LA FRASE

"EL FLIPPER DE "LOS LOCOS ADDAMS" ME LO COMPRÉ PARA ENTRENARME PARA LAS REUNIONES DE LA MESA POLÍTICA." (MANUEL ADORNI)
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martes, 2 de junio de 2026

QUIEN PAGA LOS DESTROZOS

 

La promesa de campaña de Milei de hacer que el ajuste que el país -en su visión- necesitaba lo pagara la gasta le dio réditos electorales para llegar a la presidencia, e incluso en las legislativas del año pasado. Sin embargo, cuando se analiza lo que verdaderamente encerraba esa promesa la cosa es muy distinta: estamos en presencia de un gobierno de clase, que ejecuta una revancha de esa clase sobre el resto de la sociedad. Sin la caracterización correcta del fenómeno -circunscribiéndose exclusivamente a tratar de develar las causas de sus manifestaciones políticas- difícilmente se pueda articular una respuesta eficaz al desafío que representa.

Esa revancha de clase se presenta desnuda en su obscenidad todos los días en las medidas que despliega el gobierno, pero tratan de darle un pseudo sustento teórico en una mirada "ofertista" de la economía, que presupone que otorgándole todo tipo de privilegios y beneficios al capital éste opera el crecimiento, y de ese crecimiento viene indefectiblemente -en un futuro siempre brumoso e incierto- la redistribución en forma de más empleos y mejores salarios y niveles de vida.

La semana pasada esa visión del funcionamiento de la economía real fue desmentida desde dos fuentes insospechadas de izquierdismo: una fue la OCDE dando a conocer los números de la IED (inversión extranjera directa) en América Latina el año pasado, en la que los Argentina de Milei quedó en el fondo de la tabla, muy por debajo de países gobernados por "el comunismo", como Brasil, México o Colombia. Y la otra fue el mismísimo Papa León XIV que en su primera encíclica "Magnifica Humanitas" desacreditó la teoría del derrame.

Dice allí el sucesor de Francisco: "En realidad, una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera lógica de la eficiencia, orientando explícitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los más vulnerables. En lugar de esperar los beneficios de un crecimiento que “al final” llegará también a los pobres, se necesitan decisiones que hagan que el crecimiento sea inclusivo desde el principio. Las experiencias de las últimas décadas demuestran que, en las crisis económicas y financieras, son siempre los pobres quienes pagan el precio más alto, mientras que las teorías que prometen un bienestar general automático suelen resultar ilusorias.".

También la semana pasada se conoció el reporte del FMI sobre la evolución de la economía argentina en el que -en un marco general de apoyo al plan del gobierno- hizo algunas advertencias respecto a la sustentabilidad del ajuste que les permite a Milei y Caputo exhibir números de superávit fiscal: por un lado la abultada masa de intereses que se terminan capitalizando a futuro como nueva deuda (e incluso obligaciones impagas que devengan deuda flotante), y por el otro que la consolidación de ese resultado a futuro exige una reforma previsional (con previsible recorte de derechos y beneficios para los jubilados presentes y futuros), y una reforma impositiva, para recomponer los ingresos del Estado.

Y en éste caso las propuestas son tenebrosas, como no podía ser de otro modo viniendo de quien vienen: sostener y profundizar la baja de retenciones (para alentar las exportaciones, como si eso dependiera del nivel de presión fiscal y no de la demanda de los mercados externos), aumentar la base imponible de Ganancias para que más trabajadores paguen el impuesto (mientras se aplauden las rebajas y exenciones del RIGI a las empresas) y subir el monotributo. Es decir, financiar al Estado profundizando el sesgo regresivo del sistema impositivo vigente y cazando en el zoológico.

A tono con ese contexto (y con las políticas generales de un gobierno que les ha rebajado Bienes Personales a los más ricos, Ganancias a las empresas, los impuestos a los consumos suntuarios y no prorrogó el impuesto a las grandes fortunas), Marcos Galperín, uno de los más connotados voceros de la casta real (no aquella de la que hablaba Milei en campaña) agita el fantasma del comunismo expropiador, para seguir gozando de beneficios y exenciones fiscales que hace rato sus empresas no necesitan, y continuar con su exilio fiscal para negarse a contribuir a pagar no ya el gasto público, sino las consecuencias de los destrozos que genera el plan que apoya fervientemente. Y lejos está de ser el único, será en todo caso el que tiene el suficiente nivel de impudicia como para hacerlo público.

Pareciera entonces (solo pareciera) que queda planteada la discusión que se viene en el país, y la que se nos ocurre como la única pertinente y decisiva: quien paga los daños de Milei y su modelo, que es del círculo rojo y la élite económica. Y decimos parece porque por estos tiempos se habla mucho de la importancia del equilibrio fiscal, pero poco de como se lo construye; porque hasta el propio FMI admite que se no se pueden seguir postergando indefinidamente gastos esenciales o acumulando deudas a futuro porque es inviable (por falta de capacidad de repago, más que por un brote de sensibilidad social o prudencia fiscal), pero sin detenerse a pensar (a juzgar por sus propuestas para financiar al Estado y sus políticas) que tampoco se puede lograr buscando los ingresos que faltan de los que ya hoy no pueden pagar más.

Es curioso ver como hay muchos (que acuerdan en líneas generales con el programa del gobierno) que se preguntan por la sustentabilidad política del ajuste, y la tolerancia social al ajuste perpetuo, pero nunca se preguntan como sería ensayar que el equilibrio que propugnan adquiera sustentabilidad metiéndoles la mano en el bolsillo a los más ricos, que son los ganadores del modelo. En lugar de poner en tela de juicio los intereses de la clase a la que representan o expresan mediáticamente, prefieren poner en tela de juicio las elecciones y la propia democracia, como obstáculos para el desarrollo pleno del anarco-capitalismo en curso.

Pero en esta misma trampa cae el peronismo "fiscalista" congregado hace poco en Parque Norte que quiere apropiarse de un reflejo distorsionado de la imagen de Néstor, para reducir la experiencia kirchnerista a los superávits gemelos, en una suerte de lavagnismo sin Lavagna que propone -sin decirlo abiertamente- darle otra oportunidad al modo Kulfas-Guzmán de gestionar la economía en tiempos de crisis.

No debe asombrar entonces que esa gente (y muchos otros) no quieran pedir por la libertad de Cristina, ni hacer de eso un eje de campaña, porque Cristina está presa por hablar de esos temas de los que no quieren hablar, y por meterse con intereses que ellos no quieren afectar. Si no se animan a pedir por su libertad ¿hay que creerles que la van a liberar, llegado el caso? Con los costos de la crisis pasa lo mismo: si no se animan a decir claro y con todas las letras quienes deben pagarlos, ¿se van a animar a hacerlo, si son gobierno?

