LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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sábado, 30 de enero de 2016

BADENI, EL LETRISTA DE AGUAD


(*)

El desenvolvimiento de la comunicación social a través de los medios audiovisuales se proyectó sobre la libertad de expresión y de prensa, enriqueciendo la difusión de hechos y opiniones en un marco acorde al dinamismo social. Esa circunstancia motivó en 1980 la sanción de la ley 22.285 (pará: ¿vos decís que el decreto ley de la dictadura –porque en 1980 no había Congreso- era para “enriquecer la difusión de hechos y opiniones en un marco acorde al dinamismo social”?) y en 2009 la ley 26.522 que, lamentablemente, en vez de fomentar la libertad de comunicación, crearon trabas arbitrarias para su desarrollo e inaceptables restricciones a la libertad de expresión. (¿y cómo pudo una ley de la democracia en 2009 crear trabas para la libertad de expresión si ya estaban puestas –según vos- las trabas que había puesto el decreto ley de la dictadura de 1980, a dónde apuntás metiendo todo en la misma bolsa?)

Ambas leyes incurrieron en el error de subordinar la libertad de expresión a concepciones dogmáticas que colisionan con ella. (ah, claro, porque las dos son lo mismo, y los contextos en los que sancionaron eran iguales. Que sanatero por favor) La de 1980 fomentando una rigurosa intervención estatal en los contenidos de la información mediante la censura encubierta (bueno, mucho antes de eso y sin que existiera ley, los milicos les decían a loa medios -audiovisuales o escritos- lo que podían publicar y lo que no, era la famosa época de los “abatidos en un enfrentamiento” ¿te acordás? O sea que la censura era cualquier cosa menos “encubierta”) y en una rigurosa fiscalización de los matices empresarios con su secuela de controles burocráticos. (Claro, por ejemplo ese artículo 45 de mierda que les impedía a los dueños de diarios, como Clarín, comprar canales y radios. Por suerte la compra de Papel Prensa fue antes, y los “matices empresarios” en ese caso no estuvieron sujetos a “controles burocráticos”: bastó con un acta secreta de la Junta militar) Cuando fue sancionada ya estaba a la zaga de las innovaciones en materia de comunicación. Una ley que nació vieja y que fue objeto de innumerables modificaciones a partir de 1990. (casi todas a pedido del Grupo Clarín, del cual vos sos abogado; como eliminar el artículo 45 para que pudieran quedarse con Canal 13 y blanquear la compra ilegal de Radio Mitre, y la triplicación del número de licencias que un mismo grupo puede acumular, que igual se bandearon, por falta de “controles burocráticos” sobre los “matices empresarios”) Se procuró reemplazarla por un texto realista que le concediera mayor intervención a las provincias en la concesión de frecuencias locales para resguardar el federalismo; (lástima que la Corte sostuvo siempre que el espacio radioeléctrico era competencia federal) que contemplara las particularidades de la transmisión de señales por medio de un vínculo físico (o sea: los negocios –perdón: “matices empresariales”- del Grupo Clarín con Multicanal y Cablevisión) y que redujera el rol estatal a la administración de las frecuencias pues ellas son patrimonio de la comunidad internacional. (de la humanidad te faltó, como el Perito Moreno o las Cataratas) Los intentos por forjar una norma moderna y flexible con un criterio empírico se encontraron con la firme resistencia, no ya de las concepciones de 1980, (esas estaban a favor, representadas por Magneto y toda la prensa colaboracionista de la dictadura) sino con enfoques populistas que apuntaban al control de los medios audiovisuales para someterlos a la voluntad del Poder Ejecutivo. (ah, debe ser por eso que la Ley 26.522 tomó como modelos a la legislación de Canadá, Inglaterra y EEUU todos populismo inc orregibles) Todo ello incrementando las hipótesis de censura y los controles técnicos. (Como si las dos cosas fueran lo mismo en importancia o gravedad. ¿Un ejemplo a mano de “hipótesis de censura” no tendrías, o es todo sanata nomás?)

