LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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miércoles, 2 de julio de 2025

EL ARTE DE ENDEUDARSE

 

Como es sabido, Pullaro gestionó y obtuvo de la Legislatura en tiempo récord autorización para endeudar a la provincia en 1150 millones de dólares, supuestamente para hacer obras de infraestructura. De ese total, 1000 millones son los mercados privados de capitales, es decir con los bancos y fondos de inversión.

Mientras todo ese proceso se desarrollaba en Santa Fe, MSCI (la consultora de riesgo de la banca Morgan) colocaba a la Argentina en la extraña categoría de "standalone", algo así como un ornitorrinco extraño en el que no se puede confiar demasiado como para prestarle plata o invertir en él; lo cual -como se sabe- influye en el famoso "riesgo país", y en las tasas de interés que debería pagar el país si saliera a colocar deuda en los mercados internacionales. Este dato es especialmente relevante en el caso santafesino, en el cual la oposición objetó en la Legislatura el endeudamiento, precisamente porque no se daban detalles sobre sus condiciones: tasas, plazos, etc. 

Este fin de semana (en que en Santa Fe hubo elecciones municipales), la mismísima JP Morgan emitió un informe aconsejando a sus inversiones vender sus bonos argentinos y rajarse pronto, porque el ciclo de la bicicleta financiera del "carry trade" de Milei y Caputo podría estar llegando a su fin. Lo que obviamente conspira contra las intenciones del dueto para salir a los mercados voluntarios de deuda a tomar financiamiento; dificultad extensible a la provincia de Santa Fe y a cualquiera que crea que es un buen momento para endeudarse.

Pues bien en ese contexto es que Pullaro siguió adelante con su intención de endeudar a Santa Fe, y dictó el viernes pasado -ya con la veda electoral en marcha en la provincia- el Decreto 1328 cuyas imágenes ilustran el post, por el cual contrató en forma directa (es decir sin licitación pública, concurso de precios ni nada parecido) a dos calificadoras de riesgo: Fitch Rating y Moody's Investors Service, cuyos servicios son obviamente pagados en dólares crocantes y sonantes; y ahora, antes siquiera de saber cuando y cómo la provincia recibiría el financiamiento que busca.   

Como hemos explicado otras veces acá (ver la etiqueta "calificadoras de riesgo" a la derecha del blog), la contratación de las calificadoras sigue a la toma de deuda como la sombra al cuerpo, y no se consigue una sin la otra, porque son todas parte del mismo negocio de los bancos privados y fondos de inversión. De allí que al contratar a una u otra, de algún modo se está anticipando quien te va a prestar la plata. Razón por la cual las calificadoras son parte inescindible del mismo mecanismo perverso de endeudamiento. 

Lo dice el propio decreto de Pullaro en sus considerandos: "Que en el marco de las actividades que desarrolla el Ministerio de Economía, tendientes a la búsqueda de financiamiento y la identificación de fuentes e instrumentos para lograrlo, la Directora General de Crédito Público manifiesta la necesidad de contratar agencias calificadoras internacionales a fin de evaluar una posible emisión de títulos de deuda en los mercados financieros locales e internacionales;...". Y agrega esto: "Que se ha solicitado asesoramiento al Nuevo Banco de Santa Fe S.A, en su calidad de Agente Financiero de la Provincia, el que ha informado que en los procesos de emisión de títulos se requiere la contratación de calificadoras de riesgo y que éstas deben contar con reconocido prestigio internacional por cuanto la obtención de calificaciones crediticias por parte de agencias con experiencia y credibilidad global es fundamental para generar confianza en los inversores internacionales;...".

Para que se entienda: el banco de los Eskenazy (que viene siendo el agente financiero de la provincia desde hace 30 años, condición que le fue renovada por todos los gobiernos del Frente Progresista en licitaciones armadas a su medida donde terminó siendo invariablemente el único oferente) le aconseja al Estado provincial, no solo contratar calificadoras de riesgo para tomar deuda, sino a cuáles contratar. Así lo dice el decreto: "Que atento a la especificidad de la materia, el mencionado Agente dentro del marco del Contrato de Vinculación vigente, destaca que la especialidad de los servicios requeridos se justifica en que la calificación de riesgo es fundamental para obtener una evaluación independiente y estandarizada del riesgo crediticio de la Provincia en el marco de operaciones de emisión de títulos;..."; por lo cual "...recomienda la contratación de las firmas Moody’s Investors Service y Fitch Ratings, las cuales cuentan con una probada trayectoria y reconocimiento en los mercados internacionales y además han prestado servicios con anterioridad a la Provincia de Santa Fe;...".

Que ya trabajaron en la provincia es cierto, más concretamente en 2016 durante el gobierno de Lifschitz, apenas comenzó su mandato y cuando el actual ministro de Economía de Pullaro, Olivares, era Secretario de Hacienda: ver más información en ésta entrada y en esta otra


Claro que alguien podría preguntarse -con razón- ¿Siendo el gobierno de Pullaro el Estado, no tiene la obligación de ser transparente en la gestión de los recursos públicos que administra, y licitar un contrato de éstas características para asegurarse que no hay favoritismos ni corrupción, y no se paga más de lo debido, o no se favorecen conflictos de intereses entre los que dictaminan sobre las condiciones de la provincia para tomar deuda y los inversores interesados en prestarle plata y hacer negocios?

También podría preguntarse -con toda lógica- si no hay otro argumento más de peso para contratar a estas dos consultoras en forma directa (y no a otras) porque se las contrató en el 2016 (es decir hace casi una década) y en las misma condiciones (basándose en el consejo del Nuevo Banco de Santa Fe SA), como si en el medio no hubiera pasado nada en la provincia, en la Argentina y en el mundo.

Pues bien, como posible respuesta a esas preguntas, el decreto de Pullaro dice que la contratación directa "...encuadra...en el artículo 116° inciso c) apartado 4 de la Ley Nº 12510, reglamentado por el Decreto Nº 1104/16...". El artículo citado de la Ley 12510 permite contratar en forma directa "Obras de arte, científicas o de interés histórico cuya ejecución deba confiarse a empresas, artistas o profesionales especializados de reconocida capacidad. Se debe fundar la necesidad de la especialización y los antecedentes que acrediten la notoria capacidad científica o artística de las empresas, artistas o especialistas a quienes eventualmente se les encomiende la ejecución de la obra o servicio." (las comillas son del texto y las negritas son nuestras)

Y el Decreto reglamentario 1104/16 (que también cita Pullaro en su decreto) señala que "Las contrataciones que se pretendan efectuar en uso del apartado 4 del artículo 116° inciso c) se basarán en los informes técnicos que reporten las áreas específicas del órgano contratante y deberá fundamentarse documentadamente la necesidad de la especialización para la prestación del servicio o ejecución de la obra, como asimismo la capacidad artística, técnica o científica del ejecutor, esto último sobre la base de antecedentes que así lo acrediten.". En este caso como vimos, el "informe técnico" fue el consejo del banco de Eskenazy.