Y si no lo dice el peronismo -y más importante aun, si no lo hace llegado el caso-, ¿Quién lo va a decir primero, y hacerlo después? Después se sorprenden de los resultados electorales, o terminan preguntándose como regalamos banderas que otros pueden "aprovechar", como hizo el gorilismo cuando dice que el kirchnerismo se "apropió" de causas: los derechos humanos, Malvinas, la educación, la ciencia, los derechos de la mujer, o más atrás en el tiempo, el socialismo con los reclamos de los trabajadores, en el primer peronismo.

Dicho de otro modo, si el peronismo no está para eso (para hacer que las crisis no recaigan sobre las espaldas del pueblo sino sobre las de los que las generan y se benefician con ellas), ¿para qué está entonces, para ganar una elección de vez en cuando sin transformar nada y dejar todo como está? En ese caso terminarán resolviendo el dilema que planteaba Cooke en "Apuntes para la militancia" no rompiendo con el empate hegemónico (que hoy no existe) entre las fuerzas populares y el régimen), sino condenando -como el planteaba como un riesgo- al peronismo a su esterilidad histórica. 

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viernes, 10 de abril de 2026

MARCIANOS

 

Cuando apareció como alternativa política el PRO (la nueva derecha moderna y democrática que nos describiera el inolvidable Natanson), su carta de presentación era que venían a ocuparse del "metro cuadrado" de proximidad de los ciudadanos: sus problemas cotidianos como tener un buen transporte público, conseguir banco para los hijos en la escuela pública, garantizar un sistema de salud pública de calidad. 

La promesa venía de la mano con la ilusión de la gestión sin ideología, y planteaba que era ésta la que nos empantanaba en discusiones estériles que no conducían a nada, cuando lo que había que hacer era simplemente arremangarse y ponerse a resolver los problemas concretos que afectaban a la gente común de carne y hueso. Sabemos bien -con el paso del tiempo- que quedó de esa promesa inicial: lo mismo que los 3000 jardines de infantes que se iban a construir con la plata del "Fútbol Para Todos".

Esa idea de la "utopía gestiva" prendió también en algunos de los nuestros (por así decirlo) y perdura hasta hoy, como si la ideología fuera indiferente a la hora de encarar problemas como la pobreza, la distribución del ingreso, el acceso al mercado del trabajo, el modelo de desarrollo productivo o los sistemas de protección social; lo que está harto demostrado es una falsedad: el modo con que esos problemas se encaren no será igual según sea el sesgo ideológico de quien gobierne, ni las herramientas para hacerlo ni la distribución social de los costos que las soluciones pensadas demanden. 

Y la ideología determina también y sobre todo, el orden de prioridades que se fija a la hora de listar los problemas de la sociedad, y cuáles deben ser atendidos antes que otros.  Un ejemplo claro es la teoría neoliberal del derrame, que supone que primero hay que atender los asuntos de la macroeconomía para estabilizarla, y luego preocuparse de los problemas cotidianos del hombre común: una excusa -poco elaborada, a decir verdad- para posponer reclamos y soluciones, priorizando intereses que son muy claros y que nunca -pero nunca- pueden esperar. 

En tiempos más o menos normales, la ajenidad y distancia de los que gobiernan con los gobernados irrita, y según convenga a sus intereses, es explotada por los medios para transmitir un discurso anti-política que socava la credibilidad de los gobernantes que no les son afines, y de las instituciones. En tiempos de crisis profunda como los que atravesamos, esa ajenidad es además inmoral y generadora de violencia social, que puede estallar de formas inimaginables.

Cuando gobernaba Cristina, toda iniciativa que trascendiera las urgencias de la cotidianeidad (como lanzar satélites al espacio o impulsar la investigación científica) era descalificada apelando al cualunquismo de decir que la gente tenía otras preocupaciones, que el gobierno desatendía. Pero en realidad esos gobiernos también se ocupaban (y antes) de lo cotidiano: construir satélites y lanzarlos al espacio no impidió pensar que había que construir cunitas y kits para los primeros meses de los recién nacidos; ni recuperar para el Estado el control de YPF hizo dejar de lado la necesidad de vivienda, y apareció el Procrear, y así podríamos citar miles de ejemplos. 

Estos tipos que hoy nos gobiernan están completamente alienados de la sociedad que deben dirigir desde el Estado, tanto que pretenden que todos vivimos como ellos, con sus urgencias y sus prioridades. No hablemos ya de Milei que vive en Narnia con su agenda funambulesca de viajes al completo pedo para recibir premios bizarros: veamos a Sturzenegger celebrando la importación de autos de alta gama mientras la gente no puede subirse a un colectivo a tiempo y viajar en condiciones dignas, o a Caputo recomendando sacar créditos hipotecarios en un país donde la gente se endeuda con mutuales, financieras y usureros para comer, pagar el alquiler o la deuda con la tarjeta de crédito que reventaron en el supermercado.

Tan lejanos de la gente común y sus dilemas como si fueran no ya de otra clase social o país, sino de otro planeta. Marcianos aterrizados entre nosotros, pero votados por terrestres, con un montón de problemas sin resolver, y de los que ellos jamás se ocuparán. Sin esa circunstancia, este experimento con seres vivos que nos está asolando nunca hubiera sido posible.

Hay ahí, en la constatación de ese hecho, en esa brutal alienación de quienes gobiernan respecto a los gobernados y en su contraste (la cercanía al universo de la gente común), todo un campo para explotar en el discurso político y en las propuestas para salir de éste desastre. Y el corazón de un programa de gobierno, que venga a poner en cuestión como se distribuyen los costos y los beneficios en nuestra sociedad, sin lo cual la misma participación política carece de sentido, y la oposición a éste caos será simplemente discursiva.

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viernes, 13 de febrero de 2026

LA VÍSCERA MÁS SENSIBLE

 

Diez años y dos meses pasaron desde que Cristina se asomó por última vez al balcón de la Casa Rosada como presidenta de los argentinos. Durante todo ese tiempo nunca dejaron de perseguirla mediática y judicialmente, hasta lograr su condena con prisión efectiva e inhabilitación para ocupar cargos públicos, hace casi ocho meses.

Tres años y cinco meses pasaron desde que intentaron asesinarla en vivo y directo por las cámaras de la televisión, en horario central; sin que hasta hoy se sepa quienes fueron los autores intelectuales del intento de magnicidio; aunque es fácil suponerlo. El discurso que abre el post es de hace 14 años atrás, y la advertencia que ella formulara entonces -como tantas otras veces- se empezó a cumplir en la madrugada del jueves, con la media sanción de la reforma laboral.

En esa década larga desde que el kirchnerismo (en su versión original) no gobierna el país y frente a la experiencia macrista primero y frente al fenómeno libertario después, nos inundaron con análisis tendientes a "complejizar" las cosas, que muchas veces no fueron más que distractores del dato esencial: desde el 2015 para acá (incluyendo la fallida experiencia del gobierno del FDT) los salarios viene perdiendo por goleada la puja distributiva, la distribución social del ingreso es cada vez más regresiva y la ofensiva del capital para precarizar condiciones de trabajo es -como en los tiempos en que Cristina gobernaba- sostenida y permanente.

