reunía con Lavagna para convencerlo de ser candidato: el eje Duhalde-UIA-AEA en acción, lubricado por el pacto/canje de un paro a desgano finalmente levantado, por un bono acotado y azaroso; para sostener si no el poder adquisitivo de los trabajadores (algo que nunca estuvo entre las metas de ninguno), si la “competitividad en dólares” de las empresas, ganada por la devaluación a costa, precisamente, de los salarios reales.

Y para terminar con el contexto, todos reuniéndose mientras en el Congreso avanza sigilosa y velozmente el proyecto para salvar a Clarín y La Nación de las regulaciones que los perjudican en el manejo de Papel Prensa, promovido por Bossio (gestor de la reunión de los cuatro con los gobernadores) y el hijo de Lavagna, la mayor superstición electoral argentina de la última década que pretende ser a Néstor y Cristina, lo que Cavallo reclamaba para sí de Menem: ser reconocido como el verdadero padre del modelo, luego desvirtuado.

Las dos alas en marcha de un peronismo modelo 2002; que pretende dar vuelta la página del kirchnerismo, como si nunca hubiera existido; y que deben ser puestas en el mismo contexto para tener en claro que, por fuera del polo opositor que se está congregando en torno a Cristina, todos son japoneses en términos electorales, y una segura vuelta al pasado en términos políticos, y no precisamente al punto en el que quedó el país al asumir Macri el gobierno: el hecho de que se la pasen (como los troscos, curiosamente) más tiempo hablando de Cristina que de Macri, o poniendo a los dos en un mismo plano como parte de los problemas del país que reclaman soluciones, dice bastante al respecto.

Pero si algo no son los gobernadores de la foto, es ingenuos, porque mientras le muestran los músculos a Cristina, casi todos ellos (salvo los que tienen impedimentos constitucionales o legales) anticipan las elecciones provinciales,para despegarlas de las nacionales; en un reconocimiento implícito de que no tienen un candidato de peso para oponerle en esa disputa, pero al mismo tiempo con el deseo de que la interna nacional no interfiera en sus respectivas provincias, que no pueden ganar sin el voto kirchnerista.

Porque más allá de cuantos votos crean que juntan cada uno de los que se prestaron para la foto, o como proponen resolver su interna o quien es entre ellos el candidato taquillero (Massa, Urtubey, un tapado), la pregunta es como creen cada uno de ellos que le iría a ese candidato en una interna contra Cristina, en sus respectivas provincias: salvo en Córdoba y hasta ahí (porque disputan el voto opositor, no el macrista), el resultado no es dudoso: serían barridos.

Lo interesante del caso es que por un lado el kirchnerismo (al que acusaron y acusan de sectario y dogmático) viene haciendo esfuerzos reales por la unidad, tendiendo puentes con sectores con los que mantenía diferencias, ellos siguen sin dar pistas respecto a dónde los encontrará “el final” de todo este esfuerzo fotista: ¿por adentro compitiendo con Cristina en una interna, arriesgando una segura derrota y luego sumándosele por aquello de “el que gana conduce y el que pierde acompaña”?

¿Sumando fuerzas para negociar en mejores condiciones con Cristina la fórmula, las listas e incluso el perfil de un futuro gobierno; o por afuera, como colectora del macrismo, con chances probables de restar votos opositores y facilitarle a Macri la reelección? ¿O en realidad hay que empezar a pensar las cosas de otro modo, como por ejemplo que yendo “por afuera” del polo que se está gestando en torno a Cristina lo favorecen, porque podrían recoger voto descontento del macrismo que jamás la votaría? No ciertamente del núcleo duro de “Cambiemos” que nunca votaría al peronismo, por más desencantado con el gobierno que estuviese.

El dilema que no logra resolver el “peronismo alternativo” desde el 2015 es a que electorado le están hablando, porque si los dos núcleos duros (el macrista y el kirchnerista) los rechazan, ¿les alcanza para ganar con una “avenida del medio” que ya no se sabe cuan ancha o angosta es, o en realidad no buscan ganar sino simplemente incidir en determinar quien gane?

