LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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viernes, 6 de febrero de 2026

INDICADOR DEL FRACASO

 

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) y, en general, los indicadores o estadísticas del INDEC nunca fueron un problema técnico, al menos no exclusivamente, y en ese plano la discusión no debería durar mucho: como se compone la Encuesta Permanente de Hogares de la que se extraen los consumos habituales de las familias, que ponderación tiene cada uno de los elementos considerados, y no mucho más. No parece algo que pueda discutirse por décadas, como pasa en la Argentina.

Y eso es porque ante todo es un problema político, vinculado a algo como la inflación, con lo que los argentinos convivimos hace décadas: era un problema político cuando el kirchnerismo intervino el INDEC en el gobierno de Néstor (ni hablar de en lo que se convirtió después), y cuando Macri inauguró su gobierno con un apagón estadístico de seis meses para intentar ocultar las consecuencias sociales de la mega devaluación y los brutales tarifazos con los que inició su gestión.

Por si hiciera falta más pruebas de que estamos un problema político y no técnico, recordemos que el propio Macri dijo entonces que sólo aceptaría ser juzgado por los indicadores de la pobreza con los que empezó y terminó su mandato, después de haber ejecutado ese acto mágico de desaparición estadística de la mitad del primer año de éste.

Marcos Lavagna -eyectado ahora de su cargo en el INDEC por Milei- no es un héroe, ni mucho menos; como no lo fue Todesca en el gobierno de Macri, cuando primero ejecutó el apagón estadístico funcional a la brutal transferencia de ingresos con que se inició, y luego jugó a que le interesaba garantizar la autonomía del organismos responsable de las estadísticas públicas. 

Lavagna recorrió el mismo camino: pega el portazo porque no lo dejan poner en marcha el nuevo IPC, pero antes aceptó toquetear políticamente casi todos los indicadores, como el estimador de la actividad económica (para no reconocer con todas las letras que la economía entró en recesión), los ingresos de los trabajadores informales (para hacer ver que le ganaron a la inflación), las cifras de evolución del empleo (para ocultar que lo que avanza es la precarización laboral) y el índice de pobreza (manipulación de la que Milei saca sus fantasiosas cifras sobre argentinos que la abandonaron). Y aceptó postergar la puesta en marcha del nuevo IPC hasta después de un año electoral, con Alberto y con éste gobierno.

Para todos los gobiernos los indicadores del INDEC (el IPC y otros similares no son estadísticas en sentido estricto, sino meros indicadores) son -como dijimos- un problema mucho más político que técnico, y el de Milei no es la excepción: lo que pasó no es tanto que la inflación estaba mal medida, sino que la política económica diseñada y ejecutada con el casi exclusivo propósito de disminuirla -sin importar los costos- fracasó estrepitosamente.

La saga del IPC y la salida de Lavagna son así otros datos más que vienen a confirmar el fracaso absoluto de la teoría monetarista de la secta austríaca de la cual Milei es devoto para explicar las causas de la inflación, y peor aun, para contenerla. Y el daño que las políticas desplegadas  a ese fin (sin éxito hasta acá) causaron a los sectores de ingresos fijos (asalariados, jubilados), aun medido por el índice cuestionado, es grande; y todo indica que si se lo revisa a la luz del nuevo indicador, es mayor: la certificación en números del fracaso social del experimento libertario. De hecho, el gobierno de Milei le puso un cepo a las paritarias no validando aumentos salariales por encima del IPC (trucho), y la mayoría terminaron cerrando por debajo de es marca dibujada por Lavagna.

Indicadores al margen y más allá de quien esté a cargo de su elaboración o cuáles sean las pautas técnicas que se utilicen, lo cierto es que hace siete meses que la inflación sigue subiendo y todo indica que lo va a seguir haciendo, por decisiones del gobierno; como los tarifazos, la quita de subsidios y la nueva política cambiaria de ajustar las bandas de flotación del tipo de cambio a la inflación. Ese es el estricto orden de los sucesos, y no al revés como pretenden el gobierno y los medios del régimen luego de su papelón con el IPC: que todo hasta allí venía bien y la cagaron haciendo ruido con la salida de Lavagna. 

Sin rezagos monetarios de la gestión anterior, sin riesgo kuka, ni electoral: el fracaso en la lucha contra la inflación (principal y casi único objetivo de la política económica) es todo de Milei, el autopercibido experto en hacer crecer la economía con y sin dinero. Y lo es como efecto deseado y buscado de la brutal transferencia de ingresos entre sectores que instrumenta su gobierno, para reconfigurar las relaciones de fuerzas al interior de la sociedad. Objetivo al que la reforma laboral trata de cristalizar para que no pueda ser modificado a largo plazo.

Y si algo deja claro el affaire Lavagna, IPC e INDEC no es tanto que deben revisarse pautas técnicas (algo que nadie discute ya hace tiempo), sino que además de haber perpetrado el crimen, lo que están intentando hacer ahora es borrar sus rastros; de allí que el nuevo indicador entró en el limbo de "se hará cuando lo consideremos conveniente".

Lo que no queda claro es si todo esto (la política económica, sus efectos sociales y el papelón del INDEC) afectará políticamente y en un futuro electoral a Milei y su experimento libertario: hay testimonios a diario de que entre su base social y electoral la adhesión al gobierno no requiere de certezas o argumentos (como aspectos de la gestión que puedan destacarse), sino más bien cuestión de fe. Como creer en los indicadores del INDEC.

lunes, 18 de agosto de 2025

PARITARIA VIP

 

En varias oportunidades nos hemos ocupado acá del caso de las dos empresas que prestan el servicio de comida en los hospitales provinciales ininterrumpidamente desde 2013 (gobierno de Bonfatti). En ésta entrada pueden encontrar los enlaces a los distintos posteos subidos sobre el tema.