De allí que haya que desconfiar de todas esas lecturas "complejizadoras" que omiten ese dato relevante, como el igualmente relevante -e íntimamente conectado- de la persecución, intento de magnicidio, condena y proscripción de Cristina. Tan conectado que corrida ella de la escena, están a punto de lograr con Milei lo que no pudieron con la dictadura, ni con Menem ni con Macri: retrotraer el estado de la legislación y las relaciones laborales en el país a 1943.

Y no se trata de que Cristina sea un personaje excepcional (que sin dudas lo es), sino de que su persecución ha logrado hasta acá en el campo de la política (incluyendo al peronismo) el efecto aleccionador buscado; y de allí que no haya que extrañarse que engendros como la reforma laboral escrita por los estudios jurídicos que asesoran a las más grandes empresas y grupos económicos del país y formalmente presentada por LLA en el Congreso haya tenido un respaldo tan generalizado, y al mismo tiempo tan débil resistencia sindical, considerando lo que estaba en juego. 

El conflicto central de la Argentina sigue siendo el mismo que era en 1945, y parió el 17 de octubre, pero en el medio pasaron cosas, que todos podemos recordar, o leer en los libros de historia. Y la víscera más sensible del hombre sigue siendo el bolsillo como decía Perón, aunque esa verdad de puño la recuerden con más frecuencia los empresarios, que muchos trabajadores.

Si perdemos de vista esa verdad tan sencilla y elemental -que nos refrescaba Cristina hace 14 años- no vamos a entender nada, por más esfuerzos intelectuales que hagamos para "complejizar" el cuadro, o tomar nota de las (muchas) cosas que cambiaron desde entonces, mientras por detrás siguió siempre vigente lo principal: la disputa por el reparto de la torta.

Y no solo no vamos a entender nada sino que, como peronista y por ende parte del movimiento nacional y popular (hoy en tiempos de derrota y retracción) quedaremos condenados a la extinción, o como decía Cooke, a la esterilidad histórica. Ojo, hay hoy (como hubo incluso con Perón vivo) quienes nos proponen ese camino: acomodarse al solcito del status quo, y permanecer como sus garantes contribuyendo a la "gobernabilidad".

Con el cuento de la "complejización" y las "autocríticas" (que curiosamente nunca llevan a profundizar el rumbo seguido por los gobiernos de Néstor y Cristina, sino a abandonarlo) quieren que pensemos que las viejas banderas históricas han perdido vigencia, cuando la tienen más que nunca. Tanto, que ellos se ocupan de perseguir concienzudamente a cualquiera que se atreva a volver a levantarlas, e intentar ponerlas en práctica: que lo diga Cristina si no.

Banderas que a su vez están entrelazadas entre sí, al punto que Perón pudo señalar como objetivos de su movimiento la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo; o como dice la novena de las 20 verdades: "La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.".

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lunes, 18 de agosto de 2025

PARITARIA VIP

 

En varias oportunidades nos hemos ocupado acá del caso de las dos empresas que prestan el servicio de comida en los hospitales provinciales ininterrumpidamente desde 2013 (gobierno de Bonfatti). En ésta entrada pueden encontrar los enlaces a los distintos posteos subidos sobre el tema.

Ambas empresas fueron noticia en otros tiempos, por diferentes motivos, desde quejas por la calidad de la comida, hasta el hecho de que el dueño de una de ellas (la que presta el servicio en los hospitales de Rosario y su zona cercana) fue detenido quince (15) durante la pandemia, por violar la cuarentena.

Como muestran las imágenes del Decreto 1756 firmado por Pullaro el pasado jueves 14 que ilustran el post, les acaban de renovar el contrato para prestar los servicios hasta que se resuelva la licitación que está en marcha (aunque el expediente no registra movimiento alguno desde el 28/5 y recién estaría en la etapa de elaboración de los pliegos).


Pero la renovación (como ha sucedido otras veces) no vino sola ni fue en las mismas condiciones del contrato original, sino con aumento de los precios que la provincia paga a las empresas por cada ración. Y como da cuenta el decreto de Pullaro ese aumento para el segundo semestre de éste año (plazo en el cual regiría la prórroga de los contratos) se hizo atendiendo a los pedidos de las empresas, por incrementos en sus costos; que la provincia entendió -según el decreto- razonables, y convenientes a sus intereses los nuevos precios.

Para llegar a esa conclusión (y a ese aumento) tuvieron en cuenta los índices inflacionarios oficiales (el decreto no precisa si los del INDEC o los del IPEC provincial, suelen variar), más las expectativas de la inflación futura para lo que resta del año, medida por el REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado), que confecciona el Banco Central con los pronósticos de las principales consultoras económicas.  

Los costos de las empresas (atento a su rubro específico) tienen que ver con los precios de los alimentos, el de los servicios públicos utilizados en su elaboración (luz y gas), los sueldos del personal y los gastos de la logística para el traslado y distribución de las raciones entre los diferentes hospitales; en lo que juegan un papel importante los combustibles.


Es decir, sus costos ni difieren mucho de los que tenemos que soportar todos, y entre esos todos, los empleados públicos, docentes, médicos o policías santafesinos a los cuales el gobierno de Pullaro les acaba de ofrecer (a los que tienen paritarias) un aumento del 7 %, para todo el segundo semestre hasta la finalización del año. 

A la hora de analizar si su sueldo le alcanza, quien no piensa en la comida, la nafta o como pagar los servicios públicos, y Pullaro firmó el decreto justo el día que se conoció cuanto aumentaron en Santa Fe estos últimos y otros gastos de los hogares, medidos contra la evolución de los salarios: ver acá más datos.

Lo ofrecido por el gobierno provincial a sus trabajadores es entonces unos cuantos puntos menos que el 11 % de reajuste del precio que les reconoció Pullaro por su decreto del jueves pasado (firmado por él mientras los gremios estatales analizaban el ofrecimiento salarial, y algunos lo rechazaron por insuficiente), que en realidad y para ser más precisos fue del 11,3 % respecto de los últimos valores fijados para las raciones. Como quien dice, hay paritarias y paritarias.

viernes, 15 de agosto de 2025

REVISAR CONCEPTOS

 

En estos tiempos de incertidumbre y desaliento asistimos a diario con perplejidad a la comprobación de que el mundo tal cual lo conocimos (o percibimos e interpretamos) ya no existe, o está sometido a cambios de tal magnitud y velocidad que no alcanzamos a comprender cabalmente. 

Y en ese proceso, ideas, valores, conceptos que siempre dimos por sentados o con los que crecimos y supusimos gozando de amplios consensos, están siendo puestos en entredicho, si no directamente ignorados o rechazados, no ya por los votantes de Milei sino por buena parte de la sociedad argentina. Ese contexto condiciona ciertamente la acción política y de allí su interés para el análisis, por lo que se nos ocurrió enumerar algunos para disparar la reflexión. El listado no indica precedencia: 

* El consenso democrático, es decir el acuerdo social sobre el valor de la democracia como sistema para resolver los conflictos, contradicciones y problemas sociales. Hoy hasta la misma eficacia del voto para introducir cambios en la realidad está puesta en duda, como lo demuestra el cada vez más elevado índice de ausentismo electoral.