¿Será que Pullaro considera un arte endeudarse, las calificadoras dibujan los números con maestría para que pueda hacerlo, o la deuda es una ciencia oculta reservada solo a unos pocos elegidos?

viernes, 24 de enero de 2020

PARA VARIAR, CRISTINA LOS VIO VENIR


Sobre la reciente operación de canje de títulos de deuda nominados en pesos, leemos en Ambito: "...el pasado lunes 20 de enero el Ministerio de Economía llevó adelante un canje voluntario de títulos por aproximadamente $100.000 millones, en el que los inversores aceptaron entregar LECAPs reperfiladas a cambio de LEBADS con vencimientos a 240 y 335 días, respectivamente. Esta operatoria significó una disminución del stock de deuda de casi $2.000 millones, una baja en el rendimiento anual implícito de casi 20 puntos y una extensión de plazos en términos de vida promedio calculado a la fecha de liquidación."

"En general, los diversos actores que forman parte del mercado consideraron como exitosa esta operación, teniendo en cuenta particularmente el punto de partida: un mercado de deuda en pesos dinamitado por la impericia de la gestión anterior. Sin embargo, la calificadora de riesgo Standard & Poor's (S&P) decidió tras este canje bajar la nota de las obligaciones en moneda doméstica de Argentina y ubicarlas en la categoría default selectivo (SD)." 

"La agencia argumenta que se trató de un canje en condiciones desfavorables (distressed exchange) ya que, si bien fue voluntario, los tenedores podrían haberse visto obligados a aceptar menos del monto original prometido ante el riesgo de que el emisor no cumpla con sus obligaciones contractuales. Una fundamentación que parece entrar más en el terreno de la psicología (¿se sintieron presionados los inversores?) y de la ontología (la intencionalidad del gobierno) que estar basada en hechos.".

El articulista repasa, por contraste, las opiniones de la misma calificadora durante el gobierno de Macri, y así por ejemplo descubre que "...en su comunicado del 4 de junio de 2018, cuando las inconsistencias de las políticas macroeconómicas de la gestión anterior ya se habían revelado evidentes y la crisis estaba en marcha, S&P mantuvo la calificación de B+ para la deuda de largo plazo y de B para la de corto afirmando que: “Consideramos que el gobierno actual logrará implementar con éxito las medidas de ajuste económico a un ritmo más rápido en medio de una mayor volatilidad del mercado global”. También pronosticaban para el mismo 2018, habiendo ya transcurrido prácticamente un semestre, una inflación del 28% y un crecimiento del 1.5%. El INDEC terminaría registrando posteriormente una suba del 47% del nivel de precios y una caída del producto del 2.5%."
Y señala con acierto: "Es aún más paradójico que una operación de administración de pasivos aceptada voluntariamente por los inversores que mejora indiscutiblemente la sostenibilidad de la deuda atente contra la evaluación del riesgo de repago que hace la calificadora. Por el contrario, un canje que hubiese ofrecido tasas de interés insostenibles, hubiese sido probablemente merecedor de una mejora en la percepción de cumplimiento según el criterio de S&P."

"A muchos les sorprenderá este desaguisado. Aunque, para quienes han seguido de cerca los debates en el campo de las finanzas internacionales que se suscitaron tras la crisis financiera global, esta conducta no es una novedad. Numerosos trabajos académicos han documentado el rol clave que tuvieron las agencias calificadoras de riesgo en la gestación de la crisis de las hipotecas subprime."

"Entre las lecciones aprendidas, emergió la necesidad de cambiar el marco regulatorio de las mismas, volviéndolo más estricto. A instancias del G20, el Finacial Stability Board (FSB) elaboró en 2010 una lista de principios orientados a reducir el grado en el que leyes, regulaciones y normas descansan en las calificaciones de las agencias de riesgo crediticio y a alentar que los diversos participantes lleven a cabo sus propias evaluaciones. Muchas de estas recomendaciones se tradujeron en cambios concretos en jurisdicciones como la Unión Europea y Estados Unidos. En nuestro país, estos principios fueron recogidos por la Ley de Mercado de Capitales Nº 26.831 sancionada en el año 2012." (las negritas son nuestras)

Se está refiriendo a la ley del mercado de capitales sancionada durante el segundo mandato de Cristina y a instancias de un proyecto remitido por el Poder Ejecutivo, cuyo artículo 57 dispone que " La Comisión Nacional de Valores establecerá las formalidades y requisitos que deberán cumplir las entidades que soliciten su registro como agentes de calificación de riesgo, incluyendo la reglamentación de lo dispuesto en la presente ley y determinando la clase de organizaciones que podrán llevar a cabo esta actividad.", agregando en su segundo párrafo lo siguiente: "La Comisión Nacional de Valores podrá incluir dentro de este registro a las universidades públicas autorizadas a funcionar como tales, a los efectos de su actuación, fijando los requisitos que deberán acreditar considerando su naturaleza.". 

Incorporaba así la ley a las universidades nacionales (que expresan otra visión de la economía) a lo que hasta entonces era un coto de caza reservado a estas extensiones de los bancos y los fondos de inversión que son las calificadoras "estrella". De hecho, varias universidades obtuvieron su registro como calificadoras entre el 2012 (fecha de sanción de la ley) y el 2015, final del mandato de Cristina; que para variar, dio en el blanco una vez más, desnudando lo que representan estos chantas, y como operan.

Cosa que, por contrario imperio, no vio o no quiso el ex ministro Lacunza, cuando en octubre del año pasado dictó la Resolución 764, prorrogando por cuatro años (o sea, en la práctica, durante todo el mandato de Alberto Fernández) el contrato que vincula al Ministerio de Economía con S&P, en su filial argentina. Si nosotros fuéramos el ministro Guzmán (que recibió este contrato llovido del cielo), en éste caso ajusticiaríamos al mensajero, para que no nos siga mordiendo el monedero para -además- patearnos en contra.

miércoles, 16 de octubre de 2019

¿LACUNZA PEGÓ CONCHABO FUTURO?


