LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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viernes, 29 de mayo de 2026

ESTADO DE SITIO

 

Cuando el año pasado impulsó la reforma de la Constitución provincial para lograr que se le habilitara la posibilidad de la reelección, Pullaro -que encabezó la lista de convencionales de "Unidos"- hacía campaña prometiendo terminar con lo que denominaba el garantismo (al que calificó como una ideología sostenida por el kirchnerismo y que le hizo mucho daño al país), como si se pudiera hacer tal cosa sin colocar a la provincia en condiciones de sufrir una intervención federal, pues se trataba ni más ni menos que de eliminar las garantías inherentes a la defensa en juicio que consagra la Constitución nacional.

Demás está decir que la bravata discursiva tenía por único propósito reforzar su imagen bukelista de tipo duro dispuesto a todo para combatir el delito, sabedor (o esperanzado en que así fuera) de que ese discurso podía rendirle electoralmente en determinados segmentos de la sociedad. Aunque los números de las sucesivas elecciones habidas desde entonces le demostraron que la apuesta era fallida, el hombre insiste, en buena medida porque ya no sabe como volver de donde se metió.

En medio del proceso de reforma de la Constitución santafesina, la deriva autoritaria del gobernador y su ministro de Justicia y Seguridad los llevó a lanzar el globo de ensayo de modificar -en el marco de la convención reformadora- las normas constitucionales que establecen las garantías de la defensa en juicio, y hasta constitucionalizar la validación del gatillo fácil policial: ver en ésta entrada más información al respecto. Como no podía ser de otra manera, el delirio paranoide y represivo no prosperó, y los actuales artículos 14 y 15 de la nueva Constitución provincial ratifican en sus textos los principios que estaban incluidos en el texto anterior, por derivación de la Constitución Nacional. 

Y en consecuencia con eso, el artículo 14 dispone que "Toda persona tiene derecho a la libertad personal y no puede ser privada de ella ni restringido su ejercicio, sino por disposición de autoridad competente en los casos y condiciones previstos con anterioridad por la ley. En caso de detención, debe darse aviso inmediato a un juez, para que revise la medida en el plazo máximo de veinticuatro horas. No podrá mantenerse una incomunicación por más de cuarenta y ocho horas, salvo resolución judicial. La incomunicación de la persona detenida nunca puede afectar el derecho de comunicación con su abogado defensor. La privación de la libertad durante el proceso tiene carácter excepcional, conforme los criterios y alcances determinados por la ley.", así como que "En materia penal se instituye el proceso acusatorio, adversarial, oral y público."; mientras que el artículo 15 establece que "El domicilio es inviolable. No se puede efectuar en él registros, inspecciones o secuestros sino en los casos y en las condiciones que fije la ley Son igualmente inviolables la libertad y el secreto de la correspondencia y de todo otro medio de comunicación y sus restricciones pueden realizarse sólo cuando la ley las autorice y con sus garantías. Los habitantes de la Provincia pueden permanecer y circular libremente en su territorio.". 

Pues bien, menos de seis meses después de haber aprobado estos textos que no dejan lugar a dudas sobre que la Constitución provincial -mal que le pese a Pullaro, que los votó- es garantista-, el gobernador impulsa una serie de reformas legislativas que implican en la práctica derogarlos o tenerlos por no escritos, con la excusa de combatir la inseguridad. El proyecto (que propone modificar el Código Procesal Penal, la ley de ejecución de la pena privativa de la libertad, la del Programa Provincial de Protección de Testigos y Fondo de Recompensas, la "ley de inteligencia" provincial" y la ley orgánica de la Policía) es presentado a la consideración de la Legislatura absolutamente huérfano de toda fundamentación estadística o científica; y con una notoria confusión entre los delitos concretos que se pretende combatir: sentado que el narcotráfico es de jurisdicción federal -cosa que nos dijeron por años y ahora omiten por fines propagandísticos en la comunicación oficial- el proyecto oscila entre normas pensadas (en teoría) para combatir a las organizaciones criminales, y otras enderezadas a resolver las riñas entre vecinos. 

Se establece (o restablece en realidad, porque rigió en la dictaduras) la "declaración informativa e interrogatorio policial", pensada para los primeros momentos de la investigación de un presunto delito, y en la cual se elimina la obligatoriedad de la presencia del abogado defensor como condición ineludible para la declaración del imputado; después de haberle repuesto a la policía (en el inicio de la gestión de Pullaro) la facultad de detener personas por hasta 48 horas sin dar noticia a un juez "por averiguación de antecedentes".

Se legislaría el juicio penal en rebeldía, y se introducen distintas causales de validación judicial de pruebas obtenidas por medios ilegales, abandonando lo que se conoce procesalmente como el "fruto del árbol envenenado"; y se introduce el allanamiento automático de domicilios por el secuestro de armas en vía pública, y tantas excepciones al principio de la orden judicial previa para allanar un domicilio (que como vimos ratifica el artículo 15 de la Constitución de la provincia), que en la práctica significarán su derogación.

Se crea la figura del "procedimiento por decreto penal", que consistiría en proseguir un proceso penal (supuestamente para casos contravencionales y de criminalidad de bajo impacto) hasta su finalización con una sentencia condenatoria sin participación del imputado, que podría solo recurrirlo a posteriori, lo que supone derogar en la práctica y para esos casos el sistema acusatorio que ahora goza en Santa Fe como vimos, de rango constitucional; y bajo el rótulo de "fortalecimiento de las actividades de inteligencia" se amplían las atribuciones de la policía para la "...producción y gestión de información para la prevención del delito" se le permitiría la "...apertura, extracción, explotación, clonado y/o recuperación de datos de dispositivos y repositorios electrónicos y/o digitales, cuentas de mensajería o redes sociales;...". Sobre lo que en su momento denominamos "la AFI (hoy sería SIDE) de Pullaro", ver más información en ésta entrada.

