LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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lunes, 7 de febrero de 2022

COMPLEJIDADES EXTERIORES

 

Cuando el gobierno de Alberto Fernández no tenía todavía un mes de iniciado, decíamos nosotros en ésta entrada: "Mucho tiempo antes de que siquiera se conociera el término "globalización", Perón decía que la verdadera política de un país era su política exterior: tan así de importante consideraba el modo en el que el país se relacionaba con el mundo, y las posturas que adoptaba en el contexto internacional.".

"Siendo a su vez la Argentina un país ubicado en lo que los Estados Unidos han considerado siempre su área de influencia primaria (el "patio trasero"), no es de extrañar que la relación bilateral que lleva ya 200 años haya atravesado por todos los estados, que van desde el alineamiento automático e incondicional, hasta el conflicto abierto o la hostilidad; de modo que eso no es ninguna novedad.".

"Se ha dicho también que esto es así porque los Estados Unidos no pueden "descuidar" América Latina frente a la creciente presencia e influencia en la región de China (en mayor medida) y Rusia (con un protagonismo menor, pero no desdeñable). Lo cierto es que por los objetivos que se ha trazado la política exterior del imperio (funcionando más que nunca en ese modo), y por los medios que emplea para conseguirlos, es un factor de tensión allí donde intervenga, y América Latina no es la excepción. De modo que la máxima de Perón aplica como nunca a nuestra situación, e impone al gobierno argentino la prudencia y la inteligencia para moverse en un estrecho desfiladero, para tutelar los intereses nacionales en juego, sin perder de vista el tablero completo.".

"Por otro lado, el gobierno argentino deberá enfrentar, más temprano que tarde, una reestructuración de su deuda externa con los bonistas privados, y una renegociación del acuerdo con el FMI concluido durante el gobierno de Macri, y en ambos casos el apoyo de la administración Trump puede ser decisivo: en el caso del Fondo por su peso en las decisiones del buró, y en relación con los bonistas, porque de acuerdo con los prospectos de emisión de deuda, cualquier contienda derivada del proceso de reestructuración se ventilará en los tribunales de los Estados Unidos, y ya se vio lo que pasó con los causas que llevaba Griesa durante el mandato de Cristina, por la actitud que asumió Obama.".

Andando los meses, ambas negociaciones (con los bonistas privados y con el FMI) se vinieron encima nomás, y condicionaron en parte la política exterior del gobierno. Solo en parte: la política exterior -en tanto prolongación de la política interna más allá de las fronteras propias- es también un territorio en disputa al interior de la coalición oficialista, como lo es todo el rumbo general del gobierno.

Sin embargo, es de destacar que, pese al predominio que los "pro yanquis" como Massa o Béliz tienen en el sistema de toma de decisiones presidencial, Alberto haya decidido mantener relaciones privilegiadas con Rusia y China, a despecho de algún ceño fruncido en la potencia regional; o de alguna explicación inverosímil, como que los chinos exigían que arregláramos con el FMI, para recién entonces invertir acá. Y con alguna sobreactuación discursiva innecesaria como sus dichos frente a Putin, quien podría darle clases de discreción y enseñarle que hay cosas que se hacen, pero no se dicen; o en palabras de Perón, que a la gallina hay que desplumarla sin que grite.

Los vínculos comerciales y políticos con dos potencias como Rusia y China no difieren en sustancia de los que podemos tener con otra como los Estados Unidos: el diferente peso específico de los actores involucrados en cada caso hace que siempre esté latente el fantasma de intercambios desparejos, con desproporción de cargas y beneficios para las partes involucradas: en estos asuntos nadie hace beneficencia, o si lo hace, la termina pagando caro.

De modo que es obvio que, haciendo negocios y acuerdos con nosotros, rusos y chinos buscan, antes que nada y sobre todo,  su propio beneficio como lo hacen también los yanquis; aunque en éste caso la propaganda opositora y el pregón de los medios hegemónicos (que desde los tiempos de Braden tributan a la embajada) nos quiera convencer que lo hacen por amor a la libertad y los principios y valores de la democracia.