Ambas empresas fueron noticia en otros tiempos, por diferentes motivos, desde quejas por la calidad de la comida, hasta el hecho de que el dueño de una de ellas (la que presta el servicio en los hospitales de Rosario y su zona cercana) fue detenido quince (15) durante la pandemia, por violar la cuarentena.

Como muestran las imágenes del Decreto 1756 firmado por Pullaro el pasado jueves 14 que ilustran el post, les acaban de renovar el contrato para prestar los servicios hasta que se resuelva la licitación que está en marcha (aunque el expediente no registra movimiento alguno desde el 28/5 y recién estaría en la etapa de elaboración de los pliegos).


Pero la renovación (como ha sucedido otras veces) no vino sola ni fue en las mismas condiciones del contrato original, sino con aumento de los precios que la provincia paga a las empresas por cada ración. Y como da cuenta el decreto de Pullaro ese aumento para el segundo semestre de éste año (plazo en el cual regiría la prórroga de los contratos) se hizo atendiendo a los pedidos de las empresas, por incrementos en sus costos; que la provincia entendió -según el decreto- razonables, y convenientes a sus intereses los nuevos precios.

Para llegar a esa conclusión (y a ese aumento) tuvieron en cuenta los índices inflacionarios oficiales (el decreto no precisa si los del INDEC o los del IPEC provincial, suelen variar), más las expectativas de la inflación futura para lo que resta del año, medida por el REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado), que confecciona el Banco Central con los pronósticos de las principales consultoras económicas.  

Los costos de las empresas (atento a su rubro específico) tienen que ver con los precios de los alimentos, el de los servicios públicos utilizados en su elaboración (luz y gas), los sueldos del personal y los gastos de la logística para el traslado y distribución de las raciones entre los diferentes hospitales; en lo que juegan un papel importante los combustibles.


Es decir, sus costos ni difieren mucho de los que tenemos que soportar todos, y entre esos todos, los empleados públicos, docentes, médicos o policías santafesinos a los cuales el gobierno de Pullaro les acaba de ofrecer (a los que tienen paritarias) un aumento del 7 %, para todo el segundo semestre hasta la finalización del año. 

A la hora de analizar si su sueldo le alcanza, quien no piensa en la comida, la nafta o como pagar los servicios públicos, y Pullaro firmó el decreto justo el día que se conoció cuanto aumentaron en Santa Fe estos últimos y otros gastos de los hogares, medidos contra la evolución de los salarios: ver acá más datos.

Lo ofrecido por el gobierno provincial a sus trabajadores es entonces unos cuantos puntos menos que el 11 % de reajuste del precio que les reconoció Pullaro por su decreto del jueves pasado (firmado por él mientras los gremios estatales analizaban el ofrecimiento salarial, y algunos lo rechazaron por insuficiente), que en realidad y para ser más precisos fue del 11,3 % respecto de los últimos valores fijados para las raciones. Como quien dice, hay paritarias y paritarias.

lunes, 14 de abril de 2025

INCONSISTENCIAS

 

viernes, 17 de enero de 2025

SUPERSTICIONES MONETARISTAS

 

Hace poco decíamos en ésta entrada: "Ricardo Aronskind dijo hace poco en un reportaje radical que la etapa de caracterizar el fenómeno Milei no daba para más, porque era complejizar algo que era simple, en el sentido de que estaba brutalmente a la vista. Y agregamos nosotros, el personaje en sí es menor, su despliegue histriónico y discursivo habitual corresponde al terreno de la farsa, y en no pocos aspectos debería ser abordado desde la perspectiva de la salud mental. A lo que sí hay que prestarle atención -y mucha- es al proceso social, político y económico que se está desarrollando en el país del cual Milei es solo un instrumento. Es decir, analizar el comportamiento de los que realmente mandan.".

La reflexión vale también para el marco teórico desde el cual Milei pretende explicar la economía, y hacernos creer que actúa sobre ella, marco teórico que en la academia nadie toma realmente en serio y que el propio gobierno se encarga de desmentir con sus acciones a cada paso.

Así por ejemplo cuando nos explican que la inflación es un fenómeno monocausal, que se explica exclusivamente por la excesiva emisión monetaria para financiar el déficit fiscal generado por el también excesivo gasto público; y de allí que -en teoría- la receta para bajarla sea siempre el ajuste y recorte de los gastos y funciones del Estado. 

Esas supercherías -que tratan de vincular inexorablemente los índices inflacionarios a la evolución de la base monetaria- son del mismo cuño que el "Banco Central independiente", zoncera analizada en su momento acá. Al que -dicho sea de paso- el presidente había prometido en campaña incendiarlo, por considerarlo el principal causante de la inflación.

Muy lejos de ello -y desmintiendo su propia teoría- su gobierno aumentó la masa monetaria hasta casi quintuplicarla, muy por encima del aumento del gobierno anterior, y no solo interviene en la fijación del tipo de cambio oficial -uno de los precios clave de la economía, dicho esto por el propio Milei-, sino que diseñó una tablita similar a la de Martínez de Hoz (el famoso "crawling peg") para manejar el ritmo de devaluación de la moneda frente al dólar; para usarla por un lado como ancla inflacionaria (desmintiendo así su propio diagnóstico monetarista), y para facilitar por el otro -como en los tiempos de Joe- la bicicleta financiera (rebautizada como carring trade") de Caputo y sus socios.