Pero una de las reformas más peligrosas es lo que el proyecto denomina "zona de intervención policial especial", por la cual como derivación de la ya cuestionable facultad genérica de la policía para detener personas en averiguación de antecedentes, se propone que los órganos ejecutivos (por sí y sin necesidad de autorización judicial) puedan intervenir policialmente una zona determinada en función de los indicadores de criminalidad que se registren; y la declaración administrativa en ese sentido de un sector determinado habilitaría facultades de excepción dentro esa zona para restringir el uso del espacio público, la circulación de personas y vehículos y hasta la comercialización de bebidas alcohólicas, entre otras medidas.

Sería una especie de estado de sitio focalizado, basado en la exclusiva apreciación de la fuerza policial y cuya vulneración acarrearía -según el proyecto- hasta 30 días de arresto: un mecanismo más propio del control social, que de la lucha contra el delito; copiado del artículo 4 de la Ley 27786 (denominada "ley antimafias"), que establece la figura de la "zona sujeta a investigación especial", a la que por iniciativa de Pullaro la provincia de Santa Fe adhirió por Ley 14434 de marzo de éste año.

Vemos entonces como el gobernador -ante la preocupante posibilidad de fracasar en su intento de conseguir la reelección- profundiza su deriva autoritaria sin medir los riesgos que entraña poner facultades extraordinarias con escasos controles institucionales en manos de una fuerza policial que en su momento hasta secuestró y desapareció personas en democracia (como Franco Casco), estuvo y está sacudida por hechos de corrupción y connivencia con las organizaciones criminales que debía combatir (desde Tognolli hasta el ex jefe de la UR Rosario reincorporado y ascendido en forma extraordinaria por Pullaro, y hoy a punto de ir preso por robo de combustible), y hace poco se autoacuarteló liberando zonas para el delito en demanda de mejoras salariales y laborales.

Y todo ello justificado con un discurso oficial manodurista y confuso en el que se mete en la misma bolsa el combate al narcotráfico con la baja en la imputabilidad penal de los menores (como si estos fueran los que arman y conducen las organizaciones criminales), que el gobernador se jacta de haber apoyado enfáticamente cuando se discutió en el Congreso. Tuits relacionados:

miércoles, 29 de enero de 2025

LOS TÉRMINOS DE LA DISPUTA

 

Unos días atrás ejemplificábamos en esta entrada como el gobierno trataba de imponer su agenda y hacernos correr detrás de ella, y como eso obedece a su necesidad de que no se hable de ciertas cosas, que le resultan incómodas. Para que se entienda que no es una originalidad argentina ni un invento genial del aparato comunicacional de Milei, más o menos lo mismo está diciendo en el tuit de apertura Bernie Sanders (senador demócrata de EEUU) respecto de la agenda que trata de imponer Trump, que es en muchos aspectos la misma de Milei, porque responde a consignas y objetivos de la derecha global.

Lo que dice Sanders -y compartimos- es que en los próximos meses (aquí ya vino pasando porque la derecha gobierna hace más de un año) los pondrán a discutir insensateces y estarán lanzando nuevas todo el tiempo, mientras guardan un estruendoso silencio sobre determinados asuntos. Es parte de la estrategia de esta "nueva" derecha para disfrazarse como contracultural, rebelde y cuestionadora del sistema capitalista, cuando en realidad es su más férrea defensora, y la herramienta a la que {este echó mano cuando no encontraba respuestas satisfactorias en la democracia: reducirla al cotillón electoral, vaciándola de sentido en todo lo demás, y servirse de sus éxitos electorales para reconfigurar brutalmente las sociedades, más a favor de sus intereses de lo que ya estaban.

Con Milei y sus dislates cotidianos (los últimos de ellos, en el foro de Davos) pasa exactamente lo mismo: hay que concentrarse más en lo que hace que en lo que dice, y en lo que no dice (o en aquello de lo que no quiere hablar), que en lo que dice. Por supuesto, nada de esto debe ser entendido en el sentido de resignar banderas, abandonar peleas o avenirse a perder derechos: hay que dar todas las luchas que sean necesarias, en todos los frentes y sumarse a las que den todos los que enfrenten a este experimento de crueldad social.

Sin perder de vista nunca lo esencial, que fue dicho más arriba: asistimos a gobiernos de derecha (poco importa si se asumen como "liberales", "nacionalistas" o "populistas") siguiendo una típica agenda de derecha: preeminencia del capital sobre el trabajo en todo (en especial en la distribución del ingreso y los esfuerzos), sociedad regida por las leyes del mercado, debilitamiento de los roles y el poder del Estado (reducido a garantizar los negocios del capital) y dispensar todas las dosis y de autoritarismo y violencia (verbal, física e institucional) que sea necesaria, para conseguir esos objetivos, o aplastar las resistencias. Sin importarles (y por ende tampoco debería importarnos a nosotros) si las víctimas de esas violencias son trabajadores sindicalizados, organizaciones sociales o el colectivo LGBT.

Ese plan se despliega a su vez en una sociedad quebrada, rota, desigual e interferida en sus modos de conocimiento y percepción de la realidad, por los aparatos ideológicos del sistema; lo que nos lleva a las atinadas reflexiones que hacía Ricardo Aronskind en ésta nota en El Cohete a la Luna cuya lectura íntegra recomendamos: "Nadie puede soñar en la Argentina con un cambio progresista, realmente popular, si no se revierte el estado de alienación colectiva de una parte de la sociedad. Esa reversión no será espontánea, por la sencilla razón de que todos los días, 24 horas por día, la desinformación, la deformación y la implantación de ideas descabelladas funciona y deteriora las capacidades de comprensión de la realidad de diversos colectivos en todo el territorio nacional.".

"Desde la política partidaria, parece que sólo se visualiza la instancia electoral, y se busca reagrupar los votos ya disponibles –los votos “realmente existentes”– en base a “ofertas atractivas” adaptadas a las subjetividades existentes en plaza. Parece no comprenderse que ningún proyecto popular podrá avanzar con tanta gente no entendiendo en qué país vive, cuál es su perspectiva de progreso personal en un modelo de concentración salvaje del capital, y a dónde va a terminar su propia existencia si se siguen desmantelando nuestras capacidades colectivas para garantizar condiciones de vida aceptables.".