En el caso de China, la "ruta de la seda" es el nombre que ha tomado el plan orquestado desde Beijing para extender su influencia en áreas en las que ésta se viene incrementando desde hace mucho tiempo, compitiendo con los acuerdos trans-Pacífico impulsados por los Estados Unidos. En un mundo pluripolar, nadie debiera sorprenderse por la competencia entre Estados poderosos por ganar mercados y zonas de influencia. El desafío para países como el nuestro, con nuestro grado de desarrollo y peso en el contexto internacional, es moverse entre los gigantes sin ser aplastado, consiguiendo en el camino las mayores ventajas posibles. 

Un ejemplo: chinos y rusos son también miembros del FMI, y manejan sus asuntos en el mundo de las finanzas globales y con sus reglas. Sin embargo, han sido más astutos que sus competidores  yanquis para financiar con generosidad proyectos de infraestructura para el desarrollo en los países de América Latina, de los que también esperan obtener beneficios: hay allí una oportunidad para nosotros, para conseguir dólares que tengan un destino más productivo que la fuga de capitales; sin exigencias -al menos visibles- de alineamiento incondicional en asuntos de política exterior, quizás simplemente porque no somos su "patio trasero".

Pero vengan de donde vengan las inversiones o la ayuda extranjera, no escapan a la necesidad de definir antes un modelo de desarrollo nacional, basado en primer lugar en nuestras capacidades propias y en nuestra autodeterminación política sin condicionamientos; en el que esa ayuda que viene de afuera complemente y potencie el esfuerzo nacional, y no lo frustre ni nos desangre, llevándose más de lo que pone. 

Como reza un dicho, no se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perro: en otros tiempos, el primer peronismo desmontó la "relación asociativa especial" construida por la oligarquía argentina con el imperio británico, sin reemplazarla (como pretendían entonces algunos de los voceros de esa oligarquía, como  Pinedo) por otra similar con la nueva potencia mundial predominante, que eran los Estados Unidos. Perón eligió construir un camino de soberanía política e independencia económica, sin abandonar una mirada pragmática con la que sostenía relaciones con todos los países del mundo que quisieran tenerlas con nosotros, desde un plano de respeto.

Regla que vale para cualquiera con el que entablemos relaciones en busca de cooperación; lo mismo que la necesidad de repensar la arquitectura jurídica en que esas inversiones se concretan, para que no se conviertan en un factor de potenciación de la dependencia, más que de promoción del desarrollo. Recordar al respecto la triste experiencia de la ley de inversiones extranjeras (diseñada por Martínez de Hoz, empeorada por Menem), la prórroga de jurisdicción en tribunales extranjeros, la adhesión al CIADI o los TBI (Tratados Bilaterales de Inversión) diseñados en el menemato para remachar, aun más, las cadenas de la dependencia.

lunes, 1 de julio de 2019

DENSIDAD NACIONAL


"El orden global proporciona un marco de referencia para el desarrollo de cada país. Pero la forma de inserción en su contexto externo depende, en primer lugar, de factores endógenos, propios de la realidad interna del mismo país. La historia del desarrollo económico de los países puede relatarse en torno a la calidad de las respuestas a los desafíos y oportunidades de la cambiante globalización a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son entonces los factores endógenos que determinan aquellas respuestas? ¿Qué circunstancias conducen al éxito, vale decir, a su desarrollo?

"El análisis comparado de casos exitosos contribuye a responder tales interrogantes. La muestra abarca dos épocas distintas de la globalización y países muy diferentes por la dimensión de su territorio y población, disponibilidad de recursos naturales, tradición cultural y organización política. Sin embargo, en todos los casos se verifica la existencia de condiciones endógenas, internas, necesarias, que resultaron decisivas para que esos países generaran progreso técnico y lo difundieran e integraran en su tejido productivo y social; vale decir, para poner en marcha procesos de acumulación en sentido amplio, inherentes al desarrollo. Este conjunto de circunstancias endógenas, insustituibles y necesarias al desarrollo pueden resumirse en el concepto de densidad nacional."

"En los casos exitosos, la totalidad o mayoría de la población participó en el proceso de transformación y crecimiento y en la distribución de sus frutos. Esos países no registraron fracturas abismales en la sociedad fundadas en causas étnicas o religiosas, ni en diferencias extremas en la distribución de la riqueza y el ingreso. En todos los casos, la mayor parte de la población participó de las oportunidades abiertas por el desarrollo. Los países considerados en la muestra contaron con liderazgos empresarios y sociales que gestaron y ampliaron su poder por medio de la acumulación fundada en el ahorro y los recursos propios, y de la preservación del dominio de la explotación de los recursos naturales y las principales cadenas de agregación de valor. Los núcleos dinámicos del desarrollo en cada etapa fueron reservados para empresas nacionales o sujetas a marcos regulatorios que integraban a las filiales de empresas extranjeras al proceso de desarrollo endógeno.