* El rechazo de la violencia en todas sus formas (física, verbal, simbólica, institucional) y el consenso sobre que no es el modo para zanjar las diferencias o resolver los conflictos. Avanzando sobre un terreno sembrado por la dictadura y por quienes aun hoy relativizan, niegan o justifican las violaciones sistemáticas a los derechos humanos y cuestionan las políticas de juzgamiento del genocidio (el experimento libertario eligió para acompañar a Milei a una apologista de la dictadura), la sociedad se deglutió el intento de asesinato contra Cristina, y no solo tolera sino que replica con alarmante frecuencia la estigmatización y el uso promiscuo de las categorías infamantes de la dictadura (zurdos, terroristas, subversivos) que baja desde el discurso oficial del gobierno.

* Vinculado a la anterior, ya está lejos de ser generalizado el rechazo a la crueldad humana y social en todas sus formas, y muchos ni siquiera guardan las formas de la corrección política, justamente porque se han quebrado los consensos sociales extendidos al respecto. Basta ver como se consuman crueldades y violencias contra colectivos vulnerables como jubilados o discapacitados, casi sin reacciones sociales, cuando no son justificadas.

* La valorización con orgullo de la condición de trabajador, y los derechos que esa condición conlleva. Mientras los derechos laborales son asimilados a privilegios (permeando así el discurso que es música para los oídos del capital) y muchos se auto-perciben empresarios o emprendedores, la aspiración o ideal de la movilidad social ascendente como una característica singular de la sociedad argentina (superando incluso la polémica sobre si es mérito individual o realización colectiva o con ayuda del contexto) ha dado paso a la idea de salvarse cada uno como pueda, creyendo que tiene la receta mágica que lo pone a cubierto de las inclemencias económicas, políticas o sociales.

* El rol del Estado como garante del bien común y representante del interés general, responsable como tal de armonizar los intereses sociales en pugna en busca del equilibrio y de formas mayores de justicia en la asignación de los bienes y las cargas en la sociedad. Va ínsito en ello la progresiva disolución de la idea amplia de la justicia como reducción de las desigualdades, y no simplemente como una retaliación del delito.  

* El rechazo a las diferencias sociales y jerarquías pretendidamente naturales y que no son más que el fruto de relaciones concretas de poder, y la rebeldía contra todas las formas de injusticia. Hoy nos proponen ser Perú (con una minoría que goza de la plenitud de los derechos, y grandes mayorías sometidas, excluidas y pauperizadas), y a muchos argentinos no solo no les hace ruido, sino que les parece un destino aceptable.

* La idea de nación como destino común compartido más allá de las diferencias, antes incluso de la discusión sobre buscar un destino independiente definido por nosotros mismos, o simplemente apendicular, en la esfera de influencia de alguna potencia extranjera; con sus consecuencias en el modelo social y productivo a desarrollar. Hoy día la dimensión de lo nacional pareciera directamente no existir ni ser registrada para buena parte de la sociedad, que parece no percibir que la cuestión está vinculada a su propio desarrollo personal, familiar o comunitario; salvo quizás en modo auto-denigratorio, para compararnos con otros países, siempre en términos desfavorables para nosotros.

* Vinculado a lo anterior, no solo está quebrada la noción de orgullo nacional y nuestra autoestima como pueblo, sino que son atacadas -por motivos ideológicos, confesos o no- aquellas manifestaciones que deberían servir para afirmarlos, como los logros de nuestros científicos o las creaciones artísticas argentinas que tienen éxito en el mundo y despiertan elogios. 

Por supuesto que no desconocemos cuanto influye en éste penoso panorama la persistencia inmodificable del gorilismo como realidad cultural, identidad política y hasta configuración psicológica de buena parte de la sociedad argentina; un dato sin el cual todo análisis de la realidad nacional será incorrecto y falaz.

Se trata en síntesis de revisar no para resignar banderas, principios ni objetivos de la acción política, ni para hacer seguidismo acrítico del humor social o el "clima de época"; sino para entender -como viene pidiendo Cristina- el terreno en el que se pisa y sobre el que ésa  acción se desarrolla. Y para construir un programa político a partir de la afirmación de esos valores y el desarrollo de la praxis política necesaria para recuperarlos y reconectarlos con el sentido común social.

martes, 29 de julio de 2025

LAS CUENTAS CLARAS

 

Pasó con el menemismo (tan revisitado en estos tiempos), pasón con el macrismo y está pasando con Milei: hay toda una producción intelectual del discurso de la resignación y la derrota, disfrazada de "complejización analítica" de procesos que en su esencia son bastante claros, y que para entender si no sus manifestaciones si su resultado final, basta ver quienes salen ganando y quienes perdiendo en su desarrollo.

Y si se enfocan las supuestas "complejidades" con esa lente, resulta que todo está más que claro, y no necesita subtitulados ni explicaciones: ganan los dueños del país (como casi siempre) que son pocos (y cada vez más pocos), y perdemos (casi) todos. Llámenlo desigualdad en la distribución del ingreso, capitalismo salvaje, lucha de clases o el rótulo que prefieran: la realidad pura y dura es esa.

Tan pura y dura como el discurso de Milei el sábado en la Rural yendo a rendir examen (como han hecho antes tantos otros presidentes de lo que él llama "casta") frente a los dueños de la tierra, que se autoperciben (no sin algo de razón) como los dueños del país. 

En una pieza oratoria a la que habrá que agradecerle que nos ahorró muchas explicaciones, el tipo anunciaba que el Estado dejaba de cobrar impuestos a uno de los sectores más ricos de la sociedad (y naturalmente fue aplaudido), para acto seguido decir que vetaría cualquier ley que significara gastos, aunque fuera para beneficiar a los más perjudicados por sus políticas, como los jubilados o los discapacitados.

Allí el aplauso de la platea fue más fuerte aún, demostrando que los que realmente mandan tienen muy claras las cosas, y saben perfectamente que para que ellos tengan más es necesario que otros (muchos) tengan menos, en especial cuando (como sucede con el sector agropecuario dedicado a la exportación) lo que les importa es lo que sucede fuera de nuestras fronteras. 

Por más sectores de lumpen protelariado sin conciencia de clase que existan (y como diría Dolina de los boludos, son tantos que terminan eligiendo al presidente),el fenómeno política y socialmente relevante es que las clases dominantes nunca se confunden, cuando de defender sus intereses se trata, quienes son los que mejor los defienden y quienes los amenazan: el aplauso más fuerte fue cuando el presidente de la Rural celebró la condena de Cristina. A buen entendedor, pocas palabras.