A esta concepción respondió la ley de 2009, sancionada en un ambiente de abierta hostilidad del gobierno contra la prensa independiente. (Y a la recíproca: de “abierta hostilidad” de la “prensa independiente” contra el gobierno, porque la ley afectaba sus negocios) Mal podemos olvidar los agravios desatados por el gobierno contra prestigiosos periodistas, (ojo: a Majul también le gritaron pelotudo y a Morales Solá lo escracharon, no los dejés afuera) medios de prensa y la financiación con fondos públicos de programas y medios groseramente afines al gobierno. (¿y toda esa sanata que tiene que ver con la ley de medios? Seguimos esperando los ejemplos de las “hipótesis de censura” que contendría. Igual, los programas esos hoy ya no están, Macri y Lombardi los borraron de un plumazo, igual que a la ley de medios) Se percibía una preocupación por controlar los contenidos de las emisiones para forjar una imagen positiva del populismo gubernamental.(propósito ampliamente logrado, como
lo podía comprobar cualquiera que mirara TN o escuchara Radio Mitre. ¿O no?)

En definitiva, una política respecto de los medios audiovisuales que, sin percibir la interconexión mundial que se opera entre ellos, conducía a una creciente deficiencia en la calidad de los servicios. (¿Y esto de donde salió, que tiene que ver con el populismo, las “hipótesis de censura” y todas las demás sarasas?)

Las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual y de Argentina Digital, lejos de promover el progreso condujeron a una regresión como consecuencia de la politización de los criterios tecnológicos de comunicación. (¿Regresión respecto a qué,  a la ley de la dictadura que “nació vieja” según vos? ¿cuándo se sancionó en el 2014 la ley de Argentina Digital estábamos bien con la ley de medios que era una regresión, o sumamos una regresión más?) Esa situación indujo al Gobierno a disponer la intervención del AFSCA y AFTIC (ah, no fue a pedido del Grupo Clarín, sino para terminar con “la politización de los criterios tecnológicos de comunicación”. O sea, como llamar al service digamos) en pleno ejercicio de las facultades que le concede el art. 99 de la Constitución Nacional. (apareció el autor del decretazo: eras vos) Eran dos organismos autárquicos creados por el Congreso en el ámbito del Poder Ejecutivo. La decisión fue lícita (ya van dos jueces y dos Cámaras de apelaciones que dijeron que no, actualízate) pues, si bien la creación del organismo burocrático como la fijación de sus objetivos y medios debe ser hecha por ley, el nombramiento y remoción de sus directivos es una facultad exclusiva del Poder Ejecutivo (art. 99, inc. 7°, CN) que no puede ser usurpada por el Congreso (ya lo dijo Aguad: una ley no puede estar por encima de la voluntad del presidente. Ahora queda clarísimo quien le dio la letra, y le redactó el decreto) y cuyo ejercicio requiere de un simple decreto y no de un DNU, pues no se ejerce una potestad legislativa (art. 99, inc. 3º, CN). (y así de paso se ahorran una discusión en el Congreso, que no les conviene porque vienen muy flojitos de argumentos)

No aconteció lo propio con el DNU 267/2015 que modificó aquellas leyes. Hacía falta un DNU porque la normativa recaía sobre la contenida en leyes sancionadas por el Congreso. (También estaba la posibilidad de mandar otra ley para que se discutiera en el Congreso, manejálo.) La validez del DNU está avalada porque: 1) El Congreso está en receso; (porque el presidente Mau no convoca a extraordinarias, capo. ¿Sos constitucionalista vos, o tomás el tren en Constitución? 2) Hay circunstancias excepcionales que requieren una previsión legislativa cuya ponderación incumbe al Poder Ejecutivo; (Las “circunstancias excepcionales” eran que el 15 de enero se le vencía a Clarín la cautelar que lo protegía de la adecuación de oficio a la ley. Un papelón lo tuyo: no es la ponderación presidencial la que crea “las circunstancias excepcionales que hagan imposible seguir el trámite habitual para la sanción de las leyes” de que habla la Constitución. De ser así, habría que cerrar el Congreso y listo. Ah, no, pará...) 3) Tiene en mira el interés de la sociedad; (falso como pagaré de la intervención de Corrientes firmado por Aguad, o como investigación de Lanata: a juzgar por el contenido del DNU, tuvo exclusivamente en miras los intereses empresariales del Grupo Clarín) 4) No regula las materias fiscal, penal, electoral o los partidos políticos; (La fiscal sí: dispone sobre el destino de los tributos que estaban destinados a financiar al AFSCA y la AFTIC) 5) No regula materias que requieren mayorías especiales del Congreso (reforma constitucional) (ah, nos quedamos tranquilos: o sea que Macri no piensa reformar la constitución por DNU a pedido de Clarín. Por lo menos por ahora. Algo es algo) o que alguna de sus Cámaras tenga calidad de originaria (ley de coparticipación); (¿qué tiene que ver por cual Cámara empezaría la ley si te estás salteando al Congreso en pleno? ¿o acaso creés que en lugar de los DNU hablás de la consulta popular? Mostrá el título de constitucionalista, chanta) 6) Acuerdo general de ministros y refrendo del Jefe de Gabinete. (pfff, una garantía terrible: hasta Lino Barañao lo firmó)

La norma se concentra en aspectos tecnológicos y empresariales de los medios de comunicación social masiva (sobre todo empresariales: los negocios de Clarín) mediante la incorporación de cláusulas que superan la obsolescencia de la ley de 2009 y su dogmatismo. (Traducido: que eliminan todas las restricciones que establecía la ley para que Clarín acumule todas las licencias que quiera, las compre o venda cuando se le antoje y pueda tener todos los abonados al cable que se le cante) Crea el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) como organismo autárquico dependiente del Poder Ejecutivo que unifica los inseparables objetivos del AFSCA y AFTIC. Entre otros aspectos rescatables, (que no se note tanto que lo hiciste vos, disimulá un poco) dispone que el ENACOM remitirá al Poder Ejecutivo un proyecto definitivo sobre su estructura, así como la creación de una comisión que deberá elaborar un proyecto de ley de medios (o sea: salvo lo que le interesaba a Clarín sacar rápido, lo otro es pura sanata) que garantice la más amplia libertad de prensa, el pluralismo, el acceso a la información, las nuevas tecnologías de información y de telecomunicaciones, la convergencia de las tecnologías, la seguridad jurídica de las inversiones en tales áreas, así como también los derechos de los usuarios y consumidores. (y la pobreza cero, unir a los argentinos y el combate contra el narcotráfico, te faltó)

Es, en definitiva, una norma que a la luz de un enfoque empírico procura echar por la borda las concepciones dogmáticas de las leyes de 1980 y 2009, (pero la ley de 1980 ya no existe más, justamente porque fue derogada por la del 2009 ¿no te habías enterado?) fomentando un régimen legal que, al margen de respetar las normas internacionales existentes sobre la materia, (más que al margen, afuera: te lo están diciendo de la CIDH y la relatoría de Libertad de Expresión de la ONU, sin ir más lejos) garantice la libertad de expresión y el progreso tecnológico para enriquecer la comunicación social.” (y que de paso fomente los negocios del Grupo Clarín, que es el efecto inmediato de los decretazos. Lo otro lo vamos viendo, cuando la “comisión” se reúna, redacte la ley, la manden al Congreso, se discuta y se apruebe; o sea: nunca)


(*) Las negritas son nuestras, el original acá.

martes, 5 de marzo de 2013

LA SANATA DE GREGORIO


Los anuncios de Cristina en el Congreso el viernes pasado sobre la democratización de la justicia desataron las previsibles reacciones no ya de la oposición (que no sorprenden, porque actúan por reflejo: basta que el gobierno proponga algo, para que se opongan), sino de figurones corporativos con intereses y poder fuertemente arraigados en la estructura del Poder Judicial; aun sin ser jueces.

Como Gregorio Badeni (foto), quien escribe esta columna de opinión en La Nación de hoy, alertando sobre los peligros que encierran las iniciativas del gobierno, que nos convertirían en algo peligrosísimo al parecer: "una democracia popular".

Un figurón al que le gusta rodearse de otros figurones, como los que comparten con el sitiales en la "Academia Nacional del Derecho y Ciencias Sociales"; conspicuos videlistas, ex funcionarios de dictaduras varias e impresentables varios, que hace poco se opusieron a la discusión del proyecto de reforma de los Códigos Civil y de Comercio.

El derecho y todos sus derivados (como la administración de justicia) serían, según cierta gente, productos de consumo reducido a ciertos sectores especializados, que deben quedar fuera del escrutinio y el debate públicos.

Contra esa idea (obsoleta en términos teóricos, conveniente para la defensa de ciertos intereses) opone Cristina la intención de plantear reformas de la justicia, tendientes a democratizarla. 

La columna de Badeni es una colección de lugares comunes sobre el populismo y sus pestes, especialmente hecha al gusto del lector promedio de la tribuna de doctrina; de donde surge que lo que el gobierno estaría buscando en realidad, es volver al régimen anterior a la Revolución Francesa, o poco menos, y Cristina (que dijo el viernes que no impulsará una reforma constitucional) buscaría asumir la suma del poder público. 

Falseando notoriamente los términos del debate, dice Badeni en una parte del artículo: "Algunas de las propuestas para "democratizar la Justicia" avalan la preocupación aquí expuesta. La reválida de los cargos judiciales, la elección de los jueces por voto popular, la limitación de los mandatos o "el blanqueo ideológico de los jueces" para conocer su "formación ideológica o filosófica" son ideas propias del populismo cuya vigencia está supeditada a la reforma constitucional. Si esto prospera, habrá caído el último bastión que nos permite demandar la subsistencia de un Poder Judicial democrático dotado de la energía y prestigio suficientes como para que pueda contrarrestar las presiones provenientes no sólo de los órganos políticos del Gobierno, sino también de las concepciones más audaces que pretenden suprimir nuestra democracia constitucional e introducirnos de tal modo en los abismos de la reducida constelación de estados donde se negarán las libertades que han identificado nuestra nacionalidad desde la organización definitiva de la República, después de Caseros."

Bien, habría que decirle a Badeni que ninguna de las iniciativas que menciona (plausibles muchas de ellas, dignas de discusión todas) forma parte de los anuncios presidenciales, y que la reforma constitucional fue expresamente excluida; por no mencionar que sería interesante debatir en serio cuanto rigieron efectivamente "las libertades que han identificado nuestra nacionalidad" desde "la organización definitiva de la República, después de Caseros", en medio del fraude y las dictaduras; o las leyes de residencia.

Y hablando de dictaduras, tras la fraseología libertaria se le nota a Badeni por donde palpita su corazoncito (al fin y al cabo, es un gran amigo de Martínez de Hoz), especialmente si nos detenemos en éste párrafo: "ha habido persistentes agravios de funcionarios gubernamentales y acólitos contra la dignidad de respetables magistrados. Si hasta no ha faltado un "escrache" protagonizado por un grupo de presuntas ascetas contra los jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.". Simpático modo de referirse a las Madres de Plaza de Mayo, por cierto; a lo que hay que sumar que cabe preguntarse si Badeni considera por ejemplo al viajero frecuente De Las Carreras, un "respetable magistrado".

Pero hace a la pertinencia de todo debate público aclarar el lugar desde el que se habla, para poder ponernos todos en igualdad de condiciones.

Al fin y al cabo, la presidenta encarna un proyecto político (revalidado ampliamente por el pueblo en las urnas, aclaración por obvia, no menos necesaria), y no oculta tal condición; pero otros (como Badeni, en éste caso) se envuelven en una espesa neblina de la defensa de ciertos valores abstractos, cuando en realidad tienen intereses creados bien concretos, en que en la justicia las cosas sigan como vienen hasta ahora.

Porque como lo aclarábamos en ésta entrada (en la que ya se refería a estas cuestiones de la "independencia del Poder Judicial") Badeni no es un señor común de la calle, un simple ciudadano que se sintió compelido a opinar en un tema de interés público: es el abogado que patrocina al Grupo Clarín en la causa por la ley de medios y obtuvo la cautelar del juez Carbone que (aun hoy) impide que el multimedios se ajuste a la norma; y al mismo grupo y a su socio La Nación, en chanchullos judiciales varios derivados del manejo de Papel Prensa.

Y si no, vean acá que interesante panel de clientes tiene el amigo Badeni en su estudio jurídico:


La aclaración (que Badeni omite ex profeso en su artículo) resulta imprescindible para entender desde donde habla, y por qué dice lo que dice.

Sobre todo éste párrafo de la columna: "Se olvida, además, que la causa de aquellas expresiones presidenciales ha residido en la contrariedad por sentencias judiciales que, si bien han sido inobjetables desde el punto de vista legal, no han satisfecho las aspiraciones hegemónicas de poder del actual oficialismo."

Un modo académico y presuntamente aséptico, de referirse a la cautelar lograda por Badeni para que el Grupo Clarín no se adecúe al artículo 161 de la ley de medios.

Y un razonamiento perfectamente reversible; porque dando vuelta lo que el sostiene, nosotros tenemos todo el derecho del mundo a pensar que lo que en realidad defiende Badeni no son las instituciones ni la independencia de una justicia presuntamente aséptica e incontaminada (y sólo amenazada al parecer por el poder político), sino los negocios de sus clientes; en este caso Clarín. 

viernes, 19 de octubre de 2012

LOS CONSTITUCIONALISTAS DE ALQUILER Y EL MITO DE LA INDEPENDENCIA JUDICIAL


Entre las muchas zonceras que nos quieren hacer tragar estos días en la discusión por la plena aplicación de la ley de medios, no podía faltar el aporte de los constitucionalistas de alquiler que circulan por los medios. 

Dos figuritas conocidas Loñ y Badeni; uno (Loñ) fue hace poco el abogado de Lanata en su amparo para que lo dejaran comprar dólares, pero (y esto es menos conocido) también fue asesor de Videla durante la dictadura.

El otro (Badeni) está rodeado de videlistas en la trasnochada Academia Nacional del Derecho , pero además omite un dato esencial al opinar muy suelto de cuerpo, como si fuera un marciano: es el abogado que patrocina a Clarín en la causa contra la ley de medios, y fue el que obtuvo la cautelar del juez de Carbone para que al Grupo no se le aplicara el artículo 161.

Esa sóla circunstancia (y el hecho de omitir aclararla al opinar) invalida absolutamente todo lo que diga Badeni, porque tiene intereses (y muy fuertes) concretos en el resultado de la causa de la ley de medios; aunque los disfrace de preocupación por la defensa de las instituciones, y de la independencia de los jueces.

Cuestión esta que tiene bastante de mito, como se dijo acá; y que puede sonar muy linda hacia el interior de la corporación judicial (provocando por ejemplo que los jueces lo aplaudan a Lorenzetti en Mendoza) para fortalecer justamente el espíritu de cuerpo, pero no puede ocultar el dato esencial de todo este asunto: hay una puja entre un grupo económico que atravesó los últimos 40 años por lo menos extorsionando y condicionando gobiernos y obteniendo de todos ellos concesiones a cambio para sus negocios; y un gobierno elegido por el 54 % de los argentinos hace casi un año, para aplicar una ley votada por amplias mayoría en ambas Cámaras del Congreso, gestada por las organizaciones de la sociedad civil y para garantizar la democratización de la palabra.

Todo lo demás son detalles, porque eventualmente Cristina terminará su mandato y se irá a su casa, pero si logra aplicar la ley de medios en su plenitud (lo que requiere como condición sine qua non desmantelar a Clarín: sería como dictar una ley para transparentar la competencia en el mercado del acero y no afectar a Techint) habrá contribuido a fortalecer las instituciones y la democracia en el país; tan sencillo como eso.

De lo contrario esas instituciones (el Ejecutivo elegido por amplia mayoría, el Congreso que votó la ley, la justicia que tiene que pronunciarse sobre su validez) habrán demostrado que son -todas juntas- menos que el poder económico, representado en éste caso por Clarín: esa es la enseñanza que deja todo esto, y que marca la importancia de lo que está en juego, y va más allá del Grupo, el artículo 161 y la ley de medios.

Adviértase que Badeni (reiteramos: el abogado de Clarín) caratula la intención de aplicar una ley del Congreso como "cuestionables intereses políticos", y Loñ como "una simple crisis entre el oficialismo y la oposición", causa por el Ejecutivo "al no querer consensuar una salida armónica": ¿cuál sería, aplicarle la ley a medias a Clarín, dejarlo otros 10 años con sus licencias, permitirle conservar más de las que la ley admite?

Desde allí estos "constitucionalistas" dicen lo que dicen, esa es la idea que tienen de lo que es la democracia, y de para qué están las instituciones que dicen defender.

Incluso el impresentable Badeni (un mentiroso que opina de una causa sin decir que es abogado de una de las partes, y en varios litigios) conceptúa como atropellos del gobierno no haber cohonestado las maniobras de Clarín para poner un juez a dedo para la causa, y por el contrario pedir que el subrogante se designe de acuerdo a la Ley 26.376, y el juez definitivo, de acuerdo al mecanismo establecido por la Constitución: curioso constitucionalista.

Y como para terminar de corroborar que nos quieren tomar por idiotas, Lorenzetti (el mismo que recibiió en privado a Magnetto hace un tiempo, sin que Badeni y Loñ se escandalicen porque se afectaba su independencia) arenga en Mendoza a la tropa judicial con un discurso dependiendo la independencia de los jueces, pero con manifestaciones bien propias de un candidato político en campaña; como bien lo apunta acá Artemio y como se señaló hace ya tiempo en éste blog.              

Si Lorenzetti quiere dedicarse a la política y quiere ser candidato tiene todo el derecho del mundo, pero sin dobles discursos, hablando por un lado de la independencia de los jueces, y por el otro lanzando una plataforma electoral, todo por el mismo precio.

Pero lo más importante de todo: como tendrá que resolver (más tarde o más temprano) el fondo de la cuestión en la causa por la constitucionalidad de la ley de medios (porque la independencia de los jueces no es el derecho a hacerse eternamente los boludos), sería importante que quedara claro que no ha decidido lanzarse a la arena política con el auspicio de Clarín.

sábado, 4 de agosto de 2012

ACADEMIA DE CARADURAS


A ver como la explicamos: el abogado de Clarín en la causa de ley de medios (Badeni), el que planteó la cautelar ante el juez Carbone pidiendo que al Grupo no se le aplique la cláusula de desinversión del artículo 161, y se tomó un año para notificarle la demanda al Estado (para que siguiera la cautelar sin siquiera empezar a discutir el fondo del asunto), dice que el Congreso tiene que tomarse su tiempo para discutir la reforma de los Códigos Civil y Comercial; y tiene que abrir el debate a toda la sociedad. 

Y por qué ponemos el ejemplo de la ley de medios: porque como todos sabemos, la Ley 26.522 -antes de llegar el proyecto enviado por Cristina al Congreso- fue discutida en foros a lo largo y a lo ancho del país, y tuvo como base el trabajo de la Coalición Para Una Radiodifusión Democrática, que debatió los contenidos que tenía que tener la ley con las organizaciones de la sociedad, a lo largo y a lo ancho de todo el país.

O sea: justo lo que ahora pide Badeni que se haga con los Códigos; el mismo Badeni que se cagó en los foros, en la Coalición,  en el debate y en el Congreso, cuando fue a los tribunales a presentar la cautelar para defender las 301 licencias de televisión y radio de Clarín.

Pero guarda que no fue él solo el que pidió que el debate por los Código (cuya reforma, alerta, puede "perturbar la seguridad jurídica del país", o sea: joder los intereses de las empresas que representa), sino los 30 miembros de la Academia Nacional de Derecho de Buenos Aires (¿en qué quedamos, es nacional o de Buenos Aires nada más), cuya nómina vemos acá:  



Repasando la nómina, vemos que en realidad sería la Academia Nacional de la Derecha: dos ex ministros de la dictadura (Rodríguez Varela, ministro de Justicia de Videla, Aguirre Lanari, canciller de Bignone), gente experta en buscar consensos y dialogar con la sociedad; Horacito García Belsunce (al que le preocupan sobre todo los cambios en el régimen de familia, al parecer), Jorge Vanossi (ex diputado radical, funcionario de De La Rúa y Duhalde, hoy hombre de Macri), Horacio Fargosi (uno de los abogados de Clarín en las causas de Papel Prensa, uno de los vaciadores de Aerolíneas con Marsans) y Juan Carlos Cassagne (hombre del Opus Dei que durante el menemismo estuviera de los dos lados del mostrador en las privatizaciones eléctricas: redactó los pliegos y hoy es apoderado de Edesur y Metrogas); entre otros.

Lo que se dice un verdadero seleccionado de académicos, cada uno de los cuáles tienen un "sitial" con un nombre evocativo (vinculado a algún abogado famoso), del cual nosotros elegimos a Bartolomé Mitre (recuadrado con rojo).

No porque sea el fundador de La Nación (aunque Badeni también integra el equipo jurídico que asesora a Papel Prensa en todos los balurdos legales en que está metido contra el gobierno); sino porque era senador nacional por Buenos Aires en 1869, cuando se discutió en el Congreso el proyecto de Código Civil que había redactado Vélez Sarfield, y que con sus reformas, es el que nos rige hasta hoy.

Y fue justamente Mitre el que mocionó en el Senado para que los 4051 artículos del Código Civil redactado por Vélez (así identificado en la Ley 340 que lo sancionó) se aprobaran a libro cerrado (es decir sin debate alguno), como finalmente sucedió.

Cosa de académicos, vieron: suelen cambiar de opinión con el paso del tiempo.