"Los liderazgos promovieron relaciones no subordinadas de sus países con el resto del mundo, y en el caso de aquellos que se convirtieron en grandes potencias, relaciones dominantes. Las ideas económicas fundantes de la política económica de los países exitosos nunca estuvieron subordinadas al liderazgo intelectual de países más adelantados y poderosos que ellos mismos. Respondieron siempre a visiones autocentradas del comportamiento del sistema internacional y del desarrollo nacional. Cuando estos países aceptaron teorías concebidas en los centros, lo hicieron adecuándolas al propio interés. Fueron visiones y enfoques funcionales a la puesta en marcha de procesos de acumulación en sentido amplio, fundados en la movilización de los recursos propios disponibles."

"Concibieron las empresas y préstamos extranjeros como subsidiarios del proceso de acumulación asentado en la preservación del dominio de las actividades más rentables y fuente principal de la ampliación de la capacidad productiva. El Estado fue el instrumento esencial para poner en práctica las ideas del desarrollo nacional y la vinculación soberana con el contexto externo. En virtud de las circunstancias propias de cada caso y cada época, el Estado intervino todo lo que hizo falta, raramente más de lo necesario, para regular los mercados, abrir o cerrar la economía e impulsar, orientando el crédito interno y por múltiples otras vías, las actividades consideradas prioritarias. El Estado fue un protagonista principal, con mayor o menor grado de vinculación con la actividad privada según los casos, en el desarrollo de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología para promover la innovación y la incorporación de los conocimientos importados en el propio acervo.

"La complejidad creciente de la actividad económica amplió y diversificó la demanda de tecnología, que fue atendida en gran medida por la propia oferta de bienes complejos y conocimientos. La elevación de los niveles educativos y la promoción de la ciencia y la tecnología fueron objetivos importantes en la acción pública de los países exitosos, mientras el propio desarrollo multiplicaba los incentivos para que el sector privado llevara adelante sus propias actividades de investigación y desarrollo. En ningún caso se instalaron desequilibrios sistémicos, como un exagerado nivel de endeudamiento externo de largo plazo.

"La globalización pone a prueba la densidad nacional de los países. En la actualidad, se acrecentó la intensidad de las fuerzas globalizadoras y se fortalecieron las reglas del juego diseñadas por los países centrales. La calidad de las respuestas a los desafíos y oportunidades de la globalización resulta así más decisiva aún que en el pasado para determinar el éxito o el fracaso. Tales respuestas siguen dependiendo, en primer lugar, de las condiciones internas, endógenas, de cada país en aspectos críticos como la integración social, el comportamiento de los liderazgos y la estabilidad del marco institucional y político."

Los párrafos entrecomillados corresponden a reflexiones de Aldo Ferrer en su obra "El capitalismo argentino", que vio la luz en 1998, en los estertores del menemismo; y vuelven sobre ideas suyas volcadas a lo largo de toda su vida, con una actualidad impactante hoy -al menos en nuestra opinión- cuando el país se desayuna con la noticia de la firma de un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, cuyos detalles son poco conocidos, y cuyas consecuencias podrían ser decisivas para el desarrollo futuro del país. Un acuerdo respecto al cual hay poco conocimiento y debate social, y respecto del que salvo una parte de la dirigencia Pyme el resto de las organizaciones empresariales guardan silencio, no se oponen de plano o hasta celebran; aun cuando es notorio que puede ir en contra de sus propios intereses, de sector y de clase.