Este miércoles salió publicada en el Boletín Oficial la Resolución 764 del Ministerio de Hacienda (completa acá), a la cual corresponde la imagen que encabeza el post.

Como ven, por esa resolución el ministro Lacunza está prorrogando el contrato que vincula a su cartera con la calificadora de riesgo Standard & Poors para que emita opinión en las emisiones de deuda argentina, hasta el año 2023.

De acuerdo con el cronograma anexo, los servicios de S&P insumirán hasta entonces 1.725.000 dólares, al tipo de cambio de hoy casi 114 millones de pesos; pero seguramente será mucho más, porque es imposible saber a cuanto se irá el dólar en los años venideros.

La pregunta es ¿para qué el ministro de Hacienda de Macri, al cual le quedan menos de dos meses de gestión, compromete al país con este contrato hasta el final del mandato del próximo gobierno, cuando él mismo dijo este martes que al país le costará muchos años volver a los mercados internacionales de deuda, y eso siempre y cuando logre “reperfilar” exitosamente su deuda actual?

No sea cosa que de acá a un tiempo nos enteremos que el amigazo Lacunza pegó conchabo en la actividad privada tras su paso por la función pública, más precisamente en Standard & Poors.  

domingo, 15 de septiembre de 2019

CUANDO LOS CHANTAS TE DAN EL CERTIFICADO DE SERIEDAD


El reingreso de la Argentina al circuito del endeudamiento tras el arreglo con los fondos buitres supuso también que volvieran a cobrar un protagonismo central otros actores vinculados a los "mercados de capitales", cuya opinión se nos quiere vender como decisiva para definir la orientación de la política económica.

Tal es el caso de las "calificadoras de riesgo", ese curro anexo de los grandes bancos y fondos de inversión mundiales, que supuestamente tienen a su cargo extender el certificado de seriedad de un país, de su política económica, de las empresas o de alguna alternativa de inversión. Son los dispensarores del "riesgo país" o de categorías tales como las de "mercado emergente", con la que se entusiasmaba el régimen macrista antes de que comenzara su debacle final.

Como si no hubieran tenido un rol central en el estallido de la burbuja financiera de las "sub prime" allá por el 2008 en el corazón mismo del capitalismo mundial, resurgieron de las cenizas como si nada, y siguen ejerciendo ese rol tutelar que solo depende de los que les creen o les dan importancia; como volvió a pasar en la Argentina desde diciembre del 2015. Fruto del poder enorme de los intereses a los cuáles sirven (las finanzas internacionales, los bancos y fondos de inversión) siguen sin ser reguladas en serio, de modo que tengan que afrontar responsabilidad por sus consejos y opiniones.

En el caso argentino, fueron una pieza central del reendeudamiento, con un gobierno que siguió a pie juntillas desde el principio su manual de instrucciones, para ser considerado "serio" y apto para recibir inversiones: desregulación absoluta de la cuenta capital, eliminación de todas las restricciones al acceso a las divisas, libertad absoluta de los movimientos financieros, estímulo a la fuga de capitales.

Y con la misma (escasa) seriedad con la que un día dijeron que habíamos vuelto a ser "economía emergente" ahora nos bajan el pulgar y nos degradan, simplemente porque el gobierno agonizante de Macri repuso algunos mínimos controles de capitales en medio de la crisis.

Una crisis que por supuesto no vieron venir, y de la que ni hablemos de pedir que se hagan cargo, en la parte que les toque: ellos se limitan a alentar la inversión especulativa, condenar de antemano las "políticas populistas" y finalmente alterar sobre las condiciones de repago de la deuda por los acreedores, a los que alentaron a invertir en el país en busca de ganancias rápidas, fáciles y exhorbitantes: cualquier contacto cercano con la economía real, es involuntario porque no está en su hoja de ruta, simplemente.

Que decir que no se haya dicho, en el mismo sentido, del Fondo Monetario Internacional: que reapareció cuando la burbuja financiera explotó y los capitales especulativos comenzaron a huir en estampida del país, como prestamista de última instancia para garantizar que los acreedores pudieran cobrar sus deudas, y que los que aun no se habían ido, salieran antes del desastre. Claro que con un modelo de valorización financiera como el que puso en marcha Macri desde diciembre del 2015, en una economía con restricción externa como la Argentina, conseguir ambas cosas al mismo tiempo era imposible, y por eso pasó lo que tenía que pasar: no hay dólares para todos.

El FMI firmó un rescate al gobierno de Macri que es la asistencia financiera más grande de su historia otorgada a un solo país, ignorando deliberadamente las restricciones económicas y políticas que hacían desaconsejable prestar tamaña cantidad de plata, a cambio de "condicionalidades" de difícil cumplimiento, o altamente erosivas para las chances del macrismo de mantenerse en el poder revalidándose en las urnas. Y lo hizo presionado ostensiblemente por los Estados Unidos, por sus intereses geopolíticos en la región, para contrarrestar la influencia de China y de Rusia.

El stand by con la Argentina tuvo tantas correcciones como revisiones periódicas, y la misma cantidad de veces cambió el discurso del Fondo y del gobierno de Macri sobre el destino de los fondos (que si eran precautorios, pero no iban a ser usados, que sí pero con restricciones, y así sucesivamente), que además financiaron groseramente la fuga de capitales, en contra de las previsiones expresas del propio convenio constitutivo del FMI. Un acuerdo concluido además entre gallos y medianoche, sin intervención del Congreso, sin ninguna documentación legal o contable de respaldo, como si fuera una transacción entre narcos.

No es que nosotros tomemos demasiado en serio -como hacen otros- la opinión que puedan expresar las calificadoras de riesgo (que ahora dicen que está todo mal, porque se instauró una forma de "cepo") o el FMI, que sigue diciendo que está todo bien pero no libera los fondos del último tramo del stand by. 

Es más, ni siquiera en el fuero íntimo de los operadores importantes de los mercados internacionales se los toma demasiado en serio: saben que lo único que hacen es usufructuar su peso institucional (aun devaluado) en el caso del Fondo, y la "credibilidad" que le reconozcan algunos para legitimar operaciones de endeudamiento que invariablemente terminan en despojo de recursos de la periferia, para transferirlos al centro, en el otro (el de las calificadoras de riesgo).

