LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)
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viernes, 1 de mayo de 2026

EL PEOR DÍA

 

El año pasado para éste mismo día, pintábamos un panorama de la situación de los trabajadores en el país en  ésta entrada, cuya relectura recomendamos, porque mantiene plena vigencia. Sobre todo porque desde entonces la cosa no hizo más que empeorar, tanto que podemos afirmar -sin temor a equivocarnos- que estamos transitando el peor Día del Trabajador desde el retorno a la democracia.  

Empezando por el hecho más relevante producido desde entonces, que fue la aprobación en el Congreso (con un respaldo amplio, como el que lamentablemente hay en muchos sectores de la sociedad) de la ignominiosa reforma laboral; presentada como la panacea para crear empleos, cuando en realidad es la plataforma para destruirlos.

Como era de esperarse (y aun nos dijeron que uno de sus propósito era terminar con lo que llaman la industria del juicio laboral), la reforma se judicializó y hubo diversos fallos en todo el país suspendiendo la aplicación de sus puntos más controversiales, el más conocido el recaído en la causa promovida por la CGT. Que para sorpresa de nadie, fue revertido por el gobierno con un escandaloso canje de favores, a cambio de un nuevo nombramiento como juez de uno de los camaristas que estaba en edad de cesar en el cargo.

También hubo un fallo de la Suprema Corte bonaerense restableciendo algo de racionalidad en el manicomio, declarando que los trabajadores de las aplicaciones de pedidos y repartos a domicilio son lo que son: trabajadores, y deben ser tratados como tales, con los derechos inherentes a esa condición. Y esta misma semana en la cena de la Fundación Libertad (un antro donde lo premiaron entre otras cosas, por estar promoviendo una destrucción planificada del trabajo, el empleo y los derechos laborales), Milei dijo que el único que la está pasando mal en el país en estos dos años es él, porque no se aumentó su sueldo; al mismo tiempo que se jactó de haber virtualmente congelado los salarios de los trabajadores del Estado.   

Con lo cual confirmó de un modo perverso lo que todo sabíamos: que la principal ancla contra la inflación son los salarios, que es consciente de que deteriorando su poder adquisitivo la gente la pasa mal pero no le importa y no está dispuesto a hacer nada para cambiarlo, y que el modelo consiste básicamente en propiciar una descomunal transferencia de ingresos en beneficio del capital y en desmedro del trabajo. 

Los despidos, la destrucción de puestos de trabajo, el cierre de empresas y aun su quiebra y vaciamiento planificados (para reconvertirse en importadores o simplemente fugar capitales y evadir obligaciones legales) están a la orden del día; y los trabajadores, sus empleos y sus salarios son siempre la principal variable de ajuste, sobre la que termina cayendo el peso de pagar los platos rotos.

Y aun ese contexto, la clase política -en gran parte- se pliega al discurso patronal contra la industria del juicio, o el alto costo laboral; omitiendo que no es cierto que la mayoría de los trabajadores termina demandando a sus empleadores en la justicia (como si ejercer ese derecho constitucional fuera además un delito), y ocultando sobre todo las causas que originan los litigios en trámite: la mitad son por accidentes de trabajo causados por incumplimiento patronal de las normas de higiene y seguridad, y la otra mitad reclamando indemnizaciones por despido no pagadas, o por relaciones laborales informales o fraude laboral.

Todos aspectos que la reforma laboral trata de solucionar precarizando aun más las relaciones (al punto de legitimar el fraude laboral y consagrar la des-laboralización de situaciones objetivas de empleo en relación de dependencia), en violación a la Constitución Nacional y los tratados internacionales de derechos humanos suscriptos por el país; violaciones que no serían posibles si el Estado (en todo sus niveles) no hubiera decidido abandonar por completo sus obligaciones inherentes al poder de policía del trabajo, para garantizar el cumplimiento de las normas vigentes.

Aun en éste contexto, en la reforma de la Constitución de Santa Fe (provincia en la que los empresarios se quejan del alto número de juicios laborales) aprobada el año pasado alguien creyó oportuno y necesario incluir en el texto del nuevo artículo 23 (que habla de los derechos de los trabajadores y su protección) un reconocimiento "...a las personas humanas y jurídicas que generan empleo en el ámbito privado como actores fundamentales del desarrollo productivo y social...".

Frente a esta lacerante realidad, la respuesta del gobierno de Milei (cuya responsabilidad política es extensible a todos los que apoyaron en el Congreso las leyes contra los derechos de los trabajadores es un llamado a la resignación, y a la aceptación de este estado de cosas como un fenómeno físico o natural inevitable (y no la consecuencia de políticas económicas diseñadas con ese fin); porque hay que reconvertirse para poder conseguir empleo en las (pocas) actividades que ganan con el modelo, que además no lo generan en número suficiente con los empleos que el mismo modelo destruye, y hasta con el propio crecimiento demográfico. En síntesis, han instalado la idea de que si un trabajador pierde su empleo es culpa suya por no saber adaptarse, y no de un modelo que lo expulsa.

La salida política y electoral a este estado de cosas requiere inexorablemente que la problemática del mundo del trabajo sea la base central del programa opositor, con el compromiso explícito de derogar la inicua reforma laboral en el primer orden de las prioridades, pero eso es solo una parte del problema: es menester además que haya una profunda recuperación de la conciencia de clase de los trabajadores -mucho de los cuales votan a sus verdugos, y adoptan su discurso-, porque como dijo alguien desde los balcones de la Casa Rosada un 17 de octubre de 1945, "...el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, ...es lo único que puede hacer grande e inmortal a la patria.".

Feliz día -si cabe la expresión- a todos los trabajadores y trabajadoras, y a hacer que vengan tiempos mejores.

jueves, 1 de mayo de 2025

UN DÍA PARA RECORDAR DE QUE LADO ESTAMOS

No es ninguna novedad que vivimos tiempos duros para el trabajo y los trabajadores. Primero porque no hay trabajo ni se lo genera, y el que hay, está mal pago en la inmensa mayoría de los casos,: en un esquema económico que (en teoría) propugna la absoluta libertad de precios, el precio más regulado para que permanezca barato es el salario, y en esto hay consenso amplio entre los empresarios y el Estado. De hecho, en la disputa entre dolarizadores y devaluadores el único punto de acuerdo es mantenerlo lo más deprimido posible, para ser "competitivos".

Se denigra a los trabajadores concretos en sus salarios y condiciones de trabajo, y se denigra discursiva y culturalmente a la figura específica del trabajador, cuyo rol en la sociedad es desvalorizado cuando no negado: el único día en el que se recuerda cuanto contribuyen con sus esfuerzo a generar la riqueza de la sociedad (y de sus patrones) es cuando deciden hacer un paro, reclamando por sus derechos. El resto del año son señalados ellos y esos derechos como la principal -si no única y excluyente- causa de todos los problemas del país. 

Se habla mucho (no tanto desde el gobierno, pero sí de ambos lado de la grieta) de la necesidad de producir más, pero muy poco de cuidar y dignificar a los que realmente son los que producen. Sobran en la clase política defensores para los dueños del capital, que reclaman rebajas de impuestos y eliminación de leyes laborales, y faltan los que se la jueguen por los trabajadores: mucho pedir que saquen las retenciones, pero nada de pedir (y hacer algo) porque blanqueen a los peones, o les paguen mejores salarios.

No hay (al menos no se percibe con la fuerza de otros tiempos) unidad ni solidaridad de clase entre los propios trabajadores, muchos de los cuales no se autoperciben como tales en tanto sujetos de derechos, cuando antes serlo era un motivo de orgullo. Vivimos en tiempos en que todos dicen que trabajan, pero pocos dicen ser trabajadores, o lo que es más importante, pocos reclaman con decisión ser tratados con la dignidad que merecen como tales.

Frente a un sindicalismo desprestigiado por comprensibles razones, se persigue y estigmatiza a los sindicatos como organizaciones para privar a los trabajadores de su principal herramienta para defender sus derechos e intereses; y se propician reformas "democratizadoras" que en realidad son para fomentar el carnerismo y la sumisión. En cada paro general y como en tiempos de la dictadura, un Gran Hermano orweliano nos recuerda desde las pantallas de las estaciones de tren que parar está mal y es perjudicial para el país y para los propios trabajadores, y persiste en distinguir entre los trabajadores y los sindicatos, como si fueran partes con intereses contrapuestos. 

Se admite públicamente que en una sedicente economía de mercado de sustento monetarista hay cepo a las paritarias y ancla salarial contra la inflación, mientras los salarios, el empleo y la conservación de los puestos de trabajo están ausentes del debate público sobre la marcha de la economía, en una descomunal maniobra de ocultamiento de una distribución del ingreso cada vez más regresiva que, en una constante histórica de los últimos diez años, le bolsiquea sistemáticamente a los trabajadores parte de sus salarios, en beneficio de todas las fracciones del capital.

Todas la patronales precarizan a sus trabajadores o buscan licencia legal para hacerlo, y el Estado -lejos de dar el ejemplo en contrario- más que nadie: desconoce acuerdos paritarios o reglamenta veladamente el derecho de huelga con eufemismos como el presentismo (como ocurre en Santa Fe), y despide sin causa ni justificación. Como si no bastara con la flexibilización introducida por el DNU 70 (que sobrevive gracias a la morosidad de la Corte Suprema) y la ley bases con figuras como el "trabajador independiente" se busca terminar con el orden público laboral para retroceder a los tiempos del Código Civil de Vélez, hacia un mundo ideal en el que cada trabajador discute mano a mano con su empleador por su salario y sus derechos, como si fueran iguales en poder. 

Y como si todo eso fuera poco, nos prometen más flexibilización laboral para profundizar el ajuste a la baja de salarios y derechos laborales, y nos la plantean (hasta en el acuerdo con el FMI) como la única solución viable y mágica para todos los problemas del país. Favorecido por la crisis y la deserción estatal -en todos los niveles- de su poder de policía del trabajo el empleo informal crece, pero no se prorroga la moratoria previsional, que subsanaba el empleo informal de ayer; mientras que los jubilados -los trabajadores de ayer- son maltratados incluso físicamente por odio de clase, mostrando con hechos quienes son, para éste gobierno, la casta a la que estaba destinada la motosierra. 

La que fuera la columna vertebral del peronismo y del movimiento nacional y popular hoy está rota rota y enflaquecida por deserciones y traiciones sindicales, el crecimiento de la informalidad y la precarización y -sobre todo- la deriva conceptual y política de representantes y representados; pero trabajadores son todos, aun los que ni siquiera se perciben como tales o no tienen reconocida la plenitud de los derechos que corresponden a la condición. Y todos necesitan ser representados, aunque muchos no lo verbalicen y crean que es posible la utopía de una sociedad en la que todos sean sus propios patrones, empresarios o emprendedores.

Podrá ser cierto -como se estila decir en estos tiempos- que ya no existe la sociedad salarial tal como la conocimos desde los tiempos en los que surgió el peronismo, pero sigue habiendo explotación del hombre por el hombre como antes de que naciera, y en ciertos sectores, incluso más. Lo cual no es un dato menor: el peronismo nació para representar a los trabajadores porque eran los excluidos emergentes de la sociedad de sus tiempos, y si bien nunca fue clasista ni se definió como tal, tampoco (como lo dice Perón en el video de apertura) fue nunca neutral en el conflicto entre el capital y el trabajo. 

Y si quiere volver a representar a los trabajadores y junto con ellos, a la mayoría de los argentinos, debe ser fiel a su memoria histórica representando a los excluidos, de todo tipo. El panorama es ciertamente complejo pero también lo era en 1945, aunque muchos nos quisieron convencer después de lo contrario; porque si el peronismo fue el simple resultado de una coyuntura feliz (algo que se dijo también del kirchnerismo), tendrían que preguntarse porque si era facilísimo, porque solo Perón hizo lo que hizo y todos lo demás lo ignoraron hasta que la historia los pasó por encima; y hoy (80 años después) siguen proponiendo hacer exactamente lo contrario a lo que él hizo, que en esencia y más allá de los instrumentos coyunturales, es lo que sigue teniendo que hacerse.

miércoles, 1 de mayo de 2024

UNA PREVIA DEL CARAJO

 

Por si no fueran pocas las penurias que atraviesan los trabajadores argentinos, a horas del 1° de mayo la Cámara de Diputados de la Nación le dio media sanción a la ley bases impulsada por el gobierno, que supone una agresión en toda la línea a sus derechos, y darle a Milei las llaves para destruir el país.

Sería un reduccionismo suponer que los trabajadores y sus organizaciones deberían prestar atención exclusivamente al capítulo laboral de la ley, y un error más grave aún pensar que, por habérsele limado algunos de sus aspectos más controversiales por negociaciones entre la CGT y el gobierno, la ley es inocua en ese punto: no contiene una sola norma en todo su articulado que favorezca a los trabajadores, ni les garantice que van a conservar sus derechos, o mejorar su situación.

En la misma ley se le delegan facultades extraordinarias al presidente para desguazar el Estado, despedir empleados públicos cuando lo estime conveniente, y se aprueba un régimen de incentivos a las grandes inversiones provenientes del exterior que además de saquear nuestros recursos naturales estratégicos, destruirá empleos en lugar de crearlos. 

Hasta se incluyó una reforma previsional que terminó con las moratorias del gobierno de Cristina para que accedan a la jubilación los trabajadores con años perdidos de aportes, al mismo tiempo que indulta a los empresarios que evadieron esos aportes; que incluso pueden acceder por otra vía a un blanqueo de capitales que muy posiblemente sean fruto -en parte- de esa misma evasión. 

Y el paquete fiscal incluye la reposición del impuesto a las Ganancias para los salarios más altos de los trabajadores registrados, y un sideral aumento del monotributo, incluido el social: nos siguen pegando abajo, y arriba también.

Este oprobio -al que le resta aún transitar por el Senado para convertirse en ley- se suma a las constantes agresiones que vienen recibiendo los trabajadores desde que Javier Milei llegó a la Casa Rosada, y que todo indica seguirán recibiendo: por más que en sus alucinaciones el presidente crea que los salarios le están ganando a la inflación, cualquiera que vaya al supermercado sabe que eso no es cierto, y aun falta empeorar el cuadro con los nuevos aumentos de tarifas que se vinieron pisando para lograr dibujar una inflación mensual de menos de dos dígitos.

Toda esta guerra declarada a la mayoría del pueblo argentino (y dentro de ella, a todos los trabajadores en todas sus variantes, formales o informales) no hubiera sido posible sin la claudicación de buena parte de la clase política, y el acompañamiento a desgano de las protestas sectoriales por parte de la dirigencia sindical, en especial la cúpula de los "gordos" de la CGT; que no obstante han convocado a otro paro general para el 9 de éste mes.

Pero el negro panorama no sería completo sin decir que hay muchos trabajadores que votaron esto, y más aun trabajadores que lo festejan, por lo menos hasta que les toque a ellos. Y hay muchos explotados que no solo no se perciben como tales, sino que con orgullo se sienten empresarios cuando son trabajadores, precarizados, negreados y explotados. No es casual que la pérdida de derechos vaya de la mano de la pérdida de la conciencia de clase.

Serán los que vienen por delante años de lucha como lo fueron aquellos de los mártires de Chicago, pero no solo por los trabajadores y sus derechos, sino por la democracia misma como sistema, al menos en su sentido último y no como simple farsa electoral. Porque hay que comprender que nunca estuvieron ambas cosas tan imbricadas, desde 1983.

lunes, 1 de mayo de 2023

TIEMPOS COMPLEJOS

 

El año pasado, para ésta misma fecha, decíamos en ésta entrada: "Y de una economía con problemas -hace siete años- que discutía eliminar Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia, pasamos a otra en la que el fenómeno del "trabajador pobre" (es decir aquellos que, aun teniendo empleo formal y ajustes por paritarias, no alcanzan a llegar a fin de mes) es cada vez más frecuente, mal que le pese a otro ministro (Kulfas), que en éste panorama minimiza el problema, y se desentiende de su solución.".

"Que la economía crezca a una velocidad mayor que aquella a la que se recupera el empleo puede ser una consecuencia del modelo de desarrollo escogido, pero que recuperándose ambos los salarios sigan retrocediendo en su capacidad adquisitiva es resultado de una puja distributiva, en la que los trabajadores vienen perdiendo hace rato; frente a la pasividad sindical, y de un gobierno al que en su mayoría votaron. Un gobierno al que le sucede lo que le sucede a Kulfas: parece contentarse en señalar los números favorables de la macroeconomía (como lo acaba de hacer el presidente en la asamblea de la CAME), y manifestarse preocupado por la inflación, sin acertar a articular medidas concretas para enfrentarla.".

"Si hubiera que hacer el ejercicio teórico de reducir a una sola y única causa la derrota electoral del FDT el año pasado, no dudaríamos en decir que hay que buscarla por el lado de ésta cuestión; que si sigue sin ser atendida será la principal -casi determinante- causa de otra derrota el año que viene. Y si hubiera que hacer el mismo ejercicio para formular un programa electoral que la evite, la conclusión sería la misma: sin recomponer el poder adquisitivo de los salarios, no hay -de nuestra parte- alternativa que ofrecer en las urnas, con mínimas chances competitivas; así de sencillo.".

"Cierto es que el mundo ha cambiado, y con él el mundo del trabajo, pero en algo sigue exactamente igual, tal lo cual lo describiera un alemán nacido en Tréveris hace un par de siglos atrás: unos ponen su fuerza de trabajo a disposición de otros generando plusvalía, y esos otros la aprovechan, tratando de pagar lo mínimo posible a cambio de ello. Sin embargo, vivimos tiempos en los que todos -de un lado y otro de la grieta- hablan de producir más, sin que la mayoría diga quienes son los que realmente producen (justos esos que hoy celebran su día), y con pocos hablando de como se distribuye esa riqueza que se genera, para que -en palabras de Cristina- no se la terminen llevando cuatro vivos, los mismos de siempre.".

"Tiempos de despiste conceptual de las fuerzas nacionales y populares, en aquello que debería ser el tópico principal de su hoja de ruta: las razones que crearon el peronismo hace más de 75 años siguen tan vigentes hoy, como el 17 de octubre de 1945. Y pese a ello, nos perdemos en discursos "productivistas" que, más temprano que tarde, nos llevan a formular "teorías del derrame", aun desde una visión heterodoxa; o plantear discusiones sobre la productividad aisladas (ex profeso) del contexto del resultado concreto de la puja distributiva, si es que no las queremos llamar lucha de clases.".

Duele decir que un año después, las cosas siguen exactamente igual, lo que en términos prácticos equivale a decir que están peor: el proceso inflacionario se ha agudizado, las políticas compensatorias de la pérdida de la capacidad adquisitiva de los salarios siguen brillando por su ausencia y el panorama incierto de cara a las elecciones es más incierto, como las elecciones más cercanas. Y el movimiento obrero organizado sigue sin dar señales de vida en defensa de sus representdos.

Como gobierno que llegó al poder en el nombre del peronismo, estamos asistiendo al sinsentido de habernos quedado sin respuestas para los trabajadores, y si bien tenemos que procesar que la realidad es otra muy distinta a aquella que vio nacer al peronismo hace casi 80 años, las respuestas que sigue demandando son en esencia las mismas: cuidar el empleo sin desproteger el salario, garantizar derechos para construir una sociedad más cohesionada, equitativa y con un nivel de vida digno para las mayorías populares.

La derecha en cambio, en todas sus formas y variantes (si es que se admite que las hay) sigue firme en lo suyo: maximizar los niveles de explotación de la fuerza laboral para maximizar ganancias, reduciendo derechos que son vistos como costos, a recortar. Lo dijo en su momento Macri, lo reiteró -con otras palabras- Rosenkrantz, cuando cuestionó la sentencia de Evita de que donde hay una necesidad, existe un derecho; lo repite Larreta (el "opositor razonable" que imaginó Alberto) cuando dice que habría que hacer lo mismo que hizo Cavallo y a fondo, desde el primer día.

Hoy los "dos zapatos" del empleo y el salario de los que hablaba Prat Gay en el gobierno de Macri funcionan con esa disyuntiva de hierro, porque tener trabajo, incluso en blanco y registrado, no garantiza tener un salario digno, acorde a las mínimas necesidades que impone la existencia cotidiana  

Pero el análisis no sería completo ni justo si no consideráramos que los denigradores (conceptuales, teóricos y en términos prácticos) del trabajo, los trabajadores y sus derechos no están solos en esa tarea, e incluso reciben el apoyo de no pocos trabajadores, que lo son aunque no se perciban estrictamente como tales: leemos en La Política Online lo que está pasando en la provincia de Buenos Aires con los deliverys y empleados de las plataformas digitales, ante el simple intento de registrarlos, para controlar la actividad y empezar el reconocimiento de ciertos derechos mínimos que como trabajadores que son, les asisten. La propia Cristina en su exposición en La Plata los otros días les hablaba a esos trabajadores que creen en el canto de sirena de la dolarización propuesta por Milei, porque ciertamente los hay.

No conformes con resignarnos a ver como una buena parte de los trabajadores formales no llegan a fin de mes con su salario sin hacer nada al respecto, tenemos que ver como parte de los trabajadores informales -cuya mera subsistencia en esa condición debiera ser un llamado de atención de que algo estamos haciendo mal- se ponen del lado de los que los explotan, y como la deserción del peronismo de sus responsabilidades históricas se traduce en que en una sociedad compleja, fragmentada y en la que el trabajo como lo conocimos ha perdido la centralidad que en otros tiempos tuviera para organizarla, ya no somos la automática identificación política de los trabajadores argentinos, aunque no hagamos nada para merecerlo.

Con el agravante de que no es precisamente por el crecimiento de las organizaciones políticas de izquierda que capitalizan esa deserción, canalizando el descontento de las masas trabajadoras, sino todo lo contrario. ¿O de qué que creemos que habla Cristina cuando menciona la "insatisfacción democrática"? Tuit relacionado:

domingo, 1 de mayo de 2022

TRABAJO PENDIENTE

 

Hace siete años los trabajadores formales de más altos salarios, representados por sus sindicatos y la CGT, la reclamaban a un gobierno popular que "el salario no es ganancia", y hasta hubo varios paros generales por eso. Hoy, el ministro de Trabajo del gobierno actual (es decir, el que encabeza uno de los ministerios que nos enorgullecemos en haber recuperado del macrismo) dice que "salario digno es el que se puede pagar", y que pese a la alta inflación, él no ve problemas con los salarios. 

Evidentemente, en el medio pasaron unas cuantas cosas, como dijo uno, que precisamente pasó en el medio. Tanto es así que la economía crece y se recupera de las dos pandemias (el macrismo y el COVID), pero los salarios pierden frente a la inflación, y llevamos13 meses seguidos creando empleo en el sector privado, pero casi siete años de retroceso salarial.

Y de una economía con problemas -hace siete años- que discutía eliminar Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia, pasamos a otra en la que el fenómeno del "trabajador pobre" (es decir aquellos que, aun teniendo empleo formal y ajustes por paritarias, no alcanzan a llegar a fin de mes) es cada vez más frecuente, mal que le pese a otro ministro (Kulfas), que en éste panorama minimiza el problema, y se desentiende de su solución. 

Que la economía crezca a una velocidad mayor que aquella a la que se recupera el empleo puede ser una consecuencia del modelo de desarrollo escogido, pero que recuperándose ambos los salarios sigan retrocediendo en su capacidad adquisitiva es resultado de una puja distributiva, en la que los trabajadores vienen perdiendo hace rato; frente a la pasividad sindical, y de un gobierno al que en su mayoría votaron. Un gobierno al que le sucede lo que le sucede a Kulfas: parece contentarse en señalar los números favorables de la macroeconomía (como lo acaba de hacer el presidente en la asamblea de la CAME), y manifestarse preocupado por la inflación, sin acertar a articular medidas concretas para enfrentarla.

Si hubiera que hacer el ejercicio teórico de reducir a una sola y única causa la derrota electoral del FDT el año pasado, no dudaríamos en decir que hay que buscarla por el lado de ésta cuestión; que si sigue sin ser atendida será la principal -casi determinante- causa de otra derrota el año que viene. Y si hubiera que hacer el mismo ejercicio para formular un programa electoral que la evite, la conclusión sería la misma: sin recomponer el poder adquisitivo de los salarios, no hay -de nuestra parte- alternativa que ofrecer en las urnas, con mínimas chances competitivas; así de sencillo.

Después de un gobierno de los patrones, que hizo de los trabajadores sus enemigos y de sus derechos, la causa principal de los problemas del país, vino otro que lo sucedió precisamente como consecuencia del repudio de esos trabajadores a esa visión, pero que no ha estado hasta acá, claramente, a la altura del mandato popular recibido en éste preciso aspecto.

Y la derecha que ganó esas elecciones anuncia -en todos los tonos, y en todas sus variantes- que si vuelve al poder, hará lo mismo, más rápido y más a fondo. Hace pocos días esa derecha movilizó en un "tractorazo" a Buenos Aires para pedir que les devuelvan el país anterior al peronismo, es decir, sin trabajadores integrados, con derechos y salarios dignos. El mal llamado "campo" es en ese sentido emblemático: si juzgáramos por los millonarios protestones de bolsillos llenos, "productores" son solo ellos, que son rentistas; y obtienen su riqueza sin emplear -al parecer- un solo peón que ponga su fuerza laboral a su servicio. Al menos que conste para los registros del sistema de seguridad social. 

Cierto es que el mundo ha cambiado, y con él el mundo del trabajo, pero en algo sigue exactamente igual, tal lo cual lo describiera un alemán nacido en Tréveris hace un par de siglos atrás: unos ponen su fuerza de trabajo a disposición de otros generando plusvalía, y esos otros la aprovechan, tratando de pagar lo mínimo posible a cambio de ello. Sin embargo, vivimos tiempos en los que todos -de un lado y otro de la grieta- hablan de producir más, sin que la mayoría diga quienes son los que realmente producen (justos esos que hoy celebran su día), y con pocos hablando de como se distribuye esa riqueza que se genera, para que -en palabras de Cristina- no se la terminen llevando cuatro vivos, los mismos de siempre.

Tiempos de despiste conceptual de las fuerzas nacionales y populares, en aquello que debería ser el tópico principal de su hoja de ruta: las razones que crearon el peronismo hace más de 75 años siguen tan vigentes hoy, como el 17 de octubre de 1945. Y pese a ello, nos perdemos en discursos "productivistas" que, más temprano que tarde, nos llevan a formular "teorías del derrame", aun desde una visión heterodoxa; o plantear discusiones sobre la productividad aisladas (ex profeso) del contexto del resultado concreto de la puja distributiva, si es que no las queremos llamar lucha de clases.

O a apostar a recetas "ofertistas" apelando como casi única herramienta para la creación de empleo a la eliminación o reducción de las contribuciones a la seguridad social, concediendo al enemigo -aun sin decirlo- que los sueldos altos o los derechos laborales son un obstáculo para ello, cuando en rigor son imprescindibles a ese fin: sin trabajadores dignificados y bien pagos no hay consumo ni demanda, y sin ella la economía no puede crecer, y mucho menos distribuir riqueza.    

Fruto de estos desvíos conceptuales es que los escenarios de la discusión tripartita en los que se ensayan acuerdos o pactos sociales, terminan convertidos en tertulias vacías de contenido; y así el Consejo del Salario solo sirve para que éste se sostenga bien mínimo, nada vital y poco móvil; o el "Consejo Económico Social" en lugar de discutir -por ejemplo- la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas (que ellos contribuyen a generar) como reza la manda constitucional, o la reducción de la jornada semanal de labor, para generar nuevos empleos, se avoque a discutir "la regulación de las redes sociales", el sexo de los ángeles, o las calendas griegas.

A no sorprenderse después si el discurso tosco y brutal de la derecha anti-política gana adeptos, incluso entre los trabajadores. El fenómeno no es nuevo, ni acá ni en ninguna parte: la política no tolera el vacío, y lo que unos dejan de representar, lo terminan representando otros.

sábado, 1 de mayo de 2021

QUE VUELVAN LOS DÍAS PERONISTAS

 

Para el peronismo, para los peronistas, el Día del Trabajador siempre fue un día de fiesta: sin olvidar a los mártires de Chicago y a todos los caídos en la larga lucha de los trabajadores por sus derechos, la Argentina peronista construyó un nuevo ritual del 1º de mayo: la plaza llena, la fiesta, la alegría de los derechos conquistados, del salario digno, de las paritarias, de las vacaciones pagas, del aguinaldo, de la jubilación para todos.

Después, cada vez que no hubo peronismo -aunque le echen la culpa de todo a los "70 años de peronismo"- para los trabajadores argentinos el 1º de mayo dejó de ser un día de fiesta, porque todos los días dejaban de ser una fiesta. Y cada Día del Trabajador caían un poco más abajo en sus derechos y en su dignidad, y cada vez costaba -y les cuesta más levantarse desde allí.

Si bien la sociedad de hoy no es la de 1945, y la centralidad y las formas del trabajo son otras, se puede decir que la mayoría de los trabajadores argentinos nos votaron en octubre del 2019, para que volviéramos, y así volvieran los días felices. Para que el 1º de mayo fuera un día de fiesta, y para que desearles a los trabajadores un feliz día no sonara a sarcasmo.

Y si con alguien estamos en deuda, es con ellos. Sin desconocer el peso de la herencia macrista, ni las tremendas condicionalidades que crea la pandemia; marco en el cual -es cierto- el gobierno puso el empeño en preservar el empleo, hasta donde pudo y con todo en contra: pensemos en las empresas que desconocieron impunemente los DNU presidenciales prohibiendo los despidos y suspensiones, por ejemplo.

Recuperamos el Ministerio de Trabajo -insólitamente eliminado por el macrismo del organigrama del Poder Ejecutivo, donde estuvo desde los gobiernos de Perón e incluso durante las dictaduras militares- para poner a su cargo a alguien que bien pudo ser ministro de Macri. Alguien que es de lo peor de los "funcionarios que no funcionan", y que sostiene que el salario digno es el que los empresarios pueden pagar, no el que necesita el trabajador para vivir dignamente. Eso entre otros dislates conocidos.

Tenemos un ministro de Economía con discurso "progre", pero que está usando -objetivamente- el salario como ancla de la inflación y celebra cada paritaria cerrada en torno a la pauta del Presupuesto, mientras el precio de los alimentos de primera necesidad sube constantemente sin que se tomen medidas eficaces para preservar los bolsillos de los trabajadores, a los que cada les cuesta más -por ejemplo- comerse un asado para festejar su día.

Un día que en la víspera tuvo una edición especial del Boletín Oficial (en la que todos esperaban el DNU con las nuevas medidas por la pandemia), que solo tuvo espacio para oficializar los aumentos a Edenor y Edesur; desoyendo aquel consejo de alguien que en sus gobiernos garantizó y amplió los derechos de los trabajadores, de alinear precios, tarifas y salarios.

En la misma semana previa al Día del Trabajador, como parte de los curiosos homenajes se pactó un aumento del 30 % del Salario Mínimo, en siete cuotas de acá a marzo del año que viene, en un país con el 42 % de pobreza; es decir, con trabajadores pobres, por escasos ingresos.  

En los últimos tiempos, la única medida que pudieron festejar los trabajadores argentinos (algunos, una ínfima parte de los formalizados, que son poco más de la mitad del total) fueron los cambios en Ganancias, que aun no están reglamentados, para que se sientan en los bolsillos.

Poco, muy poco para un gobierno que llegó en nombre del peronismo, y con el voto de los trabajadores. Que del otro lado estén los que toda la vida los negrearon y les recortaron salarios y derechos (por eso no los votaron, en buena medida por eso perdieron) no nos debiera hacer olvidar de los compromisos pendientes que tenemos nosotros, con una parte esencial de los que nos llevaron de nuevo al gobierno. Tenemos algunos Días del Trabajador por delante para empezar a cumplirlos.

viernes, 1 de mayo de 2020

LA CUARTA VERDAD


Para el Día del Trabajador del año pasado, gobernaba Macri y Cristina aun no había anunciado que proponía como candidato presidencial a Alberto `Fernández, acompañándolo ella en la fórmula.

El país llevaba un año bajo el acuerdo con el FMI, y mucho más tiempo que ése bajo una recesión que se llevaba puestos empleos, salarios y empresas. En buena medida, esas fueron las razones del triunfo del "Frente de Todos", cuya fórmula sería respaldada mayoritariamente por los trabajadores; tanto como se puede saber o presumir acerca de la composición del voto, y sus razones.

En diciembre del año pasado se cerraba así el ciclo de la restauración neoliberal en el país, una experiencia de claro sesgo clasista y anti-obrera; que vio a los trabajadores como enemigos, y a sus derechos como un obstáculo para el crecimiento del país, a punto tal de culpabilizarlos de todos sus males, y hasta de eliminar el Ministerio de Trabajo.

Es importante recordar hoy estas cosas, cuando los mismos sectores sociales que fueron el sustento real de la experiencia macrista (que accedió al poder también con el voto de sectores de trabajadores, sería necio negarlo) vuelven a mostrar los dientes en plena pandemia, saboteando los esfuerzos del gobierno para evitar que el peso de la crisis recaiga sobre las espaldas de los que trabajan.

Un gobierno, el de Alberto Fernández, que repuso casi en simultáneo con su asunción el Ministerio de Trabajo, y la doble indemnización por despido, porque como decía Perón, los hombres son buenos, pero si se los vigila son mejores. La medida, por supuesto, tuvo el rechazo inmediato de los que dicen que, para crear empleo, hay que facilitar los despidos: comer y descomer, lo ejemplificó un ex burócrata de Techint devenido funcionario del gobierno macrista.

Techint, dijimos: el mismo grupo empresarial cuyo CEO no es solo el hombre más rico de la Argentina (aunque sea italiano y el hólding tenga su domicilio en Luxemburgo) que hizo punta en la estrategia empresarial para marcarle la cancha al gobierno, despidiendo 1450 trabajadores de una de sus empresas, para forzarlo a levantar la cuarentena, en beneficio de sus negocios y a costa de la salud de los trabajadores.

En respuesta, el gobierno dictó un DNU que prohibió por 60 días los despidos y suspensiones por causa de fuerza mayor (por ejemplo la merma en las ventas y la facturación por la pandemia), pero que al día de hoy es letra muerta: los despidos y suspensiones siguen estando a la orden del día, sin que el propio gobierno haga nada para hacer cumplir su propia norma.

Peor aun: esta misma semana se conoció que la UIA y la cúpula de la CGT llegaron a un acuerdo por el cual, a cambio de evitar despidos, los trabajadores (o en todo caso los sindicalistas que dicen representarlos) aceptan una rebaja de hasta el 25 % de sus salarios; y el gobierno adelantó que homologará todo acuerdo que se mueva dentro de esas pautas, con la velocidad que no tuvo -por ejemplo- para aprobar el impuesto a las mayores fortunas, ya en el inicio de su mandato.

Hasta acá y en medio de la pandemia (que vino a agravar el ya de por sí complejo cuadro heredado del macrismo en materia laboral, económica y social), el gobierno ha venido funcionando a los tumbos, ensayando distintas medidas para sostener el empleo y los salarios en la crisis (el IFE, el pago de parte de las nóminas salariales, los créditos subsidiados a las Pymes para pagar sueldos) con mejores intenciones que resultados. La eyección de Alejandro Vanoli de su cargo en ANSES podría tener que ver con eso, pero hay otros que han hecho sobrados méritos para ser también eyectados de sus cargos, y permanecen en ellos.

Pero lo concreto es que, mientras bancos, fondos de inversión, sectores de la especulación financiera y grandes grupos empresarios formadores de precios, o con posición dominante en el mercado, no han sufrido nada o casi nada de los efectos de la crisis (muchos de ellos incluso se han favorecido) los trabajadores hoy conmemoran su día con la incertidumbre de saber si conservarán su empleo, o cobrarán su salario íntegro, en tiempo y forma.

Por estas horas se supo incluso que hay empresas que accedieron a los préstamos subsidiados para el pago de sueldos, e invirtieron lo recursos en comprar dólares vía la Bolsa, el MEP o el contado con liqui; mientras que algunos bancos (desoyendo la letra expresa del DNU presidencial que lo prohíbe) les están descontando a los beneficiarios del IFE, deudas que tienen con el sistema financiero. O hay empresas como el Grupo Clarín, que distribuyen dividendos entre sus accionistas, mientras les pagan los salarios en cuotas a sus trabajadores

Nada de eso debería pasar en un gobierno peronista, o éste no lo debiera permitir, porque como dice la cuarta verdad, "no existe para el peronismo más que una clase de personas: las que trabajan".

Tenemos un compromiso moral con todos los que nos votaron, de cumplir con la palabra empeñada en campaña, sin desconocer las enormes dificultades que se nos plantean, y la descarnada oposición que tenemos enfrente. Pero es bueno recordar, justo hoy, el día de los trabajadores, que nuestro primer compromiso es con ellos, y no podemos fallar en cumplirlo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

"GOBERNAR ES CREAR TRABAJO"



Feliz Día del Trabajador para todos y todas.

Que el próximo sea con un gobierno que entienda verdades tan sencillas, como las que explica Perón en el video.

martes, 1 de mayo de 2018

EN EL DÍA DEL TRABAJADOR, AHORREMOS ENERGÍA


GOBIERNO "LOS HIJOS DE PUTA"


martes, 2 de mayo de 2017

DÍA DEL TRABAJO ESCLAVO


"Hoy llegamos a todo el país con el Estatuto del Peón que llenará una necesidad sentida en los campos argentinos. Sé bien que ello no agradará a algunos patrones sin conciencia. Sé también que será motivo de críticas por parte de algunos merodeadores de las grandes empresas y escribas sin escrúpulos al servicio de los poderosos que ya han visto mal que yo defienda con más emoción el perfeccionamiento de la raza humana que el de los toros y perros argentinos. Entendemos que en muchos aspectos, la situación de los peones había llegado, en ciertas oportunidades, a ser una forma disimulada de la esclavitud. No de otra manera ha de considerarse a hombres que solo perciben un sueldo de veinte a treinta pesos por mes.

Buena alimentación, vestimenta adecuada, vivienda sana y decorosa, libre y alegre desarrollo físico y espiritual, y protección biológica y económica contra los riesgos sociales y profesionales, son los basamentos inconmovibles de nuestra política social, impulsada vigorosamente desde lo más profundo de la conciencia popular argentina. Debemos cuidar al ser humano. No se concibe una sociedad donde ello no sea una preocupación fundamental de los hombres de gobierno. Yo, como argentino, estaría más orgulloso si fuéramos famosos en el mundo por la perfección de nuestros hombres que por la hermosura y pureza de nuestros ganados..." (coronel Juan Perón, al anunciar la promulgación del Decreto Ley 28.169/44, Estatuto del Peón de Campo) "

"La vida rural ha sido y debe ser como la de un manantial tranquilo y sereno, equilibrado y de prosperidad inagotable. La Sociedad Rural no puede silenciar su protesta ante las expresiones publicadas en que se ha comentado el Estatuto del Peón y en las que aparecen los estancieros como seres egoístas y brutales que satisfacen su inhumano sensualismo a costa de la miseria y del abandono en que tienen a quienes colaboran con su trabajo. El trabajo de campo, por su propia índole, fue y es acción personal del patrón. Este actúa con frecuencia con los peones en la labor común, lo que acerca a las personas y establece una camaradería de trato, que algunos pueden confundir con el que da el amo al esclavo, cuando en realidad se parece más bien al de un padre con sus hijos”. 

“En la fijación de los salarios es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas sus necesidades materiales que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes. Últimamente se ha visto en la zona maicera entorpecerse la recolección debido a que con la abundancia de cereal y el buen jornal por bolsa, resulta que con pocos días de trabajo se consideran satisfechos..holgando los demás..." (Comunicado de la Sociedad Rural ante la promulgación del Estatuto del Peón de Campo)

Para el Día del Trabajador del año pasado, a menos de cinco meses de comenzado el gobierno de Macri, decíamos acá: "...para el gobierno de Macri (y más allá del chiste sobre la vagancia presidencial) el trabajo no tiene importancia central; y así lo trasunta el lenguaje, y lo definen las políticas públicas, y las prioridades de la gestión. Todo pasa por "atraer a las inversiones", haciendo en el camino todas las concesiones que sean necesarias al capital, empezando por abaratar el costo de la fuerza de trabajo. Se habla de empleo inútil o ficticio, grasa militante, trabajo innecesario, costo laboral, cargas laborales, se despide a gente sin miramientos y sin políticas compensatorias, dando el Estado el ejemplo que incentiva a los empresarios a repetirlo.". Invitamos a la re-lectura del post, con la memoria fresca de los hechos sucedidos desde entonces.  

En el gobierno de los CEO's no es sorprendente que la política laboral tenga un sesgo marcadamente clasista, como que está diseñada por los patrones. Lo que no deja de sorprender es que haya sectores del sindicalismo (como el "Momo" Venegas) que decidan dar un paso más; para ir de la simple inacción o complicidad por omisión con políticas contrarias a los intereses de los trabajadores, a integrarse plenamente en el dispositivo político que ejecuta esas políticas, y hacerlo en el nombre de una supuesta "pureza doctrinaria" peronista.

De haber vivido y participado en el trabajo en el campo (¿acaso alguna vez lo habrá hecho?) en 1944, Venegas podría perfectamente haber suscripto aquella solicitada de la Sociedad Rural sobre el Estatuto del Peón: aun hoy su pensamiento -y sobre todo, su acción- no está muy lejos de eso. No cuesta mucho esfuerzo imaginárselo parado al lado de la tranquera, con la boina en una mano y la otra extendida para recibir "lo que el patrón disponga" por la jornada de trabajo. Lo que se hace complejo es asociar eso con el peronismo, pero debe ser una impresión nuestra porque al fin de cuentas el peronómetro lo tiene él, no nosotros.  

Venegas es ciertamente una marginal tanto en la política como en el sindicalismo, de eso no caben dudas; pero eso no quita la contundencia del mensaje que transmite su acto obsecuente de ayer, como "apoyo" de un sector del mundo del trabajo a un gobierno cuya base social principal es la que se manifestó en las plazas el "1°A"; que no es precisamente peronista: el mensaje no pudo ser más claro, y de allí la presencia del presidente en el acto, como invitado estelar.

Nos están diciendo que ese es el sindicalismo "que necesita el país" (el que ve todo con los ojos del patrón), y esos son los trabajadores que reclama el modelo de "Cambiemos": los que no solo se resignan a perder derechos, sino que ni siquiera se plantean la posibilidad de hacer algo por obtenerlos, o por recuperarlos. 

Del mismo modo que el campo (con su "convivencia entre patrón y peones como si fueran el padre con sus hijos") es un sector clave en el modelo productivo que Macri intenta llevar adelante, la industria manufacturera es lo opuesto; con sus sindicatos y comisiones internas, paritarias, huelgas y reclamos, salarios altos y en blanco; y convenios colectivos de trabajo que "deben ser revisados integralmente", según han reclamado el gobierno y el propio presidente, en cuanta oportunidad han podido.

De allí que no sea arbitrario trazar un arco que una aquél enojo de la Rural contra el populismo en ciernes, que metía la cola en la regulación de las relaciones laborales del lado del más débil; con la ofensiva coordinada y conjunta de las patronales del campo y el sindicalismo patronal de Venegas (la quinta pata de la Mesa de Enlace) contra el RENATEA; para sacar -con la invalorable colaboración de la Corte Suprema de Justicia cuyo presidente prometió en el "mini Davos" garantizar seguridad jurídica a los inversores- al Estado de los controles contra la informalidad y el trabajo esclavo, para que los problemas al respecto  los "arreglaran entre las partes". 

¿Alguno recuerda algún operativo de control por ese motivo, en estos 17 meses de "Cambiemos"? El último "paro" que hubo en el campo fue el lock out agrogarca del 2008, y no es casual. Claro que cuando las parte se ponen de acuerdo (como pasó en la paritaria bancaria) pero ese acuerdo conspira contra el plan general del gobierno, éste no vacila en tirarlo por la borda, y amenazar con echar a los jueces que pretendían validarlo.

Pero el cuadro grotesco que ofreció este 1° de mayo con Macri (que se ha propuesto destruir al peronismo y su herencia) hablándoles a los trabajadores con el retrato de Perón de fondo no sería completo, sin mencionar el intrascendente acto de una CGT recluida en un espacio cerrado con derecho de admisión, por temor a los desbordes. Ferro también se explica por Obras; y el "Momo" sacó pecho para protagonizar el bochorno de ayer, por la insoportable levedad del ser del triunvirato cegetista. 

Que si bien cuestionó por boca de Schmid (el único orador) las consecuencias del plan económico para los trabajadores, no acertó a esbozar siquiera la mínima línea de un plan de acción a futuro para intentar detenerlas; pasando así del ridículo del acto en el Ministerio de la Producción con la huida del palco, a la intrascendencia absoluta de ayer; que hizo que el bizarro acto del "Momo" Venegas se convirtiera en lo más comentado del Día del Trabajador.

"Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron. No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición. Peor aun son, los que provenientes de ese pueblo lo traicionan, lo abandonan lo venden, lo usan como moneda de cambio. Peor que un oligarca es, un traidor a su clase..(Eva Perón, "Mi mensaje")

domingo, 1 de mayo de 2016

NADA PARA FESTEJAR, MUCHO TRABAJO POR HACER


Sabido es que el Día del Trabajador es una conmemoración vinculada a la lucha del movimiento obrero por conquistar derechos, que con el peronismo se convirtió en nuestra país en una celebración, algo que tenía que ver con el clima de época de aquéllos años en los que los trabajadores cobraron visibilidad política, y adquirieron derechos.

Gobernar es crear trabajo decía Perón, que se escandalizaba por las cifras del desempleo de la época “en un país en el que todo estaba por hacerse”, como le gustaba repetir. En esas dos premisas estaba toda una orientación luminosa de la acción de gobierno, pero además una visión que partía del rescate del sentido que tiene el trabajo como expresión de la dignidad humana (algo que es común a muchas tradiciones políticas y sociales), para ir más allá: la contribución de los trabajadores al engrandecimiento del país, y un modelo económico y de desarrollo productivo donde el trabajo era central.

Una centralidad que le reconocía la propia Constitución del 49’, y que lo rescataba del olvido de la Argentina pastoril, en cuyo relato los trabajadores no tenían cabida: para la oligarquía el destino nacional estaba indisolublemente unido a sus intereses de clase, y se sentían los únicos constructores -y en consecuencia dueños- del país; que le “prestaban” para vivir al resto, en tanto les sirvieran.

Los años kirchneristas se entroncaron entonces en la mejor tradición del peronismo, y el trabajo recobró centralidad política, económica y social: la propia Cristina enfatizaba en cuanta oportunidad tenía el rol del trabajo como principal ordenador de la vida social, individual y familiar.

Mientras el país creció a tasas chinas, creó al mismo tiempo empleo abundante, y lo siguió creando aun después,a menor ritmo, pese al latiguillo que dice lo contrario. Y mientras se creaba empleo (como consecuencia directa de políticas públicas) se recuperaba el salario, por vía directa a través de las paritarias o la reactivación del Consejo del Salario, o por vía indirecta, como con los subsidios a las tarifas de los servicios públicos.

Pero además y siempre que pudieron, los gobiernos kirchneristas defendieron el empleo cuando se vio amenazado, y pusieron en ese defensa una prioridad de las políticas públicas; algo que en circunstancias difíciles cobró tanta importancia como crearlo cuando las cosas venían mejor. Se incorporaron a la plenitud de los beneficios del derecho laboral a colectivos de trabajadores secularmente excluidos, como los docentes universitarios, los docentes privados, el personal de casas de familia o los trabajadores rurales. 

Se diseñaron políticas contracíclicas que alentaran la ocupación de mano de obra (como el PROCREAR), se apeló a los Repro, se facilitó el financiamiento productivo que hoy se extraña como ausente, se modificó la ley de quiebras para dar impulso al movimiento de empresas recuperadas; y hasta la propia AUH (una revisión sobre la marcha de los postulados originales del kirchnerismo) consagró un derecho pleno a los trabajadores excluidos del circuito de la formalidad, en cabeza de sus hijos y en paridad de condiciones con los trabajadores formales.

La política previsional -priorizando la ampliación de la cobertura del sistema. tuvo un sentido reparatorio de las trayectorias laborales truncadas en los 90' por el desempleo y la informalidad.Por supuesto que quedaron muchas asignaturas pendientes: bajar de un modo más rástico los niveles de informalidad laboral, corregir estructuralmente el esquema de Ganancias, erradicar las diferentes formas de precarización, discutir un modelo integral de salud donde redefinir el rol de las obras sociales sindicales y los aportes de los trabajadores, que son salario diferido. 

En estos cuatro meses todo cambió drásticamente, y como prueba de ello baste decir que pasamos de discutir Ganancias, a plantear leyes anti-despido; porque para el gobierno de Macri (y más allá del chiste sobre la vagancia presidencial) el trabajo no tiene importancia central; y así lo trasunta el lenguaje, y lo definen las políticas públicas, y las prioridades de la gestión.

Todo pasa por "atraer a las inversiones", haciendo en el camino todas las concesiones que sean necesarias al capital, empezando por abaratar el costo de la fuerza de trabajo. Se habla de empleo inútil o ficticio, grasa militante, trabajo innecesario, costo laboral, cargas laborales, se despide a gente sin miramientos y sin políticas compensatorias, dando el Estado el ejemplo que incentiva a los empresarios a repetirlo.

Se retomó el lenguaje noventista y las políticas: eliminación de aportes patronales,  se vuelve a apuntar a la precarización y flexibilización laboral como pre-requisito necesario para acceder al empleo, el gobierno se opone de frente a establecer mecanismos legales de protección contra despidos; mientras la devaluación de la moneda se hizo -esencialmente- para responder al reclamo empresario de "recuperar competitividad" porque los salarios "estaban altos en dólares, generando un proceso inflacionario que tomó por asalto el poder de compra de las remuneraciones.  

Y hubo más: el brutal desmontaje de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos (formas de salario indirecto), la defraudación a los que esperaban cambios profundos en Ganancias, la hibernación de los Repro hasta su práctica desaparición, la eliminación de las estructuras de asesoramiento jurídico gratuito del Ministerio de Trabajo

Se exalta el "emprendedurismo" en desmedro de la dimensión social y solidaria del trabajo, y lo lazos que crea entre los propios trabajadores; alimentando la fantasía de ser "cada uno su propio patrón" en una economía que no crece, con un modelo de valorización financiera en el cual el empleo de calidad y bien remunerado es considerado un costo a reducir; y se lo destruye por acción u omisión.

Se han planteado las paritarias por productividad y por metas de inflación futuras, mientras se alienta la negociación a nivel de empresa para atomizar aun más el fragmentado universo sindical; y Prat Gay en tono extorsivo conmina a los trabajadores a aceptar menores salarios, a cambio de conservar el empleo.

Se reprime la protesta social y se instala un "protocolo" para contenerla, a sabiendas de que las políticas desplegadas no harán sino alentarla; mientras en el colmo del cinismo Macri dijo en Cresta Roja (donde reincorporaron a 1300 de los 3500 trabajadores despedidos, y en condiciones de precarización absoluta, con reducción salarial y contratos a prueba) que iba a cuidar a todos los argentinos como cuidó a los trabajadores del a empresa, impiadosamente baleados por la Gendarmería cuando protestaban reclamando por sus fuentes de trabajo.

Tras la protesta conjunta de las CGT y CTA del viernes y con la profunda crisis del sindicalismo como telón de fondo (con socios políticos del gobierno en la conducción de muchas de las entidades gremiales), está pendiente la articulación de la protesta social con la organización política, tendiendo los puentes necesarios entre las diferentes plazas, marchas y protestas; para formar un bloque en condiciones de oponerse a la restauración neoliberal en marcha.

Corren malos tiempos para el trabajo y los trabajadores, y este 1º de mayo nos encuentra con poco para celebrar, y mucho trabajo por hacer, y trabajadores y salarios que defender. Ese es el principal desafío político de los tiempos por venir en la Argentina.

jueves, 1 de mayo de 2014

FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR



Cada 1º de mayo el Día del Trabajador es un momento para recordar a los que cayeron, de evocación y reflexión, de celebración por lo alcanzado, y de redoblar el compromiso de construir lo que falta para dignificar plenamente a los que trabajan.

Que no es ni más ni menos que el mejor modo de construir una sociedad justa, y una prosperidad duradera: bien decía Perón que sobre la dignidad de los hombres y mujeres que trabajan se construiría  un día la grandeza de la tierra de los argentinos.

Una verdad tan rotunda que -sin embargo- nos hicieron olvidar tanto tiempo; pretendiendo que -por el contrario- creyéramos que el cercenamiento de los derechos de los trabajadores era un presupuesto necesario para el despegue del país. Y aun hoy hay quienes sostienen tan peregrina tesis.

El año pasado para ésta misma fecha reseñábamos acá como habían sido todos estos años para los trabajadores argentinos; repasando los logros -que fueron muchos- y las asignaturas pendientes.

Entre ellas y en un lugar preponderante, el aun elevado porcentaje de trabajo informal; por eso no puede haber mejor conmemoración de este día que la media sanción del Senado al proyecto enviado por Cristina para combatir el empleo en negro, y garantizar a muchos trabajadores argentinos contar con los beneficios de la seguridad social.

Un año transcurrido desde el último Día del Trabajador con un panorama económico complejizado, con amenazas para el trabajo; y la firme decisión de sostener el empleo por parte de un proyecto político que ha hecho de ello parte central de su programa.

Una nota distintiva del kirchnerismo que lo destaca en un panorama histórico reciente en el que todos los gobiernos -por acción u omisión- aplicaron o convalidaron políticas en las que el empleo fue la eterna variable de ajuste.

Otro 1º de mayo que llega -como hace años- con la plena vigencia del régimen de paritarias, como no se había dado desde su implantación en el primer peronismo, y contra los eternos pronósticos de "cepos" en torno a pñorcentajes mágicos, o ajuste salariales por decreto.

Con las tensiones propias de un proceso en el que confrontan partes con intereses contrapuestos, pero como un aprendizaje de calidad institucional en serio, con efectos concretos en la vida de la gente de a pie.

Quizás sea la percepción íntima de estas cuestiones (la decisión del gobierno de sostener el mecanismo de las paritarias, y de arbitrar todas las políticas a su alcance para preservar el empleo) la que determine -entre otras cosas- el creciente vacío social de un sindicalismo extraviado; que incuba alianzas otrora impensadas, mientras confunde firmeza con prácticas extorsivas, o reclamos de los trabajadores con negocios de los dirigentes.

Un terreno -el del sindicalismo- donde lamentablemente se ha retrocedido mucho, a punto tal que la fuerte recuperación del empleo en todos estos años, no ha ido acompañada de un incremento sustantivo de la tasa de sindicalización; fruto de la convergencia de factores como el desprestigio enorme del grueso de la dirigencia sindical y -por qué no decirlo- la estigmatización social de su rol, más allá incluso de quienes son respetables.

De aquí al próximo Día del Trabajador y aun después, transcurrirá un tiempo en que se decantará el panorama político nacional, y se perfilarán las opciones entre las que los argentinos deberemos elegir quien conduce los destinos del país a partir de diciembre del 2015.

No se nos ocurre otra cuestión más trascendente que ésta (la del trabajo, su centralidad, sus condiciones, lo que cada uno proponga al respecto) para ayudarnos a discernir el panorama; y elegir correctamente. 

Feliz día para todos los trabajadores y trabajadoras.


miércoles, 1 de mayo de 2013

DÍA DEL TRABAJADOR


El Día del Trabajador es siempre una fecha muy especial para nosotros, los peronistas; porque los trabajadores son parte esencial del proyecto político que Perón pusiera en marcha en el 45', y han sido los trabajadores los que -con su tozudez en abrazar mayoritariamente al peronismo como identidad política- mantuvieron vigente su legado por casi 70 años; resistiendo las persecuciones, las proscripciones, la traición, el vaciamiento ideológico y el abandono de sus banderas históricas.

Este Día del Trabajador en particular, se celebra poco antes de que se cumplan 10 años desde que gobierna la Argentina un proyecto político que volvió a colocar al trabajo y a los trabajadores, en el centro de la preocupación de la política y del Estado; en línea con las mejores tradiciones del peronismo.  


Un proceso caracterizado por la reconquista de derechos conculcados para los trabajadores durante la noche del neoliberalismo (perpetrada curiosamente en nombre del mismo peronismo que alumbró esos derechos en su primer gobierno) en forma firme y consistente, como se detalló acá; y por la ampliación y conquista de nuevos derechos para colectivos de trabajadores excluidos hasta acá de su goce pleno, como los trabajadores rurales o quienes trabajan en casas de familia.

Y por la reactivación de herramientas institucionales para garantizar a los trabajadores una recuperación de sus salarios, como el Consejo Nacional del Salario y las paritarias; con un sentido estratégico de alentar y promover el consumo como elemento dinamizador de la economía, y principal motor y sustento del sostenido crecimiento económico  de la última década, que se tradujo a su vez en la generación de millones de nuevos puestos de trabajo. 


Un proyecto político que colocó al trabajo como principal vertebrador de la cohesión e integración social, y de la verdadera inclusión, porque el trabajo genuino es la mejor de las políticas sociales; y un proyecto que demostró que recuperando empleo y tejido productivo, se recupera tejido social, y a la inversa, cuando crece el desempleo se pierden muchas más cosas que puestos de trabajo.

Un proceso -el de la última década- no exento de contradicciones y retrocesos, marchas y contramarchas (como las reformas al régimen de ART); y que convive con realidades lacerantes como la fragmentación y desigualdad salarial del mercado del trabajo (donde algunos reclaman por el impuesto a las Ganancias, y otros subsisten con magros ingresos), el aun altísimo nivel de empleo informal (pese a la reducción experimentada, existe un núcleo duro difícil de perforar y que demanda políticas públicas más consistentes) y las diferentes formas de precarización laboral que subsisten, y fueron el contexto de la trágica muerte de Mariano Ferreyra, del mismo modo que facilitar a los jóvenes el acceso al primer empleo, o luchar por un trabajo de mejor calidad allí donde no existe. 


Un tiempo que también registra como dato que no puede obviarse, la creciente complejidad y fragmentación de un universo sindical atravesado por disputas y posicionamientos políticos, pero también por la subsistencia de modelos organizativos que deben como mínimo discutirse; mientras los otros alternativos que se gestaron en la resistencia a las políticas neoliberales de los 90', también terminaron naufragando en la hoguera de las vanidades de algunos dirigentes y las disputas por los alineamientos políticos, más que por las discusiones sobre el mejor modo de defender los intereses de los trabajadores. 

Estructuras sindicales que en todo caso siguen reclamando de modo urgente una profunda y auténtica democratización, que haga surgir una dirigencia auténticamente representativa del sentir y las preocupaciones del laburante común; y que asuma en serio como imperativo propio, la representación de los excluidos, los precarizados y los trabajadores informales; en lugar de vehiculizar centralmente demandas sofisticadas del vértice de la pirámide de la fuerza laboral del país.


La realidad actual del mundo del trabajo y de los trabajadores en la Argentina no escapa a un contexto mundial complejo y dificultoso, donde una crisis que ya parece endémica, originada por la aplicación a rajatabla de un modelo de organización económica y social que persigue y excluye al trabajo, va dejando su secuela de millones de desempleados, y de trabajadores que ven amenazados derechos esenciales.

Contexto frente al cual el proyecto político que gobierna la Argentina desde el 2003 viene desplegando políticas públicas concretas y constantes para evitar que la crisis se pague -como fue tradición en la Argentina por décadas- con la destrucción de fuentes y puestos de trabajo; porque bien sabemos los argentinos lo que cuesta recuperarlos.   


Y sin pretender que el peronismo (conducido desde el 2003 por Néstor y Cristina) monopolice la representación política de los trabajadores argentinos, podemos afirmar sin faltar a la verdad que los trabajadores fueron parte fundamental de las amplias mayorías electorales que el kirchnerismo logró construir en 2007 y 2011, lo que demuestra que la mayoría de los trabajadores argentinos siguen creyendo que éste proyecto político es el que mejor garantiza sus derechos e intereses.

Lo que supone para el proyecto que inició Néstor y hoy conduce Cristina una enorme responsabilidad, la de ser fiel a la historia, a sus propias convicciones y a parte sustancial de su propia base electoral; profundizando el rumbo con políticas que garanticen que los trabajadores argentinos estén cada día, en todo sentido (salarios, condiciones de trabajo, transporte, salud, vivienda), un poco mejor.


Desde la Corriente Kirchnerista de Santa Fe les desemos un muy feliz día a todos los trabajadores.