LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
Mostrando entradas con la etiqueta Milani. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Milani. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de diciembre de 2019

COSAS QUE SE DISCUTEN Y COSAS QUE NO


Hace más de seis años atrás, cuando comenzaron las denuncias contra César Milani por su presunta participaciones en violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, decíamos acá: "La primera enseñanza que deja el caso Milani es que el gobierno termina pagando un costo político, mayor aun que el del caso Reposo: primero porque el entuerto puso en tela de juicio algo mucho más serio como su política de derechos humanos, y segundo porque -a diferencia de aquél- ahora no le faltaban los votos para imponer el ascenso del jefe del Ejército, pero tuvo que ceder ante un contexto político adverso. 

Por lo que se sabe hasta acá, los elementos de juicio acumulados no permiten suponer un vínculo de Milani con la represión ilegal en la dictadura y el nuevo dato aportado -y que la justicia deberá investigar- es su participación como sumariante en la presunta deserción del conscripto Ledo, luego desaparecido: es sabido que esa metodología era por entonces un subterfugio usado con frecuencia por los genocidas para encubrir asesinatos y desapariciones, cuestión que deberá demostrarse que en éste caso era de conocimiento del entonces sumariante Milani. 

Sin embargo, a la hora de poner la cara por alguien en el Congreso para sostener políticamente un pliego, las exigencias de certezas indubitables (en éste caso, de la efectiva participación de Milani en la represión) no son las mismas que en los juicios por la verdad, y en ese sentido ante el menor atisbo de duda al respecto, la decisión que el gobierno terminó tomando es la correcta; aunque pague el costo del que hablábamos.

Costo que paradójicamente termina pagando el kirchnerismo por haber puesto alta la vara en materia de política de derechos humanos, y de democratización de las fuerzas armadas: como decíamos ayer en Twitter, una curiosa dictadura que baja el pliego de aquél al que propone nada menos que como jefe del Ejército, teniendo los votos para imponerlo, y luego de una impugnación de un organismo de derechos humanos, en un procedimiento público y abierto. También se podría ver en ésto un logro del kirchnerismo, en tanto su política de derechos humanos habría alcanzado el rango de política de Estado, al punto de que los cuestionamientos opositores a Milani debieron partir desde allí, y hasta vimos embanderarse en esa línea a los comunicadores que estaban hartos de hablar de la dictadura (como Lanata), o a los que fueron decididos coolaboracionistas del genocidio, y en el mismo terreno de operaciones en el que se desempeñó entonces Milani; como Morales Solá.".

Seis años y después y conocido el fallo que sobreseyó a Milani de toda responsabilidad en el caso Ledo (antes hubo otro similar, en el caso Olivera), nos remitimos a lo dicho entonces, palabra por palabra; tomando además en cuenta que los sobreseimientos no están firmes, y la justicia no ha pronunciado su última palabra al respecto.

Pero también dijimos entonces, hace seis años: "El episodio deja un sabor amargo, y en más de un sentido, porque queda flotando la sensación de que, aprovechando la sensibilidad que genera en el kirchnerismo y sus apoyos sociales la cuestión de los derechos humanos, se hizo blanco en Milani por su posicionamiento político, como esta  nota de La Nación, en la que -bajo la apariencia de las siempre incomprobables "altas fuentes oficiales"- se exterioriza el malestar de ciertos sectores de las propias FFAA por las posturas políticas de Milani.

Un debate (el de la presunta asepsia política de los militares) que viene de lejos en nuestra historia, desde aquéllos tiempos tristemente célebres de la Década Infame (que el abuelo de Pinedo protagonizó y añoraba) del general Manuel Rodríguez -llamado "el hombre del deber"- defensor de la doctrina del profesionalismo militar que convirtió a las FFAA en custodios del fraude electoral y la enajenación del patrimonio nacional; hasta la conformación del partido militar como herramienta utilizada por la derecha argentina para suplir su falta de convocatoria electoral. A esos sectores les ha molestado históricamente que los militares expresaran ideas políticas cuando no coincidían con las propias, y por ende no podían utilizarlos como instrumentos."

