LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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miércoles, 24 de junio de 2026

POSICIÓN ADELANTADA

 

Leemos: "Dentro de los 117 diputados presentes, estuvieron la enorme mayoría de Unión por la Patria, los cuatro diputados del Frente de Izquierda, los dos diputados de la Coalición Cívica, un sector de Provincias Unidas, Miguel Pichetto, Marcela Pagano y hasta Karina Banfi, cuya postura de desmarque causó revuelo en el interbloque Fuerzas del Cambio que integra.".

"Se ausentó llamativamente la jefa del bloque de Provincias Unidas, Gisela Scaglia, así como algunos otros diputados que responden al gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, quien había conseguido un adelanto de coparticipación para su provincia. Tampoco estuvo el diptuado de Encuentro Federal por la provincia de Buenos Aires Nicolás Massot, por motivos que se desconocen.". (las comillas son cita del texto y las negritas son nuestras)

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miércoles, 17 de junio de 2026

PARA REPUBLICANOS Y TRANSPARENTES, NOSOTROS

 

Tal como se venía anticipando en algunas publicaciones periodísticas, Milei modificó el Decreto 222/03 de Néstor Kirchner, que reglamenta la autolimitación de facultades del Poder Ejecutivo para proponer candidatos a integrar la Corte Suprema de Justicia de la nación, y el Decreto 588/03 (también de Néstor) que traslada el procedimiento allí reglamentado a la proposición de candidatos para Procurador General y Defensor General de la nación.

Lo hizo mediante el Decreto 467 publicado ayer en el Boletín Oficial, cuyo texto completo pueden ver acá; y con fundamentos como mínimo curiosos, porque por ejemplo se señala en sus considerandos que el decreto de Kirchner "...estableció un procedimiento de preselección que incorpora etapas administrativas previas a la nominación presidencial,...las cuales guardan similitud con las que, luego, se cumplen en el proceso que se desarrolla en la órbita del H. Senador de la Nación...", por lo cual y "...la duplicación de las instancias aludidas no solo ralentiza el proceso de cobertura de vacantes, sino que la introducción en sede administrativa de mecanismos que ya se encuentran previstos y se cumplen en la etapa de tratamiento de la solicitud de acuerdo ante el H. Senador de la Nación desnaturaliza la etapa de nominación presidencial." (?)

Pero hay peores razones aducidas: así por ejemplo se señala que "...el artículo 3° del citado Decreto N° 222/03 incorporó criterios adicionales para la valoración de las candidaturas que no se encuentran expresamente previstos en la Constitución Nacional y cuya consideración queda comprendida dentro del ámbito de apreciación que corresponde al Poder Ejecutivo Nacional al ejercer su facultad de nominación de magistrados.". 

El artículo 3 del decreto de Kirchner (que en éste punto es derogado por el de Milei) decía lo siguiente: "Dispónese que, al momento de la consideración de cada propuesta, se tenga presente, en la medida de lo posible, la composición general de la Corte Suprema de Justicia de la Nación para posibilitar que la inclusión de nuevos miembros permita reflejar las diversidades de género, especialidad y procedencia regional en el marco del ideal de representación de un país federal.". (las comillas son del texto y las negritas son nuestras)

El Decreto 467/26 de Milei también deroga los artículos 6 y 7 de la norma dictada por Néstor Kirchner en 2003, a los pocos días de haber asumido su gobierno y para lanzar el proceso de renovación de la Corte Suprema de Justicia de la nación. El artículo permitía a los ciudadanos en general, las organizaciones no gubernamentales, los colegios y asociaciones profesionales, las entidades académicas y de derechos humanos, presentar por escrito y de modo fundado y documentado, las posturas, observaciones y circunstancias que consideren de interés expresar respecto de los incluidos en el proceso de preselección; mientras que el artículo 7 establecía que además de esa instancia de participación y control social de los propuestos, el Poder Ejecutivo podía requerir opinión "...a organizaciones de relevancia en el ámbito profesional, judicial, académico, social, político y de derechos humanos a los fines de su valoración.".

El fundamento del decreto de Milei para validar estas mutilaciones a la norma de Néstor es que "...se hace imperativo remover los trámites procedimentales innecesarios y las etapas duplicadas dentro del proceso de designación de magistrados, con el fin de restaurar el dinamismo constitucional de dicho procedimiento y, al mismo tiempo, de agilizar la cobertura de las respectivas vacantes, evitando redundancias en los trámites y la excesiva burocratización de los procesos de decisión.". Es decir que -como si lo hubiera escrito Sturzenegger- el decreto reduce un proceso de calidad institucional a una simple reforma administrativa para desburocratizar la gestión.

Pero la verdad es muy otra: después de haber instalado un representante directo de la casta judicial de Comodoro Py en el Ministerio de Justicia (que debutó prorrogando el cargo de juez de su padre, y gestionando otro para el hijo de Rosatti), Milei pacta con Lorenzetti (que curiosamente llegó a la Corte en el marco del mecanismo que ahora contribuye a mutilar) para ver si puede conseguir cubrir las vacantes del máximo tribunal, y completar así su maniobra de protección de la retirada para cuando deje el gobierno, y lo puedan perseguir por las numerosas causas de corrupción que le están estallando todos los días, a él, su hermana y sus funcionarios.

En el país de los 30.000 desaparecidos, con la Corte del fallo del "2 x 1" y en un gobierno negacionista, se eliminan las instancias de participación de las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil en el escrutinio público de quienes son propuestos para los más altos cargos de la magistratura, y en el país del lawfare y la instrumentación de la justicia con fines de persecución política, se implementan reformas que refuerzan el poder de la corporación judicial (una excrecencia monárquica plantada en el corazón de la democracia) al eliminar instancias de control social de sus miembros, se reduce la representatividad federal de los órganos más importante de la estructura judicial, y se busca evitar toda incorporación de otras miradas del derecho y la sociedad, que no sean la de las élites dominantes.

Tan burdo es el decreto de Milei que omite ponderar que el Decreto 222/03 de Kirchner (en tanto propendía a una progresiva paridad de género en la Corte) se inscribe en la línea de las "acciones positivas" de las que habla el artículo 37 de la Constitución Nacional reformada en 1994 para incrementar los espacio de participación de las mujeres en las diferentes instancias de la vida social, e incluso precedentes provinciales recientes, como la Ley 14002 que estableció acá en Santa Fe durante el gobierno de Perotti la paridad de género en la integración de la Corte provincial, precepto que -de paso digámoslo- Pullaro burló groseramente en su embestida para armar un tribunal a su medida.   

Todo esto está sucediendo hasta acá en medio del más completo silencio de las academias, las facultades de derecho y los colegios de abogados, tanto como de la prensa hegemónica; demostrando así que para algunos que los valores republicanos y la calidad institucional son cuestiones que -como la corrupción- solo les preocupan cuando gobierna el peronismo. Tuits relacionados:

miércoles, 27 de mayo de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"El directorio del Fondo Monetario Internacional aprobó la segunda revisión del acuerdo con la Argentina y habilitó un desembolso de 1.000 millones de dólares. Pero el dato político más importante quizás no sea ese, sino el orden en que ocurrió todo. La revisión debía aprobarse en enero. Recién el 14 de abril, Kristalina Georgieva salió a anunciar que había acuerdo con la Argentina, aun antes de que estuviera cerrada y publicada toda la ingeniería técnica. No fue casual. Georgieva conduce un organismo donde Estados Unidos tiene el peso decisivo y Washington venía empujando políticamente el sostén a Javier Milei. Primero apareció entonces la señal política, después vino la burocracia técnica.".

"Recién ahora el board terminó firmando formalmente la continuidad del programa argentino. La segunda revisión del acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional terminó dejando algo más profundo que un desembolso de 1.000 millones de dólares. El documento técnico del staff terminó funcionando como una radiografía política del gobierno de Javier Milei. Y también como una radiografía de la mirada que el organismo tiene sobre la democracia argentina. Durante meses el gobierno intentó presentar la relación con el Fondo como una validación técnica de su programa económico. El staff level agreement muestra otra cosa. El FMI no está discutiendo solamente metas fiscales, reservas o inflación. Está evaluando capacidad de disciplinamiento político y social. El problema central ya no aparece únicamente como económico. Aparece como electoral.".

"El informe repite varias veces la misma idea: la incertidumbre política de 2025 ralentizó el programa. La dolarización previa a las elecciones legislativas provocó salida de reservas, tensó el mercado cambiario y obligó a endurecer las condiciones monetarias. El Fondo directamente atribuye el incumplimiento de la meta de reservas a la cobertura electoral de empresas y ahorristas antes de las elecciones de medio término. Ahí aparece el núcleo político del documento. El Fondo no describe las elecciones como parte normal del funcionamiento democrático. Las describe como un factor de inestabilidad económica. El calendario electoral aparece tratado casi como una anomalía del programa.".

"El texto es explícito. Dice que “las incertidumbres políticas antes de las elecciones presidenciales de 2027 podrían provocar salida de capitales y ralentizar o revertir el impulso reformista”. No es una interpretación. Está escrito así. La definición tiene un trasfondo delicado. Porque si las elecciones son consideradas un riesgo sistémico para el programa, entonces la propia lógica democrática empieza a ser vista como una amenaza para la estabilidad financiera. El problema deja de ser la macroeconomía. El problema pasa a ser la posibilidad de que la sociedad vote otra cosa.".

"El Fondo incluso reconoce que la continuidad del programa depende de “mantener apoyo social y político”. Otra vez: el centro ya no es económico. El verdadero interrogante es cuánto ajuste puede tolerar la sociedad argentina antes de que aparezca una reacción política que altere el rumbo. La escena remite a una vieja obsesión de los organismos financieros internacionales en América Latina. La gobernabilidad entendida no como ampliación democrática sino como capacidad de administrar el conflicto social sin alterar el programa económico. Como si las urnas fueran un ruido del sistema. Una interferencia sobre la racionalidad técnica.".

"El informe también deja ver cuáles son las próximas exigencias estructurales. Más reducción de subsidios energéticos. Reforma previsional. Reforma tributaria. Mayor flexibilización laboral. Ajuste sobre provincias. Profundización de privatizaciones y apertura comercial. El Fondo insiste especialmente sobre subsidios energéticos y gasto social. El texto señala que las autoridades están comprometidas a sostener el equilibrio fiscal mediante “nuevas reducciones de subsidios energéticos”, “mejor focalización” de transferencias sociales y contención del gasto discrecional para compensar “iniciativas de gasto del Congreso”.".

"La frase parece técnica. Pero tiene un contenido político mucho más profundo. Porque el organismo presenta las decisiones del Parlamento —es decir, de los representantes elegidos por el voto— como un problema que debe ser neutralizado para sostener el programa económico. Ahí aparece otro rasgo inquietante del documento. El Congreso es tratado como un factor perturbador del equilibrio fiscal. Las leyes votadas democráticamente son descriptas como amenazas potenciales para la sustentabilidad del acuerdo. La división de poderes queda subordinada al cumplimiento de metas financieras.".

"No hace falta exagerar para advertir los tintes problemáticos de esa lógica. El Fondo no está proponiendo cerrar el Congreso. Pero sí deja entrever una concepción donde las decisiones parlamentarias sólo son aceptables mientras no alteren el sendero pactado con el organismo. La democracia aparece condicionada por el programa financiero. El razonamiento es casi circular. Si las elecciones generan incertidumbre y el Congreso genera gasto, entonces la estabilidad dependería de limitar la capacidad de ambos para modificar el rumbo económico. Como si el programa necesitara una democracia de baja intensidad para funcionar sin sobresaltos.".

"Así como el Fondo Monetario funciona bajo la tutela política de Estados Unidos, la interna del gobierno de Javier Milei también se ordena alrededor de esa dependencia. La subordinación externa no sólo condiciona la economía, también reorganiza el poder local. Cuando las decisiones estratégicas se validan en Washington y no en Buenos Aires, la política doméstica deja de discutir un rumbo propio y se transforma en una disputa por administrar negocios, influencia, inteligencia y acceso al dispositivo presidencial. La política pierde autonomía y se achica. La tutela financiera termina filtrándose hacia adentro del gobierno como una forma de fragmentación política. La crisis interna del gobierno de Javier Milei ya no puede leerse solamente como una pelea doméstica entre Karina Milei y Santiago Caputo, una pelea que tiene dos bloques definidos. De un lado, Karina Milei, Martín Menem, Lule Menem y la estructura partidaria de La Libertad Avanza. Del otro, Santiago Caputo, el aparato digital libertario, sectores de inteligencia y buena parte de la narrativa política del gobierno.".

"En medio del estallido, Santiago Caputo viajó a Estados Unidos. El movimiento fue leído dentro del oficialismo como una forma de blindaje político en plena escalada de la pelea con el karinismo. Pero el dato más importante es otro: Caputo aparece como interlocutor privilegiado del gobierno argentino pese a ser un asesor monotributista. La interlocución no pasó por Cancillería ni por organismos formales del Estado. Pasó por Caputo. Eso muestra dónde percibe Estados Unidos el verdadero núcleo de decisión política del gobierno libertario: un entramado informal donde se mezclan inteligencia, comunicación, negocios y estrategia. Y ahí la tutela norteamericana empieza a cruzarse con la interna libertaria.".

"Nadie discute el rumbo económico porque el rumbo ya viene escrito. Nadie cuestiona el ajuste, la subordinación al Fondo o el alineamiento absoluto con Washington. La discusión pasa entonces a otro plano: quién administra negocios, licitaciones, cajas, inteligencia y acceso presidencial. Por eso la interna libertaria tiene un carácter tan extraño. No se tiran por la cabeza modelos de país. Se tiran empresarios. Javier Milei queda en el medio, pero cada vez menos como conductor y cada vez más como árbitro agotado de facciones que se destruyen entre sí.".

"Los empresarios orbitan alrededor de las distintas facciones. Estados Unidos monitorea licitaciones estratégicas, regulación económica y actores sensibles del oficialismo. El Fondo condiciona la política económica. Y el gobierno empieza a exhibir el síntoma más delicado de todos: la disolución de su propio centro político. El poder formal permanece intacto. La capacidad de decisión del gobierno no tiene oxígeno.".

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lunes, 18 de mayo de 2026

FIN

 

Con poco más de un tercio de su mandato por delante, el gobierno de Javier Milei y el experimento anarco-capitalista que encarnó están terminados, y nada tienen ya para ofrecer al pueblo argentino salvo dolor y vergüenza. Esa es la principal certeza de un presente de incertidumbre.

Y el primero que lo sabe es el propio Milei, de allí su furia incontenible que explota al menor elemento exterior, como una simple pregunta de un periodista al salir del Congreso, interrumpiendo desde Estados Unidos el programa de dos alcahuetes suyos como Majul y Trebucq para defender a Adorni, o teniendo un brote psicótico en un canal de stream financiado con la guita negra de la SIDE: está peleado con la realidad, negando la gravedad de la crisis que él mismo provocó, de la que la corrupción estructural de su gobierno de descuidistas es solo un fenómeno superficial. Y viene perdiendo la pelea por knock out.

Por sus propias limitaciones conceptuales, por la naturaleza de las ideas que profesa, por los intereses concretos a los que sirve, por la caja de herramientas de su programa (y por el programa en sí mismo)   y por sus cada vez más obvios trastornos cognitivos y emocionales, es absurdo esperar del presidente y su gobierno una rectificación del mundo, ni tan siquiera una comprensión cabal del punto en el que estamos. Solo queda por delante bajo su gestión -que vaya uno a saber si concluirá en los términos constitucionales- más de éste carnaval decadente, que no ofende a Escribano como en el 2003. Eso, y el saqueo desenfrenado del patrimonio público (centrales nucleares, rutas, hidrovía, represas hidroeléctricas, empresas estatales) en favor de amigos y favorecedores, mientras nos entretienen con las grasadas de pungas de bajo vuelo como Adorni o Demian Reidel. 

Días atrás y nada menos que en el Congreso de la nación el presidente (al fin y al cabo el funcionario político electo más importante de nuestro sistema institucional) fue a ofrecerse como fusible de su cadavérico jefe de gabinete, cuando debería ser al revés; simplemente para que el canario no cante, y preservar el tinglado (no hay alusión personal al jefe de gabinete) de negocios familiares construido por su hermana. Que la épica bizarra que quiso imprimirle al asunto no nos haga perder de vista la esencia de las cosas.

Los que llegaron al gobierno encarnando la presunta novedad de una propuesta por fuera de lo carriles políticos tradicionales, terminaron siendo una copia bufonesca de lo viejo: de la promesa electoral de que todos cobraríamos en dólares como principal objetivo económico, a reversionar la eterna promesa/amenaza gorila de terminar para siempre con el peronismo, como única propuesta política.

Que el ciclo de Milei está concluido y pasó a la categoría de estorbo lo sabe también el círculo rojo, tanto que ya está ensayando distintas estrategias para "salvar al modelo", prescindiendo de su circunstancial ejecutor: desde resucitar una posible candidatura de Macri, hasta ensayar otra vez el recurso del outsider con el pastor Gebel, el banquero Brito o algún otro conejo sacado de la galera de las encuestas truchas, o volver a intentar el entrismo en el peronismo, buscando una versión "razonable" que acepte jugar con sus reglas. Todo mientras silban bajito para que nos olvidemos que son los principales responsables (y beneficiarios) de que este experimento con seres vivos que nos está asolando haya tenido lugar. 

A eso y no a otra cosa responden Tolosa Paz y un par de buscas más, que andan por ahí resucitando la etiqueta del "peronismo federal", con planteos tan apolillados como el rótulo, y que fracasaron cada vez que se intentaron: no espantar a los inversores, seducir al círculo rojo, respetar el RIGI, garantizar que se respetará el equilibrio fiscal; como si nada hubiera pasado en todos estos años, y el único problema fueran las excentricidades del presidente. Y a eso también responde el súbito brote de independencia y rebeldía de Patricia Bullrich (otra posible candidata del círculo rojo), que prepara otro garrochazo más en su carrera política, con la excusa de las trapisondas de Adorni.

Y mientras ellos andan en eso, nosotros estamos enzarzados en internas absurdas, viendo si conviene o no pedir por la libertad de Cristina, si suma o resta votos. Cuando no hay tiempo que perder porque pasó el momento de tratar de explicar la presunta complejidad de la obscena y grotesca simplicidad de lo que tenemos enfrente, y también el de limitarse a hacer el registro diario de las iniquidades del régimen, en modo indignación. La gravedad de la crisis exige que nos pongamos ya a pensar que les vamos a proponer concretamente a los argentinos para sacarlos de éste desastre.  

Por delante queda resistir y organizarse donde sea, donde se pueda y donde se deba: la calle, los tribunales, el Congreso; evitando prestarse al circo que propone el gobierno, porque alguien tiene que ser el adulto responsable que preserve las instituciones democráticas para cuando esto haya terminado.

Resistir y al mismo tiempo pensar como se sale, oponerse a la entrega de lo que aún les falta entregar (desde el agua de nuestro glaciares hasta nuestros datos personales, pasando por la industria y los empleos que aun sobreviven) y construir no solo y no tanto una alianza electoral ni una fórmula ganadora, sino un programa de reparación nacional para levantar al país desde las cenizas de la tierra arrasada que nos están dejando, y construir también el consenso social para llevarlo a cabo.

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miércoles, 8 de abril de 2026

BATALLAS Y BATALLITAS

 

Quizás algunos son chicos y no se acuerdan, pero en tiempos del kirchnerismo muchas de las críticas que se le hacían al gobierno y a la propia Cristina era que por tener una mirada excesivamente ideologizada planteaba batallas culturales que demandaban energías, que eran más necesarias para encarar las soluciones concretas de los problemas del país. En la versión gorila, introducía un permanente clima de crispación en la sociedad que impedía lograr los consensos básicos para que el país despegara definitivamente: una reversión de la crítica al primer peronismo por "haber dividido a las familias introduciendo la política en la mesa familiar", o "haber desperdiciado oportunidades para conseguir el desarrollo por aplicar políticas populistas".

Las criticas de ese estilo llegaban incluso desde algunos de los "propios", que apenas tuvieron la oportunidad de poner en práctica sus ideas presuntamente superadoras (como pasó cuando le hicieron "oposición constructiva" a Macri, o cuando ocuparon posiciones relevantes en el gobierno de Alberto) dejaron en claro que las propuestas alternativas que supuestamente el kirchnerismo postergaba por sus batallas culturales, eran en realidad un retroceso y una concesión en toda la línea a los reclamos de quienes habían sido sus contendores: el campo privilegiado, los medios hegemónicos, el empresariado, los fondos buitres y el FMI, entre otros.

Sin embargo, ni siquiera entonces se decía (no al menos como argumento predominante) que el kirchnerismo vivía planteando batallas (reales o discursivas) con el ánimo de distraer sobre lo que verdaderamente estaba pasando en el país; salvo desde el lanatismo bobo (mediático y social) y en relación a los presuntos hechos de corrupción, que en su opinión deberían merecer toda la atención social, porque eran el principal problema argentino.

En estos tiempos libertarios ya es casi obvio hablar de la doble vara que rige para muchos sectores de la sociedad, los medios y la política según el gobierno sea o no peronista: cuando no lo es, la corrupción ya no es tan relevante (hasta que el experimento se agota por no producir los resultados esperados) y la "grieta", el clima de crispación o la vehemencia del discurso oficial son tolerados, hasta que uno se convierte en blanco de su ira.

Con Milei las batallas culturales (también contra enemigos simbólicos o reales) se convirtieron en el discurso oficial del gobierno en torno al cual se despliega su plan político y económico, y se habilita el despliegue de todas las formas de violencia de las que la derecha es capaz cuando detenta la conducción del Estado; desde la material (que va desde la que es inmanente a sus políticas económicas hasta el despliegue represivo y la coerción física, en constante ida y vuelta) hasta la simbólica y discursiva.

Es el libertario un gobierno que se define y quiere ser comprendido desde sus enemigos, aquellos a los que ha elegido como blancos de la diatriba encabezada por el propio presidente, más que desde sus apoyos. Aunque conceptos como "casta" y "argentinos de bien" son deliberadamente iguales de gaseosos en la definición de sus contornos, es evidente que a Milei y su recua les interesa más marcar los objetivos que quieren eliminar o sobre los que quieren dirigir la mira, sean artistas populares, discapacitados, universitarios o científicos, o el amplio género de identidades ideológicas percibidas como una amenaza (progresismo, socialismo, comunismo, kirchnerismo, lo mismo da). Y ahí aparece  otra diferencia muy marcada con los años kirchneristas: dime con quien te peleas, y te diré que tipo de gobierno eres.

Incluso cuando algún adversario circunstancial de la gestión libertaria coincide con los que afrontó en sus tiempos el kirchnerismo coincide (lo que les sirva a estos para homologarlos bajo la cómoda etiqueta de decir que en el fondo son iguales), las diferencias son nítidas: Milei la emprende contra el periodismo, pero no habla de los dueños de los medios, que son los que fijan la línea editorial, y con cuyos negocios no se mete o los facilita (acaba de entregarles la derogación del Estatuto del Periodista en la reforma laboral), y limita todo el asunto a una cuestión de sobres. Cristina planteó la ley de medios (que afectaba los intereses de los dueños de los medios) no tanto porque le molestaran sus opiniones (demostró ampliamente que podía sobreponerse a ellas en términos de gobernabilidad), sino porque entendió claramente el rol político que jugaban, y como distorsionaban las condiciones del debate y la competencia democrática y el sistema de toma de decisiones, que es propio de la sociedad representada por los partidos políticos y el sistema institucional.

Milei la emprendió contra algunos empresarios (como hace poco con Paolo Rocca o Madanes Quintanilla) desde su credo liberal del capitalismo salvaje en el que los que no son capaces de adaptarse deben reconvertirse o desaparecer, y desde el que no cree que pueda existir algo como una burguesía nacional o un desarrollo capitalista autónomo, simplemente porque no cree que exista la posibilidad (y si la hay no le interesa) de construir un país soberano, en todos los sentidos, incluyendo su propio desarrollo productivo. Cuando Cristina criticaba a los empresarios, les reprochaba que (como le pasó en sus tiempos a Perón) pese a que se les creaban desde las políticas públicas oportunidades para prosperar, se negaban a hacer su contribución al desarrollo integral del país, con inclusión social y redistribución de la riqueza. Eso sin contar que Milei los cuestiona en público, mientras les rebaja o elimina impuestos vinculados a la capacidad contributiva o el crecimiento patrimonial (como Ganancias o Bienes Personales), y les concede reformas largamente demandadas por ellos, como la laboral.

Si el gobierno libertario debe ser tomado en serio por las consecuencias sociales y económicas de las batallas reales que viene emprendiendo (contra el salario, el empleo, las condiciones laborales, el desarrollo industrial, la protección social de los más débiles, la investigación científica o el desarrollo tecnológico autónomo), no merece que perdamos ni un minuto de tiempo en prendernos en sus batallitas culturales sean reales o imaginarias. Y no solo porque -esta vez sí- distraigan energías que son necesarias para dar otras peleas más relevantes, sino porque todas las banderas que levantan son ridículas o no fueron capaces de sostenerlas y las abandonaron sistemáticamente: desde YPF en el trayecto que va de querer privatizarla al mameluco de Milei o el festejo por el fallo judicial que convalidó su expropiación, hasta el Banco Nación que siguen queriendo privatizar pero al que están desfondando con créditos privilegiados para funcionarios y legisladores, pasando por los vuelos, viajes y propiedades de Adorni, sobran los ejemplos al respecto.   

Lo que si queda muy claro -al menos para nosotros- que estas batallas a las que Milei y su gobierno nos quieren arrastrar (incluyendo penosamente el abandono de la tradición de neutralidad de la Argentina en conflictos internacionales en los que no hay en juego ningún interés nacional concreto) tienen por único y exclusivo fin distraer la atención, facilitando así el proceso de saqueo y entrega del país y en su desarrollo, posibilitar el esquema de corruptelas variadas de un conjunto de lúmpenes (empezando por el presidente, su hermana y su jefe de gabinete) que se han visto de golpe frente a la oportunidad de sus vidas de pararse para toda la cosecha, como nunca lo habían imaginado.

Si algún sentido hay que encontrarle a todos esto, es aprender de la experiencia y dejar de lado la utopía de una sociedad sin conflictos (reales, no imaginarios ni plantados para distraer), lo que sería imposible cuando es al mismo tiempo cada día más injusta y desequilibrada. No se trata de no pelear, sino de elegir con quien y por qué. Y abandonar las ideas y estrategias (y candidaturas) consensualistas, que no son más que el disfraz teórico de una nueva claudicación.

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sábado, 28 de marzo de 2026

EXPRÓPIESE

 

En la reaparición pública de Adorni con su stand up cotidiano en el que se defendió de las acusaciones de corrupción en su contra como la almeja (enterrándose con la lengua), pasó casi desapercibido el anuncio que hizo de que el gobierno enviaría una serie de proyectos de ley para "garantizar la propiedad privada".  Pasó desapercibido hasta que anoche lo recordó el presidente en cadena nacional, en un mensaje en el que celebró que la justicia de Estados Unidos le diera la razón a la Argentina en el litigio iniciado por el fondo Burdford Capital, por la expropiación del 51 % de las acciones de YPF.

En realidad, se trata de un conjunto de proyectos que ya habían sido anunciados cuando el Poder Ejecutivo convocó al Congreso a extraordinarias, y entre ellos en esa oportunidad merecieron más atención las modificaciones a la Ley 26737 del dominio de tierras rurales aprobada en el gobierno de Cristina para limitar la tenencia y propiedad de tierras en manos de extranjeros; y a la Ley 26815 de manejo del fuego, en éste caso para eliminar los cambios introducidos en 2020 por la Ley 27604 a instancias de un proyecto presentado por Máximo Kirchner, para limitar el uso de las tierras afectadas por los incendios a los fines productivos o de desarrollos inmobiliarios, por un plazo de 60 años desde su extinción. Casualmente cuando se ha presentado un proyecto de capitales israelíes para construir una ciudad-country en 100.000 hectáreas no determinadas aun de la Patagonia.

Pero también estaba incluido en ese conjunto de proyectos -y es el que interesa analizar aquí- uno para modificar la Ley 21499 de expropiaciones, limitando -según dijo Adorni- las causas por las que un bien puede ser declarado de utilidad pública para ser expropiado, aunque en rigor el jefe de gabinete -demostrando que del tema, como de tantos otros, entiende poco- dijo que no correspondía que el Estado resolviera eso "unilateralmente". Milei agregó que proponen que la expropiación sea "para situaciones excepcionales" (como si no hubiera sido siempre así), y para pagarles m{as indemnizaciones a los expropiados, lo que de mono alguno sorprende.

La pregunta sería en ese caso a quien le tendría que preguntar el Estado (garante del bien común) si algo es o no de utilidad pública para expropiarlo, o con quien lo tendría que discutir; cuando determinarlo es un acto propio del ejercicio de su soberanía exterior y supremacía interna para imponerse al interés particular; y el particular afectado por la privación de un bien lo único que puede discutir (en sede administrativa y judicial), es el precio, o sea el monto de la indemnización que se le debe pagar para desapoderarlo del bien.

Y no se trata de inventos chavistas ni nada por el estilo: la cuestión de la expropiación de bienes por causa de utilidad pública estaba ya en el artículo 17 de la Constitución Nacional original sancionada en 1853, y siguió estando hasta el día de hoy, con el mismo texto. Es decir que aun la muy liberal Constitución ideada por Alberdi -que en el mismo artículo protegía y protege la propiedad privada incluso de las necesidades del país ante una guerra: ("Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones ni exija auxilios de ninguna especie")- admitía la expropiación de un bien por causa de utilidad pública.

Y la Constitución peronista de 1949 ratificaba el concepto (la expropiación procede por causa de utilidad pública declarada por ley, y previamente indemnizada) en su artículo 38, en el que consagraba la función social de la propiedad privada: "La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva. La expropiación por causa de utilidad pública o interés general debe ser calificada por ley y previamente indemnizada.". En el artículo 40 establecía las pautas para expropiar -si fuera necesario- los bienes afectados a los servicios públicos, y fijaba las pautas para la indemnización en ese caso en particular.

Lo que se trataría de modificar ahora -entre otros- es el artículo 1 de la Ley 21499 (1977) que dice lo siguiente: "La utilidad pública que debe servir de fundamento legal a la expropiación, comprende todos los casos en que se procure la satisfacción del bien común, sea éste de naturaleza material o espiritual.". Su antecesora la Ley 13264 (1948) establecía en su artículo 1: "El concepto de utilidad pública comprende todos los casos en que se persiga la satisfacción de una exigencia determinada por el perfeccionamiento social.".

Similares conceptos contiene la Ley 7534 (1975) de Santa Fe en su artículo 1: "El concepto de interés general comprende todo aquello que represente o tienda a lograr una satisfacción material o espiritual para la colectividad.", y la Constitución provincial reformada el año pasado dice en su artículo 21 (que reproduce exactamente el artículo 15 de la Constitución de 1962): "La propiedad privada es inviolable y solamente puede ser limitada con el fin que cumpla una función social. El Estado puede expropiar bienes, previa indemnización, por motivos de interés general calificado por ley."

Hasta los tratados bilaterales de inversión (TBI) firmados en abundancia durante la década del 90' al calor de las reglas del Consenso de Washington dejaron a salvo la facultad expropiatoria del Estado; algo que solo podía ocurrírsele a este gobierno de ocupación colonial que padecemos, y lo dejó plasmado en la Ley 27742 (ley de bases), más específicamente en el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, en el artículo 200 inciso b): "El Estado nacional garantiza a los VPU adheridos al RIGI: b) La plena disponibilidad de sus activos e inversiones, que no serán objeto de actos confiscatorios o expropiatorios de hecho o de derecho por parte de ninguna autoridad argentina. El Estado prestará al VPU toda la colaboración necesaria para repeler actos confiscatorios o expropiatorios de hecho o de derecho provenientes de cualquier autoridad nacional, o de jurisdicciones locales o extranjeras;...".

Es decir que el Estado les asegura a determinados inversores que jamás serán expropiados -ni por él, ni por las provincias ni por los municipios- aunque exista una necesidad pública que así lo justifique; pudiendo llegar incluso (está implícito en el texto) a usar la fuerza para impedirlo, o intervenir una provincia a esos fines, estirando los preceptos constitucionales de los artículos 5 y 6 CN (hasta violarlos) en beneficio exclusivo del capital extranjero.

Expresiones tales como "utilidad pública", "satisfacción del bien común, sea éste de naturaleza material o espiritual", "perfeccionamiento social", "satisfacción material o espiritual para la colectividad" o "interés general" son los que en doctrina se conoce como conceptos jurídicos indeterminados, que el constituyente y el legislador dejan deliberadamente abiertos para poder captar en forma dinámica todas las situaciones que pueden presentarse a través del tiempo, y que imponen que el Estado actúe expropiando un bien particular, que son múltiples y variadas y van desde evitar que una fábrica abandonada o vaciada por sus dueños cierre y se pierdan puestos de trabajo (de hecho así se ha hecho en el caso de la mayoría de las fábricas recuperadas), o para retomar el control de la petrolera estatal y alinearla con los objetivos del país y el desarrollo nacional en materia energética; como hizo el gobierno de Cristina en 2012 con la Ley 26741; que habilitó la recuperación del control de YPF por el Estado nacional.

Esta última mención no es casual en éste post, pero tampoco -creemos- en éste momento y en relación al litigio que el Estado nacional sostiene en Estados Unidos contra el fondo buitre  Burford Capital, por la expropiación del 51 % del paquete accionario de YPF. Un litigio en el que la Argentina contó hasta con el apoyo de del gobiernos de los EEUU, que no hace más que defender su propia ley de inmunidad soberana de los Estados en su territorio, y su prevalencia sobre cualquier estatuto societario; que es lo que viene sosteniendo la Argentina desde el inicio del litigio, y que el fallo del tribunal de apelaciones yanqui acaba de convalidar, dándole la razón y revocando el fallo de la jueza Preska, que ordenaba pagar una indemnización colosal a los demandantes, y transferirles las acciones de la petrolera.

Si no estuviéramos en manos de un gobierno infiltrado en todas sus líneas por los agentes del capital financiero internacional, si de allí no proviniesen todos los principales funcionarios del Ministerio de Economía (y ahora también de la cancillería), si las políticas de éste gobierno no hubieran alentado el desembarco en el país de fondos especulativos como el propio Burford Capital que litiga contra Argentina por la recuperación de YPF para participar del festival de ganancias fáciles de la bicicleta financiera (y que acaba de recibir un fallo adverso para sus intereses, pero favorable para el país), si funcionarios de éste mismo gobierno (como el ex Procurador del Tesoro Castro Videla o el diputado Fargossi) no hubiesen estado vinculados al fondo litigante como abogados, si ese mismo gobierno no estuviera desesperado por rifar los recursos naturales del país y el patrimonio público para hacerse de dólares para pagar la deuda y si no estuviera tratando de evitar que los latrocinios y saqueos de hoy no puedan ser revertidos mañana por un futuro gobierno, uno podría pensar que cuestionar en éste momento la potestad expropiatoria del Estado o pretender disminuirla en su potencia jurídica sería pura casualidad.

Pero en éste contexto no puede ser sino otra cosa, amén de la demostración palmaria de que el presidente tiene severos trastornos mentales y vive en una dimensión paralela; tanto que dijo que expropiar está mal y es un robo (cuando se paga una indemnización), luego de un fallo de un tribunal del país del cual es siervo incondicional que dijo todo lo contrario. Tuits relacionados: 

miércoles, 4 de marzo de 2026

SON SOLO NEGOCIOS

 

La imagen de apertura ilustra esta excelente nota de Pablo Tigani en La Política Online, que es la mejor lectura que hemos visto del discurso del presidente en el Congreso para la apertura del período ordinario de sesiones, y que recomendamos. Allí está explicado con mucha claridad el papel que desempeña Milei en la ópera bufa en la que se ha convertido la política nacional, y la finalidad que en ese contexto tiene su permanente diatriba contra la oposición. Como dice Tigani y por irracional que parezca, hay una racionalidad y una estrategia en lo que hizo Milei el domingo, que es lo mismo que hace desde que apareció en política: arrastrar marcas (y votos de incautos) para desviar la atención hacia los ribetes bufonescos de su gestión, y distraer de lo esencial, que es plan político, económico y social que está ejecutando.

Que haya aceptado (y lo disfrute) el rol que le toca desempeñar dice mucho de él, pero más de los que lo instrumentan: la decrepitud intelectual y la estrechez de miras de nuestra élite económico la ha condenado (y con ella a todos nosotros) a ensayar estrategias electorales encarnadas en figuras cada vez más limitadas y grotescas, que solo pueden tener éxito en el actual panorama de chatura cultural y deterioro cognitivo de buena parte de la población; pero los escasos quilates del personaje en cuestión (antes Macri, ahora Milei) hacen que a la larga o a la corta se le terminen viendo las patas a la sota.

Y la sota es el mismo combo de negocios a costa de desangrar al Estado y al conjunto de la sociedad más revanchas de clase de la clase que siempre gana, pero que no tolera el más mínimo avance o amenaza de tal, en contra de sus intereses. No hay más que eso (cosa tal como un proyecto de país, o algo similar) y no lo busquen, solo hay que agregar el propósito de uncir al país a los designios de la potencia hegemónica como una colonia de segundo orden.

Si en ese marco el presidente de la nación queda degradado al rol que alguien definió alguna vez como un "puesto menor" no es casualidad sino consecuencia: se trata de reducir a la política, al voto ciudadano y a las instituciones de la democracia a su mínima expresión, en todo sentido: simbólico, material y en consecuencia en su capacidad de arbitrar y poner límites al despliegue del capitalismo desenfrenado en todas sus fracciones. En ese contexto, no suena descabellado que a 50 años del último golpe militar, el gobierno coquetee con la idea de indultar a los genocidas condenados: se trataría simplemente de darles la misma impunidad que aun hoy siguen teniendo sus mandantes civiles, beneficiarios económicos de la masacre.   

Algunos despistados -que aun siguen mirando el dedo cuando le señalan la luna- se quedaron esperando el domingo más anuncios a futuro de Milei, o un festejo más amplio por las reformas que ya logró imponer, y no son pocas. Acaso en el único rasgo de astucia por encima de su ego adolescente desbordado, el presidente optó por el silencio: ya habrá tiempo para instalar mediáticamente nuevas trapisondas, y en torno a la reforma laboral y otras lindezas ya estaba el gato en la bolsa y no era cuestión de que alguno se avive de que le faltaba. De todos modos, cuando el próximo esperpento legislativo diseñado por el poder económico y vehiculizado por Milei vea la luz, no olvidemos que nació en el mismo momento en el que el presidente nos avergonzaba a todos en cadena nacional, desde el Congreso de la nación.

Porque conviene recordar que en los días previos y casi concomitantes a su discurso en el Congreso el gobierno logró aprobar una reforma laboral que retrotrae las cosas en el mundo del trabajo a 1910 o incluso antes, en la que los que verdaderamente redactaron el proyecto (que no son ni de cerca Sturzenegger o algún otro funcionario del gobierno) se hicieron tiempo para colar una rebaja del impuesto a los yates y autos de lujo, mientras a miles de monotributistas les llegaban recategorizaciones de oficio; y les armaron un negocio a medida a los banco con el fondo de las indemnizaciones, creado restándole recursos a las jubilaciones para subsidiarles a los empresarios los despidos más baratos; y para fondearle a Caputo los pagos de deuda.

Y dieron media sanción a una ley de desprotección de los glaciares a pedido de un puñado de mineras que sobran los dedos de una mano para contar y a las que se acaba de sumar Elsztain, el financista de Milei (con la anuencia de caciquejos provinciales incapaces de cobrarles siquiera regalías razonables), y Galperín intentó colar para su bolsillo el negocio del manejo de las cuentas sueldo, sobre lo que seguramente insistirá hasta conseguirlo; porque donde hay una necesidad (de acumular), nace un negocio. Horas antes del discurso de Milei en el Congreso, se publicó el decreto que amplía el RIGI a pedido -sobre todo- de las petroleras que operan en Vaca Muerta y que no lo necesitan para invertir, sino para reducir sus costos y aumentar sus ganancias; o dicho de otro modo: mientras se peleaba en público con Paolo Roca, Milei le mejoraba sustancialmente los números a Tecpetrol, la petrolera del grupo Techint.

En lo que estuvo un poco más locuaz el presidente fue en el plan político de su administración, que es continuar con la persecución y proscripción de Cristina adelantando incluso (frente a la atenta mirada de los delincuentes togados de la Corte) como le irá en causas judiciales que aun no tienen sentencia; por si a alguno le quedaban dudas de que es una presa política del régimen, y a quien realmente le teme él, y los que se ocuparon de sacarla del camino para que no les estorbe. Faltaría que se avive (o algunos dejen de elegir hacerse los boludos) el conjunto de la dirigencia del peronismo, y estaríamos.

La amenaza de Milei a alguien que, aun detenida, con restricciones a las visitas que no sufren ni los genocidas e inhabilitada a perpetuidad para ocupar cargos públicos, los sigue desvelando, marca los límites de su plan político: de refundar la Argentina para hacerla más grande y presentarse como el rupturista con el orden establecido, a hacer macrismo con malos modales y subirse al usufructo del know how judicial construido durante años por el calabrés y Angelicci en Comodoro Py. Aunque alguno se confunda con el intercambio de pullas estudiantiles con Myriam Bregman, esa es la idea: como no podemos darles asado (acaban de decirnos que comer carne es un lujo del que deberíamos prescindir) démosles más condenas para Cristina, reversionando el axioma de Cacho Alvarez entre el pan y los presos.

Pero a no desesperar que nada es eterno y la oportunidad de ponerle fin a este presente de vergüenza está ahí, nos la crean ellos mismos cuando más dicen que vinieron para quedarse y sueñan una hegemonía perdurable, como también soñó Macri, que no pudo sostener su gobierno, su partido y su matrimonio, aunque evitó peregrinar por tribunales, y conserva la cuenta bancaria: otra vez, si se sabe ver, un ejemplo de las prioridades de la derecha. 

Está en nosotros saberla aprovechar dejando de lado internismos estériles y unidades inconducentes, sin plan: una vez que discutamos que queremos ofrecerle al país, que vamos a hacer con el desastre que nos van a dejar y construyamos volumen social en torno a ideas claras, la unidad -o como quieran llamarla- viene sola; porque se empiezan a arrimar solos al fogón los lectores de encuestas. De hecho algunos ya han empezado a tocar timbre en San José 1111, antes de lo esperado.

Ojalá aprendamos (todos) la lección de lo que hicimos mal en la construcción del FDT, que llevó a que el gobierno de Alberto fuera como fue. ¿O la oportunidad se la vamos a regalar al pastor Guebel? Tuits relacionados:

lunes, 19 de enero de 2026

EL OCIO PRESIDENCIAL

 

No es menester hace un gran esfuerzo para advertir que Javier Milei ha pasado toda su vida estando al pedo: tan al pedo estaba que le sobraba tiempo para recorrer los canales porteños oficiando de panelista pintoresco en diversos programas, no se le conocen tareas concretas en los empleos que figuran en su currículum, estaba al pedo cuando Guillermo Francos lo conchabó en el Banco Provincia en el gobierno de Scioli, y de su trayectoria académica no es mucho lo que se pueda decir, salvo que se graduó en la universidad del garage de Benegas Lynch.

Y esa realidad no cambió cuando asumió la presidencia: en estos dos años de mandato se ha dedicado básicamente a recorrer el mundo con la nuestra para participar de convenciones funambulescas y recibir premios falopa, pasa la mayor parte de su tiempo boludeando en las redes sociales, sostiene reuniones en la Rosada o en Olivos (cuando no escucha ópera con amigochos, o mira la última película de Francella) con personajes extraños de bajo vuelo del mundo del hampa, visita los programas de streamming del palo, participa de estafas virtuales o juega a ser Elvis Presley o Sandro, o a compartir escenario con el Chaqueño Palavecino.

Al menos eso es lo que se sabe en público, y de lo que no se sabe aventuramos que no cambia la ecuación: está al pedo (muy) la mayor parte de su tiempo, aunque eso no quiere decir que no haga cosas. Sucede que no hace nada (o casi nada) de lo que se espera o supone que debería hacer un presidente acorde a sus responsabilidades institucionales; aun cuando tenga una amplia claque social que festeje que esté haciendo precisamente aquello por lo cual lo votaron; acaso también porque en un punto se identifican con él: un eterno adolescente boludón que tiene la suerte de poder hacer lo que se le canta la chota, incluso postergando sus obligaciones y sin preocuparse por las consecuencias.

Tampoco cambia el panorama porque él esté convencido de que trabaja, porque no es seguro que sepa de que se trata el asunto, ni el trabajo en general, ni mucho menos el de presidente en particular. Un ejemplo de estos días ilustrará el punto: mientras se prendía fuego media Patagonia y los afectados reclaman la urgente ayuda de su gobierno, él prefería reunirse con tuiteros oficialistas en Casa Rosada, compartir memes hechos con IA en los que aparece como un superhéroe, o lanzar sus cuentas en inglés en las redes sociales.

De hecho cuando pareció tomar conciencia de que no podía seguir haciéndose el boludo con los incendios, la mejor idea que se le ocurrió para intentar subsanarlo fue subir un meme hecho con IA  agradeciéndoles a los bomberos y brigadistas , en el que él mismo -porque su protagonismo es lo único que en el fondo le preocupa-, de traje en medio de los restos del incendio, los saludaba con un apretón de manos: un chico de 10 o 12 años con algo de manejo de las nuevas herramientas tecnológicas no lo hubiera hecho muy distinto. 

Milei no mintió cuando dijo que era el topo que venía a destruir el Estado desde adentro, pero tampoco es para pensar que conduce él mismo en persona el proceso, con pleno control todo el tiempo de su dirección y sus resultados: el DNU 70, la ley bases (en sus dos versiones: la fallida y la concretada) o las reformas que ahora discute el Congreso vienen de los grandes estudios jurídicos que asesoran a los principales grupos económicos del país, que lo recibieron en el Llao Llao al inicio de su mandato, de sus reuniones en el hotel de Elsztain en la transición antes de asumir, y otros foros del poder económico; y no de su cabeza, poco acostumbrada a los vericuetos del pensamiento concreto.

Aunque él está convencido que esas leyes y decretos y esas reformas son necesarias y correctas, eso solo significa que a diferencia de Menem (que hizo lo mismo en su momento, pero por puro pragmatismo político para conservar el poder institucional, luego del desastre final de Alfonsín), Milei es un ideólogo convencido de que sus alucinaciones teóricas pueden convertirse en un programa de gobierno viable para el país. 

Milei degrada el rol de presidente como si no le importara o lo considerara "puesto menor", pero mientras tanto sueña con su reelección y se imagina como un líder internacional de la derecha. Y en un punto disfruta ciertos privilegios que vienen con el cargo presidencial, dependiendo de las circunstancias: subido al gorilismo que lo llevó a la Rosada, sabe que para media Argentina los estándares de lo tolerable no son los mismos si el presidente no es peronista, y se aprovecha de la circunstancia, para darse algunos gustos. Otra vez: el comportamiento de un niño en transición a la adolescencia, en el cuerpo (y los deberes) de una persona adulta.

Hasta que punto esa degradación del rol presidencial (la investidura y todo lo que conlleva) es consciente, deliberada y buscada no puede saberse, pero es seguro que es funcional a los intereses del poder económico, en lo inmediato y a futuro: nada mejor para éste que instituciones degradadas, funcionarios públicos desprestigiados, investiduras y roles vaciados de sentido y una sociedad (o buena parte de ella) convencida de que no tienen ninguna función útil que cumplir, y bien podrían desaparecer, sin daño alguno.

Y de nuevo: aunque posiblemente Milei no lo sepa o comprenda del todo esa coincidencia, tampoco le importa: soportaría menos una denuncia por enriquecerse en el proceso (aunque lo haga), que la crítica de haber obstaculizado la destrucción del Estado para reconfigurar la sociedad según los deseos del poder real, que coinciden en gran parte con sus delirios ideológicos. 

Cuando deje el gobierno (porque el poder está en otro lado) quienes lo sucedan, entre los enormes destrozos que su mandato está causando al país, también tendrán que recomponer la autoridad y la investidura presidencial (como representación de la trascendencia del rol del Estado y de la dignidad democrática del voto soberano), tal como tuvo que hacerlo Néstor en su momento. Pero desde un umbral mucho más bajo aun.

martes, 7 de octubre de 2025

PATRIA MÍA, DAME UN PRESIDENTE