El mismo gobierno que encubre su brutal devaluación inicial o se la achaca al gobierno de Alberto diciendo que -al igual que con los tarifazos- lo único que hicieron ellos fue "sincerar los precios a los valores de mercado"; concepto que nunca aplican a los salarios: de hecho están interviniendo en el mercado del trabajo, forzando negociaciones a la baja y negándose a homologar aumentos por encima de la pauta oficial, algo que ya vimos en el gobierno de Macri con Sturzenegger (y antes con Cavallo en el menemato) y sus "metas de inflación esperada".

Es tan burda la superchería supersticiosa monetarista que el gobierno pretende que creamos que explica la inflación y sus causas, que Caputo salió a explicar el índice de inflación de diciembre (que dio por encima de sus cálculos previos, aunque siguieran profundizando la motosierra y la economía siga en una recesión que niegan) por una mayor aumento de la demanda agregada con motivo de las fiestas, al mismo tiempo que trata de que éste año no haya PASO, porque hasta por lo menos octubre no se notará la recuperación de los salarios, según sus propios cálculos.

Si uno se atiene estrictamente no a lo que el gobierno dice, sino a lo que hace, evitará caer en supercherías como el monetarismo, la independencia del Banco Central o la no intervención del Estado en la economía, y comprenderá como son realmente las cosas, o por qué suceden. Entenderá por ejemplo por qué si la inflación no fue menos al 2,5 % en diciembre, igual Milei le ordena al BCRA "independiente" que baje el ritmo del "crawling peg" a la mitad, profundizando el retraso cambiario y -al mismo tiempo- volviendo a poner en marcha la bicicleta del "carry trade". Para lo cual mantiene las tasas de interés. 

Como fenómeno social que es (cosa que estos chamanes tratan de que olvidemos a menudo) la economía refleja las pujas sectoriales, y los intereses en pugna en una sociedad: hoy por ejemplo al interior del bloque que apoya al gobierno se libra una lucha cada vez más visible entre los que pujan por mantener el tipo de cambio oficial bajo para dolarizar excedentes por vía financiera y fugarlos, y los sectores exportadores que pujan por una devaluación que le permita maximizar sus ganancias.

Sin embargo hay algo en lo que los dos sectores están plenamente de acuerdo: si hay un precio de la economía que no debe ser "sincerado" y el Estado debe intervenir -si es necesario- para mantenerlo lo más bajo posible, es el salario. Porque el principal pase de magia de estos prestidigitadores conceptuales y estafadores consuetudinarios a.k.a. "escuela austríaca" y chantadas similares, es ocultar la puja distributiva, sus perdedores (que somos la mayoría) y -sobre todo- sus ganadores, que son los menos, pero más poderosos.

Como diría Inodoro Pereyra: ahí está el huevo, y no lo pise. Y las supersticiones monetaristas -en las que solo puede creer el orate de la Rosada y acaso quizás también Sturzenegger- son funcionales a ese plan, porque hacen que la sociedad pongan el ojo (y los enojos) en la política, los políticos y el Estado o los empleados públicos, y no en la verdadera "casta"; que no solo está atravesando indemne el experimento con seres vivos que gobierna el país hace 13 meses, sino que ve a diario acrecentados sus privilegios.  

Tuits relacionados: 

sábado, 3 de febrero de 2024

PARA LA PATRIA CONTRATISTA SI HAY CLÁUSULA GATILLO

 

Todo aquel que esté medianamente informado, sabrá que en la provincia de Santa Fe vienen muy complicadas las negociaciones en paritarias del gobierno de Pullaro con losgremios docentes y de otros sectores de trabajadores estatales, por la negativa de la nueva administración a cumplir los acuerdos firmados en el gobierno de Perotti para compensar a los salarios la pérdida sufrida por los índices inflacionarios.

El núcleo álgido de la discusión está en el reajuste que la provincia debe pagar a sus empleados por la inflación de diciembre pasado, que los trabajadores deberían haber cobrado con sus haberes de enero, que están percibiendo por estos días. Eso no sucedió, y el gobierno de Pullaro ofrece cancelar la deuda en dos cuotas por planillas complementarias, "cuando los recursos de la provincia lo permitan".

Es decir, desconoce acuerdos paritarios firmados y homologados -y como tales, de cumplimiento obligatorio-, y los quiere reemplazar por un "cuando podamos", mientras la inflación aumenta, y es imposible saber si dicen la verdad o mienten sobre los recursos de la provincia porque no actualizan la información disponible en el portal de la provincia (ver acá) más allá del mes de octubre del año pasado, último dato cargado por la gestión anterior.  

Pero a diferencia de los empleados públicos y docentes provinciales, hay otros sectores a los que les fue mejor en las paritarias, tanto que obtuvieron ahora sus propias "cláusulas gatillo", y del nuevo gobierno santafesino. Como las empresas contratistas de obra pública, a juzgar por el Decreto 60 firmado el pasado 26 de enero por Pullaro y sus ministros Enrico y Olivares, cuyas imágenes ilustran el post: 

Como pueden ver, lo que hace el decreto es atender a un pedido de la Cámara Argentina de la Construcción Delegaciones Santa Fe y Rosario, hecho en abril del año pasado a Perotti, para que se modificara el Decreto 3599/02 que reglamenta la Ley 12046 de redeterminación de los precios de los contratos de obra pública.

