LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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sábado, 13 de octubre de 2012

AHORA RESULTA QUE NO ERA POR EL HERMANO DE NILDA GARRÉ


No fue hace un año, sino apenas el jueves, cuando nos decían en tapa que el conflicto en la Prefectura y la Gendarmería se había desactivado con la renuncia del hermano de Nilda Garré a su cargo en el Ministerio de Seguridad.    

Tardaron apenas dos días en evaluar que otro elemento combustible tenían a la mano, que tuviera el mismo potencial inflamable que un cuasi motín de las fuerzas de seguridad, y llegaron a la conclusión que mucho no había.

Entonces lo ponen a Mariano Obarrio (el experto en las primicias del día después de que la noticia es conocida por todo el mundo), a decir en ésta nota que la Gendarmería y la Prefectura volvieron a sus puestos y cuarteles por la promesa del gobierno de nuevos aumentos de sueldos, pero como ésta no se cumpliría, en cualquier momento el conflicto puede volver, y el polvorín por fin estallar.

Y por si fuera poco, sabedores quizás del coeficiente intelectual promedio de los cacerolos lectores de La Nación (al fin y al cabo, desilusionados con los prefectos y gendarmes porque abortaron la chirinada), el editor (¿Escribano?) les explica lo que deben entender de la nota: 


Sencillito, para que casi hasta una señora gorda del barrio Norte lo pueda entender: juntás en una misma oración "gobierno", "látigo", "sanciones" y un par de cuestiones sobre cuanto debe ser el sueldo de un gendarme y ya está: si no tenés otro fragote en marcha (con el eventual apoyo de las FFAA), al menos te tiene que alcanzar para avivar el fuego del cacerolazo del 8N.

Que como  bien sabemos no es por el dólar, sino por la dignidad salarial de los gendarmes y prefectos; y así fue siempre, desde el principio.

martes, 9 de octubre de 2012

BASTANTE MÁS QUE UN RECLAMO SALARIAL


El conflicto en las fuerzas de seguridad nacionales (en especial la Gendarmería) parece haber entrado en un punto de no retorno: los autoacuartelados rechazan los anuncios del gobierno, que ofreció pagar los haberes igual el mes que viene, sin considerar los casos de los que cobran por vía de cautelares judiciales, y rechazó el reclamo de $ 7000 de básico (que no es lo mismo que mínimo).

Y aunque acá hemos venido sosteniendo desde el principio que acá está en juego bastante más que un reclamo salarial (protagonizado además por quienes no son trabajadores comunes, sino depositarios de la fuerza pública), vamos a hacer nuestro aporte para romper el cerco informativo en la materia, y aportar elementos de juicio para entender el contexto en el que Cristina dictó el Decreto 1307 que disparó el conflicto; sumando a lo que en su momento en Nestornautas explicamos acá.

Este video lo explica claramente:

 

Y para mayor claridad, de la nota de Horacio Verbistky en Página 12 del domingo extrajimos estos dos cuadros, que demuestran como la mafia de abogados, jueces y liquidadores de sueldos de las propias fuerzas de seguridad -que denunciaron hoy el Jefe de Gabinete y el Ministro de Economía- distorsionaron por completo las escalas salariales de la Gendarmería y la Prefectura, en perjuicio de los efectivos de los niveles inferiores de ambos escalafones:



Aun abstrayéndonos del contexto político de la protesta (algo sumamente difícil, considerando las imprevisibles derivaciones que puede tener), la información dura demuestra que el reclamo está lejos de apuntar a defender a los que menos ganan dentro de las fuerzas de seguridad, y que son los que con más derechos podrían reclamar para sí su condición de trabajadores.

Trabajadores que -como se dijo arriba- no son comunes, ni están sindicalizados, ni pueden abandonar sus funciones a la bartola, porque no se los puede reemplazar: el llamamiento de los voceros de la protesta a levantar el 50 % de los puestos, es una circunstancia que configura un ejemplo claro de extorsión a las autoridades legalmente constituidas, y de la evidente ruptura de la cadena de mandos.