¿Qué piensan hacer -si lograran cobrar volumen electoral- ante esa disyuntiva histórica? Porque ahí se terminan los pragmatismos, y en la definición que tomen, hay –les guste o no- una toma de partido ideológica, sobre el proyecto de país a futuro: o más de lo mismo visto en estos tres años, o un cambio real para mejor; que no puede lograrse sin desplazar al neoliberalismo del poder. 

Claro que todas estas especulaciones pueden devenir abstractas en el supuesto (no improbable) que el empeoramiento de las condiciones económicas y sociales genere las condiciones para derrotar al macrismo en la primera vuelta electoral, conforme a lo que establece el artículo 98 de la Constitución (leer al respecto acá), sobre la base de la respuesta a dos preguntas sencillas, a saber: 1) ¿Por qué razón alguien que votó a Scioli en la primera vuelta del 2015 no votaría ahora a Cristina, si fuera candidata, y 2) ¿Alguien puede asegurar con certeza que en este contexto Macri es capaz de retener todos los votos que obtuvo entonces, y que ninguno de los que pierda iría a la principal alternativa opositora? Tuits relacionados:

viernes, 28 de septiembre de 2018

EL PERONISMO QUE ENTRA AL CEMENTERIO


Del peronismo se ha dicho hasta el cansancio que antes que un partido político o un movimiento, es un formidable aparato de poder, desprovisto de ideología, y de exacerbado pragmatismo; dispuesto a hacer cualquier giro o contorsión con tal de acceder al poder si no lo tiene, o conservarlo si lo posee. Un socio o aliado circunstancial, que te acompaña hasta la puerta del cementerio, pero nunca entra.

La caracterización por supuesto, por supuesto, la han hecho los gorilas y la oligarquía, que como decía Cooke, en un país colonial son las dueñas de todo, hasta de los diccionarios. Pero eso no significa que en algunos casos no sea en parte cierta, o que algunos que se dicen peronistas no la compren, y crean que el peronismo se reduce a eso.

De hecho, desde que asumió Macri para acá, muchos peronistas (gobernadores, senadores, diputados, dirigentes sindicales e incluso analistas políticos) han explicado desde allí la “colaboración” de un sector de la oposición al gobierno con los planes de éste, desde aquella “manito” inicial de validar el acuerdo con los fondos buitres, a la aprobación del presupuesto del año que viene, que algunos se aprestarían a perpetrar ahora.

En éste último caso nos queremos detener: hemos hablando mucho acá del tema, y nos hemos cuidado bien de juzgar a los “pragmáticos realpolítikers” en sus propios y estrictos términos, es decir, según los resultados que obtuvieron de su aporte de “gobernabilidad” al nuevo experimento oligárquico que gobierna la Argentina desde diciembre del 2015.

Lo concreto es que no pueden exhibir muchos resultados que justifiquen el pragmatismo, porque el gobierno no sólo no ha cumplido la palabra empeñada en cuanto pacto, acuerdo o rosca accedieron a cerrar con él, sino que acto seguido  busca la forma de sorprenderlos desprevenidos para pasarlos a degüello, como las tropas mitristas en sus expediciones de policía al interior del país, en el siglo XIX.

Basta recordar lo que pasó con el presupuesto del año pasado (tirado al canasto por el propio gobierno a las 12 horas de haber sido sancionado), el financiamiento de los déficits de las cajas jubilatorias, o las contraprestaciones pactadas por haber bancado la ruinosa (para los jubilados) reforma previsional. El presupuesto del 2019 está lejos de ser la excepción a la regla, sino más bien es su plena confirmación.

El libelo remitido por Macri al Congreso luego del ajuste pactado con el FMI (el primero) ya ha sido analizado acá en varias oportunidades, y a ellas nos remitimos; pero nos permitimos recordar algunos aspectos significativos que los pragmáticos dispuesto a votarlo parecen haber deglutido: la eliminación del fondo sojero y su reemplazo por una contribución excepcional, menor y discrecional, por única vez; la insistencia en rebajar jubilaciones y asignaciones familiares a las provincias de la Patagonia, la eliminación de los subsidios al transporte, la paralización de la obra pública nacional en las provincias, el intento (aun no concluido) por eliminar la tarifa social de la electricidad transfiriéndoles a los gobiernos locales su financiación y más recientemente (en el Boletín Oficial de ayer, ver acá), la eliminación de la bonificación por menor consumo en las tarifas del gas, y la rebaja de los descuentos en sus tarifas para las provincias de la Patagonia.