"Por lo tanto, no se trata sólo de tironear por el electorado realmente existente, buscando cómo atraer a ese público influenciado por los medios y las redes, sino en “producir” nuevo electorado. Producir electorado es crear nuevas subjetividades, promover sensibilidades acordes a un proyecto colectivo de bienestar y fraternidad. Producir electorado es lo que viene haciendo la derecha con bastante éxito, promoviendo el antiperonismo, el clasismo, el racismo, el auto desprecio nacional, el individualismo y el anti estatismo.".

"No nos cabe duda que si hoy existiera lo que en la terminología liberal se llamaba “ciudadanía”, las barbaridades que dicen y hacen las autoridades en nuestro país y en el exterior encontrarían una respuesta mucho más potente, tanto en la calle como en los medios y en las instituciones de la democracia. Para tener votantes lúcidos, tenemos que poder construir ciudadanos involucrados en lo público. Hoy no alcanza con un proyecto político que ofrezca un poco más de consumo a masas pasivas y despolitizadas. La apuesta popular debe ser mucho más alta y ambiciosa.".

Aronskind apunta con agudeza a los modos de desplegar una praxis política para ganar (o recuperar) voluntades sociales (más allá incluso de la dimensión específicamente electoral), pero nos lleva por derivación lógica de su planteo, a otra cuestión esencial: para el campo nacional y popular sería un error garrafal repetir el error cometido en 2015, 2019 y 2023 de aplicar el apotegma "si no puedes vencerlos, únete a ellos"; en modo de perfilar propuestas y candidaturas que los "atraigan" sobre la base de la moderación del discurso y la búsqueda de un ilusorio "centro" que (está demostrado) no existe socialmente.

En todo caso habrá que buscar el modo inteligente de construir un electorado (en las palabras de Aronskind) que pueda sentirse atraído por las banderas históricas (cuya necesidad de concreción está ratificada, y no desmentida, por la realidad) y por propuestas viables que las expresen, acordes a los tiempos que corren. Para lo cual no alcanza con esperar a que lo estragados por las políticas de Milei comprendan que lo son como consecuencia de ellas y por ende no serán ellas -desplegadas en el tiempo- las que mejoren o reparen su situación, y nos vengan a buscar después de haberle perdido la fe, porque eso no sucederá, no al menos mágicamente y sin mediación de la praxis política. 

Del mismo modo que no sucederá que el experimento con seres vivos que nos gobierna esta vez tenga éxito en todo lo que no sea garantizar sus negocios e intereses, y derrame en beneficios para la mayoría de la sociedad; cosa que hasta el mismo Milei en su fuero íntimo sabe. Y si no lo sabe él (porque su grado de alienación de la realidad es mayor incluso que el que trasunta en público), lo saben perfectamente sus mandantes reales: ya está visto y dicho que el futuro o la construcción de una sociedad mejor y más justa sean algo que les preocupe demasiado, porque el único futuro que les interesa (el suyo) o tienen asegurado contra toda contingencia, y quieren asegurarse de que siga siendo así.

Tuits relacionados: 

lunes, 27 de enero de 2025

PERPLEJIDADES

 

miércoles, 19 de enero de 2022

CORRECCIÓN E INCORRECCIÓN POLÍTICA

 

Soledad Acuña va a seguir siendo ministra de Educación de Larreta, y su ¿exabrupto? sobre el destino de los pibes porteños desvinculados de la escuela durante la pandemia no le va a costar el puesto, ni mucho menos. Como tampoco lo pusieron en riesgo sus anteriores dichos sobre el nivel cultural de los docentes, o haber dicho que se dedicaban a la docencia los que eran mediocres, a falta de otra ocupación.

Decir lo que dijo no le traerá ninguna consecuencia, como no se la trajo a Macri cuando habló de "caer" en la escuela pública, o a Vidal cuando dijo que en el conurbano había demasiadas universidades, porque los pobres jamás llegan a la universidad. Hay una línea de coherencia que une todos esos dichos y -lo que es más importante- los hechos que son su consecuencia, cuando la derecha gobierna y le toca -entre otras cosas- ocuparse de la educación.

Solo algunos paparulos como Natanson pudieron haberse confundido y ver otra cosa cuando habló de una "nueva derecha moderna y democrática" que valoraba bienes públicos que debe garantizar el Estado, como la salud o una educación de calidad. Nuestra derecha es la misma siempre, y si juzgamos por su oferta actual, la de sus peores versiones: bruta, simplista y predemocrática; en todas sus variantes.

Pero sería todo muy sencillo si la cosa se limitara a los dirigentes que expresan a esa derecha, o a los funcionarios de sus gobiernos, y si alcanzara con repudiarlos en las redes sociales. La cosa es más compleja (aunque brutalmente clara para que se entienda), si se repara en que esa derecha política no es sino la expresión de una derecha social: un 40 % de los argentinos, mínimo, y bastante más de la mitad de los porteños, piensan lo que piensa Acuña sobre la educación, los pobres, los pibes villeros, su destino y sus posibilidades. 

Por eso votan como votan, y por eso las elecciones vienen teniendo los resultados que vemos. De hecho, la derecha en sus diferentes encarnaciones electorales ha entrado hace rato en una competencia para ver cual es más brutal, para poder captar adhesiones; lo cual dice más de esa parte de nuestra sociedad que los vota, que de los que son votados por ella.

Más brutales nos parecen sus ideas, más atractivo parecen tener, en su simplicidad rústica, para muchos argentinos: así como creen que hay gente que es pobre porque quiere, porque no le gusta trabajar y prefieren vivir de un plan, piensan que hay otros que son brutos o ignorantes porque no les da la cabeza, no tienen interés en estudiar o progresar, y el Estado nada puede (ni debe) hacer al respecto.

Quienes piensan así están cómodos con un darwinismo social en el que impera la ley de la selva y el sálvese quien pueda, y reniega de toda política pública compensatoria, equilibradora o igualadora, "bancada con la plata de mis impuestos". En todo caso si bancan que se gaste plata en los pobres, es en la bala que los mata por gatillo fácil, ante la menor sospecha de que puedan delinquir, por las dudas.

