LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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viernes, 13 de febrero de 2026

LA VÍSCERA MÁS SENSIBLE

 

Diez años y dos meses pasaron desde que Cristina se asomó por última vez al balcón de la Casa Rosada como presidenta de los argentinos. Durante todo ese tiempo nunca dejaron de perseguirla mediática y judicialmente, hasta lograr su condena con prisión efectiva e inhabilitación para ocupar cargos públicos, hace casi ocho meses.

Tres años y cinco meses pasaron desde que intentaron asesinarla en vivo y directo por las cámaras de la televisión, en horario central; sin que hasta hoy se sepa quienes fueron los autores intelectuales del intento de magnicidio; aunque es fácil suponerlo. El discurso que abre el post es de hace 14 años atrás, y la advertencia que ella formulara entonces -como tantas otras veces- se empezó a cumplir en la madrugada del jueves, con la media sanción de la reforma laboral.

En esa década larga desde que el kirchnerismo (en su versión original) no gobierna el país y frente a la experiencia macrista primero y frente al fenómeno libertario después, nos inundaron con análisis tendientes a "complejizar" las cosas, que muchas veces no fueron más que distractores del dato esencial: desde el 2015 para acá (incluyendo la fallida experiencia del gobierno del FDT) los salarios viene perdiendo por goleada la puja distributiva, la distribución social del ingreso es cada vez más regresiva y la ofensiva del capital para precarizar condiciones de trabajo es -como en los tiempos en que Cristina gobernaba- sostenida y permanente.

De allí que haya que desconfiar de todas esas lecturas "complejizadoras" que omiten ese dato relevante, como el igualmente relevante -e íntimamente conectado- de la persecución, intento de magnicidio, condena y proscripción de Cristina. Tan conectado que corrida ella de la escena, están a punto de lograr con Milei lo que no pudieron con la dictadura, ni con Menem ni con Macri: retrotraer el estado de la legislación y las relaciones laborales en el país a 1943.

Y no se trata de que Cristina sea un personaje excepcional (que sin dudas lo es), sino de que su persecución ha logrado hasta acá en el campo de la política (incluyendo al peronismo) el efecto aleccionador buscado; y de allí que no haya que extrañarse que engendros como la reforma laboral escrita por los estudios jurídicos que asesoran a las más grandes empresas y grupos económicos del país y formalmente presentada por LLA en el Congreso haya tenido un respaldo tan generalizado, y al mismo tiempo tan débil resistencia sindical, considerando lo que estaba en juego. 

El conflicto central de la Argentina sigue siendo el mismo que era en 1945, y parió el 17 de octubre, pero en el medio pasaron cosas, que todos podemos recordar, o leer en los libros de historia. Y la víscera más sensible del hombre sigue siendo el bolsillo como decía Perón, aunque esa verdad de puño la recuerden con más frecuencia los empresarios, que muchos trabajadores.

Si perdemos de vista esa verdad tan sencilla y elemental -que nos refrescaba Cristina hace 14 años- no vamos a entender nada, por más esfuerzos intelectuales que hagamos para "complejizar" el cuadro, o tomar nota de las (muchas) cosas que cambiaron desde entonces, mientras por detrás siguió siempre vigente lo principal: la disputa por el reparto de la torta.

Y no solo no vamos a entender nada sino que, como peronista y por ende parte del movimiento nacional y popular (hoy en tiempos de derrota y retracción) quedaremos condenados a la extinción, o como decía Cooke, a la esterilidad histórica. Ojo, hay hoy (como hubo incluso con Perón vivo) quienes nos proponen ese camino: acomodarse al solcito del status quo, y permanecer como sus garantes contribuyendo a la "gobernabilidad".

Con el cuento de la "complejización" y las "autocríticas" (que curiosamente nunca llevan a profundizar el rumbo seguido por los gobiernos de Néstor y Cristina, sino a abandonarlo) quieren que pensemos que las viejas banderas históricas han perdido vigencia, cuando la tienen más que nunca. Tanto, que ellos se ocupan de perseguir concienzudamente a cualquiera que se atreva a volver a levantarlas, e intentar ponerlas en práctica: que lo diga Cristina si no.

Banderas que a su vez están entrelazadas entre sí, al punto que Perón pudo señalar como objetivos de su movimiento la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo; o como dice la novena de las 20 verdades: "La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.".

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lunes, 1 de julio de 2024

50 AÑOS DE INMORTALIDAD


Se cumplen hoy 50 años de la muerte de Perón, el trágico y triste día en el que muchos supusieron (y muchos aun lo siguen pensando hoy, dentro y fuera del peronismo) que se terminaba el peronismo: en palabras del almirante Rojas, "muerto el perro se acabó la rabia".

Y sin embargo acá estamos: maltrechos, cachuzos, confundidos, dispersos, bajo ataque y en derrota, pero estamos. Sin terminar de construir la organización que venza al tiempo, y sin terminar de asumir -porque tampoco nos dejan- que somos sus únicos herederos. Pero estamos. 

Pasaron 50 años desde que murió el tipo que protagonizó con centralidad absoluta la política argentina durante los 30 años anteriores, y que en estos 80 años transcurridos desde que emergió a los primeros planos, fue y es la figura política más importante de nuestra historia. La medida de su grandeza la da el recuerdo emocionado del pueblo, y la pequeñez de sus  enemigos, que han reducido todo su programa para el país a terminar con su obra y su recuerdo.

Para que negar que en ese empeño, que un gorila notorio como Halperín Donghi bautizó como "la larga (demasiado, le faltó) agonía de la Argentina peronista" han tenido éxitos, fruto de su persistencia. Acaso no tanto como desearían porque -como decíamos al principio- seguimos estando, y aun quedan en pie ejemplos concretos de la obra de Perón. Pero se están encargando concienzudamente -con ayuda de las traiciones y deserciones del propio peronismo- de modificar ese estado de cosas.

Recordar la muerte de Perón y su finitud biológica es humanizarlo, y humanizarlo es recrearlo en la perspectiva de su verdadera grandeza: no una figura para el mármol o el bronce -como los portadores del peronómetro que reducían la preservación de su legado a mausoleos y estatuas-; sino alguien inserto en la corriente de la historia, como un liderazgo excepcional surgido del pueblo, y retroalimentado en el diálogo con él. Sin eso  (y sin la estrechez de miras gorilas, claro) no se explican la resistencia peronista y su retorno al país para morir en él, aun sabiendo que era el final más posible.

Hoy lo deshumanizan los que -contra su enseñanza- lo cosifican en formulaciones doctrinarias que devienen catequéticas y artículos de fe que explican por sí mismos toda la realidad, como si nunca lo hubieran leído al propio Perón. Que si algo hizo fue contener y expresar a lo diverso (muchos "progres" de su época, como Manuel Ugarte, se hicieron peronistas), pero nunca contuvo a todos, ni lo intentó: siempre tuvo claro que en el peronismo no había lugar para los Braden y los Pinedo, y todo lo que ellos expresaban. 

Hoy los que trafican con su nombre como contraseña para ocluir todo debate interno y macartear a gusto piden excluir lo diverso, pero contener lo antitético, lo que claramente juega para los enemigos de Perón y del pueblo argentino, hace 50 años y hoy. Una rara forma de hacer peronismo en la que no hay lugar para Grabois, Ofelia Fernández, el feminismo o Kicillof, pero sí para Pichetto, Scioli, Llaryora, Jaldo o Randazzo.