Eso, ateniéndonos estrictamente a las disposiciones del presupuesto que tienen que ver con la relación entre la nación y las provincias, y sin considerar las otras cláusulas del mismo que lo hacen invotable: los cambios en Ganancias de resultas de los cuáles más jubilados y trabajadores pagarán más del impuesto, el intento de dejarle las manos libres al gobierno para reincidir en un mega canje de deuda, otro manotazo a las utilidades del Banco Nación, solo por citar algunos.

Sin embargo y como da cuenta la imagen de apertura, el “peronismo racional”·representado en el Senado por el bloque de Pichetto, y en Diputados por el interbloque “Argentina Federal” que reporta a algunos de los gobernadores, acompañaría con sus votos el presupuesto, a cambio de algunos retoques menores. Lo mismo harían los diputados del Frente Renovador con algunas excepciones a confirmarse (Felipe Solá, Daniel Arroyo, Facundo Moyano), pese a las ambiguas promesas promesas de Sergio Massa a los sectores más combativos del sindicalismo; y en ambos casos habrá que estar atentos a oportunas ausencias o abstenciones.

Todo eso pese, también, a que el nuevo acuerdo que el gobierno acaba de concluir con el FMI (que al igual que el primero tampoco pasará por el Congreso) impacta sobre el presupuesto, al punto de convertir sus proyecciones en papel higiénico: contempla un dólar en promedio a $ 40,10 para el año que viene, cuando la propia “tablita” que comenzará a aplicar el Banco Central lo sitúa pasando los 48 $ para diciembre de este año, y los 57 $, para el año que viene. Eso, sin considerar el doble destrato institucional de sombrerera al Congreso en una discusión que constitucionalmente le corresponde, y las consecuencias sociales del mega ajuste con las que deberán lidiar si ese presupuesto se aprueba tal cual fue enviado.

Así las cosas y a esta altura del partido, corresponde que uno se pregunte cuan pragmática es una oposición (peronista) que acompaña a un gobierno que marcha al cementerio, y decide entrar con él, compartiendo su suerte hasta el final; y si fuera cierto que creen ser la alternativa para sucederlo, condicionando la suya propia con compromisos política y socialmente incumplibles y económicamente lesivos, y una bomba de endeudamiento que surgen de los pactos con el FMI.

Acaso los “realpolítikers” estén en realidad y en definitiva, respondiendo a convicciones ideológicas profundas, desde las que eligen no cuestionar el rumbo que lleva al país a la quiebra, porque en su fuero íntimo piensan que es el correcto. Algunos incluso lo han blanqueado, como Schiaretti o Urtubey; quizás porque lo ven parecido a otro peronismo con el que se sintieron más a gusto, que es el que le gustaba a la gente que no es peronista: el peronismo de Menem en los 90’, con Cavallo, María Julia y don Alvaro subidos al bote, para colaborar en la concienzuda destrucción de la Argentina peronista; ese peronismo que se reconciliaba con Isaac Rojas. O el de Ricardo Zinn funcionario del gobierno de Isabel, ya muerto Perón, en los 70’.

Si hubiera que apostar, diríamos que muchos de ellos sufrieron el kirchnerismo, como una especie de infiltración izquierdista en el movimiento (muchos parecen conservar “los viejos odios” como decía Borges, pero en este caso de las peleas internas de los 70’), que toleraron mientras hacerlo les reportaba caja, obras y votos para ganar elecciones, y de la cual el triunfo de Macri vino a liberarlos; y por eso le quieren retribuir apoyándolo. Tuit y video relacionados:

miércoles, 25 de julio de 2018

PASARON COSAS


Lo único que falta ahora es que hagan lo que siempre pensaron, y nos terminen echando la culpa a nosotros, porque les dimos la idea, advirtiendo que lo iban a hacer.


¿Vos decís entonces que el gobierno que apoyaste, y que está poniendo en práctica tus ideas geniales de siempre es tan pero tan malo, que es pior que el más pior de todos para vos, que fue el de Cristina?

¿No será que tal vez, quizás, a lo mejor -habría que verlo, manejá la posibilidad, no la descartes de plano- el problema está en el modelo y en las ideas, y no en quien las aplica?