Esos operadores tienen claro el rol que cumplen ambos, que es el de legitimar con cierto aire de falso cientificismo una visión de la economía que sirve a los intereses del mundo de las finanzas, y que exige aplicar las políticas que mejor garantizan esos intereses, siempre; sin importar ni el país, ni las condiciones ni el contexto.

El problema, entonces, es cuando esa mentira conocida y consentida es tomado como oro de buena ley por agentes económicos de la economía real, de los que dependen decisiones de inversión que a su vez impactan en los niveles de producción, consumo, empleo, salarios, deuda o tipo de cambio. Esa tara cultural (o esa avidez por descubrir como es más fácil ganar dinero rápido y fugarlo) es lo que opera como un lastre para nuestras posibilidades como país para generar un modelo de desarrollo diversificado, con inclusión social y mejor distribución de la riqueza.

Y no es que nos faltaran ejemplos históricos a la mano para darnos cuenta: entre 2005 (cuando Néstor Kirchner canceló la deuda con el organismo) y 2015 la Argentina pudo crecer razonablemente, generar empleo y mejorar sus indicadores sociales sin la tutela del FMI, y acaso -entre otras condiciones- porque no la tuvo y se apartó de su manual de instrucciones en el diseño de las políticas económicas.

En el mismo lapso, las calificadoras de riesgo hablaron invariablemente pestes de los gobiernos kirchneristas, aunque el país crecía y además había reestructurado su deuda con casi el 93 % de sus acreedores externos, y la pagaba puntualmente; sin hacerlo a costa de imponerle sacrificios extraordinarios a la población, como ellos siempre aconsejan. O sea que, parafraseando el eslogan de los tiempos lejanos del entusiasmo macrista, "sí, se puede" vivir sin la aprobación de estos chantas que quieren tener el monopolio de los certificados de seriedad de la economía de un país.

viernes, 13 de septiembre de 2019

LA VUELTA AL MUNDO


Una de las banderas fundamentales de la campaña de "Cambiemos" en 2015 fue la necesidad de que la Argentina "volviera al mundo", y rompiera el aislamiento al que supuestamente la había condenado el kirchnerismo, "que solo mantiene relaciones fluidas con Irán y Venezuela".

"Volver al mundo" (sospechábamos por entonces, y pudimos confirmar en el gobierno de Macri) era reconectar al país con los mercados financieros internacionales por el canal de la deuda, para financiar un modelo de valorización financiera y fuga de capitales. "Mundo" eran "los mercados", y "los mercados" son Europa, Estados Unidos, Japón, y no mucho más.

La gestión de la política exterior estaría guiada -nos prometieron- por el más estricto profesionalismo, despojado de cualquier anteojera ideológica, poniendo como meta convertir al país "en el supermercado del mundo", y logrando que llegara al país "la lluvia de inversiones" atraída por la confianza que generaba el nuevo gobierno, por su sola asunción.

El fracaso en este renglón fue estrepitoso como, en general, en todos los rubros de la administración Macri que no estén directamente vinculados a la valorización financiera para la fuga, la destrucción del salario real y la precarización de la fuerza de trabajo, o la rapiña de los negocios de la runfla gobernante.

De modo que, como en todos los demás aspectos de su gobierno, en materia de política exterior y relaciones del país con el resto del mundo, Macri le dejará a su sucesor una pesada herencia, compleja para revertir. Y ahora que ya está de salida, es bueno puntualizar algunas de las aristas más controversiales de esa herencia, porque -entendemos- se proyectan con fuerza gravitante sobre el rumbo de la futura administración del país.

Para comenzar y al principio mismo de su gobierno, Macri rifó el amplísimo apoyo internacional cosechado por Cristina y Héctor Timmerman en la ONU en la pelea contra los fondos buitres, defendiendo el derecho de los Estados soberanos de reestructurar su deuda pública en condiciones compatibles con el crecimiento y la inclusión social.

Capitulando en toda la línea con Paul Singer y otros buitres similares (cuyo nómina total aun desconocemos) Macri no solo reintrodujo al país en un ciclo pernicioso de endeudamiento que condiciona seriamente su futuro, sino que sentó un pésimo precedente que dificultará gravemente en el futuro todo nuevo intento de reestructurar la gravosa deuda que deja como legado.

También nos introdujo de lleno en la lógica de las "relaciones carnales" con Estados Unidos (dando una vuelta de campana sobre su apoyo explícito a Hillary Clinton en la elección que ganó Trump), sin obtener a cambio siquiera contraprestaciones comerciales significativas: ahí están todavía el biodiésel, las exportaciones de carne, los famosos limones o los tubos de acero sin costura como los ejemplos más conocidos, pero no los únicos.

Y el alineamiento incondicional con los EEUU y sus objetivos de política exterior tuvo otras consecuencias: la lamentable posición asumida por el gobierno argentino en relación a Venezuela (convertida burdamente en tópico obsesivo de la discusión política interna) y el gobierno títere de Guaidó, y la reformulación de la doctrina de defensa nacional y el rol de las Fuerzas Armadas, para adaptarlas a la doctrina de las "nuevas amenazas" diseñada por el Comando Sur del ejército norteamericano.

A lo expuesto podríamos agregar el involucramiento en el conflicto del Oriente Medio secundando las posturas de Estados Unidos a Israel, con la absurda decisión de incluir como organización terrorista a Hezbollah, a la que ni siquiera la ONU considera así; y es una fracción política que integra el gobierno del Líbano, país con el que mantenemos relaciones diplomáticas y comerciales.

El caso Venezuela fue, a su vez, una etapa más de un proceso sostenido de destrucción de las instituciones de la integración regional como el Mercosur o la Unasur; que culminó con la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en condiciones gravosas para el país y la región, y con la descarada intromisión abierta del fascista Bolsonaro en la política interna de la Argentina, a favor de la reelección de Macri: una devolución de favores por el rápido reconocimiento del gobierno argentino al golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, y su silencio estruendoso ante la prisión de Lula, silencio que se reitera ahora, en la agresión contra Bachelet reivindicando a la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Macri también cargará con el dudoso honor de ser el que (contrariando el mandato constitucional) abandonó la causa Malvinas y el reclamo de soberanía, para entablar también "relaciones carnales" a cambio de nada con el Reino Unido, al que incluso llegó a darle injerencia en los procesos de reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, en otra bochornosa claudicación de soberanía; completada más tarde con adjudicaciones de áreas petroleras a compañías británicas, en el Mar Argentino.