La modificación -que contó con dictamen del locuaz Fiscal de Estado- consistió entre otras cosas en disponer que "En caso que la redeterminación se produzca por el cumplimiento de los 90 (noventa) días previstos en el párrafo anterior, los nuevos valores redeterminados se aplican sobre el último mes del mencionado período.". (se refiere al período transcurrido desde una redeterminación de precios anterior)

En la misma línea, se dispone que "En cada redeterminación, y siempre que ésta corresponda, se aplica la fórmula que se detalla en el punto 6), con lo que se obtienen los nuevos Costos Netos redeterminados de los ítems o grupos de ítems de la obra. Estos son de aplicación sobre el faltante de obra a ejecutar, a partir del mismo mes en el que se produce la variación y hasta tanto se verifique alguna de las situaciones planteadas en el primer párrafo del presente punto.". (las negritas son nuestras en ambos casos)

Hasta acá, las redeterminaciones de precios (es decir, el reajuste del valor de los contratos de obra pública por los aumentos de costos) se producía en esos casos a partir del mes siguiente al del período considerado, con lo cual a partir de ahora la "cláusula gatillo" es casi en tiempo real, y sobre una base de cálculo mayor. Sin planillas complementarias ni pago en cuotas, "según las posibilidades financieras de la provincia": eso queda reservado para los sueldos de sus trabajadores, digamos. 

Tuit relacionado:

jueves, 1 de febrero de 2024

DAÑO SINCRONIZADO Y EL ORIGEN DE LA INFLACIÓN

 

La Secretaría de Comercio de la Nación, hoy a cargo del consultor de empresas Pablo Lavigne, a través de la Resolución 51 /2024,  dejó sin efecto una serie de Resoluciones y Disposiciones que tenían como objetivo la protección de los consumidores, normativas que habían sido dictadas anteriormente en concordancia con lo dispuesto por el artículo 42 de la Constitución Nacional, el cual – nunca está demás recordar- establece que  Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos; a una información adecuada y veraz; a la libertad de elección, y a condiciones de trato equitativo y digno……”

La derogación de normativa protectoria se produce en un marco económico catastrófico para todos aquellos que tienen ingresos en pesos, luego que el actual Gobierno Nacional dispusiera una devaluación demencial del 118%.  Esa devaluación récord, y como era de elemental comprensión, inmediatamente se trasladó a todos los precios de la economía, provocando una estampida inflacionaria que pulverizó los salarios (que hoy tienen menos de la mitad del poder adquisitivo que tenían en el mes de Noviembre pasado), y alcanzando una inflación del 25,5% en un solo mes, Diciembre de 2023. Un índice mensual sideral, considerado un “éxito” por un Presidente que estuvo y está fuera de realidad, como reconocen propios y extraños.

A esta programada demolición de los salarios, se le agrega como decíamos, la derogación de normativa protectoria.  Es decir que a la reducción inevitable y profunda del consumo de bienes y servicios por la licuación de los ingresos de la población, se le suma la decisión del Gobierno de perjudicar aún más a ese consumidor o usuario emprobrecido, favoreciendo al sector fuerte y concentrado de la relación de consumo, el sector empresario, ya que se elimina cualquier límite en los precios y en la rentabilidad, y se derogan obligaciones elementales como la de información que hacen a la calidad de servicio.

Para sintetizar por materia algunas de las 60 normativas que quedan sin efecto, comenzaremos por las Entidades bancarias y financieras.

Se derogan diversas Resoluciones que eran aplicables a dicho sector, entre ellas queda sin efecto la Resolución 134/98, que establecía la obligatoriedad para las entidades bancarias y financieras de informar mensualmente entre otros conceptos, la tasa de interés anual y efectiva mensual aplicada en saldos deudores, intereses punitorios,  interés por extracciones o adelantos de dinero en efectivo, cargo mensual por gastos de administración, cargo anual por uso de tarjetas de crédito o gastos de envío de resumen y tarjetas.

Por derogación de la Resolución 313/98, las entidades financieras tampoco tendrán la obligación de dar a conocer el Costo Financiero Total de las operaciones de crédito hipotecario destinado a la adquisición de viviendas. Y derogada la Resolución 387/99, en los créditos prendarios sobre autos cero kilómetro, las Entidades ya no tienen la obligación de informar trimestralmente el costo financiero total y el valor de la cuota total de las operaciones.  Por lo tanto, esa información ya no podrá publicarse para que los consumidores puedan acceder a esa información elemental y necesaria.

En la misma dirección abusiva, se deroga la Resolución 46/2004, eliminando la posibilidad del usuario de elegir entre distintas compañías aseguradoras por seguros de vida para la cobertura de saldos deudores.

Recordemos una vez más que el artículo 42 de la CN establece el derecho de los usuarios “……a una información adecuada y veraz; a la libertad de elección,…”.

En otros sectores también continúa la supresión de derechos.  Por ejemplo por derogación de la Resolución 54/2000, los prestadores de medicina prepaga ya no deberán informar periódicamente el valor total de la cuota mensual que cobran para los distintos planes, ni períodos de carencia (Resolución  60/2000). 

Las escuelas privadas, por derogación de la Resolución 678/99, ya no tienen la obligación de informar el valor de la cuota mensual que perciben por la prestación del servicio educativo para cada nivel de enseñanza. Tampoco las universidades privadas deberán informar los precios que perciben por el servicio (derogación Resoluciòn 8/2003).

Como se deroga la Resolución 75/2002, las compañías de seguros en las pólizas de automotores , no tendrán la obligación de informar a la Secretaría de Comercio el valor mensual de los premios de los seguros que ofrecen y el valor asegurado en relación a los mismos.

Se deroga la Disposición Nº 10/2014, por lo que se deja sin efecto el “Régimen Informativo de Precios”, mediante el cual todas las empresas productoras de insumos y bienes finales cuyas ventas totales anuales en el mercado interno superaba determinado monto (grupos concentrados - formadores de precios) debían informar mensualmente los precios vigentes de todos sus productos.

Y en relación a bienes de primera necesidad como los alimentos, y su comercialización a través de los Supermercados, son varias las Resoluciones que se derogan para que las cadenas tengan a mano la fijación a placer de precios, abastecimiento y aumentos en perjuicio de consumidores cautivos y obligados a consumirlos.