¿O ya estás preparando el terreno para decir otra vez que si algo falló es por culpa de los circunstanciales ejecutores?


Pero cómo, ¿no era que cada día íbamos a estar un poco mejor cada día, porque nos habían salvado de ser Venezuela?

Casi 32 meses después de haber evitado el colapso ¿nos vienen a decir que en el peor año del kirchnerismo, después del estallido de la crisis financiera internacional, estábamos mejor que ahora?


¿O sea que Nico y Toto, el que jugaba en la Champions League, no solo no lograron desarmar la bomba de las LEBAC's que armó Fede, sino que armaron otra peor?

Si entendimos bien, cambiaron deuda cuasi fiscal (del Banco Central) en pesos que emitimos acá y generaron para contener al dólar y la inflación, por deuda de corto plazo en dólares (que no emitimos), que vence antes de fin de año, agravando el ya complejo endeudamiento y deterioro del balance de pagos de la cuenta corriente?

¿Entonces quiere decir que fuimos a pedirle guita al FMI para seguir alimentando la fuga de capitales, y para generar nueva deuda en dólares -solo de acá a fin de año- por el equivalente a las dos terceras partes de los que ya nos prestaron y se fugó?


¿Será este el famoso "crecimiento invisible" del que habla nuestro presidente ojitos de cielo?



¿Estamos ante un caso de amor no correspondido, en perjuicio del buenazo de Urtubey?

¿Macri le dirá a Morales que las obras en Jujuy las haga la Tupac Amaru?

¿En qué habrá quedado el "Plan Belgrano"?

lunes, 23 de julio de 2018

SE NOS CAE UN ÍDOLO


Y nosotros que contábamos con vos para encabezar la resistencia al régimen, Juanma, eso no se hace.

No podés jugar así con la ilusión y la esperanza de la gente.

miércoles, 18 de julio de 2018

LA EXTRAÑAN MÁS QUE NOSOTROS


Antes les molestaba porque hablaba todos los días, y les cortaba la novela con las cadenas nacionales. Ahora los pone locos que se mantenga en silencio, y quieren hacerla hablar a toda costa. Sacan todos los días un muñeco distinto a chucearla a ver si pica, se prende y la suben al ring; para que los desastres del gobierno de Macri pasen a un segundo plano y estemos todos hablando de lo que ella dijo y le dijeron. 

Para peor, mientras sigue sin hablar y limitada a su participación en las sesiones del Senado, las encuestas registren que sigue subiendo, en imagen e intención de voto: recuerda a aquella famosa respuesta de Perón cuando le preguntaban que haría para retornar al poder, y contestaba que nada, que todo lo harían sus adversarios.

Aunque ni siquiera deslizó que vaya a ser candidata, como tampoco lo negó, y por pavote que parezca, eso a estos pavotes eso los desespera: ¿qué les cambia a ellos si es o no es candidata si ya la jubilaron, dieron por cerrado su ciclo, la invitaron amablemente y no tanto a dar un paso al costado y ahora ya dan por sentado que si es candidata, va por afuera del PJ?

Son tan ridículos Pichetto y Urtubey que ni siquiera son capaces de disimular que hablando de la que no habla de ellos, son parte de la estrategia del macrismo, que la necesita en el centro del ring, y prendiéndose a la pelea, para distraer, ocultar y hablar de otra cosa.

Peleándose con Cristina -que no les contesta- están pegándole a la sombra, dando puñetazos al aire que no dan en el blanco. Por supuesto, estarían más cómodos confrontando con ella que con la realidad, que es más áspera: inflación, recesión, el dólar, la fuga de capitales, los tarifazos.

El silencio de Cristina lo obliga a Marcos Peña a rellenar las horas libres del call center reportando a El Destape para que le bloqueen las cuentas en las redes sociales, o a atizar el fuego amigo contra María Eugenia Vidal; haciendo salir de a uno a los candidatos de “Cambiemos” en la provincia de Buenos Aires a negar en público que hubieran aportado para la campaña, además de haber filtrado -casi con certeza- la data que destapó el escándalo: si nos hundimos, nos hundimos todos, parece ser la consigna.