Ese estado de conciencia social (alimentado por nuestras experiencias históricas, el repicar de los medios y tantas cosas más) es el que se expresa en los dichos de Acuña, como se expresó antes en los de Macri o Vidal a los que hacíamos referencia. De allí que no deba extrañar que la ministra haya redoblado la apuesta tratando de explicar lo inexplicable, o al contrario: lo que no es necesario explicar, porque es expresión de una ideología de clase, cruda, pura y dura: lo hace porque tantearon que tienen un amplio plafond de apoyo entre gente que, para sentirse más, necesita que otros sean menos.

De modo que el problema no es de modos, ni de corrección o incorrección política, ni de un repudio más o menos: es profundamente político e ideológico, y como tal hay que tratarlo, sin complejos ni miedo a llamar a las cosas por su nombre. Y como hemos dicho muchas veces acá, asumiendo que la política es conflicto y -sobre todo- representación: los que piensan como Acuña y por eso votan a la derecha, están muy bien y cabalmente representados.

En todo caso nuestra preocupación debiera ser en que medida estamos representando nosotros a los que ven el mundo, la sociedad, la vida, con otra escala de valores. En educación y en todas las demás cosas.

viernes, 10 de septiembre de 2021

NO ROMPAN MÁS LAS BOLAS, DERECHA HAY UNA SOLA

 

En un proceso electoral marcado por la chatura del debate político y una competencia bizarra por quien planteaba el tema más insustancial de discusión, o el spot más bochornoso, se recorta claramente una certeza: lejos de las ensoñaciones teóricas de Natanson y de las peleas en la superficie, la derecha argentina es una sola, con el mismo núcleo de ideas. En todo caso la disputa es por la representación de esas ideas.

Desde los "libertarios" de Milei, hasta los "halcones y palomas" del macrismo, pasando por los que quieren "pasar por lo nuevo" como Martín Tetaz, todos están de acuerdo en tres o cuatro cosas fundamentales, aunque a veces parezca que lo digan de modos distintos:

* Impulsar reformas laborales flexibilizadoras, que incluyan la eliminación de la indemnización por despido, o que faciliten echar gente, con la excusa que de ese modo se facilita crear nuevos empleos.

* Lectura monocausal de la inflación, atribuyéndola exclusivamente al déficit fiscal y la emisión monetaria, postulando desde el incendio del Banco Central (Milei), hasta su independencia del Estado argentino, en la variante Vidal-Tetaz.

* Rebaja de impuestos a las fracciones más dinámicas del capital, con la excusa de favorecer a las Pymes y los "emprendedores".

* Como consecuencia de lo anterior, se lo enuncie o no explícitamente, reducción al mínimo posible de las funciones del Estado, con un fuerte ajuste del gasto público.

* Defensa irrestricta del modelo de endeudamiento para la fuga de capitales, confundiendo deliberadamente la deuda en pesos y en dólares, o justificando ésta última con la excusa de financiar el déficit fiscal.

* Autoritarismo político disfrazado de discurso de lucha por las libertades, y escasas credenciales diplomáticas al no condenar la violencia política explícita (atentado contra el diputado Arias en Corrientes), ni los golpes de Estado o intentos de ruptura del orden constitucional (antes con Evo Morales, ahora con Bolsonaro); los que por el contrario cuentan con su apoyo explícito o implícito.  

* Rechazo explícito al "gradualismo" y a toda forma de autocrítica por los desastres perpetrados en el pasado cuando les tocó gobernar (en democracia o con dictaduras), planteando que si volvieran al poder, harían lo mismo, pero más rápido. Incluso los que se presentan como "nuevos" (Milei) reivindican estropicios anteriores, como los del menemismo y Cavallo.

Es decir, el mismo programa que aplicaron cada vez que gobernaron, por el voto o por las botas, desde 1955 a la fecha. Así las cosas, seguir intentar distinguiendo entre una derecha (o derechas) "nueva" o nuevas, y una vieja, o diferenciarlas en algún punto es un ejercicio teórico sin anclaje en la realidad, por no decir pura paja. 

Y si bien hasta cierto punto hay que agradecerles que dispersen el voto en diferentes ofertas electorales de lo mismo, no hay que perder de vista que, a la hora de los bifes, (es decir en el Congreso, desde sus bancas, cuando se discutan las leyes) van a estar todos juntos, votando igual. Tuits relacionados: 

domingo, 6 de octubre de 2019

DOCUMENTOS, POR FAVOR


Todos tenemos en claro que la absurda disposición de Patricia Bullrich "facultando" a las fuerzas de seguridad federales a su cargo para pedirles el DNI a quienes circulan por las estaciones de trenes o abordan las formaciones, es simplemente otro ejemplo de las dosis homeopáticas de bolsonarismo que el gobierno dispensa a su núcleo duro de votantes en intento desesperado por contenerlos, y que no se le vayan con otras propuestas electorales de derecha como Espert o Gómez Centurión. Es decir, el mismo fin que persigue Pichetto con sus irrefrenables muestras cotidianas de fascismo y xenofobia.

Está muy claro que la eficacia electoral de estas payasadas es bastante acotada, pues si el estómago y el bolsillo no son los únicos motivos por los que la gente vota, andan bastante cerca; y no parece probable que por ese camino el gobierno logre la hazaña de "dar vuelta la eleccción". Sin embargo, no por eso deberíamos dejar pasar estas barbaridades, ni minimizarlas en términos de construcción democrática; porque representan conceptualmente una vuelta a un pasado que todos deberíamos repudiar, sin distinción de banderías políticas. 

Si es que nos reconocemos y decimos democráticos, claro; algo de lo que por ejemplo el gobierno abusa, al punto de pretender para sí el monopolio de la democracia, arrojándonos a nosotros fuera de sus bordes.

El requerimiento de documentos en la vía pública por las fuerzas de seguridad "por las dudas" (es decir, sin ninguna causa concreta) no tiene nada que ver con mejorar la seguridad ciudadana, como pretende Bullrich: se trata simplemente de un mecanismo de control social, resabio de las dictaduras y los tiempos de los estados de sitio, los toques de queda y las razzias policiales con detenciones al voleo "por averiguación de antecedentes"; una facultad que por ejemplo acá en Santa Fe la policía provincial perdió ya en 1997, por la Ley 11.516, durante el primer gobierno de Obeid.