Se derogan las Resoluciones  1/2020 y 42/2020, que contenían el modelo y convenio de "Precios Cuidados" para supermercados mayoristas, y la Resolución 190/2021 que otorgaba facultades a los inspectores de la Secretaría de Comercio para la medición del cumplimiento del abastecimiento en las góndolas. También se deroga la Resolución 283/2021, que estableció el Sistema de Fiscalización de Rótulos y Etiquetas (SiFIRE) , con el objetivo de evitar rotulación, etiquetas  o envases engañosos en relación a la veracidad o precisión de la información contenida, como peso, componentes del producto, etc.

Por supuesto que no hay límite alguno para la fijación de precios, lo que abre la puerta a la inevitable cartelización entre las grandes cadenas, de modo que nadie venderá tal producto a menos de tal precio.

Y mientras éste Gobierno llega hasta a derogar la Disposición 11/2023 que aprobó un reglamento de actuación para prevención y solución del sobreendeudamiento de las y los consumidores, por otro lado se ocupa de resguardar los derechos de los realmente débiles, derogando para ello la Resolución 4/2012 que establecía la fiscalización, verificación y control de la Secretaría de Comercio sobre Papel Prensa S.A (Grupo Clarín y Diario La Nación) a causa de las acciones de propiedad del Estado Nacional. Las prioridades son claras por si alguien todavía tenía alguna duda.

Y además, el Gobierno hace docencia en la Resolución 51, explicándonos la real causa de la inflación, y la necesidad  por ello de  “………. la eliminación de todas las trabas y obstáculos al comercio que solo han generado incrementos en los costos de transacción para los proveedores y el consecuente encarecimiento de los precios de los bienes y servicios para los consumidores.”  

Las causas de la inflación estaban allí, en las normas que protegen a los consumidores. Seguramente a partir de la Resolución 51, la inflación bajará a menos del 1 % mensual.

domingo, 6 de agosto de 2023

UN TIMMING DEL CARAJO

 

El voto de ellos -contrariamente a lo que nos quieren hacer creer- es el más ideologizado de todos. Tanto, que han demostrado un millón de veces que son capaces de pegarse un tiro en el dedo gordo del pie votando en contra de sus propios intereses, con tal de que no ganemos nosotros.

En cambio el voto nuestro -contra lo que muchos de los nuestros creen- es, en buena medida, un voto que hay que ganárselo, haciendo algo concreto que el votante perciba como favorable para sus intereses. Y está bien que así sea: de eso se trata la política, y te compromete a ser mejor, y ser fiel al mandato. De allí que la adhesión al peronismo (que se suele identificar con lo racional, y ciertamente tiene componentes de ese tipo) es pura y perfectamente racional: la gente que votó y vota al peronismo lo hizo porque -básicamente- les mejoró sus vidas.

Estas elecciones no van a escapar a esa lógica, que está incluso por encima de las "polarizaciones", "terceras vías" y "apariciones sorpresivas" como Milei, porque es la "grieta" real, que divide al país desde 1945. Y es la forma particular que entre nosotros ha asumido la lucha de clases, la puja distributiva, o el nombre de fantasía que le quieran dar.

Por no entender la primera parte, en el 2015 no alcanzó con agitar el fantasma del peligro que entrañaba un gobierno de derecha, aunque ese fantasma se haya corporizado y nos quedáramos cortos. Y por no entender la segunda, en el 2021 nos fue como nos fue, y perdimos cuatro millones y medio de votos, pese a todas las advertencias (comenzando por las de Cristina) en contrario.

De allí que no se entiendan algunas cosas que están pasando, de cara a unas PASO que se vienen en apenas una semana, y que funcionarán en la práctica -como ha sido desde su instauración en 2009- como una virtual primera vuelta. Tanto, que desde el propio gobierno expresan preocupación por la reacción de "los mercados" el día después.

No se entienden por ejemplo -desde esa lógica, estrictamente política y electoral, que al fin de cuentas es la que debería usarse en estas circunstancias- las devaluaciones administradas a pedido de ciertos sectores exportadores (vulgarmente llamadas "dólar soja", "dólar maíz" o similares) que sin un correlato en cambios en el esquema de retenciones, terminan disparando el precio de los alimentos esenciales como la carne, el pan o la leche, a días de una elección.

Como tampoco se entienden -en ése contexto, y en el de una inflación anualizada del 120 % y un retroceso distributivo ostensible de los sectores de ingresos fijos- los aumentos de combustibles, y los nuevos esquemas tarifarios fijados para la luz y el gas, que están derivando en boletas pesadísimas, a pocos días de ir a las urnas.

Y menos que menos se entiende que los anuncios de políticas de ingresos para los sectores populares (los que peor la están pasando, y son la parte fundamental de nuestra base electoral) se pospongan para el día después de las PASO, que según como terminen éstas, es posible que no llegue nunca. Como si -otra vez- para imantar votos alcanzara -simplemente- con agitar el fantasma de "la vuelta de la deecha", y los riesgos que entraña.

Algo nos dice que esa estrategia -que ya falló una vez- podría volver a fallar. Ojalá nos equivoquemos.

martes, 18 de abril de 2023

¿SON O SE HACEN?

 

Quince días atrás, cuando aun no se conocía el índice de precios al consumidor de marzo, decíamos en ésta entrada que, mirada en perspectiva histórica, la cuestión del salario seguía siendo la mś relevante en términos políticos, económicos y sociales; con sus lógicas consecuencias electorales, tanto si es bien atendida como si se la abandona al juego "de las fuerzas del mercado". Sobre éste último, remitirse a los resultados de las legislativas del 2021 y las reiteradas advertencias de Cristina, lamentablemente desoídas por el gobierno.