Eso, por el lado del gobierno; mientras “los mercados” le echarán la culpa a la silente Cristina de todo lo que pasa, o puede pasar: veíamos hace poco como en Wall Street temen que vuelva, gane y reestructure la deuda como hizo Néstor en el 2005 (lo que sería completamente razonable), lo cual les da una formidable excusa para subir las tasas si el gobierno argentino lograra retornar a los mercados de deuda. Antes (en las elecciones del año pasado) la acusaban de priori de que provocara una disparada del dólar, si ganaba (acá van risas).

Por el lado del “peronismo racional”, el problema es que el silencio de Cristina genera un vacío que no pueden llenar, con su candidato taquillero en eterna construcción al que a esta altura van a tener que ensamblar con autopartes de más de uno, para que lo registren las encuestas. ¿Le van a echar también ellos la culpa a Cristina y su silencio de ser unos completos eunucos políticos, incapaces de construir nada?

Nadie (ni siquiera estos autodesignados voceros oficiosos) que no sea la propia Cristina puede determinar si será o no candidata, pero en cualquiera de las dos opciones, ¿cuál sería el sentido de develarlo ahora y mostrar las cartas, cuando el silencio le da el manejo de los tiempos y una absoluta centralidad política, no ya hacia la oposición sino hacia el conjunto del sistema político?

Si dijera ahora que será candidata, le lanzarían de inmediato toda la artillería pesada de los fierros mediáticos y judiciales, y le echaría la culpa de dividir a la oposición (Donda dixit) y obturar toda tentativa de construir una confluencia amplia para derrotar a “Cambiemos”.

Si dijera que no lo piensa ser, peor aun: también descargarían contra ella munición pesada, y la presionarían para que se pronuncie bendiciendo a un candidato (al que de inmediato le trasladarían la presión que hoy absorbe ella), o algún acuerdo opositor, del que de inmediato algunos de los firmantes serían chuceados para salir, para no quedar pegados con la mancha venenosa.

A un año de las elecciones todos (gobierno y oposición) tienen por delante problemas muchos más apremiantes que resolver, que el silencio de Cristina: arreglar los despelotes del país en un caso, construir una alternativa seria que los argentinos puedan votar, en el otro. A menos que seguir ocupándose de Cristina sea su particular manera de decirnos que la extrañan más que nosotros, para encarar cualquiera de las dos cuestiones, porque a ellos no les da la talla.

lunes, 18 de junio de 2018

QUE LINDO ES DAR BUENAS NOTICIAS


Si al llegar la inflación prevista para éste año se cae el acuerdo con el Fondo, estamos salvados: lo tenemos al alcance de la mano; y nos vamos a ahorrar disgustos, ajustes, recesión y dolores.

Claro que tendríamos que ver como hacer para neutralizarlo a Todesca, que está haciendo un esfuerzo sobrehumano para poder cumplir con las metas de inflación, y acaba de clavar un 2,1 % para mayo, relevando baja en los precios de los alimentos y en las tarifas de los servicios públicos.

Ni Sturzenegger le ponía tanta garra.


Es reconfortante saber que en medio de la crisis, nuestro presidente no pierde el foco, y se dedica a hacer lo que mejor hace, y de lo que más sabe: cuando se cansa un poco, se recuesta y listo.

Bien por él.


Cuando a este muchacho le avisen que la bomba la armaron ellos, liberando el precio de los combustibles y dejándolos atados al valor del barril de petróleo y el del dólar, se cae de culo.

O sale a decir -como Macri- que "pasaron cosas".


¿Ir a los mercados Juanma, a pagar una tasa más exhorbitante aun que el 11 % que vos pagaste en los bonos de tu provincia, antes de todo este despelote?

Si está es tu idea de una "oposición constructiva y con propuestas" dejá nomás, no ayudés más.

lunes, 16 de abril de 2018

LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD


La derrota de la fórmula del FPV/PJ en el balotaje presidencial del 2015 trajo como consecuencia que se empezara a hablar del ocaso definitivo del kirchnerismo, la salida de escena política de Cristina y el rearmado del peronismo en torno a nuevos liderazgos; que construirían el "post kirchnerismo".

En un ciclo de gobierno que se iniciaba, con "luna de miel" incluida con  la sociedad, y de una fuerza a la que algunos se apresuraron a catalogar de "nueva derecha moderna y democrática", no fueron pocos los opositores (en especial en el peronismo) que vieron como algo positivo la normalización de relaciones con el sistema financiero internacional, clausurando el diferendo con los fondos buitres; con el argumento que de ese modo se abrirían para las provincias los mercados de capitales para conseguir financiamiento accesible para obras de infraestructrura.

En ese contexto, ganó rápidamente terreno en el peronismo "con responsabilidades institucionales" (los gobernadores, el bloque del Senado, parte de los diputados) la idea de hacerle al gobierno de Macri una "oposición responsable y constructiva"; incluso con ofertas de firmar una Moncloa criolla incluyendo -además del sistema político institucional- al poder real; al que el peronismo post kirchnerista en construcción le ofrecía enterrar el hacha, garantizando un horizonte exento de conflictos como los de las retenciones móviles, o la ley de medios.

Ese giro se daba además en un nuevo marco regional e internacional, que hacía presumir  un resurgimiento de las derechas para establecer una nueva y perdurable hegemonía; lo que hacía difícil establecer cuanto había de convicción ideológica, y cuanto de pragmático en el giro propuesto.

La CGT en ese esquema hizo rápidamente el tránsito de una unidad armada en las vísperas del gobierno de Macri para ofrecerse como soporte sindical de un posible liderazgo de Massa en el peronismo (el mismo Massa que poco después iba a Davos ungido por Macri como futuro líder del peronismo), a pieza sindical de la gobernabilidad macrista; acaso confiando en las promesas electorales de "Cambiemos" en cuanto a que el kirchnerismo era un "piso" desde el que se avanzaba, por ejemplo eliminando el impuesto a las Ganancias para los trabajadores.

Como se dijo que la derecha que había llegado al poder no era igual a la que siempre hubo en el país, se suponía también que a Macri, un pragmático que ya había incluido a peronistas en su gobierno en la ciudad, no le molestaría hacerlo en el país; neutralizando así el anti peronismo vintage con saudades del 55' de los radicales y algunos de sus apoyos.

Y así de a poco un peronismo (incluyendo al sindicalismo de la CGT) manso, sin bordes conflictivos, sería aceptado en los salones de la oligarquía, y estaría naturalmente en lista de espera para suceder a "Cambiemos"; mientras Cristina y el kirchnerismo se diluían, a fuerza de carpetazos y trasegar por las pasillos de los tribunales, y sus votos, resignada y mansamente, serían reabsorbidos por ese peronismo "tolerable".

28 meses después, nada (o casi nada) es como parecía entonces: la derecha no es ni moderna ni de cerca democrática, su programa y su modelo son los mismos de siempre, es anti-kirchnerista porque es esencialmente anti-peronista, y esta vez vino en variante voraz, ávida por acomodar rápido los papeles de los negocios privados propios, antes que todo: blanqueo de capitales, endeudamiento para fomentar la bicicleta financiera y la fuga de capitales, curros de diseño por doquier, orquestados desde el aparato del Estado en sus más altas instancias; comenzando por el propio presidente de la república.

En ese modelo no hay lugar (nunca lo hubo) para el empleo de calidad y bien pago, la industria nacional, el mercado interno, la autonomía nacional, la integración, cohesión y mayor equidad social: es decir, no hay lugar para el peronismo y todo lo que representa, al menos para el que sea digno de llamarse así, con respeto a su propia tradición histórica.

Cristina, mientras tanto, sigue siendo Cristina: aun perdiendo en PBA, ganó las PASO con una fuerza gestada desde la nada, forzó al gobierno a poner toda la carne en el asador para ganarle y sigue siendo la opositora más votada en todo el país, por lejos; mientras los peronistas "amigables" perdieron casi todos aun en sus propios distritos (la cercanía con Macri se reveló una peste electoral), el "peronismo racional" nunca despega, no tiene peso, ni candidato ni discurso; si no es en relación al rechazo a Cristina, que les preocupa más como límite que el propio Macri, para el cual de ese modo terminan jugando objetivamente.

Los gobernadores están lejísimos de ser (individualmente y en conjunto) el actor político relevante que muchos supusieron serían, tanto que no son pocos los que solo piensan en desdoblar elecciones para salvar la ropa en sus respectivos terruños; y evitar caer en lo que suponen un seguro desastre electoral el año que viene; con lo que vuelven a demostrar -una vez más- su escasez de miras: en una realidad cambiante, la certeza de reelección segura y largo ciclo macrista que arrojaban las elecciones de octubre pasado crujió y se hizo pedazos, en unos pocos meses y ajuste mediante (reforma previsional, tarifazos, salarios a la baja, inflación que no cede, empleos industriales en riesgo).

El gobierno es lo que se ve, y no hay nada más detrás de lo visible: un modelo de deuda, valorización financiera y fuga de capitales, negocios privados facilitados desde el poder público, represión de la protesta social y persecución de la disidencia sindical y política; en una espiral que ya está alcanzando incluso a los "amigables" (como lo comprueba la detención de Fellner y las amenazas para Peppo, o la propia intervención del PJ nacional), y tiende cada vez más a la concentración de poder, en la misma medida en que pierde plafond social, y justamente por ese motivo.

Y la oposición peronista se sigue debatiendo sin dar la discusión que viene esquivando (o llamando de otro modo, como la excusa de "mí límite son los procesados o con causas en la justicia") desde diciembre del 2015; que no es precisamente la "autocrítica" para analizar las razones de la derrota, otro imperativo que se nos presentó estos dos años como insoslayable, y ha quedado sepultado bajo el peso de la realidad; que impone otras urgencias.  

La discusión real hacia el interior del peronismo está planteada -se diga o no- entre la nostalgia del menemismo (muy visible en algunos como Pichetto o Schiaretti), las ostensibles afinidades con el macrismo (Urtubey) y la pregunta acerca de cual fue en rigor la excepcionalidad en la historia del peronismo post dictadura: si esa década en la que arrió sus banderas históricas para asirse a las del enemigo, o los años kirchneristas que retomaron esas banderas para ponerlas en acto desde la conducción del Estado.

La valorización de la década larga kirchnerista y su apropiación como parte de la experiencia histórica del peronismo, en lugar de negarla o vivirla como una ocupación extranjera en la fuerza creada por Perón, es el pre requisito mínimo para articular la unidad del peronismo primero, y de la oposición después. 

No acríticamente, sino marcando los errores, reclamando lo que faltó o lo que hizo mal, pero partiendo de esa base, porque la cosa es por ahí: con industria nacional, mercado interno, consumo, salarios altos, ampliación de derechos, desendeudamiento, política exterior independiente con preferente inserción regional, defensa irrestricta de los derechos humanos. No es una cuestión de liderazgos actuales o candidaturas futuras, sino de identidad y proyecto político.

Todo ello en un contexto de gobernabilidad futura mucho más complicado que el solo análisis de las posibles perspectivas electorales: retroceso de la política, pérdida creciente de su autonomía y del poder arbitral del Estado a manos de las lógicas corporativas, que además lo están colonizado para desangrarlo; y con excrecencias pre-democráticas que se sobreponen a las autoridades electas por el pueblo: poder judicial, medios hegemónicos, servicios de inteligencia, fuerzas de seguridad; factores que a veces parecen lo mismo y otras directamente lo son, de tan borrados que están sus límites. 

Territorios pendientes de avances para la construcción democrática, o de volver sobre lo intentado como pasó durante el kirchnerismo con la discusión sobre el rol de los medios, o las reformas al aparato de inteligencia; y si alguien ha demostrado en la historia de éste país capacidad para avanzar en el ensanchamiento de los límites de la democracia, ha sido el peronismo, mal que les pese a muchos.

Pero no insistiremos nunca lo suficiente en este punto: para seducir al electorado macrista (a su núcleo duro), ya está Macri y en ese terrreno es imbatible; pero mientras el peronismo  dirigencial no se asuma como opositor (es decir, dispuesto a hacer lo contrario de lo que está haciendo el gobierno), y en esa asunción incluya a Cristina, al kirchnerismo y a la experiencia kirchnerista como parte de su propio derrotero histórico, seguirá perdiendo el tiempo y transitando hacia su esterilidad política, y seguramente también electoral; por la simple y sencilla razón de que la mayoría de los peronistas de a pie que votan ya lo han hecho: mal se puede intentar seducir a los "ajenos", cuando se sigue una estrategia política desacertada que lo primero que logra es espantar a los "propios".