Y quitarle esa "atribución" fue precisamente consecuencia de los abusos que la policía cometía (y sigue cometiendo) con ciudadanos que lo único que hacían era ejercer el derecho constitucional de transitar (ese por el que tanto claman cuando hay piquetes y cortes de calle), para ir a estudiar o trabajar. Con ostensible sesgo de clase además: cualquiera sabe que las probabilidades de que le pidan el DNI crecen de acuerdo con su corte de pelo, vestimenta, color de piel o aspecto físico, en general; tanto que por ejemplo acá en Santa Fe las organizaciones sociales de los barrios del borde oeste de la ciudad difundieron un "instructivo" para que la población conozca sus derechos en estas cuestiones, y los haga valer llegado el caso.

De allí que la "autorización" de Bullrich, además de carecer de todo fundamento legal, es una entronización no solo de la arbitrariedad policial, sino de las distintas formas de "segregación racial" que la derecha nos dispensa, mientras habla de "cerrar la grieta". En su absurda resolución (una más de tantas, como el "protocolo antipiquetes", el que refiere al uso de la fuerza letal por las fuerzas de seguridad, o el "servicio cívico voluntario"), Bullrich mencionaba como fundamento el artículo 13 Ley 17671; que establece la obligatoriedad de cualquier ciudadano de exhibir su DNI "en toda circunstancia en que sea necesario probar la identidad de las personas".

Pues bien, para ir por la calle o para intentar abordar un tren para el que ya se compró el pasaje, no es necesario acreditar la identidad ni probar quien uno es, no existe norma legal o reglamentaria que así lo disponga; y tiene dicho la Corte Interamericana de Justicia (como órgano de interpretación del Pacto de San José de Costa Rica) que toda detención transitoria de personas sin causa justificada (orden judicial de captura, o búsqueda de prófugos o sospechosos de un delito, por ejemplo) aunque fuere con el propósito de establecer su identidad, es atentatoria de la libertad personal protegida por el artículo 7 del Pacto. Incluso aunque la persona "tuviere antecedentes" (lo que puede incluir, precisamente, ser "detenido por averiguación de antecedentes"), eso no le impide ni circular por la calle, ni tomar un tren. 

Libertad personal, dijimos, esa que nuestro liberales (libertarios y de las otras layas) dicen defender, y sin embargo justifican estos experimentos fascistas, pues como bien decía Alberti, los liberales argentinos son devotos de una deidad que desconocen: no son pocos los que en otros tiempos se negaban a contestar las preguntas del censo, o defienden a muerte el secreto bancario o fiscal, y sin embargo defienden que se pidan documento al voleo, con el absurdo argumento de que "si no tenés nada que ocultar, no tenés que tener problemas en mostrarlo". 

Si, hay un problema amigos: los argentinos recuperamos la democracia -entre otras cosas- para no tener que someternos a estos absurdos sin sentido ni eficacia comprobada para combatir delito alguno, o ayudarnos a vivir más tranquilos. Menos dejándolo al arbitrio de  las fuerzas de seguridad, cuya plena adaptación a los cánones democráticos es uno de los más graves compromisos pendientes desde 1983.

Ayer reclamábamos acá que el futuro gobierno hiciera derogar por el Congreso todos los oprobiosos DNU dictados por Macri durante su gobierno, pues bien: el mismo destino deberán seguir todas y cada una de las delirantes arbitrariedades de Patricia Bullrich, que incluso y en estricta justicia, debería ir presa por haberlas dictado, por abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público (artículo 248 del Código Penal).

Ninguno de los graves problemas que tiene el país es consecuencia de la vigencia de las libertades democráticas, y en consecuencia ninguno de ellos será solucionado restringiéndolas, o tolerando pasivamente el avance de distintas formas de autoritarismo fascista: ese es un camino que los argentinos ya recorrimos durante mucho tiempo, con los resultados conocidos. 

No nos dejemos correr con la vaina en esta cuestiones y no tengamos miedo de decirlo con todas las letras, por temor a -supuestamente- perder algunos votos porque "la gente pide mano dura", cosa que además es falsa, sino Pichetto le hubiera aportado un montón de votos a Macri. Tuits relacionados:

lunes, 8 de julio de 2019

LOS LIBERALES MÁS LOCOS DEL MUNDO


A nadie pareció ni parece llamarle la atención el hecho de que la ministra de Seguridad anuncie que puso la infraestructura del Estado para investigar en las redes sociales quien fue el autor del video editado en el que aparece hablando más lento de lo habitual, pero no muy distinto a -por ejemplo- ese otro en el que apareció saliendo de un restaurante con un par de copas de más, para defender el derecho de cualquiera a portar armas.

Dejando de lado que es el propio personaje Bullrich (payaseco pero siniestro a la vez) el que hace al video verosímil, lo cierto es que todos parecen olvidar que ridiculizar a un funcionario público no es en sí mismo delito, ni un hecho punible: acá el house organ de la embajada se lamenta del hecho, y nos cuenta una inverosímil charla entre la ministra y un juez federal de Entre Ríos sobre el asunto; a través de lo cual nos podemos enterar que el equipo del ministerio (es decir, funcionarios cuyos sueldos pagamos todos) está "estudiando el tema" para determinar si hay una figura penal en la que encuadrarlo, para encauzar la persecución contra los autores del hecho.

Es decir, un espanto por donde se lo mire, porque no solo Bullrich no es jueza ni fiscal como para tomar la iniciativa de investigar un presunto delito, sino que el hecho no constituye delito, y en cualquier caso ella debería haberse excusado de actuar por estar involucrada, en lugar de poner el aparato del Estado al servicio de una vendetta personal, por haber sido ridiculizada.

Basta estudiar un poco de historia argentina para entender que nuestros liberales son en realidad conservadores reacios a pagar impuestos, a los que si se los raspa un poco, les aparece el fascista interior dispuesto a reprimir no solo toda disidencia, sino cualquier hecho que les moleste, aunque sea nimio. El propio Macri es un cabal exponente de ese modo de pensar, y sobran los ejemplos al respecto.