Lejos de la sobriedad y el profesionalismo prometidos en campaña, y por el contrario, alineados bajo los más estrictos parámetros ideológicos de alineamiento con las directrices de política exterior de los Estados Unidos, el gobierno de Macri no dejó chapucería internacional por hacer, incluyendo roces con China y Rusia, cuyas inversiones e intereses en el país cuestionó por el solo hecho de haberse gestado durante el kirchnerismo; para acto seguido salir a mendigarles apoyo financiero, cuando fracasaron todas su otras alternativas.

Y para concluir, pero no menos importante: Macri también será recordado como el presidente que trajo de nuevo al FMI al país, embarcándonos en el préstamo más grande de nuestra historia y de la de ellos, estructurado como un gigantesco y desembozado aporte de campaña a su reelección, objetivo en el que también ha fracasado; legando para el futuro no solo la deuda de 57.000 millones de dólares que deberá afrontar el próximo gobierno, sino su reinstalada capacidad de injerencia en el diseño de nuestra política económica, con todo lo que eso significa.

Encima coronó el fracaso con un default en ciernes que convierte a su gobierno (y al país con él) en un paria a los ojos de aquellos a los que dirigió todos sus esfuerzos de seducción: en meses después de que las calificadores de riesgo le dieran la distinción de considerar a la Argentina como "mercado emergente", el mismo sistema de "validación de calidad" calificó a la deuda argentina en "default selectivo" primero, para quitarle la condición de "emergente" después. Mejor imagen gráfica de su rotundo fracaso, medido en sus propios términos de éxito, imposible de conseguir.

domingo, 18 de agosto de 2019

MENOS MAL

domingo, 27 de enero de 2019

EL CUENTO DE LA BUENA PIPA EMERGENTE


Leíamos días pasados en Diario Bae que en mayo de éste año y de acuerdo con JP Morgan, Argentina superaría el período de prueba para poder pasar a ser -ahora sí- considerado "mercado emergente".

Y sin embargo, en el mismo informe los autores de la calificación (que se supone habilita a recibir mayores inversiones de fondos del exterior en los activos de un país) dicen que la Argentina de Macri recibirá a partir de entonces menos inversiones extranjeras que los demás países de la región, y en consecuencia el país perderá su peso específico en ese renglón en América Latina.

La razón que aducen es que la crisis desatada a partir de mayo del año pasado derrumbó estrepitosamente el valor de las acciones de las empresas argentina en las que los fondos podrían invertir, capitalizándolas o adquiriendo acciones.

Lo curioso es que el país se puso a tiro de ser considerado "mercado emergente" porque el gobierno de Macri, desde el inicio de su gestión, eliminó todas las restricciones al libre flujo de capitales: el famoso levantamiento del "cepo" para el giro de dividendos, el ingreso y la salida de capitales especulativos de corto plazo, la eliminación de los encajes bancarios de las inversiones, de todos los límites cualitativos y cuantitativos para acceder libremente al mercado de divisas, etc.

O sea, las mismas medidas que determinaron que ante un retiro masivo de capitales especulativos como se produjo a partir de abril o mayo de 2018, la economía argentina se hundiera estrepitosamente, y no se sepa cuando repuntará.

Es decir: vamos a ser emergentes porque adoptamos un modelo económico que (entre otros efectos perniciosos) viene destrozando el valor de las empresas argentinas, y por esa razón van a venir menos inversiones, aunque seamos formalmente emergentes; y si no queremos dejar de serlo, que ni se nos ocurra reimplantar las regulaciones que nos hubieran protegido de la crisis, que destruyó el valor de esas empresas.

Acá no entiende el que no quiere.

jueves, 3 de enero de 2019

¿VOS DECÍS?

viernes, 14 de diciembre de 2018

CONMOVEDOR ESFUERZO


La idea económica matriz con la que “Cambiemos” llegó al gobierno era que por el simple hecho del cambio de color político de la administración del país lloverían las inversiones, porque el advenimiento de un gobierno “market friendly” suscitaría la necesaria confianza en los mercados para que apuesten al país.

Desde los primeros días de gestión, con el levantamiento del “cepo” cambiario (en rigor, la eliminación de toda regulación al flujo de capitales) y el acuerdo con los fondos buitres para salir del default de la pequeña porción de deuda no ingresada a los canjes, se dio por sentado que se creaban las condiciones para que la economía despegara, basada en las inversiones extranjeras y el boom exportador que seguiría a la devaluación.

Tres años y muchas promesas fallidas después, está claro que no fue así: no hay un solo indicador económico que haya mejorado respecto a los heredados del kirchnerismo (por el contrario, empeoraron todos), ni siquiera aquellos a los cuáles el modelo de valorización financiera del neoliberalismo les asigna particular relevancia, como el riesgo país; que sigue firme unos 300 puntos por encima del que era considerado alto en tiempos del chavismo kirchnerista.

El festival de endeudamiento público y privado al que asistimos desde el 2015 no financió -como era previsible y se advirtió- el crecimiento y el desarrollo del país, sino la fuga de capitales, y hoy son cada día más las voces que advierten sobre el riesgo inminente de default de los pagos de la deuda pública, mientras ya hay empresas que emitieron deuda privada, con serios problemas para renegociarla o cancelarla en término.

Y ante otro estruendoso fracaso de su modelo (como cada vez que se lo ha ensayado) el neoliberalismo hace lo que siempre: desplazar las culpas en otro, en éste casoel populismo, y el posible retorno de Cristina. Es decir, ese mismo populismo que imposibilitaba la venida de las inversiones cuando gobernaba, y que estaba destinados irremediablemente a la extinción cuando Macri ganó las elecciones (en teoría, por eso nos prestaban plata generosamente), es el que ahora puede regresar, y por eso se nos cerraron los mercados de deuda, crece el riesgo país y podríamos defoltear.

Todo el razonamiento es -por supuesto- falso de falsedad absoluta y lo saben, pero jamás lo admitirán en público: el modelo de valorización financiera es insustentable bajo sus propios términos, y nunca tuvo el propósito real de modificar la estructura productiva del país en el sentido de promover su desarrollo o una distribución más justa del ingreso. Lo contrario sería pedirle peras al olmo.

Solo tiene como premisa la extracción del excedente social vía los pagos de la deuda creciente, y la fuga de capitales, y cuando el grado de insustentabilidad es tal que hasta eso está en riesgo, agitan los fantasmas: si Cristina puede volver es –precisamente- porque aplicando el manual que recomiendan para toda ocasión y contexto destrozaron todo, empezando por el salario, como acaba de reconocer el propio Macri ante un grupo de banqueros.