Y la política debe tomar nota de eso y obrar en consecuencia, si no quiere renunciar al ideal de representar; y si ellos no se no confunden, no nos debemos confundir nosotros, aprendiendo a distinguir lo principal de lo accesorio, y los intereses concretos, puros y duros, de las percepciones individuales o grupales; aunque estas incidan en los comportamientos sociales, y por ende electorales: una cosa son los modos y los lenguajes con los que encarar la praxis política para conectar con las percepciones sociales, y otra muy distinta perder de vista cuáles intereses concretos aspiramos a representar, y cuáles son las propuestas y los candidatos para defenderlos mejor. Como hacen ellos.

Lo primero se puede pulir, lo segundo es la materia prima básica para empezar a hablar de un proyecto político alternativo al desquicio social que nos gobierna.

viernes, 13 de junio de 2025

DEFENDER A CRISTINA ES DEFENDER EL SALARIO

 

En "Peronismo: filosofía política de una persistencia argentina" y analizando las miradas que sobre el peronismo se hicieron desde la izquierda, transcribe José Pablo Feinmann la opinión de Milcíades Peña cuando dijo: "El peronismo no modificó la estructura tradicional del país, es decir las relaciones de propiedad y la distribución del poder existentes. Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trabajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las relaciones ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento de la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo la "revolución peronista"." (las comillas son originales de Peña, y tienen un claro sentido despectivo).

Y agrega Feinmann por su parte: "¿Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional? Milcíades, hoy, eso, sería más que el Palacio de Invierno." Decimos nosotros: visto el peronismo desde las clases dominantes, entonces también lo fue; tanto que haberlo hecho le valió a Perón varios intentos de golpe y magnicidio durante su mandato, el bombardeo de una ciudad abierta e indefensa provocando la muerte de civiles inocentes, su derrocamiento, exilio, proscripción y pérdida hasta de sus haberes como militar retirado, la penalización del uso de su nombre, la calumnia y la difamación, la persecución judicial, el robo, ultraje y ocultamiento del cadáver de Evita, y el impedimento para volver al país durante 17 años.

Para el pueblo argentino, la osadía del peronismo de poner en cuestión el reparto de la torta -y modificarlo- significó la cárcel, la persecución, los fusilamientos de junio del 56', la prohibición de votar a quien querían votar y, antes que nada, retroceder en aquello en lo que con Perón había avanzado: la redistribución del ingreso, entre otras cuestiones, pero esa es la central, porque es la que hace a lo que el propio Perón llamaba la víscera más sensible. Y no solo de los trabajadores, sino también de los empresarios.

Ni siquiera el segundo peronismo, el del retorno de Perón al país, caotizado por la interna, mereció paz del sistema: el golpe del 76' puso en marcha un plan de exterminio sistemático para que a nadie se le ocurriera en el futuro repetir la experiencia. Y también para moldear definitivamente una sociedad post peronista donde no exista memoria ni registro de su experiencia histórica. Es decir, el mismo plan de los "libertadores" del 55', el mismo que ensayó Macri y el mismo que hoy vehiculiza Milei, como simple marioneta de los dueños del país. 

Si alguno encuentra en lo relatado hasta acá semejanzas o pertinencia y aplicación a lo que le está pasando a Cristina, es porque la hay: haber conducido durante 12 años y medio de gobierno al punto más alto de participación de los trabajadores en la distribución del ingreso nacional, les valió a Néstor primero y a Cristina después la persecución mediática y judicial que ni siquiera se detuvo ante sus hijos, el ultraje de haber revisado sus casas hasta taladrando las paredes buscando bóvedas y fortunas ocultas, la privación de su jubilación de ex presidenta y un intento de asesinato en vivo por televisión, hasta culminar en vergonzosa condena confirmada esta semana por la Corte, que terminará con ella presa y posiblemente vejada mediáticamente, para solaz de la Argentina gorila, que tolera -y aplaude, y vota- corrupciones reales. 

Valga el relato histórico de ambos procesos - el del peronismo original y el de su fase kirchnerista- para poner en contexto las críticas a su naturaleza reformista (dicho esto con sentido despectivo, como lo decía Milcíades Peña), que no se puede siquiera discutir si se oculta el dato esencial: la naturaleza intrínsecamente criminal del poder económico en el país, o como decía Walsh, nuestra oligarquía temperamentalmente inclinada al asesinato.

La dicotomía o la antinomia peronismo-antiperonismo tiene ya 80 años de persistencia en el país, no tanto porque sea un intento de parte del peronismo de simplificar la explicación de los problemas del país y la causa de todas sus convulsiones políticas y sociales, sino porque -como decía Cooke- es la forma argentina en que se expresa la lucha de clases, aunque el peronismo no se haya definido nunca como clasista y aunque la divisoria a un lado y otro de la línea no se corresponda siempre con la ubicación de clase de cada uno, cualquiera sea el criterio que se adopte para definir y delimitar a éstas.

Si gobierna el peronismo y resulta fiel a su sentido histórico, la participación de los trabajadores en la renta crece, y cuando gobiernan el antiperonismo (cualquiera sea el sello de ocasión que adopten), decrece. Y esos son datos constatables, no una simple opinión. Por eso Menem fue el único peronista que les gustó a los gorilas, tanto que lo votaron.

Datos tan constatables que hay que buscar allí el origen de todas nuestras convulsiones políticas, y los límites concretos que el poder real de la Argentina ha definido hace tiempo para nuestra democracia post dictadura. En todo caso lo que hizo la experiencia peronista reciente en su fase kirchnerista fue recordárnoslo, al retomar la senda histórica del primer peronismo. Cuando el peronismo es más fiel a sí mismo (como pasó con Néstor y Cristina), más enfurece a la Argentina gorila. 

Para el poder real, la democracia es un juguete con el que nos permiten distraernos, siempre que respetemos el manual de instrucciones para su uso: hay cosas (como el bolsillo) con las que no se jode; o dicho de otro modo: la democracia (como el peronismo) es esa fiesta que se tenía que terminar porque era insostenible, de la que tanto nos hablaron.

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sábado, 10 de mayo de 2025

LOS SALIERIS DE RIAL

 

La anécdota es conocida quizás no tanto el autor de la frase célebre: después de derrocado Perón en el 55´ por la autodenominada Revolución Libertadora, una delegación de dirigentes sindicales esperaban ser recibidos por el gobierno en la Casa Rosada para plantear sus reivindicaciones, atento a la promesa de Lonardi de respetar las conquistas sociales alcanzadas durante el peronismo.

Un marino (el contraalmirante Arturo Rial, de uniforme negro y gorra blanca en la foto de apertura) preguntó quienes eran y que estaban haciendo y al responderles unos dirigentes del sindicato de los municipales, les dijo "Sepan señores que la Revolución Libertadora se hizo en éste bendito país para que el hijo del barrendero, muera barrendero".

No hacía más que definir, con absoluta crudeza, lo que era en esencia la Libertadora: una revancha de las clases dominantes contra la insolencia peronista de haberles concedido derechos a los trabajadores y haber aumentado su participación en la distribución del ingreso nacional, tanto como su dignidad. Rial demostraba así que había entendido mucho mejor que Lonardi (que proclamó que no habría vencedores ni vencidos) el sentido profundo del motín cuartelero del que participaron: un proceso de movilidad social ascendente como el que el peronismo protagonizó, trastocando las "jerarquías naturales" de la sociedad tradicional no podía ser tolerado. 