El domingo pasado decíamos acá que, con el tiempo transcurrido a la vista y las acciones (y sobre todo inacciones) del gobierno en la materia, ya había que empezar a hablar de otra cosa. De un plan deliberado de depresión del nivel de los salarios medidos en dólares para "corregir distorsiones y desequilibrios", para ser más precisos.  O de hacerle el trabajo sucio a Larreta o Bullrich.

Y si tuviéramos que juzgar por las declaraciones de los funcionarios nacionales -incluyendo el propio presidente- habidas desde que se conoció el 7,7 % de inflación del mes pasado, deberíamos decir que tuvimos razón, y nos quedamos cortos.

Desde Gabriela Cerrutti que dijo -al dar a conocer el índice- que la inflación empezaba a marcar una tendencia a la baja, hasta el presidente que dijo que a él le preocupa la inflación y sabe lo que es ir a comprar al supermercado, pasando por la ministra de Trabajo que dice que los salarios no perdieron contra la inflación en el primer trimestre del año o el jefe de gabinete que dice que "estudian alternativas" para recomponerlos y es desmentido en horas por la ministra que descartó una suma fija con carácter extraordinario, no sabés con cual quedarte.

Que decir del Secretario de Comercio, que cree que sigue siendo panelista de los programas de la tele y su única función es contarnos como lo cagaron los formadores de precios, incumpliendo los acuerdos de precios. Lo que no le impidió al gobierno darles a los exportadores otro "dólar soja", con el compromiso de ...no aumentar los precios.

Pero lo peor es que, mientras todo este vodevil grotesco transcurre y la gente común se preocupa porque le resulta cada día más complicado llegar a fin de mes, la política sigue en un Festilindo de candidaturas, alianzas, fotos y lanzamiento; y el "albertismo" -si es que tal cosa existe- insiste con la reelección, y por las dudas avisa que tiene un "Plan B" si el presidente se baja, que sería la candidatura...del jefe de gabinete. Como si los números de la economía en lugar de desplomarlos, los potenciaran.

Y después estos mismos tipos se preguntan como es posible que haya gente (incluso algunos votantes del FDT en 2019) que esté considerando votar a Milei, o meter una feta de salame en el sobre. Porque para variar, cuando Cristina habló de la "insatisfacción democrática" o del riesgo de la fragmentación política tampoco la escucharon, como si ignorándola el problema dejara de existir.

Algo así como suponer que la multitudinaria marcha a tribunales del jueves pasado en apoyo de Cristina no existió, porque la TV pública no la cubrió. Así les va, y así nos va. 

domingo, 16 de abril de 2023

EL PLAN DE LA DERROTA

 

jueves, 19 de enero de 2023

ESTALLÓ EL VERANO

 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

LA CARIDAD EMPIEZA POR CASA

 

Hay tantos diagnósticos sobre las causas de la inflación, como inflación. Hay inflación de diagnósticos, digamos: según sea la escuela económica que se adopte, la inflación es consecuencia del gasto público, el déficit fiscal y la emisión monetaria, las expectativas, la concentración de la economía, los mercados imperfectos, la puja distributiva o -como diría el amigo Rinconet- un mix de todo: "un fenómeno complejo y multicausal", en términos más académicos.

Claro que según sea el diagnóstico que se adopte, serán las medidas que se propongan para atacarla: para la ortodoxia todo pasa por reducir el gasto público para disminuir la necesidad de financiarlo vía emisión, rebajar impuestos y -aunque esto se diga menos- abrir la economía para fomentar la competencia. En ésto último coinciden (¿curiosamente?) algunos heterodoxos cuando analizan los efectos de la inflación en algunos rubros, como los textiles.

Sea cual sea en definitivas la postura teórica que se adopte respecto a la inflación, lo cierto es que el Estado "controla" o "regula" de modo directo o indirecto (por acción u omisión) ciertos precios básicos de la economía, que terminan incidiendo en la formación de los otros precios, y por ende en la inflación.

Algunos de esos precios son directamente fijados por el propio Estado, como las tarifas de los servicios públicos tradicionales (luz, gas, agua, transporte), o en otros el Estado tiene la pretensión de regularlos como fue el caso de los servicios de internet, telefonía móvil y televisión por cable o vínculo satelital; que no pueden ser prestados sin una licencia, permiso o autorización estatal. 

Lo raro del caso -en la Argentina y con éste gobierno- es que mientras litiga en la justicia para conseguir afirmar su autoridad para regular los precios y mitigar los aumentos en el segundo caso, los aumenta en el primero, cuando depende de él mismo y no necesita venia judicial. Lo mismo hace con otros servicios regulados como la medicina prepaga, que fue objeto de una polémica al interior de la coalición oficialista en la que se dio algo curioso: Cristina los criticó, Massa (el ministro de Economía) le dio la razón, pero los aumentos siguen en pie.

El Estado también controla -o debería hacerlo- otras áreas de la economía, como el sector externo y las exportaciones. Lo que en un país con el perfil productivo de la Argentina, es decir, en esencia, materias primas agropecuarias y eventualmente energía (gas y petróleo). En contextos de alta inflación en términos internacionales (como el actual), el Estado debería adoptar medidas para desacoplar los precios internos de los internacionales, evitando así importar inflación, que se sume a los ya altos niveles de la que existe en el país. 

Sin embargo, este gobierno se autolimitó desde el comienzo de su mandato (cuando logró que el Congreso sancione la ley de emergencia) en su capacidad de poner altos derechos de exportación (retenciones), e incluso ha persistido (con Guzmán y ahora con Massa al frente de la gestión económica) en las políticas "ofertistas" para con los sectores exportadores, como si ganar mercados internacionales dependiera del nivel de los derechos de exportación que el país aplica a sus ventas externas, y no de la demanda de los productos que el país exporta. 