Y si un eventual gobierno suyo toma medidas mínimas, elementales y que cualquier análisis objetivo de la situación aconsejaría (como reponer los controles de capitales y divisas, o reestructurar la deuda) no es porque tenga una visión “chavista” o algo por el estilo, sino porque en caso contrario no podría -sencillamente- gobernar.

Que decir del absurdo de la idea del “riesgo político”: ¿puede pensarse que haya algún inversor medianamente sensato que suponga que el contexto político en el que toma sus decisiones de inversión jamás cambiará, en el marco de la democracia?. El razonamiento es tan pueril que el que lo siga se merece fundirse, por nabo; cosa que por supuesto no sucederá porque lamentablemente se trata de gente con espaldas para aguantar.

Lo que está ocurriendo con el “riesgo país”, el precio de los bonos y las acciones de las empresas argentinas es ni más ni menos que ese capitalismo que tanto pregonan supone: se invierte con una dosis de riesgo, y algo puede salir mal, y hay que absorber pérdidas. Si además se invierte en un modelo económico comprobadamente insustentable cada vez que fue ensayado, ¿qué culpa tienen Cristina, la incertidumbre propia de la democracia y el populismo. 

Así que por quejas, señores inversores, dirigirse a donde corresponde: su broker de confianza, a pedirle las explicaciones del caso. Tuit relacionado: 

jueves, 21 de junio de 2018

CUANDO TODA VA BIEN, TERMINA MAL



miércoles, 20 de junio de 2018

OJALÁ


Leyendo el gran diario argentino nos enterábamos los otros días que este miércoles MSCI (Morgan Stanley Capital Internacional) pospondría hasta el año que viene la calificación de la Argentina como "mercado emergente"; desde su actual condición de "mercado de frontera" en la que se encuentra desde el 2009. 

Hace un mes atrás y a propósito de las presiones para que el Congreso aprobara las reformas a la ley que rige los mercados de capitales que finalmente terminó sancionando, decíamos acá: "Cuando la Argentina estaba desconectada de los mercados de capitales porque no se cerraba el diferendo con los fondos buitres, al mismo tiempo permanecía desconectada de otros “curros” anexos al negocio de prestar plata al que se quiere endeudar, como las calificadoras de riesgo que miden el “riesgo país” o “ponen nota” a los países, según las políticas económicas que desarrollan sus gobiernos.

Las recetas son las mismas de siempre, entonces y hoy: ajuste del gasto público, aumento de las tarifas de los servicios, flexibilización laboral, desregulación del comercio exterior, eliminación de impuestos “distorsivos”, eliminación de todos los controles de capitales, suba de las tasas de interés y desregulación de los mercados financieros. El programa económico de “Cambiemos”, en sus grandes líneas. 

Pero la experiencia histórica nos indica que una vez que se ha ingresado al circuito del endeudamiento, con o sin “condicionalidades” del Fondo, los “mercados” siempre te corren el arco, y constantemente están planteando nuevas exigencias que sí o sí hay que cumplimentar para obtener algún premio: el “investment grade”, la calificación como “mercados emergentes” dejando de ser “fronterizos”, el ingreso a la OCDE. Y entonces sí, vendrá la “lluvia de inversiones”, y el país crecerá. No hace falta remitirnos a los antecedentes históricos de nuestro país para saber que eso nunca sucederá, porque la conclusión la tenemos a la vista por estos días

Esas exigencias, esas "corridas de arco" permanentes son juegos de suma cero para el país, donde los esquemas están pensados para que el capital (que nunca arriesga) gane siempre, de un modo u otro. Juegos en los que el gobierno de Macri se metió solito, al arreglar el diferendo con los fondos buitres capitulando incondicionalmente ante su extorsión, y por cierto: entonces se dijo que esa era la condición sine qua non para que llegara la lluvia de inversiones. A las pruebas nos remitimos. Para peor, la crisis cambiaria de la semana pasada demostró que es el mercado el que maneja la economía, porque además así lo decidió el gobierno, con sus medidas aperturistas y desregulatorias. Y el mercado siempre aprovecha las crisis que crea (porque para eso las crea) para imponer sus exigencias por la razón, o por la fuerza."

Un mes después, la crisis cambiaria se prolonga, y el gobierno ha ido respondiendo a la misma con todas medidas "favorables a los mercados", que no solo no la han resuelto, sino que la agravaron; y en ese contexto, el pulgar para abajo de MSCI para el ingreso al país a la condición de "emergente" no es -como nos señala el pensamiento dominante- una mala noticia para el país, sino todo lo contrario: si finalmente lo "consiguiéramos", seríamos considerados un blanco apetecible para los grandes fondos de inversión institucional del exterior, que hacen quedar a otros como Templeton o Black Rock (de los que tenemos noticias por acá, y no precisamente buenas) como mutuales de crédito, o poco más.

Es decir, aumentan aun la vulnerabilidad financiera del país a los ataques especulativos, de los que vendrían a invertir en activos argentinos (acciones de las empresas que cotizan en bolsa por ejemplo) depreciados por la crisis y a precio de remate; y no precisamente para incrementar la capacidad productiva del país, mejorar la diversificación de su estructura y modelo de desarrollo, o su capacidad exportadora para afrontar en mejores condiciones el repago de la abultada deuda externa que ha venido contrayendo el gobierno de Macri.

Paradojalmente -o no tanto.- el rumor de que no conseguiríamos ser declarados "emergentes" contribuyó al derrumbe del MERVAL de ayer, con lo cual tampoco habría que descartar alguna operación alentada desde el exterior, para que ingresen fondos "de barata" a quedarse con empresas argentinas descapitalizadas, aumentando así la ya excesiva desnacionalización y extranjerización de nuestro entramado empresarial más importante; y haciendo en consecuencia más vulnerable a la economía del país a los shocks externos, en éste caso por decisiones empresariales que se tomarían fuera de sus fronteras.

Como fuere, si los presagios se confirman y la Argentina sigue siendo "mercado de frontera", se habrá demostrado una vez más que nos vuelven a correr el arco, porque ni siquiera la espantosa reforma a la ley de los mercados de capitales sirvió para ese propósito, aunque sí para otros (securitizar la cartera de préstamos hipotecarios de los bancos, o vaciar el fondo de ANSES, entre los más relevantes.