Humanizarlo a Perón es ponerlo en perspectiva histórica, con sentido de pedagogía política, para aprender de sus grandes realizaciones visionarias que hoy son patrimonio común de todos los argentinos: la protección de los trabajadores, la gratuidad de la universidad, el voto femenino, el programa nuclear, y tantas otras cosas. O las que marcan la necesaria hoja de ruta de un proyecto nacional de dignidad y justicia: la nacionalización del comercio exterior, la política exterior autónoma, la apuesta al desarrollo industrial, la redistribución del ingreso nacional a favor de los sectores populares. 

Pero también humanizarlo a Perón es aprender de sus transigencias cuando debía ser intransigente  (el mismo se arrepentiría años después de su conducta frente al golpe del 55') y viceversa, sus intentos conciliatorios no correspondidos por los odiadores de siempre (porque a él también le ocurrió), sus tolerancias con los ladrillos de bosta que debían ser contenidos pese a todo, y sus distancias con gente como Mercante, Sampay, Jauretche o Cooke. 

De todo se aprende en la vida, y Perón no fue la excepción: todo su derrotero político nos deja enseñanzas para el hoy. Nos permite por ejemplo advertir que entre el contrato de la California (que fue blandido por un nacionalismo que fungió de idiota útil de la oligarquía contra el presidente que había puesto en la Constitución del 49' el artículo 40 que reservaba para la nación el dominio de los recursos naturales estratégicos) y el RIGI hay tanta distancia como la que hay desde la Tierra a la Luna. Y uno no fue aprobado por un Congreso donde el gobierno tenía amplia mayoría, mientras el otro salió con fritas.

Hoy que todos parecen descubrir la clarividencia política, es preciso recordar que Perón fue lo que fue, precisamente porque leyó con claridad su tiempo, con sus demandas y sus insatisfacciones: no fue -como se decía entonces- el candidato de un régimen que pretendía perpetuarse en el poder, sino el emergente político de una Argentina nueva, ignorada hasta entonces. No es tanto que supo como hablarles a los trabajadores (y más que hablarles, responderles con hechos concretos), como que fue el primero que -de verdad- se puso a escucharlos: tremenda lección para estos tiempos de confusión y perplejidad.

martes, 17 de octubre de 2023

¿CUÁNTO PERONISMO QUEDA?

 

A 78 años del Día de la Lealtad, ¿Cuanto peronismo queda en la sociedad y cuanto peronismo queda en el peronismo? ¿Qué significa hoy en día el peronismo, o ser peronista, que queda de aquello que movilizó a las masas el 17 de octubre?

Para responder a esos interrogantes no basta remitirse a los resultados electorales, aunque ciertamente estos pueden darnos una pista. Tampoco se puede responder con mecanicismos matemáticos para tomar nota que, desde el 54 % de Cristina en el 2011, el peronismo ya no es automáticamente la expresión política (y electoral) mayoritaria de la sociedad argentina. Quizás tampoco lo era ya entonces, habida cuenta del alto porcentaje de voto "fluctuante" que alimentó esa cifra, para migrar en todo o en parte elección tras elección. 

Se podría decir que no lo es (mayoría) desde bastante antes, tanto que en la reforma constitucional de 1994 Menem hubo de conceder introducir el balotaje que había ensayado Lanusse en el 73' para frenar el seguro regreso del peronismo al poder, pero con una fórmula distinta a la tradicional, y más asequible para la primera minoría. Claro que eso también nos remitiría a la pregunta ¿Fue Menem peronista, o mejor aún, su gobierno puede considerarse atribuible a la tradición histórica del peronismo?

Curiosamente -o no tanto- en las elecciones que tendremos en 5 días el peronismo corre el riesgo de quedarse afuera de un eventual balotaje entre dos formulaciones del antiperonismo, a cual de ellas más gorila. Y si lo evita será para competir en una eventual segunda vuelta, teniendo que captar parte de ese voto "flotante" que cambia de un comicio al otro, y no pocos votos del antiperonismo: ¿Significa eso que la sociedad también está redefiniendo los límites de su propio gorilismo, o dicho de otro modo, cuanto de los "70 años de peronismo" está dispuesta a dejar atrás, y cuanto quiere conservar, aunque jamás admita que se lo debe al peronismo ?

Porque en éstas elecciones hemos retrocedido al punto en el que estamos discutiendo la educación pública gratuita (incluyendo a las universidades), la salud pública gratuita, la cobertura previsional solidaria y universal, los derechos de los trabajadores y -no explícitamente, pero sí en las consecuencias implícitas en los proyectos en pugna- la distribución del ingreso; y como consecuencia o suma de todo eso, cuan cohesionados, inclusivos, justos e integradores queremos ser como sociedad, y a que costo.

O sea que sí, estamos discutiendo el peronismo y su herencia histórica; aunque para ocultarlo -como siempre- recurran a la caricatura que ellos han construido del peronismo, y que muchas veces el propio peronismo se empeña en replicar: una maquinaria desideologizada y pragmática de poder, dispuesta a cualquier componenda con tal de conservarlo, sostenida en una red de corrupción y clientelismo. 

Es decir, una imagen más parecida al conservadurismo de la "Década Infame" y el fraude patriótico que el peronismo vino a desterrar, porque Perón, señores, fue el primero en combatir a la "casta", concepto tan de moda por estos tiempos: la de aquel entonces era la de los políticos venales y corruptos que practicaban el fraude o lo toleraban, y el de los empresarios esclavistas que explotaban a sus trabajadores negándoles todos los derechos, en especial el de disfrutar de parte de la riqueza que contribuían a generar con su esfuerzo.

Cuanta agua habrá corrido bajo los puentes (de la sociedad argentina y del peronismo) para que la rebeldía que entonces encarnaron los cabecitas negras que cruzaron a nado el Riachuelo, hoy esté en manos de desclasados -o resultados de la destrucción de la sociedad peronista que comenzó la dictadura y perfeccionó el menemismo- y tenga por objeto explícito terminar con ese modelo de país que entonces los trabajadores salieron a defender, en la persona de Perón.

Las respuestas no son sencillas, o sí: si el domingo una mayoría de los argentinos decide que todo eso que el peronismo vino a instalar o profundizar en la Argentina para construir la sociedad más equitativa y con mayor movilidad social ascendente de Argentina merece ser conservado, recuperado o profundizado (ponga cada uno el verbo que le parezca, en el orden que lo crea), el peronismo podrá volver a ser mayoría ya no en un comicio circunstancial, sino en la sociedad, como identidad política mayoritaria de los argentinos. 

Para lo cual -y aquí si cabe volver al 54 % de Cristina en el 2011, y detenerse allí- deberá ser cada vez más peronista, no menos. Mal que les pese a los maestros de la "realpolitik", cada giro del peronismo hacia ser algo distinto o menor o más complaciente con los que lo odian y lo combaten de lo que es, redundó más tarde o más temprano en una merma de su caudal electoral, y de su gravitación política. 

Si hasta la travestización neoliberal de los 90' hubo de sostenerse en una ficción consumista que, más tarde o más temprano, se revelaría insostenible como se reveló; y terminó en su mentor huyendo como rata por tirante de un balotaje que sabía perdidoso por paliza, de antemano. 