Ya no se trata de que se juntan en el edificio Centinela o en la sede de la Prefectura los que están allí de servicio, o los que están de franco, y la amenaza es una clara muestra de como la protesta se ha desmadrado, pasando de lo puramente reivindicativo, a un hecho político de gravísimas consecuencias.

El gobierno tiene todas las herramientas legales de su lado, y el llamado a abandonar los puestos de servicio configura una falta gravísima que hace merecedores a los que respondan a la medida de la destitución, pero eso no hace menos complejo el panorama; a lo que hay que sumar que la protesta está conducida desde adentro por los que aparecen  como voceros, pero claramente operada desde afuera por otros, que responden a intereses que bien conocemos, y que no tienen nada que ver con la mejora de los sueldos de prefectos y gendarmes..  

sábado, 6 de octubre de 2012

NO PISAR EL PALITO


Hace rato que está bastante claro que el conflicto de los prefectos y gendarmes es bastante más que un reclamo salarial; y que hay muchos sectores interesados en que no se solucione y -por el contrario- se profundice.

Como también está claro que los motivos que lo dispararon en el caso de la Prefectura -los recortes de haberes- no existen en la Gandarmería, porque cobraron sus sueldos igual que el mes anterior, es decir sin novedades derivadas del Decreto 1307.

Del mismo modo que cualquiera sabe que se trata de fuerzas de seguridad, regidas por un principio de verticalidad (más aun en el caso de la Gendarmería, cuyos integrantes tienen estado militar a diferencia de la Prefectura), y que por ende no pueden desconocer la cadena de mandos como lo han hecho, asumiendo una sindicalización de hecho a la hora de plantear sus reclamos (en muchos casos justos).

Y como consecuencia de eso, es de cajón que el gobierno tiene todas las herramientas legales para aplicar sanciones a los prefectos y gendarmes en conflicto, desde las más leves hasta las más graves, según su grado de responsabilidad; así como que debe tratar de preservar el principio de autoridad.

Todo eso es cierto, tanto como que las dimensiones estrictamente políticas del asunto, son bastante más complejas; porque se corre el riesgo de victimizar a los líderes de la protesta (el famoso efecto De Angeli durante la 125), y que otro sectores sociales empiecen a mirarla con simpatía: de hecho, en el caso de la Gendarmería, en buena parte del conurbano bonaerense, la población ha desarrollado aprecio por su tarea porque han contribuido a mejorar la seguridad en zonas conflictivas.

Todos esos factores deben ponerse en la balanza a la hora de analizar -desde el gobierno- como salir del conflicto, y si bien es cierto que la disponibilidad no es una sanción, es una clara señal hacia el interior de los reclamantes, para intentar mermar las adhesiones; o separar lo que es un reclamo de conjunto (las cuestiones salariales y laborales en general), de lo que podría ser la defensa de situaciones estrictamente personales (las de los que asumieron roles de liderazgo en la protesta); pero hay que ser inteligentes para no crear ni víctimas, ni falsos héroes.

Claro que no es fácil, porque el gobierno debe dar muestras de autoridad y de acción para encauzar el conflicto, y éste no se puede prolongar indefinidamente; mientras intenta circunscribirlo a un asunto estrictamente reivindicativo, sin tener enfrente una contraparte formalmente sindicalizada; y con un liderazgo anárquico que está siendo operado desde afuera por sectores con intereses políticos bien concretos, que no son los de los prefectos y los gendarmes.

Con sólo leer lo que dice Maza surge claro que (al menos él) tiene otro tipo de intenciones, porque plantea que existiría un acuerdo verbal para no aplicar sanciones, algo que no puede ser desmentido sino con la palabra de los funcionarios a los que involucra; y ni aun así: de hecho Schenone (el anterior director de Gendarmería) que sería uno de los que habría tomado tal compromiso, fue pasado a retiro junto con toda la cúpula de la fuerza.