Por otro lado, no hubo dictadura militar que no los contara entre sus promotores, instigadores y beneficiarios, además de haber nutrido a todas de cuadros civiles, en especial para manejar la economía.

Lo curioso (o no) del caso, es que el derecho penal tradicional es una creación del liberalismo político clásico, y sus principios esenciales han quedado plasmados en nuestra Constitución Nacional de 1853, en sus artículos 18 y 19, con los principios de legalidad y de reserva. De allí que solo puede considerarse delito lo que las leyes tipifiquen como tal, y cuando lo hacen, es porque existe cierto consenso social en torno a que una conducta es jurídicamente reprochable y punible, porque hay un "bien jurídico" a tutelar.

En ese sentido, el avance del proceso democrático argentino llevó primero a eliminar del Código Penal la figura del desacato, y luego en el gobierno de Cristina, a despenalizar las calumnias e injurias cometidas por la prensa, tratándose de asuntos de interés público. Vivir en democracia supone el ejercicio de las libertades (entre ellas la de expresión), y ser funcionario público en un gobierno democrático supone estar expuesto a las críticas e incluso a las burlas, sea cual sea el modo por el que estas se manifiesten. Cristina -por ejemplo- podría escribir otro libro, exclusivamente dedicado al tema.

Ya bastante gravoso para las libertades democráticas es soportar los avances autoritarios del Estado en el control de ciertas formas de comunicación como las redes sociales, con el pretexto de prevenir posibles acciones terroristas u otros hechos que atenten contra la seguridad pública, como para tolerar y naturalizar que esa parafernalia represiva se emplee para estas cuestiones; aunque no olvidemos que fueron este gobierno y esta misma ministra, los que hicieron meter presa gente por tuitear contra el presidente.

Poniendo el foco en la ostensible doble vara con que se juzgan estas cuestiones (la propia Bullrich ha sido una brutal propagadora de mentiras, desde el propio Estado, en inmumerables casos), o discutiendo si estamos hablando de un caso de "fake news" u otra cosa, dejamos pasar este otro costado del asunto, que es mucho más grave.

Porque viene del mismo lugar del que salieron el aliento institucional al gatillo fácil, la represión a la protesta social y la legitimación de la existencia de presos políticos; y a su vez transmite un mensaje tenebroso, incompatible con la vida en democracia: ojo con lo que hacen, ojo con reírse de nosotros, ojo con criticarnos, porque los estamos vigilando, y si podemos, les armamos una causa y los metemos presos.

Para terminar con estas vergüenzas es -también- que tenemos que ganar las elecciones, y sacar del gobierno a esta caterva de impresentables. Tuit relacionado: 

viernes, 5 de julio de 2019

VIVA LA GRIETA


Bastó que Juan Carr señalara que desde el 2015 para acá aumentó exponencialmente la cantidad de personas en situación de calle y que dijera que era intolerable que la ola de frío ya se hubiera cobrado cinco vidas en todo el país, para que le soltaran todos los trolls del call center que pagamos todos a caerle con todo para cuestionarlo salvajemente. Y no solo ellos: personas comunes, con las que nos podemos cruzar en la calle o en el trabajo, lo insultaron de miles de maneras, simplemente por haber dicho lo obvio.

A Juan Carr, uno de los tipos con mejor imagen del país en la opinión pública, y el mismo tipo que durante el kirchnerismo ponían como ejemplo, para contraponerlo con una presunta presunta inacción del Estado, que por entonces -decían- los indignaba muchísimo. Con los muertos por la ola de frío volvió la vieja discusión sobre los alcances de la solidaridad social, cuando termina convirtiéndose en un sustituto de la acción protectora y reparadora del Estado, que “indulta” las omisiones criminales de éste. Pero el hecho deja en claro que es algo mucho peor que eso: hay una profunda podredumbre moral en muchos sectores de la sociedad argentina, de la que el macrismo es solo el emergente político y electoral.

Las agresiones contra Juan Carr volvieron a poner en el tapete la diferencia entre constatar la pobreza, e intentar indagar sus causas: como decía Helder Cámara, “Cuando le doy comida a los pobres me llaman santo. Si pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”. En este caso a Carr lo acusan de kirchnerista, que como sabemos, es mucho peor, o para algunos, lo más bajo en lo que alguien puede caer.

Lo real y lo concreto es que no les preocupaba la pobreza entonces (cuando le pegaban al kirchnerismo por esconderla, al discontinuar los índices oficiales de medición), ni les preocupa ahora, cuando defienden lo indefendible; como este gobierno que hambrea a la gente, les niega los remedios a los viejos, las vacunas a los chicos, y se desentiende por completo de la situación de los que tienen que vivir en la calle, como consecuencia de sus políticas económicas.

Ya ni siquiera se preocupan por mantener la ficción hipócrita del “conservadurismo compasivo” del que nos hablaban cuando llegó el neoliberalismo al poder de la mano de Reagan y Tatcher: hoy nos revelan el verdadero sentido de la “meritocracia”, que no es otro que el de la ley de la selva y el sálvese quien pueda. Hasta que el león se los come a ellos, y ahí despotrican contra el país (o contra el gobierno, si no lo votaron), que no se los merece.

Ser solidarios es una condición natural de las personas, se tiene o no se tiene, e incluso es posible que sea independiente de las opciones políticas que tome cada uno, aunque si las cosas se extreman, hasta podemos dudar de esto último; como se puede comprobar con la existencia del “macrismo social”, que trasciende a su encarnación política.

Gente que vota y apoya a un gobierno que te dice que si sos pobre es culpa tuya, que no te esforzás lo suficiente, y si tenés que dormir en la cxalle es tu problema, no el del Estado, cuando gobiernan ellos, por supuesto. En estas cuestiones no hay ni puede haber “avenida del medio”, ni ancha ni angosta: si en lugar de indignarte que haya gente durmiendo en la calle te enoja el tipo que dice que ahora son más que antes y pone manos a la obra para hacer algo para aliviar su situación, sos un hijo de puta, no hay otra posibilidad.