Hace más de un año atrás, en marzo del año pasado, es decir antes de que comenzara el derrumbe del modelo macrista de valorización financiera, que llevó al gobierno a acudir al FMI, decíamos nosotros en esta entrada: "Es decir, en paralelo a la reconfiguración del campo estrictamente político (alianzas electorales y candidaturas) se producen los movimientos al interior del bloque económico dominante, que inciden en aquel, o determinan el contexto en el que esa reconfiguración se produce: mientras el alineamiento de algunas fracciones del capital (las patronales del campo, los bancos, las empresas multinacionales con negocios en el país) con la posibilidad de prolongación de la experiencia macrista es muy clara, los grandes grupos económicos “nacionales” (las comillas son para suavizar la expresión, atento a la diversificación de sus intereses al plano mundial) como Techint, Arcor o Acindar están “desensillando hasta que aclare”, y no descartan opciones opositoras. 

Ahora bien, esa estrategia se superpone a su vez con una necesidad objetiva de la oposición: para cobrar volumen, necesita anclar apoyos sociales además de seducir voluntades electorales; y para alumbrar una perspectiva de futuro, tiene que diseñar una propuesta que involucre de un modo central un modelo de desarrollo productivo integral, diversificado y moderno; que desplace al de la valorización financiera en curso y garantice la inclusión social, y una más justa distribución de la riqueza, sobre bases sustentables.
De lo contrario así como el neoliberalismo parece auto-condenado a repetir sus propios fracasos, una nueva experiencia nacional-popular podría verse (en caso de volver al gobierno) chocar otra vez con los mismos límites que antes tuvo: la restricción externa (el rasgo estructural más marcado de nuestra economía a través del tiempo) y las limitaciones de un modelo productivo desequilibrado, por falta de una efectiva y completa integración del tejido industrial propio, no dependiente de las inversiones del capital extranjero; y capaz de generar divisas para el país en lugar de demandarlas.
Dicho de otro modo: mientras el poder económico (o al menos una parte muy importante de él) trata de meter su cuña en el entramado político opositor para garantizarse la defensa de sus intereses más allá de posibles alternancias electorales, la oposición con aspiraciones (y posibilidades) de ser gobierno debe intentar a su vez meter su propia cuña hacia las fracciones del capital, articulando alianzas con al menos una parte de las mismas; claro que sobre el marco antes señalado al hablar del modelo productivo, y sus consecuencias sociales, y preservando al mismo tiempo el espacio de la autonomía de la política como representación de los intereses generales.
Desde luego que esto supone volver sobre la recurrente cuestión de la “burguesía nacional”, ese unicornio azul perseguido por el peronismo desde sus tiempos fundacionales, y su integración a un proyecto de país que supere los estrechos límites de la granja colonial, hoy resemantizados como “supermercado del mundo”. Pero volver al tópico en un país, una economía, una sociedad y -sobre todo- un mundo empresarial muy diferente a aquellos con los cuales tuvo que lidiar Perón; con presencia gravitante del capital transnacional, y con empresarios que diversifican sus inversiones de la industria al modelo de agronegocios o las mil y una formas de la especulación financiera, por los múltiples vericuetos posibles que incluyen -pero no agotan- los paraísos fiscales, las sociedades pantalla y las cuentas off shore. Un enorme desafío para la construcción opositora, al nivel de los que plantean resolver disputas internas, dejar de lado viejas querellas y construir una unidad posible, sobre bases firmes y acuerdos políticos; que trasciendan los amontonamientos electorales."
Más de un año después, nos encontramos transitando el tramo final de una campaña electoral en la que las opciones con posibilidades reales de acceder al gobierno (y con él a un pequeña parte del poder, como siempre remarca Cristina) ya están definidas, y el proceso de armado de la arquitectura política que desemboca en las urnas concluyó; pero sigue transcurriendo por detrás y por debajo el armado (conciente o no) de las coaliciones sociales que en definitiva han de confrontar en las elecciones de agosto y octubre.
Por la dinámica propia del proceso electoral que exige definiciones, una de ellas terminará imponiéndose por una mayor suma de voluntades, que apunten en la misma dirección. Esas voluntades aunadas supondrían en teoría una visión más o menos compartida del modelo de desarrollo del país, y su posible despliegue futuro; lo que incluye por supuesto definiciones sobre cuáles sean los motores de ese desarrollo, y como se repartirán sus frutos, si los hay.
Sin embargo y vista la cuestión desde la óptica de la idea de "densidad nacional" de la que habla Ferrer, subsisten los interrogantes, por cuanto el método democrático salda en una sociedad las diferencias entre sus integrantes sobre quienes deben conducir políticamente sus destinos, pero el rumbo de estos depende decisivamente de actores no institucionales, que no suelen ser afectos a aceptar el pronunciamiento de las urnas, sin más; porque juegan su propio partido, que no es necesariamente el de las grandes mayorías nacionales, y la mayor parte de las veces, suele ser el exactamente contrario. 
La deserción estruendosa -al menos hasta acá- de buena parte de nuestra élite económica al compromiso de hacer oír en forma clara y decidida su voz frente al avance de un modelo que fortalecería la inserción periférica y dependiente en el proceso globalizador nos está diciendo que estamos muy lejos de alcanzar esa necesaria "densidad nacional", aunque logremos desalojar del poder por las urnas al experimento neoliberal; cuyas consecuencias -podemos aseverarlo con certeza hoy- condicionarán gravemente nuestro futuro. De ello se sigue que muy probablemente las fuerzas nacionales y populares se vean sometidas al mismo desafío que afrontan desde 1945: sustituirlas en ese rol con la dirección del Estado y el apoyo de los trabajadores organizados, claro en condiciones notoriamente más desfavorables que entonces.

