LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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miércoles, 23 de julio de 2025

ESCENAS DE BRADENISMO EXPLÍCITO

 

Lo que se ve en el video que acompaña el tuit de apertura es a Pete Lamelas (ya el nombre nos está diciendo todo) defendiendo su postulación como futuro embajador de Estados Unidos en la Argentina, frente al comité de relaciones exteriores del Senado yanqui en la audiencia de confirmación de su nombramiento.

Con absoluta crudeza, el tipo explica lo que vendrá a hacer al país y cual será su rol: contener por todos los medios la influencia china y la del "eje del mal" (Venezuela, Cuba e Irán) en la Argentina, evitar que los chinos corrompan a los gobernadores de las provincias para que autoricen inversiones de ese origen, apoyar al gobierno de Milei para que gane las elecciones, y que Cristina siga presa. Ese sería el mandato del gobierno de Trump para su nuevo virrey.

En pocos minutos se hizo tiempo para cuestionar nuestro sistema político federal (que es el mismo de ellos básicamente), la posibilidad de que tengamos relaciones con otros países (como cualquier nación independiente), y se entromete abiertamente en nuestras cuestiones políticas tomando partido por el gobierno ante el cual estará acreditado. 

Recordemos que en tiempos de Macri otro embajador había dicho que venía a colaborar en la reforma de la justicia en el país, y que hace poco los funcionarios del FMI (que ahora empiezan a tomar distancia ante la inminencia de la catástrofe del plan que apoyaron y financiaron) también llamaron a votar por LLA en las elecciones.

Y que esta misma semana el gobierno dijo que aceptará el ingreso al país sin visa de los extranjeros (incluso chinos) de los países para los cuales Estados Unidos no exige visa, porque confían ciegamente en sus controles. 

Pensar que algunos se rieron cuando hace unos años Cristina decía "Si me pasa algo, miren al norte", o cuando se habla de un plan Cóndor judicial con el lawfare del que fueron víctimas ella, Lula, Corre y Evo Morales. Recordemos que hace semanas Trump amenazó a Lula con aplicarle aranceles a Brasil si avanzaban las causas judiciales contra Bolsonaro.

Pero como decía Jauretche, si es malo el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende: además de la prepotencia imperial que no toma nota de su rol declinante en el mundo actual, a este tipo de vergüenzas propias de una colonia nos ha sometido Milei con su alineamiento incondicional con las políticas exteriores yanquis; lo que se traduce por ejemplo en votar automáticamente como ellos en todos los organismos internacionales, aunque sea en contra de los intereses del país.

Y ni siquiera con la explicación pragmática que con semejante obsecuencia se garantiza una inserción ventajosa para el país en el contexto mundial, como pudo hacer en su momento la oligarquía tradicional con su alineamiento al imperio británico. Hoy el rol de los Estados Unidos está en franca declinación en todos los frentes, y su presidente y su gobierno hacen papelones en todo el mundo

Es de esperar que estas barbaridades no pasen desapercibidas y provoquen las reacciones consecuentes de todo el arco político democrático, en defensa de un elemental principio de dignidad nacional. Excluidas, claro está, las fuerzas de ocupación cipayas que detentan el gobierno, al que llegaron -lamentablemente- por el voto popular.

Tuit relacionado:

viernes, 8 de noviembre de 2024

GRANDEZAS

 

El nuevo experimento gorila (porque ante todo eso son, aunque se pongan nuevas etiquetas) que desgobierna la Argentina vuelve a incurrir en unos de sus vicios más arraigados, desde Mitre para acá: intentar reescribir la historia para absolverse de sus propios pecados, y echarle la culpa de la decadencia nacional y las crisis recurrentes del país a los intentos por liberarlo de sus ataduras, y pretender para él y la mayoría de sus habitantes, un destino digno.

En ese intento andan por ahí renombrando cosas como el CCK o la costanera Kirchner acá en Santa Fe, como si la historia se pudiera cambiar o corregir por decreto. O como Braun Menéndez, el garca dueño de La Anónima, que dice que los argentinos tienen mala imagen de los empresarios por culpa de las estrofas de la marcha peronista, cuando en realidad el peronismo surgió como respuesta política al hecho incontrastable ya para 1945 de que los empresarios argentinos eran -en su gran mayoría- chupa sangres y explotadores.

Milei y su servilismo obsceno y cipayo con Trump son herederos directos de esa lectura idiota según la cual que el problema argentino se originó en haber mantenido la neutralidad durante casi toda la Segunda Guerra Mundial, o yendo más lejos en el tiempo, en haber corrido a los ingleses con agua y aceite hirviendo. 

Con la rusticidad conceptual que caracteriza a la derecha argentina en sus sucesivas encarnaciones electorales, Milei aplica la teoría del derrame a las relaciones internacionales, y supone que "contribuyendo" por nuestra parte a que los Estados Unidos sean más grandes (cuando su declive es ostensible, y su influencia no alcanza ni para evitar que Israel empuje al Medio Oriente a una confrontación global), estará contribuyendo a la grandeza de la Argentina, cuando es exactamente al revés: históricamente en todas las relaciones conocidas entre imperios y colonias, para que unos fueran más fuertes, era imprescindibles que las otras sean mas débiles, y fáciles de dominar.