El problema es que, si eso fuera así, no se entiende como el punto de que no se adopten sanciones está expresamente planteado en el petitorio que las autoridades recibieron, sin tomar ningún compromiso -al menos hasta el martes- al respecto: ¿cómo podría existir un acuerdo verbal sobre algo que se está pidiendo formalmente, y debe ser elevado a las instancias con capacidad de decisión para que lo consideren? 

Incluso ese aspecto del petitorio es (en el contexto del reclamo) más sencillo de resolver -con una especie de "amnistía administrativa" para no echar más leña al fuego-, que satisfacer en lo inmediato el reclamo salarial tal cual está planteado, o admitir la participación de representantes de los reclaman en la mesa de negociación de las escalas de sueldos.

En la génesis del conflicto (en la liquidación de haberes en la Prefectura, eventualmente en contra del sentido del decreto de Cristina) ya se verificaron impericias y probables sabotajes administrativos deliberados, desde el interior de las propias fuerzas; lo que redobla la necesidad de garantizar que todo el que actúe en representación del gobierno en éste caso (asi sean los miembros de las nuevas cúpulas de las fuerzas) lo hagan siguiendo estrictamente sus instrucciones, y respondiendo al plan político trazado.

El margen de acción del que se dispone para encarrilar el conflicto es estrecho, y no admite equivocaciones, como tampoco caer en la tentación de extremar demostraciones de autoridad que se pueden volver en contra; al menos en esta etapa de desarrollo del problema.

Suponemos que estas cosas están siendo evaluadas en profundidad, pero hay que tratar de evitar por todos los medios pisar el palito. 

viernes, 5 de octubre de 2012

DESINFORMEMOS PARA AGITAR MEJOR


La captura de pantalla corresponde a esta nota de Clarín, donde supuestamente se explican las "claves" del conflicto en Gendarmería y Prefectura; de la cual extrajimos estos párrafos, que entendemos son los más relevantes para entender como juegan los medios en todo esto:


Tomemos nota entonces:

1) Uno de los adicionales más significativos podados sería el llamado "necesidad extraordinaria", que tiene que ver con las funciones que cumple la Gendarmería por orden del Ministerio de Seguridad en determinados lugares como las villas.

2) Otro es "responsabilidad jerárquica por cargo extraordinario", para los empleados que en la práctica desempeñan funciones de mayor jerarquía que las de su categoría de revista.

3) El "polémico" decreto 1307 (al que pueden acceder acá en el Boletín Oficial) poda muchos de éstos adicionales.

Ahora bien hete aquí que el "polémico" decreto dice lo siguiente en su artículo 2º:


O sea: no "poda" sino crea cuatro suplementos particulares para el personal de la Gendarmería y la Prefectura (algunos incompatibles entre sí: se cobra uno u otro), de los cuáles nos interesan -en atención a la nota de Clarín- dos: "de responsabilidad por cargo" y "por cumplimiento de tareas específicas de seguridad"; acá vemos la parte pertinente al primero:


O sea que el decreto no poda el adicional que remunera el desempeño de funciones de mayor jerarquía, sino que lo crea y establece su monto, y cuáles son los grados dentro del escalafón de cada fuerza (en la Gendarmería son en total 17 y en la Prefectura 16) que lo cobran; además de establecer los requisitos para percibirlo.

Acá vemos el otro, que se denomina "por el cumplimiento de tareas específicas de seguridad" (no se rían: se llama así), encomendadas por el Ministerio de Seguridad (por ejemplo la presencia de la Gendarmería en Fuerte Apache o en las villas de Buenos Aires):


Como ven, los que lo cobran son los que están en los grados inferiores de los escalafones; y este suplemento es (de acuerdo al decreto) remunerativo, lo que implica que sobre él se hacen los aportes y contribuciones a la seguridad social (es "en blanco" digamos), y forman parte del haber de pasividad el día que el gendarme o prefecto pasa a retiro (se jubila, para que se entienda).