Y ya que nos estamos citando, hace muy poquito y a propósito de los lamentables hechos de Bolivia y otros países de América Latina, dijimos acá: "Más allá de las disquisiciones teóricas que alguno pueda hacer sobre el origen de clase de sus miembros (en especial de las fuerzas policiales), lo cierto es que en América Latina las fuerzas armadas y de seguridad (instrumentos indispensables de todo Estado moderno, casi sin excepciones, no es esa la discusión), pese a los roles constitucionales que tienen asignados para defender las instituciones democráticas o el orden público, en tiempos en que la doctrina de la seguridad nacional de las dictaduras es revisitada bajo la forma de las “nuevas amenazas” diseñadas por el dispositivo militar de Estados Unidos, terminan siendo en la mayoría de los casos guardianes de un determinado orden político, social y económico, que puede o no coincidir con la orientación política del gobierno al cual en teoría sirven; con roles claves (repetimos, por acción u omisión) en el control de la protesta en el espacio público, la arena en la que se dirimen los conflictos en la región, casi con más frecuencia que en las urnas.

Con dispares avances en los diferentes países no puede decirse que, a la vista de los hechos, se haya avanzado mucho en la efectiva democratización de las fuerzas armadas y de seguridad, si se entiende por tal su pleno acatamiento a las órdenes de las autoridades civiles en cualquier circunstancia, y una aceptación sin fisuras de las doctrinas, objetivos y estrategias definidos para sus instrumentos armados por el poder político, incluso en leyes y constituciones: la penetración ideológica de la agenda de los Estados Unidos por diferentes vías en las fuerzas armadas y de seguridad, introduce una tensión permanente hacia su interior, pues tiende a incrementar su pulsión (que viene de los tiempos de las dictaduras) a operar con agenda propia, desvinculada de la que fijan los gobiernos elegidos por los pueblos. Y cuando ambas agendas entran en conflicto, por regla general atienden sus propias prioridades, más allá de sus obligaciones legales o constitucionales.

Y en circunstancias críticas como las que está viviendo Bolivia, esa “doble dependencia” o “doble comando” (el formal legal por un lado, el real conceptual por el otro) hace crisis, y los resultados son más o menos previsibles: que un gobierno sea ungido por los votos no quita que en determinadas circunstancias deba sostener su legitimidad mediante el uso legítimo de la fuerza monopolizado por el Estado, pero si no tiene un control político efectivo sobre el instrumento que lo debe desplegar (sean las fuerzas armadas o de seguridad), se verá amputado de una parte esencial de sus facultades, y corre el riesgo de ingresar en zona de inestabilidad permanente, o caer.

Lo cual no es poco en un contexto en que los Estado nacionales (más allá de la orientación política de sus circunstanciales gobiernos) ven restringida su capacidad de decisión soberana por el peso del endeudamiento, y adoptan o les son impuestas políticas de desregulación del flujo de inversiones o los movimientos de capitales que los ponen a tiro de los “golpes de mercado”, con eficacia desestabilizadora más poderosa que un regimiento de tanques desplegado en la calle; y en el que los grupos económicos más grandes acumulan un poder efectivo mayor que el de muchos de esos propios Estados.

Sumemos a eso la prédica disolvente, golpista y antidemocrática de conglomerados de medios hegemónicos que representan los intereses de las fracciones más concentradas del capital y obran en consecuencia socavando la legitimidad de los gobiernos electos cuando no les responden, los poderes judiciales reproduciendo comportamientos de casta que los aíslan de la sociedad mientras vehiculizan estrategias de “law fare” para intervenir decisivamente y con un sentido bien definido en las disputas política, y servicios de inteligencia que travesaron indemnes años de democracia operando con agenda y conexiones propias; y tendremos un combo explosivo que mina desde adentro la fortaleza de los Estados democráticos, con tanta mayor velocidad si sus gobiernos deciden imprimirle a su gestión un rumbo hacia la ampliación de derechos de los sectores populares, lo que supone necesariamente avanzar sobre las minorías del privilegio. 

He allí un inmenso desafío no solo para la gobernabilidad presente, sino para la subsistencia futura de la propia democracia en América Latina que, más temprano que tarde, sus gobiernos deberán afrontar porque está en riesgo su propia supervivencia.".

En sus últimas palabras antes de escuchar el veredicto de los jueces que lo terminarían absolviendo, Milani formuló las reflexiones que destacamos en el tuit de apertura, que van en la misma línea de las que por nuestra parte expresamos, y por supuesto compartimos; lo cual nos lleva a una conclusión: hay cosas que se pretenden discutir por algunos cuando no debieran discutirse más (como las políticas de memoria, verdad y justicia en materia de derechos humanos), y otras que, a la inversa, no se discuten cuando deberían discutirse.

Como el rol de las fuerzas armadas en la democracia, como un instrumento al servicio no solo del orden constitucional, sino de un proyecto de liberación nacional sin la cual -a la larga o a la corta- ese mismo orden no puede sostenerse.

martes, 31 de julio de 2018

"PONÉ CUALQUIER COSA, QUE NO PASAN DEL TÍTULO"


- "Metéle un título que sugiera que los K hicieron lo mismo que ahora la critican a Macri, poner a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior, para reprimir las protestas sociales con la excusa del terrorismo y eso"

- "¿Te parece que no se van a avivar"?"

- "Pero no, si la mayoría ni se toma la molestia de pasar del título y leer la nota"

sábado, 18 de febrero de 2017

A PROPÓSITO DE MILANI


PD: Más sobre el tema, en ésta entrada de julio del 2013

miércoles, 26 de febrero de 2014

LA MALA SUERTE DE ALFONSÍN


Leemos en Tiempo Argentino: "Ricardo Pianta, ex jefe del Ejército durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se transformó en el cuarto detenido de la causa conocida como Contraofensiva Montonera, donde se investiga a 13 oficiales y suboficiales de la inteligencia castrense por 85 desapariciones y 20 secuestros cometidos por el terrorismo de Estado. Ocurre que Pianta se desempeñó como jefe del Departamento Operaciones (G3) del Estado Mayor del Comando de Institutos Militares entre el 20 de diciembre de 1979 al 30 de noviembre de 1980. La jueza federal Alicia Vence, que instruye el caso, le dictó la prisión domiciliaria.

"Las jornadas de la 'lucha contra la subversión' pasarán a ser páginas imborrales del acervo histórico de la Patria", había asegurado Pianta a su tropa el 14 de marzo de 1985, cuando se despidió de la fuerza tras ser pasado a retiro por el entonces presidente Raúl Alfonsín."

Si la causa avanza hasta la condena de Pianta, sería el segundo caso de un ex Jefe del Ejército del gobierno de Alfonsín condenado por violaciones a los derechos humanos en la última dictadura: hace apenas dos meses veíamos acá la condena a prisión perpetua de Ríos Hereñú, que justamente fue el sucesor de Pianta.

Dos casos para reflexionar sobre la mala suerte que tuvo el pobre Alfonsín, que no contaba entonces en sus propias filas con inquisidores tan profundos como Ernesto Sanz o Gerardo Morales (que descollaron en el caso Milani); que le advirtieran que estaba promoviendo para conducir el Ejército a oficiales seriamente implicados en violaciones a los derechos humanos.

Y la mala suerte de los radicales en general, que cuando escupen para el cielo tropiezan con la ley de gravedad; y se llenan la cara de gallos.  

domingo, 22 de diciembre de 2013

RADICALES, MILITARES, DERECHOS HUMANOS Y ASCENSOS


Se ve que en otras épocas los filtros del radicalismo para evaluar los ascensos en las Fuerzas Armadas no eran tan exigentes.

Como en  éste caso, que ocupó la jefatura del Ejército desde marzo del 85' hasta que en abril del 87' los carapintadas encabezados por Rico pidieron su cabeza, y Alfonsín se las entregó en bandeja; junto con las leyes de obediencia debida y punto final.

Y no era un tenientito que hacia sumarios durante la dictadura: el golpe del 76' lo sorprendió en el grado de Teniente Coronel, a cargo de un reguimiento en Tartagal; época durante la cual tuvo la participación en la represión por la que ahora fue condenado; incluyendo varios casos de desaparición de personas.

Por los que no se lo podría haber condenado -como se dijo acá- si no se hubiera impulsado la anulación de las leyes de impunidad, y apoyado la continuidad de los juicios.

Lo interesante del caso es que el juicio en Salta llevaba ya 18 meses (en los que Ríos Ereñú estuvo como imputado) y al momento de discutirse en el Senado el ascenso de Milani, se sabía que dos días después se conocería la sentencia.

Nada de eso movió a ningún senador radical (tan lenguaraces ellos) a esbozar un atisbo de autocrítica, o guardar un respetuoso silencio.

Por el contrario, encabezaron el indignómetro por el retroceso en la política de derechos humanos, usaron hasta el abuso la metáfora de los cuadros subidos y bajados y hablaron de impunidad.

Son los riesgos de escupir para arriba, haciendo buches de ética.

viernes, 20 de diciembre de 2013

LOS RADICALES Y EL CASO MILANI


Hace ya tiempo hablando del caso Milani decíamos acá: "Está claro que en el afán de pegarle al gobierno ninguno se privará de cometer las mayores incoherencias, como que la ofensiva en el Senado contra Milani la encabezó el radicalismo; que tras el juicio a las Juntas, pactó con los carapintadas las leyes de la impunidad, y -en los gobiernos de Alfonsín y De La Rúa- tuvo como ministros de Defensa a Jaunarena y López Murphy (verdaderos delegados de los milicos ante el poder civil), sostuvo a Brinzoni como jefe del Ejército y decretó la prohibición de extraditar a los genocidas para que fueran juzgados en el exterior; cuando acá estaba cerrada la posibilidad de impulsar los juicios."

La prohibición de dar curso a los pedidos de extradición la decidió De La Rúa en los estertores de su gobierno (15 días antes de renunciar) por el Decreto 1581/01 (ecompleto acá), pero lo curioso fueron los fundamentos; que nos sirven para contrapesar con los argumentos que exhibe hoy el radicalismo para cuestionar a Milani.

En efecto, podíamos leer allí: "Las líneas generales de la política de derechos humanos que iba a implementar el primer gobierno luego de la recuperación democrática, fueron enunciadas por el Dr. Raúl ALFONSIN, quien resultó elegido PRESIDENTE DE LA NACION ARGENTINA, con el aval de una decisiva mayoría popular, apenas iniciado su mandato, y consistieron en la necesidad de distinguir entre tres situaciones que se dieron en el contexto de la metodología inhumana empleada para reprimir el terrorismo: 1) La situación de quienes planearon y supervisaron esa metodología, dando las órdenes necesarias para ponerla en práctica y omitiendo prevenir sus consecuencias. 2) La situación de los que se excedieron en el cumplimiento de esas órdenes por motivos tales como crueldad, perversidad o codicia. 3) La situación de quienes se limitaron a cumplir las órdenes recibidas en un contexto que no estuvo, en general, exento de presiones y en el que se ejerció una intensa y permanente propaganda inspirada en la doctrina totalitaria de la seguridad nacional. (...) Debe caer el peso ejemplificador de la ley sobre quienes están incluidos en las dos primeras categorías ... ": (las negritas son nuestras).

Sigue el decreto más adelante: "Ante la incertidumbre generada por la inesperada proliferación de juicios cuya extensión en el tiempo no era posible determinar y en el contexto de una difícil situación política, se sancionó la Ley 23.492, conocida como "de punto final", que perseguía la aceleración de los procesos en sede penal acortando los plazos para ordenar la citación a prestar declaración indagatoria, luego de lo cual quedaría extinguida la acción penal, salvo para los delitos de sustitución de estado civil y de sustracción y ocultación de menores.

Esta ley no consiguió los resultados procurados pues las diversas Cámaras Federales del país, conminadas por el plazo legal, dispusieron una gran cantidad de citaciones, muchas de ellas sin debido sustento en las actuaciones, contribuyendo al deterioro del clima político.

Frente a esta situación, el Gobierno procuró otra vía normativa para resolver el problema de la incertidumbre, a través de reglas que permitieran en la práctica la distinción de niveles de responsabilidad, sancionando la Ley 23.521 que mantuvo las acciones penales incoadas contra quienes, en razón de su pertenencia a las fuerzas armadas y de seguridad, habían ejercido comando efectivo y poder decisorio en la represión de la subversión.".

Y hay más: "Las decisiones de los sucesivos gobiernos constitucionales se fundaron en argumentos conectados con una especial valoración de la perspectiva histórica del momento en que fueron adoptadas, cualquiera sea la evaluación que de ellas se haga.

Fueron adoptadas por legislaturas democráticamente elegidas cuyos miembros pertenecían a distintos partidos políticos, con presencia de minorías opositoras y sometidas al control de los jueces, en punto a su compatibilidad con la CONSTITUCION NACIONAL." (las negritas son siempre nuestras. El decreto destaca que la Corte Suprema -designada por Alfonsín- las declaró constitucionales en 1987)

Repasemos entonces lo que nos decía De La Rúa para negarse a extraditar a los represores y que fueran juzgados en el exterior, mientras acá no podían serlo:

1) Reivindicaba plenamente las decisiones de Alfonsín de haber enviado las leyes de obediencia debida y punto final (I y II), y las jutificaba ante el contexto político en la necesidad de preservar las instituciones; o sea supuestamente evitar otro golpe de Estado.

2) El resultado perseguido por esas leyes no era acelerar los juicios sino evitar que más militares fueran citados. Cuando eso pasó "se enrareció el clima político" (traducido: se levantaron los carapintadas). La ley había sido dictada a pedido de la cúpula militar designada por el propio Alfonsín (ver acá la tapa de Clarín de entonces que lo recuerda).

3) En ese contexto la nueva rebelión militar (la de Rico) le arrancó a Alfonsín la segunda ley de punto final, para exculpar por la represión a quienes no habían tenido entonces mando de tropa, ni funciones decisorias.

4) Reivindicó los indultos de Menem, basándose en "el contexto histórico" en el que fueron dictados; sin decir cual era. Lo que dejaba claro que el gobierno de la Alianza (con un presidente radical, recordemos) nunca tuvo la más mínima intención de dejarlos sin efecto; lo mismo que a las leyes de la impunidad.

De modo que si el kirchnerismo no hubiese impulsado su derogación y la continuidad de los juicios, siguiendo el mismo criterio radical (reivindicar las medidas de los gobiernos anteriores, por el contexto histórico en que fueron dictadas), hoy la justicia no podría estar investigando a Milani por su presunta participación en la represión; porque no tenía entonces "comando efectivo y poder decisorio en la represión"; y en todo caso (si se comprueba que lo hizo) habría cumplido órdenes "en un contexto que no estuvo, en general, exento de presiones", siguiendo la doctrina de Alfonsín, reivindicada por De La Rúa.  

Lo que implica que gracias al kirchnerismo (que yerra claramente en insistir con el ascenso de Milani) se podrá seguir investigando y en su caso condenar al jefe del Ejército; si se lo encuentra culpable

Porque recordemos que lo que votó el Senado fue un pliego de ascenso, no una ley de amnistía.

Y hasta donde sabemos, los juicios siguen, y Cristina no ha indultado a ninguno de los genocidas condenados, o procesados. Sin ir más lejos, hoy se conoce en Rosario la sentencia por la causa Guerrieri II. 

Dicho esto porque hay que leer estupideces (como ésta de Pagni) sobre obediencias debidas y puntos finales; como si se pudiera comparar la disciplina de bloque con la exculpación de un delito por haber recibido la orden de cometerlo; o como si el ascenso le garantizara a Milani impunidad en la justicia, a futuro: Bendini fue procesado siendo jefe del Ejército, sin ir más lejos.

El decreto de De La Rúa fue dejado sin efecto por Kirchner a los dos meses de haber asumido por el Decreto 420/03 (completo acá), que les decía entonces a los republicanos radicales:

"Que tal norma, en los términos en que ha sido dictada, implica una seria violación a la igualdad, en cuanto quienes resulten destinatarios de solicitudes de extradición por delitos de lesa humanidad cometidos entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983 gozarían de mejores y más extensos derechos que el resto de los ciudadanos, que ante tales solicitudes debieran transitar los caminos procesales de la Ley N° 24.767.

Que debe tenerse presente el principio establecido en el artículo 118 de Constitución Nacional en relación a los delitos contra el derecho de gentes, al igual que establecen los más recientes tratados internacionales suscriptos por nuestro país.

Que no puede dejarse de lado el tener en cuenta la vigencia del límite que para Poder Ejecutivo establece el artículo 109 de la Constitución Nacional, en cuanto especifica que no puede ejercer funciones judiciales o arrogarse el conocimiento de causas pendientes, al disponer textualmente que "En ningún caso Presidente de la Nación puede ejercer funciones judiciales, arrogarse conocimiento de las causas pendientes restablecer las fenecidas" (C.N., art. cit.)

Que el vallado que el Decreto N° 1581/01 impone, resulta inadmisible desde perspectiva del juego armónico de la división los poderes republicanos. No puede el Poder Ejecutivo arrogarse facultades propias de los jueces. La Constitución Nacional, la división de los poderes en la República, la propia ley de cooperación, los principios generales que deben regir la materia se encuentran agredidos por la norma."

Vemos como el decreto de De La Rúa nos muestra que hasta fines del 2001 la UCR (que hoy levanta su dedo acusador en defensa de los derechos humanos) no sólo no se había arrepentido de sus retrocesos en la materia, sino que las reivindicaba.

Y no se conoce que -desde entonces para acá- hayan ensayado los radicales algo parecido a la autocrítica. De las muertes de diciembre del 2001 (aun impunes en la justicia), tampoco.

jueves, 19 de diciembre de 2013

FIJÁTE QUE OTRAS COSAS NO, CHE


Habrá cortes de luz, no lo vamos a negar.

No como entonces, en todo el país (fijáte si no lo que dicen acá por ejemplo); pero en algunos lugares hay.

Sobre todo en la capital y algunos partidos del conurbano, que como sabemos son todo el país para algunos.

Ahora si te fijás bien en la tapa que elegiste para ilustrar la semejanza, hay otras cosas que hoy ya no siguen siendo un problema como entonces.

Lo que viene bien recordarlo, cuando hablando de jefes del ejército hay gente a la que se le ha despertado un súbito interés por los derechos humanos, y los crímenes cometidos durante la dictadura.

martes, 17 de diciembre de 2013

USTEDES NO, NO TIENEN DERECHO


El editorial de la tribuna de doctrina de hoy (completo acá) sobre el ascenso de Milani supera todos los límites concebibles del cinismo y la hipocresía.

Sobre el caso Milani dijimos lo nuestro acá, y a lo dicho nos remitimos: si el pliego termina siendo aprobado el gobierno pagará un enorme costo político; aun cuando la situación en la justicia siga siendo exactamente la misma, y no se hayan disipado ni confirmado las acusaciones en su contra. Precisamente por eso (porque la situación sigue siendo la misma), no debió haberse insistido con su ascenso. 

Sin embargo, no se pueden juzgar del mismo modo las críticas a la decisión de quienes (aun siendo opositores al gobierno, o duros críticos del kirchnerismo) han tenido una conducta y una trayectoria en la defensa de los derechos humanos (como podría ser el caso de Pérez Esquivel); que las de los cínicos como La Nación, que utilizan el tema con el sólo propósito de golpear al gobierno. Que éste se los facilite insistiendo con el ascenso de Milani, no debe hacernos perder de vista este aspecto.  

Así leemos en el editorial: "En torno de Milani se desarrolla una tenebrosa discusión, referida a su conducta durante el último régimen militar. Una administración que ha truncado la carrera de uniformados libres de toda sospecha por el solo hecho de llevar apellidos caracterizados de la historia reciente mira para otro lado ante reproches gravísimos contra el jefe del Ejército.". No hacía falta tanta prosa alambicada para defender al hijo de Videla; y lo tenebroso en todo caso no es la discusión, sino los hechos ocurridos en el país en la última dictadura; incluyendo aquéllos en los que se endilga responsabilidad a Milani.

Pero hay más: "El deterioro institucional que se pone de manifiesto con la promoción del general Milani no tiene que ver sólo con su pasado, remoto o reciente, sino con su desempeño de estos días. Cinco meses atrás, este militar declaró que quería "un Ejército al servicio de un proyecto nacional y popular". 

¿Qué es para Milani un "proyecto nacional y popular"? ¿Qué sucedería si en 2015 se impusiera en las urnas un proyecto que no responde a la definición formulada por Milani? ¿El Ejército debería desconocer su triunfo y desobedecerlo? 

Con la aspiración de convertir a los militares en militantes, Milani hace reaparecer la febril ensoñación carapintada de transformar al Ejército en una montonera, es decir, en la organización armada de un movimiento político. Con la fantasía de este general, el kirchnerismo agrega otro rasgo familiar con el chavismo, que concibió a las instituciones castrenses de Venezuela no como un dispositivo de defensa sometido a la regla constitucional, sino como la dimensión castrense de una experiencia política específica.".

Al diario fundado por un general golpista (que llegó al poder tras su única y amañada victoria militar, y la renuncia del presidente constitucional; y siguió conspirando armas en mano tras su salida del poder), y que cohonestó todos los golpes de Estado en el país no le preocupan las instituciones, ni el compromiso político de un militar (¿acaso le molestó el compromiso político de Uriburu, Aramburu, Rojas, Onganía o Lanusse?); sino que sea con un proyecto político al cual detestan, ése es todo el problema.

Es la vieja discusión de la Década Infame, cuando bajo el pretexto de la asepsia profesionalista, las fuerzas armadas se erigían en custodios del fraudo y la entrega del patrimonio nacional: para la oligarquía y sus voceros calificados (como La Nación) joden los militares que exceden el estricto marco de su labor profesional, sólo cuando se convierten en Mosconi, Savio o Perón.  

Por estas cuestiones es que el caso Milani (a quien por supuesto no vamos a poner a la altura de los nombrados) deja un doble sabor amargo: porque castiga al kirchnerismo en una de sus políticas más trascendentes como la de derechos humanos; y porque queda flotando la sensación de que algunos terminan aprovechando las acusaciones en ese plano, para facturarle su compromiso político con un proyecto que no es el que ellos impondrían, de gobernar el país.

Y remata La Nación con éste párrafo de antología: "La sociedad argentina ha pagado carísimo su antigua propensión a convertir a las instituciones castrenses en el brazo armado del que manda. Y los propios militares soportan todavía una carga muy pesada por haber olvidado que sólo deben obediencia a la ley."

No fue "la sociedad argentina" así a secas, en general, la que tuvo propensión por convertir a las fuerzas armadas en el brazo armado del que manda, La Nación: fueron grupos sociales y económicos bien concretos, de los que ustedes son parte principalísima.

Que no casualmente comenzaron a utilizar esa herramienta cuando por fin el pueblo (con la ley Sáenz Peña) pudo votar libremente para elegir a sus gobernantes.

Y la "carga pesada" que soportan los militares será en todo caso el peso de la justicia, para los que tienen rendir cuentas ante ella por lo que hicieron en el pasado (incluyendo a Milani si fuera el caso, como no); y no por haber "olvidado" que sólo deben obediencia a la ley (después de todo, no hay ninguno juzgado por rebelión o sedición), sino simple y dolorosamente, por haber cometido crímenes de lesa humanidad.

En épocas en las que ustedes no sólo silenciaban los hechos, sino que los disfrazaban, los aplaudían y aprovechaban el terror, para hacer negocios; sin preocuparles si las fuerzas armadas se apartaban o no de su misión específica.

Hay muchísima gente (kirchnerista, opositora, simpatizante o no del gobierno, indiferente al respecto) con derecho a sentirse indignada con el ascenso de Milani o a rechazarlo, considerarlo un error, o un retroceso.

Pero ustedes no, La Nación; ustedes no tienen derecho.

martes, 23 de julio de 2013

LAS ENSEÑANZAS DEL CASO MILANI


La primera enseñanza que deja el caso Milani es que el gobierno termina pagando un costo político, mayor aun que el del caso Reposo: primero porque el entuerto puso en tela de juicio algo mucho más serio como su política de derechos humanos, y segundo porque -a diferencia de aquél- ahora no le faltaban los votos para imponer el ascenso del jefe del Ejército, pero tuvo que ceder ante un contexto político adverso.

Y si se manda un pliego al Congreso (más cuando se tiene mayoría en el Senado, que es el que debe tratarlo) es para que lo apruebe, no para tener que retirarlo luego, o ponerlo en el freezzer por un tiempo; como terminó decidiendo Cristina. 

Por lo que se sabe hasta acá, los elementos de juicio acumulados no permiten suponer un vínculo de Milani con la represión ilegal en la dictadura y el nuevo dato aportado -y que la justicia deberá investigar- es su participación como sumariante en la presunta deserción del conscripto Ledo, luego desaparecido: es sabido que esa metodología era por entonces un subterfugio usado con frecuencia por los genocidas para encubrir asesinatos y desapariciones, cuestión que deberá demostrarse que en éste caso era de conocimiento del entonces sumariante Milani.

Sin embargo, a la hora de poner la cara por alguien en el Congreso para sostener políticamente un pliego, las exigencias de certezas indubitables (en éste caso, de la efectiva participación de Milani en la represión) no son las mismas que en los juicios por la verdad, y en ese sentido ante el menor atisbo de duda al respecto, la decisión que el gobierno terminó tomando es la correcta; aunque pague el costo del que hablábamos.

Costo que paradójicamente termina pagando el kirchnerismo por haber puesto alta la vara en materia de política de derechos humanos, y de democratización de las fuerzas armadas: como decíamos ayer en Twitter, una curiosa dictadura que baja el pliego de aquél al que propone nada menos que como jefe del Ejército, teniendo los votos para imponerlo, y luego de una impugnación de un organismo de derechos humanos, en un procedimiento público y abierto.

También se podría ver en ésto un logro del kirchnerismo, en tanto su política de derechos humanos habría alcanzado el rango de política de Estado, al punto de que los cuestionamientos opositores a Milani debieron partir desde allí, y hasta vimos embanderarse en esa línea a los comunicadores que estaban hartos de hablar de la dictadura (como Lanata), o a los que fueron decididos coolaboracionistas del genocidio, y en el mismo terreno de operaciones en el que se desempeñó entonces Milani; como Morales Solá.  

Pero eso sería engañarnos al respecto: a partir del caso Milani asistimos a un festival nacional de hipocresía, en el que faltó poco para que objetaran los antecedentes de Milani por su actuación en la dictadura Cecilia Pando, o Vicente Massot: si hasta se sumaron los del PRO, como si no cargaran en sus alforjas con el recuerdo del "Fino" Palacios.

Está claro que en el afán de pegarle al gobierno ninguno se privará de cometer las mayores incoherencias, como que la ofensiva en el Senado contra Milani la encabezó el radicalismo; que tras el juicio a las Juntas, pactó con los carapintadas las leyes de la impunidad, y -en los gobiernos de Alfonsín y De La Rúa- tuvo como ministros de Defensa a Jaunarena y López Murphy (verdaderos delegados de los milicos ante el poder civil), sostuvo a Brinzoni como jefe del Ejército y decretó la prohibición de extraditar a los genocidas para que fueran juzgados en el exterior; cuando acá estaba cerrada la posibilidad de impulsar los juicios.

Que los derechos humanos y el juzgamiento de los crímenes de la dictadura sigan siendo, entonces, una política de Estado que trascienda al kirchnerismo, dependerá más de la sociedad civil y de los organismos de DDHH que del propio sistema político, que tiene un historial negro de agachadas en la materia: a las apuntadas del radicalismo hay que sumar los indultos del peronismo en versión menemista.     

Y hablando de organismos de DDHH: mucho se ha dicho en estos años sobre su cooptación por el kirchnerismo, y su pérdida de independencia. Sin embargo, el rol de Horacio Verbitsky  y el CELS en todo el entuerto permite al menos matizar esa lectura; y no porque desde acá estemos suscribiendo a libro cerrado como actuaron en el caso, en el que parecieron ir también ellos al compás de la agenda de los medios hegemónicos.

Que no por eso los considerarán de su lado: acá Van Der Kooy en Clarín aprovecha la volada y, tomando la parte por el todo, cuestiona toda la labor de años del CELS en el análisis de los pliegos de jueces y militares; y tira por elevación contra la credibilidad de la institución que preside Verbitsky, que apoyó con énfasis otras políticas del gobierno sensibles para los intereses del Grupo, como la ley de medios.

De hecho la hipocresía e incoherencias que rodearon el caso Milani fueron tan grandes, que el mismo Verbitsky que fue desacreditado por sus denuncias contra Bergoglio, hoy es utilizado como ariete contra el jefe del Ejército; aunque las acusaciones sean las mismas, y probablemente las evidencias contra el hoy Papa, mucho más consistentes.

El propio Pérez Esquivel (demostrando que, con cooptación kirchnerista o sin ella, los propios organismos de DDHH están atravesados por diferencias políticas), que se había apresurado a clasurar toda investigación sobre el pasado de Bergoglio en la dictadura, salió presto a reclamar que se investigaran las responsabilidades de Milani en la dictadura.

El episodio deja un sabor amargo, y en más de un sentido, porque queda flotando la sensación de que, aprovechando la sensibilidad que genera en el kirchnerismo y sus apoyos sociales la cuestión de los derechos humanos, se hizo blanco en Milani por su posicionamiento político, como lo demuestran por ejemplo estos tweets de Pinedo:


O esta nota de La Nación, en la que -bajo la apariencia de las siempre incomprobables "altas fuentes oficiales"- se exterioriza el malestar de ciertos sectores de las propias FFAA por las posturas políticas de Milani.

Un debate (el de la presunta asepsia política de los militares) que viene de lejos en nuestra historia, desde aquéllos tiempos tristemente célebres de la Década Infame (que el abuelo de Pinedo protagonizó y añoraba) del general Manuel Rodríguez -llamado "el hombre del deber"- defensor de la doctrina del profesionalismo militar que convirtió a las FFAA en custodios del fraude electoral y la enajenación del patrimonio nacional; hasta la conformación del partido militar como herramienta utilizada por la derecha argentina para suplir su falta de convocatoria electoral.

A esos sectores les ha molestado históricamente que los militares expresaran ideas políticas cuando no coincidían con las propias, y por ende no podían utilizarlos como instrumentos.

Detenerse en el análisis del costo electoral que el episodio Milani puede acarrearle al kirchnerismo (que se nos ocurre circunscripto a ciertos sectores "progres" urbanos, porque la atención de la gente común está puesta en otras cuestiones) sería pecar de la misma miseria de la oposición, que caranchea cualquier cosa hurgando votos.

Sin embargo la cuestión -aun así- reviste importancia porque pone en juego parte del capital simbólico más importante acumulado en estos años por el kirchnerismo; y porque también en el 2003 los derechos humanos "no le importaban a nadie" en términos electorales, y sin embargo Néstor Kirchner (un presidente elegido con apenas el 22 % de los votos) impulsó las políticas de memoria, verdad y justicia que hoy están posibilitando saldar las cuentas con nuestro pasado más oscuro.

Además de la necesidad de preservar ese capital simbólico, el caso Milani (termine como termine) enfatiza la necesidad de no perder de vista que -sin caer en teorías conspirativas ni paranoias- el de Cristina es un gobierno bajo ataque constante (lo viene siendo desde el conflicto agrogarca del 2008); condición que no perdió ni siquiera ante la contundencia del 54 % del 2011, mucho menos ahora.

Y que esa circunstancia impone la necesidad de -sin perder el control de la agenda, o dejársela imponer- tratar por todos los medios de no seguir pegándose tiros en el dedo gordo del pie.