Allí hay que buscar entonces el origen de la violencia en los tiempos más recientes de la Argentina: en la voracidad de una oligarquía y clases dominantes que (como bien señalara Rodolfo Walsh) están temperamentalmente inclinadas al asesinato para defender sus intereses; más que en las pulsiones represivas de centuriones desbocados, que sin esa mano (visible) que los empujó en cada ocasión, no hubieran pasado nunca del fragote intrascendente.

En ese instinto asesino de nuestras clases dominantes por preservar sus privilegios hay que buscar, entonces, no solo el origen de la violencia en el país, sino de sus crisis económicas e inestabilidades institucionales. Y lo podemos ver nuevamente hoy, en tiempos de otro ensayo de laboratorio sobre seres vivos que algunos lenguaraces nos quisieron vender como novedoso, y como diría Perón, es más viejo que mear en los portones.

Tanto que la tan remanida "lucha contra la casta" terminó siendo -una vez más-  una nueva vuelta de tuerca de la permanente persecución gorila al peronismo, con el intento de proscripción de Cristina en el tope de las prioridades de su plan político.

La idea es la misma de siempre: consagrar (después de los intentos de Martínez de Hoz, Cavallo con Menem y De La Rúa, Macri y ahora Milei) un modelo de país post peronista que sea definitivo e irreversible; sobre todo en las relaciones del trabajo y en la distribución regresiva del ingreso. Un ejemplo semanal pequeño para ayudar a la comprensión: ahí anda Caputo diciéndoles a los supermercadistas que no remarquen los precios más del 9 %, mientras pisa la paritaria de los empleados de comercio para no homologarles el aumento.

Y puesto todo su empeño (como siempre, pero más que nunca) a conseguir ese objetivo sin importar las consecuencia, el peronismo (con todas sus debilidades, contradicciones y falencias) les molesta porque simplemente está en su camino. Como advirtió Cristina cuando comenzó la persecución en su contra, "no vienen por mí, sino que vienen por ustedes". 

Cristina, la que mejor expresa y sintetiza el peronismo porque con ella fue con la que los trabajadores alcanzaron la mayor participación en el ingreso después de los gobiernos del propio Perón. Ahí está todo el asunto, que la intuición gorila -como suele pasar- percibió con mayor agudeza que muchos peronistas despistados.

sábado, 19 de abril de 2025

AHÍ ESTÁ LA COSA

 

viernes, 17 de enero de 2025

SUPERSTICIONES MONETARISTAS

 

Hace poco decíamos en ésta entrada: "Ricardo Aronskind dijo hace poco en un reportaje radical que la etapa de caracterizar el fenómeno Milei no daba para más, porque era complejizar algo que era simple, en el sentido de que estaba brutalmente a la vista. Y agregamos nosotros, el personaje en sí es menor, su despliegue histriónico y discursivo habitual corresponde al terreno de la farsa, y en no pocos aspectos debería ser abordado desde la perspectiva de la salud mental. A lo que sí hay que prestarle atención -y mucha- es al proceso social, político y económico que se está desarrollando en el país del cual Milei es solo un instrumento. Es decir, analizar el comportamiento de los que realmente mandan.".

La reflexión vale también para el marco teórico desde el cual Milei pretende explicar la economía, y hacernos creer que actúa sobre ella, marco teórico que en la academia nadie toma realmente en serio y que el propio gobierno se encarga de desmentir con sus acciones a cada paso.

Así por ejemplo cuando nos explican que la inflación es un fenómeno monocausal, que se explica exclusivamente por la excesiva emisión monetaria para financiar el déficit fiscal generado por el también excesivo gasto público; y de allí que -en teoría- la receta para bajarla sea siempre el ajuste y recorte de los gastos y funciones del Estado. 

Esas supercherías -que tratan de vincular inexorablemente los índices inflacionarios a la evolución de la base monetaria- son del mismo cuño que el "Banco Central independiente", zoncera analizada en su momento acá. Al que -dicho sea de paso- el presidente había prometido en campaña incendiarlo, por considerarlo el principal causante de la inflación.

Muy lejos de ello -y desmintiendo su propia teoría- su gobierno aumentó la masa monetaria hasta casi quintuplicarla, muy por encima del aumento del gobierno anterior, y no solo interviene en la fijación del tipo de cambio oficial -uno de los precios clave de la economía, dicho esto por el propio Milei-, sino que diseñó una tablita similar a la de Martínez de Hoz (el famoso "crawling peg") para manejar el ritmo de devaluación de la moneda frente al dólar; para usarla por un lado como ancla inflacionaria (desmintiendo así su propio diagnóstico monetarista), y para facilitar por el otro -como en los tiempos de Joe- la bicicleta financiera (rebautizada como carring trade") de Caputo y sus socios.

El mismo gobierno que encubre su brutal devaluación inicial o se la achaca al gobierno de Alberto diciendo que -al igual que con los tarifazos- lo único que hicieron ellos fue "sincerar los precios a los valores de mercado"; concepto que nunca aplican a los salarios: de hecho están interviniendo en el mercado del trabajo, forzando negociaciones a la baja y negándose a homologar aumentos por encima de la pauta oficial, algo que ya vimos en el gobierno de Macri con Sturzenegger (y antes con Cavallo en el menemato) y sus "metas de inflación esperada".

Es tan burda la superchería supersticiosa monetarista que el gobierno pretende que creamos que explica la inflación y sus causas, que Caputo salió a explicar el índice de inflación de diciembre (que dio por encima de sus cálculos previos, aunque siguieran profundizando la motosierra y la economía siga en una recesión que niegan) por una mayor aumento de la demanda agregada con motivo de las fiestas, al mismo tiempo que trata de que éste año no haya PASO, porque hasta por lo menos octubre no se notará la recuperación de los salarios, según sus propios cálculos.

Si uno se atiene estrictamente no a lo que el gobierno dice, sino a lo que hace, evitará caer en supercherías como el monetarismo, la independencia del Banco Central o la no intervención del Estado en la economía, y comprenderá como son realmente las cosas, o por qué suceden. Entenderá por ejemplo por qué si la inflación no fue menos al 2,5 % en diciembre, igual Milei le ordena al BCRA "independiente" que baje el ritmo del "crawling peg" a la mitad, profundizando el retraso cambiario y -al mismo tiempo- volviendo a poner en marcha la bicicleta del "carry trade". Para lo cual mantiene las tasas de interés. 

Como fenómeno social que es (cosa que estos chamanes tratan de que olvidemos a menudo) la economía refleja las pujas sectoriales, y los intereses en pugna en una sociedad: hoy por ejemplo al interior del bloque que apoya al gobierno se libra una lucha cada vez más visible entre los que pujan por mantener el tipo de cambio oficial bajo para dolarizar excedentes por vía financiera y fugarlos, y los sectores exportadores que pujan por una devaluación que le permita maximizar sus ganancias.

Sin embargo hay algo en lo que los dos sectores están plenamente de acuerdo: si hay un precio de la economía que no debe ser "sincerado" y el Estado debe intervenir -si es necesario- para mantenerlo lo más bajo posible, es el salario. Porque el principal pase de magia de estos prestidigitadores conceptuales y estafadores consuetudinarios a.k.a. "escuela austríaca" y chantadas similares, es ocultar la puja distributiva, sus perdedores (que somos la mayoría) y -sobre todo- sus ganadores, que son los menos, pero más poderosos.

Como diría Inodoro Pereyra: ahí está el huevo, y no lo pise. Y las supersticiones monetaristas -en las que solo puede creer el orate de la Rosada y acaso quizás también Sturzenegger- son funcionales a ese plan, porque hacen que la sociedad pongan el ojo (y los enojos) en la política, los políticos y el Estado o los empleados públicos, y no en la verdadera "casta"; que no solo está atravesando indemne el experimento con seres vivos que gobierna el país hace 13 meses, sino que ve a diario acrecentados sus privilegios.  

Tuits relacionados: 

viernes, 6 de diciembre de 2024

POR ENCIMA DE LA LÍNEA

 

En la Argentina se habla mucho de la pobreza: como se mide, cuantos pobres hay, si sube o baja, que políticas o gobiernos la hicieron crecer o bajar. En el discurso, les preocupa a todos: Macri hizo campaña en el 2015 prometiendo alcanzar la "pobreza cero", y Milei basa su cruzada contra el socialismo en que son "zurdos empobrecedores". 

De lo que no se habla tanto (casi nada) es de la riqueza y de los ricos: quiénes son, cuan ricos son, como y por qué se hicieron ricos. Y menos que menos se habla de la relación directa y necesaria que hay entre las dos cosas: en el capitalismo salvaje que vivimos, para que haya (pocos, cada vez menos) ricos cada vez más ricos, es imprescindible que haya pobres (cada vez más, y cada vez más pobres).

De los pobres sabemos mucho, o nos cuentan bastante: quien los manipula políticamente o los emplea como mano de obra clientelar, ellos pueblan las cárceles o son la carne de cañón de la violencia en todas sus formas, y no pocas son tildados como los causantes de su propia desgracia: son vagos, son pobres porque no quieren progresar, no trabajan porque no quieren.

De los ricos solo sabemos -a veces- lo que ellos mismos nos quieren contar a través de las revistas de la farándula, y de la mayoría de ellos no conocemos ni los rostros, ni los nombres. Sin embargo, siempre están ahí, al acecho, en todos los gobiernos: son los que firman comunicados pidiendo "reglas de juego claras y estables para invertir", "reducir la presión fiscal" o "modernizar la legislación laboral". Son también los que siempre convocan al sacrificio social (que ellos no hacen) como condición inexcusable para poder progresar y superar las crisis.

No los vota nadie pero gobiernan siempre, con todos los gobiernos, aunque jamás aparezcan porque prefieren permanecer entre bambalinas. Están presentes en la génesis de todas las crisis que hemos padecido, pero jamás asumirán sus responsabilidades, y les sacarán provecho a todas: devaluaciones, hiperinflaciones, recesiones, tarifazos, fugas de capitales, vaciamientos, estatizaciones de deudas privadas, pesificaciones asimétricas, leyes de bienes culturales, blanqueos de capitales, moratorias impositivas y exenciones fiscales los van a contar siempre anotados en el listado, en primera fila.

Esta semana se publicó (no se hacía desde 2020) la lista Forbes de los millonarios más millonarios del mundo, y entre ellos, los argentinos. Acá pueden acceder en Ámbito Financiero al listado con los 50 ¿compatriotas? más acaudalados.   

Los números son impactantes: entre los 50 acumulan una fortuna de 78.000 millones de dólares, de los cuales 41.700 millones los suman solo entre los 10 primeros, un listado selecto que encabeza Marcos Galperín y en el que figuran Hugo Sigman, Eurnekián, Paolo Rocca, los Pérez Companc, Bulgheroni y los Roemmers, entre otros: laboratorios, petroleros, siderúrgicas, constructoras, plataformas virtuales, "unicornios", los ganadores del modelo, de éste y de todos los anteriores. Desde 2020 hasta el año pasado (al cual corresponde el relevamiento) las fortunas de estos mega-millonarios crecieron un 68 %, en dólares.

Esos apellidos nunca van a aparecer asociados a causas judiciales, hechos de corrupción o pedidos de "ficha limpia", y si por alguna razón aparecen, de inmediato se las ingenian para desaparecer, como en la causa "cuadernos". Porque en la Argentina siempre hay corruptos, pero no corruptores, coimeros pero no coimeadores: un fenómeno curioso. Nunca son el blanco de ninguna cruzada moralizadora, ni el objetivo de ninguna ONG dedicada a la transparencia y coso. 

A la inversa, en el listado no aparecen dirigentes políticos ni funcionarios públicos, de ningún gobierno, y no se trata de negar que exista la corrupción política (ahí está el bolso del senador Kueider para recordárnoslo), sino de ponerla en su justa dimensión: ni sumando todos los latrocinios (presuntos o reales) de la política con los que nos abruman a diario, llegamos ni por asomo a los 8500 palos verdes de fortuna personal declarada de Marcos Galperín, construida en buena medida a través de exenciones fiscales, o sea con la nuestra.

La invisibilización de la riqueza es necesaria para la perpetuación de un modelo en el que ella es consecuencia directa y necesaria de la brutal desigualdad, y por ende revertir ésta supone -entre otras cosas- poner sobre el tapete aquélla. No intentar "seducirla" con políticas ofertistas de rebajas de impuestos, RIGI, o reformas flexibilizadoras para abaratar el costo de la mano de obra (transfiriendo salarios a la renta del capital), compitiendo desde la política para ver quien resigna más recursos públicos (es decir, de todos) para seducir al capital.

Con mayor razón desde el peronismo, donde no debería haber otro asunto de mayor importancia. Si es que todavía -como dice la marcha- seguimos buscando "que reine en el pueblo el amor y la igualdad". Tuits relacionados: 

jueves, 27 de junio de 2024

PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA

 

Esta semana se conocieron los indicadores oficiales de las principales variantes de la economía durante el primer trimestre del año, es decir en los primeros meses desde que el ex panelista televisivo tomó el comando del Poder Ejecutivo nacional.

Los resultados son todos desastrosos, por donde se los mire: el PBI cayó más de 5 puntos, el desempleo subió más de dos puntos en tan breve lapso, los salarios perdieron brutalmente poder adquisitivo y la desigualdad aumentó a niveles que no se veían hace casi 20 años ,y crecieron en forma paralela la pobreza y la indigencia.

Resultados directos de una política económica nefasta que produjo esos mismos efectos cada vez que se aplicó, lo que autoriza a suponer que -en tanto no se modifique- cuando se vuelvan a conocer los índices que correspondan a los meses transcurridos desde la medición difundida, todos empeorarán. Lejos está de vislumbrarse no ya un atisbo de recuperación -cosa que empiezan a reconocer hasta los que siempre defendieron este tipo de políticas-, sino el fondo del pozo.

Se dirá que son efectos deseados y buscados al aplicar esas políticas, por ejemplo porque aumentar el desempleo permite forzar salarios a la baja y resolver brutalmente la puja distributiva a favor del capital. La pregunta es cuanto tiempo esa dinámica es sostenible no ya en términos políticos o sociales, sino estrictamente económicos, bajo la propia racionalidad del capitalismo.

La respuesta a la pregunta parecen estar dándola otros indicadores como la brecha cambiaria, la pérdida de valor de los bonos soberanos y de las acciones de las empresas argentinas que cotizan en los mercados de capitales acá y en el extranjero; tanto como las presiones devaluatorias combinadas del complejo agroexportador -sentado sobre una pila de dólares- como del FMI, que elogia el rumbo pero advierte los riesgos, y no suelta un dólar.

Todo indica que mientras la economía real se cae a pedazos, el casino financiero montado por Caputo está a punto de estallar, con consecuencias imprevisibles. O perfectamente previsibles: más dolor, sufrimiento y privaciones para la mayoría de los argentinos.

Y en ese contexto, el presidente reclama para sí y su principal asesor un futuro premio Nobel de Economía por estar reescribiendo la doctrina, sumido en una espiral de delirio que incluye viajar por el mundo con la nuestra y sin autorización del Congreso, para recibir premios falopa de fundaciones inexistentes, o que nuclean a otros psicópatas como él. Esa sería en apretada síntesis una descripción de la realidad nacional.

O no: faltaría agregar que en ese mismo contexto, la oposición "dialoguista" y "responsable" se apresta a votar en el Congreso una ley por la cual se le cederán a ese presidente facultades extraordinarias para profundizar esta misma política económica que ya está produciendo desastres, y para terminar de desguazar desde adentro a un Estado al que odia y ha declarado su enemigo. Tanto que promete seguir con el despido masivo de empleados públicos, arrojando al desempleo a miles de personas que no podrán ser absorbidas por un sector privado que no solo no está creando empleo, sino que lo destruye a pasos acelerados.

Un paquete que incluye además reponer el impuesto a las Ganancias sobre un tramo de los salarios hoy exentos -en momentos en que la pérdida del poder adquisitivo es notoria-y disminuir la carga del impuesto a los Bienes Personales para los más ricos, cuando aumenta exponencialmente la desigualdad. 

No se llega a tamaño nivel de complicidad sin la íntima convicción -se diga o no en público- que el rumbo elegido por el demente de Milei no solo es el correcto, sino el único posible. Y que es mejor -aunque tampoco esto convenga decirlo en público- que los costos políticos de la motosierra los pague él, haciendo el trabajo sucio que en un futuro aprovecharán otros.

Todo mientras se desmantela toda forma de política social de protección, sea por el desfinanciamiento o lisa y llanamente, por su eliminación. Después hay quienes se sorprenden cuando todo vuela por los aires, o buscan culpables no en las absurdas teorías económicas que aplican, sino en la realidad que una y otra vez, se les resiste. No sea cosa que un estallido social les impida aspirar a ser laureados con el premio Nobel. 

lunes, 18 de marzo de 2024

FOCOS

 

La licuación de los plazos fijos de los ahorristas que se producirá como consecuencia de las últimas medidas del Banco Central sobre las tasas de interés suma a estos a la legión de damnificados concretos por las políticas del gobierno de Milei, que por lo visto a la hora de cagar gente no discrimina entre quienes lo votaron, y quienes no lo hicimos. De hecho por momentos pareciera poner mayor saña en quienes lo votaron, como si supiera que le van a bancar cualquier cosa, siempre.

Asistimos al relato cotidiano de la tragedia, y a la difusión de los números que la marcan: caída del empleo, de la producción, del consumo y las ventas, de los salarios y jubilaciones. Conocemos (personalmente o por los medios y redes) los testimonios de las víctimas.

Sin embargo, poco se habla de los que aun en éste contexto (o precisamente por él) la están pasando bien, incluso muy bien. Como se suele decir, hablamos mucho de los pobres y la pobreza, pero poco de los ricos, su riqueza y como la hicieron.

Cierto es que -por lo general- son los que la pasan bien en todos los gobiernos, sin importar su orientación política ni los resultados concretos de su gestión. Pero cuando sucede -como en éste caso- que para que ellos la pasen bien, es necesario que muchos otros (la inmensa mayoría) la pasen mal, es mucho más ofensivo y repugnante.

Se ha dicho muchas veces (quizás no lo suficiente) que Argentina no es un país pobre sino injusto, y que plata sobra, pero está mal repartida. Que esas cuestiones no se enfaticen lo suficiente, es parte esencial de la subsistencia de los privilegios, parte de cuyo secreto es permanecer ocultos. 

Como por ejemplo que nos hablen todo el tiempo de la casta, y no se los incluya; y a partir de ese discurso deliberadamente gaseoso (como cuando los genocidas decían "combatir la subversión") se le pretende dar una aire épico de cruzada moral al desplume de nuestros bolsillos, y a la motosierra que troncha nuestros derechos.

Porque lo que sucede con el gobierno de Milei (como sucedió en los de Menem y Macri) es que, aun descartando corruptelas y vueltos (que seguramente los hay), rastreando en el DNU, la ley ómnibus fallida, las designaciones del gobierno y las medidas que conocemos a diario, se puede advertir que hay beneficiarios concretos, y eso no es fruto de la causalidad: ver por ejemplo acá y acá.

Nos hablan mucho de meritocracia, mercados abiertos, capitalismo y libre competencia, pero lo reales que vivimos encerrados en un gallinero, cuyos custodios son los zorros. Y nos hablan de "devolverle libertades a la gente", sin explicarnos como es que la política de "cielos abiertos", los cambios en el Código Aduanero, las modificaciones a la ley de tarjetas de crédito, la derogación de la ley de alquileres, los aumentos de tarifas o la derogación de todas las normas de protección de los consumidores nos benefician, en lugar de perjudicarnos como cualquiera puede advertirlo con solo ir al supermercado.  

Que ellos crean (o nos digan que creen) en un derrame que nunca se produce es una cosa, pero que den por sentado que nosotros también creemos en esa paparruchada es otra. Lo real y lo concreto es que lo único que derraman las políticas que ejecutan es pobreza y desigualdad, y riqueza para pocos. 

Quizás debamos empezar a poner más el foco en éste último aspecto poniéndoles a esos pocos nombres, apellidos y rostros para que todos los conozcan, y para entender mejor lo que pasa, y ver como salimos de ésta. Porque si bien es lógico que todo el que vota lo hace pensando en estar mejor -aunque en la elección de Milei, muchos votaron deseando que a otros les vaya mal, creyendo que de ese modo se salvaban ellos-, lo real es que terminan votando para que a los que siempre les va bien, les vaya cada vez mejor. 

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