El presidente y el timbero que funge de ministro de Economía apuestan a que, chupando las medias y otras partes del presidente electo en Yanquilandia, éste intercederá ante el FMI para que vuelva a abrir la billetera como lo hizo con Macri, para financiar su fallido intento de reelección; olvidando que ellos te prestan guita por sus propios fines, pero más que nada para poder condicionarte políticamente en su beneficio: ¿por qué pagarían entonces por algo que ya están obteniendo gratis, como lo demuestran los gestos ostentosos de servilismo de Milei? 

Las "nuevas" derechas (antes el PRO, ahora LLA) han demostrado hasta el hartazgo que no tienen nada nuevo para ofrecer al país y sus habitantes, que no sea el destino de granja colonial, simple apéndice del despliegue a escala mundial del proyecto político de la potencia dominante, que ni siquiera eso es ya, en un mundo crecientemente pluripolar. Aspiran -como destino de "grandeza"- a convertirnos en Puerto Rico, una colonia de menor nivel, o un "Estado libre asociado", al que no se le permite ni siquiera participar en la elección del gobierno de la metrópoli.

La disyuntiva "Braden o Perón" (hoy dramáticamente revertida por la gestualidad servil de Milei) no fue simplemente la hábil explotación electoral del sentimiento anti-norteamericano arraigado por entonces en el pueblo argentino, sino la expresión conceptual de la condición de posibilidad necesaria para emprender la obra de reparación de la injusticia social que atravesaba el cuerpo de la Argentina colonial del Centenario, que hoy muchos añoran como ejemplo de una presunta grandeza pasada.

Las tres banderas históricas del peronismo nacieron desde su misma formulación íntimamente relacionadas entre sí; porque la afirmación de la soberanía política tanto en el plano interno (que el gobierno fuera resultado de la voluntad popular y no del fraude electoral) como exterior (que afirmara su dignidad e independencia rechazando todo tutelaje exterior) fue la condición necesaria para conseguir la independencia económica, recuperando para los argentinos el control de sus propios recursos; y esto a su vez posibilitó la justicia social, distribuyendo la riqueza que el país era capaz de generar, primero y antes que nada, entre sus propios habitantes.

Ese y no otro es el verdadero "derrame" que hay que provocar, y para ello es más necesario que nunca -en éste presente de sumisión y oprobio- retomar las banderas históricas, porque aunque el contexto sea otro, la lucha mirada en perspectiva histórica es la misma de siempre: liberación o dependencia. Y ya se dijo que la derecha de nuevo solo tiene el circunstancial nombre de fantasía, y solo tiene para ofrecer el mismo proyecto de siempre, en el que no hay lugar para todos, aunque hoy posea astucias para convencer a muchos de que tendrán su bote en el Titanic. 

Y esa percepción clara de como son las cosas impone a su vez toda una hoja de ruta en materia de praxis política, superada la etapa de las riñas de gallinero de la interna del PJ: tomar nota de la polarización real de la sociedad, de la disputa política y de la distribución social de las cargas y beneficios de la crisis, para abandonar centros ilusorios, terceras vías inviables, mensajes dirigidos a una audiencia/electorado que ya no existe, si es que alguna vez estuvo allí. 

Sin que eso suponga plantear que para defender algunos derechos y banderas (como los de los trabajadores) haya que resignar otros (como los de los feminismos o disidencias): si de algo sirven las elecciones en EEUU, ahí está Bernie Sanders diciéndoles a los demócratas que perdieron con Trump por haber abandonado a los trabajadores y a los sindicatos para intentar componerse con las fracciones del capital o garantizar los negocios de Wall Street, no por haber apoyado el aborto o el matrimonio igualitario

La conclusión aplica como anillo al dedo a la Argentina, al peronismo y a las fuerzas nacionales y populares. Tuits relacionados: 

domingo, 27 de febrero de 2022

BRADEN O PERÓN

 


En la semana se cumplieron 76 años del primer triunfo electoral de Perón, derrotando a los candidatos de la Unión Democrática. La historia es conocida: la campaña electoral transcurrió sobre el telón de fondo de la injerencia directa y desembozada del embajador yanqui Spruille Braden, apoyando a los candidatos de los partidos tradicionales que se enfrentaron al naciente peronismo.

De lo cual -como se sabe- Perón sacó provecho con astucia, para plantear el dilema que enfrentaban los argentinos en los términos en los que había que plantearlo: "Braden o Perón" era la disyuntiva de hierro entre construir una patria que fuera capaz de forjar por sí misma su propio destino, o continuar condenados a seguir siendo una colonia, cuyos destinos decidían otros; poco importaba si en Londres (como había sido hasta entonces), o en Washington, como parecían querer algunos, y hoy todavía quieren muchos.