viernes, 23 de junio de 2017

ÍBAMOS A SER CHALCHALEROS, Y SEGUIMOS SIENDO FRONTERIZOS


Es difícil saber que resulta más patético: si las expectativas que el gobierno, los cráneos de la city y buena parte del periodismo oficialista habían puesto en que lográramos el “ascenso” del país a la categoría de “mercado emergente”, o la histeria que los ha envuelto desde que se supo que el gobierno de Macri fracasó en su intento de conseguirlo.

El episodio no deja de ser otro más de la larga saga de cipayerías comunes en nuestra historia, perpetradas como consecuencia de esa inveterada actitud de subordinación cultural de muchos sectores de la sociedad argentina; que viven siempre pendientes de la aprobación que llega desde afuera, para sentir que valen algo.

El tema en sí y desde el punto de vista estrictamente económico (el de la economía real, claro, la del empleo, el consumo, la producción, los salarios) es de un nivel insostenible de truchada; desde los responsables de subirnos o bajarnos el pulgar para que dejemos de ser “fronterizos” para pasar a “emergentes”, hasta los parámetro en base a los cuáles deciden en uno u otro sentido.

Adviértase que justamente se señalan como “progresos” hechos por el país para ser “ascendido” aquéllas medidas del gobierno de Macri que han favorecido la especulación financiera, y la fuga de•capitales; tornando a la economía mucho más vulnerable que nunca a los shocks externos, a partir del prolijo y concienzudo desmantelamiento de todos los mecanismos de control del flujo de capitales.

Las reacciones de los mercados (caída del precio de las acciones acá y en Wall Strett, suba del dólar) sumadas a las dificultades crecientes que va teniendo el Banco Central (rehén de los bancos) para bajar las tasas y renovar la montaña de LEBAC’s trasunta la idea de un frágil castillo de naipes financiero, presto a volar por los aires al menor soplido.

El hecho de que nos sigan considerando “mercados de frontera” y no pasemos a ser “emergentes” (un status otorgado por ejemplo a Nigeria) es una mala noticia para el gobierno, pero una buena noticia para el país, precisamente por eso: de haberlo logrado, solo hubiera favorecido mayores niveles de endeudamiento aun (si fuera posible) sobre todo de las empresas, mayor afluencia de inversiones financieras especulativas, o un mayor grado de extranjerización de la economía; a través de la adquisición de activos de empresas nacionales por fondos especulativos del exterior.

En síntesis, nada que sirva para cambiar o diversificar la matriz productiva, conformar una estructura más equilibrada o capaz de superar la histórica restricción externa, o impulsar un proceso de desarrollo a fondo.

Los “calificadores” y los nabos locales que le dan relevancia a su opinión piden a coro más sangre, más profundidad y velocidad en el ajuste, para “hacernos digno” del galardón algún día; desconociendo en absoluto el contexto político y social en el que se desenvuelve siempre la política económica, y sus condicionamientos.

Una espesa nube de pedos especulativa que envuelve al planeta entero, y de la que por suerte en los años del kirchnerismo (en plena crisis de las sub-prime) estuvimos desconectados justamente cuando se tomaron las medidas que nos hicieron "descender" a "mercados de frontera"; pero a la que ahora volvimos a paso acelerado de la mano de éste gobierno, y de la que nada bueno podemos esperar.

Aunque la reacción de los “mercados” confirma que el miedo no es zonzo, y hay cierta cobardía racional del capital: por más profundos que nos parezcan a nosotros los cambios introducidos por Macri en éste año y medio de gobierno, ellos intuyen que políticamente hablando están atados con alambre.

Acaso -paradojalmente- de tanto agitar el fantasma de “la vuelta del populismo” (y mientras se ofrecen como garantes electorales para conjugarlo), al gobierno el espantajo se les haya vuelto en contra, y los destinatarios de tanto amor no correspondido en forma de “lluvia de inversiones” teman/intuyan que el fantasma es mucho más real de lo que pensaban.

sábado, 30 de abril de 2011

SEIS IDEAS FALSAS SOBRE LA GLOBALIZACIÓN.

Por Carlos Vilas

"La globalización se ha introducido en el habla cotidiana de sectores amplios de población. Aunque se trata de un fenómeno complejo cuyo conocimiento dista mucho de haberse agotado, en América Latina parece predominar la idea de que la globalización es algo extraordinariamente poderoso, que obliga a actuar a los países de la región y a su gente de un modo que no deja alternativas. Identificada generalmente con la emancipación de ataduras y rigideces del pasado, parece implicar al mismo tiempo la reducción drástica del margen de opciones públicas: hay cosas que ya no se pueden hacer, y otras que es inevitable hacer, por la globalización.

Este discurso, eufórico y determinista, se basa en un conjunto reducido de proposiciones simples que se asumen como verdades autoevidentes; el cuestionamiento de las mismas es considerado la mejor prueba de la ignorancia, estupidez incluso, de quien aventura sus dudas.

Planteadas de manera muy resumida, esas proposiciones son las siguientes:


1. La globalización es un fenómeno nuevo.
2. Se trata de un proceso homogéneo.
3. Es, asimismo, un proceso homologeneizador: gracias a la globalización todos seremos, antes o después, iguales y en particular los latinoamericanos seremos iguales en desarrollo, cultura y bienestar a nuestros vecinos del norte y de Europa.
4. La globalización conduce al progreso y al bienestar universal.
5. La globalización de la economía conduce a la globalización de la democracia.
6. La globalización acarrea la desaparición progresiva del Estado, o al menos una pérdida de importancia del mismo.

En conjunto, esas proposiciones constituyen el núcleo de lo que podemos llamar la ideología de la globalización. Se trata de una ideología conservadora que encubre la realidad para inhibir la voluntad de cambiarla. Como toda ideología conservadora, enfoca selectivamente al mundo de acuerdo con una configuración de poder dada, a la que trata de preservar y consolidar. Así presenta como necesaria e inevitable una configuración contingente de la realidad, y como producto de la dinámica inmanente de la técnica lo que es en realidad producto de particulares decisiones en función de objetivos e intereses específicos. La dinámica egoísta del mercado y la búsqueda de la ganancia pecuniaria por encima de cualquier otra consideración son exaltadas como la realización de la razón y del progreso, postulando como un avance hacia la modernidad, e incluso la “posmodernidad”, lo que en muchos aspectos es un regreso a las modalidades más perversas y depredadoras del capitalismo decimonónico. El enunciado de esta ideología está acompañado generalmente de referencias ambiguas y confusas al fin de siglo y a la inminencia de nuestro ingreso en el tercer milenio. El efectismo de estas alusiones contribuye adicionalmente a confundir a la audiencia desprevenida; el impacto de perderse la oportunidad de entrar por la puerta grande de la globalización a otros mil años de historia es demasiado fuerte incluso para ponerse a pensar que ninguno de nosotros estará vivo al final del próximo siglo para contrastar, con el beneficio de la experiencia, la plausibilidad de las proposiciones que se enuncian en nombre de las próximas cien décadas.

Afortunadamente no será necesario esperar tanto. Las afirmaciones que integran esta ideología conservadora no se encuentran avaladas ni por la historia ni por la observación del presente; al contrario, cuando se las contrasta con la realidad la mayoría de ellas resulta desvirtuada, o por lo menos tan fuertemente acotada que pierde toda validez. Dicho llanamente: estas proposiciones están equivocadas."