Desde aquel 17 de octubre de 1945 el peronismo ha sido perseguido, proscripto, fusilado, desaparecido, "lawferizado", difamado y caricaturizado, pero jamás superado, aun siendo derrotado en las urnas. Es decir, nunca se impuso en la Argentina posterior a esa fecha (ni luego del 55') un modelo de sociedad en el que el peronismo fuera innecesario, porque los conflictos que vino a plantear, o los reclamos pendientes de los que fue simplemente el vehículo político estuvieran resueltos. 

sábado, 1 de julio de 2023

PERÓN, NECESIDAD Y VIGENCIA

 

Los 49 años de la muerte de Perón sorprenden al peronismo -tal como entonces, cuando Perón nos dejó físicamente- sumido en la disputa interna, que no es necesariamente el debate para saldar las inocultables diferencias de proyecto que conviven en su seno. Y por supuesto aprendizaje democrático -y dictatorial- mediante, la disputa no se dirime con violencia. 

Hemos dicho otras veces que el peronismo fue -desde sus mismos orígenes- un territorio en disputa, y en la política argentina "el" territorio en disputa por excelencia: dependiendo del rumbo que tome el peronismo, más o menos consecuente con su justificación histórica, será el rumbo que tome la Argentina. Por acción u omisión del peronismo.

Tal es y sigue siendo su gravitación, tanta que hoy mismo el gorilismo en sus distintas encarnaciones se sigue constituyendo a partir de él, y sus candidatos hacen campaña prometiendo terminar para siempre con él. Porque no nos engañemos: cuando prometen terminar con el kirchnerismo, en realidad como decía Néstor, "somos peronistas, nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio"; porque lo que molesta del kirchnerismo es que es lo que más se pareció al peronismo original.

En eso el olfato gorila es infalible y no se engaña ni despista, como ciertas patrullas perdidas de la ortodoxia que, a poco que se las analiza, terminan diciendo que fue más peronista Menem que Kirchner.  

Se podrá decir que la Argentina de hoy no es aquella que vio morir a Perón hace 49 años, y mucho menos la que vio alumbrar al peronismo original, aquel 17 de octubre de 1945, y no se faltaría a la verdad. La pregunta es cuan distinto es el país en el punto que tornó necesaria la aparición en la escena política de Perón y el peronismo: la injusticia social, la dependencia económica y la falta de independencia política.

Evita decía "Si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho. En nuestros días, ser peronista es un deber", y su sentencia histórica sigue teniendo tanta vigencia hoy como cuando fue pronunciada. Y afirmar esta conclusión es la mejor forma de sortear la trampa que nos quieren tender, y en la que no pocas veces caemos, como hace poco al definir las candidaturas.

Y la trampa consiste en afirmar que los contextos (ciertamente difíciles) y las correlaciones de fuerzas (que nunca fueron sencillas, ni siquiera en tiempos de Perón) hacen inviable al peronismo como proyecto político, porque además cambió la sociedad en la que emergió. Es decir, saltearse de una la discusión sobre la necesidad histórica del peronismo, mientras se lo intenta mantener vigente como simple liturgia que se activa en tiempo de elecciones, o dispositivo de poder burocrático sin sentido de transformación.

Eso, o comprar (aun sin saberlo) el discurso gorila de que el peronismo fue simplemente el resultado fortuito de una coyuntura feliz, creada por otros; o que los populismos sin plata están destinados a fracasar. En sus tiempos, el propio Perón fue el que se encargó de descalificar esa idea.

Porque  lo que no ha cambiado respecto a 1945 y a aquel 1974 en que Perón murió (antes bien, ha empeorado) -como dijimos- es que el país es socialmente injusto (muy), económicamente dependiente y ha retrocedido en su soberanía interior (el grado de profundidad de su democracia efectiva) y exterior, es decir como se planta frente al mundo, decidiendo por sí mismo su destino, sin tutelajes ni colonialismos de ninguna especie.

Si nos ponemos de acuerdo en eso -como todos los "peronismos" hoy seguramente coincidirán en homenajear a Perón- después podemos discutir como lo revertimos. De lo contrario, si seguimos en la disputa rosqueril de cargos y listas y en un vodevil decadente de egos para no hablar de esas cuestiones porque en realidad no estamos de acuerdo sobre ellas, simplemente -como decía Perón- nos estaremos echando la suerte entre gitanos.

Porque millones de argentinos lo recuerdan a Perón con afecto y cariño y lo lloraron aquel tristísimo 1° de julio de hace 49 años, no precisamente porque fuera un gran rosquero. Tuit relacionado: 

miércoles, 22 de febrero de 2023

DISQUISICIONES SEMÁNTICAS

 

lunes, 17 de octubre de 2022

PLAZA, PUEBLO, LÍDER

 

La plaza siempre estuvo, desde aquel 1810 en el que el pueblo quiso saber de que se trataba. Lo que se esperó por años fue el líder, y hasta que se lo encontró, en aquel 17, pareció que no había pueblo, o por lo menos se gobernaba como si no lo hubiera, o no contara.

Y la plaza dejó de ser el escenario por excelencia de la historia, hasta aquel 17, en que sorprendieron las columnas que convergían, y horrorizaron las patas que se refrescaban en las fuentes. Ese 17 el pueblo llenó la plaza, para rescatar al líder. Y cambió la historia para siempre.

Hubo entonces -como hoy- presuntos dirigentes que dudaban si movilizar por el líder, pero el pueblo pasó por encima de ellos y sus dudas, tomando su destino en sus propias manos. Como diría alguien muchos años después, no estaban dispuestos a dejar que pasaran cosas, simplemente porque ellos dejaran que pasen, sin hacer nada. 

Hoy, 77 años después, el dilema sigue siendo el mismo que alguien planteó aquella noche del 9 de diciembre de 2015, en una plaza llena con un pueblo agradecido y con memoria, como el de aquel 17. Como entonces, va a pasar lo que nosotros dejemos que pase.

El pueblo, cuando lo dejaron sin su líder y le impidieron ir a la plaza, armó un 17 permanente, que duró casi 18 años, hasta reencontrarse con su líder, en la plaza. La historia llamó a ese proceso la resistencia, y así como el 17 fue consagrado como el Día de la Lealtad, de esa lucha nació otro día, el de la militancia. Que no es sino el pueblo organizado, en la calle, en las plazas, detrás de un liderazgo, en defensa de una idea y en la búsqueda de la concreción histórica de un proyecto político.

Y hoy sigue siendo en esencia lo mismo, aunque cundan la decepción y el escepticismo porque se perdió el rumbo, se traicionó el voto, se abandonó el proyecto, se relega al pueblo y con él, a la militancia. Tanto como crece la preocupación por el futuro porque la oligarquía sigue siendo la misma de aquel 17, defendiendo los mismos intereses y privilegios y dispuesta a todo para ello, pero con un poder acrecentado por nuestras dudas y deserciones.

También hace 77 años el líder dudaba, y pensaba en recluirse a la vida privada abandonando la política, están sus propios testimonios. En el sur, para ser más precisos: que cosa la historia, que se empeña en reiterarse a veces. De esas dudas -nacidas en el medio de la derrota que le habían inflingido sus enemigos y el abandono de parte de los propios- lo rescató el pueblo, ganando la calle. 

De la conjunción de ese pueblo que llenó la plaza para rescatar a su líder, con ese líder que correspondió con creces a ese amor, nacieron los 10 años más felices de la historia argentina, medidos en dignidad y derechos.  Otra vez: la historia no es solo evocación, sino también enseñanza, y la moraleja es que cuando confluyen un pueblo movilizado y un liderazgo a la altura de las circunstancias, todo es posible, o en todo caso, sin esa amalgama, nada lo es.

