LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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viernes, 17 de julio de 2015

lunes, 27 de abril de 2015

EL GLOBO PORTEÑO


Para no incurrir en el mismo vicio que solemos criticar a los porteños cuando pretenden analizar desde allá lo que pasa en las provincias, no vamos a indagar en las causas del voto de la CABA en las PASO de ayer. Por otro lado, abundan los blogs del palo que lo están haciendo en estas horas, con mejor conocimiento de causa que nosotros: acá Gerardo y acá Daniel, por ejemplo.

Tampoco vamos a incursionar en sociología berreta que nos lleve a pinosolanearla y cuestionar el voto al PRO: si no lo hicimos acá con el voto a Del Sel, menos lo vamos a hacer en una realidad que no nos toca de cerca.

Diremos simplemente que el amplio triunfo del PRO ayer es perfectamente coherente y consistente con sus perfomances electorales del 2003, 2007 y 2011; demostrando por un lado una altísima fidelización de su propio electorado, y por el otro un apoyo contundente de buena parte de los porteños a un modo concreto de gestionar el Estado y la cosa pública.

No se trata tampoco de simplificar la cosa diciendo que los porteños "son" eso que representa el PRO, sino que simplemente a la hora de elegir su gobierno, "votan" eso. 

Haremos sí, un breve comentario de la elección del kirchnerismo (por debajo de las expectativas previas, sumando el papelón de festejar un segundo puesto que no fue) desde una óptica que -entendemos- puede servir de cara a las elecciones nacionales: develar las causas concretas del resultado es tarea para los compañeros del distrito porteño; que son los que tienen que remar con él en el territorio, de cara al futuro inmediato.

Con la salvedad que las elecciones locales no son traspolables sin más al panorama nacional (ni hablar en el caso porteño), las PASO de ayer demostrarían que la proliferación de candidatos de un espacio (en éste caso el FPV) no termina necesariamente potenciándolo; antes bien los resultados indicarían que sucede lo contrario. Y la perfomance de Mariano Recalde hacia el interior de la interna kirchnerista demuestra con creces la incidencia del dedo de Cristina, aun utilizado en forma más o menos disimulada: dos enseñanzas a tener en cuenta para la resolución de la interna nacional.

El "progresismo" del palo -en éste caso compitiendo en su distrito por excelencia- demostró una vez más que aporta más color y presencia "cultural" que votos; lo que no significa que haya que mostrarles la puerta de salida (salvo algunos casos que representan un lastre, como el de Aníbal Ibarra), sino en todo caso pedirles que dejen de lago los egos; y tengan en cuenta cuanto pesan concretamente a la hora de contar los votos. 

Era de manual que el PRO leyera el resultado electoral como un espaldarazo a las ambiciones presidenciales de Macri, pero sin embargo cabe acotar que con casi el mismo porcentaje de ayer (en torno al 47 % de los votos), el mismo Macri declinó competir por la presidencia en el 2007 y en el 2011, y en ambos casos el kirchnerismo se impuso en forma rotunda y contundente; a lo largo y a lo ancho del país; mientras el submarino amarillo arrasaba en la CABA como ayer.

Lo que demuestra la complejidad de traspolar automáticamente el globo de ensayo porteño al resto del país (ver si no el opaco desempeño ayer en Neuquén del pacto UCR-PRO); en especial por las particulares características políticas del distrito, habitual campo de pruebas de experiencias políticas imposibles de replicar en el resto del país.

El republicanismo bienpensante de las cruzadas morales redentoras -fiel a su costumbre- volvió a cambiar de piel electoral de un comicio al otro, y terminó celebrando ayer un segundo puesto (a distancia sideral del primero), eligiendo entre dos ex ministros kirchneristas: una echada del gobierno por su ineptitud ante problemas concretos de gestión como el dengue o la gripe A, el otro -amplio ganador- el autor intelectual de una de las medidas más cuestionadas de los doce años del kirchnerismo; que desató el mayor conflicto político y social desde el 2003 para acá, con el grueso de los porteños alineados entonces en contra del gobierno. 

Para sumar confusión, Carrió -que trató en el 2008 de subirse al palco triunfante del "campo" en Palermo y la bajaron de un hondazo- apuesta al autor de la 125 para destronar al PRO en su propio reducto (desde el que sueña con irradiarse a la Argentina), mientras construye con ellos una alianza que sabe sólo puede terminar con ella secundando el proyecto presidencial de Macri.

Y queda para concluir el análisis del fenómeno más típicamente porteño (junto con el triunfo del PRO) de la elección de ayer: la proliferación de Pymes electorales y candidatos "extraños" de toda laya que terminaron haciendo sapo, y quedándose afuera de la general por no alcanzar el 1,5 % de los votos: 16 sobre 30 según vemos acá en Infobae; sin contar los que perdieron la interna en las fuerzas que ocuparon los 3 primeros puestos.

Una pléyade de personajes políticos con absoluta irrelevancia electoral, construidos mediáticamente y sin ningún anclaje concreto en la política territorial; a los cuales sin embargo oímos y vemos a diario, a veces en forma apabullante; por lo menos si se compara la exposición mediática de que gozan, con su perfomance electoral.

La lista es amplia y hay para todos los gustos: Claudio Lozano, Guillermo Nielsen (un fallido experimento del laboratorio electoral del Kennedy de Nordelta), Tumini (que perdió su propia interna, en el colmo del papelón), Gustavo Vera (ni la amistad del Papa le alcanzó), el moyanopiumattismo (que perdió con Vera otra micro-interna), Bidonde y el resto de los candidatos del MST; y unos cuantos más.

El propio FIT pasó con lo justo el piso para llegar a la general y estuvo por debajo de los números de Altamira en el 2011, apenas un puñado de votos por encima de un tipo que vende libros en los subtes y colectivos, como Zamora.

Lo que seguramente no les impedirá a ninguno de ellos volver a invadir -desde hoy mismo- los estudios de televisión donde trabajan como comentaristas free lance de la realidad nacional; y parecen tener solución para todos los problemas.  

sábado, 23 de abril de 2011

EL EXPERIMENTO PORTEÑO


Por Raúl Degrossi

El sainete de la custodia de los edificios públicos de Buenos Aires es un buen disparador para reflexionar sobre lo que podríamos denominar el experimento porteño; sobre todo cuando parece evidente que el poder económico de la Argentina parece encaminarse a convertir a Mauricio Macri en la esperanza blanca destinada a contener a la bestia kirhnerista en las elecciones de octubre.

El estruendoso fracaso de la utopía gestionaria tecnocrática de la derecha -exhibiendo con brutalidad una ideología reaccionaria, mientras se abjura de las ideologías- va más allá de la endeblez política de la construcción en que se sustenta Macri.

De hecho, en los propios términos del artículo 7 de la llamada "Ley Cafiero" -sancionada de acuerdo a lo dispuesto en la última reforma constitucional para garantizar los intereses del Estado nacional en la ciudad de Buenos Aires mientras siga siendo la capital de la república-, modificada en el 2007 a pedido de Mauricio Macri y cuyo texto pueden ver aquí, algo queda perfectamente claro: si el gobierno de la ciudad no puede garantizar la seguridad de sus habitantes, es pura y exclusivamente por su absoluta incapacidad para gestionar; pese al ostentoso despliegue mediático que precedió a la creación de la Policía Metropolitana.

Pero el experimento porteño -y su fracaso visible- van más allá de los estropicios amarillos (aunque ahora piensen en sumar colores): el fracaso de las gestiones "progresistas" que precedieron a Macri, abonó su desembarco en la ciudad; que además hace un sello de identidad propia del hecho de votar siempre a la oposición al gobierno nacional de turno, salvo en el tristemente célebre gobierno de la Alianza encabezado por Fernando De La Rúa, todo un dato.