El aniversario se ha cumplido en un contexto muy especial, marcado por el conflicto entre Rusia y Ucrania, en el cual la Unión Democrática de estos tiempos ("Juntos por el Cambio") y algún que otro despistado (o inescrupuloso), incluso del campo propio, quieren empujar al gobierno del FDT a un alineamiento incondicional con los Estados Unidos, mostrando por momentos más decisión que estos mismos, en meterse en la guerra en curso.

En el mismo contexto, el gobierno sigue intentando cerrar la negociación con el FMI para renegociar la deuda que nos legara Macri, con un acuerdo cuyos términos aun se desconocen y no aterrizó por el Congreso -porque no se ha firmado- y que motivó la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados, por disconformidad con la negociación. Como hemos dicho, esa renuncia tuvo muchas más repercusiones -incluso al interior del oficialismo nacional- que la postura de Sergio Massa sobre el conflicto en Ucrania, que fue mucho más allá y más lejos que el diplomático comunicado oficial. De hecho, cuesta diferenciar los dichos de Massa al respecto, de los de las principales figuras de la oposición.

El sentimiento anti-norteamericano siempre estuvo muy arraigado entre los argentinos o al menos en la mayoría de ellos, porque es justo decir que otros muchos preferirían que volvieran las "relaciones carnales". Pero desde aquellos meses de 1945 y 1946 en los que se planteó el dilema "Braden o Perón", ese sentimiento es constitutivo del "gen" peronista, porque además está ligado a las banderas fundacionales del peronismo, que hoy son propiedad del campo nacional y popular.

Banderas que además suponen un programa de gobierno, en el que cada paradigma es condición de posibilidad de la existencia de los demás: con el peronismo, el pueblo argentino recuperó su soberanía política tras largos años de fraude, y al hacerlo pudo conquistar su independencia económica, lo que a su vez les dio las bases de sustentación materiales, para construir la justicia social.

El dilema, planteado en esos términos, sigue estando tan vigente hoy como entonces. De hecho, cuando Néstor Kirchner (de quien también se cumplió un aniversario esta semana) canceló totalmente la deuda con el FMI (el mismo al cual Perón no quiso entrar, porque visionariamente sabía lo que representaba) y desendeudó al país con los acreedores privados estaba recuperando la plena soberanía política, para ganar grados de independencia económica, que le permitieran avanzar en un sendero de reconstrucción de la justicia social.

Como se dijo hace poco acá, cuando se anunció el principio de acuerdo con el Fondo: "...políticas como la ley de financiamiento educativo (que llevó la inversión en educación y ciencia al 6 % del PBI), las moratorias previsionales, el Conectar Igualdad, la eliminación de las AFJP, la movilidad jubilatoria, el Programa Procrear, las líneas de crédito productivo obligatorio por la reforma de la carta orgánica del Banco Central, Ahora 12 o la recuperación de YPF no hubieran sido lisa y llanamente posibles, bajo la tutela y supervisión permanente de los técnicos del FMI.".

Si algo han demostrado las reacciones frente al conflicto en Ucrania es que la oposición sigue estando donde estaba en 1945: del lado de Braden, y de su brazo. La discusión, entonces, es hacia adentro: ¿siguen estando todos los que conforman el Frente de Todos de acuerdo con aquellas banderas históricas, y en todo caso la discusión es sobre los métodos, las estrategias o los instrumentos para alcanzarlas o las adaptaciones que exigen los tiempos modernos, que no son los de entonces?

¿O por el contrario hay quienes piensan que ha llegado el tiempo de arriarlas, y sostener otras, como ya ha pasado antes en el peronismo, durante el menemato? Tuits relacionados:   

miércoles, 24 de febrero de 2021

75 AÑOS DE PERONISMO

 


Un día como hoy pero de 1946, la fórmula Perón-Quijano derrotaba al binomio Tamborini-Mosca de la Unión Democrática por una diferencia de algo más de 280.000 votos, y el entonces coronel se convertía por primera vez en presidente constitucional de los argentinos; que lo volverían a elegir para el cargo dos veces más, honor que hasta acá nadie más ha logrado alcanzar.

Hasta acá es historia más o menos conocida, lo que quizá no sea tan difundido es que, de acuerdo con las tecnologías disponibles para la época, el escrutinio demoró casi seis semanas, hasta el 6 de abril del mismo año en que se conocieron los resultados finales, y se tuvo la certeza definitiva del triunfo de Perón.

Mientras tanto, el país seguía el progreso de los cómputos con la misma tensión que presidió la campaña electoral, y al principio lo primeros distritos escrutados arrojaban una ventaja para los candidatos de la Unión Democrática, lo que parecía confirmar los pronósticos más generalizados que circulaban por entonces.

Los principales diarios de la época (incluso el recientemente lanzado Clarín) daban por descontado que Tamborini sería el próximo presidente de los argentinos. El diario de Noble lo puso -blanqueando así sus preferencias de modo abierto- en su edición del día de la elección

La "Argentina visible y audible" de la que hablaba "Pepe" Rosa no podía concebir otro resultado posible de los comicios, y seguía ignorando -como si no hubiera ocurrido- la movilización popular del 17 de octubre de 1945, cuando el "subsuelo de la patria sublevada" -expresión que inmortalizó Scalabrini Ortíz- se hizo presente en la plaza, reclamando su lugar en la historia.

Perón hizo lo contrario, y por eso las cosas fueron como fueron: tras su sorpresa inicial por la movilización popular que lo rescató de la cárcel y lo devolvió al centro de la escena (sorpresa que consta en su propia correspondencia de esos días, aunque luego él la minimizaría en "Conducción Política"), quienes estuvieron con él durante la campaña electoral y en los días posteriores a la elección son contestes en afirmar que nunca dudó del triunfo. 

El 17 de octubre le demostró que no había arado en el mar, y como los baqueanos expertos, puso el oído en la tierra, para sentir que ese clamor de abajo que hizo temblar el suelo de la Argentina oligárquica se iba a transformar en una avalancha de votos.   

Los grandes diarios, las principales entidades empresarias, la prensa internacional, las embajadas, el Foerign Office y el Departamento de Estado apostaban a la victoria de la Unión Democrática: sabido es que el embajador yanqui Spruille Braden fue el virtual jefe de campaña de la alianza antiperonista. Incluso los "locales" eran más optimistas que los propios diplomáticos extranjeros -cautos en sus informes reservados a sus superiores- sobre el resultado de la elección.

Pocos días antes de ella y aunque Braden ya no estaba en la Argentina, el Departamento de Estado dio a conocer un informe que se popularizó como el "Libro Azul", un libelo en el que trataba de dejar pegado a Perón con el nazismo derrotado en Europa, que fue el eje bajo el cual la oposición al coronel desarrolló toda su campaña. Perón vio la oportunidad, y no la dejó pasar: la antinomía "Braden o Perón" marcó desde entonces el eje real sobre el cual los argentinos irían a las urnas.

Del escueto relato hasta aquí realizado, surgen no pocas similitudes con la campaña electoral del 2019, que culminara con el triunfo en primera vuelta del "Frente de Todos". Por ejemplo, el "Libro Azul" de estos tiempos fue la abierta intercesión de Trump para que el FMI habilitara al gobierno de Macri un préstamo gigantesco, en condiciones contrarias a sus propios estatutos, para financiar su intento de reelección. Ni hablemos ya del rol de los grandes medios, o de las principales corporaciones empresarias.

La historia, entonces, nos aporta lecciones para lidiar con los problemas actuales, aunque los tiempos son distintos: no está Perón, sin ir más lejos, y vaya si eso hace diferencia. Sin embargo, como en 1946, el camino sigue pasando por silenciar los oídos a la Argentina "visible y audible", y volver a ponerlos en el pueblo, como hizo él. Por ese camino siempre será más difícil equivocarse.

miércoles, 29 de julio de 2020

DESCUBREN QUE EL AGUA MOJA


Leemos en Infobraden declaraciones de Mauricio Claver, que no es un cantante de boleros ni un galán de telenovelas, sino el principal asesor de Trump para América Latina, por las que nos enteramos de una extraordinaria novedad, que ya sabíamos hace dos años: el gobierno de los EEUU incidió decisivamente en el FMI para vencer la resistencia de los países europeos y concederle a Macri (porque ahora confirmamos que el préstamo fue a él, no a la Argentina) un crédito récord por 57.000 millones de dólares; que hubieran trepado a 65.000 si Alberto Fernández no hubiera tomado la sensatísima decisión de no hacer uso de la posibilidad de ampliarlo hasta esa cifra, mediante otro tramo.

Nos cuenta el señor Claver que la administración Trump tomó esa decisión política crucial por motivos estratégicos, porque consideraba a Macri un socio clave en la región para el despliegue de los objetivos de política exterior de los Estados Unidos, como por ejemplo el hostigamiento al gobierno de Maduro en Venezuela, y una barrera de contención contra los "populismos", lo que incluía por supuesto frenar un nuevo retorno del peronismo al poder en la Argentina. De Macri se podrán decir muchas cosas, menos que no fue agradecido: hace pocos días aun abogaba por una intervención militar contra Venezuela, incluso desde dentro del propio país.

También alineó durante su presidencia a las Fuerzas Armadas argentinas con los objetivos, la doctrina y las hipótesis de conflicto de las "nuevas amenazas" promovidas por el Comando Sur del ejército norteamericano, decisión afortunadamente revertida hace poco por el gobierno nacional; retomando la buena senda de la doctrina de la defensa nacional para la cual nuestras FFAA fueron creadas, y rol que les asigna la Constitución.

Pero volviendo a Claver y sus "exclusivas revelaciones", no hay nada demasiado nuevo bajo el sol: se trata de una vuelta de tuerca sobre el viejo bradenismo que, desde 1945 y el "Libro Azul" para acá (es decir, desde que el peronismo apareció en la escena política nacional) se viene practicando, bajo diferentes formatos. En otros tiempos fueron las intervenciones militares interrumpiendo los procesos democráticos, o las "relaciones carnales" en beneficio exclusivo de una sola de las partes de la relación, y adivinen cual.

Los dichos del funcionario yanqui terminan por hacer explícito que el acuerdo de mega-préstamo del gobierno de Macri con el FMI en 2018 nació flojito de papeles: aprobado con fórceps en el buró del Fondo y mediante una fuerte presión de su accionista principal, violando los propios estatutos de Bretton Woods en tanto los recursos prestados se destinaron a financiar la fuga de capitales, sin intervención del Congreso argentino y vulnerando toda la normativa interna del país en cuanto a las intervenciones previas a la firma del acuerdo (como la del Banco Central), constando todo ellos en una causa que se ventila en la justicia federal.

Pero además la confirmación de Claver de que la lectura política que se hizo por entonces cuando se decía que el FMI y el gobierno de EEUU a través del Departamento del Tesoro se habían convertido en los principales aportantes de campaña de Macri (incluso bastante más que Vicentín), era la correcta: así como los recursos del Fondo no alcanzaron para que la maltrecha economía macrista remontara vuelo (tampoco era ése su propósito, sino facilitar una salida ordenada de los capitales golondrinas que vieron derrumbarse el castillo de naipes del modelo de valorización financiera aplicado por el macrismo), todo el peso de tanto apoyo externo para el entonces oficialismo no alcanzó para evitar una derrota cantada, atento a su espantoso gobierno.

Y acá nos queremos detener, para valorar la magnitud histórica y política del triunfo del "Frente de Todos", y de la decisión estratégica de Cristina de correrse al segundo término de la fórmula para terminar de cerrar la unidad opositora: aquella victoria electoral llegó como un bálsamo para las fuerzas populares de la región en un contexto muy difícil, provocado por el golpe parlamentario en Brasil, la prisión de Lula y el triunfo de Bolsonaro, el acoso abierto a Venezuela, y el "law fare" a Correa en Ecuador (hoy proscripción abierta); cuadro agravado severamente luego por el golpe de Estado que terminó con el gobierno de Evo Morales en Bolivia.

En todos esos desgraciados sucesos, hay un factor en común, acorde a las peores tradiciones políticas regionales: la intervención más o menos abierta y desembozada de los Estados Unidos, su gobierno, sus agencias estatales y sus grupos financieros poderosos (como lo acaba de reconocer con descarnado cinismo Ellon Musk) en la desestabilización de todos aquellos procesos populares que perciben o intuyen que pueden conducir las cosas en un sentido distinto al de sus intereses estratégicos. De donde se pueden sacar dos conclusiones, ya conocidas: la intervención de la principal potencia mundial en los asuntos regionales es un factor de discordia e inestabilidad política, que además no reditúa beneficios electorales, como bien sabemos acá, desde 1946.

Contra todo y todos entonces, la Argentina pudo darse una salida política en clave electoral de la debacle macrista, interrumpir los sueños de hegemonía de la derecha en el poder, y conseguir que regresara un gobierno de las fuerzas nacionales y populares. No es poco, no fue poco, pero para poder cosechar los frutos de la victoria se requiere una línea de consistencia política coherente con lo que la gente votó, que -entre otras cosas- fue mantener una relación no subordinada a las directivas estratégicas de los Estados Unidos: el antinorteamericanismo es un sentimiento muy arraigado en vasta franjas de la sociedad argentina, desde hace décadas.

Uno puede comprender ciertas razones de pragmatismo político en el manejo de la política exterior cuando el país enfrenta una compleja renegociación de la deuda con sus acreedores externos; del mismo modo que debe señalar que de nada valdría haber derrotado en las urnas al macrismo y a la apuesta electoral de los EEUU para el país, para luego no extraer de ello las conclusiones correctas. Por ejemplo, a la hora de encarar la renegociación de la deuda con el FMI (el paso siguiente al posible acuerdo con los acreedores privados), teniendo en vista y haciéndoles ver el contexto en el que esa deuda fue contraída, como por ejemplo lo hizo el propio AF cuando era candidato. O tomando en cuenta el hecho, a la hora de definir sobre que sectores debe recaer el peso de poner los recursos para pagar la deuda.

En ese sentido, poco ayudan algunos movimientos como los de Gustavo Béliz, nuestro Malcorra que usa su cargo en el gobierno para un fallido salto al BID (tal como lo señala la nota, el candidato que apoyan los EEUU y lleva todas las de ganar es el propio Claver), o sostiene en público que los Estados Unidos están más comprometidos que nunca con el desarrollo en América Latina a través del programa "América Crece", la nueva versión de la "Alianza para el Progreso" o, más acá en el tiempo, del fallido ALCA: un nuevo intento por crear en el continente un mercado cautivo para  las empresas estadounidenses, y contener de ese modo el crecimiento de la influencia de China y Rusia en la región, a través de financiamiento para inversiones. La disputa por la conducción del BID se inscribe precisamente en ese marco.

Y del mismo modo, es ilusorio suponer por un lado que en su relación con otros países (lo que nos incluye) los Estados Unidos mirarán otro imperativo que su propio interés, o que puede abrirse alguna expectativa de cambio en la relación, si como marcan las encuestas, los demócratas retoman el gobierno con un posible triunfo de Joe Biden sobre Donald Trump: Larry Fink, el CEO de  BlackRock (el principal fondo de inversión que rechaza la propuesta de canje de deuda del gobierno argentino) podría en ese caso llegar a ser Secretario del Tesoro, institucionalizando así la influencia que él y los intereses que representa, tienen en el gobierno de EEUU, y la Reserva Federal.

jueves, 5 de febrero de 2015

EL CASO NISMAN: ¿OTRO "LIBRO AZUL"?


Hace apenas cinco días Ana Barón (corresponsal de Clarín en los EEUU) nos deleitaba con esta columna en la que explicaba la posición de la CIA frente a la muerte de Nisman; de la cual desvinculaban a Irán, y la atribuían a una interna entre los espías argentinos, por los cambios ordenados por Cristina en la ex SIDE. 

Incluso le bajaban el precio -según la propia Barón- a la consistencia de la denuncia de Nisman, sobre la base de que solo se fundaba en escuchas a personajes que no tienen influencia en las decisiones del gobierno argentino; como Esteche o D'Elía.

Ni mas ni menos que lo que dijo Cristina, sumado a que en estos momentos -con la administración Obama negociando con Teherán el intercambio de información sobre el programa nuclear- los yanquis tienen menos interés en poner el foco en Irán; otrora integrante del "eje del mal".

Tampoco la publicación aportaba nada novedoso, desde que reproducía en líneas generales un artículo del "Telegraph" inglés; que publicaba una supuesta entrevista a un ex agente de inteligencia argentino "especializado en terrorismo" (¿Stiuso?)

Hoy, reaparece Barón en formato cipayo, con ésta nota en la que se sorprende porque la embajadora argentina en EEUU dirige una "dura nota" al Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes del Congreso yanqui; en la que advierte que el gobierno argentino considerará el envío de una delegación de legisladores norteamericanos al país "para interiorizarse sobre la muerte de Nisman" como una intolerable intromisión en nuestros asuntos internos, y una violación de la soberanía nacional. 

Ni más ni menos que lo que hubiera hecho cualquier gobierno en circunstancias similares, cuando se trata de una muerte producida en su territorio, de un ciudadano nacido allí, donde no aparecen involucrados -al menos directamente- los intereses de otro Estado extranjero.

Por supuesto que para algunos esas reglas elementales no se aplican cuando el que quiere meter sus narices donde no debe es una superpotencia mundial, y especialmente los EEUU: hace poco el senador republicano Marco Rubio le pedía a Obama (?) que ordenara una investigación "internacional e independiente" sobre el caso Nisman. 

Más o menos un disparate similar al de los "expertos internacionales" que sugirió Massa; aunque en este caso podría tratarse de un caso similar al del perro de la RCA Víctor, que oía la voz del amo en el gramófono y ladraba.

Hasta aquí el gobierno yanqui no ha emitido opinión formal sobre el caso Nisman (más allá de las condolencias de rigor, y la presencia del nuevo embajador en su sepelio), y lo bien que hacen; porque están implicados hasta el cuello en el desafortunado manejo de la causa AMIA que hizo el ex fiscal; como que con sus servicios de inteligencia sembraron pistas que llevaban a la inocua pista iraní, como parte de un operativo para encubrir la conexión siria, y los apoyos locales, por razones vinculadas al conflicto de Medio Oriente. 

Ni hablemos de los comprobadísimos (Wikileaks mediante) e impropios vínculos del fiscal con la embajada, a la que reportaba con una frecuencia y obsecuencia que llamarían la atención, si se desconocieran las circunstancias en las que tomó la causa AMIA, y la dirección que le imprimió desde el primer momento.

Especula Barón en la nota -sin citar fuentes- sobre el "sugestivo" silencio de los fondos buitres en el caso Nisman, porque -dice- no consideran prudente utilizarlo en contra del gobierno argentino; como si tuviéramos que creerle que se trata de gente que tiene escrúpulos. 

De hecho, acá el Lobo Estepario en su blog opina todo lo contrario; y en un análisis a nuestro juicio bien fundado, concluye en que no serían para nada ajenos a la operación destituyente ensayada contra Cristina y su gobierno, a partir de la denuncia del fiscal. En otro posteo nos ocuparemos nosotros de la "conexión local", encarnada en el PRO.

Y hablando de fondos buitres (otro ariete utilizado por el dispositivo mediático opositor en contra del gobierno), sería un grave error del magnettismo y sus satélites dejarle servido en bandeja al gobierno el fantasma de la intromisión yanqui en el caso Nisman; con escenas de cipayismo explícito parecidas a las que estamos viendo en estos días cuando se cuestionan los acuerdos con China; no tanto por su contenido como porque se hicieron con los chinos, y no con "el mundo" del cual "estamos aislados", representado sustancialmente por los EEUU y Europa. 

Desde que Braden publicó en 1945 su famoso "Libro Azul" para atacar a Perón, que el seguidismo servil de lo que se intuye o interpreta como la postura de EEUU sobre las cuestiones internas de la Argentina (sea o no efectivamente así) paga mal políticamente; y en términos electorales.

Mas aun si lo que se pretende es naturalizar como normal esa intromisión externa en nuestros asuntos domésticos; o mostrar como sorprendente o inapropiado, un mínimo ejercicio de la soberanía nacional.

No sea cosa que vuelvan a pisar el mismo palito, y el caso Nisman se termine convirtiendo en un nuevo "Libro Azul" para más de uno, compita o no en las elecciones de octubre.

jueves, 7 de febrero de 2013

EL BRADENISMO SIGUE GANANDO ADEPTOS


Leemos acá al Julio Jorge Nelson de la república perdida alfonsinista; Luis Gregorich, transitando un tópico socorrido de los últimos tiempos: la necesidad de una (inviable) alianza de toda la oposición contra el kirchnerismo, con la patriótica finalidad de erradicar del país a la bestia populista.

Tan socorrido que hace poco menos de un mes lo transitaba acá el inefable Rogelio, apelando a que las fuerzas morales de la república dejaran de lado nimiedades tales como ponerse se acuerdo en un programa concreto de gobierno, que se pueda llevar a la práctica si ganaran las elecciones; con tal de responder al llamado de la historia.

Dice Gregorich (como si hubiera leído a Alaniz): "Cuando falta el carisma, no hay modo de fabricarlo, aunque una sustantiva exposición mediática modera las carencias. Y si la cultura de las individualidades no aporta, hay que darle lugar a la cultura de la coalición. En este contexto, frente a una poderosa y desprejuiciada coalición oficialista, lo más desafortunado resultan frases del tipo de "Mi límite es Macri?". Ningún dirigente opositor democrático, y menos el que aporta tropa propia, puede ser considerado un límite."

Es decir, reneguemos del carisma como medio de vinculación política no tanto porque sea malo o irracional, sino porque no tenemos ningún candidato medianamente carismático para ganar una elección usando recurso; y dado que los populistas se amontonan por conveniencia, hagamos nosotros lo mismo, con tal de ganarles, que es lo único que importa.

Y si para eso tenemos que subir al tren a impresentables (como Macri), pero que suman votos, hagámoslo: todo un manifiesto de realismo político, disfrazado de seudo academicismo. 

Cualquier puntero tradicional de la política opera con la misma lógica, sin tantas pretensiones intelectuales.

Sigue Gregorich: "El populismo latinoamericano tiene las mismas fronteras ideológicas que su detestada socialdemocracia (mejor distribución de la riqueza, aunque sin cambios estructurales en la sociedad). Es más gritón y prefiere las movilizaciones al consenso, y se somete religiosamente a líderes carismáticos, con lo cual reincide en la tradición del caudillismo continental.

Mientras la socialdemocracia tradicional suele estar conducida por profesionales de clase media, los caudillos populistas pueden provenir de cualquier estrato social. Lo demuestra el entramado reciente de jefaturas populistas latinoamericanas, en las que no han faltado ni millonarios rentísticos ni militares de carrera ni sindicalistas ni ex guerrilleros francamente aburguesados."

Es decir entonces que una categoría políticamente central y recurrente en los análisis de ésta gente (que a partir de ella poco menos que explica toda la realidad) como el famoso populismo, queda reducida a una simple cuestión de buenos modales;o al origen social de los dirigentes.

Punto en el cual pertenecer a la clase media purifica al parecer; en una vuelta de tuerca de aquélla creencia que deposita en la clase media la suma de las virtudes: la laboriosidad, el progreso como exclusivo resultado del esfuerzo individual, la familia "normalmente constituida" e incluso (en algunos sectores más sensibilizados políticamente), cierto rescate de bienes públicos proveídos por el Estado, como la educación o la salud.

Algo que ya era viejo en 1945 (porque no alcanzaba a explicar el país real), y quedó definitivamente atrás a partir de las profundas fracturas sociales que vivió la Argentina desde el 76' para acá; de resultas de las cuales la clase media ensanchó o encogió su volumen al vaivén de los cambios económicos y sociales, mientras entraban en crisis muchos de sus valores, y lo que había sido en muchos de sus integrantes una identidad definida (el anti peronismo) viró lisa y llanamente al autoritarismo pre político.

Con la paradoja de que, dentro de esa misma clase media, en aquéllos sectores que vieron con simpatía la experiencia alfonsinista -de la que Gregorich fue parte como funcionario- porque rescataba además ciertos valores (como la defensa de los derechos humanos), no son pocos los que adhirieron al kirchnerismo; mientras él propone ensanchar los límites de una eventual Unión Democrática modelo 2013-2015 para incluir a Macri; que expresa los nuevos valores dominantes en vastos sectores de la clase media: la exclusión, el desprecio por lo público, la escuela privada o la prepaga como salvataje individual de la crisis del Estado de bienestar, instrumentada por las políticas de la dictadura y el menemismo.      

Constata Gregorich: "A pesar de la mala gestión económica del Gobierno, con dilapidación de recursos, cepo cambiario, falta de inversión, pereza en proyectos de infraestructura (largo plazo en general), y graves errores en transportes y energía, la oposición no supo transmitir un contramensaje a la población. Binner quedó golpeado por la crisis narcopolicial de Rosario; Macri gastó mucho tiempo en (no) viajar en subte, y los radicales, ya se sabe, son buena gente, pero tienen sus límites. Ni Barletta, ni Cobos, ni Sanz, ni Ricardo Alfonsín han ido ganando el consenso que necesitan. Lilita Carrió, de gran temple ético, despreció por completo las estrategias políticas. Y eso se paga.".

Es decir los radicales son "buena gente" (¿incluso Barletta, Aguad, De La Rúa o Mathov?) pero inútiles, algo que implícitamente también serían Macri (incapaz de gestionar el subte) o Binner (responsable de la crisis narcopolicial de Rosario); y Carrió tiene un problema: es demasiado buena para estar en política, que es justo lo que ella misma cree, para seguir intentándolo pese al desprecio ciudadano expresado electoralmente; al que por supuesto, ni siquiera toma en cuenta.

¿Desde dónde entonces y con quiénes nos propone este nuevo cultor del bradenismo una nueva Unión Democrática como el presunto remedio a los males del país?

Despojado de empaques culturosos, queda claro que sólo desde el más rancio y tradicional anti-peronismo; que se obstina tanto en permanecer entre nosotros, como el peronismo; con sus complejidades, sus contradicciones y sus incoherencias. 

domingo, 13 de enero de 2013

EL NUEVO BRADEN


"Si esto ocurriera, la hora de una oposición de centro izquierda (utilizo la denominación centro izquierda por comodidad) habría llegado, siempre y cuando, claro está, sus dirigentes sepan estar a la altura de los acontecimientos o preparados para asumir responsabilidades mayores. Conviene advertir sobre este requisito, porque en el pasado abundan los ejemplos de dirigentes políticos que no supieron honrar la cita con la historia, pero, sobre todo, porque aún está fresca en la memoria esa suerte de suicidio político practicado por la oposición en las elecciones presidenciales de 2011.

Dicho con otras palabras, si no se une la oposición no tiene destino."

"Hoy no hay otro camino para construir una mayoría política nacional que el de la construcción de coaliciones, coaliciones articuladas alrededor de algunos mínimos objetivos, dejando a la creatividad de la política la expectativa de resolver aquellos puntos sobre los que en cierta coyuntura no hay acuerdo. Asumir la exigencia de la coalición implica, además, hacerse cargo de que un solo partido no alcanza;"

"Las torpezas y errores de 2011 demostraron que estaban todos más dispuestos a privilegiar las diferencias que los acuerdos. Cada uno de los dirigentes se sintió un líder carismático capaz de arrastrar a las multitudes y a los otros dirigentes detrás de su magia. Los resultados de semejante despropósito están a la vista: la señora le sacó cuarenta puntos de ventaja al segundo.
Ahora se abre una nueva oportunidad que permitiría compatibilizar los intereses partidarios con los objetivos estratégicos."

"¿Programas? Son importantes para definir una identidad, pero lo que hay que hacer en esta etapa ya está escrito. 

Los objetivos son sencillos y al mismo tiempo complejos. El gobierno que llegue al poder no puede ser una versión edulcorada del kirchnerismo. Al respecto, es necesario decir que los Kirchner son la última expresión política del siglo XX, la versión corrompida y decadente de un fracaso: el fracaso del populismo. Ya es hora de comenzar las tareas del siglo XXI. Se trata de fundar la república, consolidar la nación y fortalecer el mercado en un mundo cada vez más globalizado y competitivo. La convocatoria para esta tarea debe ser amplia y generosa. Trasciende los límites anacrónicos impuestos por las categorías de derecha e izquierda. Una coalición opositora que se proponga -desde el más estricto realismo- estos objetivos, debe saber que es más importante sumar que restar y que siempre es más aconsejable que a los límites o las exclusiones los imponga la realidad y no los prejuicios de la rutina política."

El manifiesto completo de la nueva Unión Democrática, acá.