No era fácil entonces, aunque el pueblo no estaba como hoy, atravesado en su interior por contradicciones y fracturas; y estaba Perón, nada menos. Y no es fácil hoy, cuando ellos tiene la misma decisión de siempre, y nosotros nos llenamos de dudas. Pero no hay otro camino que el que recorrieron las masas aquel 17: hay pueblo, hay plaza y hay líder.

domingo, 27 de febrero de 2022

BRADEN O PERÓN

 


En la semana se cumplieron 76 años del primer triunfo electoral de Perón, derrotando a los candidatos de la Unión Democrática. La historia es conocida: la campaña electoral transcurrió sobre el telón de fondo de la injerencia directa y desembozada del embajador yanqui Spruille Braden, apoyando a los candidatos de los partidos tradicionales que se enfrentaron al naciente peronismo.

De lo cual -como se sabe- Perón sacó provecho con astucia, para plantear el dilema que enfrentaban los argentinos en los términos en los que había que plantearlo: "Braden o Perón" era la disyuntiva de hierro entre construir una patria que fuera capaz de forjar por sí misma su propio destino, o continuar condenados a seguir siendo una colonia, cuyos destinos decidían otros; poco importaba si en Londres (como había sido hasta entonces), o en Washington, como parecían querer algunos, y hoy todavía quieren muchos.

El aniversario se ha cumplido en un contexto muy especial, marcado por el conflicto entre Rusia y Ucrania, en el cual la Unión Democrática de estos tiempos ("Juntos por el Cambio") y algún que otro despistado (o inescrupuloso), incluso del campo propio, quieren empujar al gobierno del FDT a un alineamiento incondicional con los Estados Unidos, mostrando por momentos más decisión que estos mismos, en meterse en la guerra en curso.

En el mismo contexto, el gobierno sigue intentando cerrar la negociación con el FMI para renegociar la deuda que nos legara Macri, con un acuerdo cuyos términos aun se desconocen y no aterrizó por el Congreso -porque no se ha firmado- y que motivó la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados, por disconformidad con la negociación. Como hemos dicho, esa renuncia tuvo muchas más repercusiones -incluso al interior del oficialismo nacional- que la postura de Sergio Massa sobre el conflicto en Ucrania, que fue mucho más allá y más lejos que el diplomático comunicado oficial. De hecho, cuesta diferenciar los dichos de Massa al respecto, de los de las principales figuras de la oposición.

El sentimiento anti-norteamericano siempre estuvo muy arraigado entre los argentinos o al menos en la mayoría de ellos, porque es justo decir que otros muchos preferirían que volvieran las "relaciones carnales". Pero desde aquellos meses de 1945 y 1946 en los que se planteó el dilema "Braden o Perón", ese sentimiento es constitutivo del "gen" peronista, porque además está ligado a las banderas fundacionales del peronismo, que hoy son propiedad del campo nacional y popular.

Banderas que además suponen un programa de gobierno, en el que cada paradigma es condición de posibilidad de la existencia de los demás: con el peronismo, el pueblo argentino recuperó su soberanía política tras largos años de fraude, y al hacerlo pudo conquistar su independencia económica, lo que a su vez les dio las bases de sustentación materiales, para construir la justicia social.

El dilema, planteado en esos términos, sigue estando tan vigente hoy como entonces. De hecho, cuando Néstor Kirchner (de quien también se cumplió un aniversario esta semana) canceló totalmente la deuda con el FMI (el mismo al cual Perón no quiso entrar, porque visionariamente sabía lo que representaba) y desendeudó al país con los acreedores privados estaba recuperando la plena soberanía política, para ganar grados de independencia económica, que le permitieran avanzar en un sendero de reconstrucción de la justicia social.

Como se dijo hace poco acá, cuando se anunció el principio de acuerdo con el Fondo: "...políticas como la ley de financiamiento educativo (que llevó la inversión en educación y ciencia al 6 % del PBI), las moratorias previsionales, el Conectar Igualdad, la eliminación de las AFJP, la movilidad jubilatoria, el Programa Procrear, las líneas de crédito productivo obligatorio por la reforma de la carta orgánica del Banco Central, Ahora 12 o la recuperación de YPF no hubieran sido lisa y llanamente posibles, bajo la tutela y supervisión permanente de los técnicos del FMI.".

Si algo han demostrado las reacciones frente al conflicto en Ucrania es que la oposición sigue estando donde estaba en 1945: del lado de Braden, y de su brazo. La discusión, entonces, es hacia adentro: ¿siguen estando todos los que conforman el Frente de Todos de acuerdo con aquellas banderas históricas, y en todo caso la discusión es sobre los métodos, las estrategias o los instrumentos para alcanzarlas o las adaptaciones que exigen los tiempos modernos, que no son los de entonces?

¿O por el contrario hay quienes piensan que ha llegado el tiempo de arriarlas, y sostener otras, como ya ha pasado antes en el peronismo, durante el menemato? Tuits relacionados:   

jueves, 11 de noviembre de 2021

70 AÑOS DE PERONISMO

Hace 70 años atrás, un día como hoy, las mujeres votaban por primera vez en la Argentina, en elecciones nacionales: tras la consagración de los derechos cívicos de la mujer por la Ley 13047 (1947) y todo el proceso de conformación de los padrones femeninos y el otorgamiento de las "libretas cívicas" como documento habilitante, las argentinas pudieron entonces ejercer su derecho, eligiendo y siendo a su vez elegidas: 23 diputadas y 3 senadoras llegaron por primera vez al Congreso de la nación, todas en las listas del peronismo.

Sabido es que Evita, que fuera la gran promotora del otorgamiento de los derechos políticos a las mujeres argentinas, votó desde su lecho de enferma en un policlínico de Avellaneda, tras haber desistido de su candidatura a vicepresidente en el llamado "renunciamiento histórico"; discurso emitido por radio el 31 de agosto de ese año, después del "Cabildo Abierto" del justicialismo en la 9 de Julio en Buenos Aires, el 22 de ese mismo mes.

También fue la primera elección en la que todos los argentinos pudieron elegir a su presidente, porque por primera vez votaron los habitantes de los territorios nacionales que aun no habían sido convertidos en provincias; y al mismo tiempo fue la primera vez en que la elección del presidente y vice de la nación y los senadores nacionales se hizo por voto directo y no por los colegios electorales en el primer caso, y por las legislaturas provinciales en el segundo; porque así lo había dispuesto la reforma constitucional de 1949.

La misma reforma que habilitó la reelección inmediata e indefinida del presidente y del vice, que Perón y Quijano (que ya había sido su compañero de fórmula en 1946) consiguieron al obtener un contundente triunfo con el 63,51 % de los votos, superando a la fórmula radical Balbín-Frondizi que obtuvo el 32,33 %. Entre las mujeres, el triunfo de la fórmula peronista fue aun mayor, superando el 64 % de los sufragios; y los candidatos del oficialismo ganaron en todos los distritos (incluyendo Córdoba y la Capital Federal), y obteniendo todas las gobernaciones provinciales que estaban en disputa.

Pero así como el peronismo revalidaba en la soberanía popular su legitimidad de origen y de ejercicio y se consolidaba en el poder, la tensión política en el país iba en aumento: desde el intento de golpe militar encabezado por Menéndez el 28 de septiembre de ese mismo año, se había decretado el estado de guerra interno (contemplado en la Constitución de 1949), que solo se levantaría para el día de los comicios, para reimplantarse el día después.

Perón había denunciado públicamente en la campaña las vinculaciones de dirigentes opositores como Frondizi, el socialista Américo Ghioldi y el conservador Reynaldo Pastor con la intentona golpista de Menéndez, y sus contactos con oficiales de las fuerzas armadas para convencerlos de derrocar al gobierno constitucional.

El triunfo electoral del peronismo ese 11 de noviembre marcaba, al mismo tiempo, el punto más alto de consolidación del poder popular en la Argentina, al tiempo que el pleno convencimiento opositor y de los sectores del poder económico cuyos intereses fueron afectados por las medidas más transformadoras del gobierno como el IAPI, la nacionalización de la banca o de los depósitos bancarios que, por vías democráticas, el peronismo era invencible; y debía desalojárserlo del poder por la fuerza: promoviendo además un proceso que significó transferirle al trabajo el 33 % de la renta nacional que antes iba a parar al capital, había cruzado un límite que les resultaba intolerable. 

Podría decirse que entonces comenzó a gestarse el nuevo intento golpista que tendría éxito en septiembre de 1955; cuyas primera medidas de gobierno tuvieron por objeto, precisamente, demoler concienzudamente esas transformaciones del peronismo que le resultaban intolerables, más allá de las alegadas banderas "libertarias" bajo las cuales se derrumbaron las autoridades de la Constitución. 

domingo, 22 de agosto de 2021

MOVILIZAR Y ORGANIZAR

 

Se cumplen hoy 70 años del denominado "Cabildo Abierto del Justicialismo", la gigantesca concentración popular organizada por la CGT en la 9 de Julio para proclamar la fórmula presidencial Perón-Perón, para las elecciones de noviembre de ese año. No es ese día, como habitualmente se suele decir -e incluso lo sugiere el video de apertura- el del "renunciamiento histórico" de Evita a la vicepresidencia; algo que tuvo lugar el 31 de agosto, a través de un discurso transmitido por radio.

De hecho, la movilización de la que se cumplen hoy 70 años terminó con Evita diciendo "haré lo que el pueblo quiera", y la mayoría de los asistentes se fue convencida de que aceptaría la candidatura: lo que vino después es historia conocida: en parte por su ya delicado estado de salud -moriría poco menos de un año después- y en mucha mayor medida por las presiones oligárquicas transmitidas vía los altos mandos de las fuerzas armadas a Perón, Eva no fue vicepresidenta: su figura era demasiado irritativa para ciertos sectores, como para que la aceptaran cumpliendo un rol institucional. 

Un mes después y pese al renunciamiento, la intentona golpista de Menéndez daba cuenta de que la oposición había decidido terminar con la experiencia peronista, fuera de las reglas de la democracia, cosa que finalmente terminarían logrando en septiembre de 1955.

Es decir entonces que la inmensa multitud no logró lo que se proponía y para lo que fue convocada, ni siquiera en el momento de mayor fortaleza y poder político de Perón y del peronismo;  porque en política no se trata solo de juntar gente en el espacio público, para conseguir algo. De hecho, fue la mayor aglomeración de personas conocida en el país hasta el acto de Ezeiza para recibir a Perón el 20 de junio de 1973, que también terminó en frustración popular por los enfrentamientos internos en el peronismo.

En ambos casos el movimiento fundado por Perón no salió indemne de los tropiezos: después del "Cabildo" y del "renunciamiento" la muerte de Evita agudizó un proceso de burocratización interna que lo debilitó, dejándolo en condiciones desfavorables para enfrentar los nuevos intentos golpistas, corporizados en el bombardeo a Plaza de Mayo de junio del 55', y la ´"Revolución Libertadora" de septiembre. 

Frente a las vacilaciones del propio Perón -que quiso evitar un baño de sangre, que de todos modos sobrevendría- sectores minoritarios de la sociedad e incluso de las propias fuerzas armadas, pero decididos a cumplir su  objetivo, lo terminaron logrando; porque no temían los daños que podían causar en el proceso. Por el contrario, esos daños eran parte esencial de su estrategia política, para sembrar el terror en el adversario, y paralizarlo.

En Ezeiza y después de otra gigantesca concentración popular -quizás nunca superada en número hasta ahora- las contradicciones internas del peronismo terminaron estallando en un grado tal, que de los dos rotundos triunfos electorales del FREJULI en aquel histórico 1973, al golpe militar del 24 de marzo de 1976 no pasaron tres años. Como siempre: las fuerzas de la antipatria encontraron en los errores y defectos del movimiento popular la excusa propicia para interrumpir la vigencia de las instituciones democráticas, pero la pulsión golpista no se alimentaba de esos errores, sino de los aciertos; que en la medida que ampliaban derechos y construían igualdad, afectaban intereses y erosionaban privilegios.

Sirvan estos ejemplos históricos para entender la importancia política de movilizar a las masas, pero la mucho mayor importancia de organizarlas, para poder concretar transformaciones profundas, hacia una sociedad más justa, libre y soberana, como proclaman las banderas históricas del peronismo. No alcanza con convocar a la gente un día determinado, en un lugar determinado, para escuchar discursos determinados de oradores determinados, y luego volver a sus casas como si hubieran ido a un recital. 

Hay que (por decirlo en términos de la más pura ortodoxia peronista, si se nos permite) encuadrar, organizar, adoctrinar, en síntesis: formar políticamente a los militantes, los cuadros auxiliares y aun el pueblo llano; para que entiendan siempre de lo que se trata, y que es lo que está en juego. Y con el oído en atenta escucha a las demandas que vienen de ese propio pueblo, más que a la voluble "opinión pública" que -en teoría- reflejan las encuestas y sondeos de opinión.

Perón decía siempre que los argentinos éramos un pueblo muy politizado, pero carente de cultura política, y el paso del tiempo no hizo sino darle la razón. Y hay una enorme cuota de responsabilidad de la dirigencia política en que eso sea así, como lo podemos comprobar con descarnada dureza, en ésta campaña electoral que estamos transitando: paupérrima de ideas, de una mediocridad exasperante en los niveles del debate político, ensimismados en la anécdota inconducente, sin discutir ni plantear los grandes temas nacionales, que hacen a nuestro presente y futuro como sociedad. 

No podemos entrar, todo el tiempo, en en una discusión política planteada en el registro de vodevil decadente que la plantean la oposición y los medios hegemónicos, sobre las minucias y anécdotas de la alcoba presidencial. Tampoco reducir el debate político a una guerra de operaciones de prensa, carpetazos o denuncias judiciales.

Por supuesto que no se trata -como pretenden algunos, para ganar autonomía para la política de la rosca y los operadores- de desmovilizar, sino de todo lo contrario: recuperar la capacidad de entusiasmar a la gente para que, con actos en donde gane la calle o sin ellos, sienta que hay un gobierno (más precisamente un proyecto político) que merece ser apoyado y defendido, porque los protege y les garantiza derechos, mejor nivel de vida, expectativas de futuro. Porque sin desconocer el rol de las organizaciones, fue precisamente eso lo que impulsó a millones de argentinos a las call aquel 22 de agosto de 1951, hace hoy 70 años.

Algo de todas estas cuestiones dejó planteadas los otros días Cristina (quien, si no) cuando hablaba del rol de la militancia, las organizaciones y la territorialidad. Ojalá esta vez sus palabras no hayan caído en saco roto; como desgraciadamente viene pasando últimamente.

lunes, 10 de mayo de 2021

POSIBILIDADES

 

Una de las constantes del evangelio gorila es pintar al peronismo como el resultado aleatorio de una coyuntura feliz, la del final de la segundas postguerra. Incluso desde el desarrollismo se hizo escuela con aquello de "las oportunidades que el peronismo dejó pasar", por supuestamente no haber aprovechado esa coyuntura para completar el ciclo de desarrollo del país. 

La idea del "culo peronista" que le permite acceder al gobierno en circunstancias favorables perduró en el tiempo, y si no recordemos cuanto se habló en los años kirchneristas del "viento de cola" por la suba internacional de los precios de los commodities que el país exporta, y ahora otra vez, en un nuevo ciclo alcista.

En esa mirada nunca cuentan las dificultades como la implosión del modelo de la convertibilidad sostenido con respirador por la Alianza hasta el 2001, o la fatal herencia combinada del macrismo y la pandemia. en éstos días.

A la inversa, los gobiernos del antiperonismo parecen siempre -en esa lectura- perseguidos por la fatalidad, y deben afrontar tremendas dificultades, que nunca aciertan a precisar, y que -como sabemos- son siempre el justificativo para los grandes ajustes: "No quedaba otro remedio", será siempre la cantinela.

En ese modo de interpretar la historia y los procesos sociales, estos parecen poco menos que regidos por las leyes de la física o la naturaleza, y no existe el menor espacio para la mediación de la política, o para el diseño y ejecución de políticas públicas desde el Estado para modificar la realidad. Para el discurso gorila, lo que el peronismo toca lo destroza, tirando por la borda el marco propicio que no contribuyó a crear. En el video de apertura, hacia el final, el propio Perón se ríe de esa visión.

Lo que no puede explicar esa lectura de la historia es la persistencia política y electoral del peronismo (es decir, por que la gente insiste en seguir votándolo), y menos que menos, los reiterados fracasos del modelo antiperonista cada vez que se ensaya en el país, sea durante dictaduras militares o gobiernos democráticos.

Demás está decir que ese discurso falaz lo que en realidad encubre es que en el país han existido siempre en disputa distintos proyectos políticos, que expresan e interpretan políticamente distintos intereses, de diferentes sectores sociales.

Los dueños del país no insisten -contra toda evidencia de fracaso- en un determinado modelo político y social para él por obcecación ideológica (que sin dudas existe), sino porque ese modelo tutela sus intereses objetivos, concretos y permanentes. Tanto que incluso tratarán de que el peronismo los ejecute por ellos, aun cuando los haya derrotado en elecciones democráticas.

Que es precisamente lo que está pasando en estos días, cuando le muestran los dientes al gobierno desde las diferentes estructuras de poder que controlan (las grande empresas, el Poder Judicial, los medios hegemónicos) para condicionar sus decisiones, imponerle un poder de veto sobre ellas o disuadirlo de avanzar en cualquier sentido de transformaciones progresivas.

Pero en ese caso el problema radica en que desde el propio gobierno se termina abonando a esa lógica, y disfrazando de consenso una retirada en toda la línea frente a la presión de esos intereses, el abandono del programa votado o la postergación de los intereses objetivos de su base electoral, en búsqueda de ciertos "equilibrios".

Aparece entonces la apelación a la "correlación de fuerzas" como algo coagulado y permanente, que permite avanzar en un sentido determinado, o que impone frenar o retroceder ante el primer atisbo de resistencia. Una visión que olvida que esa correlación es dinámica y se construye y modifica a diario, haciendo política, que es para lo que la gente vota a los que vota.

Y la voluntad de ganar espacios para la autonomía de la política frente a las lógicas corporativas -como hizo Néstor Kirchner con un puñado de votos y un balotaje frustrado en 2003- no es ni más ni menos que la voluntad de ejercer el poder para transformar la realidad, que es en esencia la razón de la política. Es así entonces que no solo no hay que aplicar (aunque sea por presión) el programa del adversario, sino tampoco comprar su discurso: ése que dice que el peronismo (las fuerzas nacionales y populares, en sentido amplio) solo puede gobernar con plata, y en una coyuntura favorable.    

Tuit relacionado: 

miércoles, 24 de febrero de 2021

75 AÑOS DE PERONISMO

 


Un día como hoy pero de 1946, la fórmula Perón-Quijano derrotaba al binomio Tamborini-Mosca de la Unión Democrática por una diferencia de algo más de 280.000 votos, y el entonces coronel se convertía por primera vez en presidente constitucional de los argentinos; que lo volverían a elegir para el cargo dos veces más, honor que hasta acá nadie más ha logrado alcanzar.

Hasta acá es historia más o menos conocida, lo que quizá no sea tan difundido es que, de acuerdo con las tecnologías disponibles para la época, el escrutinio demoró casi seis semanas, hasta el 6 de abril del mismo año en que se conocieron los resultados finales, y se tuvo la certeza definitiva del triunfo de Perón.

Mientras tanto, el país seguía el progreso de los cómputos con la misma tensión que presidió la campaña electoral, y al principio lo primeros distritos escrutados arrojaban una ventaja para los candidatos de la Unión Democrática, lo que parecía confirmar los pronósticos más generalizados que circulaban por entonces.

Los principales diarios de la época (incluso el recientemente lanzado Clarín) daban por descontado que Tamborini sería el próximo presidente de los argentinos. El diario de Noble lo puso -blanqueando así sus preferencias de modo abierto- en su edición del día de la elección

La "Argentina visible y audible" de la que hablaba "Pepe" Rosa no podía concebir otro resultado posible de los comicios, y seguía ignorando -como si no hubiera ocurrido- la movilización popular del 17 de octubre de 1945, cuando el "subsuelo de la patria sublevada" -expresión que inmortalizó Scalabrini Ortíz- se hizo presente en la plaza, reclamando su lugar en la historia.

Perón hizo lo contrario, y por eso las cosas fueron como fueron: tras su sorpresa inicial por la movilización popular que lo rescató de la cárcel y lo devolvió al centro de la escena (sorpresa que consta en su propia correspondencia de esos días, aunque luego él la minimizaría en "Conducción Política"), quienes estuvieron con él durante la campaña electoral y en los días posteriores a la elección son contestes en afirmar que nunca dudó del triunfo. 

El 17 de octubre le demostró que no había arado en el mar, y como los baqueanos expertos, puso el oído en la tierra, para sentir que ese clamor de abajo que hizo temblar el suelo de la Argentina oligárquica se iba a transformar en una avalancha de votos.   

Los grandes diarios, las principales entidades empresarias, la prensa internacional, las embajadas, el Foerign Office y el Departamento de Estado apostaban a la victoria de la Unión Democrática: sabido es que el embajador yanqui Spruille Braden fue el virtual jefe de campaña de la alianza antiperonista. Incluso los "locales" eran más optimistas que los propios diplomáticos extranjeros -cautos en sus informes reservados a sus superiores- sobre el resultado de la elección.

Pocos días antes de ella y aunque Braden ya no estaba en la Argentina, el Departamento de Estado dio a conocer un informe que se popularizó como el "Libro Azul", un libelo en el que trataba de dejar pegado a Perón con el nazismo derrotado en Europa, que fue el eje bajo el cual la oposición al coronel desarrolló toda su campaña. Perón vio la oportunidad, y no la dejó pasar: la antinomía "Braden o Perón" marcó desde entonces el eje real sobre el cual los argentinos irían a las urnas.

Del escueto relato hasta aquí realizado, surgen no pocas similitudes con la campaña electoral del 2019, que culminara con el triunfo en primera vuelta del "Frente de Todos". Por ejemplo, el "Libro Azul" de estos tiempos fue la abierta intercesión de Trump para que el FMI habilitara al gobierno de Macri un préstamo gigantesco, en condiciones contrarias a sus propios estatutos, para financiar su intento de reelección. Ni hablemos ya del rol de los grandes medios, o de las principales corporaciones empresarias.

La historia, entonces, nos aporta lecciones para lidiar con los problemas actuales, aunque los tiempos son distintos: no está Perón, sin ir más lejos, y vaya si eso hace diferencia. Sin embargo, como en 1946, el camino sigue pasando por silenciar los oídos a la Argentina "visible y audible", y volver a ponerlos en el pueblo, como hizo él. Por ese camino siempre será más difícil equivocarse.

lunes, 5 de octubre de 2020

ELIGE TU PROPIO PERÓN

 

Llega octubre, se viene el 17 y todos recalibran el peronómetro: arrancan los recordatorios tanto como las discusiones sobre Perón y el peronismo, territorio en disputa si los hay. A la elección de Daer que muestran los tuits de apertura (que es la misma que hizo en su momento De Narváez, ¿se acuerdan de él?) se le podría contestar que si es por elegir pudiendo hacerlo, se quedó con el Perón de Isabel y López Rega, en lugar del de Evita y Carrillo, pero la cosa es más compleja.

Aunque en los 70' se hizo popular aquello de "Lanusse, marmota, Perón va a volver cuando se le canten las pelotas", lo cierto es que Perón volvió cuando pudo, y no cuando quiso. De hecho si es por querer, intentó el retorno en 1964 y lo frenaron. Y cuando volvió, como él mismo lo reconocía, estaba, viejo, enfermo y venía a morir: el odio gorila y su obsesión por borrarlo de nuestra historia creó las condiciones para que fuera así. 

Elegir un Perón es toda una definición, que excede la anécdota de la plaza del 1 de mayo, los "imberbes y estúpidos" y la disputa interna de los 70, aunque casi se podría adivinar que de eso habla precisamente Daer. Y si hay que elegir, no es necesario hacer revisiones ni buscar revanchas; aunque algunos sigan anclados en las posiciones de entonces y tracen paralelismos para traerlos al presente. 

Después del Perón que muere, a su legado histórico y político se sumaron -nada menos- la interna sangrienta dirimida a balazos para horror del propio pueblo peronista, la dictadura y la represión, la vuelta de la democracia y la pérdida del invicto electoral a manos de Alfonsín, la renovación, el menemismo, la crisis de la convertibilidad y el kirchnerismo; la salida inesperada de la crisis del 2001.

Es notable ver como muchos nostálgicos del "peronómetro" prefieren olvidar la obra del primer Perón, el de los años más felices, y quedarse con su liturgia, los sellos y el efecto simbólico que siguen teniendo sobre muchos argentinos. Acaso sea un argumento hábil para no salir perdiendo en la comparación; argumentos que cuando no alcanzan son sustituidos por la amplia gama de afirmaciones realpolitikeras sobre los diferentes contextos (que lo son, sin dudas) y la correlación de fuerzas; como si esta antes -en tiempos de Perón- hubiera sido siempre favorable a las fuerzas nacionales y populares.

Es así como suelen citar de memoria frases de Perón para todo, como los predicadores de esas sectas y cultos que van citando fragmentos de la Biblia que tienen marcados en el libro con cintas de distintos colores; olvidando o desconociendo que Perón fue Perón por lo que hizo: lo votaron, lo siguieron y lo esperaron por años por eso, no por haber escrito "Conducción Política".

La disputa política hoy en el país, después del kirchnerismo, el balotaje del 2015, el gobierno de Macri, la creación del FDT y el triunfo del año pasado, es frente al intento de recrear el 2002,algo que estaba en la mente de no pocos miembros de la coalición oficialista, pero que arrasta un problema de origen además de que las condiciones y el contexto son otros: coincide como dos gotas de agua con los objetivos de los más poderosos grupos económicos del país nucleados en la AEA, la real y principal oposición al gobierno; de la cual los medios hegemónicos, los jueces y la propia oposición con responsabilidades institucionales formales, son apenas instrumentos.

Si hasta Verbitsky -devenido desde diciembre exégeta del pensamiento presidencial- se da cuenta: "La iniciativa de reproducir aquella respuesta popular masiva, pero con avatares informáticos desde la sede de la CGT nace viciada, porque procura fortalecer al Presidente Alberto Fernández pero frente a la Vicepresidenta CFK y en apoyo de un entendimiento de la dirigencia sindical con los poderosos patrones nucleados en la Asociación Empresaria, como Paolo Rocca y Héctor Magnetto, que son quienes conspiran contra el gobierno elegido por el voto popular. Es la idea deforme de un 17 de octubre virtual, para blindar a Farrell contra Perón. Una fantasía impracticable, de un grupo de hombres malos pero tontos.".

La recreación del 2002 (con su brutal transferencia de ingresos a favor de los grupos exportadores, y en contra de los que perciben ingresos fijos) no es posible hoy, porque pasaron el kirchnerismo primero (para bien), y el macrismo después (para mal); justamente los dos emergentes políticos de aquella crisis. Esa idea de la Moncloa devaluatoria no cierra la grieta política (porque no existe ya el bipartidismo PJ-UCR que la sustentó), y agranda la grieta social; porque sus consecuencias empobrecerían aun más a la inmensa mayoría de la sociedad y con ella, a la principal base electoral del "Frente de Todos", contra la consolidación de un núcleo duro de apoyos en busca del candidato que sea en el tercio antiperonista de la sociedad, donde prevalece un voto con fuertes componentes ideológicos.

La AEA no es la CGE de Gelbard, y no parece dispuesta a resignar nada para cerrar un pacto social, embarcada como está en gestar un golpe de mercado para que el gobierno se vaya, o que resulte indiferente si se queda, porque lo hace al precio de hacer todo lo que ellos quieren que haga. Quieren borrar, a como de lugar y en las pizarras de la city porteña que muestran la cotización del dólar, el resultado electoral del año pasado.

Las circunstancias de extrema polarización política de la sociedad argentina que presidieron la elección del año pasado se han agudizado desde entonces, y elegir al Perón del 74' es -en el contexto- preferir al "león hervíboro" mientras del otro lado descreen de nuestras especulaciones sobre "halcones y palomas", y todos los días, en las redes sociales, en los medios, en las sesiones del Congreso y en cada marcha contra el gobierno, vuelven a derrocar a Lonardi para entronizar en su lugar a Rojas y Aramburu.   

Esas mismas circunstancias han hecho fracasar las "terceras vías" cada vez que se ensayaron, y por eso hoy no podemos volver al Perón del 74', porque no hay del otro lado un Balbín dispuesto al abrazo histórico. Por el contrario, los Balbines que nos rodean son más parecidos al del 46' al 55', y si fueran al velorio de Perón no sería para decir un responso elogioso, sino para acercarse al cajón a asegurarse de que esté bien muerto. Tuits relacionados: 

jueves, 9 de julio de 2020

MÁS NECESARIA QUE NUNCA



"RESEÑA 

Estas páginas contienen la esencia misma de la nacionalidad. Son impulsos de un renacimiento surgido de la propia grandeza de la patria libre proyectada hacia un porvenir digno de su magnitud. Son credo de Independencia; tienen pureza de cuna ideal y dicen con la misma fe los principios que la mostraron a la faz de la tierra como una fuerte y poderosa Nación. En las actas de 1816 cimentóse nuestra historia que luego fue escrita con la diafanidad de un pueblo soberano y heroico; en la Declaración de ahora se firma el futuro de su gloria, de su destino y que tienen en sus propias fuentes la realidad de su visión de ayer, de hoy y de siempre. 