Y si ese fuera finalmente el caso, sería una excelente oportunidad para dar marcha atrás con todas las medidas que tomó el gobierno de Macri en dirección a conseguir la calificación de economía emergente, como la eliminación de todos los controles a los movimientos de capitales, el régimen de "participación pública privada", la desregulación del mercado financiero, los privilegios otorgados a los exportadores para que no liquiden las divisas, o las mencionadas reformas a los mercados de capitales. 

Claro que para eso en realidad, todo indica que habrá que esperar a un próximo gobierno.

domingo, 20 de mayo de 2018

LA COIMA MÁS CARA DE LA HISTORIA



El sistema del casino financiero en el que el gobierno de Macri ha convertido a la Argentina funciona sobre la base de varios mecanismos de saqueo institucionalizados, disfrazados de presuntas evaluaciones “serias y objetivas” sobre el comportamiento de la economía nacional; que como decíamos acá, siempre dependen de cumplir exigencias de "los mercados" con la promesa de que de ese modo creceremos, y seremos felices.

Y tal parece que el criterio de esas evaluaciones sería “cuanto peor, mejor”; es decir cuando más vulnerable se muestra un país a los shocks financieros internacionales o propios, y cuando más riesgos hay de que su economía vuele por los aires ante un ataque especulativo de capitales golondrinas o fondos buitres de inversión, mejor calificado estará, para permitir que lo sigan saqueando.

Es como ir en pedo a las reuniones de Alchólicos Anónimos, y que los organizadores te feliciten porque vas avanzando en tu recuperación para dejar la bebida.

Veíamos acá como el “súper martes” fue sorteado con el apoyo de un fondo buitre que trajo dólares para suscribir los BOTES, haciendo una fabulosa ganancia en poco menos de un mes, y algo parecido pasa ahora con el posible informe de Morgan Stanley que le otorgue al país la condición de “mercado emergente”, que lo haría apto para que vengan a depredarnos buitres de mayor porte aun (ese·es todo el sentido del asunto).

Al principio de la corrida el JP Morgan (controlante de la calificadora que debe determinar si dejamos de ser “mercado de frontera”) se hizo con 1472 millones de dólares en una sola compra, al precio de oferta regalado por Sturzenegger de $ 20,25 por cada dólar; y ahora su controlada nos cuenta que nos daría el visto bueno para ser “emergentes” porque el gobierno de Macri -en medio de la “turbulencia”- no restableció los controles de capitales que regían durante el kirchnerismo (lo que hubiera sido una elemental medida defensiva contra los ataques especulativos); que fueron el motivo por el cual nos rebajaron a la calificación de “mercados de fronteras”.

Es decir entonces que le regalamos a los ex empleadores de Alfonso Prat Gay una parva de dólares baratos para que a través de su calificadora nos digan que vamos bien, porque no se nos ocurrió controlar los movimientos de los capitales especulativos ni siquiera en medio de una corrida que se llevó el 14 % de las reservas del Banco Central; y gracias a esa “buena nota” podremos ser víctimas de nuevos y mayores ataques de esos mismos capitales.

Debe haber sido la coima más grande pagada y con menores beneficios para el que la paga (o sea, nosotros) de la historia.

miércoles, 2 de mayo de 2018

CÍRCULO VICIOSO


Cuando la Argentina estaba desconectada de los mercados de capitales porque no se cerraba el diferendo con los fondos buitres, al mismo tiempo permanecía desconectada de otros “curros” anexos al negocio de prestar plata al que se quiere endeudar, como las calificadoras de riesgo que miden el “riesgo país” o “ponen nota” a los países, según las políticas económicas que desarrollan sus gobiernos.

Al mismo tiempo, al haber cancelado Néstor Kirchner la deuda con el FMI a fines del 2005, se libró no solo de las revisiones periódicas de la economía por sus técnicos, sino de sus programas de “condicionalidades” a las que sujetaba la asistencia financiera a los países que la solicitaban.

Las recetas son las mismas de siempre, entonces y hoy: ajuste del gasto público, aumento de las tarifas de los servicios, flexibilización laboral, desregulación del comercio exterior, eliminación de impuestos “distorsivos”, eliminación de todos los controles de capitales, suba de las tasas de interés y desregulación de los mercados financieros. El programa económico de “Cambiemos”, en sus grandes líneas.

Pero la experiencia histórica nos indica que una vez que se ha ingresado al circuito del endeudamiento, con o sin “condicionalidades” del Fondo, los “mercados” siempre te corren el arco, y constantemente están planteando nuevas exigencias que sí o sí hay que cumplimentar para obtener algún premio: el “investment grade”, la calificación como “mercados emergentes” dejando de ser “fronterizos”, el ingreso a la OCDE. Y entonces sí, vendrá la “lluvia de inversiones”, y el país crecerá.

No hace falta remitirnos a los antecedentes históricos de nuestro país para saber que eso nunca sucederá, porque la conclusión la tenemos a la vista por estos días: leíamos en El Cronista que para que no encarezca la financiación de los contratos de obra pública licitados bajo el sistema de “participación pública privada” (PPP) es imprescindible que salga la reforma a la Ley 26.831 (2012), que regula los mercados de capitales.

Desde que fue introducido en el país en 2016 con la sanción de la Ley 27.328, los potenciales inversores que se anotarían en los contratos PPP no han hecho sino pedir un privilegio o ventaja tras otro: exención de impuestos, garantía estatal sobre el financiamiento privado, prórroga de jurisdicción para resolver diferendos, y la lista sigue.

Como sucedía en los tiempos del menemato, la Alianza y el interinato de Duhalde con el FMI, ahora aparece todos los días una nueva exigencia de “los mercados” para venir  invertir en el país; como si las que ya les dieron fueran pocas: la reforma a la ley que rige los mercados de capitales no tiene un pomo que ver con los contratos de obra pública, ni aun los armados bajo el esquema PPP.

En todo caso, las “calificadoras de riesgo” utilizarán su no sanción como excusa para subir el “riesgo país” y en consecuencia darles luz verde a los bancos para que suban la tasa que les cobran a las constructoras, y que éstas trasladan al Estado en el precio de los certificados de obra, que cobran además en bonos dolarizados e indexados con garantía estatal.

Abiertas las ofertas técnicas, nos encontramos con lo esperable: están los principales grupos económicos del país (Techint, Eurnekián, Cartellone) y los amigos/socios/testaferros del gobierno, como Mindlin, para quedarse con  obras que ya están hechas durante el kirchnerismo, como la autopista Rosario-Córdoba y la circunvalación de Rosario. Y justo el miércoles pasado también el oficialismo en Diputados volvió a posponer la discusión sobre la reforma de la ley que regula a los mercados de capitales, por dos semanas. 

El único propósito de la reforma al régimen legal de los mercados de capitales es a su vez habilitarles a los bancos la securitización de los créditos UVA (negociándolos en el mercado de derivados, por si se vuelven “activos tóxicos”) y eliminar los controles de la CNV (Comisión Nacional de Valores) sobre las empresas que cotizan en bolsa, en modo conteste con la relajación de todos los demás controles estatales: AFIP, UIF, Comercio, Aduana, que se viene imponiendo desde el inicio de la gestión macrista. Un expreso pedido de los principales miembros de la AEA: Techint, Arcor, el Grupo Clarín, poco que ver entonces con la inversión en infraestructura.

Esas exigencias, esas "corridas de arco" permanentes son juegos de suma cero para el país, donde los esquemas están pensados para que el capital (que nunca arriesga) gane siempre, de un modo u otro. Juegos en los que el gobierno de Macri se metió solito, al arreglar el diferendo con los fondos buitres capitulando incondicionalmente ante su extorsión, y por cierto: entonces se dijo que esa era la condición sine qua non para que llegara la lluvia de inversiones. A las pruebas nos remitimos.

Para peor, la crisis cambiaria de la semana pasada demostró que es el mercado el que maneja la economía, porque además así lo decidió el gobierno, con sus medidas aperturistas y desregulatorias. Y el mercado siempre aprovecha las crisis que crea (porque para eso las crea) para imponer sus exigencias por la razón, o por la fuerza. 

viernes, 20 de octubre de 2017

IMPORTANTE CALIFICADORA DE RIESGO DESCUBRE QUE EL AGUA MOJA


Varias veces señalamos acá que era imposible realizar un ajuste drástico del gasto público sin causar daño social, o restringir derechos, por la estructura de los gastos del Estado nacional: la última de ellas acá, aconsejamos releer el post; del que surge que la parte sustancial de ese gasto está dada por las prestaciones de la seguridad social (jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares incluyendo la AUH) y los subsidios a las tarifas de los servicios públicos para que no impacten en el bolsillo de los sectores de ingresos fijos. 

Y tal parece que los "expertos del mercado" han descubierto lo mismo, o al menos así surge de este  informe de la consultora Moody´s del que da cuenta El Cronista: (las negritas son nuestras)

El gasto público argentino es uno de los más rígidos de la región. Dicho de otro modo, a la hora de reducir el déficit fiscal, el país lo tiene más difícil que otras naciones latinoamericanas, según un índice que desarrolló la calificadora Moodys.(O sea que acá no es tan fácil meter tijera como en Haití o Surinam, ponéle)

El reporte considera, por ejemplo, que el pago de intereses tiene posibilidad nula de ajuste desde la perspectiva del crédito, mientras que los gastos de capital son los que el Gobierno puede recortar con más facilidad; en el medio aunque más cerca de la inflexibilidad están los gastos operativos y las transferencias.(“La perspectiva del crédito” es la mirada del acreedor: con su guita no se jode y como dice Eduardo Basualdo, en el capitalismo las deudas se pagan, allí no hay ajuste ni tijera ni recorte que valgan. La obra pública, por el contrario, es lo primero que vuela cuando se ajusta. De hecho, el objetivo fundamental del ajuste es generar recursos excedentes para pagar la deuda)

En cuanto a la composición del gasto, la Argentina es uno de los países en los que los gastos operativos (sueldos y otros) es más bajo: representan sólo 21% del total, la mitad del promedio de la región. Como contracara, las transferencias representan 62%, el mayor nivel de Latinoamérica y más del doble que el promedio regional (26%).(O sea que el problema no era “la grasa militante” de los empleados públicos como decía Prat Gay: echaron gente de puro hijos de puta que son nomás)

El reporte de Moodys también analiza la evolución del gasto en los últimos siete años. Y señala: El crecimiento en las transferencias en la Argentina es el mayor incremento en un tipo de gasto determinado en los últimos siete años en América Latina: de un 12,6% del PIB en 2010, pasaron a representar el 17,1% el año pasado. Y aunque destaca que el Gobierno avanzó en la reducción de subsidios, también señala que preservó y expandió las jubilaciones, en una decisión que limitará la flexibilidad del gasto en los próximos años.(O sea que el crecimiento del gasto se explica más por la ampliación de la cobertura previsional, la ley de movilidad jubilatoria y la AUH, que por los subsidios a las tarifas de los servicios públicos. Tanto que -como acaba de decir Melconián en el congreso de economía de la Fundación Libertad- se equivocaron cuando pensaron que con solo eliminar los subsidios y subir las tarifas, terminaban con el déficit)

Sin embargo, esta inflexibilidad estructural del gasto que complica la consolidación fiscal no está, al menos de momento, vinculado a la calificación de riesgo de la Argentina. La estructura del gasto está implícitamente incorporada en la calificación. Las razones por las que la calificación de la Argentina es baja tienen que ver con temas básicos que se están empezando a atender: continuidad de políticas, marco institucional, ordenamiento de la macroeconomía, inflación, crecimiento y confianza, apuntó Leoz. A pesar de este elemento estructural presente en el gasto, tenemos una perspectiva positiva, remarcó.(O sea que el gasto importa bajarlo, pero más importa sostener el negocio del endeudamiento en el que van prendidos, y no se puede tocar “por la perspectiva del crédito”. Y parte sustancial de ese negocio que va dejando comisiones por todos lados -incluyendo a las calificadoras-es que la deuda tenga una calificación razonable de riesgo. Que la determinan en base a los partes del Servicio Meteorológico o los astros, digamos)

Apuntó en ese sentido que “dentro de lo rígidas que son las transferencias, el componente menos rígido son los subsidios, que requiere la voluntad y capacidad política para ajustarlos”, a diferencia de las jubilaciones y pensiones, o de las transferencias a provincia, definidas –al menos mayoritariamente- por ley. “Aunque no es fácil eliminar subsidios, no es equiparable a los pagos de pensiones por el compromiso legal”, explicó.(Es decir que para bajar los subsidios y subir las tarifas basta con decisión política y aguantarse las protestas, pero bajar jubilaciones y pensiones hay que reformar las leyes previsionales. Ah mirá vos, justo lo que recomienda el FMI y el gobierno está pensando hacer si gana las elecciones y adquiere más “capacidad política para ajustar”)