Con esa gente no hay conciliación posible, ni cierre de la grieta que valga, porque no nos separa una grieta sino un abismo, y bienvenido que así sea. No “vamos a volver mejores” que ellos: somos mejores, y no tengamos vergüenza en decirlo.

Para pensarlo cuando desde este lado nos preocupamos por una declaración de Dady Brieva, Ofelia Fernández, Zaffaroni o Mempo Giardinelli, porque puede restar votos: ¿los votos de quiénes, de los que se indignan por esas cosas y no porque hay gente durmiendo en la calle que se muere -literalmente- de frío? Tuits relacionados: 

domingo, 16 de diciembre de 2018

APROVECHANDO LA VOLADA


El volante al cual corresponde la imagen de apertura es uno de tantos que fueron arrojados días atrás en el centro de Santa Fe, en las inmediaciones de los tribunales, la Casa de Gobierno y el tribunal oral federal que llevó adelante las causas de lesa humanidad, en las que hay varios condenados.

Los tiraron exactamente el mismo día que se supo que al ex juez federal Brusa (uno de los condenados acá por violaciones a los derechos humanos en la última dictadura) le habían concedido la libertad domiciliaria, como a tantos otros genocidas a lo largo y a lo ancho del país, desde que gobierna Macri.

En la misma semana en la que todos estábamos discutiendo el protocolo de Patrici Bullrich para el uso de armas de fuego por parte de las fuerzas federales de seguridad, y los que lo justifican lo defienden con argumentos escalofriantemente parecidos a los que se usaban en la dictadura para justificar lo injustificable: “Si vos no andás en nada raro nada tenés que temer, la policía no se va a meter con vos, ni te va a disparar” y cosas por el estilo, se escuchan por la calle y en reuniones sociales, o se pueden leer en las redes sociales.

Lo que plantean los panfletos no es novedoso, ni mucho menos: según ese “relato” (que no se asume como tal, y abjura de los “relatos”), lo que vivió el país durante la dictadura fue una guerra, y en la guerra no hay que andarse con chiquitas: se mata o se muere, sin dar ni pedir cuartel. Ni más ni menos que lo que vienen repitiendo hace años Cecilia Pando y todos los defensores de los genocidas, y apologistas de la dictadura.

No muy distinto de lo que dijo hace poco la mujer de Rodríguez Larreta en sus redes sociales (y luego borró), cuando acompañó al presidente de Francia Macrón y su esposa, al memorial porteño que homenajea a los desaparecidos.

No muy distinto del discurso con el que los aspirantes a Bolsonaro argentino como el diputado Olmedo, o el periodismo cloacal nivel Feinmann o Baby Echecopar, justifican la legalización del gatillo fácil que impulsa el gobierno de Macri.

Es que esos discursos (que siempre estuvieron entre nosotros, como decíamos acá), se esparcen como una mancha venenosa en ciertos contextos favorables como el actual; cuando el discurso oficial sobre la inseguridad (y aun sobre el tema específico de los derechos) humanos es tan grave en términos de retroceso democrático por lo que dice, como por lo que sugiere: en ese contexto grupos retrógados -como los que hicieron y distribuyeron estos panfletos- se sienten legitimados, pueden “sacar la cabeza”, sienten que es su oportunidad para colar sus demandas de siempre, por la impunidad de los asesinos.

Porque aunque lo quieren rodear de cierta épica, de eso se trata todo esto, y no mucho más: los que se sentían dueños y señores de todo (hasta de las vidas ajenas) no se bancan estar tras las rejas, en una cárcel, como cualquier delincuentes de esos para los que piden bala.

Y por supuesto, si consiguieran eso, la amenaza implícita de que, en idénticas o parecidas circunstancias, volverían a hacer lo mismo, cobra mayor fuerza y poder aterrador. Entre otras cosas (como la justicia que merecen las víctimas y sus familiares) es por esa razón que hay que cerrarles el paso: para demostrarles que se equivocan.

domingo, 7 de octubre de 2018

BRASIL Y NOSOTROS


La elección de Brasil de hoy puede ser enfocada desde distintos ángulos: el específicamente vinculado a su situación interna, las obvias proyecciones regionales del resultado (que parece difícil de revertir en el balotaje) y las tendencias o fenómenos políticos que evidencia, en la medida que reflejen leyes más o menos generales que se puedan replicar acá.

Sobre lo primero, sería muy presuntuoso de nuestra parte pretender opinar al respecto y a la distancia, sin más conocimiento del que se tiene a través de los medios, aunque la presencia de "observadores en el terreno" no sea siempre garantía de acertar en la lectura: sin ir más lejos, Bruno Bimbi, el corresponsal de TN allá, decía hasta no hace mucho tiempo que Jair Bolsonaro carecía por completo de chances de llegar a la presidencia.

Las consecuencias regionales del proceso electoral brasileño son obvias: si el país más grande del continente consagra como presidente a un candidato abiertamente fascista las posibilidades de un cambio de ciclo político en la región sufrirán un duro golpe, y el grave retroceso de los últimos años en el proceso de integración regional continuará. Lo que no supone necesariamente un "efecto contagio" que determine los resultados electorales en los demás países de la región, pero sí tomar nota de la previsible "ausencia" de un jugador de peso gravitante, que empuje en otra dirección a la que hoy llevan las cosas.  

Quedan entonces las cuestiones que, vistas desde acá, arrojan elementos de interés para el análisis comparativo, siempre haciendo la salvedad de que las traslaciones no son exactas ni automáticas; comenzando por las condiciones en las que se desarrolló la campaña electoral y las elecciones en sí mismas: con la proscripción de Lula que venía punteando cómodo en las encuestas y hasta un intento de último momento de sacar de la cancha al propio Haddad, con la eliminación de millones de electores proclives a votar al PT de los registros electorales, en un clima de violencia verbal y explícita y con el atentado "sospechoso" contra Bolsonaro.

Desde las prácticas de "law fare" en su mayor grado de brutalidad explícita, hasta la "campaña sucia" en niveles inimaginables, no le faltó nada al proceso electoral brasileño para herir su legitimidad, y condicionar a futuro la estabilidad del proceso político en el país. Hasta hubo amenazas explícitas de golpe militar su Lula era liberado para poder ser candidato, o en caso de un triunfo del PT, que el propio Bolsonaro advirtió que desconocería.  