Y es que la autonomía porteña consagrada en la reforma constitucional de 1994 era precisamente eso: la idea de instalar una pseudo provincia, que funcionara como una especie de "isla" escindida de la Argentina moldeada a partir de 1945 por el peronismo -y a la que tantas veces y por tantos medios, se trató de hacer desaparecer-, que irradiara a su vez proyectos políticos alternativos a ella.

Los resultados están a la vista, y no se trata de plantear que los porteños son todos iguales, o de desconocer el rol trascendente que Buenos Aires ha desempeñado en la historia argentina, como la platea política por excelencia del escenario nacional. Tampoco de proponer que al Jefe de Gobierno porteño no lo eligan los porteños sino el presidente de la Nación, como era antes de la reforma. 

Aquí el amigo MP del excelente blog Pensando la Argentina discurre sobre lo mismo, aportando además el contexto histórico del caso; y aquí vemos en El Litoral una nota muy interesante sobre la representatividad política actual por distritos en la Cámara de Diputados, y la que correspondería de acuerdo con los resultados del último Censo Nacional de Población. 

Para ver más claro lo que se plantea en la nota, aquí va la infografía de la distribución de las bancas (actual y la que resultaría del Censo):


Como se puede ver, al par de la sobrerepresentación de las provincias más chicas (fruto del "piso" mínimo establecido por la Ley 22.847), resalta claramente la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: si las cifras que determinan la asignación de las bancas en la Cámara de Diputados se ajustaran a las que arroja el Censo, debería "devolver" 7 de las 25 que actualmente detenta.

Y la sub representación política (como le sucede a la provincia de Buenos Aires de un modo impactante, en menor medida a otras) se traduce en otras inequidades, como la asignación de los recursos. A menos, claro está, que el esquema que al efecto se adopte (por ejemplo el régimen de coparticipación federal) nivele o compense esas desigualdades, para producir un desarrollo más equilibrado territorialmente.

En el caso de la provincia de Buenos Aires, la inequidad se reproduce hacia adentro de su territorio en perjuicio de los 24 partidos del Conurbano, que están sub representados en la Legislatura provincial, y que a su vez reciben mucho menos dinero por habitante que los partidos del interior bonaerense, y en esas condiciones deben gestionar (manejando incluso la salud pública); algo que muchos olvidan cuando hablan despectivamente de los "barones del Conurbano", como una especie de banda mafiosa.

Para ahondar en el tema, aquí en el excelente blog Conurbanos (fuente de imprescindible consulta en la materia) hay una serie de entradas con datos duros (que provienen de hace no mucho tiempo, pero las tendencias no han variado en absoluto) para comprender de que estamos hablando. Ni hablemos si la comparación sobre el dinero por habitante con que cuenta cada uno para gestionar, la hacemos entre Macri y cualquiera de los intendentes del conurbano bonaerense.

Aquélla idea de la "isla ilustrada" de la reforma del 94', en el contexto de la sociedad de medios, que acorta distancias, construye sentido, proyecta imágenes y saltea etapas de la construcción política, configura un cóctel explosivo.

Lo padecimos con la instalación de De La Rúa en su ascenso desde la Jefatura de Gobierno hasta la presidencia; lo vemos ahora con el intento desesperado del establishment -en su obstinada búsqueda de un desafiante para el kirchnerismo en las elecciones de octubre- de transformar a Macri en algo parecido a un candidato presidencial, en condiciones de conducir nada menos que el país.

Y ciudado con un dato: la fragmentación política que exhibe la Legislatura porteña -si no me equivoco, 38 bloques en un cuerpo de 60 miembros, muchísimos unipersonales- es un espejo de las opciones que desde el distrito se construyen, y se proyectan al plano nacional. Los casos de Lilita Carrió y Pino Solanas son aleccionadores al respecto, y expresan una mecánica de construcción política (con desapego de lo territorial, y de lo organizativo con eje en esa variable) que termina desequilibrando y empobreciendo la oferta política; sin perder en el camino cierto aire de superioridad cultural con el que miran al resto del país.     

Tiro simplemente las reflexiones para el debate, y que no se enojen los amigos porteños, que los hay muchos y buenos, ¿eh, Gerardo?