O como si dependiera del nivel del tipo de cambio -que en todo caso incide en la rentabilidad de los que exportan-, como pareciera sostenerlo el gobierno al administrar devaluaciones sectoriales (el "dólar soja", ahora el que beneficiaría a las "economías regionales"), que obviamente en una economía bimonetaria como la nuestra y sin desacople vía retenciones, solo alimentan la inflación. Los resultados de esa política están a la vista: en un contexto de alta inflación persistente, los precios de los alimentos y bebidas (bienes de consumo esenciales de la canasta básica, inelásticos a las variaciones de la demanda por esa razón) rankean alto, por encima incluso del promedio general inflacionario.

Por otro lado, sin que los precios de los combustibles (costo difundido si los hay) estén estrictamente regulados por el Estado, éste puede incidir en sus niveles porque controla el 51 % del paquete accionario de YPF, la petrolera que controla más de la mitad del mercado de comercialización de los mismos en el país, y única de tales empresas que tiene integrado en el país todo el ciclo de extracción, producción, distribución y comercialización. Y lejos de usar esa "posición dominante" para contener los aumentos, la petrolera controlada por el Estado nacional suele liderarlos.   

Tampoco el Estado controla o fija de modo directo los salarios, pero por un lado es empleador (con lo cual fijando los salarios de sus trabajadores marca una pauta), y por el otro homologa los acuerdos salariales pactados en paritarias entre los sindicatos y las cámaras empresarias; con lo que se reserva una "llave" para determinar -de un modo indirecto- los niveles de variación de la masa salarial.

En el contexto precedentemente reseñado, si el gobierno (como pasa) se sigue oponiendo al pago de una suma fija independiente de los aumentos pactados en paritarias para que los trabajadores vean compensada en parte la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios frente a la inflación, o fija cortapisas y restricciones inadmisibles para el "refuerzo alimentario" destinado a los sectores más vulnerables (y más afectados, justamente, por la alta inflación en alimentos) no se trata simplemente -en nuestra opinión- de que esté adhiriendo a una visión ortodoxa de las causas de la inflación, que las haría centrar en el gasto público y los salarios.

Se trata de que, además de no tomar ninguna medida concreta de las que están a su alcance para frenar la inflación, está convalidando un patrón distributivo regresivo, en el que los salarios son el ancla de la inflación, que el propio gobierno alimenta desde otros lugares -según lo expuesto- por acción u omisión. Así las cosas, nadie debería sorprenderse de que, por un lado, subsista la alta inflación, y por el otro, se pierdan elecciones. Tuits relacionados:

sábado, 22 de octubre de 2022

LA CHANCHA, LOS VEINTE Y LA MÁQUINA DE HACER CHORIZOS

 

 Leemos acá en La Política Online que, con el trasfondo de la discusión del presupuesto 2023 en el Congreso hay una puja por el mecanismo de reintegro de lo pagado por las empresas en concepto de impuesto a las Ganancias, como consecuencia del ajuste por inflación de los balances. 

Señala el artículo: "En el Presupuesto del 2022 que se cayó por el rechazo de la oposición a votarlo, se prorrogaba el sistema que rigió hasta el 2021 que permitía deducir de ganancias el ajuste por inflación en tres años consecutivos. Esto permitía al Estado morigerar el impacto fiscal de las medidas y a las empresas productoras que toman deuda en el exterior, como las petroleras, les facilitaba la operación.".

"Cuando se cayó el presupuesto el ajuste por inflación pasó a debitarse en una sola cuota. Esta opción beneficia a los bancos y son los que despliegan por estas horas un intenso lobby sobre los diputados para que no incluyan en el Presupuesto la modificación que permita el regreso de las tres cuotas. Fuentes del Ministerio de Economía confirmaron que según sus cálculos mantener el sistema actual de un sólo debito en lugar de prorratearlo en tres años le genera una pérdida al fisco de unos 300 mil millones de pesos.". 

"La diferencia entre los sectores económicos se da porque el impacto del ajuste por inflación tiene efectos diferentes según el tipo de balance que tengan las compañías. Aquellas en la que el activo monetario es mayor al pasivo monetario (como los bancos), están más expuestos en sus balances al impacto de la inflación y esto les genera una pérdida que pueden deducirla del impuesto. Les sirve anticipar el pago y ganarle a la inflación.".

"Las compañías que tienen más pasivos monetarios que activos monetarios y que realizan inversiones intensivas y tomas préstamos en el exterior, como las petroleras, están obteniendo una ganancia producto de la inflación y deberían pagar más. Por eso, prefieren prorratear en tres cuotas el pago porque les gravan las ganancias generadas por efecto de la inflación.".  

Hace muchos años atrás y a propósito del reclamo empresarial por el ajuste por inflación de los balances de las empresas, decíamos en ésta entrada: "Según nos comentaba nuestro amigo Diego Rubinzal (al que consultamos sobre el tema) el ajuste por inflación para las empresas en Ganancias es algo muy complejo porque la ley ya lo contempla para ciertos aspectos que tienen que ver con rubros que componen el patrimonio o activo de las empresas, y el pasivo.Y también nos decía que el ajuste generalizado por inflación terminaría favoreciendo a las empresas que están más "líquidas", es decir que más allá de su situación patrimonial, tienen gran flujo de facturación constante.".