La conclusión desde acá y con enseñanza para nosotros es muy clara: cuando la derecha cree amenazados sus intereses (y a veces ni siquiera eso, como ocurrió en Brasil, donde el PT no discutió el modelo de acumulación sino simplemente la distribución social de los excedentes que genera), deja de lado toda ficción de adhesión a los valores democráticos, y es capaz de saltarse encima incluso de los frágiles consensos de las democracias latinoamericanas emergidas en los 80', post dictaduras militares.

Incluso aunque eso la lleve a terminar abrazando como candidato a un presunto "outsider" como Bolsonaro, porque sus propios candidatos (en Brasil, los gestores del golpe parlamentario contra Dilma) no mueven el amperímetro: se trata de apoyar, con una practicidad de la que suelen carecer las izquierdas, al que se ofrezca a garantizar sus intereses esenciales, cualquiera haya sido su trayectoria previa. Como el rol que podrían cumplir acá Sergio Massa o algún candidato del "peronismo perdonable" ante el declive de Macri, pongámosle.

El "Lava Jato" y el presunto proceso de depuración judicial de la corrupción política terminó llevándose puesto a todo el sistema político tradicional brasileño, y encarcelando al candidato más popular del país para impedirle ser candidato, para que de las cenizas surgiera como alternativa un Hitler de bolsillo, que en otros contextos y bajo otras circunstancias, hubiera tenido una representación electoral marginal; como la que tiene acá Biondini.

Una vez más entonces el "honestismo" y las cruzadas moralizadoras son capitalizadas políticamente por las derechas, que justamente por eso son siempre las más interesadas en correr el eje de la disputa política de las cuestiones ideológicos y los modelos o proyectos políticos en disputa, y sus consecuencias en términos de ganadores y perdedores.

Acá en Argentina el "honestismo" explica en parte el voto a Cambiemos, aunque sea en clave farsesca, como justificación "socialmente aceptable" de definiciones electorales por derecha, para ungir presidente a un esplendente representante de la patria contratista, enriquecida a partir de negocios non sanctos con el Estado. Lo farsesco adquiere por estas horas una nueva dimensión, cuando parte de su propio electorado/acolitado le reclama a Carrió que no rompa la alianza gobernante y acepte resignar su cruzada moralizadora, para no facilitar un retorno del peronismo al poder: aunque sean corruptos, son nuestros corruptos, parece ser el nuevo lema.

La perfomance electoral Haddad, el candidato del PT, pone una vez más sobre el tapete el problema de las dificultades para transferir votos de los liderazgos carismáticos, dicho esto pensando en los que blanden la teoría del "techo bajo" de Cristina, y la necesidad de que se corra a un costado y posibilite otras candidaturas, o hasta las bendiga. El fenómeno no debería sorprender, como que es una nota característica de la conformación política y cultural de las democracias de América Latina, pero bueno, hay quienes insisten en ignorarlo, o bajarle el precio.

Otra enseñanza que deja Brasil es que las estrategias contemporizadoras con el poder real, traducidas en buscar candidatos "moderados" (como se ensayó acá en el 2015, sin ir más lejos), o buscando explotar "la ancha avenida del medio", no garantizan el éxito; menos cuando la dinámica del propio proceso político es de creciente polarización, como consecuencia de los intereses reales que están en juego, y su mayor o menor tutela según sea el resultado electoral. Que es lo que va a pasar acá el año que viene en las presidenciales.

Si las fuerzas populares no asumen esta problemática y se hacen cargo de darle cauce con sus candidaturas y programas, es inevitable en cierto punto que parte de sus votos potenciales (en especial en los sectores populares) los termine capitalizando alguna forma de fascismo más o menos explícito, que propone soluciones mágicas, como la "pobreza cero", o "mantener lo bueno y mejorar lo malo"; como pasó acá en el balotaje del 2015.

Se dirá que Macri no es Bolsonaro, y no es cuestión de discutirlo acá y ahora, sino de señalar que lo que en el 2015 se vendía como un prospecto de "nueva derecha moderna y democrática", tras tres años de gobierno concreto, puro y duro de la misma y vieja derecha de siempre, se ha ido "bolsonarizando" en lenguajes, prácticas políticas y -sobre todo- políticas públicas concretas, con beneficiarios y perjudicados muy nítidamente identificables.

Sobre Brasil se ha dicho que el movimiento de las mujeres bajo la consigna "Ele nao" contra Bolsonaro terminó levantando la intención de voto del candidato de ultra derecha, habrá que ver cuanto hay de cierto. Al mismo tiempo Brasil, que tiene "resuelto" el problema de la separación de la iglesia y el Estado (que acá se derivó de la discusión del aborto, como cuestión de atención prioritaria) porque no sostiene el culto católico con recursos, y donde los sectores más progresistas del catolicismo integran las comunidades de base que apoyan mayoritariamente al PT, vio como los sectores de la derecha evangélica (que acá mostraron hace poco su capacidad de ganar las calles en contra del aborto legal) jugaron abiertamente su influencia entre los sectores populares del país y su peso en los medios de comunicación, a favor de Bolsonaro.

Ambos hechos ponen el dedo en una llaga que duele para los sectores progresistas: la necesidad de encontrar el modo de articular sus demandas legítimas con las problemáticas y angustias más generales de la sociedad, en especial los sectores populares pauperizados, y con sus propias perspectivas culturales; generando una sinergia social y política donde todas esas demandas encuentren un cauce institucional para concretarse.

domingo, 24 de junio de 2018

COMPLETÓ EL ÁLBUM DE FIGURITAS, CON LA MÁS DIFÍCIL







viernes, 27 de abril de 2018

"OIA, SALIMOS ARRIBA DEL DIARIO", Y OTRAS YERBAS


Más información, acá.

En tiempos de crisis, hay que apelar a los que saben:


Y en la sección "Periodismo gorra" de hoy:


A pedido del público, y dado el gran éxito alcanzado: