LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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jueves, 26 de marzo de 2026

MEMORIA COMPLETA

 

martes, 24 de marzo de 2026

¿NO NOS HAN VENCIDO?


Lo cantábamos (aun hoy lo hacemos) en cada acto del 24, y cada vez que ganamos las calles para reclamar, para ponerle el cuerpo a las ideas: "No nos han vencido". Como afirmación sonora de la voluntad de supervivencia, como afirmación de la identidad y del sentido de la lucha; pero un poco también -aunque sea doloroso admitirlo- romantizando las condiciones objetivas reales que hicieron posible la derrota de la dictadura, y que determinaron los alcances reales de la apertura democrática; más obra de la dignidad de unos pocos y del sacrificio de los héroes de Malvinas, que de una reacción extendida de la sociedad argentina a los años del horror.

Pero si, nos vencieron y nos siguen venciendo, en cada retroceso en la construcción de una democracia digna de ese nombre, y en cada tarea pendiente en la superación de las injusticias. Y vaya si estamos vencidos hoy, a 50 años del golpe. Pero la derrota (ninguna) nunca es definitiva, aunque que así sea no depende solo de nosotros: de aquella sociedad disciplinada por el miedo que elegía ignorar el genocidio diciendo para sus adentros "algo habrán hecho", pasamos a ésta en la que -hay que asumirlo- uno de cada dos o tres argentinos piensa -y muchos lo dicen- que el problema del país es que "Videla se quedó corto".

Y anticipándonos a las objeciones, diremos que no se pueden impugnar los paralelismos entre la dictadura y éste gobierno (y otros de similar calaña, como lo fue el de Macri), simplemente porque fue electo, precisamente porque hubo una dictadura con los alcances macabros que tuvo: porque existieron la ESMA o La Perla, no se puede admitir que un gendarme le vuele la cabeza a un fotógrafo por hacer su trabajo documentando la protesta social, y porque existieron los vuelos de la muerte es inadmisible en democracia el apaleo sistemático a los jubilados o a cualquiera que reclama por sus derechos.

Como es inadmisible que desde el propio presidente de la nación para abajo, el discurso oficial utilice para los adversarios políticos y la parte de la sociedad que resiste los atropellos, la misma fraseología y las mismas etiquetas de la dictadura y sus grupos de tareas: hoy cualquiera que disienta con el rumbo trazado o se oponga a él puede ser tildado de zurdo o terrorista, como antes lo fue de subversivo, esa estudiada ambigüedad con la que la doctrina de la seguridad nacional señalaba a sus blancos. Como si no hubiera pasado en el país lo que empezó a pasar hace hoy 50 años, o como si todas las palabras (aun las más conmocionantes por su significación histórica) pudieran banalizarse y vaciarse de sentido.

Hoy se plantea con naturalidad (y casi ni se discute, salvo honrosas excepciones) que las fuerzas armadas vuelvan a participar en brumosas tareas de seguridad interior, quebrando décadas de consenso democrático al respecto; mientras se reglamenta la represión de la protesta social y se amplían por decreto y sin discusión en el Congreso, los fondos, los objetivos, la estructura y los alcances del espionaje del gobierno sobre la sociedad. En su última sesión antes del golpe, el Senado de la nación trató una declaración de repudio en la que se reafirma el compromiso con la democracia y con la continuidad de los juicios por las causas de lesa humanidad, y más de una veintena de senadores (todos del bloque de LLA) se negaron a refrendarla.

Hace poco más de dos años, más de 14 millones de argentinos eligieron -en comicios libres- como vicepresidenta de la nación a una apologista de la dictadura y confidente del dictador Videla en sus días de la cárcel, y la mitad de ellos lo hicieron tres veces. Mientras quien fuera dos veces presidenta y una vez vicepresidenta electa en primera vuelta con un contundente respaldo en las urnas es condenada en causas cuyo trámite avergonzaría a los consejos de guerra de la dictadura, y privada de sus derechos políticos.

Mientras el discurso oficial sobre el horror de la dictadura es del más ramplón negacionismo, quieren convertir a Cristina en la desaparecida 30.001, pero en democracia; y con ella aleccionar y proscribir a la voluntad de representar, y desnaturalizar vaciando de sentido las condiciones de la competencia electoral y el debate político, en un burdo intento por hacer que su triunfo (y nuestra) derrota sea definitivas.

Que decir del panorama económico y social: por ejemplo que confrontar el discurso de Martínez de Hoz presentando su plan económico en los albores de la dictadura, y releer la carta de Rodolfo Walsh a la junta al cumplirse el primer año del golpe da escalofríos, por la semejanza con lo que podemos comprobar y vivir a diario en estos días. Paralelismo que no casualmente convive con la impunidad absoluta de los gestores y beneficiarios civiles de aquel golpe, y responsables de cuanto saqueo económico sufrimos los argentinos desde entonces.

Recuperada la democracia, buen parte de la dirigencia política (incluyendo parte del peronismo) tuvo miedo de que por querer ir más lejos en la construcción de un país diferente se pusiera en riesgo el andamiaje institucional que provee cargos y canonjías, mientras otros aspectos del problema (como el creciente ausentismo electoral o la cada vez más regresiva distribución de la riqueza) jamás le preocuparon en serio. El retroceso frente a cada chantaje del poder económico (en forma de crisis recurrentes y golpes de mercado) no hizo más que confirmarle a éste su poder, y ratificar la debilidad de la política y las instituciones para ponerle coto.

Así, la democracia reconquistada fue progresivamente vaciada de sentido, y en la insatisfacción social resultante golpeó el discurso anticasta de Milei, como si fuera un revival del "que se vayan todos"  que alumbró la caída de la convertibilidad; pero que a poco de andar el gobierno terminó simplemente en macrismo con malos modales, cuyo único plan político es perseguir a Cristina y terminar con el kirchnerismo.

Es decir erradicar de la memoria social justamente la experiencia política por la cual la sociedad logró salir por arriba del laberinto del 2001, y sostener durante más de una década un intento -con sus marchas y contramarchas, sus errores y sus aciertos- por buscar la resignificación de la democracia para darle un sentido más profundo, y no solo en el rescate de las políticas de memoria, verdad y justicia. Políticas que -dicho sea de paso- se dijo entonces que le proveían al relato kirchnerista de un enemigo sencillo, en una decisión que no le acarrearía costos: otro ejemplo de los errores que se pueden cometer cuando se parte de premisas falsas. 

Estos son datos objetivos de la realidad que no pueden desconocerse descansando en la comodidad tranquilizadora de consensos que no son tales como pensábamos, ni están tan extendidos como creíamos. No se trata -como decía Duhalde en su reversión de la autoamnistía de la dictadura- de construir un país con los que lo quieren a Videla y con los que no; sino de construirlo contra y pese a los que piensan que se quedó corto, y que lo que hizo debería volver a hacerse, si fuera necesario. O dicho de otro modo, hay que construir una democracia real, aunque estemos rodeados de nostálgicos de la dictadura.

Para que no nos hayan vencido hay que encarar a fondo hoy, a 50 años del golpe, la tarea de revalorización de la democracia, en todo sentido: en su profundidad, en sus alcances, en el consenso ciudadano. Pero una democracia en serio, que se pueda contrastar con las dictaduras sin temor a confundirlas: con participación y protagonismo popular, con cuestionamiento del poder real, con inclusión efectiva de las mayorías, con redistribución de la riqueza. Y con el juzgamiento de todos los que gestaron el genocidio y se beneficiaron de él, y aun hoy permanecen impunes, hayan o no vestido uniforme.

Recién entonces podremos decir que sí -en todo el sentido profundo de la expresión-, que no nos han vencido. Es lo menos que se merecen aquellos cuya memoria hoy recordamos, y por los que seguimos reclamando verdad y justicia. Tuits relacionados:

lunes, 24 de marzo de 2025

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS

 

Hace 49 años un nuevo golpe de Estado ejecutado por las fuerzas armadas respondiendo a las directivas de sus mandantes civiles iniciaba en el país el más oscuro proceso de nuestra historia, signado por la violación sistemática y organizada de los derechos humanos esenciales a partir de un plan orquestado y ejecutado desde las propias estructuras del Estado.

Apenas llegada al poder, la dictadura clausuró el Congreso nacional y las legislaturas provinciales, y la junta militar y el presidente de facto asumieron la facultad de dictar las leyes, asesorados por la CAL.

Descabezó la Corte Suprema de Justicia de la Nación reemplazando a sus miembros por amanuenses designados por decreto del dictador, para que su plan de exterminio no tuviera inconvenientes en el plano judicial.

Se intervinieron las provincias designando en lugar de sus autoridades electas a delegados del poder central, cuya función esencial fue ejecutar el plan represivo y las políticas decididas por el poder central.

El Poder Ejecutivo asumió en la práctica la suma del poder público, se decretó el estado de sitio y se suspendieron las garantías constitucionales, se prohibió la actividad política, el derecho de reunión y manifestación y se reprimió toda forma de protesta social.

El discurso oficial estigmatizaba a los ciudadanos por su presunta ideología, sus preferencias políticas o su militancia bajo el rótulo de subversivos, colocándoselos al margen de la nacionalidad y los derechos individuales, pretendiendo de ese modo justificar la represión indiscriminada.

Se estableció la censura previa y un férreo control de los medios para que replicaran sin fisuras el discurso oficial, y la complicidad de la mayoría de la prensa resultó decisiva para la consolidación del régimen.

Se puso en marcha un modelo económico de valorización financiera, fuga de capitales, endeudamiento externo y apertura indiscriminada de la economía que derivó en la destrucción del aparato productivo, el cierre de fábricas y la pérdida de miles de puestos de trabajo.

Hoy, casi medio siglo después, las semejanzas y diferencias de aquellos tiempos terribles con este presente oscuro dan la medida del retroceso en el cumplimiento de la promesa democrática del 83', y también de la magnitud de la lucha pendiente para honrarla, y darle a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia su pleno significado y sentido. 

Porque una cosa no se puede escindir de la otra.

domingo, 24 de marzo de 2024

LOS BRUJOS ESTÁN ENTRE NOSOTROS

 

Hay cierto consenso establecido en caracterizar al acceso de Javier Milei al gobierno como resultado de la insatisfacción democrática. Sin cuestionar la afirmación, está bastante claro que el presidente y muchos de los que lo apoyan están efectivamente insatisfechos con la democracia, pero no tanto con sus resultados concretos, sino en tanto sistema organizada de convivencia social que establece reglas de juego civilizadas para dirimir los conflictos; lo que es muy otra cosa.

El presidente, su vice, buena parte de los funcionarios de su gabinete, los trolls rentados o vocacionales que defienden al gobierno en las redes sociales (o más bien atacan a sus críticos) no son gente democrática, ni de cerca, aunque esgriman discursos de libertad. Hace pocos días Milei likeaba posteos de Santiago Caputo, su asesor estrella, en X (a través de su cuenta fantasma) denostando a la democracia, y atribuyéndole la culpa de todos los problemas del país. 

Abogaba además Caputo por alguna forma de dictadura, como la única manera de poder llevar adelante las reformas que plantea el gobierno, en lo que no le falta razón: ya Videla y sus escuadrones de la muerte se encontraron frente al mismo dilema, para poder llevar adelante el plan de Martínez de Hoz. Porque tampoco es que en estas cuestiones -como plantean algunos pseudo intelectuales- todo sea novedoso, y haya que volver a pensarlo de nuevo desde el principio. 

A 40 años de recuperada la democracia, hay un intento desembozada por instalar el negacionismo -y aun la apología- de los crímenes de la dictadura desde la cumbre del poder político del Estado: la vicepresidenta -que considera que el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia que conmemoramos hoy es algo morboso- fue elegida para integrar la fórmula por sobresalir en ese campo (el único en el que se le conoce alguna actividad), y el presidente volvió a negar la cifra de los desaparecidos en dos oportunidades, ante el Congreso nacional reunido en pleno. 

En la semana previa al aniversario del golpe, el ministro de Defensa reivindicó el accionar de las FFAA en los 70' en presencia nada menos que de Cecilia Pando, que si no terminó siendo la compañera de fórmula de Milei es nada más que porque sus asesores de imagen le aconsejaron buscar alguien con más aspecto de mosquita muerta para captar incautos, como Villarruel.

La persecución y el hostigamiento a los opositores (incluso a los "amigables") está a la orden del día, y no solo es avalada por el gobierno, sino que es el presidente mismo quien verbaliza las amenazas de represalias. "Zurdo", "comunista", "socialista" e "izquierda" han vuelto a convertirse en insultos descalificadores, y contraseñas para habilitar la furia de los grupos de tareas digitales al servicio del gobierno contra aquel al que se le apliquen; mientras el propio presidente ensayaba un discurso macartista frente a alumnos de la escuela a la que concurrió de niño, al inaugurar el ciclo lectivo.

El gobierno anuncia que en unos días ejecutará 70.000 despidos en el Estado señalando explícitamente que los despedidos son militantes políticos, como si rigieran las tristemente célebres leyes de prescindibilidad de las dictaduras. Consecuencia directa de esos discursos de odio fue la repudiable agresión a una militante de H.I.J.O.S., hecho en el cual la responsabilidad política del gobierno por alentar un clima de discordia y enfrentamiento en el que no existen límites, es directa e inmediata. 

Se supo que al frente de la Dirección de Inteligencia Criminal de la AFI será designado un ex carapintada (violando además una prohibición expresa de la ley de inteligencia), y abundan los parientes y abogados de genocidas condenados en las causas de lesa humanidad que ocupan cargos en el gobierno; mientras los días previos al aniversario del golpe que se conmemora hoy transcurrieron bajo rumores persistentes de indultos u otorgamiento de prisiones domiciliarias para muchos de ellos; como parte de un plan deliberado de provocación para generar reacciones que legitimen represiones, y corran de la agenda pública la discusión sobre los efectos nefastos del plan económico que ejecuta el gobierno.

El gobierno y la oposición "amigable" avalan ampliamente la intervención de las FFAA en seguridad interior comprometiéndose incluso a modificar la normativa que lo impide, y hablan con ligereza de "terrorismo" frente a cualquier fenómeno delictivo complejo; la misma ligereza con la que el presidente designó como ministra de Seguridad a quien en campaña acusó de poner bombas en jardines de infantes para que murieran niños inocentes, hecho que en la realidad jamás sucedió por parte de ninguna de las organizaciones armadas en los 70'. 

Se habilitó la tortura de los detenidos en las cárceles (como acá en Santa Fe) con la excusa de combatir el narcotráfico y la criminalidad compleja, se intentó limitar por decreto el derecho de huelga hasta prácticamente suprimido mientras se criminaliza la protesta social, y se han orquestado un conjunto de normas y propuestas desde el Estado para legitimar el gatillo fácil policial, y darle amparo legal contra toda posible consecuencia ulterior.

Por contraste, ni en los 366 artículos del DNU "desregulador" ni en los 664 de la fallida ley ómnibus, que diseccionaron prolijamente cuanta ley consagrara derechos o estableciera regulaciones públicas que impongan límites al capital, hubo uno solo que tocara el texto de la ley de entidades financieras que nos rige desde los tiempos de Videla y Martínez, hecho que por cierto marca por sí solo una de las mayores claudicaciones de las fuerzas democráticas en estos 40 años. 

Como se diría en los tribunales, estamos en presencia de indicios graves, numerosos, precisos y concordantes que, acumulados en apenas tres meses de mandato, definen la naturaleza del régimen que nos gobierna, y lo colocan en las antípodas de la democracia. Si alguna vez se cuestionó al kirchnerismo por reescribir el prólogo del "Nunca Más" para suprimir toda referencia a la teoría de los dos demonios, estamos en presencia de un gobierno que con gusto suprimiría ese prólogo, y quemaría todos los ejemplares disponibles del informe, como en los tiempos del nazismo.   

Frente a eso, contra eso, contra las políticas que ese régimen está llevando adelante, y por los 30.000 compañeros  marchamos hoy, en todas las plazas del país, para seguir reclamando memoria, verdad y justicia; ayer, ahora y siempre. Sin olvidar que los brujos siempre estuvieron entre nosotros.

viernes, 24 de marzo de 2023

PASOS ATRÁS

Este día de la Memoria, la Verdad y la Justicia no es cualquiera, porque corresponde al año en que conmemoramos los 40 años de la recuperación de la democracia, y nos sorprende en un contexto muy particular y crítico; el año en que además los argentinos iremos a las urnas para elegir quien nos gobierne los próximos cuatro años. Y para ser sinceros, con varios pasos atrás, en distintos frentes.

En lo específicamente vinculado con las causas de lesa humanidad por los crímenes cometidos durante la dictadura, los juicios están ralentizados si no directamente empantanados, y las cada vez más frecuentes prisiones domiciliarias y libertades condicionales que los jueces conceden a los genocidas demuestran que las políticas de impunidad ensayadas con el fallo de la Corte que les otorgaba el "2 x 1" solo retrocedieron frente a la movilización popular para volver a tomar impulso, apenas la corporación judicial intuyó que el clima social era propicio para ello.

La muerte de Blaquier estando impune por su responsabilidad en la causa del apagón de Lesdema nos recuerda que no se avanzó nada (o casi nada) en el juzgamiento de los impulsores, partícipes y beneficiarios civiles del golpe; y las necrológicas a su memoria de buena parte del empresariado e incluso de la dirigencia política opositora al gobierno nacional -comenzando por Macri y Larreta- confirma que el bloque político y social que perpetró la dictadura sigue intacto, y consolidado.

Por contraste, este primer 24 de marzo sin Hebe en la plaza nos recuerda -dolorosamente- que nuestras viejas queridas, nuestras madres y abuelas de la dignidad, se nos van yendo sin poder ver coronados sus esfuerzos de una completa justicia (porque verdad hay, y la memoria se construye a diario), y una país mejor como el que soñaron sus hijos.    

Los discursos de odio -como los que justificaron hace 47 años la masacre- están a la orden del día, y el intento de asesinato a Cristina demostró hasta que punto la legitimación (explícita o por omisión de condenarla) de la supresión física del adversario volvió a ser parte de nuestras prácticas, sin que toda la política cerrara filas en defensa del pacto democrático. Un pacto democrático con desertores ostensibles, que sin embargo reclaman disputar los lugares que concede el voto ciudadano. Como Macri, que además de despedir a Blaquier volvió a hablar del "curro" de los derechos humanos, o Milei, que propone "cazar zurdos" y juega a los cow boys en compañía del hijo del genocida Bussi.

Como en los tiempos de la dictadura y pese a los esfuerzos del kirchnerismo en contrario, el país está encadenado por la deuda contraída con el FMI y los  acreedores externos de un modo que condiciona fuertemente su desarrollo; y las propuestas económicas de las principales fuerzas de la oposición (incluyendo los "libertarios") tienen una escalofriante similitud con las políticas que desplegara Martínez de Hoz en tiempos de Videla, para beneficio de los gestores reales del cuartelazo. 

Y mientras el juzgamiento de los crímenes de la dictadura sigue siendo en buena parte tarea pendiente, los discursos negacionistas del horror tienen anclaje social, cobertura mediática y hasta cierta potencialidad electoral; al mismo tiempo que las soluciones propuestas para problemas graves como la inseguridad, la violencia o el narcotráfico pasan por "darle manos libres a la policía" o tolerar mayores niveles de violencia institucional, como si no la hubiéramos padecido, o como si alguna vez proceder de ese modo hubiera solucionado algo. 

Pero quizás la mayor herencia negativa de la dictadura que nos acompaña hasta hoy sea -como lo señaló con precisión Cristina el martes pasado- sea el disciplinamiento de la clase política para que se abstenga de emprender caminos de autonomía en busca de la dignidad de las grandes mayorías nacionales, dicho esto no como justificación admisible, sino como contextualización de la resignación imperante. 

Al igual que los golpes que se sucedieron en el país hasta 1976, hoy se distorsiona la leal competencia democrática entre las fuerzas políticas que pugnan por el voto popular, con la intervención aviesa de bolsones de autocracia y privilegio, como la corporación judicial; que responden a los mismos intereses a los que respondían los centuriones militares, o los escuadrones de la muerte.  

Como decíamos al principio, éste año celebraremos 40 años de vigencia ininterrumpida de la democracia, pero compelidos a discutir qué democracia estamos sosteniendo, en qué plano y con qué nivel de profundidad; porque una democracia que convive con niveles intolerables de pobreza, exclusión y desigualdad en la distribución del ingreso, ya debería empezar a llamarse de otra forma.

Construir, entonces, una verdadera democracia que nos contenga a todos y en especial a los más humildes debe ser el imperativo moral de la política y la militancia, al mismo tiempo que el mejor homenaje a los compañeros que ya no están físicamente con nosotros. Porque habremos derrotado a la dictadura cuando dejemos definitivamente atrás el país que nos dejaron, con un genocidio -además de político- económico y social planificado; con beneficiarios y -sobre todo- perjudicados bien concretos.

jueves, 24 de marzo de 2022

LA EFICACIA DEL HORROR

 

"Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.".

"En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.".

"Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.".

"Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete. Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".".

"El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos". Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.".

Los párrafos que abren el post fueron extractados de la "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar" de Rodolfo Walsh, escrita cuando se cumplió el primer aniversario del golpe del 76'. Como para que se vea que ya entonces estaba clarísimo que los militares eran simplemente los ejecutores del cuartelazo y de la salvaje represión que le siguió, en nombre y para el beneficio de otros; que en su gran mayoría hoy siguen impunes. 

Lo cual debería bastar para darnos una idea real de la densidad de su poder, que atraviesa casi indemne cuatro décadas de democracia; no solo en lo que específicamente tiene que ver con las responsabilidades que les caben a encumbrados miembros de ese poder real, en las graves violaciones a la derechos humanos producidas en el país a partir de la asonada de la que se cumplen hoy 46 años, sino en sus consecuencias que aun hoy padecemos. 

Así como el golpe fue instrumentado para clausurar, de una vez por todas, el ciclo de la Argentina peronista iniciado en 1945, luego de él se ejecutó un plan perfectamente orquestado para remodelar la sociedad argentina, su estructura, sus clases, su aparato productivo, su organización social y su historia de luchas; con alcances que perduran hasta hoy. Es común decir -con temple militante- que no nos han vencido, pero no es menos cierto que tampoco pudimos vencerlos, en ese aspecto.

Si bien somos ejemplo en el mundo -tras marchas y contramarchas- por el juzgamiento de las violaciones a los derechos humanos, en especial a los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, también debemos admitir que esos poderes fácticos que instrumentaron en su beneficio el terrorismo de Estado han atravesado estos años con su poder de fuego casi intacto, como lo podemos comprobar -sin ir más lejos- en cada crisis de deuda, en cada proceso de fuga de capitales o cada vez que vamos al supermercado.

Con solo decir que nuestro sistema financiero sigue regido por la Ley 21526 ideada por Martínez de Hoz para introducir al país en la órbita del capitalismo global financiarizado, o que las inversiones extranjeras que vienen al país siguen regidas por la libérrima ley concebida entonces y empeorada por el menemismo, se advertirá hasta que punto la herencia de la dictadura aun camina entre nosotros; sin que esto se interprete como una disculpa a los renuncios y cobardías de los distintos gobiernos democráticos.

Sirve, en todo caso, para poner las cosas en contexto en éste día en que recordamos a los dieron su vida por un país distinto, y a los que sobrevivieron al horror que marcó para siempre sus existencias, y también las nuestras. Ese homenaje a la memoria, ese reclamo de verdad y ese imperativo de justicia que siempre seguiremos enarbolando nunca serán completos si no somos dignos de su ejemplo, y construimos un país como el que ellos soñaron; removiendo todas las injusticias, desigualdades y privilegios cuya instauración, hace 46 años, fue el verdadero propósito del baño de sangre.

jueves, 25 de marzo de 2021

NEGACIONISTAS

 


Ayer nomás, a propósito del Día de la Memoria, decíamos acá: "Pero también este día nos encuentra comprobando, amargamente, que ciertas certezas no eran tan sólidas ni extendidas como pensábamos, y que muchas imposturas hijas de la corrección política -o los climas de época, irresistibles- dan paso a las pulsiones profundas por reivindicar aquel horror, en clave presente.

Porque hoy, a 45 años de aquel día trágico que fue apenas el primero de muchos días trágicos, sentimos -como una premonición indefinible, pero no por ello menos real- que convivimos a diario con quienes si pudieran, volverían a hacer exactamente lo mismo que entonces."

"Seguramente -en ésta era de ficciones consentidas en las redes sociales- veremos repudios de ocasión a lo sucedido hace 45 años, que se dejarán de lado mañana, para volver a la "total normalidad" que una vez fue tapa. Porque el "videlismo" preexistió a Videla -de hecho lo creó y lo puso a jugar su rol de asaltante de las instituciones elegidas del voto popular-, y lo sobrevive; como que expresa el pensamiento y los deseos profundos de buena parte de la sociedad argentina.".

El repaso de los medios y las redes sociales ayer confirmó las presunciones, y acaso las haya superado: el silencio del poder económico (los grandes empresarios, sus sellos emblemáticos, esos que viven planteando pliegos de exigencias al poder democrático) fue estruendoso, y revelador.

No hubo -como no la hay nunca- la más mínima mención a la fecha, y su significado. La estruendosa omisión de la fecha en la tapa de La Nación se hermana en el tiempo con el "Total normalidad" de Clarín de aquel 24 de marzo de hace 45 años, unidos por el hilo visible de Papel Prensa, el obsequio con el que la dictadura correspondió su complicidad. 

Como no hubo nunca en éstos años algo parecido al arrepentimiento, la autocrítica o la toma de distancia de aquel horror, por parte del poder real: es como si -simplemente- no hubiera ocurrido, o ellos no tuvieran nada que ver. 

Que es justamente lo hasta acá viene decidiendo -por omisión ý encubrimiento cómplice- la justicia argentina, al dejar dormir los juicios que ventilan las responsabilidades de los autores e instigadores civiles de la matanza. Los mismos que, cuando delinean un programa económico y reclaman medidas al gobierno de turno, repiten casi calcados los anuncios de Martínez de Hoz aquel 2 de abril de 1976; porque de hecho fue "su" programa; el que expresaba y aun hoy expresa sus intereses..

Y después están los negacionistas asumidos, que no tienen empacho en negar o minimizar en público la tragedia, o peor aun, justificarla. Porque para gente como Gómez Centurión -por ejemplo- la discusión por los desaparecidos nunca fue matemática: prestemos atención a la remera del tuit de apertura, en lo más macabro: "No fueron inocentes".

Allí está, brutalmente expuesto para el que lo quiera ver, el "en algo habrán andado", "ellos se lo buscaron", "fue una guerra y en toda guerra hay bajas", "si vos no andabas en nada raro no te pasaba nada". Allí está la justificación de lo injustificable: las violaciones, las torturas, las apropiaciones de niños, los vuelos de la muerte, las desapariciones, los fusilamientos.

Y la justificación (que es el corazón conceptual del negacionismo) no pretende solo impunidad por el pasado: está advirtiendo que volver a perpetrar el genocidio, es un futuro posible. Porque las fronteras entre los "subversivos" del orden establecido y sus defensores sigue, en sus mentes tenebrosas, tan difusa como en los años de plomo.

No hay que caer en el error de confundir a los negacionistas con la pobre perfomance electoral de tipos como Gómez Centurión: si a él lo votó apenas un 1 % no es porque niega las desapariciones, o cuestiona su número, sino porque nunca tuvo chances reales de acceder al poder. Porque a Macri, que piensa lo mismo que él pero podía ganar una elección, lo votó el 40 %, después de su desastroso gobierno. Entre otras cosas, porque piensa igual que Gómez Centurión sobre lo que ocurrió en la dictadura.  

Los argentinos nos debemos una discusión sobre como tratar al negacionismo y los negacionistas, si queremos de una buena vez sentar las bases sólidas de una democracia duradera, en la que nadie se sienta tentado de conseguir por otros métodos lo que le niegan las urnas, o que suponga que exterminar a los adversarios es un recurso político legítimo, al que se puede apelar llegado el caso.

Como reza la paradoja de Popper, acaso tengamos que ser intolerantes con la intolerancia, y como hizo Alemania después del nazismo, los campos de exterminio y los juicios de Núremberg, los que nieguen el genocidio argentino o intenten justificarlo, deban pagarlo con la cárcel. Como para que aprendan que hay cosas con las que no se juega.  

Tuits relacionados: 

miércoles, 24 de marzo de 2021

LA CRÍA DE VIDELA

 


Todos los 24 de marzo son días para la evocación del pasado, y para la reflexión del presente, y ambos aspectos están en íntima y permanente relación. A veces, el pasado explica el presente, o nos ayuda a transitarlo con un norte, una referencia, una idea. De país, de sociedad, de la política, de nosotros mismos. Es una de las formas -posibles- de sentir que tanto dolor no fue en vano, que sirvió para marcar un camino.

A veces -menos frecuentes, pero las hemos tenido- el presente reconforta, y se vive como una compensación por tanto dolor pasado. Sobre todo cuando ese presente arroja memoria y verdad, y realiza la justicia, en sus múltiples dimensiones. Comenzando, claro, por la que les debemos a los que no están.

Este 24, como el anterior, nos encuentra en pandemia. Sin poder ganar la calle para encontrarnos y abrazarnos en multitud, para fortalecernos mutuamente; en una coyuntura crítica que pone en juego esa solidaridad que encarnaron en sus vidas los que no están, pero siguen estando en nuestra memoria.

Pero también este día nos encuentra comprobando, amargamente, que ciertas certezas no eran tan sólidas ni extendidas como pensábamos, y que muchas imposturas hijas de la corrección política -o los climas de época, irresistibles- dan paso a las pulsiones profundas por reivindicar aquel horror, en clave presente.

Porque hoy, a 45 años de aquel día trágico que fue apenas el primero de muchos días trágicos, sentimos -como una premonición indefinible, pero no por ello menos real- que convivimos a diario con quienes si pudieran, volverían a hacer exactamente lo mismo que entonces.

Basta con analizar un poco más a fondo de lo superficial algunas imágenes, como esa bolsas mortuorias con las que decoraron hace poco una protesta, en las propias rejas de la Casa Rosada. O con contemplar el triste espectáculo del ¿debate? en los medios y en cierta "academia en torno a si el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia, fue o no un golpe de Estado, y debe o no ser condenado.

Esa perversa obsesión con la muerte del otro, del adversario político, esa rápida y fácil legitimación discursiva de la ruptura de las reglas de juego democráticas, esa generación de enemigos fantasmales, terrorismos imaginarios y revoluciones latentes que vemos a diario como parte del discurso y de la praxis política nos están diciendo cosas, que cobran su completo y cabal significado un día como hoy.

En el que seguramente -en ésta era de ficciones consentidas en las redes sociales- veremos repudios de ocasión a lo sucedido hace 45 años, que se dejarán de lado mañana, para volver a la "total normalidad" que una vez fue tapa.

Porque el "videlismo" preexistió a Videla -de hecho lo creó y lo puso a jugar su rol de asaltante de las instituciones elegidas del voto popular-, y lo sobrevive; como que expresa el pensamiento y los deseos profundos de buena parte de la sociedad argentina.

Como ese poder económico que instrumentó a los militares para sus designios entonces, y hoy condiciona y erosiona a los gobiernos electos, cuando no gobiernan acorde a sus intereses: dos maneras de ponerle límites a la democracia, dejando de lado su principio fundante, que es la soberanía popular.

Grupos que -por cierto- gracias a sus precisas conexiones en el aparato judicial, han logrado salir hasta acá indemnes de sus responsabilidades en aquel genocidio, perpetrado si no por ellos directamente, para su director beneficio.

Y que desde esa impunidad construida por décadas de conspirar contra la democracia -contra su misma subsistencia antes, contra su sentido último ahora-, se paran en un púlpito imaginario para indicarle que rumbo tiene que seguir y -sobre todo- cual no debe siquiera osar intentar. Porque lo que pasó hace 45 años pasó también, y más que nada, para asegurarse eso: que nadie osara desafiar el orden establecido, en el que ellos están al tope de la cadena alimenticia.

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martes, 24 de marzo de 2020

NO OLVIDAR, NO PERDONAR


Un 24 de marzo distinto, sin marchas, sin gente ganando la calle para dar testimonio de la memoria viva y presente, que clama verdad y justicia.

Con más de uno que, como en la metáfora del dedo y la luna, señala que los que están en la calle son, como hace 44 años, los milicos.

Sin advertir que, escenografías aparte, nos atraviesa hoy el mismo conflicto que nos atravesaba entonces: de un lado los que creen en los valores colectivos, la solidaridad, y una sociedad y un Estado que nos contenga a todos, en especial los que sin esa ayuda, no pueden solos.

Del otro, los cultores del "sálvese quien pueda", "yo, argentino". Los que tranquilizaban su conciencia diciendo (y diciéndose a sí mismo) "si vos no andás en nada raro, no te va a pasar nada".

Si no confundimos el dedo y la luna, aun en este 24 de marzo de calles vacías y gente encerrada en sus casa para protegerse de otra amenaza, concreta pero invisible, lo podremos ver.

E imaginar sin demasiado esfuerzo que estarían haciendo los 30.000 hoy: seguramente ayudando donde hiciera falta, o simplemente acatando solidariamente la consigna de quedarse en casa. Ellos, que hicieron de ganar la calle una forma de militar, y de militar una elección de vida.

Porque en definitivas de eso se trataba entonces, y se trata hoy: si existe un "nosotros" que nos involucra a todos (o por lo menos a las grandes mayorías), y que hacemos para construirlo.

O si impera la ley de la selva, y cada uno mira su propio ombligo; sin importarle en lo más mínimo lo que les pasa a los demás.

De allí que hoy, 44 años después de aquel día trágico, el mejor homenaje que les podemos hacer es seguir su ejemplo, y poner lo que tengamos de poner de nuestra parte, aun en estas circunstancias (sobre todo en medio de ellas) para construir una sociedad regida por los valores por los que ellos abrazaron la militancia.

domingo, 24 de marzo de 2019

15 AÑOS. SIEMPRE NÉSTOR

NUNCA MÁS ECONÓMICO



"La Asociación de Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino – ENAC – presentará el 24 de Marzo ante la sociedad el proyecto Nunca Más Económico que busca sensibilizar sobre los aspectos económicos que no deberían suceder en el futuro si es que queremos conducir a la Argentina hacia la senda del desarrollo económico, social y productivo. Entre las consignas emergen el rechazo a los CEOS en el Gobierno, al FMI o al industricidio.

Simultáneamente en el día nacional por la memoria, la verdad y la justicia, y desde las 00.00hs, se lanzará el sitio www.nuncamaseconomico.org.ar donde se presentará un ciclo de siete entrevistas a referentes en temas de economía, sociología, justicia, finanzas, política, etc donde reflexionarán sobre las distintas perspectivas de la dominación que ejerce el neoliberalismo y los aspectos que no deberían repetirse en el futuro inmediato de la Argentina si es que la queremos conducir hacia una modelo económico, social y político, justo, libre y soberano.


El punto de partida son las palabras que el escritor y periodista Rodolfo Walsh expresó en el punto quinto de su carta abierta a la junta militar: "Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada." Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022 Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.
El proyecto Nunca Más Económico tiene por objetivo clarificar cuales son los caminos que nos llevaron en el pasado y nos llevan en el presente hacia una "miseria planificada" y ensaya una serie de reflexiones que nos permitan mejores orientaciones a futuro."

Más información, acá.

LA CRÍA DEL PROCESO


Todas las dictaduras que padecimos en nuestra historia soñaron con dejar herencia, generando su propia “cría”, y la que se abrió aquel 24 de marzo del 76’ no fue la excepción: simplemente recordemos a Galtieri y el asado de Victorica, en el que reunió a un conjunto de fuerzas políticas que acompañaban al “Proceso” y le proveyeron cuadros, en un intento de prolongarse dentro del sistema formal, como opción competitiva, cuando retornara la democracia. A su turno también lo intentaron la Libertadora y Lanusse, con el Gran Acuerdo Nacional y “su” candidato Ezequiel Martínez.

Pero también hicieron más que soñar: buscaron introducir en la sociedad cambios tan profundos que perduraran aun cuando debieran dejar el poder. Cambios en la economía, en el sistema productivo, en la organización social, en el complejo de ideas instalado, en la cultura, en todos y cada uno de los planos de la realidad. Y tuvieron bastante éxito, porque cada restauración democrática partía de un piso inferior de derechos y standard de vida, y sus avances fueron más módicos, frente al tamaño de los daños inferidos, cosa muy particularmente perceptible en el caso de la dictadura que finalizó en 1983.  

Esta última fue particularmente eficaz en su ensayo de reingeniería social, algo que indudablemente subestimamos en el proceso transcurrido entre 2003 y 2015, confundiendo el alivio de la sociedad por salir de la crisis más profunda que el país conociera, con un verdadero cambio de mentalidad que abandonara definitivamente los paradigmas mentales de la dictadura, que sobrevivieron en la transición democrática.

Lo dicho no quita mérito a las políticas de memoria, verdad y justicia que impulsó el kirchnerismo, sino que con el paso del tiempo y la apreciación hoy del contexto en que se desarrollaron, las agiganta: no fueron -como se dijo- avances fáciles en un terreno llano, frente a un adversario desprestigiado, sino que tuvieron que avanzar contra el sentido común instalado en muchos sectores de la sociedad de que la revisión del pasado era un capítulo cerrado (en la versión amable), o que los milicos tuvieron buenas razones para hundir a la sociedad en un baño de sangre, en la versión “Pando”.

Y hay que seguir bregando por la memoria, la verdad y la justicia porque es la apuesta política por ganar las generaciones futuras, por invertir definitivamente la balanza, por lograr que algo más que el simple transcurso del tiempo y la biología hagan lo suyo, y que el soporte social de la dictadura como sistema de ideas, modelo de país y experiencia histórica a ser reivindicada, sea cada día menos.

En los años de la transición democrática y hasta el advenimiento del macrismo (una fuerza organizada con ideas de derecha, electoralmente competitiva) siempre celebrábamos los ensayos de “democratización” de la derecha, sobre el supuesto de que era preferible que compitieran con las reglas del sistema; sin advertir que se alimentaban de los fracasos de la democracia en términos de concreción de las expectativas ciudadanas, esos mismos fracasos cuyas bases ellos habían preparado concienzudamente cuando gobernaron el país sobre la punta de las bayonetas.

Finalmente cuando la “grieta” (que no la inventó el kirchnerismo, ni mucho menos, sino que viene desde el 55’, como mínimo, si no desde 1810) se hizo más visible con el kirchnerismo los desafiamos (“armen y partido y ganen las elecciones”), y ellos lo hicieron, lo lograron y llegaron al poder; para una vez allí “liberarse” de los moldes que impone la corrección política en clave democrática, y los resultados están a la vista: presos políticos, espionaje ilegal, fuerza de tareas judiciales, represión y estigmatización de la protesta social. Ni hablemos de la matriz común de la política económica, cuyas semejanzas son escalofriantes: ver al respecto este video:



Este gobierno es, genuinamente, la cría del Proceso con la que soñó Galtieri: son los herederos del 55’ y el 76’, los que se sienten llamados a cumplir la misión histórica de terminar con la larga agonía de la Argentina peronista de la que hablaba Halperín Donghi hace tantos años. Los sostiene el mismo núcleo de ideas, y no hacen muchos esfuerzos por ocultarlo: creen (como creía la dictadura) que el problema del país son los que protestan, los que reclaman, los que luchan y se organizan para defender sus derechos, cuando es al revés: el problema son los que se quedan quietos, y se resignan a aceptar que se los quiten.

Pero el problema es que no están solos en el esfuerzo: cuentan con la anuencia (si no el apoyo explícito) de al menos un tercio de la sociedad, base sin la cual ningún intento de organización política electoralmente competitiva es posible. Y esas bases sociales están desperdigadas en las tradiciones políticas más arraigadas (como el peronismo y la UCR), y por eso el PRO pudo formarse sumando también esos pedazos.

No es solo la coincidencia conceptual en las grandes líneas de la política económica, ni la representación de los mismos núcleos de intereses que representó la dictadura del 76’, sino algo mucho más profundo: es la continuidad en democracia del núcleo de ideas fundacionales de la dictadura. Se puede ver a cada paso: en política exterior, en derechos humanos, en la relación con el mundo del trabajo, en la idea misma de la democracia y sus límites, en la mecánica de “corregir los errores” del voto a través de los núcleos duros de poder del sistema institucional, como el Poder Judicial.

Por supuesto que adaptados en sus metodologías a los tiempos y los límites que la democracia impone: el mismo blindaje mediático de entonces, pero sin necesidad de interventores militares en los medios (porque sus dueños de hoy son el soporte civil de aquella dictadura, y parte de la misma comunión de ideas e intereses), sin submarinos ni picanas, ni CONAREPAS, pero con “arrepentidos” y “extinción de dominio”, sin Falcons verde pero con la doctrina Irurzún, con cloacas de inteligencia paralela al servicio de la persecución del adversario político o social.

Contra eso también vamos a volver a confrontar este año en las elecciones, no lo perdamos de vista suponiendo que los consensos básicos sobre el piso común democrático están más generalizados de lo que en realidad están, porque sería un grave error.

Sin entender eso hay una buena parte de nuestra realidad cotidiana que escaparía a nuestra comprensión: esta no es la sociedad del Proceso, pero sí es la sociedad que el Proceso dejó, dentro de la democracia que el Proceso parió, con los límites que le impuso; por ejemplo una generación diezmada -como decía Néstor-, y que estaba llamada a tomar la posta en la conducción de nuestros asuntos como país.

lunes, 26 de marzo de 2018

sábado, 24 de marzo de 2018

HOY MARCHAMOS



Por la continuidad de las causas por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, rechazando todo intento de amnistía o punto final, y por la confirmación de las condenas ya dictadas por la Corte Suprema y los demás tribunales que deben resolver apelaciones, como la Cámara Nacional de Casación Penal.

Por el juzgamiento y condena de los responsables civiles del genocidio, como los Blaquier (cuyo expediente duerme hace un año y medio en la Corte Suprema), los Mitre, Magneto, ejecutivos de Ford y tantos otros que permanecen impunes.

Para que la Corte dicte un nuevo fallo desechando contundentemente la aplicación del 2 x 1 a los genocidas acusados por delitos de lesa humanidad, sin apelar a coartadas ni subterfugios procesales.

Contra el otorgamiento de las prisiones domiciliarias a los genocidas, y por la revocación de las ya otorgadas como pasó con Etcecholatz.

Para frenar el intento de liberación masiva de los condenados en causas de lesa humanidad, con la excusa de la superpoblación carcelaria.

Por la libertad de todos los presos políticos, el cese de la persecución judicial a los opositores políticos y sindicales y la depuración de una justicia corrupta, conservadora y patronal, al servicio del poder económico.

Por la no criminalización de la protesta social y contra el gatillo fácil de las fuerzas de seguridad alentado desde el propio Estado; y por una reforma democratizadora de las fuerzas de seguridad.

Por justicia para Santiago  Maldonado, Rafael Nahuel y todas las víctimas de la violencia institucional.

Contra la reforma laboral flexibilizadora, el intento de ponerle techo a las paritarias y en defensa del salario y el empleo, contra los despidos.

Contra la reforma previsional, el saqueo a los jubilados, el vaciamiento de la ANSES y el intento de retornar al curro de las AFJP.

Contra una política económica que es la repetición de la de la dictadura, ejecutada hoy por los herederos de sus beneficiarios directos.

En defensa de la educación pública gratuita y contra los intentos de vaciarla, desfinanciándola.

Por los 30.000 compañeros desaparecidos, más presentes ahora que nunca.

Por las Madres y las Abuelas, que nos enseñaron con su ejemplo de dignidad y lucha en los años más oscuros, y nos siguen enseñando todavía hoy a no renunciar nunca a la lucha.

Por los nietos recuperados y los que todavía nos falta encontrar.

Por todo eso, este 24 marchamos con más motivos que nunca.

viernes, 24 de marzo de 2017

HOY MÁS QUE NUNCA, A LLENAR LAS PLAZAS DE TODO EL PAÍS


Cada aniversario del golpe del 76’ estuvo siempre cruzado por los vínculos entre el pasado y el presente, entre el reclamo por memoria, verdad y justicia y su traducción en clave política actual; para interpretar e iluminar cada coyuntura.

Por esas mismas razones los sectores que acompañaron el golpe y se beneficiaron con él fueron siempre particularmente insistentes en apostar al olvido y la impunidad, y a cerrar toda revisión del capítulo más negro de nuestra historia: porque de ese modo evitaban que la sociedad reflexiones sobre el hecho objetivo de que nunca tienen en realidad nada nuevo para ofrecerle, sino que intentarán –una y otra vez- imponerle el corset de un proyecto de país que excluye, al cual le sobran varios millones de argentinos.

Y éste 24 de marzo, lejos de ser la excepción, permite verificar la regla con más contundencia que nunca, mucho más incluso que en los oscuros años del menemato: a la escalofriante similitud de las políticas económicas que hoy soporta el país con las que en su momento descargó la dictadura, hay que sumarles reiterados y graves retrocesos en materia de derechos humanos (actuales, y en la reparación de los violados por el genocidio); como no se hay registro en los tiempos de nuestra transición democrática post dictadura.  

Que las actuales políticas económicas tienen una línea de continuidad histórica con las de la dictadura es algo que cualquiera puede constatar, con solo prestar atención a las semejanzas en los medios empleados y en los resultados producidos; y con solo repasar la lista de los sectores a los que favorecen, y a los que perjudican.

Un modelo de valorización financiera que convirtió en meses al país en un terreno fértil para la especulación financiera, mientras crece exponencialmente la deuda externa, se desmantela toda forma de protección de la producción y el trabajo nacional, y al compás de la apertura se destruye empleo y tejido industrial; mientras se vuelven a ensayar las remanidas fórmulas de recortes de derechos a los trabajadores, para superar lo que se conceptúa como “alto costo laboral argentino”. Y tal como entonces, los principales grupos económicos del país tomaron por asalto el aparato estatal, para colonizarlo y ponerlo al servicio de sus negocios.

También como en las vísperas de aquél golpe, un contexto regional adverso y complejo parece invitar a sumarse a los vientos de la restauración neoliberal, como si se tratase de una corriente irresistible que forzosamente debemos seguir; mientras el “procesismo” cultural recupera posiciones, desde los medios hegemónicos y el propio gobierno: abundan las expresiones negacionistas del horror y las apelaciones a “la memoria completa”, y hay torpes y desembozados intentos de re-escribir la historia (y hasta el almanaque) a través de un nuevo “relato”; que se sobreponga al que las mayorías nacionales tienen asumido sobre lo que fue la dictadura, sus causas, sus motivaciones y sus lacerantes efectos sobre el cuerpo social argentino.

Con los reflejos adquiridos en los tiempos de la “total normalidad” y los “muertos en enfrentamientos” de la dictadura, el aparato mediático dominante sindica como agitación subversiva o intento desestabilizador toda forma de protesta o reclamo social; y ante las graves violaciones a los derechos humanos apuntadas incluso por organismos internacionales (como ocurre con la situación de Jujuy y Milagro Sala), vuelven las voces que denuncian una “campaña anti-argentina” orquestada en el exterior con apoyos nacionales; como en los mejores tiempos de “los argentinos somos derechos y humanos”.

En lo específicamente vinculado a las causas judiciales por delitos de lesa humanidad, otra vez la posibilidad del avance de las mismas descansa exclusivamente en la lucha de los organismos, frente a un gobierno que desmantela sus programas y estructuras creadas para ello, y desiste de las querellas contra los responsables civiles, que son los verdaderos sostenes y apoyos del proyecto político gobernante. El mismo gobierno que solo tiene interés en aquéllas causas que pueden dañar políticamente al kirchnerismo, como las que se siguen contra el ex jefe del ejército Milani.

Que decir de los severos retrocesos que experimenta nuestra experiencia democrática con la existencia de presos políticos, la represión de la protesta social, la persecución a los dirigentes sindicales que defienden los derechos de los trabajadores, o el despliegue de una batería de insólitas iniciativas para quebrar las huelgas: registros de “voluntarios”, premios por “carnerear”, amenazas de retirar la personería gremial, descuento de los días de paro pese a que la justicia ordenara devolverlos.

No casualmente, un combo de medidas que la original ley de contrato de trabajo del tercero gobierno peronista proscribía expresamente en sus artículos 244 y 245, luego mutilados por la dictadura, como tantos otros que consagraban derechos a favor de los trabajadores: otra vez el espejo que nos devuelve imágenes del pasado.

Mientras el presidente se jacta en decir que las huelgas, marchas y movilizaciones son expresiones de la democracia con las cuáles él no comulga porque “no sirven”, su gobierno persigue a los jueces que fallan a favor de los trabajadores; y los funcionarios responden al pedido de leña y palos del periodismo cómplice reclamando -en caso de dispensarlos- nuevos titulares que los exculpen de las consecuencias; como aquélla tristemente célebre tapa que adjudicaba a “la crisis” las muertes de Kostecky y Santillán.

Sin la necesidad de operar en las sombras y movilizarse en Falcon verdes, los grupos de tareas formados por servicios de inteligencia fuera de todo control democrático, los periodistas que abrevan en esas cloacas (y en esos sobres) y los jueces de la servilleta de Stiusso arman causas judiciales a los opositores políticos; y acumulan carpetas incluso contra los propios miembros del gobierno, para utilizarlas, llegado el caso y si les fuera necesario.

Tal como sucedió en la dictadura, el proyecto de exclusión económica y las formas de represión política y social van inseparablemente de la mano: en la medida que la derecha intenta profundizar su modelo se comprueba una vez más aquello de que “no cierra sin represión”: poco tardamos en comprobar que la “nueva derecha” de la “revolución de la alegría” busca los mismos objetivos que la vieja de los “Procesos” y “Revoluciones”; y está dispuesta a emplear métodos similares para conseguirlo, tanto como se lo permitan los límites democráticos (al filo de los cuáles juega permanentemente) y la resistencia social.

Seguramente este Día de la Memoria estará signado por la masividad de las marchas y actos en todas las plazas a lo largo y ancho del país, una masividad que se vino construyendo en cada protesta, en cada paro, en cada movilización en defensa de un derecho amenazado o conculcado; y por eso éste 24 de marzo en particular tendrá -no lo dudamos- una potencia política actual y presente en todo el país, para mandarle al gobierno y al bloque de poder que lo respalda, un mensaje claro que es un nuevo “Nunca Más”.

Hoy vamos a llenar las plazas para decirle que somos muchos los argentinos que no estamos dispuesto a tolerar que la historia se repita, por el simple hecho de que ellos interpretaron un triunfo electoral como si fuera un golpe de Estado que les otorgaba un cheque en blanco para hacer lo que se les plazca, mientras nos acusan a nosotros de desestabilizadores y golpistas, por tratar de impedírselo.