"No hace falta ser Diego Rubinzal para darse cuenta que en esa situación están muchas de las empresas que tienen posición dominante en el mercado, y por ende captan niveles de facturación importante, que se traducen obviamente en utilidades significativas. Y que además en muchos casos son formadoras de precios, y pueden a su vez (como compradores con poder privilegiado de negociación) minimizar sus costos, fijando precios para los insumos que necesitan. Algo que un trabajador no puede hacer con su salario, o sus bienes patrimoniales.".

Como vemos entonces, los causantes y beneficiarios de la inflación quieren provechar sus consecuencias, para seguir obteniendo beneficios, y que el Estado (o sea, todos nosotros) sea el pato de la boda. De éstas cuestiones también se habla (o debiera hablarse) cuando se dice que la inflación es consecuencia o resultado de la puja distributiva; o por lo menos con estas cuestiones algunos podrían tener más en claro quien gana y quien pierde en esa puja: de accederse al lobby de los bancos, el Estado resignaría 300.000 millones de pesos en recaudación, que bien podrían destinarse a mejorar jubilaciones, la AUH o los demás programas sociales, por decir algo.

En el caso de los bancos, son los eternos beneficiarios, con todos los programas económicos, en todos los gobiernos y sin importar las circunstancias de crisis o bonanza por las que atraviese el país. De hecho, en estos tiempos están haciendo pingües ganancias prestándole al Estado a tasas siderales, en un marco macroeconómico en el que las tasas suben como estrategia para intentar -sin éxito hasta acá- frenar la inflación. 

Y ahora además quieren licuar el costo fiscal que les significan esas ganancias, acumuladas en ése contexto, con la excusa de la inflación, y haciéndole perder una masa importante de recursos al Estado, justo cuando todos -el gobierno, la oposición, los empresarios, el FMI-hablan de garantizar el equilibrio fiscal o la reducción del déficit, pero solo atacando los gastos públicos, sin hablar de los ingresos. 

sábado, 13 de agosto de 2022

¿Y?

 

La asunción de Sergio Massa en el Ministerio de Economía absorbiendo otras áreas para unificar en un solo mando la política económica estuvo rodeada de la expectativa más propia de un recambio presidencial, que de gabinete. Como un virtual jefe de gobierno, el flamante ministro copó la comunicación oficial, y el presidente quedó a un costado, más desdibujado aun de lo que ya estaba; o dedicado a lo que parece gustarle más: comentar la realidad, sin especificar como piensa transformarla.

Como ocurrió por ejemplo cuando ayer se conoció el índice de inflación de julio, el más alto desde abril de 2002, que llega el acumulado del año a más del 46 % en solo siete meses, y a un 71 % interanual. Por supuesto que el índice refleja un período en el que Massa aun no era ministro y por ende no cabe atribuirle responsabilidad en él. Pero Alberto sí ya era presidente, el mismo presidente que prometió una guerra contra la inflación, que nunca llegó siguiera a que -de parte del gobierno- se disparara el primer tiro.

Y para completar el panorama, tampoco se sabe que piensa hacer al respecto el nuevo ministro de Economía, más allá de las concesiones conceptuales al discurso monetarista que subyacen en la idea de que creer que el problema se puede resolver (o empezar a resolverse) cortando la asistencia financiera del Banco Central al Tesoro, o ajustando el gasto público.

Para peor -o no casualmente-, entre los que más contribuyen a incrementar la inflación están los principales sponsors de Massa. Su propio secretario de Producción (De Mendiguren) viene de la industria textil, que lidera las remarcaciones; y el nuevo ministro festejó como un éxito la renovación de deuda en pesos con los bancos, con una tasa efectiva anual superior al 90 %, casi 20 puntos por encima de ya alta inflación.

El gobierno podría también -sin que sea excluyente- abordar el problema de la inflación vía la política de ingresos, pero hasta acá lo único parecido a eso son los anunciados (y aun no concretados) bonos a los jubilados que complementarían el aumento trimestral derivado de la aplicación de la ley de movilidad, que se financiaría con un anticipo de Ganancias a cuenta de lo que deben ingresar el año próximo las empresas que más han ganado. 

Antes de festejar a cuenta de la medida (que ciertamente no compensa el deterioro salarial), téngase en cuenta que esos recursos faltarán el año que viene (porque las empresas lo deducirán de lo que pagan éste año), que la fórmula de actualización de los haberes previsionales se alimenta (entre otros componentes) de la parte del producido de la recaudación impositiva destinado a la ANSES y por ende esa circunstancia tirará a la baja futuros aumentos trimestrales por movilidad, y que la solución que ideó Massa fue, en rigor, para archivar definitivamente el impuesto a las rentas inesperadas que Guzmán y Alberto anunciaron, pero jamás apareció por el Congreso.

No hay bonos especiales para los trabajadores registrados -insólitamente la CGT rechazó la alternativa al mismo tiempo que lo hizo la UIA-, el Consejo del Salario se reunirá recién la semana que viene para ver como queda el SMVM, y lo que sí se está poniendo en marcha -porque lo anunció Massa entre sus primeras medidas- es un aumento de tarifas mayor aún que el que había diseñado Guzmán, porque se dejará de lado la "segmentación" por ingresos, y se promete una baja más sustancial del gasto en subsidios: que no se diga que de ese modo se compensa el efecto inflacionario de la suba de las tarifas, porque eso ya se lo oímos a Sturzenegger en tiempos de Macri, y sabemos como terminó la cosa.

Concluyendo: los cambios detonados con la llegada de Massa al gabinete, hasta acá. no modifican el panorama conocido en tiempos de Guzmán, antes bien parecen agravarlo, en términos sociales. Y si no se van a tomar medidas para cambiar eso -cosa que a ésta altura parece que será así-, no es demasiado pedir que se dejen de comentar la realidad, diciendo que les preocupa.

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