Aquí corresponde aclarar que un rubro salarial puede ser remunerativo (tener descuentos e incidir en la jubilación o retiro) pero no bonificable (no formar parte de la base de cálculo para los aumentos salariales), porque son dos cosas distintas, aunque puede ser ambas si así lo dispone la norma que lo crea.

Pero en éste otro artículo del decreto vemos que el decreto si elimina algunos ítems salariales, 


Todos eso ítems salariales tienen algo en común: son no remunerativos y no bonificables, es decir, no tenían aportes jubilatorios y de obra social (y por ende no se trasladaban a los retirados), y no incidían en los aumentos por política salarial.

De modo que lo que el decreto hizo fue blanquear esa parte de los salarios de los gendarmes y prefectos, incluso es posible que eso haya provocado mermas en el salario bruto; sin embargo nos permitimos reiterar lo ya dicho acá en cuanto a lo que dice el propio decreto 1307 en su artículo 6:


Dicho en criollo: si antes del decreto alguien cobraba 100, y después del decreto (sin considerar los que tenían cautelares en la justicia) gana 90, hay que garantizarle que cobre los 10 de diferencia bajo éste código o rubro, hasta tanto esa diferencia sea absorbida por futuros aumentos.

Pero si no nos creen a nosotros, léanlo al hermano de Altamira en Clarín de hoy:


O sea que la "poda" ya pasó a ser de un 10 a un 20 % (recordemos las cifras catastróficas que se dieron en las primeras horas del conflicto), y el decreto blanquea sueldos: recuerden los carteles de gendarmes y prefectos que pedían justamente eso.

Dice Bermúdez que el decreto "no tomó la precaución de sumar a los montos no remunerativos los descuentos de ley para que el haber neto (el ingreso "de bolsillo") no resulte inferior al que se estaba cobrando": ¿cómo sería eso, si justamente los no remunerativos son tales porque no tienen los descuentos de ley para jubilaciones y obra social? 

¿Y cómo es que el decreto no tomó precauciones en ése sentido, si ya transcribimos más arriba lo que dice el artículo 6 para garantizar que nadie cobrara menos?

Pero no lo decimos solamente nosotros (o Cristina en el decreto), sino el propio Bermúdez en la misma nota, acá:


Bermúdez así no sólo contradice la nota de Alejandra Gallo de ayer (la que encabeza el post), sino su propio artículo, con unos renglones apenas de diferencia.

Lo que demuestra que el reclamo de gendarmes y prefectos ha aumentado la inseguridad: sobre todo la inseguridad informativa.

jueves, 4 de octubre de 2012

MORALEJAS Y ENSEÑANZAS DE UN PARO SIN SINDICATOS


Por Raúl Degrossi

Al momento de escribir esto, sigue la protesta de prefectos y gendarmes y, si bien pareciera encapsulada a las reivindicaciones salariales y laborales, nadie puede prever cuando y como concluirá: de hecho, el reclamo persiste pese a que la causa original (los descuentos en los salarios) desapareció, lo que marca a las claras que hay otras cuestiones dando vueltas.

Sin embargo todo lo ya ocurrido permite sí algunas reflexiones,  porque lo peor que podría suceder es que no se aprenda nada del asunto:

No toda protesta social o reclamo ciudadano es golpista, y por el contrario, la existencia de conflictos y su visibilización a través de la protesta en el espacio público, es una de las notas más características de una sociedad democrática: del punto deberían  tomar nota -más que el propio gobierno o los que lo apoyamos- todos los que adhirieron sin reservas al reclamo de las fuerzas de seguridad, pero viven reclamando mano dura y tolerancia cero para otras protestas (de sindicatos, de movimientos sociales); o asocian el conflicto con el caos, sin reparar nunca en sus causas, o en la justicia o no de las reivindicaciones.

Precisamente la multiplicación de conflictos y demandas en el país, y su procesamiento en clave democrática (basta ver lo que está pasando en estos mismos días en Europa o EEUU con las protestas de todo tipo para poner las cosas en perspectiva), son la más rotunda desmentida de la realidad, al sonsonete cacerolero y mediático de que estamos viviendo en una dictadura.

Dicho esto, no se puede discutir seriamente a esta altura el hecho de que está instalado en importantes sectores de la sociedad argentina (si no por su número, sí por su activismo y capacidad de influencia en la formación de la opinión pública y el clima social) un pensamiento abiertamente golpista: los excesos verbales en que cierta gente incurre a diario y la notoria impaciencia por pasar a la acción abierta, prendiéndose de todo conflicto que ande suelto, autorizan a dejar de lado el giro del lenguaje que implica hablar de "clima destituyente".

Y de éste punto tienen que tomar nota -una vez más, aun por encima del propio gobierno y su base de adhesiones- aquéllos que puedan tener legítimas quejas contra el kirchnerismo y sus políticas: va siendo el momento en que cualquiera que quiera protestar por algo u oponerse al gobierno nacional (lo que incluye a la oposición institucional, pero no agota en ella la observación), comience a pensar en como generar los métodos, las consignas, el discurso, que les permitan desmarcarse de plano de los que buscan la interrupción del mandato constitucional de Cristina; a como dé lugar.

Al mismo tiempo que condenen enérgicamente a los nostálgicos del pasado que -cada vez en forma más desembozada, como se pudo ver y oír durante las horas que transcurrían de la protesta- aprovechan cada conflicto para sumar agua para su molino: algo de esto pareció empezar a verse con la firma de los bloques opositores a la declaración de Diputados, para diluirse de inmediato en el Senado con la negativa de radicales y peronistas disidentes.

Las fuerzas opositoras al kirchnerismo deberán reflexionar a futuro porque están jugando un juego peligroso: al descalificar de plano y sistemáticamente la naturaleza democrática de un gobierno constitucional (el comunicado del Comité Nacional de la UCR de ayer marca un hito penoso en ese camino) no están cumpliendo el rol que les cabe como alternativas al gobierno, sino contribuyendo a socavar el piso común de convivencia sobre el que todos estamos parados.

En ese sentido, los esfuerzos del radicalismo (por lo menos de la mayor parte de su dirigencia, y ciertamente de la que conduce al partido) y del PRO por sobreactuar para captar el voto del núcleo duro de los cacerolazos pueden redituarle algún beneficio electoral en el mediano plazo; pero al costo de olvidar que no todo en democracia puede ser representado políticamente, menos aquellos que reniegan de las reglas básicas de la democracia, como el respeto de la voluntad popular; por no mencionar que sería un arma que fácilmente se les volvería en contra, si llegaran a ser gobierno.

El propio Macri protagonizó ayer otra muestra de patetismo (por momentos pareciera que hace el esfuerzo por mostrarse más insignificante en escala de dirigente nacional, cuanto más complejo es el problema), saliendo a dar una especie de seudo cadena nacional, salida no se sabe bien de donde: es apenas el jefe de gobierno de una ciudad, no es el líder de la oposición ni tal cosa existe, su partido no tiene senadores y una ínfima representación de diputados en el Congreso, y acumula dos elecciones presidenciales sin presentar candidaturas propias.

Y para peor, llamando a las fuerzas de seguridad a volver a sus funciones se atribuyó una autoridad sobre ellas que no tiene, y lo único que consiguió fue irritar a los cacerolos golpistas (su electorado potencial, sensible a los controles al dólar, pero inmune a los aumentos seriales del ABL), que quieren que la protesta continúe todo lo que haga falta, hasta que se lleve puesto al gobierno. 

La reflexión vale también para los que caranchean conflictos como Moyano, con la idea de acumular fuerzas para dirimir conflictos que no le interesan a nadie (lo único que falta es que ahora prefectos y gendarmes lancen su propia CGT); y pegando barandazos ideológicos entre el programa de Huerta Grande y la reivindicación de los cacerolazos, en la medida que sirvan para esmerilar al gobierno. 

Y si bien es cierto que el conflicto abrió la puerta para discutir en abstracto la idea de que los que forman parte de las fuerzas armadas y de seguridad puedan sindicalizarse, lo cierto es que lo están de hecho, y de la peor manera: sin sindicatos formalmente constituidos, sin dirigentes que los representen y asuman las consecuencias de hacerlo, sin interlocutores institucionales con los que el Estado (que es en éste caso el empleador) puede tratar u acordar, sin un conjunto de demandas unificadas (porque van cambiando con el paso de las horas), y sin la dinámica propia de la actividad sindical a la hora de negociar.

La protesta deja también en claro que Clarín no crea todos los conflictos con los que el gobierno debe lidiar; pero con toda seguridad los aprovecha y fogonea, y si tiene las herramientas a su alcance, tratará de amplificarlos; lo que nos lleva al asunto de la ley de medios y el famoso 7 D: hay que comprender claramente que la disputa allí es no sólo (y no tanto) por una comunicación más democrática o por la pluralidad de voces.

Lo que está en juego es un conflicto político, y de enorme magnitud y trascendencia: la puja por lograr sujetar a las instituciones de la democracia, sus leyes y sus autoridades emergidas de la voluntad popular, a los grupos económicos que desde siempre han manejado el país en las sombras (aunque por suerte hoy sean cada vez más visibles), o han pretendido hacerlo; sin someterse a las rutinas democráticas, o peor aun, considerándose con derecho a ponerse por encima de ellas.

Reflexión que nos lleva al famoso asunto del "relato" y las fallas de la comunicación oficial: sin negar que es importante en política comunicar correctamente lo que se hace, no seamos tan tontos como para ignorar que tenemos enfrente un núcleo duro de sectores que -lisa y llanamente- detestan al kirchnerismo, a todo lo que representa, a lo que hizo desde el gobierno, y a lo que piensan o creen que podría llegar a hacer.

Y frente a ese hecho incontrastable de la realidad, toda discusión sobre la efectividad o no del discurso oficial y sus modos de transmisión pasa a un segundo plano; en todo caso sobre lo que deberá trabajar el gobierno es en mejorarlos para aportar a los propios elementos para la discusión diaria, en el mano a mano de las relaciones sociales con los que nos cruzamos a diario; y siempre que se trate de gente dispuesta a escuchar y debatir en serio.

El episodio también deja enseñanzas hacia el interior del propio gobierno, donde muchos funcionarios parecen no entender el hecho de que éste segundo mandato de Cristina (al igual que el primero, y peor aun) transcurrirá íntegramente bajo ataque permanente, de modo que no se admite que se piense en la reelección o (a la inversa) se haga la plancha oteando el panorama para el 2015 sabiendo que Cristina no tendrá otro mandato, cuando la demanda de la hora es ponerle el cuerpo a la gestión para garantizar hasta entonces las transformaciones que votaron el 54 % de los argentinos el año pasado.

Porque resulta que nos viven diciendo que el kirchnerismo ha montado un Estado policial, que conoce y controla todos nuestros movimientos y se entromete en nuestras vidas hasta en las decisiones más íntimas, pero parece no estar capacitado para detectar a tiempo que se liquidaron mal los sueldos de sus propios empleados, o que hubo algún error en un decreto que firmó la presidenta.

Lo que indica que, lejos de aflojar en los intentos por disciplinar la maquinaria burocrática del Estado a los objetivos de la gestión política hay que redoblarlos, porque la devastación del menemato dejó en ese mismo Estado recovecos y vericuetos desde los cuáles se la puede sabotear (como sería en apariencia éste caso), o montar quiosquitos para la defensa de algunos intereses que no son los del conjunto, como pasaba con la APE y parte de la plata y las obras sociales: ponga el lector otros ejemplos que conozca, porque seguramente abundan.

La redoblada ansiedad golpista de algunos (híperactivada con la protesta de las fuerzas de seguridad, por las razones que todos pueden imaginar) nos coloca a nosotros en la necesidad de discutir en forma urgente como responder, como canalizar y organizar el amplio apoyo del que el gobierno sigue gozando (aunque nos quieran convencer de lo contrario); en definitivas como hacer visible que hubo un 54 % y sigue allí, dispuesto a defender un rumbo, un modelo y una idea de país.

Discusión que va más allá de la decisión de competir o no por la calle, pero que también involucra eso, sin perder de vista el clima que se intenta crear en el país y evitando ser funcionales a ciertos intereses.

Intereses que vienen tratando desde hace más de un año de crear la idea de que en la Argentina todo se va al carajo, asumiendo para sí el rol de "indignados", a imagen y semejanza de los que protestan en las calles en Europa y distintas partes del mundo.

Y no se trata de desconocer que en el país existan problemas: si se les pregunta, todos mencionarán el tríptico inseguridad-inflación-corrupción, que están presentes hoy como estaban el año pasado y que -en el fondo- muchos de ellos siquiera tienen la intención de abordar y discutir seriamente, por no decir que si se les ocurre proponer soluciones, ya fueron transitadas en la Argentina; con los resultados conocidos.

Simplemente se trata de apuntar que el elemento común que hay allí, en ese núcleo duro del antikirchnerismo que transita las redes sociales, protagoniza los cacerolazos y escenifica los intentos de colonización de cualquier protesta que ande por allí para llevar agua para su molino, es indignación con otra cosa.

Indignación con el resultado de las elecciones del 23 de octubre; y eso es algo con lo que no se puede transigir ni negociar; porque no tiene que ver con un gobierno sino con una forma de vivir que elegimos todos los argentinos, aun los que no votaron a Cristina. 

miércoles, 3 de octubre de 2012

RARO


Dejemos de lado toda teoría conspirativa y supongamos que toda ésta movida es simplemente un reclamo salarial, y que después de todo prefectos y gendarmes son (en la mayoría de los casos) laburantes que dependen de su sueldo para mantenerse ellos y su familias.

Y que tienen todo el derecho del mundo de reclamar por lo que creen justo, sobre todo si fuera cierto que a algunos de ellos la aplicación del Decreto 1307 les significa una rebaja de sueldos; siempre claro está, que no estemos hablando de que pasen a pagar Ganancias, porque ahí les caben las generales de la ley, como a cualquier hijo de vecino, si llegaron a cierto nivel salarial como consecuencia del decreto.

Lo cual sería raro si se tratara de gente que no estaba pagando Ganancias y pasa a hacerlo, porque en esos casos la alícuota es la menor y la incidencia del impuesto es pequeña, no dan las cifras de las que se está hablando.

Como también es muy raro que haya disminuciones de haberes (no decimos que no, tratamos de entender a que se deben), porque justamente el decreto dispone un reordenamiento de los salarios de Prefectura y Gendarmería, eliminando adicionales salariales y reemplazándolos por otros.

El artículo 2 del decreto lo dice concretamente: "Art. 2° — Créanse, para la GENDARMERIA NACIONAL y para la PREFECTURA NAVAL ARGENTINA, los suplementos particulares “de responsabilidad por cargo”, “por función intermedia”, “por cumplimiento de tareas específicas de seguridad” y “por mayor exigencia del servicio”, que serán percibidos en el monto y según las condiciones e incompatibilidades que se detallan en las Planillas Anexas al presente artículo. ". 

Y lo más interesante, el artículo 6 establece una suerte de garantía de que no habrá rebajas salariales: "Art. 6° — El personal que por aplicación de las medidas contenidas en el presente Decreto, percibiere una retribución mensual bruta inferior a la que le hubiera correspondido por aplicación del escalafón vigente a la fecha de su entrada en vigencia, sin considerar el efecto de ninguna medida judicial y en tanto se mantengan las condiciones previstas en dicho escalafón para su percepción, percibirá una suma fija transitoria que se determinará por la metodología y con los efectos contemplados en las disposiciones del artículo 1°, inciso b), del Decreto Nº 5592 del 9 de septiembre de 1968.

Dicha suma, que no podrá estar sujeta a ningún tipo de incremento salarial, permanecerá fija hasta su absorción, la que se producirá por cualquier incremento en las retribuciones, incluyendo los correspondientes a los ascensos del personal. ".

Cualquiera que conozca el funcionamiento de la Administración Pública (y aun de las propias empresas privadas) sabe que cuando se toman medidas de éste tipo (igual que cuando por ejemplo se acuerdan los aumentos salariales en paritarias) se simulan liquidaciones de haberes, incluso para estimar el costo de las mejoras; y ese procedimiento permite detectar situaciones puntuales que puedan provocar conflictos o reclamos.

Algo parecido sucedió hace poco cuando se anunció el aumento de la AUH y las modificaciones en las escalas y topes de cobro de las asignaciones para los trabajadores formales: la ANSES tuvo que instrumentar resoluciones adicionales para redondear las medidas que estaban contenidas en el decreto de Cristina.

La referencia a medidas judiciales (concretamente cautelares obtenidas por algunos oficiales y suboficiales en otros años) que hace el decreto nos sitúa en un contexto en el cual algunos lograban por esa vía salarios por fuera de la escala (astronómicos en algunos casos), y con prescindencia incluso de su grado dentro de la estructura de cada fuerza.

Es posible (no probable, porque hace un año que se viene trabajando en el tema) que en el intento de corregir esas distorsiones se haya cometido algún error tirando el niño junto con el agua digamos, y generando el caldo de cultivo para la protesta, el paso de las horas dirá si es o no así.

Pero dicho esto y volviendo al principio, no se puede desconocer el clima y el contexto políticos en los que la protesta se desarrolla, y las reacciones que dispara: basta ver el encuadre que le dan los medios (ver la captura de pantalla de La Nación), y como replica en los comentarios digitales o en las redes sociales, para advertir que, si la medida no tiene intenciones desestabilizantes, rápidamente se la intenta capitalizar para ése lado: cualquiera sabe que no es lo mismo un paro o protesta de gendarmes y prefectos (a la cual están alentando a sumarse a los militares, que con el Decreto 1305, casi contemporáneo al anterior y con un esquema similar, tuvieron su recomposición salarial), que un paro de un sindicato común.

La protesta por otro lado y su disparador (la revisión de adicionales salariales de larga data, que incluso creaban situaciones de privilegio y discrecionalidad hacia el interior de las propias fuerzas de seguridad) tiene una escalofriante similitud con la revuelta de la policía ecuatoriana contra el gobierno de Rafael Correa; lo que no hace sino aumentar la inquietud.

Sobre todo porque el reclamo aceleró las pulsiones destituyentes de ciertos sectores que fogonean los cacerolazos y la convocatoria para el 8 de noviembre, sectores que del mismo modo que ya no pueden disimular su intencionalidad y definición política bajo el disfraz de reclamos legítimos de ciudadanos independientes sin representación política (o por lo menos no parece que estén haciendo el esfuerzo por disimularlo, o desmarcarse de los núcleos más activos), tampoco pueden disimular (o les cuesta cada vez más) que el verdadero propósito que persiguen es la interrupción del mandato de Cristina, por el mecanismo que fuere: anda por allí una convocatoria a impulsar el juicio político.

Sin caer en el síndrome de la fábula del pastor mentiroso anunciando a cada rato movidas destituyentes, habrá que estar atentos a éste tipo de cuestiones.

Y si en el gobierno hay algunos funcionarios que no terminan de entender lo que está en juego y ayudan a pegarse tiros en el dedo gordo del pie (como sugiere acá Oscar Cuervo), será hora de que apaguen los espirales y se pongan las pilas o desocupen el despacho, porque el horno no está para bollos. 

Como fuere, todo el asunto suena raro, muy raro, demasiado raro se diría.