Juan Domingo Perón Presidente de la Nación 

ACTA DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA 

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete; en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la Declaración de la Independencia política, sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas, reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la Nación en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras pare refirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados. 

A tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la Nación, comprometen las energías de su patriotismo, y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política económica, para que en el campo del comercio internacional, tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos del trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y porvenir. Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen, puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar mas altos que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que pueden anotarse en el presente. 

Por ello, refirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes. Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcances no conocidos y pueden ser superadas por la acción y trabajo del pueblo de la república. El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden conjuntamente con aquellos. La cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleo mundiales de las energías. 

A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías económicas mundiales, o de las nacionales comprometidas con aquellas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo, así como decidido voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente: 

PREÁMBULO 

Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando la Divina Providencia, en el nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión, los pueblos y los gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. 

La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana. Así lo declaran y ratifican ante el pueblo y gobierno de la nación, el gobierno y pueblo aquí representados, comprometiéndose, uno y otro, al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas y honor. 

Comuníquese a la Nación y en obsequio del respeto que se debe a los demás Estados, detállense en un manifiesto y acta las fuentes determinantes de esta solemne declaración, dada en la Sala de Sesiones del Congreso de las Provincias Unidas, donde en mil ochocientos dieciséis se proclamara la independencia de la República y refrendada por los representantes del pueblo y gobierno argentinos aquí reunidos."

(Tuit relacionado): 

lunes, 30 de marzo de 2020

A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS


Perdón por ser insistentes y reiterativos, pero no nos vamos a cansar de decirlo: estamos viviendo días excepcionales, que demandan del Estado y del gobierno respuestas excepcionales. La crisis del coronavirus crea enormes dificultades, pero al mismo tiempo abre una "ventana de oportunidad" para medidas audaces que no son un salto al vacío, sino que se imponen por el peso de la coyuntura.

Que el gobierno y el presidente vienen capeando con dignidad el temporal no caben dudas, y que eso genera un vasto consenso social en torno a la figura y la autoridad de Alberto Fernández tampoco. Lo acaba de confirmar prorrogando la cuarentena, pese a las presiones de los sectores del poder económico para que la levantara; priorizando la salud, sobre los negocios o la economía. 

Precisamente eso crea una plataforma firme en la cual pararse para tomar decisiones duras y drásticas; frente a los factores de poder que son más que "los vivos de siempre", y que no suelen medirse en sus planteos y exigencias, porque el presidente sea más o menos popular: decíamos el sábado acá a propósito de los despidos de Techint y la especulación de los remarcadores de precios y desabastecedores que "El gobierno ha demostrado hasta acá estar a la altura de los desafíos que plantea la emergencia sanitaria. Es hora de que tome nota de los otros desafíos que le están planteando y actúe en consecuencia, frente a la pandemia de hijos de puta.".


Mientras el gobierno se ha mostrado firme y decidido en tomar medidas que pueden resultar antipáticas pero son necesarias (como el "aislamiento social obligatorio"), no se puede decir lo mismo -al menos hasta acá, el discurso de anoche parece preanunciar una nueva etapa- de sus acciones para frenar otros comportamientos predatorios, o para alterar de un modo decisivo las prioridades en la asignación de los recursos del Estado con los que se venía manejando hasta que la crisis estalló.

Decíamos ayer acá que "El desafío entonces es para la política: no se trata solo de que los Estados gasten en forma contracíclica para superar la pandemia y torcer el rumbo de la recesión, y para eso emitan o tengan déficit. Eso sucede desde hace tiempo, en los propios países centrales que nos exigen al resto que no lo hagamos, por aquello de "haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago".

Se trata de encontrar el modo de ir más allá en la intervención pública (como no se hizo en los países centrales luego de la crisis financiera global del 2008), regulando, interviniendo de modo directo e incluso poniendo directamente bajo el control de los Estados, resortes fundamentales de la estructura económica. De lo contrario el virus pasará, o encontrarán la cura a la enfermedad, pero las estructuras económicas y sociales que crean las condiciones objetivas para que cause daño (por ejemplo desfinanciando la salud pública, o privatizando la seguridad social) quedarán intactas, hasta la nueva crisis.".


Y lo que está pasando es que un Estado exhausto y quebrado, que debe rascar en el fondo de la olla para comprar respiradores, o inyectar recursos al fondo de la pirámide social para que les llegue algo a aquellos a los que la crisis golpea con más fiereza en su existencia cotidiana, sigue gastando miles de millones de pesos en pagarles a los bancos los intereses de las LELIQS (en contra de las promesas de campaña del hoy presidente), o pagando puntualmene los intereses de los vencimientos de la deuda; cuando el default de la deuda global (no ya el de la Argentina) se impone como la única solución racional posible, para empezar a salir del fondo del pozo. 

Señalar estas cuestiones no implica cuestionar el liderazgo de AF, ni su capacidad para pilotear la crisis, sino por el contrario advertir que si no se abordan ciertas cuestiones, ésta se agravará, lejos de comenzar a resolverse. Paolo Rocca es simplemente el mascarón de proa del poder económico, que ha tomado sobre sí el rol de hacer punta y medir la respuesta del Estado, y si esta no es contundente y categórica, detrás de él vendrán los demás, a imitar su ejemplo.



Cuando las ideas del neoliberalismo están en crisis en todo el mundo al compás de la pandemia, es inadmisible tolerar que sus corifeos locales aparezcan ahora preocupados por la economía, el PBI, los empleos, la inflación o los salarios, como si nos hubieran dejado un país en marcha y creciendo, sin deudas ni retroceso en sus indicadores sociales; un paraíso en el cual aterrizó el coronavirus como un visitante inesperado e indeseado. Sobre nuestros silencios y vacilaciones se construye su avance insidioso, apostando al cansancio social por la alteración de la vida cotidiana que supone la crisis, más aun cuando se acaba de anunciar la prórroga de la cuarentena.

No hay margen para seguir tolerando que haya servicios públicos esenciales en manos de empresas privadas prebendarias, inescrupulosas y jamás dispuestas a invertir; ni un sistema financiero manejado por bancos apalancados en enormes márgenes de ganancias (aun con el recorte de tasas), que se resisten a implementar las líneas de crédito a tasas subsidiadas que se habilitaron por la emergencia; como tampoco hay margen para que los formadores de precios sigan haciendo su agosto en medio de las necesidades apremiantes de la gente, sin ser duramente sancionados.

Es acá, es ahora, es oportuno y es necesario; cuando hasta la oposición (o buena parte de ella) admite que en tiempos de crisis, debe haber unidad de conducción para sortear los escollos; y cuando la imagen del presidente es altísima, y hasta los que no lo votaron lo apoyan. Después será tarde para lágrimas.


Una plaga, como el coronavirus, se puede comparar con una guerra, por los efectos que causa en la economía y en la sociedad: algún día termina, pero queda la tarea (y los costos) de reconstruir los daños que ha causado; y como repartir los esfuerzos que eso significa. Hay allí un terreno de disputa y de intereses encontrados, como siempre pasa en la política y la economía; y la presente crisis no será la excepción.

En el video de abajo (en especial en los primeros tres minutos, más o menos) uno que sabía algo de estos asuntos explica lo que pasa en esos casos, y como se puede salir del laberinto para que no te hagan pagar los platos rotos. Cambiando los tiempos y las situaciones (saquen guerra, pongan pandemia) los conceptos tienen plena vigencia: